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Full text of "Diccionario de chilenismos"

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DICGIOMMO  DE  CHILMISHOS. 


DICCIOTARIO 


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BE 


CHILlENISMOS 


/ 


y  POR 


ZOROBABEL  RODRÍGUEZ. 


Si  yo  hubiese  de  explicar  lo  qué 
siento  de  la  lengua  española,  solo 
diria  una  cosa:  que  no  es  la  lengua 
española  la  que  nos  hace  falta  para 
hablar  con  perfección,  sino  que  so- 
mos nosotros  los  que  faltamos  a 
ella. 

Mayans  i  Siscar. —Orí; ene*  de  la  lengua 
española. 


SANTIAGO. 

IMPRENTA  DE    «EL   INDEPENDIENTE,))   CALLE   DE  LA  COMPAÑÍA,   NÓM.    102. 

1875. 


DEDICATORIA. 


El  autor  de  este  libro  tiene  a  honra  dedicarlo  respe- 
tuosamente al  Presidente  de  la  Eepúhlica^  para  quien 
esté  reservada  la  gloria  de  promulgar  la  lei  que  esta- 
llezca en  Chile  la  libertad  de  enseñanza  ideprojesiones. 


PROLOGO. 


La  incorrección  con  que  en  Chile  se  habla  i  escribe  la  lengua 
española  es  un  mal  tan  j eneralmente  reconocido  como  justamente 
deplorado.  Dos  jeneraciones  han  pasado  ya  por  las  aulas  desde  que 
los  señores  don  Andrés  Bello  i  don  José  Joaquín  de  Mora  echaron 
en  nuestro  pais  los  fundamentos  de  los  estudios  gramaticales;  i  si 
es  cierto  que,  sin  cerrar  los  ojos  a  la  evidencia,  no  podrian  negarse 
las  jornadas  que  hemos  hecho  por  el  buen  camino,  cierto  es  tam- 
bién, por  desgracia,  que  aun  está  mui  lejos  de  su  terminación  la  obra 
iniciada  en  favor  del  buen  decir  por  aquellos  ilustres  extranjeros.  Si 
en  lo  tocante  al  punto  en  que  nos  estamos  ocupando  la  República 
de  Chile  no  es  ya  la  última  de  las  naciones  en  que  se  habla  espa- 
ñol, aun  tiene  delante  délos  ojos  el  bochornoso  espectáculo  de  otras 
que  con  menos  tranquilidad,  riqueza  i  elementos  que  ella  la  igualan 
i  la  vencen.  No  hemos  tenido  un  Baralt  como  Venezuela,  ni  un  Par- 
do como  el  Perú,  ni  un  Cuervo  como  Colombia;  i  basta  abrir  los 
periódicos  de  Méjico,  de  Caracas,  de  Bogotá  i  de  Lima  para  persua- 
dirse de  que  por  aquellos  mundos  se  tiene  mucho  mas  respeto  a  las 
reglas  de  la  Gramática  i  se  conocen  mucho  mejor  que  entre  noso- 
tros los  modismos  de  la  lengua,  i  la  propia  i  castiza  significación 
de  sus  vocablos. 

¿De  qué  proviene  la  inferioridad  que  acabamos  de  señalar?  No 
sin  duda  de  que  Chile  sea  en  América  lo  que  fué  Beocia  en  Gre- 
cia, o  lo  que  es  Galicia  en  España,  tierra  de  molleras  cerradas  i  de 
lenguas  de  trapo.  El  mal  trae  su  oríjen  de  otra  parte:  nace  de  un 
gran  vacio  que  hai  en  la  enseñanza  de  la  Gramática  castellana.  Si 
ésta  no  es  mas  que  el  arte  de  hablar  i  escribir  correctamente  el 
español,  i  si  notamos  tantos  i  tan  groseros  errores  en  los  escritos, 
no  solo  de  los  que  han  dado    examen  de    aquel  ramo,  sino  también 


VIII 

de  los  profesores  que  lo  cnsoñan,  hai  motivo  para  presumir  que  exis- 
to un  vacio  do  importancia,  o  en  los  métodos  o  en  los  textos  porque 
se  enseña. 

Para  darse  cuenta  de  él  basta  ponerse  en  el  caso  de  un  joven  que, 
después  de  haber  dado  su  examen  de  Gramática  (i  aun  de  Litera- 
tura si  se  quiere)  presenciase  en  la  barra  (1)  del  Congreso  un  desor- 
den en  que  se  cruzasen  los  gritos,  los  silbos  i  los  golpes,  i  se  viese 
en  el  caso  de  escribir  sobre  él  un  articulo  parala  gacetilla  de  un 
diario.  ¿Qué  titulo  dará  al  suelto?  La  primera  palabra  que  se  le 
viene  a  la  memoria  es  leona',  pero  ¿es  leona  una  palabra  castellana? 
I  siéndolo  ¿deberá  escribirse  leona  o  liona?  En  la  duda  procura  re- 
cordar algunos  sinónimos:  zafacoca,  bochinche,  batahola,  i  algunos 
otros  mas  se  le  ocurren  aumentando  sus  perplejidades  i  dejándolo 
sumido  en  mas  oscura  incertidumbre.  Si  en  tal  conflicto  apela  a  su 
Gramática,  a  su  texto  de  Literatura  i  a  su  Manual  de  composición 
literaria,  después  de  repasar  uno  a  uno  sus  preceptos,  sus  reglas, 
sus  modelos,  tendrá  que  reconocer  al  fin,  desalentado,  que  de  allí  no 
puede  venirle  la  luz  que  necesita.  Al  fin  de  cuentas  escribirá,  salga 
lo  que  saliere,  o  se  echará  a  la  pesca  de  sus  palabras  en  el  inmenso 
mar  de  los  diccionarios  de  la  lengua.  Pero  lo  primero  no  es  desatar 
el  nudo  sino  cortarlo;  i  lo  segundo  seria  imponerse  una  tarea 
excesivamente    pegada,    que  habria  medio  de  hacer  mas    llevadera. 

Ese  medio  es  el  que  ofrecemos  a  la  juventud  estudiosa,  dando  a 
la  estampa  el  presente  Diccionario  de  chilenismos» 

Él  no  pretende  hacer  inútil  el  estudio  de  la  Gramática  castellana, 
ni  escusar  a  los  que  deseen  expresarse  correctamente  el  trabajo  de 
consultar  con  frecuencia,  ya  el  Diccionario  de  la  Academia,  ya  los 
de  Sinónimos  castellanos,  ya  el  de  Galicismos  de  Baralt,  ya  el  Etimoló- 
jico  da  Monlau.  Pero  aun  así,  siempre  serán  de  valía  los  servicios 
que  prestará  a  los  estudiosos,  dándoles  un  fácil  medio  de  evitar  los 
errores  mas  comunes  que,  hablando  o  escribiendo,  se  cometen  en 
nuestro  pais  en  materia  de  lenguaje. 

El  lector  encontrará  en  nuestro  Diccionario  una  lista,  sino  com- 
pleta, bastante  numerosa  délos  provincialismos  que  se  usan  en  Chi- 
le, con  su  etimolojía  cierta  o  probable,  con  ejemplos  de  escritores 
nacionales  que  muestren  su  verdadera  significación,  i  con  los  equiva- 
lentes castizos,  apoyados  también  en  pasajes  de  los  clásicos  españoles. 


(1)  Llamamos  barra  en  Chile  el  espacio  que  queda  entre  la  baran- 
dilla que  cierra  i  limita  la  sala  de  sesiones  de  las  cámaras  i  cabil- 
dos 1  la  puerta  principal.  En  España  barra  es  la  barandilla  misma. 


IX 

Así  ya  en  adelante  no  tendrá  disculpa  el  escritor  que,  como  casi 
todos  hasta  ahora,  sin  otro  guia  que  su  instinto  i  juzgando  de  los 
vocablos  por  el  aspecto,  subraye  i  haga  publicar  en  bastardilla  como 
provinciales  muchas  voces  que  son  de  la  mas  lejitima  cepa  española, 
i  vice-versa,  dé  paso  franco,  como  si  fuesen  castizas,  a  otras  que 
vienen  en  linea  recta  del  quichua  o  del  araucano  o  de  ninguna  par- 
te, porque  son  disparates  de  tomo  i  lomo. 

Ni  se  crea  que  nos  hayamos  limitado  a  consignar  en  este  libro  los 
chilenismos  de  palabra;  que  también,  aunque  en  menor  número,  he- 
mos dado  un  lugar  en  él  a  los  chilenismos  de  frase,  apuntando  aque- 
llos refranes,  locuciones  i  construcciones  que  son  peculiares  de  nuestro 
país  o  de  algunos  de  los  pueblos  americanos  que  hablan  el' español*. 

Dicho  lo  que  queda  en  cuanto  al  objeto  del  libro  i  alas  materias 
de  que  consta,  fáltanos  solo  indicar  ahora  el  plan  que  hemos  segui- 
do- i  los  auxiliares  que  nos  han  ayudado  en  el  trabajo  de  compo- 
nerlo. 

Puesto  que  hemos  dado  a  la  obra  el  titulo  de  Diccionario,  demás 
será  declarar  que  se  ha  seguido  rigorosamente  el  orden  alfabético 
de  los  chilenismos  i  no  de  sus  equivalentes  castizos. 

Con  respecto  a  la  ortografía  de  las  palabras  quichuas  o  araucanas, 
nos  hemos  desentendido  a  menudo  de  su  etimolojía,  o  mas  exacta- 
mente de  las  letras  con  que  las  escribieron  los  diccionaristas  de  esas 
lenguas,  para  darles  en  lo  posible  una  fisonomía  española.  Siguiendo 
a  la  Academia,  a  la  Universidad  de  Chile  i  al  señor  Astaburuaga, 
escribimos  invariablemente  g  inicial  antes  de  ua,  aun  en  los  ca- 
sos, que  son  los  mas,  de  hallarse  en  los  vocabularios  quichuas  o 
araucanos  esa  combinación  precedida  de  h.  Con  las  combinaciones 
tie,  ui  hemos  seguido  una  regla  contraria,  anteponiéndoles  siempre 
la  h. 

La  razón  de  este  procedimiento  está  en  que  ninguna  palabra  espa- 
ñ3la  principia  por  hua^  ni  por  gwc,  ni  por  güi^  i  en  la  conveniencia  de 
evitar  al  que  escribe,  en  los  dos  últimos  casos,  el  engorro  de  mar- 
car la  diéresis. 

Hemos  dicho  que  ninguna  palabra  castellana  empieza  con  güe^  i 
eso  sin  olvidar  que  el  Diccionario  de  la  Academia  trae  escrita  así, 
entre  otras  voces  que  en  rigor  no  son  españolas,  la  voz  gücllos^  porque 
según  nos  lo  advertía  en  una  de  sus  interesantísimas  cartas  el  señor 
don  Fernando  Páulsen,  esa  manera  de  escribirla  «solo  arguye  el  poco 
discernimiento  de  los  ilustres  académicos  i  de  los  que  los  han  co- 
piado. Gúcllos  debe  escribirse  con  /i,  pues  viene  evidentemente  del 
portugués  olhos  (que  se  pronuncia  olios,  o  mas  bien,  para  hablar  «o- 


erectamente  la  lengua  de  Camoens,  ollush,  pronunciando  las  doa 
últimas  letras  a  la  inglesa)  conmutada  la  o  en  ue  o  sea  hue,  eu- 
fonizacion  mui  de  la  índole  de  nuestro  idioma.  Asi  del  latin  ovum^ 
hospes,  etc.  i  del  griego  ocphanos,  sacamos  huevo,  huésped,  huérfano.^ 

Por  no  abultar  demasiado  el  libro  i  porque  ello  no  entraba  en  nues- 
tro plan,  hemos  prescindido  de  mencionar,  salvo  raras  excepciones 
aquellas  palabras  i  jiros  que,  por  ser  de  procedencia  francesa,  tienen 
un  lugar  en  el  Diccionario  de  Galicismos  i  no  son,  propiamente  ha- 
blando, provincialismos  chilenos. 

Tampoco  hemos  señalado  los  defectos  de  pronunciación  en  que 
suelen  incurrir  nuestros  paisanos  en  la  conjugación  de  muchos  ver- 
bos, en  parte  por  que  ello  habria  sido  impropio  de  un  Diccionario, 
i  en  parte  también  i  principalmente  porque  ese  trabajo  ya  ha  sido 
hecho  por  el  señor  Gormaz,  cuyas  Correcciones  Lexigráficas  en  esta 
parte  son  casi  siempre  mui  dignas  de  ser  obedecidas. 

Finalmente,  nos  hemos  abstenido  de  incluir  entre  los  chilenismos 
los  nombres  quichuas  i  araucanos  de  animales,  de  aves,  de  peces, 
de  plantas  i  los  jeográficos;  a  los  cuales  solo  hemos  dado  cabida  en 
el  cuerpo  de  la  obra  cuando  ha  sido  indispensable  para  la  mejor  in- 
telijencia  de  algún  refrán  o  locución  que  costituyan  un  verdadero 
chilenismo. 

Tal  cual  lo  presentamos  al  público,  nuestro  libro,  con  los  errores 
que  en  ninguna  obra  humana  pueden  evitarse,  i  con  las  omisiones 
numerosísimas  en  que  forzosamente  incurren  los  primeros  dicciona- 
ristas de  todas  las  materias,  creemos,  sinembargo,  que  podrá  prestar 
servicios  no  despreciables  a  aquellos  de  nuestros  paisanos  que  deseen 
perfeccionarse  en  el  arte  de  hablar  i  escribir  con  pureza  i  correc- 
ción su  idioma. 

Salgan  empero  confirmadas  o  fallidas  nuestras  previsiones  i  cual- 
quiera que  sea  la  suerte  reservada  a  este  libro,  fruto  de  muchas  ho- 
ras de  trabajo,  robadas  a  otras  ocupaciones  mas  premiosas,  si  bien 
no  mas  de  nuestro  agrado,  no  hemos  de  darlo  a  la  publicidad  sin 
pagar  a  los  que  nos  han  ayudado  en  la  labor  lo  que  en  justicia  les 
debemos. 

Ademas  del  Diccionario  de  la  Academia  Española  i  de  la  mayor 
parte  de  los  que  existen  de  nuestra  lengua,  del  Etimolójico  de  Mon- 
lau,  del  de  Galicismos  de  Baralt,  de  los  de  Sinónimos  castellanos  de 
Olive  i  de  Barcia,  del  Tesoro  de  Covarrúbias,  de  los  Fundamentos 
del  vigor  i  elegancia  de  la  lengua  castellana  de  Garces,  de  las  Gra- 
máticas, de  Bello,  de  la  Academia,  de  Salva,  de  Saavedra,  etc.,  hemos 
consultado  con  especial  frecuencia  i  aprovechamiento  las  notabilísi- 


ínas  Apuntaciones  escritas  sobre  el  lenguaje  bogotano  por  el  señor 
don  Rufino  J.  Cuervo;  i  aunque  no  tan  a  menudo,  los  Apuntes  para 
un  diccionario  de  peruanismos  que  el  señor  don  Pedro  Paz  Soldán  i 
Unánue  (Juan  de  Arona)  publicó  en  El  Correo  del  Perú  i  sus  Poesía» 
Peruanas,  nos  han  suministrado  voces  i  sobre  todo  ejemplos  en  nú- 
mero considerable. 

Empero,  por  poderoso  que  haya  sido  el  concurso  que  debemos  a 
los  autores  citados  i  a  otros  que  por  no  ser  prolijos  omitimos,  nues- 
tro mas  eficaz  auxiliar,  co -autor  de  este  libro  si  la  expresión  se  to- 
lerase, es  un  filólogo  cujo  nombre  no  anda  en  boca  de  la  fama  ni 
siquiera  en  letras  de  molde  por  esos  periódicos;  el  señor  don  Fer- 
nando Páulsen,  quien,  después  de  haberse  llevado  acopiando  durante 
largos  años  una  multitud  de  observaciones  sobre  los  vicios  de  nues- 
tra habla,  las  puso  en  nuestras  manos,  no  solo  para  que  las  consul- 
tásemos, sino  para  que  las  tuviésemos  como  propias  i  de  nuestra 
propia  cosecha. 

Ya  que  la  excesiva  modestia  de  nuestro  jeneroso  amigo  nos  ha 
privado  del  placer  de  citarlo  los  centenares  de  veces  que  hemos  co- 
piado al  pié  de  la  letra  o  utilizado  sus  apuntes,  queremos  darnos  el 
mui  vivo  de  manifestarle  aquí  la  gratitud  que  sentimos  por  sus  fa- 
vores i  la  admiración  que  no  ha  podido  menos  de  despertar  en 
nuestra  alma  una  tan  rara  erudición  hermanada  con  una  tan  singu- 
lar modestia. 

Una  palabra  ahora  en  resguardo  de  la  nuestra.  Si  alguno,  al  ver 
la  frecuencia  con  que  el  autor  toma  de  sus  propios  escritos  ejem- 
plos que  muestren  la  significación  de  los  provincialismos  chilenos 
que  considera,  se  sintiese  tentado  a  mirar  en  ello  un  indicio  de  su 
vanidad  literaria,  deseche  tan  mal  fundado  pensamiento.  La  obra  de 
hallar  un  ejemplo  para  cada  chilenismo  era  larga,  i  nosotros  no  po- 
diamos  dedicarle  mas  que  algunos  momentos.  De  ahí  quo  tomásemos 
las  citas  que  teníamos  mas  a  la  mano;  i  ¿cuáles  habíamos  de  recor- 
dar mejor  que  las  que  ocurrían  en  nuestros  escritos?  Por  otra 
parte,  ridicula  vanidad  seria  la  de  buscar  gloria  en  una  exhibi- 
ción délos  propios  pecados  ¿i  qué  otra  cosa  que  pecar  por  ignoran- 
cia o  perversión  del  guato  hacen  las  mas  veces  los  que  afean  sus  es- 
critos con  bárbaros,  groseros,  o  cuando  menos  innecesarios  provin- 
cialismos? 

Si  la  acojida  que  dé  el  público  a  este  libro  correspondiera  al  deseo 
que  abrigamos  de  contribuir  al  perfeccionamiento  i  depuración  d» 
nuestra  habla,  bien  podríamos  en  una  segunda  edición  llenar  sub 
vacíos  i   enmendar    sus    errores.    Tenemos   ademas     el    propósito 


XII 

de  agregar  al  Diccionario,  si  es  que  llega  alguna  vez  el  caso 
de  reimprimirlo,  una  lista  completa  de  todos  los  nombres  indíjena» 
do  animales,  plantas  i  lagares  de  Chile,  apuntando  cada  vez  que 
haya  lugar,  su  etiraolojía  i  sus  equivalentes  científicos  i  vulgares. 
Entonces  el  Diccionario  de  Chilenismos  podria  ser  un  todo  armónico 
i  completo,  sino  en  sus  detalles,  por  lo  menos  en  su  plan  i  en  las 
líneas  primordiales  de  su  trazo  i  delineamiento. 

De  todas  maneras  i  ya  que  nos  faltan  títulos  para  esperar  estímulos 
del  público,  nos  acojemos  confiadamente  al  juicio  de  las  personas 
instruidas,  capaces  de  apreciar  las  dificultades  de  este  j enero  de 
trabajos.  Su  benevolencia  no  nos  negará  la  disculpa  con  que  don 
Enrique  de  Villena,  en  su  Arte  de  trobar^  excusaba  tan  donosamente 
las  faltas  del  primer  libro  que  sobre  la  Gaya  Ciencia  escribió  don 
Ramón  Vidal  de  Besalú,  diciendo  de  él:  «Este  Ramón  por  ser 
comenzador  no  fabló  tan  cumplidamente.» 


DICCIONARIO 


DE 


CHILENISMOS 


«Compone  esta  preposición  A  tal  i  tan  variada  multi- 
tud de  adverbios  o  dicciones  adverbiales,  dice  Garces  en 
su  Fundamento  del  vigor  i  eleganma  de  la  lengua  castella- 
na, que  a  enumerarlos  todos,  apenas  bastaría  un  libro 
entero,  mostrándonos  con  gran  viveza  i  propiedad  mil  ma- 
neras de  hablar  que  tocan  a  modo,  a  acción,  tiempo, 
lugar,  semejanza  i  otras.» 

En  Chile,  ademas  de  las  frases  adverbiales  señaladas 
por  Garces  en  la  obra  citada,  corren  muchas  otras,  entre 
las  cuales,  por  mas  usadas  i  expresivas,  hemos  notado  las 
siguientes: 

\^  A  espeta  perros ,  (salir),  que  según  el  señor  Cuervo  en 
sus  Apuntaciones  críticas  sobre  el  lenguaje  bogotano ,  es 
en  español  salir  como  perro  con  vejiga. 

2.*  yl  hacerse,  que  colocada  en  pos  de  algún  verbo  o 
adjetivo  expresa  con  grande  enerjía  la  idea  de,  shi  reme- 
dio, ^  total,  definitivamente.  «Ya  es  inútil  que  riegues  mas 
ese  árbol:  se  ha  secado  a  hacerse.^t  «Lo  acometió  el  mine- 


ro  con  tal  furia  que  a  la  primera  puñalada  lo  mató  a  ha- 
cerse,^ 

Estert  hacerse  de  nuestra  plebe  es  seguramente  el  anti- 
cuo a  cercen,  que  hoi,  no  sabemos  por  qué,  escriben  casi 
todos  a  cercen. 

c(La  carne  i  hueso  a  cercen  le  derriba.» 

(OÑA. — Aranco  domado.) 

«Las  dos  manos  a  cercen  le  ha  cortado.)) 

(A.  DE  Saa.vedR;V. — El  peregrino  indiano.) 

(Véanse  dos    ejemplos    mas  en    la    Ortolojía  de   Bello 

Garces  escribe  sin  embargo  a  cerceny  i  lo  mismo  se  nota 
en  muchas  ediciones  del  Quijote. 

3.'  A  la  bnita,  que  vale  tanto  como  toscamente,  con 
exceso, 

«Desde  que  se  fué  al  campo  está  viviendo  a  la  bruta.)^ 
«Desde  que  entró  a  ejercicios  bebe  tal  cual  vez;  pero 
cuando  bebe,  bebe  a  la  bruta.n  «Grande  es  la  casa  i  nue- 
va: ¡lastima  qne  haya  sido  trabajada  a  la  bimtalyy 

Parece  que  la  locución  castiza  es  a  lo  brutesco: 

«Acullá  ve  una  artificiosa  fuente  de  jaspe  variado,  i  de 
liso  mármol  compuesta;  acá  ve  otra  a  lo  brutesco  ordena- 
da, a  donde  las  menudas  conchas  de  las  almejas  etc.» 

(Cervantes.  —  (??«yoíe.) 

4.*  A  la  cuarta,  que  significa  con  dependencia  i  sujeción 
rigurosa,  i  a  veces  también,  pobre,  escasamente. 

«Desde  que  la  infeliz  perdió  a  su  marido  no  tiene  mas 
qne  su  montepío,  que  apenas  le  da  para  vivir  a  la  cuarta,rt 
«El  caballero  ése  es  de  cuño  antiguo;  hace  que  sus  hijos 
se  recojan  a  las  nueve  de  la  noche;  nadie  se  acuesta  en 
su  casa  sin  rezar  el  rosario,  i  tiene  a  toda  la  familia  a  la 
cuarta. n 

Probablemente  en  esta  frase,  cuarta  se  toma  en  el  sen- 
tido de  cabestro  que,  en  efecto,  le  atribuyen  nuestros 
guasos. 

5.*  A  la  diabla.  Pues  que  los  españoles  se  han  permi- 
tido cambiar  en  a  la  última  o  de  Bartolo  en  la  conocida 
i  decidora  frase  tenderse  a  la  bartola,  ¿por  qué  los  chile- 
nos hemos  de  tener  mas  respeto  a  la  última  de  Diablo?  se 
preguntarla  probablemente  el  desconocido  inventor  de 
esta  fra^e;  i  dicieudo  i  haciendo,  mandó  a  su  mujer  «que 


cortase  sus  relaciones  con  la  yitida  del  boticario,  porque 
&abia  de  miii  buen  oríjen  que  estaba  viviendo  a  la  diabla 
con  el  barbero  de  en  frente.» 

El  consabido  paisano  inventor  de  la  frase»  fué  segura- 
mente hombre  de  pelo  en  pecho;  pero  indudablemente  no 
fué  un  gran  filólogo.  Tenderse  a  la  bartola,  no  quiere  de- 
cir tenderse  como  Bartola  acostumbraba,  que  no  hai  mo- 
tivo para  hacer  tamaño  agravio  a  su  memoria;  es  senci- 
llamente tenderse  sobre  la  barriga,  pues  bartola  da  tanto 
como  pajiza  en  castellano  de  mozos  de  cordel  i  destripa- 
terrones. 

Lo  escrito  escrito,  aunque  después  de  escribirlo  haya- 
mos leido  en  Baralt: 

«cPoner  las  cosas  de  través»  por  poner  las  cosas  sin 
orden  ni  concierto,  a  la  diabla. — (Dieeionario  de  Gali^ 
Císmos.)  , 

6.'  A  la  fija,  vale  perfectamente^  co?i  la  deseable  como- 
didad o  seguridad. 

«Vete  con  el  caballero  a  la  hacienda,  que  irás  a  la  fija: 
no  sale  de  ella  administrador  que  no  salga  con  Don  por 
delante  i  con  el  riñon  tapado.» 

7.*  A  la  mala.  «La  lucha  entre  ellos  i  nosotros  es  mui 
desigual,  decia,  saliendo  de  la  Cámara,,  cierto  diputado: 
¿no  vé  Ud.  que  ellos  no  van  nunca  sino  a  la  mala'^. » 

Queria  decir:  ¿no  vé  Ud.  que  ellos  proceden  siempre  de 
mala  fe  i  sin  desechar  mediosl 

8.""  A  la  pluma,  al  cincel,  no  son  provincialismos  chile- 
nos, sino  galicismos  tan  corrientes  en  América  como  in- 
tolerables. Con  decir  a  plimia y  a  cincel,  se  ahorrarían 
letras  i  disparates. 

9.*  A  la  pretina.  No  vacilamos  en  poner  esta  frase 
entre  los  chilenismos,  porque  si  bien  es  cierto  que  no  fal- 
tan en  España  madres  precavidas  que  tengan  a  sbs  hijas 
en  pretina,  como  quien  dice  en  prensa,  solo  en  Chile  las 
hai  que  gusten  de  llevarlas  a  IcL  prethia,  como  quien  dice, 
haciendo  una  irrespetuosa  comparación,  al  pegual, 

10.*  A  la  songa,  songa.  Songa  es  un  provincialismo 
cubano  que  equivale  a  ironía,  hurla.  Solo  hemos  oido  so- 
nar en  Chile  esta  palabra  en  la  frase,  a  la  songa,  songa, 
cuyo  sentido  es  disimuladamente,  eon  im  artificioso  descui- 
do, mui  poco  a  poco. 

IL*  A  las  últimas  o  en  las  últimas,  se  dice  en  Chile  de 


4  A 

una  persona  quo  agoniza.  En  España  se  dice,  o  al  menos 
se  decia  en  los  buenos  tiempos  de  su  literatura^  a  los 
últimos. 

«Diciendo  esto  me  llevó  a  un  cuarto  donde  el  triste 
Blas  de  Santillana,  tendido  en  una  cama  que  mostraba 
bien  la  miseria  de  un  pobre  escudero,  estaba  ya  a  los 
últ¿mos,y)—[V,  Isla. — Gil  Blas.) 

12."  Al  apa.  Estándonos  a  la  semejanza  de  sonidos,,  pare- 
ce que  nuestra  conocida  frase  adverbial  al  apa  no  fuese  mas 
que  una  corruptela  de  la  mui  castiza  a  la  zapa;  pero  la  falta 
absoluta  de  semejanza  que  se  nota  en  el  sentido  de  ambas 
frases,  nos  inclina  a  pensar  que  al  apa  (esto  es  a  cuestas, 
sobre  las  espaldas)  ha  debido  su  existencia  a  jentes  que, 
según  todas  las  probabilidades,  ni  oyeron  nunca  decir  a  la 
zapa,  ni  menos  supieron  que  esa  es  una  frase  militar  que 
signiífca  (dr  los  sitiadores  resguardados  por  las  zanjas  i 
trincheras  que  abren  ellos  mismos,  o  arrimados  a  las  for- 
tificaciones que  sitian.» — [Diccio7iario  de  la  Academia.) 

El  único  medio  de  descubrir  entre  ambas  frases  alguna 
relación  de  parentesco,  seria  imajinar  que  se  toman  las 
espaldas  del  que  lleva  cd  opa  por  muros  de  la  fortaleza,  i 
al  llevado  como  a  un  sitiador  que  se  adhiere  i  pega  boni- 
tamente a  la  muralla  para  no  ser  visto.  Lo  que  es  nosotros, 
no  nos  sentimos  capaces  de  un  tal  esfuerzo  de  imaji- 
iiacion. 

Mas  probable  es  que  al  apa  venga  del  quichua,  en  cuyo 
idioma  apac  significa  llevar,  apani,  la  bestia  cargada,  i 
apa  el  jornalero  que  gana  su  vida  acarreando.  (Pueden  ver 
sobre  este  punto  los  curiosos  el  Diccionario  quichua-caste- 
llano  del  Rev.  P.  Honorio  Mossi,  en  la  palabra  apa.) 

En  Ataeama  en  vez  de  al  apa  dicen  a  la  tota, 

13."  A  la  trinca,  sinónimo  de  a  la  cuarta. 

14.*  Al  pegual,  a  los  corriones.,  esto  es  sujeto  a  las  piezas 
de  la  montura  que  tienen  esos  nombres: 

«Bajaron  las  tres  Marías 
En  sus  tres  caballos  blancos 

Con  un  chancho  a  los  corriones 

Dios  te  salve  Reina  i  Madre.» 

Son  versos    que   oimos    cantar  a  un  peón  arribano  en 


A  5 

nuestra  niñez,  i   pertenecen   al  jénero   de  aquellos  otros 
tan  populares: 

«De  las  aves  que  vuelan 
Me  gusta  el  chancho, 
Porque  las  esperanzas 
Nunca  se  pierden; 
Nunca  se  pierden,  sí, 
Blanca  azucena, 
Si  la  azucena  es  blanca 
Tú  eres  morena.» 

15.'  Al  tirar  y  es  una  frase  que  se  contrapone  a  escbjido 
o  mas  exactamente  a  escojiendo.  «Brevero  ¿a  cuánto  el 
ciento  de  brevas? — A  cuatro  reales  al  tirar,  i  a  seis,  esco- 
jidas,  mi  caballero.»  En  el  primer  caso  el  vendedon  cuen- 
ta las  brevas  a  medida  que  se  van  presentando;  en  el  se- 
gundo el  comprador  escojo  las  que  mas  le  gusten. 

16."  Al  tiro,  vale  en  el  acto,  «En  la  tarde  de  ayer  uno 
de  los  trabajadores  que  se  ocupan  en  estucar  el  frente  del 
portal  Fernández  Concha,  se  cayó  del  andamio  i  se  mató 
al  tÍ7'0,))  leimos  en  un  diario  de  Santiago. 

17.*  A  pata,  equivalente  a  descalzo, 

18.*  A  punta  de  lanza,  es  una  frase  mui  castiza;  no  así 
a  punta  de  palos,  a  punta  de  azotes,  i  hasta  a  punta  de 
plata,  como  oimos  decir  con  frecuencia,  por  a  fuerza  de 
palos,  azotes,  etc. 

19.*  yl  revienta  cinchas,  es  una  locución  que  dice  tanto 
como  la  española,  que  trae  el  Diccionario  de  la  Academia, 
rompiendo  cinchas,  esto  es^  corriendo  con  extraordinario 
esfuerzo  i  lijereza.  Hai  entre  el  enérjico  a  revienta  cinchas 
i  el  jerundiano  rompiendo  cinchas,  la  misma  diferencia 
que  entre,  a  mata  caballos  i  matando  caballos,  que  sirven 
para  expresar  la  misma  idea. 

20.*  .4  roso  i  velloso.  D.  Francisco  de  P.  Seijas  en  una 
nota  al  Cuento  de  cuentos  de  Quevedo  dice,  explicando  el 
oríjen  de  esta  locución: 

idioso  ni  velloso.  Roso  vale  tanto  como  rojo,  velloso  se 
entiende  bien;  i  el  modo  adverbial  no  dejar  roso  7ii  vello^ 
so  es  «totalmente  sin  escepcion.»  I  bien^  pudo  decirse, 
como  indica  Covarrúbias,  por  similitud  de  las  frutas  cu* 
biertas  de  cierto  vello  o  película  mucho  mas  crecido  i  ma- 


6.  ABA 

nifiesto  cuando  están  verdes,  que  no  cuando  están  madu- 
ras i  de  rojo  i  encendido  color.  No  dejar  verde  ni  jnaditro, 
roso  ni  velloso  vale  lo  mismo  que  «todo  por  igual.» 

Este  oríjen  parece  traido  por  los  cabellos,  debido  qui- 
zás a  corrompida  ortografía.  Escribiendo  rozo  en  lugar  de 
roso,  explicaríamos  mejor  i  mas  naturalmente  el  oríjen  i 
sentido  de  la  frase;  pues  rozo  es  participio  irregular  de 
rozar,  i  rozar  es  cuasi  pelar:  a  pelón  i  peludo;  esto  es  a 
hombres  (por  ser  pelados,  sin  pelo,  en  latin  glaber)  i  bru- 
tos (por  peludos,  vellosos).  De  manera  que  a  rozo  i  velloso 
vale  a  todo  el  mundo,  sin  distinción.  La  Academia  dice: 
«totalmente,  sin  excepción,  sin  consideración  ninguna.» 

ABAJO,    ABAJINO,  A. 

Los*lados  de  abajo  es  una  frase  de  que  se  sirve  siem- 
pre la  jente  poco  entendida  en  jeografía  de  Chile,  para 
denotar  lugares  situados  al  Norte  de  aquél  en  que  está 
hablando;  i  aun  la  ilustrada  a  veces,  cuando  le  ocurre 
decir  que  algo  ha  sucedido  o  que  alguien  vive,  en  algim 
lugar  cuyo  nombre  desconoce  i  del  cual  solo  sabe  que 
está  al  Norte. 

Los  lados  de  abajo,  para  indicar  las  comarcas  del  Nor- 
te, es  correlativa  de  los  lados  de  arriba,  que  se  encontra- 
rá en  el  lugar  correspondiente  de  este  Diccionario. 

Después  de  lo  dicho,  excusado  parecerá  hagamos  notar 
que  abajino  es  un  adjetivo  que  se  aplica  a  los  habitantes 
de  las  provincias  del  Norte^i  centro,  por  los  de  aquellas 
que  se  hallan  situadas  mas  al  Sur. 

ABALEAR   O  BALEAR. 

^  «Limpiar  el  trigo,  cebada,  etc.,  al  tiempo  de  aventarlo, 
dice  el  Diccionario  de  la  Academia,  separando  del  grano 
con  una  escoba  los  granzones  i  paja  gruesa.» 

En  Chile  usa  este  verbo,  bien  es  cierto  que  solo  lajen- 
ie  zafia,  en  el  sentido  de  fusilar. 

«Así  debe  ser.  ...  I  es  mui  justo.  Miren  que  estar  en 
un  tris  que  a  uno  lo  abaleen  es  para  quedar  con  urisma,yi 
(aneurisma). -(V.  Hjjrwa.o.  — Una  víctima  del  honor.) 

No  estando  este  chilenifsmo  justificado  por  la  necesidad 


ABA  7 

ni  disculpado  por  el  uso  de  las  personas  ilustradas,  daría- 
mos de  buena  gana  nuestro  voto  por  que  fuese  cuanto  an- 
tes pasado  por  las  armas. 


ABARRAJADO,     A. 

Audaz,  pendenciero,  perdonavidas,  disoluto,  libertino. 
(d  por  otra  parte,  cuál  vida,  cuál  índole,  cuáles  hábitos 
libertinos  mas  propios  del  pipiólo  típico,  del  pelajeanu 
abarrajado,  que  la  vida,  la  índole,  los  hábitos  íntimos  de 
don  Diego  Portales?»  escribió  el  señor  Vicuña  Mackenna 
en  el  libro  que  lleva  por  título  el  nombre  de  aquel  procer 
de  nuestra  organización  política  i  administrativa,  libro  que, 
sea  dicho  de  paso,  es  el  mas  interesante  de  cuantos  ha 
producido  su  fecunda  pluma;  si  bien  se  encuentran  de 
cuando  en  cuando  en  él  apreciaciones  tan  injustas  i  equi- 
vocadas como  la  contenida  en  el  párrafo  que  dejamos  co- 
piado, por  suministrarnos  una  muestra  del  jenuino  senti- 
do en  que  se  usa  el  adjetivo  abarrajado. 

ABASTERO. 

Palabra  de  uso  jeneral  en  Chile,  i  que  no  figura  ni  en 
el  Diccionario  de  la  Academia  ni  en  ningún  otro  de  la 
lengua  española. 

Su  equivalente  castellano  es  abastecedor;  aunque  es  de 
notarse  que,  viniendo  abastecedor  de  abastecer,  i  signifi- 
cando este  verbo  «proveer  de  bastimentos  o  de  otras  cosas 
necesarias»  (Diccionario  de  la  Academia)  tiene  de  sujo 
aplicación  mucho  mas  extensa  que  nuestro  abastero,  que 
denota  solo  al  proveedor  de  reses  o  carnes  vivas;  a  dife- 
rencia del  carnicero  que  es  el  vendedor  de  carnes  muertas. 

Un  ejemplo  del  uso  corriente  de  abastero  nos  suminis- 
tran estos  versos  del  poeta  popular  de  Santiago,  Ber- 
nardino  Guajardo,  en  su  romance  De  todas  artes: 

«Primero  es  el  abastero 
Que  en  reses  hace  gran  gasto 
I  con  ellas  da  el  abasto 
A  todo  SantiaíTO  entero.» 


8  ABU 

Cáese  <le  su  peso  que,  no  teniendo  la  palabra  de  que  se 
trata  sinóuinio  castellano,  no  liai  por  qué  condenarla.  Por 
otra  parte  su  uso  se  ha  hecho  tan  jeneral,  que  a  pesar  de 
cuantas  sentencias  de  proscripción  se  pronunciasen  contra 
ella,  sabría  conservar  su  puesto  i  mantenerse  en  sus  trece. 


ABOMBARSE,    ABOMBADO,    A. 

1."  Perder  en  parte  la  lucidez  de  las  facultades  menta- 
les; 2.'  Ebrio,  i  mas  exactamente  achispado.  También  he- 
mos solido  oir  el  sustantivo  homba^  aunque  solo  en  la 
frase  estar  en  bomba, 

aEl  que  líquido  ha  tomado 
De  noche  por  fantasía 
Amanece  al  otro  dia 
Atónito  i  abombado.r\ 

(GuA JARDO. — El  gustador,) 

Abordar. 

Se  construye  este  verbo  con  las  preposiciones  a   i  con, 
Al  traductor,  pues,  cuyo  es  el   siguiente  pasaje,  le  ha- 
bría estado  bien  abordar  con  el  Diccionario  de  la  Acade- 
mia,  voz  desabordarse,  o  «  a  la  Gramática  de  Salva,  páj. 
264. 

«La  seguí  (habla  de  una  niña)  sin  atreverme  a  abor- 
darla, aunque  ella  dejaba  traslucir  una  emoción  de  las 
mas  animadoras.»  (El  infame  de  Ed.  About. — Traducción 
de  El  Ferrocarril,  febrero  26  de  1867.) 

ABUSIÓN,  ABUSIONERO^  A. 

En  castellano  antiguo  se  llamaba  abusión  lo  que  noso- 
tros llamamos  «6w5o.  También  equivalía  el  indicado  vo- 
cablo a  superstición,  agüero',  de  donde  el  derivado  abusio- 
ñero,  ({\\e  q(i\ú\¡úq  3.  supersticioso,  agorero. 

El  señor  Vicuña  Mackenna  se  equivoca  por  lo  tanto 
cuaftdo  supone  que  abusión  es  una  palabra  inventada  por 
nuestro  pueblo,  que  si  en  verdad  se  muestra  muí  propeu- 


I 


ACÁ  9 

so  a  creer  en  abusiones,  no  por  eso  puede  ser  tachado, 
sin  notoria  injusticia,  de  sobresalir  por  tal  aspecto  entre 
todos  los  pueblos  ahusioneros  de  la  tierra. 

Léase  ahora  el  párrafo  de  la  Historia  de  Santiago  en 
que  el  señor  Vicuña  hace  a  nuestro  pueblo,  inocente  de 
ese  pecado,  que  si  de  otros  mas  graves  nó,  la  imputación 
aludida. 

((Fluctúa  todavía  una  vaga  tradición  de  que  aquel  cam- 
bio de  domicilio  se  hizo  con  los  accidentes  de  una  fuga, 
corriendo  las  monjas  cismáticas  desgreñadas  por  las  calles, 
mientras  que  las  que  quedaban  fieles  al  antiguo  escapula- 
rio las  perseguian  con  sendos  torniscones.  Pero  esto  nos 
parece  haber  sido  una  de  las  muchas  abiisio?ies,  que  tal 
es  la  palabra  inventada  por  el  pueblo  mas  abusionero  del 
mundo.» 

En  resumen,  abusión  i  su  derivado  abusionero  son  dos 
voces  tan  útiles  como  hermosas  de  entre  las  muchas  que, 
habiéndose  anticuado  en  España,  han  conservado  en 
América  el  vigor  de  su  primera  juventud. 


ABUTAGARSE,    ABUTAGADO,  A. 

No  son  chilenismos,  sino  muestras  palpables  del  descui- 
do con  que  miramos  cuanto  atañe  a  la  recta  pronuncia- 
ción de  las  palabras. 

Claro  se  está  que  lo  que  manda  el  Diccionario  es  abo^ 
tagarse,  abotagado,  a. 

ACÁPITE. 

¿Quién  no  diria  que  esta  palabra  es  castiza  i  de  la  me- 
jor estirpe?  No  la  encontramos  sin  embargo,  ni  en  los 
clásicos,  ni  en  los  diccionarios  de  la  lengua.  Tampoco  es 
cosa  fácil  explicarse  satisfactoriamente  su  significado  re- 
curriendo al  latin,  de  donde  en  apariencia  procede. 

Dígase,  pues,  en  lugar  de  acápite  y  párrafo  o  aparte  y  si 
no  quiere  decirse  sangría,  como  aconseja  la  Academia  en 
las  siguientes  palabras  de  su  Ortografía: 

«A  mas  del  punto  final  suelen  ponerse  varios  apartes  en 
las  cartas  i  en  toda  clase    de  escritos.  Esta  división   que 


10  ACC 

consisto  en  no  acabar  el  reglón  final  del  último  período  i 
en  empezar  el  siguiente  mas  adentro  de  la  plana  que  to- 
dos los  demás,  se  llama  sangría  i  solo  debe  usarse  cuan- 
do se  va  a  diverso  asunto  o  bien  a  considerar  el  mismo 
bajo  (este  bajo  pone  grima  al  señor  Cuervo)  un  aspecto 
diferente.» 


ACARRALADURA. 

Bastante  usado,  i  no  existe.  Dígase  carrera  (en  las  me- 
dias, etc.) 


ACASERARSE,    ACASERADO,    A. 

Del  perro  callejero  i  mostrenco  que  se  introduce  en  una 
casa  i  va  poco  a  poco  sacando  la  cola  de  entre  las  pier- 
nas, i  tomando  confianza  a  medida  que  repite  sus  visitas, 
se  dice  en  tierra  de  Chile  que  se  acasera.  I  si  llega  por 
ventura  a  instalarse  definitivamente,  obteniendo  el  expre- 
so o  tácito  consentimiento  de  los  dueños  de  casa,  se  dice 
que  es  un  perro  acaserado. 

El  vocablo  español  que  mas  se  aproxima    a    acaserarse, 
es  encariñarse. 


ACCIDENTADO,  A^    ACCIDENTES. 

Mas  que  chilenismos  son  éstos  galicismos  tan  chocantes 
como  esparcidos  en  América,  donde  parece  se  tuvieran 
por  no  existentes  las  muchas  palabras  que  el  idioma  po- 
see para  indicar  la  idea  de  quebrado^  fragoso,  ctspero,  es- 
cabroso,    cerril. 

Otro  tanto  decimos  de  los  accidentes  del  terreno,  por 
frar/osidadf  aspereza  del  mismo. 

«Los  indios  del  Norte  de  Chile  eran  mucho  menos  nu- 
merosos, menos  altivos,  menos  \}Vo[,q]\Aos]íov  los  accidentes 
del  terreno,  que  los  del  vSur,  los  de  ultra-Biobio,  los  re- 
nombrados araucanos. o — (M.  L.  Amunátegui.— ¿(/^  P/rc/ír- 
sores  de  la  Independencia  de  Chde.) 


ACÓ  11 

ACEZAR,    ACECIDO. 

Son  estos  dos  vocablos  una  muestra  mas  que  se  nos 
ofrece  de  los  muchos  que^  habiendo  caido  en  desuso  allá  en 
España,  se  conservan  todavía  en  América  como  un  vi- 
viente recuerdo  del  lenguaje  de  los  conquistadores  caste- 
llanos del  siglo  XVI.  Kn  la  Península,  si  no  miente  el 
Diccionario^  no  hai  mas  que  el  sustantivo  ocezo^  anticua- 
do por  añadidura,  i  los  verbos  jadear  i  carlear, 

ACOBARDAR. 


A  buen  seguro  que  no  escribimos  para  nadie  una  nove- 
dad escribiendo  que  acobardar  es  un  verbo  castellano, 
que  se  usa  como  activo  en  el  sentido  de  intimidar  i  como 
reflexivo  en  el  de  amilanarse*  Lo  que  sí  no  parecerá  tan 
ocioso  es  hagamos  notar  que  en  Chile  suele  usarse  la 
forma  activa  de  este  verbo  en  el  sentido  reflejo,  i  a  veces 
también  como  equivalente  de  temer. 

Sea  ejemplo  de  este  último  uso  de  acobardar  la  excla- 
mación en  que  suelen  prorrumpir  los  mirones  de  las  pen- 
dencias que  se  traban  con  tanta  frecuencia  entre  nuestros 
rotos:  «¡No  le  acobardesh  o  «¡No  hai  que  acobardarle  un 
pelo!» 

Del  primero  nos  suministrará  uno  el  señor  Vicuña  Mac- 
kenna.  Dice  en  alguna  parte  de  su  Biecjo  Portales:  «Com- 
pañero, no  hai  por  qué  acobardar^  hemos  pasado  lo  mas 
difícil  del  camino  i  ja  estamos  en  pampa  rasa. y) 


ACOMPAÑAR,  ACOMPAÑADO. 

Entiéndese  por  acompañar  enire  albañiles,.  la  acción  de 
llenar  con  barro,  mezcla  u  otro  material  cualquiera,  los 
huecos  i  resquicios  que  van  qiaedando  en  las  paredes  por 
la,  colocación  de  los  marcos  i  pilastras  de  las  puertas,  cor- 
nisas, antepechos,  etc.;  i  por  acompañado  el  material  con 
que  se  llena,  o  mas  ex.actamente  el  remiendo  mismo. 

Ignoramos  si  los  alarifes  en  España  se  sirven  de  las  dos 


12  ACHA 

voces  apuntadas;  pero  si  entre  ellos  corren,  no  han  podido 
llegar  aún  hasta  el  Diccionario  de  la  Academia. 


ACONCHARSE. 

En  el  sentido  de  depositar  los  líquidos  en  el  fondo  las 
heces  o  parte  crasa  que  contengan  y  es  chilenismo. 
Véase  Concho. 

ACUADRILLAR. 

Castellano,  según  la  Academia,  Salva  i  Domínguez,  en  el 
sentido  de  formar ,  juntar  i  qobernar  una  cuadrillay  es  un 
chilenismo  de  tomo  i  lomo  en  el  que  le  atribuimos  exclusi- 
vamente de  dar  cuadrillazo  (otra  palabra  criolla),  acorné^ 
ter  muchos  contra  uno, 

ACUMUCHAR,  SE,  ACUMUCHADO,  A,  ACUMUCHAMIENTO. 

No  siendo  castellano  cumucho,  de  donde  se  derivan  las 
tres  palabras  materia  de  este  párrafo^  claro  es  que  ellas 
no  han  de  seiio  tampoco  . 

No  se  descubre  su  oríjen  ni  en  el  araucano,  ni  en 
el  quichua,  ni  en  el  aimará.  Probablemente  acumuchar 
es  un  verbo  bárbaramente  formado  de  mucho,  converti- 
do por  un  vicio  de  pronunciación  en  cumucho.  Tanto 
mas  nos  inclinamos  a  creerlo  así,  cuanto  que  cumucho  no 
es  mas  que  el  grupo  de  muchos  objetos,  ya  animados,  ya 
inanimados.  Así  se  dice:  oNo  hai  en  la  plaza  mas  que 
unos  cuantos  cumuchos  de  jente.»  «Los  rotos  chilenos 
están  siempre  prontos  a  acumucharse  donde  quiera  que  se 
forme  una  zafacoca.»  «Es  hermosa  la  arboleda;  ¡lástima 
que  los  árboles  estén  tan  acumuchado sly^ 

Acumuchamiento  se  usa  a  veces  en  lugar  de  cumucho^ 
sobre  todo  para  denotar  reunión  de  personas. 

ACHAMPARSE. 

Achamparse  con  algún  dinero,  es  alzarse  con  él,  apro- 
piárselo por  medio  de  un  abuso  de  confianza. 
Véase  Champa, 


ACHO  13 

ACHIGUARSE,  ACHIGUAMIENTO. 

Achiguar  y  es  a  todas  vistas  i  con  todas  sus  letras,  el 
mismo  achigua  del  quichua,  que  en  ese  idioma  significa 
quitasol.  La  chigua  nuestra,  conservando  el  nombre  i  la 
forma,  sirve  para  menesteres  menos  aristocráticos  que 
para  defender  del  sol;  v.  gr.  para  el  envase  i  acarreo  del 
pescado  i  de  las  legumbres^  i  mui  principalmente  para 
hacer  las  veces  de  cuna  en  los  ranchos  de  los  pobres  i  en 
las  rucas  de  los  indios. 

De  un  tejado  se  dice  que  se  achigua  cuando,  cediendo 
al  peso,  o  flaqueando  la  enmaderación,  se  deprime  en  su 
parte  central. 

Achiguamiento  es  la  acción  de  achiguar. 

Chigua  i  sus  derivados  son  de  uso  corriente  entre  toda 
clase  de  personas,  i  como  aquél  corresponde  a  un  objeto 
que  es  peculiar  de  estos  paises,  no  vemos  la  razón  que 
habria  para  proscribirlo. 

«Mecido  en  chigua  i  alumbrado  con  chamisay>  se  dice 
de  aquellos  a  quienes  se  quiere  echar  en  cara  su  oríjen 
humilde  i  plebeyo. 

ACHINADO,   A. 

Véase  chino,  a. 

ACHOLAR,  SE,    ACHOLADO,  A,    ACHOLAMIENTO. 

Provincialismos  que  son  comunes  al  Perú,  Bolivia  i 
Chile,  i  que  sin  duda  son  orijinarios  de  alguna  de  aque- 
llas dos  repúblicas,  mapa  de  los  cholos,  que  suponemos 
sean  los  mas  propensos  a  acholarse. 

«Etimolójicamente,  dice  Juan  de  Arona,  en  sus  Apun- 
tes para  un  Diccionario  de  peruanismos  y  su  mejor  sinóni- 
mo (de  acholarse)  en  buen  castellano  es  achinarse,  pues 
vale  quedar  hecho  un  chino,  como  nuestro  peruanismo  que- 
dar hecho  un  cholo. y) 

El  estimable  literato  que  escribe  bajo  el  seudónimo  de 
Juan  de  Arona,   nos  perdonará;  pero,  dudando  mucho  de 


14  ADE 

que  en  el  Perú  acholarse  equivalga  a  quedar  hecJio  tni  cholo, 
o,  para  servirnos  de  la  frase  corriente  hecJio  un  negro  o 
como  un  negro,  certificamos  que  en  Chile  acholarse  no  es 
eso.  Por  acá  se  achola  el  que  se  corre,  avergüenza,  ami- 
lana  i  confunde;  i  por  cierto  que  sabe  mejor  que  nosotros 
el  señor  de  Arona  que  no  son  los  cholos  jenie  de  ahogarse 
en  poca  agua,  o^  puesto  que  hablamos  de  chilenismos, 
de  cocer  peumo  en  la  boca. 

Ejemplo  del  significado  corriente  de  acholar  nos  sumi- 
nistra una  carta  de  don  Diego  Portales  a  Garfias^,  que  pu- 
blicó el  señor  Vicuña  Mackenna,  en  la  ya  antes  citada 
biografía  de  aquel  grande  hombre: 

«Anime  usted  a  Tocornal  (don  Joaquin)  no  sea  que  lo 
acholen  i  aburran  los  aniñados:  dígale  que  no  son  temi- 
bles i  que  sin  duda  nos  costearán  la  risa,  si  sabe  llevar- 
los, dándoles  en  la  cabeza  como  en  la  cuestión  del  se- 
minario.» 


ACHUÑUSCAR,    SE. 

Por  un  instante  creímos  que  bien  podría  este  acliuhus* 
car  venir  de  la  palabra  quichua  chiihururani,  que  vale 
tanto  como  hacer  chuño,  moler;  pero  estando  persuadidos 
de  que  en  materia  de  etimolojías  el  medio  mas  seguro  de 
engañarse  es  hilar  mui  delgado,  preferimos  declarar  inje- 
nuamente  que  tenemos  a  achuñuscar  por  hijo  de  padres 
no  conocidos. 

Significa  el  activo,  comprimir,  estrujar  cosas  secas,  pie- 
gar  con  peso  o  fuerza;  i  el  reflexivo,  encojerse,  plegarse. 

El  equivalente  castellano  es  achuchar. 

((Concluido  que  hubo  de  leer  la  carta,  la  achuñuscó,  con 
muestras  visibles  de  cólera,  i  la  arrojó  a  la  escupidera» 
hemos  leido,  si  mal  no  recordamos,  en  una  novela  chilena. 

ADEFESIOS. 

Los  que  escriben  adefecio,  con  c,  i  los  que  creen  que 
este  vocablo  es  chileno  se  equivocan  groseramente.  Pa- 
rece que  van  descaminados  también  los  que  lo  usan  sin 
la  s  tlnal,  entre  los  cuales  se  cuenta  la  real  Academia  es- 
pañola. 


AER  15 

^Adefesios — Palabra  corrupta  de  cid  Ephesios,  a  los  de 
Efeso,  a  quien  predicó  San  Pablo  i  dirijió  muchas  epístolas. 
Hablar  ad  Ephesios^  a  los  que  no  nos  entienden  ni  enten- 
demos; a  otros  con  quien  no  tenemos  nada  que  ver,  dio 
pié  a  que  mas  latamente  luego  se  dijese  adefesio,  toda 
cosa  rara  i  extravagante.» 

(Seijás. — Nota  al  Cuento  de  cuentos  de  Quevedo,) 


ADLATERE. 

Sobre  esta  voz  observa  el  mui  culto  i  erudito  hablista 
colombiano,,  Don  Rufino  José  Cuervo,  en  sus  Ajmntacioyies 
criticas  sobre  el  lenguaje  bogotano  (obra  que  tendremos 
que  citar  muchas  veces,  para  no  decir  mal  lo  que  está 
perfectamente  dicho)  lo  siguiente: 

«Llámase  en  el  Derecho  de  jentes  legado  a  látere  un 
cardenal  enviado  extraordinariamente  por  el  Papa  con 
amplísimas  facultades  cerca  (Larra  i  Baralt  se  han  bur- 
lado de  este  ridículo  cerca)  de  un  soberano;  i  como  esta 
expresión  a  látere  (del  lado)  denota  la  proximidad  e  inti- 
midad del  cardenal  enviado  para  con  respecto  al  Papa,  ha 
venido  a  usarse  familiarmente  como  sustantivo  (jeneral- 
mente  en  plural  aláteres)  significando  compañero,  allega- 
do, auxiliador  (véase  el  Diccionario  de  Salva);  pero  es  un 
desatino  decir  ad  látere,  co  mo  siempre  hemos  oido  decir  i 
hallamos  en  este  pasaje:  aAfanados  en  proporcionarse  una 
ocasión  favorable,  buscan  un  ad  látere  a  la  mamá  i  se 
aferran  a  la  deliciosa  hija.-»  Para  comprender  la  razón  de 
esta  censura,  basta  haber  pisado  los  umbrales  de  una  clase 
de  menores.» 

ADULÓN. 

Llama  el  vulgo  al  que  adula,  que  en  español  se  dice  adu- 
lador. 
Véase  un  ejemplo  en  la  voz  Rico, 

AEREONAUTA. 

Dí^ifase  aeronauta. 


16  AGA 

AFAROLARSE,  AFAROLAMIENTO. 

Esta  projenie  de  farol  anda  por  esos  mundos  de  Dios 
ocupándose  en  todo  menos  que  en  ayudar  a  Diójenes  a 
buscar  a  su  hombre.  Al  revés,  rarísimo  caso  será  aquel 
en  que  un  hombre  que  llegue  a  afarolarse  no  se  haga  por 
ende  un  poco  bruto. 

Afarolarse  vale  tanto  como  amostazarse,  con  la  parti- 
cularidad de  aludir  el  verbo  mas  bien  a  los  signos  exter- 
nos de  ese  estado  del  animo,  que  al  estado  mismo.  Tiene 
cierta  semejanza  de  significado  este  verbo,  que  se  usa 
siempre  como  reflexivo,  con  azarearse,  de  que  tratare- 
mos luego. 

Afarolamiento  es  el  acto  de  dar  muestras  exteriores  i 
un  tanto  exajeradas  de  enojo,  berrinche. 

«Pues,  señor,  el  mozo  de  esta  historia  bebió  como  un 
carrilano  i  quiso  después  retirarse  mui  sí  señor  sin  pagar 
blanca.  El  comerciante  se  afaroló  i  quisó  detenerle;  pero 
el  bebedor  sacó  tranquilamente  un  revólver  de  la  cintura 
i  dirijiéndolo  al  pecho  del  dueño  del  bodegón,  dijo  con 
mucha  sangre  fria: 

— «Pagúese  usted  de  lo  que  le  debo. 

«El  comerciante  echó  a  correr  como  alma  que  lleva  el 
diablo,  gritando: — ¡Auxilio!  ¡Qué  me  matan!  ¡Favoréz- 
canme!»— (Crónica  de  El  Independíente ,  25  de  enero 
de  1874.) 


AFUTRARSE. 


Componerse,  acicalarse,  emperejilarse. 
Véase  Futre, 


AGACHAR. 

Como  reflexivo  es  castellano;  pero  como  activo  es  un 
chilenismo  que  ni  siquiera  se  justifica  en  razón  de  nece- 
sidad, pues  corresponde  a  inclinar,  alcanzar. 


AGU  17 

«La  dueña  del  santo  viva^ 
Cogollito  de  romero; 
Agácheme  una  ramita 
Que  me  muero,  que  me  muero!» 
[Cogollo  de  una  tonada  popular.) 

AGALLUDO,   A. 

En  castellano,  del  que  es  valiente  i  esforzado,  se  dice 
bien  que  es  un  hombre  de  agallas  o  que  las  tiene. 

Nosotros  hemos  formado  el  adjetivo  agalludo  quo  apli- 
camos principalmente  al  taimado,  astuto,  zorro», 

¡AGu! 

Palabra  que  es  la  primera  que  comienzan  a  pronunciar 
los  infantes.  Se  ha  formado  de  ella  una  interjección  que 
sirve  para  echar  en  rostro  a  alguno  que  ha  obrado  con 
la  imprevisión  i  atolondramiento  de  un  párvulo.  Seguido 
de  mi  alma  denota  familiar  i  cariñoso  reproche. 

Parece  que  en  España  los  niños  que  empiezan  a  gorjear 
no  dijeran  agú  como  los  de  por  acá,  sino  ajó.  Los  diccio- 
narios no  lo  declaran;  pero  Bretón  escribió:  «Que  se  rie; 
(el  niño)  que  hace  «/o,  ajó;  que  hoi  hace  pinitos!  maña- 
na el  jesto  do  la  vieja.» — [La  Nodriza.) 

AGUA  DE  LA  BANDA. 

Así  han  traducido  en  Chile  el  eau  de  labdnde  que  traen 
los  rótulos  de  algunas  ampolletas  de  esencias  i  perfumes, 
en  lugar  de  agua  de  alhucema. 

aDespidiendo  un  olor  de  agua  de  colonia,  de  la  banda 
i  de  varios  bouquets  etc.» 

(A.  Blest  Gana. — Martin  Rivas.) 

«Lavándula  (anticuado  según  la  Academia)  por  otro 
nombre  espliego,  planta  de  la  cual  se  hacia  una  agua  aru- 
mática  para  lavarse.» 

(Monlau . — Diccionario  etimolójico .) 


18  AGU 

AGUACHARSE. 

Tiene  este  verbo  cierta  semejanza  de  sentido  con  aca- 
serarse i  encariñarse  y  i  aunque  raras  veces,  se  usa  también 
como  activo  en  acción  de  domesticar  o  amansar. 

De  una  novela  de  costumbres,  titulada  £"/  Huérfano,  que 
publicó  hace  poco  en  sus  folletines  El  Ferrocarril,  sacamos 
el  ejemplo  que  sigue: 

«En  habiendo  trago  no  hai  hombre  que  se  resista.  En 
las  últimas  votaciones  se  me  habian  puesto  chucaros  algu- 
nos; pero  con  una  hornada  de  empanadas  i  seis  arrobas  de 
cXúohdL  \o%  ahnaché  \  quedaron  mansitos.» 

Claro  se  está,  por  lo  demás,  que  aguachado  será  el  que 
aguacha  i  que  la  raiz  del  verbo  es  guacho,  cuya  etimolojía 
i  significado  se  hallarán  en  el  lugar  correspondiente. 

AGUACHENTO,    A. 

Derivado  de  agua  i  sinónimo  de  los  adjetivos  castella- 
nos aguason,  aguajinoso  i  aguanoso,  que  sirven  para  indi- 
car lo  que  está  lleno  de  agua  o  demasiadamente  húmedo. 
Si  a  las  tres  palabras  indicadas  añadimos  acuoso,  de  sig- 
nificación mui  parecida,  tendremos  que  persuadirnos  de 
que  en  la  lengua  de  la  tierra  donde  se  inventó  aguar  el 
agua  no  hacia  falta  nuestro  aguachento,  llegado  a  última 
hora,  pero  con  suerte  tan  feliz,  que  ha  hecho  caer  en  ol- 
vido a  sus  competidores  en  todas  las  bodegas,  bodegones^ 
tambos  i  chinganas  de  la  América  Meridional. 

AGUASARSE,    AGUASADO^    A. 

Aguasarse  es  tomar  las  costumbres  i  maneras  de  los 
guasos.  Se  dice  de  los  niños  que  se  azoran  en  viendo 
caras  desconocidas  i  de  los  habitantes  de  las  ciudades  que 
al  cabo  de  algún  tiempo  de  residencia  en  el  campo  se 
vuelven  verdaderos  pájaros. 

«Ya  viene  (el  bote  del  resguardo)  i  con  él  una  lancha  i 
dos  chalupas  i  otras  embarcaciones,  que  traen  a  pasear  en 
tierra^    ingleses  taciturnos,  franceses  presumidos,  alema- 


ají  19 

nes  tiesos,  italianos  alegres,   peruanos  pálidos,  arjentinos 
er«-iiidos,  españoles  flemáticos  i  chilenos  a/masados.n 
(JoTABECHE.—^/  Puerto  de  Copiapó.) 
Véase  guaso. 


AHUESARSE,  AHUESADO,  A. 

Hueso,  si  hemos  de  atenernos  a  lo  que  reza  el  Diccio- 
nario de  la  Academia,  es  castellano  en  la  acepción  de 
cosa  inútil,  de  poco  precio  o  de  mala  calidad.  No  así  ahie- 
sarse,  que  es  de  bastante  uso  entre  nosotros  i  que  sin  duda 
se  deriva  del  sustantivo  indicado  en  la  acepción  referida. 

Ahuesarse  vale  tanto  como  ¡ponerse  algo  inservible,  prin- 
cipalmente por  la  acción  del  tiempo,  perder  su  valor, 
importancia,  oportunidad.  De  las  mujeres  que  se  quedan 
solteras  hasta  una  edad  madura  suele  decirse,  en  estilo 
familiar,  que  se  ahuesan. 

Véase,  a  mayor  abundamiento,  este  ejemplo  que  en- 
contramos en  una  carta  de  Jotabeche:  «Es,  pues,  éste  un 
negocio  ahuesado  completamente,  negocio  en  avería,  ne- 
gocio solo  bueno  para  hacer  una  bancarrota.  I  enamóre- 
se usted!» 


AJÍ,    AJIACO. 

El  primero  es  el  nombre  con  que  se  designa  en  Améri- 
ca la  especia  que  los  españoles  llaman  pimiento.  Proba- 
blemente es  de  oríjen  cubano,  i  tan  universal  ha  llegado 
a  ser  su  uso,  que  la  Academia  española  no  ha  podido 
menos  de  darle  el  espacio  de  dos  líneas  en  su  Diccionario, 
Según  ella,  ají  seria  «una  especie  de  salsa»  usada  por  es- 
tos mundoS;,  «cuyo  principal  ingrediente  es  el  pimiento.» 
Puede  que  en  las  Antillas  ají  signifique  eso;  lo  que  es  en 
el  Perú,  Bolivia  i  Chile,  ají  es  nada  mas  que  el  pimiento. 
La  salsa,  cuyo  principal  ingrediente  es  el  ají,  se  llama 
en  el  Perú  pictmte,  de  donde  el  derivado  picantería,  que 
es  la  taberna  o  bodegón  en  que  se  espende  i  consume 
aquél. 

En  Chile,  donde  no  faltan  las  picanterías,  nunca  hemos 


20  ALA 

oído  emplear  picante  como  sustantivo.  Tenemos,  en  cam- 
bio, ajiacoy  que  es  un  verdadero  chilenismo  i  que  denota, 
ja  que  no  una  salsa,  un  guiso  cuyo  ingrediente  principal 
es  el  ají. 

Todo  buen  mandatario  nos  sopla 

Veinte  mil  lavativas  de  ojí 

I  nos  canta  i  recanta  esta  copla: 

Ya  sois  libres  i  gracias  a  mí, 
¡I...  i...  i...  i..! 

(Manuela.  Fuentes.  iJsi\iYáQ\di^o)—CancionnacionaL) 

iiPonene  como  un  ajU  o  como  tin  ajiacon  es  frase  con 
que  se  pondera  el  repentino  enfurecerse  de  alguien, 

AJUSTAR, 

Ocioso  parece  advertir  que  este  verbo  es  castellano. 
No  lo  es,  sin  embargo,  en  la  frase:  «Le  ajustaron  un  ga- 
rrotazo, o  cien  azotes,  etc.»  Dígase  de  los  azotes  que  se 
¿os  dieron,  del  garrotazo  que  se  lo  asentaron,  i  así  según 
los  casos, 

ALABADO . 

Aunque  alabado  es  castellano,  denotando  el  motete  que 
se  cantaba  en  alabanza  del  Santísimo  Sacramento,  en 
Chile  hemos  conocido  siempre  este  motete  con  el  nombre 
de  henditOy  i  con  aquél  el  canto  de  los  serenos  al  venir 
el  dia  i  recojerse  a  su  cuartel,  canto  que  comenzaba: 

«Alabado  sea  el  Santísimo 
Sacramento  del  altar 
I  la  Vírjen  concebida 
Sin  pecado  orijinai.)) 

Al  alabado,  vale,  al  venir  el  dia,  muide  mañana. 

ALARGADA  (dAR  LA). 

En  el  juego  del  volantín,  soltar  el  hilo  para  que  los  mas 
grandes  i  encumbrados  se  pongan  al  alcance  de  los  mas 


ALC  21 

bajos  i  chicos:  «Tú  eres  mui  cobarde,  continuó  María: 
échale  comisión  sin  miedo  i  dale  lá  alargada,  que  si  pier- 
des te  daré  yo  dos  carretillas  de  hilo  i  ademas  prometo 
hacerte  otro  volantín  mas  grande;  pero  si  de  puro  co- 
barde te  lo  llevan,  no  te  daré  nada  ni  te  pintaré  mas  vo- 
lantÍ7i€S,y) 

(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio.) 

ALBAZO. 


Albazo  trae  en  el  Diccionario  de  la  Academia  la  nota 
de  anticuado,  en  el  sentido  de  alborada.  Tenemos,  por  lo 
tanto,  como  un  provincialismo  la  frase  de  albazo,  única 
en  que  por  lo  demás  se  usa,  para  significar  la  hora  en 
que  empieza  a  venir  la  primera  claridad  de  la  aurora. 


....«I  prometido  tenia 
El  ir  al  pueblo  vecino, 
Al  otro  dia  de  albazo 
Juntarse  con  cuatro  amigos.» 


Es  ejemplo  que  tomamos  de  la  novela  anónima  titulada 
El  Huérfano. 


»  ALCANCÍA. 

Las  que  se  llaman  asi  en  Chile,  que  se  suelen  poner  en 
la  puerta  de  las  iglesias,  son  cejjos  o  cepillos;  pues  la  al- 
cancía es  una  vasija  de  barro  que  es  preciso  romper  para 
sacar  el  dinero  que  en  ella  se  habia  depositado:  los  cepos 
o  cepillos  tienen  una  tapa  con  ese  objeto. 

<iEn  ademan  de  echar  una  limosna  en  un  cepillo.yy 

(Domínguez. — Diccionai^io ,  voz  Hipocresía.) 

«I  diez  años  también  hace  a  lo  menos, 
El  buen  cura  repuso  algo  sentido. 
Que  tú  gastas  en  locas  francaclielas 
La  limosna  que  cae  en  los  ccpillos.y> 

(Mora. — El  Sermón.) 


22  ALI 


ALCUZA. 


Es  sinónimo  de  aceiteray  en  la  acepción  de  vasija  en  que 
se  tiene  el  aceite  para  el  uso  diario;  pero  no  es   sinónimo 
de  angarillas  y  pieza  de  vajilla  en  que  se  ponen  las  ampo- 
lletas del  aceite  i  vinagre   o  taller,  que  es    igual  a  las  an- 
garillas i  sirve  para  salsas,  etc. 


ALEONAR,  SE,  ALEONADO,   A. 

Derivadas  todas  de  leona,  voz  favorita  de  rotos  i  estu- 
diantes, en  el  sentido  de  alboroto,  batahola,  chamusquina; 
mas  claro,  desorden  bullicioso  i  sin  mayores  consecuencias 
que  algunos  mojicones  en  los  rostros,  i  vidrios  quebrados 
en  las  ventanas. 

Aleonar,  es  azuzar,  excitar  al  alboroto  o  a  la  desobe- 
diencia. 

Aleonado  es  el  que  da  muestras  de  andar  siempre  pron- 
to a  tomar  parte  en  alborotos  i  pendencias. 

Véase  leona,  donde  se  encontrará  la  etimolojía  de  estos 
vocablos. 


ALGORRA. 

Ignoramos  cuál  es  el  nombre  español  de  esta  enferme- 
dad que  nuestros  médicos,  cuando  hablan  en  la  lengua  de 
los  profanos,  llaman  musguete  i  también  blanquillo,  voces 
ambas  que  no  vienen  en  los  diccionarios. 

El  nombre  científico  es  estomatitis  cremosa. 


ALIÑAR,  ALIÑADOR. 

Verbo  i  sustantivo  son  castizos,  indicando  aquél,  el 
acto  de  condimentar,  arreglar  i  componer,  i  éste  al  que 
lo  ejecuta.  Téngase,  emperO;,  por  un  provincialismo  de 
nuestra  tierra  el  uso  de  aliñar,  en  el  sentido  de  volver  a 
su  sitio  los  huesos  dislocados,  i  el  de  aliñador  para  deno- 


ALM  23 

tar  al  curandero  o  sacá-potraSy  que  tiene  por  oficio  asistir 
i  entablillar  a  los  que  se  quiebran  o  dislocan  los  huesos. 

ullai  aquí  cerca  un  aliñador,  pues  señor;  el  otro  dia  no 
mas  le  curó  a  ñor  Juan  una  pierna  que  se  quebró  aman- 
sando un  potrillo.» 

(A.  Blest  Gana. — El  Ideal  de  un  calavera.) 

Según  el  señor  Cuervo  el  provincialismo  colombiano 
equivalente  a  nuestro  aliñador,  es  sobandero. 

En  España  las  personas  doctas  han  designado  siempre 
fcon  el  nombre  de  aljebrista  al  que  profesa  el  arte  de  con- 
certar los  huesos  dislocados,  como  lo  acredita  este  pasaje 
del  Quijote:  «Llegaron  a  un  pueblo  donde  fué  ventura 
hallar  un  aljebrista  con  quien  se  curó  el  Sansón  desgra- 
ciado.» 

Tratándose  de  ensaladas  nada  mas  se  sabe  en  Chile  que 
aliñarlas:  no  nos  atreveríamos  a  tacharlo  de  impropio; 
pero  en  España  son  mas  usados  sazonar  i  aderezav. 

«Voi  a  tomar  por  mi  cuenta  el  sazonar  la  ensalada.» 
(Francisco  Martínez. — Gramática  española.) 

(.^Ensalada — f. — Hortaliza  aderezada  con  sal,  aceite  i 
otras  cosas,» — (Academia^  Diccionario.) 

Almacigo  í 

Se  dice  entre  nosotros  del  lugar  en  que  se  siembran 
las  semillas  de  las  hortalizas,  flores  i  árboles  para  trasla- 
dar después  a  otro  sitio  las  plantitas,  i  se  dice  mal,  por- 
que el  nombre  castizo  de  tales  semillerus  es  almáciga. 


ALMATROSTE. 

otra  palabra  que  se  pronuncia  al  allá  se  te  lo  haya. 

Según  vemos  en  las  Apuntaciones  críticas,  ya  citadas, 
del  señor  Cuervo,  el  vocablo  este  no  es  mas  respetuosa- 
mente tratado  en  Colombia  que  en  Chile. 

Como  ahnatroste  no  es  un  provincialismo  sino  un  ver- 
dadero barbarismo,  inútil  será  que  los  que  lo  usen  quie- 
ran salir  airosos  del  paso  tirándole  raya  por  debajo:  con 
raya  i  todo  no  se  librarán  de  la  nota  de  ignorantes  i  gro- 
seros. No  hai,  pues^  mas  remedio  que  tener  bien  presen- 


24  AMA 

te  que  en  castellano  se  dice  del  mueblejo  apelillado  i  des- 
vencijado, i  a  veces  también  del  individuo  que  se  le  ase- 
meja, que  es  un  armatoste.  Es  de  no  creerlo,  tan  envicia- 
dos estamos  en  el  otro;  pero  es  así. 


A YUYA. 


Después  de  advertir  Salva  que  esta  palabra  es  un  pro- 
vincialismo de  la  América  Meridional,  la  define:  «Rosca 
de  pan  mui  blanco  i  esquisito  que  se  hace  en  el  asiento  de 
Ambato  (república  del  Ecuador)  estimada  sobremanera  en 
el  Perú  i  Tierra  Firme,  por  su  encélente  gusto  i  el  mu- 
cho tiempo  que  puede  guardarse.» 

Ignorábamos  hasta  el  momento  de  leer  la  anterior  en- 
comiástica definición  en  el  Diccionario  de  Salva  que  fué- 
semos deudores  al  asiento  de  Ambato  de  las  esquisitas 
oyiiyas^  por  mas  que  siendo  golosos  de  ellas,  hace  mucho 
tiempo  comprendamos  i  disculpemos  de  sobra  el  entusias- 
mo con  que  el  señor  don  Vicente  las  recuerda. 

Vi  ¡Aleluya!  dijo  el  cura 
Por  comerse  las  ayuyas; 
I  el  sacristán  dijo  amen 
Para  tocar  él  también.» 

Copiado  este  ejemplo,  especie  de  refrán  o  cantinela,  con 
que  los  muchachos  suelen  hacer  fisga  a  los  sacristanes  i 
domésticos  de  los  eclesiásticos,  lo  único  que  nos  resta  ad- 
vertir en  honor  de  las  ayuyas  chilenas,  es  que  ellas,  con 
ser  tan  delicadas  como  las  de  Ambato^  se  asemejan  mu- 
chísimo mas  en  su  forma  al  pan  que  a  las  roscas. 

La  Academia  escribe  hallulla\  ortografía  que  nos  parece 
inaceptable. 


AMA. 


Son  tan- conocidas  en  España  las  amas  de  leche  como  las 
de  llaves;  pero  .dudamos  mucho  que  existan  por  allá  las 
amas  secas  i  de  brazos,  aun  cuando  es  de  presumir  no  fal- 


AMA  25 

ten  niñeras,  esto  es,  mujeres  encargadas  de  cuidar  de  los 
párvulos  sin  amamantarlos. 

I  por  cuanto  la  palabra  ésta,  que  acabamos  de  indicar 
como  castiza,  puede  parecer  extraña  i  poco  autorizada, 
por  tanto  se  nos  permitirá  apoyarla  en  el  siguiente 
ejemplo: 

«Para  particular  diversión  de  los  niños,  las  niñeras  \  los 

soldados,  liai  en  toda  la  extensión  de  los  Campos  Elíseos 

multitud  de  teatrillos  de  muñecos  que  representan  farsas 

tradicionales,  cuyo  oríjen,  según  dicen,  viene  de  Italia.»! 

(OcHOA. — Paris,  Londres  i  Madrid.) 

AMACHINARSE. 

En  el  lenguaje  vulgar,  contraer  amistad  ilícita,  aman- 
cebarse. Se  usa  principalmente  en  el  participio  amachina- 
do, para  denotar  a  los  que  habitualmente  hacen  mala  vida. 

También  se  dice  en  el  mismo  sentido  amachambrarse. 

AMANSADOR. 

Es  el  que  doma  animales  indómitos,  especialmente  ha- 
blando de  potros;  pero  el  que  adiestra  los  potros  o  caba- 
llos para  silla  o  coche  se  llama  en  España  ^jicaf/oy,  que 
aquí  decimos  mal,  amansador. 

AMARRA. 

Dan  este  nombre  nuestros  viñadores  a  la  operación  que 
se  hace  allá  por  los  meses  de  junio  i  julio  en  las  viñas, 
inmediatamente  después  de  la  poda,  i  que  consiste  en  atar 
las  parras  a  los  rodrigones  con  varillas  de  sauce,  i  mas 
frecuentemente  aún  con  paja  de  totora. 

Es  probable  que  lo  que  llamamos  nosotros  amarra,  se 
llame  amarradura  en  la  península. 

«Así  llegará  la  amarra. 
Sin  que  tus  cortadas  guias 
Pasen  las  noches  i  dias 
En  llorar  i  mas  llorar.» 
\7j.  Rodríguez. — La  Parra  i  el  Podador.) 


26  AMA 


AMARRAR. 

Sg  usa  tllsparatadamente  en  casos  como  los  qiio  siguen: 
«El  diputado  que  intente  contestar  ese  discurso,  tendrá 
que  amarrarse  bien  antes  los  calzones.y»  «Es  el  don  Ana- 
cleto  tan  dejado  de  la  mano  de  Dios  que  en  los  cincuenta 
i  tantos  años  que  lleva  sobre  el  espinazo  no  ba  podido  apren- 
der todavía  a  amarrarse  la  corbata.'í)  «La  infeliz  debe  de 
vivir  mártir  de  sus  muelas,  pues  de  los  doce  meses  del 
año,  seis  a  lo  menos  la  veo  con  la  cara  amarrada.y> 

Para  expresarse  con  propiedad  convendría  en  los  dos 
primeros  casos  atarse,  i  en  el  último,  en  vez  de  cara  ama- 
rrada, cara  entrapajada. 

A  la  cabeza  de  la  escena  XV  del  acto  II,  segunda  parte 
de  El  Tejedor  de  Segovia,  escribió  Ruiz  de  Alarcon:  ttCm- 
ciíON,  entrapajada  la  cabeza,  con  báculo  i  macilento.» 

El  señor  Cuervo,  a  quien  seguimos  en  esta  parte  al  re-  • 
dactar  el  espécimen  que  publicamos  en  marzo  de  1874 
en  La  Estrella  de  Chile,  propone  que,  hablándose  de  la  cara 
i  cabeza,  se  diga  entrapajada.  Nuestro  excelente  i  erudito 
amigo  el  señor  D.  Fernando  Páulsen  advirtiónos  del  error 
en  que  habíamos  incurrido  diciéndonos  en  una  de  sus  car- 
tas: (sJEntrapajado  es  demasiado  familiar  i  hasta  un  tanto 
despectivo;  ademas  cara  entrapajada  no  significa  lo  que 
cara  amarrada.  Con  IdLcaheza.  entrapajada  vemos  frecuen- 
temente a  nuestros  viejos  i  viejas;  pero  las  niñas,  que  son 
las  que  suelen  andar  con  la  cara  amarrada,  aunque  ahora 
muchísimo  menos  que  antes,  porque  ya  no  gastan  muelas 
por  ser  muí  prosaico  esto  de  muelas  (¡ahora  es  dolor  a  la 
cara!)  podrán  andar  si  gustan  con  la  cara  vendada.yy 

Confírmala  opinión  de  nuestro  amigo  el  siguiente  pa- 
saje de  Cervantes:  «Ademas  estaba  mohino  i  melancólico 
el  mal  ferido  D.  Quijote,  vendado  el  rostro  i  señalado^,  no 
por  la  mano  de  Dios,  sino  por  las  uñas  de  un  gato,»  etc. — 
(Quijote,) 

AMASANDERO,  A, 

Amasanderías,  suelen  llamar  a  las  panaderías  pequeñas? 
jeiieralmente  dirijidas  por  mujeres. 


AMU  27 

Amasandero,  a,  es  el  o  la  que  amasa  en  las  {imasandc- 

ruis. 

«Ayer  como  a  las  doce  del  dia  murió  repentinamente 
una  pobre  mujer  de  oficio  mu  a  za?idcra  {\\iiy  a  en  la  z!)  lla- 
mada Basilia  Oyarce.» -—(/.«  Opinión  de  Talca.) 


AMORDAZAR. 


Muí  usado,  i  no  hai  tal;  pues  así  como  de  pluma  forma- 
mos emplumar,  i  de  grilloF,  engrillar,  i  de  máscara,  enmas- 
carado, de  mordaza  debe  formarse  enmordazar,  que  es 
como  se  dice  en  España  i  manda  el  Diccionario  de  la  Aca- 
demia. 


AMPARAR. 

Hace  notar  el  señor  Salva  en  su  Diccionario  que  es  pe- 
culiar a  la  América  española  el  uso  de  este  verbo  para 
significar  el  cumplimiento  de  las  condiciones  bajo  las  cua- 
les se  concede  el  derecho  de  explotar  una  mina. 

Es  un  vocablo  que  presta  a  los  mineros  muí  buenos  ser- 
vicios i  que  pueden  conservar  sin  escrúpulo  de  conciencia, 
tanto  mas,  cuanto  que  el  mismo  rei  de  España  dióle,  sin 
saberlo  talvez,  carta  de  naturaleza  en  las  Ordenanzas  de 
minería  que  dictó  para  Méjico,  en  Aran  juez,  hace  justa- 
mente un  siglo;  en  cuyas  Ordenanzas  habla  el  título  IX 
<iDe  cómo  deben  labrarse,  fortificarse  i  ampararse  las 
minas»-» 

AMURRARSE. 

¿Quién  podria  decirnos  si  nuestro  conocido  amurrarse  e^ 
una  corrupción  de  amorrar,  como  parece  darlo  a  entender 
el  señor  Reyes  en  el  vocabulario  que  ha  puesto  al  fin  de  su 
( iramática,  o  si  se  encuentra  su  verdadero  orijen  en  el  sus- 
tantivo murria,  que  denota,  según  la  Academia,  una  <ces- 
pecíe  de  tristeza  i  cargazón  de  cabeza  que  obliga  al  hom- 
bre a  andar  cabizbajo  i  melancólico?» 

Resuelva  el  lector  intelijente,  que  non  nostrum  tantas 
componer e  lites. 


28  ANT 


ANEGAR. 


Hacemos  mención  de  este  verbo  con  el  exclusivo  objeto 
de  recordar  a  los  olvidadizos  que 

«El  llanto  que  al  dolor  los  ojos  niegan 
Lágrimas  son  de  hiél  que  ei  alma  anegan.)^ 

No  hai,  pues,  que  tomar  de  lazarillo  para  conjugarlo  al 
traidor  negar,  que  no  teniendo  pito  que  tocar  en  el  con- 
cierto, lo  menos  que  haria  seria  llevarnos  al  pantano  de 
las  casas  que  se  aniegan,  lo  mismo  después  que  antes  de 
niveladas  las  acequias. 

Los  eruditos  explican  la  desemejanza  de  facciones  entre 
negar  i  anegar,  por  una  razón  de  linaje,  pues  dicen  que 
mientras  aquél  viene  de  negare  (compuesto  de  7ie  i  aio) 
éste  trae  su  oríjen  de  inacaare,  o  acaso  déla  raiz  del  fran- 
cés noycv. 


ANIEGO 

Nadie  ignora  que  una  de  las  peores  plagas  que  ejercitan 
la  paciencia  del  vecindario  de  Santiago  es  la  de  los  anie- 
gos. Lo  que  sí  ignorábamos  nosotros  hasta  hace  poco,  era 
el  nombre  castizo  de  una  cosa  tan  conocida,!  que  según  la 
Academia  no  es  aniego,  sino  anegamiento  o  anegación. 
¡Lástima  que  no  pueda  abrigarse  Ja  mas  leve  esperanza 
de  que  aquel  bastardo  abandone  el  oñcio  que  tiene  usur- 
pado a  estos  dos  hijos  lejítimos  de  anegar! 


ANTINATURAL. 

Lo  que  es  contrario  al  orden  de  la  naturaleza  se  llama 
contra  natural,  no  anti  natural  como  dicen  algunos: 

«lo  que  prueba  que  tal  exceso  de  veneración  al  rei 

no  parecia  anti-natural  a  los  que  la  oian  o  leian  (se  habla 
de  una  comedia).» 

(M.  L.  Ku^j^kTFÁjVi.^ Precursores  déla  Independencia.) 


APB  •   2^ 

El  Diccionario  de  la  Academia  no  trae  immhtval;  pero 
buenos  escritores  modernos  lo  han  empleado. 

....  Bulliciosamente  coronado    de    aplausos   todo  jesto 
innatural  y  todo  ademan  grotesco,  etc.» 

(Larra. — Teatros.) 


APARTA. 

Así  como  nuestro  pueblo,  en  su  invencible  tendencia  a 
abreviar  frases  i  palabras,  volviendo  la  espalda  a  amarra- 
dura,  inventó  el  sustantivo  amarra,  i  desatendiendo  las 
reglas  de  la  derivación,  formó  aniego  de  anegar,  con  per- 
juicio de  anegación  i  anegamiento,  así  de  apartar,  en  una 
de  sus  mas  usadas  acepciones,  formó  aparta,  tratando 
como  si  no  existiese  al  infeliz  apartado,  que,  si  la  Acade- 
mia no  miente,  equivale  a  «separar  las  reses  de  una  va- 
cada para  varios  objetos.» 

Apuntamos  este  chilenismo,  mas  bien  para  que  proce- 
dan con  conocimiento  de  causa  cuantos  lo  emplean,  que 
para  condenarlo;  pues  no  somos  de  aquellos  que,  despre- 
ciando el  consejo  del  sabio,  neeoneris  contra  ictum  fluvii, 
gustan  de  lanzarse  corriente  arriba  por  nonadas. 

APARRAGADO,  A. 

Es  un  adjetivo  de  uso  frecuentísimo,  ya  para  indicar 
la  condición  de  aquellas  plantas  que  se  levantan  poco  de 
la  tierra  i  se  extienden  mucho  en  superficie,  ya  para  sig- 
nificar que  alguna  persona,  o  animal  o  ave  se  encoje,  i  acu- 
rruca,   alebresta  i  pega  al  suelo. 

Contra  éste  sí  que  no  pueden  hacerse  valer  circunstan- 
cias atenuantes,  como  quiera  que,  amen  de  feo,  es  inútil, 
desde  que  tenemos  el  adjetivo  aparrado,  al  cual  por  venir 
derech amenté  de  parra,  no  hai  pero  que  ponerle. 


APEGUALAR,  APEGUALADO,  A. 

Amarrar  el  lazo  a  la  pieza  de  la  montura  que  tiene  el 
nombre  de  pegmd. 


30  Al^K 

Desconocemos  el  equivalente  castizo,  talvez  porque  no 
hemos  tenido  la  fortuna  de  dar  con  él,  o  mas  seguramente 
porque  no  existiendo  en  España  la  cosa,  no  existe  allá 
tampoco  el  nombre  de  ella. 

Véase  pegual. 


APELLIDOS  EN  PLURAL. 

((Antes  de  cerrar  este  prefacio,  creemos  excusado  el  dis* 
culpar  el  error  gramatical  en  que  hemos  incurrido  volunta- 
riamente al  conservar  el  nombre  plural  de  íkLos  Carreras^^ 
con  que  son  popularmente  conocidos  los  protagonistas  de 
de  nuestro  trabajo. 

(B.  Vicuña  Mackenna. — El  Ostracismo  de  los  Carreras.) 

¡I  vaya  que  el  soberano  pueblo  tiene  razón  contra  e^ 
señor  Vicuña,  i  que  está  bien  dicho  los  Carracas! 

«Para  conocer  la  variedad  que  emplearon  en  esta  parte 
nuestros  mayores  basta  abrir  las  obras  de  los  Argensolas. 
(Salta.  -  Gramática  castellana.) 

c(Pues  fué  poco  después  que  de  los  Lavas 
Las  cabezas  a  Córdoba  trajeron.» 

(El  duque  de  Rívas. — Moro  expósito.) 

«I  con  decir  que  estos  versos  son  de  uno  de  los  Argen- 
solas   » — ( B arált  . — Diccionario  de  Galicism  os .) 

^Carvajales  (Juan  i  Pedro,  Los)  Estos  dos  famosos  her- 
manos» etc. — (Domínguez.  —  Diccionario.) 

¡jl    hoi  tenemos  una  plaza  de  los  Camero!! 

APERCANCARSE. 

Véase  percan. 


APERCIBIR,    APERCIBIDO,  A. 

Abusamos  de  apercibir  cuantos  tenemos  la  mala  costum- 
])re  de  usarlo  por,  ver,  notar,  descubrir;  pues  no  significa 
eso,  uno  prevenir,  disponer,  p?rparar. 


I 


APO  31 

<(Coiié  en  mi  aposento,  cerré  la  puerta,  apercibí  m\  es- 
pada, encomendérae  a  Dios  i  no  quise  acostarme»  dice 
Cervantes  en  La  Española  inglesa» 

Apercibido  es  pi'eve7iiclo. 

«Cual  león  a  la  presa  apercibido 
Sin  recelo  los  impíos  esperaban 
A  los  que  tú,  señor,  eras  escudo.» 

(Herrera.—^  la  batalla  de  Lepa?ito.) 


APERCHAR. 

En  español  no  existe  este  verbo  con  que  denotamos  la 
acción  de  amontonar  en  rimero  la  madera,  los  adobes ,  i 
varios  otros  objetos. 

APLOMAR. 

Como  reflexivo  este  verbo  es  en  español  sinónimo  de 
desplomarse. 

En  Chile  se  usa  mucho  familiarmente  por  acerqonzarse^ 
correrse. 


APÓRÜNAR^  APORUNADO,   A. 


Derivados  manifiestos  de  pornhu  vocablo  cuyo  sentido 
daremos  en  el  lugar  correspondiente,  i  que,  si  no  nos  en- 
gañamos, viene  a  su  vez  del  araucano  purimco,  tiesto  de 
barro  a  manera  de  cantarito. 

Suele  usarse  el  verbo  como  sinónimo  de  atesorar.  Apo- 
ruñado  equivaldría  a  encanutado,  sí  éste  trajese  a  la  men- 
te la  idea  de  corvo,  que  también  trae  aquél.  Así  de  las 
uñas  podrá  decirse  que  son  encanutadas  cuando  forman 
como  una  media  caña;  pero  cuando,  creciendo,  vuelven 
sobre  sí  mismas,  cual  sí  quisieran  dar  un  vistazo  a  la  pal- 
ma de  la  mano  por  encima  de  las  yemas  de  los  dedos, 
entonces  se  dirá  de  ellas,  sin  levantarles  una  calumnia^ 
que  se  aporuhnn  o  que  están  aporuñadus. 


32  APO 


APOSTROFE. 


El  haber  visto  impropiamente  empleada  esta  voz  liasta 
en  textos  elementales  de  gramática,  nos  mueve  a  adver- 
tir que  no  debe  confundirse  con  apóstrofo. 

Apostrofe  denota  la  figura  de  retórica  que  consiste  en 
cortar,  el  que  habla  o  escribe,  el  hilo  de  su  narración  o 
raciocinio  para  dirijir  la  palabra  a  Dios,  a  la  naturaleza, 
etc.;  mientras  que  apóstrofo  se  llama  el  signo  que  marca 
en  la  escritura  la  supresión  de  alguna  letra,  jeneralmen- 
te  vocal,  al  fin  de  dicción. 

Aun  cuando  nuestro  sentir  se  apoye  en  la  autoridad  de 
la  Academia  española,  de  Salva,  Domínguez  i  la  mayor 
parte  de  los  buenos  gramáticos  i  diccionaristas,  justo  será 
hagamos  saber  al  lector  que  no  faltan  mui  respetables 
autores  que  escriban  apostrofe  para  denotar  la  figura  de 
gramática,  entre  otros  Capmany  i  Alcalá  Galiano,  en  el 
Arte  de  traducir. 


APROXIMATIVO,  A. 

Lo  que  es  con  corta  diferencia  semejante  a  otra  cosa,  se 
aproxima  o  es  aproximada  a  ella;  mas  no  es  aproximativa y 
como  dicen  muchos,  porque  aproximativo  es  lo  que  aproxi- 
tnay  i  nada  mas. 

«Valdivia...  procedió  a  hacer  una  distribución  aproxi- 
matina  de  indios  imajinarios  entre  sesenta  i  tantos  veci- 
nos,» etc. 

(M.  L.  Amunátegui. — Precursores  de  la  Independencia.) 


APOTRERAR. 


Dice  don  Vicente  Salva  que  apotrerar  es  un  provincia- 
lismo cubano  que  indica  el  acto  de  echar  el  ganado  ca^ 
bailar  al  potril  (potrero)  para  que  engorde. 

En  Chile,  donde  raras  veces  se  pone  en  potreros  de 
engorda  el  ganado    caballar,   el  verbo    de  que   tratamoí? 


ARB  33 

significa,  como  nadie  lo  ignora,  dividir  el  campo  en    po- 
treros;  (casi  no  tenemos  valor  para  escribir  potriles.) 
El  equivalente  castizo  de  apotrerar  es  adhesar. 


APUNARSE,    APUNADO,  A. 

Provincialismos  del  Perú,  Bolivia  i  Chile.  Contraer  la 
enfermedad  llamada  puna,  palabra  quichua  que  significa 
la  tierra  fria  o  páramo. 

En  Arequipa,  si  nuestra  memoria  no  nos  es  infiel, 
oimos  que  se  usaba  apunarse  en  la  acepción  de  padecer 
los  ahogos  i  fatigas  que  se  sienten  en  la  subida  de  las  altas 
montañas.  Su  recto  sentido,  empero,  es  el  de  helarse  o 
enyertarse,  accidente  que  suelen  experimentar  los  que 
viajan  por  las  cordilleras  andinas. 

((A  esta  incomodidad  se  agregaba  el  encontrarme  apu^ 
nado,  que  el  lugar  era  sombrío  i  que  al  caer  la  tarde  se 
nos  habían  presentado  dos  viajeros  cuya  pobreza  i  enfer- 
medad me  consternaron.» 

(S*  Estrada. — Apuntes  de  viaje.) 

En  Colombia  se  usa  por  arrecirse,  emparamarse. 

Véase  Puna. 

aquilón. 


toiaquilon  es  como  se  llama  el  emplasto. 


ARB0LIT0. 

Claro  está  que  arholito  es  una  de  las  formas  diminuti- 
vas de  árbol;  pero  en  Chile  llamamos  arholito  por  anto- 
nomasia, lo  que  en  España  se  llama  árbol  de  fuego:  «ar- 
mazón de  madera  vestida  de  varios  fuegos  artificiales 
que  se  parece  algo  a  un  árbol,y)  según  la  Academia; 
«invención  pirotécnica  análoga  a  la  forma  de  ciertos  ár- 
boles,)) según  lo  explica  Domínguez. 

«¡Ai!  ¡la  deja!  j esconde  a  Díamela!  gritó  doña  Engra- 


34  ARO 

cía,   al  ver  salir  en    dirección  a  ellos,    del   arbolító  mas 
próximo,  uno  de  los  colietes  que  llevan  ese  nombre.» 
(Blest  Gana. — Martin  Rivas.) 


ARCEDEAN. 

Lo  ponemos  aquí  para  provecho  de  los  que,  usándolo, 
dan  por  lo  menos  muestras  de  una  enorme  distracción,  i 
las  mas  veces  pruebas  de  ignorar  que,  como  dice  el  señor 
Cuervo  en  sus  ApuntacioneSy  cda  i  es  de  familia  en  esta 
voz,  pues  orijinalmente  significa  el  primero  de  los  diáco- 
nos i  nada  tiene  que  hacer  con  deán,  dejeneracion  de 
decano  (en  latin  decanus,  jefe  de  diez  {decem)  soldados.)» 

En  dos  palabras,  arcedian  o  arcediano  es  como  debe 
decirse.  I  vaya  un  ejemplo: 

«El  no  pide  que  le  deis 
Una  cola  de  arcediano, 
Ni  quiere  ser  intendente, 
Ni  duque,  ni  veinticuatro; 

«Solo  quiere  ser  abate: 
¡Qué  pedir  tan  moderado 
El  suyo,  si  por  ventura 
El  ser  abate  es  ser  algo!» 

(MoRATiN. — Romance  al  conde  de  Floridablanca.) 


ARCIONERAS. 

Llamamos  así  las  correas  de  que  se  suspenien  los  es- 
tribos, las  mismas  que  en  castellano  se  llaman  aciones, 
como  se  ve  en  este  ejemplo  de  Ercilla: 

«Los  cansados  peones  se  contentan 
Con  las  colas  o  aciones  aferrados,» 

i  en  este  otro  de  Cervantes: 
^  «Fuese  Sancho  tras  su  amo,  asido  de  un  ación,  de  Ro-] 
cinante.» 


ARD  35 


ARDILOSO,   A. 


Acerca  de  ardiJoso,  dice  Juan  de  Aroiia  en  í-u  Diccío- 
rtario  de  peruanisíiios:  «Por  ardidoso,  lleno  de  ardides, 
mañanas  o  tretas.  Excusado  parece  advertir  que  el  cam- 
bio de  la  d  en  /,  mas  que  ignorancia  o  descuido  en  la 
pronunciación  debe  argüir  un  sentimiento  de  eufonía.» 

«Esta  palabra  es  mucho  mas  usada  en  Chile  que  entre 
nosotros.» 

Oigamos  ahora  con  mas  espacio  al  señor  Cuervo,  que 
a  fé  que  bien  merece  ser  oido: 

«Es  curioso,  dice,  ver  el  número  de  voces  mas  o  me- 
nos usuales  entre  nosotros  que  ja  en  la  Península  han 
caido  en  desuetud;  hecho  es  éste  mui  fácil  de  explicar 
para  quien  tenga  en  cuenta  la  incomunicación  en  que 
vivieron  nuestros  abuelos  i  en  que  hemos  seguido  vivien- 
do nosotros  con  los  españoles  transfretanos;  tales  voca- 
blos son  monumentos  i  reliquias  de  la  lengua  de  los  con- 
quistadores que  deberían  conservarse  como  oro  en  paño, 
si  la  necesidad  de  unificar  la  lengua  en  cuanto  sea  posi- 
ble i  razonable  no  exijiera  la  relegación  de  muchos  de 
ellos.  Veamos  algunas  muestras...  ardidoso,  que  decimos 
ardiloso  a  guisa  de  portugués...  a  la  manera  que  de  IvJa- 
drid  se  saca  madrileño.  Los  portugueses  dicen  a^nUl  i  no 
ardid. 


«Eu  tenho  imaginadu  no  conceito 
Outra  manhia  e  ardil  que  te  contente.» 

(Camgens  .—  Liisiadas. ) 

Ahora,  terciando  nosotros  en  el  asunto,  con  permiso 
de  los  lectores,  observaremos  que  si  bien  es  indudable 
que  el  ardiloso  chileno  viene  de  ardid  como  el  colombiano 
i  peruano,  tiene  aquél  de  particular  que  no  conserva  el 
sentido  de  su  raiz.  En  efecto,  por  acá  llamamos  jeneral- 
mente  ardilosos  a  los  niños  i  a  las  mujeres,  que  de  todo 
se  asustan,  i  gritan,  i  quejan;  en  suma  a  los  mismos  que 
el  Diccionario  de  la  Academia  califica  de  alharaquientos. 


36  ARG 

ARENILLERO. 

Al  vasito  en  que  se  echa  la  arenilla  llamamos  invaria- 
blemente arenillero,  palabra  de  correcta  formación,  pero 
innecesaria  desde  que  sirve  para  denotar  el  mismo  obje- 
to salvadera. 

arestín,  arestiniento. 

El  señor  Vicuña  Mackenna  en  su  Historia  de  Santiago 
señala  como  un  chilenismo  esta  palabra  que  es  castiza. 

if^Arestil  o  arestín,  dice  la  Academia,  escoriación  que 
padecen  las  caballerías  en  las  cuartillas  de  pies  i  manos 
con  picazón  molesta.» 

Equivocóse,  pues,  el  P.  Fébres  al  incluir  esta  voz  en 
su  Diccionario  araucano,  traduciéndola  por  rascarse  los  ca- 
ballos. 

Hai  que  advertir  que  el  arestín  en  Chile  es  una  enfer- 
medad mas  de  perros  que  de  caballerías,  i  que  en  vez  de 
llamar  arestinado  al  que  la  tiene  lo  llamamos  arestiniento. 

arete. 

Aun  cuando  la  Academia  se  haya  decidido  a  dar  en  su 
Diccionario  un  lugarcito  a  arete,  remitiendo  al  lector  por 
su  significado  a  la  tercera  acepción  de  arillo,  no  debe  ol- 
vidarse que  esta  voz  es  nativa  de  Cuba,  donde,  según  el 
señor  Salva,  equivale  a  zarcillo  o  "pendiente,  que  es  tam- 
bién el  sentido  preciso  que  tiene  en  Chile. 

ARGUENAS. 

El  Diccionario  pone  a  este  sustantivo  la  nota  de  anti- 
cuado, i  lo  da  como  sinónimo  de  alforjas.  Si  así  es  en 
España,  arguenas,  en  el  sentido  de  armazones  de  varillas 
forradas  en  cuero,  que  sirven  para  acarrear  a  lomo  de 
caballo  las  verduras  que  se  venden  a  domicilio,  i  a  lomo 
de  burro  la  arena,  piedras  de  empedrar,  etc.,  debe  ser 
considerado  como  un  chilenismo. 


ARO  37 

Al    que   vende  algo  en  arguenas  i  al  que  las  hace  i  las 
expende  se  le  llama  argiienero,  que  no  es  castellano. 


ARMAZÓN. 

Decimos  en  Chile  a  lo  que  en  castellano  se  llama  aim- 
queles  o  sea  anaquelería. 

aAnaqueles— los  estantes  en  que  se  ponen  las  mercade- 
rías en  las  tiendas.» 

(  Salva  . — Diccionario . ) 

(d  por  mostrador  una  mesa  larga  de  pino  sin  pintar 
como  la  destartalada  anaquelería.» 

(Hartzenbusch.  — ^/  Mercader  de  la  calle  mayor.) 

Ni  faltan,  aun  entre  la  jente  suficientemente  ilustrada, 
quienes  den  a  armazón  el  j enero  masculino. 

arnés. 

El  señor  Gormaz  cree  inadmisible  o  poco  menos  a  ar- 
neses  por  jaeces.  Cierto  que  esta  acepción  de  arnés  no 
cuenta  con  la  autoridad  de  la  Academia;  mas  cuenta  en 
cambio  con  la  de  mui  respetables  escritores  peninsulares. 

«I  en  este  recinto  están  los  pesebres  para  sesenta  ca- 
ballos, los  cuartos  para  guardar  los  harneseSy  las  coche- 
ras,» etc. 

(h  J.  DB  Mora. — No  me  olvides,) 

«El  conjunto  de  los  arreos  i  arneses  para  andar  a  ca- 
ballo.» 

(Salva. — Diccionario,  voz  Cabalgar.) 

La  Academia  dice  guarniciones',  [voz  Desguarnecer.) 

¡aro!  o  ¡haro! 

Interjección,  a  lo  que  entendemos,  exclusivamente  chi- 
lena, cuyo  significado  i  uso  se  esclarecerán  mucho  mejor 
que  con  Jas  explicaciones  que  pudiéramos  dar,  con  el  pa- 
saje que  va  en  seguida  i  que  tomamos  de  El  Huérfano: 


38  ARR 

«De  repente  salió  del  medio  de  la  concurrencia  el  for- 
midable grito  de 

—  i(¡Aro!  ¡aro!)) 

«Todo  el  mundo  calló  como  por  encanto;  cesó  la  voce- 
ría; paró  el  baile  i  los  bailarines  quedaron  en  la  misma 
posición  en  que  la  voz  los  habia  sorprendido.  Entonces  el 
que  hacia  de  bastonero  se  acercó  a  ellos  con  un  vaso  de 
licor  i,  después  de  hacerlos  beber,  les  dijo  con  cómica 
gravedad: 

—  «¡Dios  me  los  guarde  para  que  beban  siempre  en  el 
mismo  vaso!» 

¿Será  este  ¡aro!,  el  ¡ari!  ¡ari!,  que  en  quichua  significa, 
¡así!  ¡7nui  bien!t 

ARRANCAR. 

Aun  cuando  sabemos  que  una  de  las  acepciones  castizas 
de  este  verbo  es,  partir  con  violencia  para  seguir  co- 
rriendo, emprender  la  carrera,  barruntamos  sea  peculiar 
a  Chile  aquello  de  confundirlo  con  huir,  retirarse,  apar- 
tarse, como  cuando  se  dice  que  el  gato  arranca  del  perro, 
i  que  los  ratones  arrancan  de  aquél,  o  como  cuando  se 
canta  por  esas  chinganas  del  diablo  aquella  zamacueca  de 
pata  eíi  quincha: 

«Quien  de  otro  se  retira 
Es  porque  teme, 
I  los  hombres  no  arrancan 
De  las  mujeres.» 

ARREA  o  Arria,  arrear,    arriar,    arreo,   arrearse. 

Hai  que  advertir  acerca  de  estos  vocablos:  1.°  que  ni 
arrea  ni  arria  son  castellanos,  pues  lo  que  por  acá  lla- 
mamos así,  en  España  se  ha  llamado  siempre  recua:  2.° 
que  arrea  o  arria  es  mucho  mas  usado  en  la  República 
Arjentina  que  en  Chile,  donde  la  palabra  corriente,  ni  es 
ésta  ni  recua  tampoco,  sino  tropa;  3."  que  como  la  voz 
de  que  tratamos  viene  sin  duda  alguna  de  ¡Arre!,  grito  con 
que  se  estimula  a  caminar  a  las  caballerías,  su  forma  mas 
correcta  parece  arrea,  aunque  la  otra  tenga  en  su  abono 


ARR  39 

el  conformarse  mejor  con  la  índole  de  la  lengua,  que  re- 
chaza la  acentuación  esdrújula  en  las  palabras  que  termi- 
nan por  dos  vocales  llenas. 

«Las  arreas  de  muías  que  conducen  al  Rosario  pasas  de 
uvas  i  orejones  de  duraznos  se  sucedian  sin  interrupción.)) 
(S.  E^Tfikjyk.— Apuntes  de  viaje.) 

Con  respecto  a  los  verbos  activos  debe  tenerse  mui  pre- 
sente que,  aunque  castellanos  ambos,  son  de  significación 
completamente  diversa. 

Arrear  es  aguijar  las  bestias  para  que  caminen;  i  arriar^ 
voz^náutica  que  significa  bajar  las  velas  o  banderas. 

«Llegó  Sancho  a  su  amo,  marchito  i  desmayado^  tanto 
que  no  podia  arrear  a  su  jumento.» 

fC ER YANTES.— Z)o?i  Quijote.) 

«Traiga  Ud.  un  clavo  i  un  martillo  i  clave  üd.  la  ban- 
dera porque  este  navio  no  la  arria. y) 

(Fernández  de  Ángulo.) 

Agreguemos,  para  concluir,  que  arrear  se  usa  también 
como  reflexivo  i  que  entonces  equivale  a  engalanarse,  ata- 
viarse, puesto  que  se  deriva  de  arreo. 

«La  singular  belleza  suya  i  las  apariencias  de  la  incom- 
parable honestidad  de  que  se  arrea,  son  partes  para  que, 
no  solo  sea  querida,  sino  adorada  de  todos  cuantos  la 
miraren.)) 

(Cervantes. — Galatea.) 


arremingarse,  arremingado,  a 


Sin  duda  ninguna  que  este  arremingarse  es  ni  mas  ni 
menos  que  el  castellano  remilgarse,  groseramente  desfigu- 
rado; solo  sí  que  mientras  el  remilgarse  trae  a  la  mente 
la  idea  de  pulidez,  compostura,  delicadeza  i  gracia  en  el 
porte  i  facciones,  el  arremingábase  vulgar  lleva  en  su  sen- 
tido un  sies-noes  de  altanería  i  hasta  de  orgulloso  de- 
senfado. De  ahí  es  que  por  lo  jeneral  se  aplique  mas  bien 
que  a  las  niñas  melindrosas  i  marisabidillas,  a  las  jamonas 
presumidas  i  de  mala  índole. 


40  ARR 

arrenquín  o  arrinquín . 

En  Cuba,  según  Salva,  se  llama  así  a  la  bestia  delan- 
tera que  sirve  de  guia  a  la  recua. 

Juan  de  Arona  afirma  usarse  en  el  Perú,  no  solo  arriii- 
quin,  sino  también  arrinquina,  según  el  sexo  a  que  se 
aplica;,  conservando  sin  alteración  notable  la  signiflcacion 
de  su  orijinal,  arlequín. 

En  Chile  hemos  oido  este  vocablo  siempre  en  su  termi- 
nación masculina,  pero  en  dos  sentidos  diversos.  Unas 
veces  denotando  a  aquellas  personas  que  viven  en  charla 
i  movimiento  ^perpetuo,  i  son  verdaderas  ardillas  huma- 
nas, i  otras  al  ayudante,  jeneralmente  muchacho,  que 
suelen  llevar  los  carreteros  para  que  los  desempeñen  en 
ciertos  menudos  quehaceres. 

A  la  bestia  que  guia  la  tropa,  i  que  casi  siempre  es 
una  yegua,  la  llamamos  madrina,  i  al  jinete  que  la  tira 
del  cabestro  o  que  lamenta,  marinero  o  marucJio. 

ARREVESADO,    A. 

El  término  castizo  que  puede  aplicarse  a  las  personas 
que  hacen  las  cosas,  o  a  las  cosas  hechas,  al  revés,  em- 
brollada i  caprichosamente^  es  enrevesado  o  revesado. 

«...  En  cuarenta  álbumes 
(¡Qué  revesado  plural!) 
La  he  puesto  yo  por  mi  cuenta.» 

(Bretón. — El  Cuarto  de  hora.) 

Leemos  no  obstante  en  aJEl  examen  crítico-histórico 
del  influjo  que  tuvo  en  el  comercio  y  industria  i  población 
de  España  su  dominación  en  América  y  por  Arias  i  Miran- 
da:  ((I  de  inclinaciones  arrevesadas  .y) 

ARRIBA,  ARRIBANO,   A. 

Correlativos  de  abajo,  abajino,  a,  cuyo  significado  he- 
mos ya  expuesto;  por  lo  cual,  remitiendo  al  lector  a  lo  que 


I 


ARR  41 

allí  se  dijo,  nos  limitaremos  a  copiar  aquí  una  frase  del 
Do7i  Diego  Portales,  en  que  se  trata  de  ciíribanos:  «Ade- 
mas, por  los  pasajes  que  ya  hemos  citado  de  la  correspon- 
dencia íntima  de  PortáleS;  se  deja  ver  que  no  se  las  tenia 
todas  consigo  al  tratar  con  Prieto,  quien  encerraba  en  su 
ánimo  toda  la  suspicacia  peculiar  de  los  arríbanos ,  sin 
carecer  de  capacidad  i  de  una  mas  que  mediana  obstina- 
ción para  sostener  sus  ideas.» 

ARRISCAR,   ARRISCADO   A. 

Arriscar  es  castellano  denotando  eiigreirse  o  erguirse, 
i  de  ahí  que  arriscado  lo  sea  también  en  el  sentido  de  ga- 
llardo, brioso,  desenvuelto. 

No  debe  decirse,  por  lo  tanto:  ccEs  una  lástima  que  la 
niña  no  sepa  reirse  sin  arriscar  la  nariz» ;  ni  mucho  me- 
nos de  aquellas  narices  que  parecen  temerosas  de  que  la 
boca  se  las  coma,  según  huyen  de  ella  i  se  levantan,  na- 
rices arriscadas,  a  no  ser  que  se  tenga  el  detestable  gusto 
de  encontrar  gallardas  i  apuestas  cuantas  en  Castilla  me- 
recerían con  justicia  el  calificativo  de  arremangadas,  t^es- 
pingadas,  arregazadas. 

«Nariz  arregazada,  la  que  está  levantada  con  el  pico 
hacia  arriba.» 

(CovARRÚBiAS.—  Tesoro  de  la  lengua  castellana.) 

«Vieja  escarmentada  pasa  el  vado  arregazada. ->> 

[Id.— Idid.) 

ARRITRANCA. 

íiai  en  castellano  retranca,  correa  ancha^  según  la  Aca- 
demia, que  se  pone  a  las  bestias  en  lugar  de  grupera  o 
ataharre. 

Arritranco  es  un  provincialismo  cubano  que  equivale  a 
trasto  viejo,  mueble  inútil,  armatoñe. 

En  Chile  se  pronuncia  vulgarmente  arritranca,  atribu- 
yéndole, ya  el  sentido  de  retranca,  ya  uno  que  se  aproxi- 
ma algún  tanto  al  cubano  arritranco,  pues  denota  todo  lo 
que  es  superfluo  e  inútil  en  materia  de  adornos  i  dijes 
amontonados  con  poco  gusto. 

—  «¿Qué  le  parece,  papá,  mi  vestido? 


42  ASI 

— alüstaria  bonito  si  tuviese  algunos  vuelos  i  cintas  de 
menos.  Ya  sabes  que  soi  enemigo  de  arritrancas, y> 

ARRUMBE  o  ARRUMBRE,  ARRUMBARSE,  ARRUMBADO^  A. 

Ni  arrumbe  ni  arriimhre  son  castellanos,  pues  en  cas- 
tellano se  dice  herrumbre  i  herrin. 

«La  azorada  inquietud  deje  las  almas, 
Deje  la  triste  herrumbre  los  arados.» 
fBELLO. — La  Agricultura  de  la  zona  tórrida.) 

Se  usa  bárbaramente  arrumbado,  cuando  se  quiere  de- 
notar con  él  que  algunos  objetos  están  tirados  por  ahí, 
sin  uso  i  privados  de  las  caricias  del  plumero. 

Ni  es  mas  propio  llamar  dulce  arrumbado  al  que,  por 
haberse  dejado  enfriar  en  alguna  paila  de  cobre^  se  ha 
oxidado. 

Conviene  hagamos  notar  aquí  la  diferencia  de  signifi- 
cación que  existe  entre  herrin  i  herrumbre. 

üerrin  es  una  herrumbre  determinada;  de  un  sable^  de 
una  paila,  etc. 

Herrumbre  es  herrin  indefinido,  jeneral;  no  la  de  un 
objeto  determinado,  sino  de  todos  los  que  puedan  tenerlo, 
sean  como  quieran,  estén  en  donde  estén. 

Entre  herrin  i  herrumbre  media  la  misma  diferencia 
que  entre  pesar  i  pesadumbre^,  podre  i  podredumbre^  te- 
cho i  techumbre,  certeza  i  certidumbre,  luz  i  lumbre,  etc. 

(Véase  Roque  Barcia,  Diccionario  de  Sinónimos,  tom.  I, 
pájs.  393,  394  i  395.) 

ASÍ  NO  MAS. 

Muí  usado  entre  jentes  de  todas  las  categorías  sociales. 
Equivale  al  doucement  de  los  franceses^  i  al  piano,  piano 
de  los  italianos. 

Cuando  a  la  vuelta  de  alguna  esquina  un  importuno 
nos  sorprende  con  su:  «¿Qué  es  de  su  buena  vida?  ¡Cuán- 
to me  alegro  de  verlo!  i  ¿Cómo  está  Ud.?»  no  hallando 
nada  mejor  que  contestarle^  le  contestamos  de  cajón: 
nAsi,  asií),  o  (s<Asi  no  mas.y> 


ATO  43 

Cuando  un  enfermo  lia  pasado  una  noche  sin  notable 
mejoría  ni  agravación  de  su  mal,  la  dueño  de  casa  dice 
por  la  mañana  al  criado:  «Si  vienen  a  saber  de  la  salud 
del  caballero,  contéstales  que  está  asi  no  mas.y> 

« bien  sabe  el  portador  que  ha  de  traer  de  vuelta 

las  gracias  dadas  i  el  parte  de  que  el  enfermo  está  aú  no 
mas*y> 

(JoTABECHE. — Una  eiifermedad.) 


ASOROCHARSE,  ASOROCHADO,  A." 

Vocablo  orijinarió  del  Perú,  probablemente  de  oríjen 
quichua,  aun  cuando  no  es  posible  descubrir  concordancia 
alguna  de  significado  entre  soroche  i  las  dos  palabras  qui- 
chuas que  mas  se  le  asemejan  en  su  estructura,  conviene 
a  saber,  zorochi,  el  que  vive  a  sus  anchas,  i  zuruchicy 
margajita. 

Soroche  es  la  sofocación  i  ahogo  causados  por  la  rareza 
de  la  atmósfera  en  las  rejiones  que  se  hallan  a  grande 
altura  sobre  el  nivel  del  mar. 

En  una  relación  escrita  por  el  viajero  Mr.  Wedel,  de  la 
subida  que  hizo  al  Misti,  parte  de  cuya  relación  trascribimos 
nosotros  en  los  Apuntes  de  viaje  que  publicamos  sobre 
Arequipa  en  La  Estrella  de  Chile^  hallamos  el  siguiente 
párrafo: 

«A  medida  que  mas  nos  elevábamos,  no  solo  aumenta- 
ba la  opresión,  obligándonos  a  hacer  descansos  mas  pro- 
longados, sino  venia  aún  a  aumentarse  la  fatiga  de  los 
miembros,  accidente  mas  molesto  que  el  soroche,  pues  un 
descanso   de   algunos  minutos  no  bastaba  para  aliviarlo.» 

Réstanos  solo  agregar  que  asorocharse,  en  el  lenguaje 
usual  del  vulgo,  es  perfectamente  sinónimo  de  nihori- 
zar  se, 

ATORARSE. 

Este  verbo  en  castellano  vale  tanto  cómo  atascarse;  por 
donde  se  comprenderá  que  no  lo  usamos  como  es  de- 
bido, empleándolo  para  denotar  que  tenemos  algo  dete- 
nido en  la  garganta. 


44  AVI 

La  palabra  que  conviene  en  casos  tales  es  atragantarse. 

ATRASARSE. 

Es  mui  castizo  atrasado,  en  el  sentido  de  pobre,  empc^ 
hado,  etc.;  pero  no  lo  es  atrasarse  en  el  sentido  que  le 
dan  nuestros  guasos  en  frases  como  éstas:  «Desde  que 
empezaron  los  aguaceros  se  atrasó  este  ternerito.»  «No 
ha  salido  hoi  al  trabajo  ñor  Julián  porque,  segando,  con 
la  echona  se    atrasó  de  una  mano.)) 

En  tales  casos  atrasarse  tiene  una  significación  análoga 
a  desgraciarse,  de  que  hablaremos  a  su  tiempo. 

ATURULLAR. 

Se  dice  jeneralmente  por  confundir,  desuanecer  a   una 
a  gritos,  morisquetas,   manotadas,  etc. 
Dehe  decirse  aturrullar. 

autonomía, 

El  señor  Bello  dice  que  el  uso  mas  común  es  acentuar 
la  o  de  la  terminación,  autonomia.  Lo  común  es  acentuar 
la  i,  autonomía;  i  eso  es  también  lo  que  enseña  el  Diccio- 
nario de  la  Academia. 

avalancha. 

Muí  buscado  por  los  poetas  principiantes.  Es  palabra 
francesa,  i  tan  desvergonzada,  que  apenas  si  ha  tomado  la 
precaución  de  mudar  en  «5  la  e  con  que  termina  en  aque- 
lla lengua  para   penetrar  en  los  dominios  de  la  nuestra. 

Es  tanto  mas  urjente  desterrarla,  cuanto  que,  teniendo 
en  castellano  alud  i  lurte,  maldita  la  falta  que  nos  hace. 

aviar. 

En  castellano,    preparar  lo  necesario  para  el  viaje. 
Nuestros  campesinos  i  peones  lo  usan  mucho  en  el  sen^ 


AYE  45 

tido  de  anticipar  dinero  a  cuenta  de  trabajo.  Así  en  los 
dias  sábados,  a  la  hora  del  socorro,  no  es  raro  oir  frases 
como  ésta: — aPatron,  ¿podría  hacerme  Su  Merced  el  favor 
de  aviarme  con  un  peso,  que  es  para  sacar  un  parcito  de 
calzoncillos?» 


AYIO. 


La  montura,  enjalma,  pellones  i  demás  piezas  que  usan 
Iiuestros  guasos,  en  vez  de  silla  de  montar  a  caballo. 

«Mi  verdadera  confianza 
Está  en  el  Padre  querido 
Que  a  todos  ha  redimido, 
I  desde  que  su  hijo  soi 
A  caballo  al  cielo  voi 
Si  Dios  me  presta  el  avío.y) 
(GuAJARDc— £o5  Espolones  del  Diablo.) 


AVOCASTRO. 

De  sentido  mui  semejante  a  la  palabra  española  ave^ 
chucho,  ave  de  aspecto  irregular  o  repugnante,  persona 
contrahecha. 

Es  sin  duda  alguna  este  chilenismo  dejeneracion  del 
anticuado  avucastro  que  se  aplicaba  a  los  enfadosos  i  ma- 
jaderos. 

«En  un  aposento  de  la  Catedral  de  Toledo  vimos  en  1859 
una  colección  de  estos  abocasiros  que  así  también  se  lla- 
maban (ciertas  figuras  de  mojiganga.)» 

(B.  Vicuña  IslkQKE^^k.— Historia  de  Santiago.) 

AYECAHÜE, 

Dícese  de  la  persona  ridiculamente  vestida,  i  también 
de  las  cosas  grotescas  i  que  mueven  a  risa.  Es  de  uso 
mucho  mas  común  al  Sur  del  Maule  que  en  las  provincias 
del  centro  i  Norte  de  la  República. 


46  AZA 

Si  no  nos  engañamos,  viene  del  araucuno  oyecariy  reír- 
se, o  ayecamiy  risible. 

El  provincialismo  mejicano  correspondiente  a  ayecahue 
es  figuroso. 


AZAREARSE,  AZAREO. 

No  puede  decirse  de  estas  palabras  lo  que  de  los  gus- 
tos, que  acerca  de  ellos  nada  hai  escrito. 

En  prueba^  dice  Juan  de  Arona,  en  sus  varias  veces  ya 
citados  Apuntes: 

«Azarearse. — Llenarse  de  azar,  de  sobresalto.  Descon- 
certarse, desazonarse,  inquietarse,  desasosegarse,  esca- 
marse. Talvez  sea  este  último  verbo  el  que  mas  se  le 
Tjcerque.)) 

«El  azareo  es  producido  en  el  individuo,  ya  por  las  ex- 
trañezas^  voluntarias  o  involuntarias,  de  alguna  persona, 
ya  por  las  fatales  apariencias  de  las  circunstancias.» 

c(Si  todos  los  que  usan  este  verbo  i  este  sustantivo  lle- 
garan a  convencerse  de  un  golpe  de  que  no  están  en  el 
Diccionario^  i  que  era  necesario  renunciar  a  ellos,  habría 
un  cataclismo  mental.  I  es  que  con  azarearse  sucede  lo 
que  con  empavarse ,  que  corresponde  a  una  vehementísi- 
ma necesidad,  real  o  ficticia,  de  nuestro  modo  de  sentir.» 

ikTener  azar,  es  buen  castellano.» 

«...  Mas  habiéndose  mudado 
De  la  casa  a  otro  día 
Por  el  azar  que  dice  que  tenia 
Con  ella...»  , 

(Calderón. — No  hai  cosa  como  callar.) 

I  el  señor  Cuervo  en  su  no  menos  utilizadas  Apunta" 
dones: 

^Azararse  vale  torcerse  un  asunto  o  lance  por  sobre- 
venir un  obstáculo  imprevisto.  No  lo  entienden  así  nues- 
tros coterráneos,  como  que  afirman  azararse  si  los  miran 
de  frente,  i  casi  todos  los  escolares  se  ven  aquejados  del 
mismo  accidente  si  el  maestro  les  muestra  a  deshora  la 
palmeta.  Se  viene  a  los  ojos  que  se  ha  confundido  esta 
voz  con  azorarse,  cuvo  sentido  es  sobresaltar,  conturbar, 


AZA  47 

i  derivado  de  azor,  (ave  de  rapiña  usada  en  la  cetrería  ó 
caza  de  aves  por  medio  de  halcones,  neblíes  i  otras  aves 
de  la  misma  ralea)  a  cuya  vista  se  ahuyentan  i  desbara- 
tan las  bandadas  de  palomas,  perdices,  etc.» 

Ahora,  si  nos  fuese  lícito  agregar  unas  pocas  palabras, 
diríamos  que  es  azorarse  i  no  azararse  el  que  debe  ser  con- 
siderado como  padre  de  nuestro  azarearse,  si  bien  se  nota 
entre  ambos  una  notable  diferencia  de  significado.  Hai, 
en  efecto,  en  el  que  se  azarea  (i  esto  no  lo  ignora  ningún 
compatriota  nuestro)  algo  mas  que  amilanamiento  i  rubor; 
hai  también  ira  concentrada  i  sangre  que,  en  vez  de  en- 
friarse como  en  el  azorado,  se  calienta,  como  en  el  que 
siente  despertarse  sus  belicosos  o  vengativos  instintos. 

Es  notable  el  siguiente  pasaje  de  Cervantes  porque  en 
él  se  encuentra  empleado  el  verbo  azorarse  en  significa- 
ción mui  semejante  a  la  de  nuestro  azarearse: 

«Mi  asno,  respondió  Sancho,  que  por  no  nombrarle  con 
este  nombre  le  suelo  llamar  el  rucio,  i  a  esta  señora  due- 
ña le  rogué  cuando  entré  en  este  castillo  tuviese  cuenta 
con  él,  i  azoróse  de  manera  como  si  la  hubiera  dicho  que 
era  fea  o  vieja.» 

(Quijote.) 


B 


BABERO. 

A  no  haber  visto  por  ahí  en  algún  vocabulario  de  los 
gazapatones  mas  corrientes  en  Chile  esta  voz,  nos  ha- 
bríamos abstenido  de  escribirla  aquí;  pues  lo  único  que 
deseamos  advertir  sobre  ella  es  que,  no  cediendo  en  lo 
castizo  a  sus  dos  sinónimos  babador  i  babadero ^  los  aven- 
taja en  ser  mucho  mas  jeneralmente  usada  por  toda  clase 
de  personas. 


BABOSO. 

Ko  es  ése  el  nombre  castellano  del  dañino  i  repugnan- 
te animalejo  que  a  despecho  de  queltehiies  i  jardineros 
devasta  los  jardines  de  la  capital.  En  España,  donde  se- 
gún el  Diccionario  de  la  Academia  es  mui  común  i  de 
donde  seguramente  fué  importado  a  Chile,^  le  atribuyen 
jénero  femenino,  llamándolo  babosa. 

No  es  extraño,  por  lo  demás,  que  haya  entre  la  madre 
patria  i  Chile  discordancia  sobre  el  jénero  del  molusco 
deque  tratamos,  pues  habiendo  consultado  nosotros  aun  na- 
ralista  a  fin  de  obtener  datos  exactos,  nos  aseguró  que 
todos  tenían  ambos  sexos  i  que  mui  bien  habría  podido 
suceder  que  cuantos  existen  en  Chile  viniesen,  no  de  una 
sola  pareja,  sino  de  un  solo  individuo. 

Lo  mas  seguro  i  lo  mas  limpio  seria  decir  limaza^  como 
parece  aconsejar  Domínguez  en  su  Diccionario. 


50  BAG 


BACENILLA, 


Para  comprender  cuan  extraviados  andan  los  que  así 
pronuncian,  no  se  necesita  de  mas  que  de  advertir  que 
siendo  el  primitivo  bácirij  las  leyes  de  la  derivación  exi- 
jen  bacinilla. 

Ahora  si  se  nos  preguntase:  ¿por  qué  bacín  i  no  vasin  i 
de  consiguiente  vasinillaV,  contestaríamos  casi  con  segu- 
ridad plena  de  no  engañarnos:  porque  no  se  trata  de  un 
vaso  pequeño,  sino  de  algo  que  tiene  sus  puntos  de  se- 
mejanza con  una  pequeña  bacía. 

En  lo  antiguo  bacin  i  bacía  eran  poco  menos  que  sinó- 
nimos. 


BADULAQUE. 

Usase  a  veces  en  Chile  en  un   sentido    que    no  tiene, 
cual  es  el  de  bellaco^  belitre. 
Badulaque,  es  sandio,  tonto,  fatuo,  necio. 

BAGUAL  o   GUAGUAL,  BAUSÁN. 

Según  Salva  bagual  es  un  provincialismo  de  las  Anti- 
llas i  de  la  América  Central,  donde  equivale  a  feroz,  in- 
dómito. Así  se  llama  por  esas  tierras  ganado  bagual  al 
ganado  montaraz  o  bravio. 

En  Chile  llamamos  bagual  o  guagual  i  también  bausán 
al  hombrote,  máxime  si  a  su  elevada  estatura  i  muchas 
chichas  reúne  la  circunstancia  de  ser  fiaco  de  entendi- 
miento. 

Rastreando  el  oríjen  de  este  chilenismo,  hemos  dado 
con  tres  posibles,  entre  los  cuales  el  discreto  lector  ele- 
jirá. 

Pudiera  ser  un  aumentativo  sui  géneris  de  guagua,  pa- 
tente casi  bajo  la  forma  guagualón,  que  da  tanto  como 
niño  crecido  i  simplonazo:  o  bien  una  corrupción  de  bau^ 
san  (el  bobo  o  necio  según  el  Diccionario  de  la  Academia) 
i  por  último,  i  esta  es  acaso  la  mas  probable  de  las  hipó- 


BAJ  51 

tesis  que  sobre  el  asunto  adelantamos,  una  metafórica 
aplicación  a  los  jigantes  del  reino  humano  del  nombre 
que  los  negros  dan  al  jigante  del  reino  vejetal:  baobab 
(adansonia  digitata)y  árbol  que  crece  en  la  Senegambia  i 
que  es  hasta  ahora  el  mas  corpulento  de  los  vejetales 
conocidos. 

En  este  último  caso  bagual  seria  una  de  las  escasísimas 
huellas  que  ha  dejado  en  la  América  española  i  republi- 
cana la  infeliz  raza  de  Cham,  que  no  la  conoció  sino  como 
teatro  del  dolor,  de  la  esclavitud  i  de  la  muerte. 

BAJADOR. 

Voz  del  manejo  délos  caballos.  En  España  se  llama 
amarra  i  también  gamarra,  la  correa  que  saliendo  de 
las  cinchas,  para  en  la  muserola  del  freno  i  sirve  para  que 
no  picotee  el  caballo. 

BAJO. 


Consecuentes  con  la  idea  de  acotar  en  este  Diccionario, 

no  solo  aquellas  voces  i  jiros  que  propiamente  puedan 
considerarse  como  provincialismos  de  Chile,  sino  también 
aquellas  que  siendo  en  sí  mismas  castizas,  se  usan,  aun 
por  las  personas  ilustradas,  en  formas  incorrectas  o  en 
acepciones  indebidas,  mal  podríamos  olvidarnos  de  bajo. 

Quien  tenga  presente  que  en  el  sentido  recto  i  figurado 
esta  palabra  equivale  a  debajo  dcy  convendrá  con  nosotros 
en  que  se  usa  de  una  manera  incorrecta  cada  vez  que  se  la 
antepone  a  aspecto  o  punto  de  vista^  en  frases  como  las 
siguientes:  ((El  punto  en  que  nos  ocupamos  puede  con- 
siderarse bajo  dos  diferentes  aspectos.»  «No  es  de  ex- 
trañar que  las  conclusiones  a  que  mi  honorable  contra- 
tdictor  arriba  hagan  fuego  contra  las  mias,  pues  él  i  yo 
consideramos  el  asunto  bajo  puntos  de  vista  diametral- 
mente  opuestos.» 
«Presentada  la  cuestión  bajo  ese  aspecto,  obtiene  (el 
señor  Cánovas  del  Castillo)  un  triunfo  que  nadie  podría 
disputarle.» 
(M.  L.  Amunátegui.-  7w/c/<?  crítico  de  Ileredia.) 


52  BAJ 

Pero  la  incorrección  apuntada  es  una  bicoca  si  se 
compara  con  Ja  que  cometemos  en  frases  tan  comunes  i 
revesadas  como  ésta:  «La  justicia  exije  que  en  un  pais 
bien  organizado  todos  los  partidos  i  todos  los  hombres 
puedan  vivir  bajo  el  pié  áe  la  mas  perfecta  igualdad.» 
O  como  esta  otra  de  un  presidente  de  Cámara:  «Proce- 
deremos a  votar  bajo  la  base  acordada.» 

«La  Academia  (de  Bellas  Letras)  apresurándose  a  acep- 
tar el  encargo  que  se  le  confia  ha  organizado  el  certa- 
men poético  ¿>¿?;í>  las  siguientes  bases.» 

(El  Secretario  de  la  Academia  de  Bellas  Letras.) 

Omitimos  los  comentarios  porque  nos  parece  que  nos 
expondríamos  a  inferir  al  lector  inmerecido  agravio  ad- 
virtiéndole que  las  columnas  i  edificios  están  sobre,  que 
no  debajo  de  su  base;  i  que  no  es  costumbre  que  cuantos 
tienen  pies  anden  debajo  de  ellos. 

Véanse  ahora,  en  ejemplos  tomados  de  los  clásicos  es- 
pañoles, las  preposiciones  que  deberian  reemplazar  a  bajo 
en  frases  como  las  aducidas. 

L*  «Venia  Hernán  Cortés  deseoso  de  saber  el  estado 
en  que  se  hallaban  las  cosas  de  la  Vera  Cruz,  por  ser  la 
conservación  de  aquella  retirada  una  de  las  basas  princi- 
pales sobre  que  se  habia  de  fundar  el  nuevo  edificio  de 
que  se  trataba.» 

(SoLis.—  Conquista  de  Nueva  España.) 

2."  «Acomódeme  luego  fácilmente  sob?'e  el  mismo  pié 
que  en  Segovia,» 

(P.  Ishk.-- Gil  Blas.) 

3.°  «No  se  sabe  a  qué  atribuir  este  vacío  de  nuestras 
letras,  bien  extraño  ciertamente  por  cualquier  aspecto 
que  se  le  considere.» 

(Quintana. — Afusa  épica  española.) 

4."  «¡Ojalá  logre  presentarla  (la  institución  de  los  ma* 
yorazgos)  a  V.  A.  €7i  su  y eráaáer o  pu7ito  de  vista  i  conci- 
liar la  consideración  que  se  le  debe  con  el  grande  objeto 
de  este  Informe,  que  es  el  bien  de  la  agricultura!» 
(JovELLÁNOS. — Lei  ag?'aria,  mayorazgos.) 

Con  relación  a  este  último  ejemplo  indicaremos,  para 
concluir,  que  en  la  jeneralidad  de  los  casos  convendría  de- 
cir i  escribir  desde  antes  de  punto  de  vista,  ya  que  el  punto 


r 


BAL  53 

ese  no  es  otro  que  el  lugar  en  que  figuradamente  se  colo- 
ca el  observador  para  ver  i  estudiar  mejor  lo  que  desea. 

BAJUJO. 

Por  lo  bajOy  para  denotar  con  maña  i  dishmdo  es  mui 
castizo.  No  así  por  lo  hajitjOy  que  lleva  en  sí  algo  de  pi- 
caresco, i  que  en  conversación  familiar  suele  emplear  en 
Chile  de  vez  en  cuando  la  jente  bien  instruida. 

«Si  pillan  un  granadero  (1) 
Por  lo  bajujo  lo  arrestan, 
I  entre  ellos  mismos  apuestan 
A  cual  lo  seca  primero.» 

(GuAJARDO. — Los  Bolseros.) 

BALBUCEAR,  BALBUCIR. 

Aunque  el  primero  de  los  dos  verbos  materia  del  párra- 
fo que  vamos  echando  no  se  encuentra  en  los  escritores 
de  los  buenos  tiempos  de  la  lengua  ni  en  el  Diccionario  de 
la  Academia,  es  hoi  dia  de  uso  corriente  en  todas  sus  in- 
flexiones, i  de  necesario  en  aquellas  en  que  a  causa  de 
no  empezar  la  terminación  por  e,  el  empleo  de  su  sinóni- 
mo balbucir  seria  insoportable.  Puede  en  verdad  decirse 
indiferentemente  yo  balbucía,  o  yo  balbuceaba;  pero  quién 
podría  tolerar  yo  balbuzo  o  yo  balbuzco'k 

Balbucea^'  i  balbucir  son  dos  verbos  jemelos,  que  se  pres- 
tan mutuamente  buenos  servicios,  i  que  traen  a  la  memoria 
aquella  otra  pareja  formada  por  blandear  i  blandir;  i  es 
raro  que,  habiéndose  el  señor  Bello  acordado  de  estos  dos 
verbos  en  el  capítulo  de  su  Gramática  que  consagró  a  los 
defectivos,  se  olvidase  de  balbucir,  cuya  existencia  estábale 
indicando  como  con  el  dedo  el  adjetivo  balbuciente. 

Verdad  es  que  la  Academia  habia  padecido  el  mismo 
olvido;  olvido  que  el  bueno  de  Domínguez  no  dejó  de 
echarle  en  cara  con  acrimonia  en  su  Diccionario;  pero 
ahí  estaban  numerosos  pasajes  de  los  maestros  de  la  len- 
gua acreditando  su  existencia  i  limpieza  de  sangre. 

(1)  Granadero,  está  aquí  empleado  por  vasote  para  beber  la  chicha. 


54  BAN 

1  todos  cuantos  vagan 

De  tí  me  van  mil  gracias  reOriendo, 

I  todas  mas  me  llagan 

I  déjame  muriendo 

Un  nosequé  que  queda  balbuciendo. 

(San  Juan  de  la  Ckvz»^ Canciones.) 

«El  balbucir  de  la  pasmada  jente.» 

(Ercilla. — La  Araucana.) 

banca,  banco. 

Tenemos  la  mala  costumbre  de  servirnos  indistintamen- 
te de  los  dos  vocablos  del  título,  por  no  advertir  o  por 
ignorar  que  cada  uno  de  ellos  tiene  su  propio  i  exclusivo 
significado. 

üBancay  dice  la  Academia,  asiento  de  madera  sin  res- 
paldo i  a  modo  de  una  mesilla  baja.» 

uBa?ico,  según  la  misma,  asiento  hecho  regularmente  de 
madera  en  que  pueden  sentarse  a  un  tiempo  algunas  per- 
sonas. Los  hai  de  respaldo  i  sin  él.» 

Mas  claro,  se  llama  banca  la  silleta  de  madera  sin  res- 
paldo; i  boTico  el  escaño  tosco,  que  jeneralmente  lo  tiene, 
pero  que  puede  no  tenerlo  también. 

BANDADA. 

Bandada  es  la  primer  palabra  que  se  viene  a  los  labios 
de  las  personas  poco  instruidas  (en  cuyo  número  quedan 
incluidos  los  periodistas  zarramplines  i  los  oradores  in- 
tonsos) cada  vez  que  desean  designar  una  reunión  de  ani- 
males, de  aves  o  de  peces.  Teniendo  la  lengua  nombres 
especiales  para  esas  reuniones  según  sea  la  clase  de  indi- 
viduos que  las  formen,  emplear  bandada  en  todos  los  ca- 
sos^ es  emplearlo  impropiamente  cuando  se  habla  de  los 
cuadrúpedos  o  peces,  i  empobrecer  el  idioma. 

El  conjunto  de  peces  que  nadan  como  en  compañía  se 
llama    cardumen  o   cardúmine;    el    de  aves    que    vuelan 


BAQ  55 

en  pelotón,  bandada  o  banda;  el  de  cuadrúpedos  que 
marchan  reunidos,  manada^  a  no  ser  que  el  andar  en  pan- 
dilla o  estar  echados  como  en  montón  provenga  de  haber 
nacido  de  un  mismo  parto  i  seguir  a  una  misma  madre, 
pues  entonces  la  palabra  propia  seria  lechigada. 

Hai  por  lo  tanto  impropiedad  en  el  empleo  que  hace 
Cervantes  de  bandada  en  el  siguiente  pasaje: 

ttEsles  de  particular  entretenimiento  i  gusto  (a  los 
habitantes  de  los  campos)  ver  en  los  frescos  e  intrinca- 
dos setos  cruzar  las  bayidadas  de  conejos  i  en  los  prados 
las  medrosas  liebres.» 

(Cervantes. — Diálogo  entre  Sillenia  i  Selanio.) 

BAQUEANO. 


Ni  baqueano,  como  jeneralmente  decimos,  ni  baquiano 
como  debiéramos,  se  encuentran  en  los  diccionarios  de 
la  lengua,  si  se  exceptúan  los  de  los  señores  Alcedo  i  Sal- 
va, quienes  al  consignarlo  incurrieron  en  el  mismo  error 
en  que  nosotros  los  chilenos  solemos,  i  que  el  señor  Cuervo 
evidencia  en  sus  Apuntaciones  de  la  siguiente  manera: 

«Se  engañó  indudablemente  Alcedo,  i  Salva  siguió  sus 
huellas,  al  estampar  en  sus  Diccionarios  baqueano  por  ba^ 
quiano\  prescindiendo  de  que  nadie,  que  no  sea  empala- 
gosamente remilgado  dice  así,  no  queda  ni  un  ápice  de 
duda  si  se  considera  que  esta  voz  viene  de  baquía  (que 
nadie  pronuncia  baquea  i  vale  hoi  entre  el  vulgo  de  nues- 
tro pais  habilidad,  destreza)  atérmino»  según  consta  en 
la  Historia  jeneral  i  natural  de  las  Lidias  por  Gonzalo 
Fernández  de  Oviedo,  «con  que  los  españoles  designaron 
después  de  la  conquista  a  los  soldados  viejos  que  hablan 
tenido  parte  en  ellai)  i  significa  viejo ,  veterano: — nótese 
que  este  último  se  toma  también  por  experto  y  ducho — i 
Juan  de  Guzman  en  la  notación  28  sobre  la  Geórjica  pri- 
mera de  Virjilio,  cuenta  a  vaquiano  entre  las  voces  salidas 
de  la  isla  de  Santo  Domingo  i  dice  quiere  decir  cosa  an- 
tigua.y) 

Nosotros  nos  permitiremos  agregar  que  de  las  dos  for- 
mas que  se  dan  a  esta  voz,  baqueano  i  baquiano^  la  prime- 


56  HAR 

ra  parece  un  provincialismo   americano  i  la   segunda  un 
arcaismo. 
«Que  como  tan  baquiano  en  la  tierra  todo  lo  conocia.» 
(Mateo  khmik^.—  Guzmcni  de  Alfarache.) 

Don  Domingo  Faustino  Sarmiento  en  el  Facundo  i  va- 
rios otros  escritores  americanos  han  escrito  baqueano.  Sea 
empero  la  voz  orijin¿iria  de  España  o  de  América,  lo  mas 
autorizado  i  lo  que  nos  parece  mejor  es  baquiano. 


BARAJO. 

Como  interjección  hemos  solido  oiría  i  en  tal  sentido 
merece  disculpa,  pues  su  oficio  es  reemplazar  a  otra  con 
mucho  mas  usual  i  menos  decente. 

Como  sustantivo  es  un  estropicio  de  que  se  hacen  reos 
los  chiquillos  de  la  calle  que  se  meten  a  campaneros. 

Lo  correcto  es  badajo^ 

BARATA. 

Es  un  chilenismo  cuyo  equivalente  español  es  cucaracha. 

BARTULAR. 


Hubo  en  lo  antiguo  (1313 — 1356)  un  famoso  jurisconsul- 
to, Bartolo  o  Bartulo,  profesor  de  Derecho  en  Pisa  i  en  Pe- 
rusa  i  redactor,  según  refieren,  de  la  Dula  de  Oro.  Pues 
bien,  i  aunque  parezca  increible  (tan  singular  es  el  destino 
de  algunos  hombresj  este  Bartolo  o  Bartulo,  cuyas  obras 
se  imprimieron  en  ocho  tomos  no  ha  mucho  en  la  capital 
de  Baviera  por  un  sabio  alemán,  es  el  padre  reconocido 
de  bártulos  negocios^  asuntos,  enredos,  muebles^  trastos, 
etc.,  de  donde  a  su  vez  procede  nuestro  expresivo  bartular, 
cacilar,  o  devanarse  los  sesos,  que  es  frase  con  que  denota- 
mos la  misma  idea,  mas  chilena  i  encarecidamente  si  cabe. 


BARR  57 

Ya  de  tanto  bartular 
Voi  perdiendo  la  cabeza; 
1  con  la  misma  pobreza 
No  hallo  que  jiro  agarrafa 
(GuAJARDO. — Proyectos  de  un  aburrido,) 


BARRACA. 


No  significa  en  castellano  lo  que  la  hacemos  significar 
nosotros,  el  lugar  en  que  están  depositadas  para  venderse 
las  maderas;  sino  cabana ^  choza  rústica,  rancho. 


BARREAL. 

Dígase  barrizal  que  es  como  debe. 

BARRIGÓN,  A. 

Los  puristas  mas  celosos  que  entendidos  que  profesan 
por  esos  colejios  i  escuelas  la  lengua  de  Cervantes,  ponen 
particular  empeño  en  inculcar  a  sus  discípulos  eviten  de- 
cir barrigón,  bocón,  dentón,  barbón,  jetón,  cachetón,  na- 
rigón, i  otros  aumentativos  por  el  estilo. 

Nosotros,  que  no  descubrimos  motivo  para  acordar  una 
semejante  preferencia  a  la  terminación  en  udo,  i  que  al 
contrario  recordamos  que  ella  suele  tomarse  en  mala  parte^ 
(compárese  si  nó  a  caprichoso  con  caprichudo)  no  podemos 
arrepentimos  ni  pedir  a  los  lectores  se  arrepientan  de  ha- 
ber cantado  cuando  niños,  los  sábados,  al  salir  de  la  últi- 
ma clase,  esperando  el  real  dominguero: 

Mañana  es  domingo 

De  pila  i  pilón. 

Se  casa  la  cabra 

Con  el  motilón; 

— ¿Quién  es  la  madrina.^ 

— Doña  Catalina 

Rebozo  de  harina. 


58  BAS 

— ¿Quién  es  el  padrino? 
— Don  Juan  barrigón. 
— ¿Quién  toca  la  caja? 
— El  negro  jetón. 


BARRILETE. 


Significando  la  especie  particular  de  volantines,  o  sea 
cometas^  que  tienen  mas  o  menos  la  forma  de  un  barril 
visto  de  costado,  es  chilenismo. 


BASTARDEAR. 

Casi  no  hai  artículo  de  periódico  ni  discursó  parlamen- 
tario en  queno  se  encuentre  usado  este  verbo  malamente. 
¿Pi.  qué  gobierno  no  hemos  hecho  el  cargo  de  bastardear 
las  leyes  y  la  Constitución,  las  instituciones,  etc.? 

I  sinembargo  bastardear  es  un  verbo  neutro,  de  la  mis- 
ma naturaleza  que  dejenerar,  que  por  lo  tanto  no  admite 
complemento  directo: 

En  vez  de  decir,  pues,  de  los  gobiernos  que  aplican 
torcidamente  las  leyes,  valiéndose  de  sofismas  e  hipócritas 
interpretaciones,  que  las  bastardea?!,  diremos  que  las  fal- 
sea?!,  vicia?!,  corrompen  o  barre?ian. 

Ejemplo  de  uso  correcto: 

«El  común  de  los  hombres  de  tal  manera  han  torcido  i 
bastardeado  de  la  jenerosidad  de  su  naturaleza,  que  asi 
como  las  bestias  en  ninguna  otra  cosa  entienden  sino  en 
buscar  bienes  para  su  cuerpo,  así  ellos,  jeneralraente  ha- 
blando, en  ninguna  otra  cosa  dia  i  noche  se  ocupan,  sino 
en  lo  mismo  que  ellas.» 

(Frai  Luis  de  Granada. — Símbolo  de  la  fe.) 

Ejemplo  que  no  debe  imitarse: 

Esplicando  el  señor  don  Pedro  M.  de  Olive,  en  su  Dic- 
cionario de  Sinónimos,  la  diferencia  de  sentido  que  hai 
entre  des?iatur alizar  i  bastardear,  dice: 

«Licurgo  desnaturalizó  el  corazón  del  hombre  porque 
dirijió  sus  facultades  hacia  nuevos  i  extraordinarios  obje- 
tos; pero  no  le  bastardeó  porque  no  le  alejó   de  su  primi- 


BEL  59 

tivo  oríjen,  sino  al  contrario,  aumentó  su  vigor  i  su  no- 
bleza.» 


BATAN. 

Batanes  llamamos  en  Santiago  a  las  tintorerías 

BATIBURRILLO. 

Para  indicar  una  mezcla  de  cosas  que  no  se  avienen 
bien  unas  con  otras,  o  un  discurso  desordenado  i  com- 
puesto de  partes  inconexas,  decimos:  es  un  batiburrillo. 
No  dirán  así,  sino  batiborrillo ,  o  mejor  todavía  baturrillo, 
cuantos  se  den  el  trabajo  de  consultar  el  Diccionario. 

BAYO, 

La  caja  o  andas  en  que  se  llevan  a  enterrar  los  difun- 
tos se  llama  féretro  en  castellano.  El  mas  sencillo  i  tosco 
que  sirve  para  llevar  los  cadáveres  de  los  pobres  al  ce- 
menterio se  llama  galga  en    algunas  provincias  de  España. 

En  Chile,  donde  designamos  con  el  nombre  de  carro  al 
en  que  son  conducidos  a  su  última  morada  los  restos 
mortales  de  las  personas  acomodadas,  se  designan  con 
el  de  bayo  las  andas  en  que  se  presta  ese  servicio  a  los 
cadáveres  de  los  pobres. 

También  decimos,  bayos  de  los  caballos  dorados  i  de  la 
chicha  de  color  entre  pajizo  i  blanco;  i  recordamos  haber 
visto  escrita  con  bastardilla  la  palabra  ésta,  en  la  acep- 
ción de  que  hablamos,  en  mas  de  un  libro  i  en  mas  de 
veinte  párrafos  de  las  gacetillas  de  nuestros  diarios,  (a  la 
chilena,  crónicas  locales) ;  ^evo  debe  tenerse  por  entendido 
que,  no  por  ser  nativa  de  nuestra  tierra  la  chicha  baya,  es 
menos  castiza  la  palabra  con  que  la  designamos. 

BELDUQUE. 

El  cuchillo  ordinario,  de  hoja  comunmente  puntiaguda  i 
con  mango  de  madera  i  de   una  sola  pieza.  Barruntamos 


60  BLO 

que  su  uso  sea  jeneral  en  la  América  latina,  pues  se  en- 
cuentra consignado  en  las  Apuntaciones  del  señor  Cuervo. 

Lo  probable  es  que  belduque  fuese  el  nombre  del  lugar 
en  que  los  tales  cuchillos  se  fabricaban,  o  acaso  del  fabri- 
cante; que  por  lo  tanto  se  dijese  en  un  principio  cuchillo 
de  helduquCy  como  es  seguro  se  diria  cigarro  habano^  i 
que  andando  el  tiempo  llegase  a  decirse  sencilla  i  lacóni- 
camente en  el  primer  caso  un  belduque,  como  decimos  en 
el  segundo,  un  habano. 

El  señor  Gormaz  yerra  groseramente  cuando  aconseja 
se  sustituya  a  berduque  por  balduque. 

Balduque  es  en  español  una  especie  de  cinta  para  atar 
legajos. 


BENEFICIARSE. 

Beneficiar  en  castellano  es  hacer  bien  a  alguien^  i  cultí- 
Yar  i  cuidar  de  alguna  cosa  procurando  que  fructifique. 

Entre  nuestros  carniceros  es  matar  i  descuartizar,  des- 
postar la  res  para  vender  la  carne  i  demás  partes  útiles. 

En  estilo  metófarico  i  entre  predestinados  a  la  Peniten- 
ciaria (que  también  gustan  de  metáforas  los  tales)  benefi^ 
ciarse  a  alguno  es  asesinarlo.  En  el  mismo  sentido  dicen 
ellos  en  tono  socarrón  cuando  han  muerto  a  algún  próji-^ 
mo,  que  se  lo  han  merendado,  i  también  soplado. 

BICOCA. 

Llamamos  así  al  pequeño  gorro  que  usan  los  esclesiásti^ 
eos  para  cubrirse  la  corona,  probablemente  por  ignorar  n 
olvidar  que  el  nombre  castizo  de  tal  pieza  es  solideo. 

BLONDO,    A. 

Rarísimos  serán  los  poetas  americanos  (i  si  dijéramos 
españoles  no  mentiríamos)  que  no  hayan  usado  alguna 
vez  siquiera  este  tentador  adjetivo,  i  que  al  usarlo,  no 
hayan  dado  un  mas  de  regular  traspié. 

^Cómo  se  esplica  que   atribuyamos  a  blondo  el  significa^ 


I 


BOC  61 

do  de  crespo  o  rizado,  cuando  ni  en  castellano,  ni  en  fran- 
cés, ni  en  sajón,  de  donde  yiene,  según  leemos  en  el 
Diccionario  de  los  señores  Noel  i  Chapsal,  significa  eso, 
sino  amarillo  y  dorado,  rubio'^.  Después  de  mucho  devanear 
nada  mas  podemos  que  presentarnos  a  los  lectores  con  un 
acaso  (por  el  estilo  de  los  que  acostumbra  Mr.  Rénan.) 
Acaso  la  semejanza  de  sonidos  que  hai  entre  nuestro  asen- 
dereado adjetivo  i  el  sustantivo  blonda  nos  ha  inducido  a 
atribuir  a  aquél  una  significación  semejante  a  la  de  éste. 

Sea  lo  que  fuere  de  la  sobredicha  conjetura,  lo  innega* 
ble  es  que,  no  solo  en  América  sino  también  en  España,  i 
no  solo  por  escritores  adocenados  i  fargallones,  sino  por 
ilustres  personajes,  se  incurre  en  el  disparate  que  anota- 
mos. 

I  vaya  una  muestra  sacada  de  entre  los  eminentes  del 
parnaso  español: 

Tu  vellón  nevado, 
De  ricitos  lleno, 
Cual  de  blonda  seda 
Cuidadoso  peino. 

(Meléndez. — Idilio  II.) 

BOCHAN. 

Persona  que  ha  residido  algunos  años  en  la  frontera 
nos  asegura  que  por  aquellos  mundos  la  palabra  rastrojo, 
tan  usada  por  los  agricultores  del  centro  i  Norte  para  de- 
notar los  restos  de  la  sementera  que  quedan  sobre  el  te- 
rreno después  de  recojidos  los  frutos,  solo  se  usa  hablando 
de  sementeras  de  trigo  i  cebada;  pues  el  rastrojo  de  las 
chacras  se  llama  bochan. 

En  abono  del  vocablo  éste,  que  viene  sin  duda  del  arau- 
cano Vuchén,  podríamos  hacer  una  observación  semejante 
a  la  que  hicimos  en  pro  de  abastero,  pretendiendo  debie- 
ra conservarse  al  lado  de  abastecedor,  por  tener  un  signi- 
ficado mas  concreto  i  taxativo.  Llamemos  con  los  españo- 
les rastrojo  al  residuo  de  las  cañas  del  trigo  o  cebada  que 
queda  en  la  tierra  después  de  segar,  i  bochan  al  que  que- 
da, después  de  la  cosecha,  en  los  terrenos  sembrados  dQ 
chacras. 


62  BOC 

Este  alegato  en  favor  de  bochan  no  logró  ablandar  al 
S.  Paúlsen  quien,  después  de  leerlo,  puso  por  providencia: 

«Bochan. — Voz  bárbara  que  debemos  desterrar.  No  ha- 
ce la  menor  falta;  rastrojo  dice  lo  mismo  en  buen  caste- 
llano. Kse  bochan,    francamente,  nie  pune  grima.» 

BOCHINCHE,   BOCHINCHERO,  A. 

Nada  de  extraño  tiene  que  habiendo  heredado  nosotros 
de  los  españoles  nuestros  abuelos  la  propensión  a  los  pro- 
nunciamientos_,  asonadas,  bataholas  i  chamusquinas,  ha- 
yamos querido,  como  para  apropiárnoslas  mejor,  bautizar- 
los con  nombres  de  nuestra  invención  i  particular  agrado. 
Con  tal  propósito,  como  se  verá  en  su  lugar,  rejuveneciendo 
i  retocando  a  Liorna,  sacamos  de  él  los  sustantivos  leona 
i  leonero  i  el  adjetivo  aleonado.  Tócanos  ahora  hablar  de 
bochinche  i  de  bochinchero^  que  en  verdad,  en  lo  tocante 
a  la  significación,  se  asemejan  hasta  casi  confundirse  con 
aquéllos.  La  única  diferencia  apreciable  consiste  en  que 
el  bochinche  trae  a  la  imajinacion  una  revuelta  de  carác- 
ter algo  mas  serio  que  la  leona\  pues  mientras  aquél  huele 
a  plazas,  salas  de  sesiones  i  cuarteles,  éste  pocas  veces 
huele  a  otra  cosa  que  a  refectorios  de  colejios. 

Si  hubiéramos  de  juzgar  por  el  silencio  que  sobre 
esta  palabra  guardan  los  señores  Cuervo  i  Arona,.  aca- 
so nos  sentiríamos  tentados  a  señalarla  como  un  pro- 
vincialismo exclusivamente  chileno.  Tenemos,  empero,  por 
mas  probable  que  la  omisión  en  los  Apuntes  (mui  breves 
por  lo  demás,  de  este  último  escritor)  provenga  de  involun- 
tario olvido,  pues  si  nuestra  memoria  no  nos  traiciona, 
aquella  ocurre  con  cierta  frecuencia  en  los  escritores  pe- 
ruanos. 

También  creemos  que  la  usaba  mucho  en  sus  escritos 
políticos  el  señor  don  Antonio  José  de  Irisarri^  i  casi  po- 
dríamos afirmar  que  una  de  sus  composiciones  poéticas  se 
titula  El  bochinche. 

Dicho  lo  que  que  queda  en  lo  tocante  al  uso  de  bochin^ 
che,  lo  único  que  en  cuanto  a  etimolojía  nos  permitiremos 
agregar,  i  eso  con  cierto  temor,  es  que  en  lengua  arauca- 
na vucheu7iy  significa  saltar,  bufonearse,  chancearse. 

¿Qué  dificultad  hai  para  admitir   que   los   mismos  que 


BOL  63 

transformaron  en  bochan  el  vucheii  araucano,  no  convirtie- 
sen el  vucheun  en  bochinche^  tanto  mas  cuanto  que  la 
partícula  diCy  (jente)  ocurre  en  muchas  voces  de  indudable 
oríjen  araucano,  sin  que  pueda  descubrirse  otro  motivo 
para  su  agregación  que  una  razón  de  eufonía?  ¿Por  qué, 
verbi-gracia,  decir  al  negro,  negro  curiche,  cuando  con 
citri  (negro)  seria  suficiente? 

En  resumen  i  sin  pretender  meternos  en  camisa  de 
once  varas,  opinamos  que  así  como  en  araucano  curi  se 
dice  solo  de  las  cosas  negras,  i  curiche  de  las  personas 
de  ese  color,  así  puede  suceder  que  vucheun  indique  el 
triscar  délos  animales,  i  vucheunche  [bochinche]  e\ 
saltar  de  la  jente. 

BOCÓN,    ONA. 

Véase  Barrigón,   ona. 

fiOLA. 

Es  chilenismo  indicando  la  cometa  de    forma   redonda. 

BOLEAR, 


Del  estudiante  universitario  que  tiene  la  desgracia  de 
ser  reprobado  en  el  examen  dicen  sus  compañeros  que  hd 
salido  boleado  y  aludiendo  a  las  bolitas  blancas  i  negras 
con  que  los  examinadores  aprueban  o  reprueban. 

En  el  sentido  dicho,  bolear  es  un  provincialismo  chileno* 
Eslo  también,  aunque  no  solo  chileno,  sino  principalmente 
arjentino,  en  la  acepción  de  arrojar  el  lazo  armado  de  bo- 
las contra  los  guanacos,  avestruces,  etc.  para  cojerlos. 

Bolear,  en  castellano  significa  jugar  al  billar,  por  mera 
entretención,  sin  interés  i  sin  convenir  en  partido. 

BOLETO,    ERO,     ERÍA. 

Ni  boleto  ni  boletería  se  hallan  en  los  diccionarios. 
Boletero  es  un  empleado  del  ejército. 


64  BOL 

Las  tarjas  para  las  funciones  de  teatro  se  llaman  bille"- 
tes. 

aAdelantóse  don  Cayetano  i  después  de  pagar  los  bole- 
tos dio  frente  a  la  entrada  para  hacer  desfilar  su  comitiva 
delante  del  boletero.^ 

(Blest  Gana.— ^/  ideal  de  un  calavera.) 


BOLICHE. 

Llaman  así  en  las  provincias  del  Norte  i  en  la  costa  de 
Bolivia  i  Perú  lo  que  en  España  fígoncillo  o  bodegón  de 
mala  muertey  o  como  suelen  llamarlos  también  tiendas  de 
preguntas  i  respuestas.  El  uso  de  la  voz  ésta  indica  que  no 
faltarían  algunos  jitanos  entre  los  conquistadores  i  pobla- 
dores de  la  América,  pues  en  el  dialecto  jermanesco  boli- 
che significa  casa  de  juego,  garito. 

También  se  dice  por  el  Norte  en  el  mismo  sentido  tim- 
bunchCi  i  por  acá  piguchen. 


BOLSEAR^  BOLSERO,  BOLSEO,  DE  BOLSA. 

En  Chile,  donde  tanto  como  en  cualquiera  otra  parte  por 
lo  menos,  somos  aficionados  a  vestirnos,  comer,  pasear, 
fumar,  educarnos,  etc.,  gratuitamente  y  esto  es,  a  costa 
ajena,  no  pudimos  menos  de  inventar  un  nuevo  verbo  para 
significar  tan  dulce  costumbre. 

Si  se  quisiera  una  prueba  de  lo  común  que  ha  llegado  a 
hacerse  la  acción  significada  por  nuestro  bolsear,  una 
i  bien  espléndida  podríanos  suministrar  la  frase  de  bolsa. 
En  efecto  ¿no  es  preciso  que  las  nociones  de  tuyo  i  mió 
vayan  camino  de  borrarse  en  una  tierra  en  que  para  sig- 
nificar que  uno  ha  comido  a  costa  de  bolsa  ajena,  baste 
decir  que  ha  comido  de  bolsa'^. 

En  cuanto  al  bolsero,  que  de  sobra  merecerla  los  hono- 
res de  una  monografía,  honores  que  no  podríamos  tributarle 
sin  salir  de  los  límites  que  nos  hemos  trazado,  téngase  por 
satisfecho  con  las  siguientes  coplas  del  poeta  popular  de 
Santiago,  que  según  parece  los  detesta  cordialmente,  tai- 
vez  por  aquello  de  ¿quién  es  tu  enemigo?  etc. 


BOS  65 

Otros,  aunque  tengan  plata, 
Medio  no  saben  gastar: 
Como  les  gusta  bolsear 
De  bolsa  llenan  la  guata\ 
I  hasta  en  el  mejor  café 
Andan  bolseros  aseados, 
Que  lo  pasan  regalados 
Con  el  rico  ponche  en  leche; 
I  de  allí  no  hai  quien  los  eche 
Porque  están  como  alquilados. 

Otros  andan  aguaitando 
Hasta  que  bolseo  encuentran^ 
I  como  moscas  se  entran 
Donde  alguno  está  gastando. 

(GuAj.uiDO. — Los  Bolseros.) 


BOMBILLA. 


No  es  entre  nosotros,  como  pudiera  creerse  a  la  distan- 
cia, diminutivo  de  bomba^  de  suerte  que  llamásemos  así 
a  las  bombas  pequeñas,  contra  incendios  o  para  extraer 
agua  de  los  pozos,  que  a  las  tales  llamamos  bombines  o 
simplemente  bombas. 

Lo  que  nuestras  paisanas  tomadoras  de  mate  (que  aun 
son  muchas,,  llaman  bombilla  es  el  mismo  instrumento  que 
la  Academia  nombra  bombillo,  i  que  define  «un  tubo  de 
hoja  de  lata  con  un  ensanche  en  la  parte  inferior  para 
sacar  líquidos.» 

Sabido  es  que  ese  que  llama  el  Diccionario  «ensanche  de 
la  parte  inferior»,  que  es  comunmente  de  forma  esférica, 
hueco  i  lleno  de  agujeritos,  se  llama  en  Chile  coco;  i  que 
rarísimas  veces  coco  i  bombilla  dejan  de  ser  de  plata. 


BOSTA. 

Ni  la  Academia  ni  Salva  traen  esta  palabra,  que  en  Chi- 
le significa  estiércol  de  vaca  o  caballo.   Es  probablemente 


60  BOT 

castellano  antiguó,  según  se  ve  por  «Bostar  m.   ant. — El 
lugar  o  caballeriza  donde  están  los  buejes.» 

( A  c  ADEMiA .  — Dkciojiario . ) 
Bosta  es  palabra  portuguesa.  «Bosta,  sf. — Bouse  de  va- 
che  ou  de  beuf.» 

(Constancio  .  — Diccionario  portugués  francés .) 

BOTARSE. 

Como  reflexivo  no  se  encuentra  en  ningún  Diccionario 
de  la  lengua.  Son,  pues,  chilenismos,  botarse  al  agua,  por 
echarse,  meterse  al  agua;  botarse  a  jugador,  a  tunante,  por 
dar  en  jugador,  en  tunante,  etc. 

«Si  después  de  esta  prueba  te  quedas  como  estás,  bótate 
a  tunante,  a  jugador:  ya  no  sirves  para  nada.» 

(A.  Blest  Gana. — El  Primer  amor.) 

Acerca  del  activo  observa  el  señor  Cuervo: 
«Algunos  de  nuestros  escritores  i  un  buen  golpe  de  jen- 
te  no  escritora  abusan  del  verbo  botar  empleándolo  en 
cada  triquitraque  en  casos  en  que  los  buenos  escritores 
se  valen  de  otros  términos;  muchos  dicen  botar  la  plata 
por  tirar,  malgastar,  disipar,  dilapidar  el  dinero  i  hasta 
botarse  en  brazos  de  Dios  por  echarse  en  brazos  de  Dios  i 
así  en  otros  casos;  botar  significa  arrojar  o  echar  fuera 
con  violencia.» 

«No  pocos  principian  ya  a  tirar  la  máscara  de  catoli- 
cismo con  que  hasta  pocos  meses  há  encubrían  su  impie- 
dad grosera.» 

(Vicente  de  la  Fuente. — La  pluralidad  de  cultos.) 

Blando  es  como  la  cera  para  el  vicio, 
Los  consejos  mas  útiles  le  enfadan, 
Tira  el  dinero,  en  lo  útil  nunca  piensa. 

(BURGOS. — Traducción  de  Horacio.  Arte  poética.) 

....I  me  veo  desdichado 

í  como  vaso  en  muladar  tirado. 

{CxKYAJku-^Salmo  XXX.) 


BOT  67 

Hasta  aquí  el  hablista  bogotano. 

Para  concluir  solo  agregaremos  haber  oido  mas  de  una 
vez  a  nuestros  guasos  i  gañanes  usar  botado  en  el  sentido 
de  acostado,  tendido,  echado.  Así  el  médico  que  es  bastan- 
te bueno  para  ir  a  los  ranchos  de  los  pobres  que  no  pue- 
den darle  por  visita  mas  de  una  chaucha  o  un  veinte,  al 
preguntar  ¿cómo  sigue  el  niño?  suele  obtener  por  respues- 
ta:—  «Muí  mal  señor:  ¡no  lo  pasa  mas  que  boiaditoln 


BOTERO,     lA. 

No  significan  en  la  Península  como  en  Chile  zapatero  i 
zapatería. 

Esta  voz  fué  inventada  por  los  zapateros  de  algún  nom- 
bre para  distinguirse  de  otros  de  su  especie.  Su  oríjen  es, 
pues,  debido  a  cierta  vanidad  que  con  nuevas  denomina- 
ciones se  empeña  en  ocultar  la  realidad  de  las  cosas.  Así 
tenemos  que  ya  en  Chile  ningún  barbero  quiere  ser  tal, 
sino  peluquero  (i  artista  por  añadidura);  i  comadres  cono- 
cemos nosotros  que  saltarían  como  leonas  si  alguien  ca- 
yese en  la  tentación  de  llamarlas  parteras  i  aun  rnatronas, 
i  no  profesoras  de  par  tosí 


botín. 

Con  grave  peligro  de  no  darnos  a  entender  llamamos 
indistintamente  botin  al  calzado  de  cuero  que  llega  hasta 
cubrir  los  tobillos,  i  que  en  buen  castellano  se  llama  así; 
i  a  las  medias  que,  subiendo  un  poco  mas  arriba  por  la 
pierna,  terminan  en  la  parte  inferior  de  la  pantorrilla,  i 
cuyo  nombre  propio  es  calcetines. 


BOTOTOS. 

^  Zapatos  grandes  i  ordinarios  que  usa  la  jente  pobi^. 
Tal  vez  de  formación  caprichosa;  tal  vez  formado  de  hoto, 
que  en  lenguaje  de  aragoneses  significa  pelleio  p&ra  echar, 
vino,  aceite  u  otro  licor. 


\¿^  }UiA 


BOYA,    BOYAZO. 


fí()i/a  es  una  voz  marítima  que  significa  el  ¿rozo  de  cor- 
cha  u  otro  material  que,  atado  a  un  cabo  i  nadando  sobre 
el  agua,  indica  la  situación  del  ancla.  Siendo  ello  así 
¿porqué  del  que  hace  a  otro  la  pesada  broma  de  darle  un 
golpe  sobre  el  sombrero  para  hundírselo  hasta  el  pescue- 
zo si  es  posible,  i  hasta  las  orejas  cuando  ménos^  decimos 
que  le  ha  siimidoy  o  zampado  la  boya^  o  dado  im  boyazo^. 
Doctores  tiene  la  Facultad  de  Humanidades  de  la  Univer- 
sidad de  Chile  que  sabrán  responder. 

Literalmente  dar  un  boyazo  significa  dar  un  f^olpe  con 
un  buell 


BOZAL. 

Se  dice  en  Chile  por  hozo\  «El  cabestro  o  cuerda  que 
se  echa  a  las  caballerías  sobre  la  boca,  i  dando  un  nudo 
por  debajo  de  ella  forma  un  cabezón  con  solo  un  cabo  o 
rienda.» 


(Academia  . — Diccionario .  \ 


BRACEAR,  BRACEADOR,  A. 


Bracear,  indicando  la  acción  de  sacar  hacia  afuera  las 
caballerías  las  patas  de  adelante  cuando  trotan,  es  un 
chilenismo.  Lo  es  también^  i  porque  se  cae  de  su  peso 
debiera  callarse,  braceador,  aplicado  al  caballo  que  tiene 
aquella,  cualidad. 

También  al  caballo  ése  solemos  llamarlo,  trotador  o  de 
brazos. 

«A  las  cuatro  de  la  tarde  se  presentaba  al  pié  del  ta- 
blado del  cabildo  montado  en  un  brioso  braceador  el  al- 
férez real;,  acompañado  del  alguacil  major,  etc.» 

(Vicuña  MA.cKEis¡Kk.—nisíoria  de  Santiaga.) 


BUG 


m 


BRACETE    (DE;. 

Es  el  modismo  empleado  por  la  jeiite  mazorral  para 
indicar  que  dos  per:>oiias  \an  asidas  del  brazo. 

La  jente  educada  dice  tornadas  del  brazo,  o  mas  breve 
del  brazo. 

Lo  castizo  seria  de  bracero. 

BRAMERA. 

Llamamos  así.  a  la  -ventana,  portezuela  o  respiradero 
que  tienen  algunos  hornos  i  cuyo  verdadero  nombre  es 
bi'üvera. 

No  menos  desventurada  que  en  Chile  es  en  Colombií^ 
la  tal  ventanilla,  pues  tan  empecinados  como  nosotros 
los  bogotanos  en  hacerla  bramante  contra  su  naturaleza, 
no  saben  mentarla  mas  que  bramadera,  si  hemos  de  creer- 
le (¿i  por  qué  nó?)  al  autor  de  las  Apuntaciones. 

BRASERO. 

Brasero  para  los  pies  llaman  en  Chile  un  mueblecito  de 
moderna  introducción  felizmente  desconocido  de  las  abue- 
las del  pasado  siglo.  Estas  cuatro  palabras  brasero  para 
los  pies,  pueden  refundirse  en  solo  una^  rejuela,  que  es 
como  se  llama  el  mueble  en  España;  aunque  se  diga 
también,  si  bien  no  tan  propiamente^  estufilla  i  maridillo. 


Breque  (estar  o  poner  en  un¡ 


Dígase  brete. 


brocearse,  broceo. 

Términos  ambos  de  uso  frecuentísimo  en  la  minería 
chilena  i  boliviana.  El  brocearse  una  mina  consiste  en 
cortarse  o  perderse  el  hilo  de  la  veta  metálica,  o  en  qu© 
el  mineral  sea  de  tan  mala  lei  que  no  costee  ni  los  gas- 
tos . 

Broceo  es  la  acción  de  brocearse. 

((A  sus  canas  han  sobrevenido  las  especulaciones  frus- 


70  BUL 

tradas;  a  éstas  la  muerte  de  sus  hijos;  a  la  muerte  de  su* 
hijos,  el  broceo  de  sus  minas.» 

(JoTABECHB. —  Car/a  de  abril  23  de  1841.) 

BUENÍSIMO,  BUENAZD. 

Bonísimo,  bonazo  exijen  las  reglas  de  la  derivación. 
Leemos  no  obstante  en  el  prólogo  que  el  mui  culto  Don 
Juan  Valera  ha  puesto  a  las  Obras  poéticas  de  Campoa- 
mor:  «En  fin^  si  no  fuera  porque  se  ha  abusado  de  la  ex- 
presión buena  pasta,  diciendo  que  la  tienen  los  tontos, 
diria  yo  de  Campoamor  que  la  tiene  buenuima,  etc.» 

BULTO. 

tiNo  parece  haber  razón  alguna  para  pronunciar  Amia, 
ahogado,  bermejo,  bulto,  buitre,  derivados  de  abula,  ad^ 
vocatus,  vermiculiis,  vultiis,  vultun)  dice  el  señor  Bello  en 
su  Ortolojía;  i  sin  duda  que  yerra  en  lo  que  a  bulto  atañe. 

iduO  que  parecía  mujer  era  un  vulto  de  paja.» 

(Bello. — Gramática  castellana.) 
El  latin  vultus  no  significa  nada  mas  que  rostro,  cara,, 
semblante.  Bulto  es  en  latin  corpus,  moles,  amplitudo. 

Si  alguien  pretendiese  sostener  la  opinión  del  señor 
Bello  arguyendo  que,  aun  cuando  en  su  oríjen  vultus  no 
significase  mas  que  la  cara,  con  el  transcurso  del  tiempo  i 
por  extensión  pasó  a  significar  volumen,  cuerpo,  busto, 
seria  fácil  contestarle  con  la  diferencia  que  siempre  obser- 
varon los  mejores  i  mas  antiguos  autores  en  la  escritura 
de  vulto,  cara,  i  de  bulto,  volumen.  En  efecto,  no  es  racio- 
nal suponer  que  se  olvidase  la  primitiva  ortografía  solo 
para  representar  la  voz  en  su  acepción  translaticia,  con- 
servándosela en  la  recta. 

Nadie  ignora  que  hasta  los  tiempos  de  Cervantes  hubo 
escritores  en  España  que,  conociendo  tan  bien  el  latin 
como  el  castellano  i  dominados  por  la  moda  del  cultera- 
nismo, se  empeñaron  en  resucitar  multitud  de  palabras 
de  aquel  idioma,  con  tan  poca  fortuna  ccmo  gusto.  Pues 
bien,  vultus  fué  una  de  esas  palabras,  que  siempre  encon- 
tramos escrita  con  arreglo  a  su  oríjen,  vulto. 


BURR  71 

«No  te  apropincues  a  mí^ 
Que  empañarás  el  candor 
De  mi  castísimo  vulto,y* 

(Calderón.— iVo  hai  burlas  con  et honor.) 

Luego,  pues,  si  los  que  hablando  de  la  cara  escribían 
vulto,  hablando  de  cuerpo  o  volumen  escribían  bulto,  de- 
be creerse  que  ambas  voces  venían  en  concepto  de  aquéllos 
de  distintos  troncos.  I  así  es  la  verdad,  porque,  según  todas 
las  apariencias,  bulto  viene  de  la  misma  raíz  que  bola  i 
bula,  de  cuya  raíz  nacieron  los  franceses  boule  i  boulet^  i 
el  español  e  italiano  busto. 

En  lo  antiguo  se  dijo  bulto  por  efijie,  estatua,  busto. 

«I  está  enterrado  (don  Diego  López  de  Haro)  en  la  igle- 
sia mayor  de  Toledo,  i  su  bulto  de  mármol  en  uno  de  los 
primeros  pilares  del  coro.» 

(CovARRÚBiAS. — Tesoro;  voz  Toda.) 

«Un  sepulcro  con  un  bulto 
Le  ofrezcan  j  donde  en  mosaicos^ 
Labores,  góticas  letras^ 
Den  lenguas  a  su  venganza. 
I  entierro,  bulto  i  sepulcro 
Quiero  que  a  mi  costa  se  haga.» 

(Tirso  de  Molina.— £^/  Burlador  de  Sevilla.) 
De  aquí  santos  de  bidto. 

BURROS  NEGROS  (VERLOS). 

Familiarmente  se  dice  en  español,  para  ponderar  lo  agu- 
do de  un  dolor  o  la  fuerza  de  un  golpe,  que  el  paciente 
ha  llegado  a  ter  las  estrellas. 

En  casos  tales  suelen  decir  nuestros  rotos  que  ha  visto 
burros  fiegrus. 

I  écheles  Ud.  un  galgo  a  esos  burros! 


G 


CABEZÓN. 

Como  epíteto  que  conviene  a  lias  personas  i  animales 
de  cabeza  grande  no  viene  en  el  Diccionario  de  la  Acade- 
mia, seguramente  porque  a  las  tales  las  llama  cabezudas. 

No  nos  atreveríamos  nosotros,  apesar  de  lo  prescrito  por 
tan  respetable  autoridad^  a  condenar  a  nuestro  cabezón, 
que  ademas  de  ajustarse  bien  a  las  reglas  de  la  deriva- 
ción i  a  la  índole  de  la  lengua,  puede  alegar  en  su  descar- 
go la  circunstancia  de  no  inferir,  subsistiendo,  mortal  he- 
rida al  académico  cabezudo,  a  quien  nadie  disputa  la  re- 
presentación de  los  porfiados  i  testarudos. 

Otra  acepción  que  damos  a  cabezón  (i  ésta  exclusiva- 
mente chilena,  si  no  nos  engañamos)  es  la  de  fuerte,  es" 
pirituosoy  tratándose  de  bebidas  alcohólicas,  i  mui  en 
especial  del  ponche.  No  habrá,  en  efecto,  lector  tan  de  las 
monjas  que  ignore  que  en  las  remoliendas  de  nuestra  tie- 
rra hace  lei  la  regla:  «Para  las  niñas  dulcecito  i  simplón; 
para  los  mozos  cabezon.y> 


CABO. 

«Únicamente  las  señoras  mayores  solían  usar,  en  lugar 
de  cosmético  (cabo)  que  era  entonces  caro  i  poco  conocido, 
de  un  cabo  de  vela  serenado  al  rocío...  i  será  talvez  de 
aquí  que  esa  sustancia  haya  seguido  llamándose  cabo  en- 
tre nosotros.» 

(Vicuña  Mackenna. — Historia  de  Santiago.) 


74  CAC 


CABRO. 


Llámase  cabrón  en  castellano  al  macho  de  la  cabra.  En 
Chile,  conocemos  todos  al  barbado  cuadrúpedo  ese  con  el 
nombre  de  cabro;  sin  hacer  diferencia  entre  el  sentido 
recto  i  el  metafórico,  pues  del  niño  travieso  i  trepador 
decimos:  es  un  cabro. 

«¿Vistes  allá  entre  esas  cabras  algún  cábronh-i 

(Cervantes. — Quijote.) 

«I  baja  la  sangre  del  cabrón  i  unas  poquitas  de  las  bar- 
bas que  tú  le  cortaste."» 
(Fernando  de  Rojas. — Traji- comedia  de  Calixto  i  Melibea.) 

CÁBULA^  ERO  A. 

Maña,  treta,  ardid,  artificio.  Es  una  visible  corrup- 
ción de  cabala,  que  en  su  sentido  recto  significa  tradi- 
ción i  doctrina  recibida,  i  en  el  figurado  «el  arte  vano 
i  ridículo  que  profesan  los  judios  valiéndose  de  anagra- 
mas, trasposiciones  i  combinaciones  de  las  palabras  i  le- 
tras de  la  Sagrada  Escritura  para  averiguar  sus  sentidos  i 
misterios.» 

<(Hai  algunos  soldadillos 
Inventores  de  mil  cábulas 
I  a  fuerza  de  astucia  i  fábulas 
Envuelven  a  los  mas  pillos.» 

(GuAJARDo.— E/  Mifiero.) 

Cabulero,  a,  es  el  o  la  que  abunda  en  tretas  i  ardides 
para  lograr  su  intento  embaucando  a  los  demás. 

CACARAÑA,  AR,  ADO,   ADURA. 

No  hemos  tenido  la  fortuna  de  dar  con  la  etimolojía  de 
estos  vocablos,  bastante  antiguos  i  jeneralizados,  pues  los 
hallamos  con  exactísimas  explicaciones  en  el  apreciabla 
Diccionario   del   señor  Salva.    Según  él  i  según  nuestros 


CACH  75 

propios  datos  cacaraña  (¿caca  de  arana?)  es  el  hoyo  o 
señal  que  dejan  en  el  rostro  las  viruelas;  cacarañar 
hacer  hoyos  en  la  pared,  sacarle  a  trechos  el  revoque, 
picarla;  i  cacarañado,  el  que  lleva  en  la  cara  las  hue- 
llas de  la  terrible  peste  que  ha  concluido  por  llamarse  an- 
te no  mástic  amen  te,  la  peste. 

CACIQUE. 


Damos  aquí  cabida  a  esta  palabra  porque,  aunque 
adoptada  ya  por  la  Academia  española,  tiene  en  Chile, 
ademas  del  sentido  propio,   dos  que  conviene  señalemos. 

«¿Quieres  decirme  qué  es  de  la  salud  de  nuestro  amigo 
Antonio?— Completamente  restablecido:  está  como  un  ca- 
cique (esto  es  gordo  en  extremo.)— ¡Como  no  vaya  a  estar 
llevando  también  la  vida  de  un  cacique! --Fues  si  la  lie* 
vara  ¿estaria  como  un  caciquea 

En  resumen,  tomando  a  los  caciques  por  tipos  de  corpu- 
lencia i  disolución,  llamamos  así  a  las  personas  extrema- 
damente gordas  o  a  las  que  viven  en  práctica  rebelión 
contra  las  leyes  de  Dios  i  de  la  Iglesia. 

«I  allí  (en  la  isla  española)  supo  el  almirante  que  al  rei 
llamaban  cacique.y) 

(Las  Casas. — Diario  de  Colon  y  reproducido  en  la  Verdü' 
dcra  Guanahani  de  Colon  por  Varnhagen.) 

Parece  que  la  palabra  objeto  del  párrafo  cuya  última 
línea  escribimos  es  oriunda  de  las  Antillas. 

cacha. 

Según  los  Diccionarios  de  la  lengua,  hai  en  castellano 
el  sustantivo  plural  cachas,  que  sirve  para  designar  las  dos 
piezas  u  hojas  de  que  se  compone  el  mango  de  las  navajas 
i  de  algunos  cuchillos;  i  la  frase  hasta  las  cachas,en  extre- 
mo, sobremanera. 

«El  uno  tenia  una  media  espada  i  el  otro  un  cuchillo 
de  cachas  amarillas.» 

(Cervantes. — Rinconete  i  Cortadillo.) 
En  Chile  son    de  uso    corriente   sustantivo  i   frase  con 


76  CACH 

la  diferencia  de  que  hemos  quitado  a  aquél  su  últi- 
ma s;  pues  tomando  la  parte  por  el  todo,  llamamos  ca- 
cha, no  las  hojas  que  forman  el  mango  de  las  navajas  i 
cuchillos,  sino  el  mango  mismo. 

«Tomé  yo  una  de  las  pistolas  por  la  boca  del  canon  i 
dándole  (al  mayordomo)  con  ¿a  cacha  en  la  cabeza,  lo  vi 
caer  de  espaldas  a  tierra,  o  muerto  o  aturdido.» 

(Z.  Rodríguez — Loco  Eustaquio.) 

Otra  particularidad  del  uso  chileno  de  cacha  es  que, 
precedida  del  verbo  hacer,  forma  una  frase  burlesca  de 
significación  mui  parecido  a  las  españolas  hacer  fisga,  dar 
vaya,  i  a  la  chilena  hacer  la  pava. 

CACHARPAS,  EARSE,  EADO,  ERO,  ERA. 

Talvez  del  quichua  ¿lachapa,  andrajo,  trapo  desechado, 
o  bien  de  rachapa,  andrajos. 

El  sustantivo  tiene  cierta  semejanza  con  el  chileno  chil" 
peSy  i  mas  aún  con  el  castizo  trebejos,  muebles,  prendas, 
trastos  de  poco  valor. 

¿Cómo  es  sin  embargo  que  de  este  pobrísimo  cacharpas, 
cuya  miseria  se  descubre  a  tiro  de  ballesta,  ha  podido 
nacer  el  acomodado  cacharpeábase,  que  se  nos  presenta  a  la 
imajinacion  bajo  la  figura  de  un  rozagante  guaso,  que 
monta  caballo  braceador,  manija  espuelas  de  plata  i  buen 
freno  de  herraje,  banda  de  seda  lacre  a  la  cintura^  manta 
de  guanaco,  i  pavita  de  Guayaquil  en  la  cabeza?  El  cómo 
es  un  misterio;  pero  uno  de  aquellos  en  que  es  preciso 
creer  o  reventar. 

Cacharpearse  es  ir  poco  a  poco  amueblando  la  casa,  i 
llenando  el  ropero  de  ropa,  i  guardando  algunos  realitos 
para  emprestar  de  a  real  en  peso,  i  comprándole  a  las  ni- 
ñas las  caravanas  de  oró  i  a  la  señora  aros  o  dormilonas 
de  lo  mismo  con  perlas. 

Cacharpero  es  el  negociante  en  cacharpas. 

Ropavejero,  es  el  vocablo  castellano. 

CACHIMBA. 

Es^  si  mal  no  estamos  informados,  un  provincialismo  co- 
mún a  todos  los  paises    hispano-americanos,  nativo  según 


CACH  77 

el  señor  Salva,  de  la  isla  de  Cuba,  donde  los  españoles  la 
encontraron  al  desembarcar,  i   de  donde   la   propagaron 
por  el  continente. 
El  equivalente  castizo  de  cachimba  es  pipa, 

CACHO,  AR,      ADA,   UDO,  UDA. 


Para  decir  ordenadamente  lo  que  sobre  este  cacho,  que 

es  un  chilenismo  de  tomo  i  lomo,  debemos,  oportuno  será 

empezar  recordando  que  según  el  Diccionario  de  la  Aca- 

idemia  significa:   1.°  Pedazo  pequeño  de  alguna  cosa  (cacho 

[de   pan,  de  limón).  2.**  Un  juego  de  naipes.  3.**  Pez  mui 

¡común  en  el  Tajo,  Ebro  i  otros  rios  de  España. 

En  Chile  damos  a  esta  palabra  las  acepciones  siguien- 

ítes:  1.*^  Cuerno,  asta,  i  así  decimos:  «Esa  vaca  es  brava;  es 

jreciso  despuntarle  los  cachos\y)  i  aún:  «La  vaca  cachea  al 

Iternerito:»  2.**  Vaso  que  se  hace  del  asta  cortándola  como 

|a  una  cuarta  de   su  raiz  i  tapando  el   corte   con  madera, 

tiesto   útilísimo  para  tomar  en  los  caminos  i  en  los  despo- 

[blados  el  agua;  la  chicha  i  el  fresco  ulpo  de  harina  de  yayi 

[que  dicho  sea  de  paso,  llama  cuerna  el  Diccionario  de  la 

icademia.) 

Allá  dentro  de  la  mar 
Suspiraba  un  chincolito 
I  en  los  suspiros  decia 
Échale  chicha  al  cachito, 

[Copla  popular,) 

De  cacho  en  la  última  acepción  se  ha  formado  la  expre- 
siva frase  empinar  el  cacho^  que  dice  tanto  como  empinar 
ilvasoy  o  el  codo. 

Caminaba  haciendo,  eses  un  borracho 
Por  una  calle  oscura  i  cenagosa 
Murmurando  entre  dientes:  ¡Dura  cosa 
Es  no  dormir  cuando  se  empina  el  cacho! 

(Z.  Rodríguez.  — £'/  Borracho.) 

Otra  frase,  i  mui  decidora,  formada  por  nuestro  sustan- 


78  CAJ 

tivo,  es  raspar  el  cacho;  que  equivale  a  reñir  el  superior 
al  inferior,  reprender,  echar  raspa^  raspear,  retar. 

«El  juez  lo  mandó  llamar 
I  le  raspó  bien  el  cacho. 
Esto  te  pasa  por  lacho, 
Salió  diciendo  la  Lora: 
Yo  veré  si  vas  ahora 
A  odiarme  Loro  borracho.» 
(Gu  A  JARDO. — Celos  de  la  Lora  al  Loro.) 

El  equivalente  castizo  de  cacho  es  cuerno  o  asta,  de 
cachar,  amurcar,  de  cachada,  amurco,  i  de  cachudo,  reco- 
cido, zorrocloco,  mañero. 

CACHUCHA. 

Es  provincialismo  de  la  América  Meridional  denotando 
pequeña  embarcación  de  remos  i  sin  quilla. 

En  castellano,  el  nombre  de  un  baile  popular  en  Anda- 
lucía. 


CAER   EN  CUENTA. 

Decimos  cuando  lo  propio  seria  caer  en  la  cuenta,  si- 
guiendo el  ejemplo  de  los  clásicos  i  buenos  escritores  de 
la  lengua  que  nunca  han  dicho  de  otra  suerte: 

«Si  él  cae  en  la  cuenta  de  que  te  ha  hecho  algún  agra- 
vio te  lo  sabrá  i  te  lo  querrá  pagar  i  satisfacer  con  muchas 
ventajas."» 

(Cervantes  . — Quijote.) 

«Con  esta  cansada  repetición  de  asonancias  caerán  en  la 
cuenta  del  grave  defecto  que  aquí  señalo,  los  que  no  son 
nuii  sensibles  a  esa  especie  de  martilleo.)) 

(Ocho A. — Paris,  Londres  i  Madrid.) 

CAJA    DE  RAPÉ. 

Llamamos  a  lo  que  en  España  se  llama  i  llamaron  nues- 
tros abuelos  tabaquera. 


I 


CAL 


CALCHl,  ON,  ONA,  UDO,  UDA. 

Calcha,  en  lengua  araucana  significa  ¡jelo  interior, 
vello. 

Mudando  un  tanto  su  significado,  hemos  conservado  in- 
tacta su  forma,  para  designar  con  el  sustantivo  las^  plu- 
mas que  bajan  por  ias  piernas  hasta  los  pies  de  ciertas 
razas  de  gallinas  i  otras  aves,  i  con  los  adjetivos  calchón 
o  calchudo  alas  que  tienen  esa  particularidad;  las  mismas 
que  en  español  se  llaman  calzadas. 

CALCHONA. 

Uno  de  los  muchos  seres  fantásticos  creados  por  la  ima-* 
jinacion  de  nuestro  pueblo. 

Si  no  hemos  comprendido  mal  a  los  que  nos  han  hecho 
el  retrato  de  la  sobrescrita  alimaña,  ella  seria  algo 
como  una  mezcla  de  perro  de  Terranova,  con  mas  lana 
que  una  oveja  sin  trasquilar^  i  con  mas  barbas  que  un 
cabrón.  Blanca  de  color,  elije  de  preferencia  las  noches 
oscuras  para  aparecerse  a  los  caminantes,  a  arrebatarles 
la  merienda  de  la  fuente,  murmurarles  de  paso  alguna  lú- 
gubre amenaza,  espantar  las  caballerías,  herir  de  muer- 
te a  algún  criminal  i  operar  otra  multitud  de  diferentes 
daños. 

También  el  vulgo  llama  calchonas  a  las  dilijencias  u 
ómnibus. 

CALDUCHO. 

Excusado  juzgamos  explicar  el  significada  de  esta  pala- 
bra, que  traerá  sin  duda  a  la  mente  del  lector  los  mas 
gratos  recuerdos  de  sus  mocedades^  en  el  supuesto  de  que 
ya  para  él  hayan  pasado.  Lo  que  sí  sorprenderá  a  mas  de 
uno  i  a  mas  de  ciento,  es  que  en  Colombia  los  alumnos 
de  Humanidades,  i  aun  los  de  Derecho  sean  tan  aficionados 
a  capar  las  clases,  como  los  de  Santiago  de  Chile,  i  que  en 
España  los  estudiantes  de  Salamanca,  Alcalá  de  Henares^ 
etc.,  llamasen  a  eso  hacer  novillos! 


80  CAL 

*No  causa  menos  admiración  que  en  todo  el  trascurso 
de  este  tiempo  no  hubiese  hecho  Gerundio  novillos  del 
estudio  sino  doce  veces  según  un  autor  i  trece  según 
otro.» 

(P.  Isla. — Frai  Gerundio.) 

Para  no  interrumpir  la  consideración  de  este  importan- 
te asunto,  tanto  mas  cuanto  que  podemos  darle  término 
sin  salir  de  los  dominios  de  la  letra  C,  que  vamos  explo- 
rando, conviene  agregar  que  si  nuestros  colejiales  desco- 
nocen el  arte  de  hacer  novilloSy  son  duchos  en  el  no  menos 
difícil  de  hacer  la  chancha,  i  conocen  de  pe-a-pa  i  tan  bien 
como  los  negros  esclavos  de  la  Perla  de  las  Antillas  el 
de  hacer  la  cimarra. 

Si  fuese  preciso  un  testigo  ahí  están  en  el  cerro  de  Santa 
Lucía,  la  gruta  de  la  Cimarra  i  el  an jolito  que  la  habita, 
que  no  nos  dejarían  mentir. 

Los  arjentinos  llaman  cimarrón  al  mate  que  preparan 
con  yerba  amarga,  sin  azúcar  i  que  sirven  hirviendo,  o 
como  dicen  los  materos,  pelando. 

CALDUDA  o  CALDIJA. 

Empanada  ordinaria,  que  según  la  lei  del  grito  es  siem- 
pre con  pasa,  aceituna  i  huevo;  pero  que  no  tiene  comun- 
mente nada  de  eso,  sino  mucha  cebolla,  muchísimo  ají  i 
unas  cuantas  pizcas  de  carnaza.  El  conjunto  sin  embargo, 
(i  quien  esto  escribe  puede  dar  fé  porque  mas  de  una  ma- 
ñana de  invierno  ha  caido  en  la  tentación)  es  de  chuparse 
los  dedos  propiamente,  i  no  en  sentido  figurado. 

Las  caldudas  son  ademas  un  artículo  en  que  el  arte  cu- 
linario santiaguino  no  ha  podido  ser  hasta  ahora  ni  supe- 
rado ni  igualado.  La  capital  de  la  república  debe  sentirse 
orgullosa  de  ello,  como  lo  estarán  indudablemente  las  cal- 
dudas  de  haber  encontrado  en  Guajardo  un  poeta  digno  de 
catarlas  i  de  cantarlas.  Del  romance  que  lleva  por  título 
¡A  las  calduditas  mi  alma!  son  las  estrofas  que,  con  permiso 
de  los  lectores,  pasamos  a  copiar: 

«Madrugue  por  la  mañana 
Quien  quiera  salir  de  duda 
I  tómese  una  calduda 


CAL  81 

A  ver  si  quita  la  gana. 
Una  fábrica  arribana 
Las  trabajaba  con  peras; 
Mas  por  ciertas  vinagreras 
Paralizó  su  trabajo, 
I  a  esta  la  echaron  abajo 
h^iS  í'khv\Q,di.%  pequeneras .y* 

((Me  dicen  que  hai  un  mancebo 
En  el  barrio  de  la  Viña, 
Que  sus  pequenes  aliña 
Con  pasa,  aceituna  i  huevo: 
Otro  fabricante  nuevo 
Hai  por  la  línea  del  tren; 
Muchas  fábricas  se  ven 
En  la  misma  capital 
I  todas  en  jeneral 
Están  portándose  bien.» 

Visto  el  uso  promiscuo  que  se  hace  en  las  anteriores  de- 
mias, podemos  afirmar,  apoyándonos  en  la  irrecusable 
Lutoridad  de  su  autor,  que  calduda  i  pequen^  así  como  cal- 
ladero  i  pequenero  son  palabras  sinónimas. 

CALENTAR,   UZEAR. 

Usamos  estos  dos  verbos,  de  los  cuales  solo  el  primero 
is  castellano,  en   el   sentido   de  pegar,    golpear  con  las 
lanos. 
«Si  agregas  una  palabra,  mas  te  calieniu.y> 
También   en  lenguaje  familiar  suele  decirse  calentar  el 
lomo,  i  dar  para  cocos  con  intención  idéntica  a  la  envuel- 
ta en  la  castiza  frase  cascar  las  liendres. 

CALENTURA,  lENTO^  A. 

En  español  calentura  es  fiebre,  desarreglo  i  ajitacion 
del  pulso,  i  calenturiento  el  que  tiene  fiebre. 

En  Chile  designamos  con  el  nombre  de  calentura  la 
;ísis  pulmonar,  la  anemia,  i  otras  enfermedades  que  poco 


82  CAM 

a  poco  i  sin  grandes  dolores  van  aniquilando  al  paciente; 
i  a  éste  con  el  de  calenturiento. 

Por  lo  demás,  este  calenturiento  está  bien  formado  i  no 
le  faltada  algún  pasaje  de  buen  autor  en  que  apoyarse,  si 
quisiese. 

«Hai  en  este  negocio  un  engaño  mui  perjudicial,  i  es 
que  los  que  padecen  algunas  de  estas  enfermedades  cor- 
porales llamamos  i  damos  nombres  derivados  de  ellas, 
como  a  los  que  están  de  frenesí  i  modorra  llamamos  fre- 
néticos i  modorrados...  i  a  los  de  calentura  continua  te« 
rielados  i  calenturientos  y  si  se  sufre  el  vocablo.» 

(Balt.  Pérez  del  Castillo,  citado  por  Garces  en  su  Fund, 
del  Vig,  i  Eleg,  de  la  lengua  castellana.) 

Oído  de  calenturiento  y  mui  fino  i  ejercitado. 

CALZONES. 

«La  parte  del  vestido  del  hombre  que  le  cubre  desde 
la  cintura  hasta  la  rodilla»  se  llama  calzones  según  el 
Diccionario  de  le  Academia;  i  pantalones  los  calzones 
largos  que  llegan  hasta  los  pies. 

En  Chile,  donde  ya  hace  tiempo  que  los  hombres  no 
llevan  calzones,  las  mujeres  han  concluido  por  apropiár- 
selos i  es  de  uso  jeneral  entre  ellas» 

CAMASTRA,  EAR. 

Camastrón,  por  disimidado,  astuto  es  castellano;  no  así 
camastra,  con  que  denotamos  la  calma  i  aparente  impasi- 
bilidad con  que  alguien,  sobre  todo  en  el  juego,  espera 
el  momento  oportuno  para  acertar  sus  tiros  i  realizar  su 
propósito.  Del  que  obra  en  tal  sentido  se  dice  que  está 
camastreando',  i  entre  niños  que  juegan  a  la  troya  o  a  la 
hachita,  se  oye  repetir  como  una  sentencia  salomónica  el 
adajio:  La  camastra  es  buena  para  el  juego, 

CAMINAR. 

Es  curioso  el  uso  que  solemos  hacer  de  este  intransitivo 
dándole  por  complemento  directo,  no  el  camino  andado^ 


CAM  83 

lo  que,  aunque  raras  veces,  solieron  hacer  los  buenos  es- 
critores de  la  edad  de  oro  de  la  literatura  española,  sino... 
¿cómo  diremos?...  los  alimentos,  que  antes  de  ponernos  a 
andar  hayamos  echado  al  estómago. 

Así  nada  mas  común  que  topar  por  las  tardes  en  la 
Alameda  de  Santiago  con  amigos  que  andan  caminando 
la  comida j  i  por  la  mañana  cou  hermosas,  aunque  aprehen- 
sivas damas,  a  quienes  por  nada  en  el  mundo  conviene 
este  dialoguillo  que  encontramos  en  Los  chismosos  del 
chismosísimo  de  Jotabeche: 

—  «Pero  si  he  salido  a  camhiar  la  ¡eche.., 

—  No  me  venga  Ud.  a  mí  con  leche...  lo  sé  todo,.,  no 
hai  otra  cosa  en  el  pueblo.» 


CAMISÓN. 

Cuando  los  percales  i  cantones  empezaron  a  desterrar 
a  la  bayeta  de  Castilla,  se  llamó  camisones^  a  los  vestidos 
hechos  de  aquellas  telas,  polleras  a  los  de  ésta,J  basquinas 
a  las  de  seda  negra. 

Acostumbrado  nuestro  pueblo  a  no  usar  el  jénero  de 
algodón  mas  que  en  sus  camisas,  se  comprende  que  su 
primera  ocurrencia,  al  ver  hechos  vestidos  de  lo  mismo, 
fuese  llamarlos  camisones.  Hoi  que  la  cosa  se  va  perdien- 
do, se  va  perdiendo  también  el  nombre  de  ella,  escepto 
de  nuestra  memoria,  donde  aun  suena  el  grito  que  oíamos 
de  niños  a  los  dulceros  ambulantes  en  la  fiesta  de  Cor- 
pus: 

«Dulce  de  melcocha 
Para  las  niñas  donosas! 
Cartuchitos  de  colación 
Para  las  niñas  de  camisón!» 

CAMOTE. 

No  entrando  en  nuestro  plan  hacer  mención,  ni  de  los 
nombres  jeográficos,  ni  de  los  de  animales,  aves,  peces  i 
plantas  qjie  tienen. en  Chile  nombres  que  no  se  hallan 
en  los  diccionarios  de  la  lengua  i. que  por  lo   común  vie- 


84  CAN 

lien  del  araucano  o  del  quichua,  habríamos  pasado  por 
alto  el  esquisito  tubérculo  cuyo  nombre  hemos  puesto  a 
la  cabeza  de  este  párrafo.  Pero  es  el  caso  que  hai  en  Chi- 
le camotes  que,  sin  venir  de  Lima,  no  ceden  en  lo  dulce  a 
los  qiíe  se  cosechan  por  aquellos  mundos,  i  que,  a  omitir 
éstos,  habríamos  dejado  en  el  Diccionario  que  vamos  escri- 
biendo un  vacío  que  sin  duda  mas  de  una  habria  notado 
en  nuestro  daño. 

Sencillamente,  para  no  subirnos  a  mayores  i  limitarnos 
a  nuestro  humilde  papel  de  lexicógrafos,  diríamos,  que  en 
Chile  se  llama  camote  al  tiemple,  si  no  fuera  esplicar  un 
chilenismo  por  otro,  pues  tampoco  entiende  de  tiemples 
el  estirado  i  adusto  cuerpo  sabio  que  dicta  leyes  al  habla 
de  Cervantes.  Camote  es  amor,  pero  no  en  abstracto,  sino 
de  alguien  a  alguien,  en  concreto. 

«I  te  embroma,  i  te  entretiene,  i  te  irrita  i  te  quita 
la  paciencia,  sin  que  de  ningún  modo  puedas  avanzar  un 
paso,  ni  salir  del  statu  quo  en  que  te  encontrabas  al  prin- 
cipio del  camote.y) 

(JoTABECHE. — Carta  a  un  amigo  de  Santiago.) 

oHoi  me  encuentro  como  un  zote 

Con  el  majin  aturdido 

Porque  me  trae  mas  que  al  trote 

El  camote  mas  camote 

Que  hasta  aquí  se  ha  conocido.» 

(Estanislao  del  Campo.—  Monólogo  de  un  tronera.) 

Los  camotes  de  que  se  trata  en  los  ejemplos  anteriores 
son  camotes  simples.  Los  hai  también  furiosos,  i  lo  mejor 
que  sobre  ellos  podríamos  i  queremos  decir  a  los  lectores 
de  ambos  sexos  es,  que  Dios  los  libre. 

CANCHA. 


Es  voz  quichua  que  significa  ;3¿z¿eb  o  corral,  i  tnaiz  tos- 
tado. 

En  la  segunda  de  sus  acepciones  forma  un  peruanismo 
de  mui  frecuente  uso;  no  siéndolo  menos  el  del  chilenismo 
que  constituye  la  primera. 


CAN  85 

Cancha  es  entre  nosotros  el  lugar  parejo  que  se  destina 
a  ciertos  usos  con  cuyo  nombre  se  distingue.  Así  tene- 
mos cancha  de  caireras,  que  es  el  sitio  destinado  a  las 
carreras  de  caballos;  cancha  de  bolas,  el  que  sirve  para 
jugar  a  éstas;  cancha  de  pelota^  el  preparado  convenien- 
temente para  tirarla,  etc. 

El  equivalente  castizo  de  cancha  de  pelota  es  trinquete. 

((Con  ésta  (la  pelota  chica  o  trigonal)  se  juega  en  los 
trinquetes.» 

{Con  ABRVBik^.— Tesoro.) 

No  son  menos  valiosos  los  servicios  que  presta  a  la  len- 
gua la  palabra  de  que  escribimos,  en  su  sentido  figurado. 

Abrir  cancha  a  alguien  es  desembarazarle  de  obstáculos 
el  camino;  abrirse  calicha,  surjir  mediante  los  propios  es- 
fuerzos; estar  alguien  en  sus  calichas,  estar  en  el  lugar  de 
sus  correrías,  relaciones  i  triunfos  de  todo  jénero;  dar  una 
cancha  a  alguien,  ir  tras  él  persiguiéndolo  a  toda  carrera^ 
i  otros  por  el  estilo  que  probablemente    se   nos   escapan, 

((Ocúrresenos  también  recordar  aquí  que  en  esta  misma 
cancha  (de  carreras)  tuvo  lugar  la  sangrienta  batalla  de 
Petorca  el  14  de  octubre  de  1851.» 

(Vicuña  ^ikCKm^k.-^ Historia  de  Santiago.) 

Cancha  es  usado  también  en  la  República  Arjentina^» 
como  se  deja  ver  en  estos  versos  de  Ascásubi: 

((Cielito,  cielo,  eso  sí 
Estamos  en  nuestra  cancha 
I  hemos  de  desempeñarnos 
Mucho  mejor  que  en  Cagancha.» 

[Cielito  gaucho.) 

Cancha  en  el  Perú  significa  maiz  tostado: 

((¡Viva  la  chicha  que  ensancha 
Los  ánimos  apocados! 
I  viva  la  chomba  ancha! 
I   viva  también  la  cancha. 
Que  es  pan  comido  a  puñados!» 

(Juan  de  Arona. — Poesías  perdonas.) 


86  CAN 


CANCO. 


Del  araucano  can,  el  cántaro,  o  acaso  de  conqnecan^ 
que  significa  el  asiento  del  mismo. 

Si  esto  último  fuese  verdad,  seria  necesario  explicarse 
la  aplicación  que  hemos  hecho  del  vocablo  indijena  por 
medio  de  esa  singular  figura  que  los  retóricos  llaman  antí- 
frasis, i  que  consiste  en  designar  un  objeto  por  la  cualidad 
de  que  carece. 

Un  canco  no  es,  en  efecto,  mas  que  un  botijón  en  forma 
de  cono,  obligado  a  yacer  tendido  cuan  largo  sea  en  tierra, 
mientras  no  encuentre  algún  rinconcito  en  que  apoyarse. 

Los  cancos  van  siendo  de  dia  en  día  mas  raros,  por  las 
razones  mui  poderosas,  de  que  sirven  para  poco,  de  que 
nadie  los  trabaja  i  de  que  no  por  esas  se  ven  libres  de 
muchachos  o  perros  que,  dándoles  la  guata  contra  el  suelo,, 
pongan  fin  a  su  quebradiza  existencia;  pero  un  tiempo  fué 
en  que  mas  favorables  vientos  les  soplaron  «el  tiempa 
clásico»,  dice  en  alguna  parte  de  su  Historia  de  Santiago 
el  señor  Vicuña  Mackenna,  «en  que  las  esteras  de  estrado 
i  las  petacas,  los  cancos  i  las  carretas,  los  lebrillos  de  Po- 
maire  i  las  ollas  de  Talagante,  los  pellones  de  la  Ligu^a  i 
las  alfombras  de  Chillan  estuvieron  en  toda  su  broga.» 


CANDELEJÓN. 

Una  que  otra  vez  nos  parece  haber  oido  aplicar  este  te- 
rrible epíteto  a  ciertos  bausanes  que  viven  de  visita  en  vi- 
sita i  de  sarao  en  sarao,  sin  otro  fin  que  el  de  fregar>  la 
paciencia  a  la  mas  hermosa  mitad  del  j enero  humano. 

En  les  estrados  de  Lima,  candelejón.,  según  nos  cuentan, 
es  tan  corriente  como  en  los  de  Satiago,  el  insoportable 
chinchoso. 

El  erudito  colombiano  don  Rufino  José  Cuervo,  que  trae 
a  candelejón  en  sus  Apuntaciones  críticaSy.  insinuando  que 
bien  pudiera  derivarse  de  candido,  le  da  a  tonto  i  simploii^ 
por  equivalentes. 


CAN  8? 


CANDELILLAS. 


Llaman  asi  en  Chile  los  fuegos  jatmSy  las  heknas,  san- 
tebnosy  luciérnagas  i  otras  cosas  que  se  les  parezcan. 

((Cuentan  que  entre  las  verdinegras  ramas  de  este  lú- 
cumo vense  candelillas  en  las  hermosas  noches  de  verano» 
(Z.  Rodríguez.— Zoco  Eustaquio.) 

CANGALLAR,  ERO» 

Cangallar  es  un  término  con  que  los  mineros  chilenos 
expresan  la  acción  que  se  condena  por  el  séptimo  precep- 
to del  Decálogo.  Cangallero  es  el  que  tiene  por  oficio  in- 
frinjirlo  a  costa  de  los  dueños  de  minas. 

ikLa  Colorada^  célebre  por  su  feraz  producción  en  mar- 
cos para  sus  dueños,  en  robos  para  los  cangalleros  i  en 
pleitos  para  medio  mundo,  tuvo  por  descubridor  a  Manuel 
Peralta,  que  ya  no  existe.» 

(JoTABECHE. — Los  Descubridorcs  de  Chañarcillo,) 

El  mismo  Jotabeche,  haciendo  mas  comprensivo  el  sen- 
tido diQ  ^cangallar y  lo  aplicó  donosamente  a  los  defrauda- 
dores de  las  rentas  públicas,  en  el  siguiente  párrafo: 

«Hablando  francamente,  no  solo  los  hai  (cangalleros) 
para  las  minas  ricas:  el  fisco  los  tiene  i  mui  honrados: 
todos  se  hacen  un  honor  de  cangallarle  sus  rentas,  i  él  se 
hace  un  deber  de  cangallar  las  de  todo  el  mundo.» 

[Los  Cangalleros.) 

CANE2Ú. 


Por  ser  curiosa,  damos^  tomándola  de  Los  Miserables  de 
Víctor  Hugo,  el  oríjen  de  esta  palabra: 

«Et  cette  espéce  de  spencer  en  mousseline,  inventior; 
marseillaise,  dont  le  nom  canezou,  corruption  dumot  quin^ 
ze  aoút  prononcé  á  la  Cannebiére,  signifie  beau  temps, 
chaleur  et  midi.» 


88  CAN 


CANOA. 

fLÜanoa  es  vocablo  lucayo  i  de  uso  corriente  en  la  Pe- 
nínsula: esquife. y) 

(MoNLAU .  — Diccionario  etimolójico .) 

<iCánoa  es  una  barca  en  que  navegan,  i  son  de  ellas  gran- 
des! de  ellas  pequeñas.» 

— [Diario  de  Colon  por  Las  Casas,  citado  en  La  Ver- 
dadera Guanahaiii  de    Colon  por  Varnhagen.) 

Por  el  cajón  cuadrilongo,  abierto  en  las  extremidades 
que  se  coloca  sobre  alguna  zanja^  acequia,  etc.,  a  manera 
de  puente  para  conducir  el  agua,  dígase  canal. 

CAÑADA,  ADILLA. 


¿Cómo  es  que  esta  palabra  que  significa  hondonada,  ha 
venido  a  ser  el  nombre  de  uno  de  los  mas  hermosos  paseos 
de  Santiago? 

El  fenómeno,  tan  difícil  de  explicar  en  apariencia,  ten- 
dría, según  los  viejos,  una  explicación  sencillísima.  Ha- 
biendo sido  orijinari amenté  nuestra  Alameda  de  las  Deli- 
cias lecho  del  rio  Mapocho,  formaba  el  terreno  en  que  se 
vé  ahora  una  verdadera  hondonada,  o  cañada.  Terraple- 
nada ésta,  perdió  a  un  tiempo  el  nivel  i  aspecto  que  tenia, 
conservando  sinembargo  el  nombre,  pregonero  importuno 
de  sus  humildes  comienzos. 

Idéntico  es  el  oríjen  de  cañadilla,  pequeña  hondonada. 

CANON. 


Quiere  el  señor  Gormaz  que  se  diga  cañería  i  no  canon, 
i  agrega.  aNada  mas  común  que  decir:  el  cañón,  los  ca^ 
ñones  del  tejado,  por  la  cañería,  etc.» 

jGuarda  Pablo!  Acordes  estamos  en  que  canon  no  es 
lo  mismo  que  cañería;  pero  no  diremos  nosotros  cañería 
por  la  canal  larga  que  se  pone  debajo  de  las  canales  del 
tejado,  i  que  en  buen  español  se  llama  canalón. 


CAP  89 

iiCañer'ia^^t  dice  el  Diccionario  de  la  Academia,  «es  el 
conducto  formado  de  caños  por  donde  se  llevan  las  aguas 
a  las  fuentes  o  a  otras  partes;»  i,  i<.caño,  instrumento  hue- 
co, redondo  i  de  distintos  tamaños,  hecho  de  metal,  vidrio 
o  barro  a  modo  de  caña.» 

A  las  series  o  filas  de  piezas  de  las  casas,  llamamos 
cañones  de  piezas.  Nos  parece  que  lo  propio  seria  crujía 
de  piezas. 

«La  crujía  o  fila  de  camas  que  se  pone  en  los  hospi- 
tales.» 

(Academia. — Diccionario .) 


CAPA   DE   CORO. 

Copiamos  al  señor  Cuervo.* 

nCapa  de  coro  es  la  que  usan  las  dignidades^  canóni- 
gos i  demás  prebendados  de  las  iglesias  catedrales  i  cole- 
jiales,  para  asistir  en  el  coro  a  los  oficios  divinos  i  para 
otros  actos  capitulares;  es  de  la  misma  hechura  de  la  capa 
magna  de  los  obispos  i  arzobispos,  aunque  mas  corta  la 
cola.  No  debe  darse  ese  nombre  a  la  capa  pluvial  o  al 
pluvial,  que  es  la  que  se  pone  el  que  hace  de  preste  en 
vísperas,  procesiones  i  otros  actos  del  culto  divino.» 

CAPINGO. 

Capa  corta  i  de  poco  ruedo.  No  viene  en  los  Dicciona- 
rios de  la  lengua. 

Cuando  no  se  conocían  en  Chile  otros  paños  que  los  de 
San  Fernando,  que  se  vendían  a  20  i  25  pesos  la  vara, 
las  capas  eran  prendas  que  no  estaban  al  alcance  de  mo- 
zalvetes  i  artesanillos  de  nada  como  ahora ^  i  que  se  here- 
daban de  padres  a  hijos  por  línea  de  varón  hasta  la  terce- 
ra i  cuarta  jeneracion.  Entonces  los  capingos  de  barragan 
i  aun  de  bayeta  estuvieron  en  boga  i  mas  de  uno  tuvo 
la  fortuna  de  colgar  de  los  hombros  de  altos  dignata- 
rios civiles,  eclesiásticos  i  militares,  como  se  evidencia, 
en  el  siguiente  ejemplo  que  tomamos  de  la  ya  tan  benefi- 
ciada Historia  de  Santiago  por  el  señor  Vicuña  Mackenna: 


90  CAP 

«Echóse  el  preboste  don  José  Alderete  su  capingo  a  los 
hombros,  calóse  el  sombrero  de  tres  picos,  de  su  oficio  i 
con  la  vara  en  la  mano  corrió  a  aprehender  al  hechor.» 


CAPOTE. 

Es  castellano  significando  la  capa  un  poco  mas  corta 
que  la  común,  déla  cual  se  diferencia  principalmente  en 
tener  mangas:  también  lo  es  cuando,  precedido  del  verbo 
dar  y  designamos  al  que  ha  logrado  hacer  todas  las  bazas 
en  el  juego  de  naipes;  i  por  último  cuando  en  estilo  fami- 
liar i  anteponiéndole  siempre  el  mtsmo  auxiliar,  damos  a 
entender  que  alguno  de  los  que  debian  asistir  a  una  co- 
mida, se  queda  sin  comer  por  llegar  demasiado  tarde. 

Dar  capotBy  tiene  ademas  en  Chile  i  en  lenguaje  estu- 
diantil el  significado  de  dar  a  algún  colega,  maestro  o 
inspector,  una  zurra  o  tunda  de  pedradas,  pelotillazos,  etc. 

«jAh!  dijo  riendo  el  cura:  ya  se  lo  que  eso  significa. 
Ud.,  queria  darle  un  copóte  a  don  Hilarión;  pero  la  cosa 
no  dejaba  de  ser  difícil.») 

[Huérfano.) 

CAPOTILLO. 

Llamamos  así,  a  la  chilena,  al  cascabillo  o  cascarrilla  en 
que  se  contiene  el  grano  de  trigo,  cebada  etc. 

CAPUCHINO,  A. 

Peculiar  a  Chile  es  el  uso  de  este  adjetivo  pospuesto  al 
nombre  de  ciertas  frutas,  para  dar  a  entender  que  son  pe- 
queñas, o  como  decimos  también,  de  miniatura. 

El  señor  Vicuña  Mackenna,  que  tan  aficionado  se  mues- 
tra en  sus  libros  a  revolver  el  escaparate  en  que  se  guar- 
dan las  antiguallas  de  nuestra  sociedad  recien  salida  de 
la  crisálida,  dice  que  el  llamar  capuchinas  a  las  naranjitas 
que  conocemos  con  este  nombre,  proviene  de  haberse  visto 
los  primeros  árboles  que  las  dan  en  el  claustro  del  monas- 
terio de  las  santas  mujeres  que,  en    Santiago   i  bajo    ese 


CAR  91 

nombre,  viven  observando  en  todo  su  primitivo  rigor  la 
regla  del  Serafín  de  Asís. 

Mas  tarde,  por  extensión,  se  habria  aplicado  el  califica- 
tivo a  todas  las  frutas  que  por  su  pequenez  mas  son  para 
vistas  que  para  comidas,  como  manzanas  capuchinas. 

Puede  que  el  señor  Vicuña  tenga  razón;  como  puede 
suceder  también  que  se  engañe  i  que  nuestro  capuchino, 
provenga  de  un  arbusto  que,  según  elDiccionario  de  la  Aca- 
demia, tiene  ese  mismo  nombre,  «que  se  cultiva  por  ador- 
no en  los  jardines  i  se  suele  usar  en  ensalada.» 

El  lector  preferirá  la  etimolojia  que  sea  mas  de  su  gusto, 
porque  in  dubiiSy  libertas, 

CARA.CHA. 

Del  quichua  caracha,  sarna  o  roña  del  ganado. 

Conservando  nosotros  la  palabra  en  su  forma  orijinal,  la 
hemos  ennoblecido  sin  embargo,  puesto  que  designamos  ex- 
clusivamente con  ella  la  roña  que  aparece  en  la  cabeza 
de  los  niños,  las  mas  de  las  veces  en  castigo  de  su  pereza 
i  desaseo^ 

Carachento  es  el  que  de  ordinario  anda  con  carachas  en 
la  cabeza. 

Raras  veces  el  sustantivo  se  usa  ensingular. 

¡CAR ai!    . 

Interjección  equivalente  a  ¡caramba!  Se  usa  en  casi 
toda  la  América  española. 


CARÁTULA. 

*Mas  agudeza  que  tontería  arguye  el  llamar  carátula  a 
la  portaday  frontis  o  frontispicio  de  los  libros:  cárátida  es 
lo  mismo  que  careta  o  mascarilla,  i  ¿en  cuántos  libros  no 
es  la  portada  una  máscara  con  que  se  engaña  al  público 
prometiéndole  cosas  que  jamas  se  cumplen  en  el  cuerpo 
de  la  obra?  En  todo  el  mundo  es  moda  hoi  dia  enmasca- 
rarse con  hinchados  títulos,  libracos  por  que  no  se  puedea 


92  CAR 

(lar  dos  higas.  Algunos  entienden  también  por  carátula  el 
forro  o  carpeta.» 

«ISi  ja  con  la  frecuencia  que  solia 
De  alma  virtud  al  rostro  se  acomoda' 
Carátula  falaz,  la  hipocresía.» 

(  Bretón  .  — Desvergüenza. ) 

uCarátula  se  toma  también  por  el  ejercicio  de  los  far- 
santes; i  en  este  sentido  decia  D.   Quijote  que  desde  mu- 
chacho habia  sido  aficionado  a  la  carátula.^) 
(Cuervo. — Apuntaciones  críticas  sobre  el  lenguaje  bogotano.) 

CARAVANAS,  0  CARAVANAS. 

Llaman  en  Chile  los  pendientes  o  arracadas. 

CARDENILLO. 


Como  sustantivo  es  el  carbonato  o  acetato  de  cobre. 

Como  adjetivo  no  aparece  en  los  Diccionarios  de  la 
lengua. 

Pudiera  creerse  que  nuestro  adjetivo  no  es  mas  que  la 
adjetivación  de  cardenillo,  tomado  en  la  acepción,  que  tie- 
ne también,  de  pintura  verde\  pero  es  el  caso  que  el  car- 
denillo chileno  no  es  verde  ni  cosa  parecida,  sino  azul  claro 
o,  para  darnos  a  entender  mejor,  azul  hermoso. 

«Tengo  una  pena  amarilla 
I  un  sentimiento  morado, 
Una  rabia  cardenilla 
I  un  camote  amoratado.» 

(Copla  popular.) 


CARGAR. 

Se  usa  incorrectamente  de  este  verbo  cuando  se  emplea 
por  traer,  como  cargar  anteojos,  reloj,  yesquero,  etc. 


CAR  93 

«Andaban  les  hombres  jeneralmente  desnudos,  las  mu- 
jeres traían  unas  mantillas  de  algodón  desde  la  cintura 
hasta  la  rodilla.» 

(Quintana. —  Vida  de  Balboa.) 

Cargara  álguieri,  en  el  estilo  de  nuestras  antiguas  aulas, 
era  tomarlo  a  cuestas  para  que  pudiera  ser  mas  cómoda- 
mente zurrado. 

«De  cuando  en  cuando  mandaba  a  otros  al  rincón  el 
Padre,  que  solo  duraron  en  él  hasta  que,  terminados  los 
desafios,  fuélos  llamando  de  uno  en  uno  por  el  mismo 
orden  en  que  los  habia  apartado.  Salió  el  primer  juez  i  al 
salir  ¡cárgalo!  le  dijo  el  maestro,  a  un  moceton  de  com- 
plexión tan  recia  i  tan  perito  en  su  oficio  que  sin  ayuda 
de  nadie  i  en  un  santiamén  tenia  ya  al  malaventurado  del 
juez  al  apa.  Un  otro,  poniéndolo  en  posición  conveniente,, 
con  el  cable  alquitranado,  comenzó  la  zurra.» 

(Z,  Rodríguez. — Loco  Eustaquio,) 


CARI. 


Del  araucano  caru  o  cari,  verde. 

Al  adoptar  nosotros  esta  palabra  indíjena  alteramos  su 
significado,  pues  llamamos  cari  a  la  oveja  de  lana  parda, 
o  albarazada,  i  alas  mantas  i  ponchos  que  de  ella  se  tejen. 


CARINO, 


Usada  esta  voz  como  suele   en  el  campo  por  presente, 
regalo,  es  chilenismo. 


«El  perder  nada  seria 
Ni  tiene  nada  de  malo: 
Este  cariño  o  regalo 
Ofrece  la  compañía. 


(GuA JARDO. — La  Empresa  de  coches  amerieanoi..) 


94  CAR 


CARNEAR. 


El  señor  Salva  pone  este  verbo  entre  los  provincialismo» 
de  la  América  Meridional,  indicando  mui  acertadamente 
que  significa  matar  i  descuartar  las  reses. 

Ademas  del  sentido  indicado,  tiene  el  metafórico  deen- 
eañar  a  alguien,  perjudicándolo  en  asuntos  de  dinero,  ya 
por  medio  de  contratos  leoninos,  ya  de  trampas  en  el 
juego,  etc. 


CAROSO. 


También  se  halla  esta  voz  entre  los  provincialismos  ame- 
ricanos recojidos  por  el  señor  Salva. 

Nosotros  nunca  la  hemos  oido  sonar  en  Chile^  si  bien 
creemos  recordar  habernos  asegurado  un  amigo  boliviano 
que  en  su  tierra  es  ese  el  nombre  con  que  son  conocidos 
los  que  en  la  nuestra  llamamos  huesillos: 

Otra  cosa  debe  decirse  en  justicia  de  descorozado,  que 
sin  duda  alguna  viene  de  caroso^  mediante  un  trastroca- 
miento de  letras. 

Parece  que  nuestros  descorozadoSy  o  descarosádoSj  o  des- 
cocados se  llaman  en  tierra  de  España  orejones,  nombre 
que  aquí  reservamos  para  los  cascos  de  pera  o  membrillo 
secados  al  sol. 


CARPA. 


Del  quichua  carpa,  toldo,  ramada. 

Llamamos  así  a  la  tienda  que  se  improvisa  clavando  en 
el  suelo  estacas  sobre  las  cuales  se  tiende  cuero,  lona,  u 
otra  tela. 

Si  se  cubre  con  ramas  se  llama  ramada,  i  sirve  jene- 
ralmente  para  otros  usos. 


CAR  95 


CARTUCHO, cucurucho: 


Dejamos,  sobre  el  uso  que  hacemos  de  esta  voz  compara- 
do con  el  de  cucurucho^  la  palabra  al  señor  Cuervo: 

«Entre  cartucho  i  cucurucho,  dice,  media  la  misma  dis- 
tancia que  entre  la  paz  i  la  guerra^,  entre  la  vida  i  la  muer- 
te: el  primero  está  repleto  de  pólvora  i  lleva  su  dotación 
de  bala  i  talvez  de  postas;  el  segundo  entraña  dulces  o 
especias  o  dinero:  ¡qué  diferencia!  i  cometemos  los  bogo- 
tanos (i  los  chilenos  también)  la  nefanda  profanación 
de  ofrecer  a  las  damas  cartuchos  i  reservarnos  los  cucuru- 
chos para  los  nazarenos!  proh  pudorhy 

«En  señal  de  tú  boda  le  llevaré  un  cucurucho  de  dulces 
de  calabaza.» 

(Hartzenbusch. — La  Coja  i  el  encojido.) 

«¡Ai,  de  cuantos  poemas,  cucuruchos 
Hará  el  tendero,  i  cuanto  i  cuanto  chirlo 
Preparan  el  ratón  i  la  polilla 
A  mas  de  una  rimada  maravilla!» 

(Bretón. — Desvergüenza.) 

« ¿Puedo  saber 

Qué  encierra  ese  cucurucho'^ 
— Son  bombones,  capuchinas, 
Almendras  garapiñadas, 
Yemas  acarameladas 
I  pastillas  superfinas.» 
(Id. — Marcela.) 

ecEl  cucurucho  es  de  forma  cónica  i  el  cartucho  de  for- 
ma cilindrica;  así  no  seria  impropio  un  cartucho  de 
duros.it 

Ahora,  i  puesto  que  ya  se  ha  tratado  de  cucuruchos, 
anticiparemos,  para  no  vernos  en  la  necesidad  de  hablar 
mas  de  ellos,  que  nunca  hemos  conocido  en  Chile  otros 
que  los  que  salen  a  recorrer  las  calles  en  la  Cuaresma,  con 
sable  o  garrote  en  una  mano  i    cepillo  en  la  otra,  pidien- 


96  CAR 

do  limosna  para  el  Sanio  entierro  de  Cristo  i  soledad  de  »,a 
Virjen.  El  Diccionario  de  la  Academia  llama  a  los  tales, 
nazarenos,  aunque  ignoramos  si  los  de  España  acostumbran 
arrearse  como  los  de  por  acá.  Si  así  fuera  seria  fuerza  re- 
conocer que  raójor  inspirados  estuvieron  los  que  en  Chile 
los  bautizaron  de  cucuruchos  en  atención  al  alto  i  puntia- 
gudo gorro  c[ue  llevan  en  la  cabeza,  que  los  que  en  Espa- 
ña les  dieron  sin  motivo  aparente  el  nombre  de  na- 
zarenos. 

Copiamos  ahora  dos  párrafos,  histórico  el  uno,  descrip- 
tivo el  otro,  sobre  los  cucuruchos  i  la  procesión  de  que 
son  siempre,  al  menos  para  los  muchachos,  la  novedad  i 
el  ornamento: 

((Conocíase  la  procesión  con  el  nombre  de  la  Soledad 
porque  la  Cofradía  que  la  celebraba  tenia  una  capilla  bajo 
esta  denominación  junto  a  aquella  iglesia  (la  de  San 
Francisco)  la  que  según  creemos  debió  su  oríjen  a  la  pie- 
dad i  al  dolor  de  la  viuda  de  Pedro  Valdivia,  i  es  la  misma 
que  hace  algo  mas  de  20  años  restableció  con  sus  cucu- 
ruchos i  su  sepulcro  el  devoto  auditor  don  Pedro  Palazue- 
los  Astaburuaga.» 

(Vicuña.  Mackenna. — Historia  de  Santiago.) 

«Siguióse  la  Semana  Santa....  Los  cucuruchos  enmas* 
carados  i  vestidos  de  negro,  apoyándose,  a  guisa  de  basto- 
nes, en  sables  mohosos  o  gruesos  colihues  recorrían  las  ca- 
lles gritando  en  voz  lúgubre  i  monótona  letanía:  «Para  el 
santo  entierro  de  Cristo  i  soledad  de  la  Vírjen!» 

«Yo  nunca  he  sabido  lo  que  los  cucuruchos  significan. 
Cuando  en  mis  dias  de  recojimiento  i  fervor  relijioso  los 
he  visto,  me  han  parecido  un  símbolo  triste  a  la  par  que 
aterrante  de  la  mas  grandiosa  i  espantable  catástrofe  que 
ha  presenciado  el  mundo.  Cuando,  por  el  contrario,  los  he 
observado  en  mis  dias  de  disipación,  me  han  parecido 
una  ridicula  personificación  del  cuco  con  que  se  da 
susto  a  los  muchachos.  En  éstos  se  pueden  ver  por  otra 
parte  de  manifiesto  los  dos  aspectos  que  presentan  a 
la  imajinaciun.  Cuando  al  volver  de  una  esquina  una 
parvada  de  niños  se  encuentra  de  manus  a  boca  con  al- 
guno de  ellos,  los  mas  grandecitos  lo  siguen,  rodean  i 
acosan  gritándole  sin  tregua:  ^Cucurucho  cabeza  de  cam- 
ilucho!» hasta  que  lo  ponen  en  el  caso  de  amenazarlos  con 


CARR  07 

su  sable  o  garrote;  al  paso  que  los  meiiorcitos    se   ocultan 
tras  sus  madres  o,  pidiéndoles  amparo,  se  cuelgan  de  sus 


laidas.» 


(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio. 


CARRASCAL. 

íín  español,  sitio  poblado  de  carrascas. 

Entre  nosotros,  lugar  pech^egoso  i  estéril  donde  a  lo 
mas  crecen  algunas  malezas;  i  sin  duda  ninguna  la  calle 
que  en  Santiago  se  llama  del  Carrascal^  fué  llamada  así 
por  estar  en  su  oríjen  cubierta  de  piedras,  malezas  i  ba- 
suras. 

Si  hemos  de  creer  lo  que  asegura  el  señor  Salva  en 
su  Diccionario,  la  acepción  que  damos  en  Chile  a  carras- 
cal es  orijinaria  de  la  isla  de  Cuba. 

CARRIL,   ILANO^    A. 

Así  como  no  faltan  en  Chile  personas  (i  no  son  pocas) 
que  han  hecho  solemne  voto  de  no  subir  al  tren  en  todos 
los  dias  de  su  vida,  así  las  hai  también  para  quienes  todas 
las  cosas  referentes  a  las  vias  férreas,  no  tienen  mas 
nombres  que  el  de  carril  i  el  de  ti^e?!.  Los  tales  dicen  tan 
satisfechos  que  viven  cerca  del  tren,  como  que  corren 
actualmente  20  trenes  diarios  entre  Santiago  i  Valparaíso; 
i  conservamos  todavía  en  la  memoria  los  dos  últimos 
versos  de  una  tonada  que  oimos  cantar  en  Tiltil  el  año 
en  que  se  principiaron  los  trabajos  del  ferrocarril  del  Sur, 
í  que  decían: 

(cCorrió  el  carril  hasta  Talca 
'  Por  don  Matidas  Causiño.^^ 

Carrilanos  se  llamaron  primeramente  los  peones  que 
trabajaban  en  levantar  los  terraplenes,  abrir  los  cortes  i 
horadar  los  socavones  de  la  línea  férrea;  peones  que  si 
en  tales  trabajos  ganaron  fama  de  ser  los  mas  esforzados 
aguantadores  del  mundo  (i  cuenta  que  no  hai  en  ello  la 
mas  leve   exajeracion)   no  la  adquirieron  tan    buena    de 


98  CAS 

observantes  de  la  moral  evanjélica  i  respetuosos  de  las 
vidas  i  propiedades  ajenas.  De  ahí  es  que  carrilano  haya 
venido  a  ser  sinónimo  de  roto  desalmado,  con  sus  puntos 
de  ladrón  i  sus  ribetes  de  forajido. 

«Por  lo  que  toca  a  los  jornaleros  empleados  en  los  fe- 
rrocarriles chilenos,  con  tres  años  mas  de  angustia,  la 
agricultura  podrá  disponer  de  algunos  de  esos  brazos; 
decimos  de  algunos  porque  esos  peones  acostumbrados  a 
recibir  mayor  jornal  que  en  las  faenas  agrícolas,  habitua- 
dos a  la  vida  libre  i  aventurera  del  carrilano,  difícilmente 
se  resignarán  a  volver  a  un  fundo  de  campo  a  la  vida 
monótona  i  laboriosa  del  agricultor.» 

[Libertad  Católica  de  Concepción.) 


CASAS. 


Si  preguntamos  al  Diccionario  qué  cosa  es  casas,  nos 
contestará  que  es  el  plural  de  casa,  i  así  es  en  España; 
mas  desgraciadamente,  i  aunque  ello  pese  al  que  dijo  que 
la  verdad  no  reconoce  meridianos,  en  materia  de  lengua- 
je lo  que  es  verdad  en  España  suele  ser  error  en  América. 
I  ahí  están  en  prueba  las  casas  de  todas  nuestras  hacien- 
das que  no  nos  dejarán  mentir.  En  las  ciudades,  villas  i 
aldeas  nadie  dice  que  arrienda,  que  compra,  que  vende 
o  que  repara  sus  casas,  sino  cuándo  arrienda,  compra, 
vende  o  repara  mas  de  una;  al  paso  que  en  las  ha- 
ciendas no  hai  peón  ni  inquilino  que,  al  hablar  de  la  mo- 
rada del  rico,  cometa  la  irreverencia  de  negar  a  casa  el 
plural  que  le  es  debido.  Se  diria  que  así  como  los  gramá- 
ticos cortesanos  inventaron  un  plural  ficticio  para  hablar 
de  la  persona  de  los  emperadores,  reyes,  papas,  arzo- 
bispos, etc.;  así  los  campesinos  chilenos  han  querido  hon- 
rar a  los  hacendados  (que  son  en  verdad  emperadores  i 
reyes  chiquitos  de  sus  haciendas)  dando  en  su  gramática 
parda  un  plural  ficticio  a  la  suntuosa  morada  en  que  ha- 
bitan... uno  o  dos  meses  en  el  año. 

Sinembargo  de  lo  dicho,  i  a  pesar  de  las  apariencias 
que  en  ello  nos  confirman,  no  estamos  absolutamente  se- 
guros de  que  la  honra  que  puede  caber  a  los  inventores 
de  este  plural  ficticio  tan  enfático  i  expresivo  correspon- 


CAS  99 

da  a  los  guasos  chilenos;  i  nuestra  duda  nace  de  existir 
un  acuerdo  del  Cabildo  de  Santiago  que  principia  por 
estas  palabras  textuales: 

«En  la  ciudad  de  Santiago  del  nuevo  Extremo,  lunes 
cinco  dias  del  mes  de  enero  de  1545  años_,  en  las  casas 
del  mui  magnífico  Pedro  de  Valdivia»   etc. 

También  dice  Sancho  en  el  Quijote:  «¿Sabreisme  decir, 
buen  amigo,  que  buena  ventura  os  dé  Dios,  dónde  son 
por  aquí  ¿os  palacios  de  la  sin  par  princesa  Doña  Dulci- 
nea del  Toboso?» 

«Nos  volvimos  a  las  casas  conversando  sobre  asuntos 
frivolos.)) 

(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio.) 

Ahora  prestemos  atención  al  señor  Cuervo  que  va  a 
hacernos,  sobre  el  vocablo  motivo  de  este  párrafo,  obser- 
vaciones de  otro  jénero: 

«Las  partes  en  que  se  divide  el  rosario»  dice^  «constantes 
de  diez  avemarias  i  un  paternóster,  se  llaman  dieces  i  no 
casas;  ese  mismo  nombre,  ademas  del  de  padre  nuestro  o 
pater  nóster^  llevan  las  cuentas  mas  gruesas  o  señaladas 
que  en  el  rosario  dividen  las  decenas,  conocidas  entre 
nosotros  con  varias  denominaciones,  como  pasadores,  por 
ejemplo.» 

«Apoyábase  el  buen  ermitaño  en  un  báculo  i  en  la  otra 
mano  llevaba  un  gran  rosario  de  cuentas  gordas  i  de  vein- 
te dieces  por  lo  menos.» 

(P.  Isla.-- Gil  Blas.) 

«Sirviéronle  de  rosario  unas  agallas  grandes  de  un  al- 
cornoque, que  ensartó,  de  que  hizo  uti  diez.» 

{Ceryántes.^  Quijote.) 

((No  traia  arma  ninguna  sino  un  rosario,  de  cuentas  en 
la  mano  mayores  que  medianas  nueces,  i  hs  dieces  así 
mismo  como  huevos  medianos  de  avestruz.» 

(Id.— /í/.) 

CASERO,      ERA,      ERIA. 

iiCasero:  Provincialismo   cubano,»   dice  Salva,  i  define: 
«El  que  vende  o  compra  ciertos  artículos  usuales,  parti- 


100  CAT 

cularmente  los  comestibles,  a  una  misma  persona;  i  así 
se  dice:  el  casero  de  la  leche  está  en  la  puerta:  aquí  está 
el  pan,   casera.y* 

Ocioso  es  advertir  a  los  chilenos  que  éste  que  llama 
provincialismo  cubano  el  señor  Salva,  está  en  Chile  tan 
perfectamente  acaserado  que  parece  criado  i  nacido  en 
casa.  I  por  si  alguien  lo  dudase,  allá  va  un  ejemplo: 

«Don  Juan  Godoi  resultó  hallarse  mui  emparentado, 
mui  relacionado  con  innumerables  individuos  que  antes 
no  conocía  sino  como  caseros  que  le  compraban  su  leña.» 

(JoTABECHE.  —  Los  Dcscíibridores  del  mineral  de  Cha^ 
ñarcillo.) 

Casería  es  el  conjunto  de  parroquianos  que  acostum- 
bran acudir  a  comprar  a  la  tienda  de)  mercader  sedenta- 
rio, o  en  cuyas  casas  acostumbra  vender  el  mercader  am- 
bulante: • 

((Tiene  tanta  casería 
Que  no  alcanza  a  dar  abasto, 
Pero,  en  salvando  su  gasto, 
A  muchos  les  dá  i  les  fia.» 

(GuÁ JARDO. — El  Vendedor,) 

CASTILLA   (carne   DeI. 


Seguramente,  por  haber  venido  de  Castilla  las  primeras 
ovejas  que  vinieron  a  Chile,  se  llamó  i  se  llama  todavía 
ca7'7u  de  CnRliUa  a  la  do  oveja,  carnero  o  cordero. 


CATA,    CHOROl. 

El  señor  Salva  se  equivoca  al  creer  que  Cata  es  en 
América  nombre  con  que  familiar  i  cariñosamente  se  lla- 
ma a  las  mujeres  que  recibieron  el  de  María  en  el  bau- 
tismo. El  diminutivo  afectuoso  de  María  es  Marica:  así 
como  Cala  i  Cauta,  lo  son  de  Catalina. 

Cata  es  también  el  nombre  con  que  designamos  en 
Chile  a  los  loritos  o  cotorras:  viene  del  araucano  cata, 
agujero  i  alude  a  la  circunstancia    de    hacer  estas  aveci- 


CAT  101 

tas  sus  nidos  en  agujeros  que  abren  en  los  barrancos  de 
la  cordillera  o  despeñaderos  de  la  costa. 

Oportuno  es  observar,  no  obstante,  que  el  nombre  indí- 
jena  de  las  cotorras  de  estas  tierras  ha  ido  cediendo  su 
Jugar  al  indíjena  también  i  onomatópico  de  choroi,  que 
es  el  que  casi  exclusivamente  aplicamos  a  los  loros  bru- 
tos, (en  Chile  tenemos  la  gracia  de  calificar  de  bruto  todo 
lo  que  no  es  extranjero)  reservando  el  de  catitas  i  catu* 
rritas  para  las  que  nos  vienen  de  Mendoza  o  de  Guaya- 
quil. 

«Cuando  visitaba  estos  pintorescos  lugares  (alrededores 
de  Quintero)  en  uno  de  los  últimos  dias  del  pasado  enero, 
llamóme  la  atención  la  infinidad  de  pequeñas  cuevas  que 
existen  labradas  en  la  reblandecida  roca  de  la  Ventana. 
El  pescador  que  me  servia  de  guia,  satisfizo  mi  curiosidad 
diciéndome  que  aquella  innumerable  multitud  de  agujeros 
eran  nidos  de  choroyes. 

(Vicuña  Mackenna.— £a  Comarca  de  Quintero.) 

CATANA. 


Nombre  despreciativo  que  dan  los  rotos  al  sable  con  que 
andan  armados  los  policiales  (no  hai  en  español  una  pa- 
labra para  designarlos,  probablemente  porque  en  los  bue- 
nos tiempos  de  la  lengua  no  existieron  en  la  Península) 
i  serenos. 

ttDe  la  cintura  le  pende 
Una  cortante  catana^ 
Que  a  la  cosa  mas  pequeña 
Sale  fuera  de  su  vaina.» 

[El  Huérfano.) 

Catana  debe  de  ser  corrupción  del  español  catan,  al- 
fanje. 

CATEAR,  EO^  EADOR. 

Hubo  en  lo  antiguo  un  verbo  catear  que  significó  bus- 
car, descubrir,  que  mas  tarde  se  transformó  en  catar,  i 
que  yace  en  España  completamente  olvidado. 


102  CAT 

«...  díjole  un  dia  (el  Rei  a  su  Privado)  que  habia  pensa- 
do de  dejar  el  mundo  e  irse  a  desterrar  a  tierra  do  no 
fuese  conocido,  e  a  catar  algún  lugar  extraño  e  mui  apar- 
tado en  que  ficiese  penitencia  de  sus  pecados.» 

(Don  Juan  Manuel. — Qjonde  Lucanor.) 

No  así  en  Chile,  donde  no  solo  hemos  conservado  i  re- 
juvenecido al  antiguo  catear,  sino  que  también  le  hemos 
atribuido  acepciones  que  no  tuvo  cuando  floreció  en  la 
Península. 

Denotamos  con  él  la  acción  de  explorar  el  terreno  en 
busca  de  alguna  veta  de  metal^  i  en  este  sentido  se  usa 
jeneralmente  como  intransitivo,  pues  siendo  siempre  uno 
mismo  su  complemento  directo,  por  sabido  se  calla.  Así 
se  dice:  «Pedro  salió  a  catear;  hace  una  semana  que  anda 
cateando.)^ 

Otro  sentido  que  le  damos  en  el  trato  familiar  es  el  de 
aguaitar,  mirar  atenta  i  cautelosamente,  como  se  ve  en 
los  siguientes  versos  de  una  popular  zamacueca: 

«No  seas  tan  cargoso 
Para  mirarme. 
Que  mi  madre  no  cesa 
¡Ai!  de  catearmeh 

¿No  hacen  recordar  estos  versos  aquellos  tan  sabidos 
del  poema  del  Cid: 

«Volvía  la  cabeza  e  estábalos  catando. 
Vio  puertas  abiertas  e  usos  sin  cañados?» 

En  resumen,  desechando  lo  nuevo  por  lo  viejo,  hemos 
atribuido  a  catear  sus  antiguas  acepciones,  agregándole  las 
del  moderno  catar,  al  cual  tratamos  como  si  no  existiera. 

Escusado  parecerá  advertir,  después  de  lo  expuesto,  que 
cateo  es  la  acción  de  catear;  i  cateador  el  que  habitual- 
mente  se  ocupa  de  explorar  el  terreno  en  busca  de  me- 
tales preciosos. 

CATIMBAO. 

¿De  dónde  nació  el  llamar  catimbaos  a  los  individuos 
que  en  la  fiesta  de  Corpus,  vestidos  extravagante  i  ridícu- 


CAU  103 

lamente,  i  reunidos  en  uno  de  esos  grupos  de  danzantes 
que  se  llamaban  bailes,  corrían,  brincaban  i  cantaban  en 
una  inintelijible  jerigonza,  durante  la  procesión  i  por  en- 
tre las  dos  filas  de  alumbrantes.  En  vano  hemos  pedido 
la  respuesta  a  nuestros  diccionarios,  quichua  i  araucano 
que  nos  han  sacado  de  apuros  en  casos  parecidos. 

Probablemente  la  voz  esta  es  de  formación  caprichosa, 
i  acaso  no  seria  raro  que  ella  fuese  de  oríjen  africano, 
como  es  africana  la  letra  de  las  touadillas  que  cantaban 
los  catimbaos. 

El  hecho  es  que  ahora,  (que  para  ver  catimbaos^  seria 
preciso  ir  en  romería  hasta  el  santuario  de  Andacollo)  he- 
mos convertido  esa  palabra  en  un  término  de  comparación 
para  ponderar  el  grotesco  i  presuntuoso  vestido  de  algu- 
nos que  olvidan  que  la  sencillez  es  la  primera  condición 
de  la  elegancia.  Decir  de  alguno  qut»  se  viste  como  un 
catimbao,  es  decir  a  la  chilena  que  se  viste  como  un  payaso. 

CATRINTRE. 

Mucho  hemos  devaneado,  i  no  poco  manoseado  nues- 
tros calepinos,  por  dar  con  la  etimolojía  precisa  de  este 
singular  adjetivo.  A  tiro  de  ballesta  se  conoce  que  él  es 
orijinario  de  Arauco,  pues  araucanos  son  los  elementos  de 
que  se  compone:  ca,  otro,  ajeno,  distinto,  i  trintre,  crespo; 
i  araucana,  sobretodo,  la  pronunciación  de  la  combinación 
tr,  que  es  igual  en  catrintre,  exactamente  igual,  a  la  de 
contri.  Pero  si  en  su  forma  escrita  i  en  su  pronunciación 
catrintre  es  de  oríjen  araucano  ¿por  qué  llamar  así  a  los 
quesos  que  se  trabajan  con  leche  flaca,  despojada  antes 
de  la  crema?  That  is  the  question! 

Resuélvala  el  lector  sabiendo  que,  como  queda  dicho,, 
ca  es  una  partícula  de  adorno  que  no  significa  nada,  o  que 
cuando  significa  algo,  puede  significar  otro,  ajeno,  extra- 
fio;  que  trintre  significa  crespo,  desmedrado-,  i  que  mante- 
ca o  grasa  se  dice  en  araucano  ihuiñ  o  lichi. 

CAUSEAR. 

■  Asegúranos  un  antiguo  abogado  haber  oido   usar   este 
erbo  por  pleitear,  litigar;  nosotros,  en  verdad  sea  dicho. 


104  CEB 

jamas  lo  hemos  oido  en  ese  sentido^  si  bien  semejante  igno- 
rancia puede  explicarse  por  el  feliz  alejamiento  en  que  vi- 
vimos de  pleitos  i  de  tribunales  de  justicia. 

De  lo  que  sí  podemos  dar  testimonio  es  de  la  otra  acep- 
ción, muchísimo  mas  común  que  tiene  causear,  significan- 
do comer  alguna  cosa  apetitosa,  ordinariamente  seca  i 
fria,  fuera  de  las  horas  en  que  es  costumbre  sentarse  a 
la  mesa. 

Causeo  es  la  acción  de  causear  i  también  los  comestibles 
en  que  esa  acción  se  ejerce.  A  los  últimos  solemos  llamar- 
los también  causa. 


CATAMPA. 

Del    quichua  callampa,  «hiongo  de  comer»    dice  el  P. 
ossi  en  su  Diccio 
en  castellano  setas. 


Mossi  en  su  Diccionario  Los  hongos  de  comer  se  llaman 


CEBA,  CEBO. 

Con  la  primera  de  las  dos  voces  que  acabamos  de  es- 
cribir se  designa  en  Chile  la  pólvora  que  se  pone  en  las 
cazoletas  o  fogones  de  los  fusiles  i  otras  armas  de  fuego , 
con  manifiesta  infracción  de  lo  que  prescribe  el  Dicciona- 
rio, que  llama  a  la  pólvora  esa  cebo,  i  con  desprecio  de  los 
buenos  autores  de  todos  los  tiempos  de  la  lengua,  que  nun- 
ca la  han  llamado  de  otra  suerte. 

«Pero  entrambas  cargas 
Barro  estaban  hechas, 
I  lo  mismo  el  cebo 
De  la  cazoleta.» 

(Hartzexbusch. — Fábula  XXVL) 

Ceba  es  la  abundante  comida  que  se  dá  al  ganado  que 
sirve  para  alimento  del  hombre,  a  fin  de  engordarlo. 

usamos  del  verbo  cebar,  en  una  acepción  exclusivamen- 
te chilena  cuando,  olvidándonos  de  servir,  decimos  quQ 
alguno  ceba  el  té,  el  café,  o  el  mate;  pues  lo  propio  en 
casos  tales  seria  servir. 


CEP  105 


CEBOLLÓN,   ONA. 

Por  SülteroUy  ona,  es  chilenismo,  i  de  para  sangre, 
como  se  comprueba  por  la  siguiente  cueca: 

«La  mujer  que  viviere 

Sin  regla  o  tasa. 

En  llegando  a  los  treinta 

Ya  no  se  casa. 

Ya  no  se  casa,  sí. 

La  señorona 

Es  fuerza  que  se  quede 

De  cebollona.y> 

celemín. 

Se  usa  mal  en  el  sentido  de  gran  número,  multitud, 
infinidad  y  que  no  tiene,  como  que  es  nombre  de  una  me- 
dida de  capacidad,  i  no  grande,  sino  de  las  menores. 


CEPO. 


Infinitas  veces  hemos  visto  escrita  con  bastardilla  esta 
palabra,  aun  por  nuestros  mas  ilustrados  escritores,  que 
sin  duda,  atribuyendo  a  algún  antiguo  hacendado  o  enco- 
mendero la  invención  del  instrumento,  atribuyen  también 
un  oríjen  nacional  a  su  nombre. 

aPara  aumentar  la  ignominia  de  éste  (del  Dean)  dejó 
Machado  preso  en  el  cepo  a  uno  de  sus  mayordomos  por- 
que no  quiso  de  pronto  entregarle  las  llaves.»» 

(Vicuña  Mackenna. — Historia  de  Santiago.) 

Desgraciada,  o  mejor  felizmente,  el  cepo  no  es  oriji- 
nario  de  Chile  sino  de  importación  española,  como  lo  ma- 
nifiesta la  definición  que  de  él  da  la  Academia:  «Instru- 
mento hecho  de  dos  maderos  gruesos,  que  unidos  forman 
en  el  medio  unos  agujeros  redondos  en  los  cuales  se  ase- 
gura la  garganta  o  la  pierna  del  reo,  cerrando  los  ma- 
deros.» 


106  cíe 


CERNER,  VERTER. 


«De  haberse  forjado  los  infinitivos  cernir ,  vertir,  que 
jamas  han  existido  en  castellano,»  dice  el  señor  Cuervo, 
<(se  han  orijinado  muchos  errores  que  cuidadosamente  de- 
ben excusarse;  cuales  son  vertid,  virtió,  virtamos,  etc. 
Estos  verbos  se  conjugan  exactamente  al  tenor  de  per- 
der, por  ejemplo;  así  diremos:  cernemos,  vertemos,  {per- 
demos)', cernéis,  vertéis,  {perdéis):  cernió,  vertió,  {perdió); 
cerned,  verted,  (perded);  cerniendo,  vertiendo,  (perdiendo); 
cerner,  verter,  {perder). 

«¡Qué  placer  es  verla  (a  una  mujer)  hacer  su  colada, 
lavar  su  ropa,  aechar  su  trigo,  cerner  su  harina...!» 

(A.  DE  Guevara. — Epístola  familiar.) 

uCernió  sin  echar  harina 
I  no  se  debe  espantar, 
Que  por  mucho  madrugar 
No  amanece  mas  aina.» 

(Castillejo  ---Rimas .) 

La  confusión  nace  de  haber  equiparado  a  cerfier  con 
discernir,  i  a  verter  con  divertir. 

ciénega. 

Suele  decirse,  i  mal,  porque  la  palabra  es  ciénaga  o  ce- 
nagal. 

ttSin  conocimiento  para  la  disecación  de  las  vastas  cié- 
negas formadas  por  todas  partes.» 

(Miguel  de  la  Barra. — La  América.) 

cierro. 

Solemos  llamar  así  el  papel  en  que  se  cierra  una  carta. 
Lo  propio  es  cubierta. 


COL  107 

«¿O  rasgará  por  leeros 
La  cubierta  de  esa  carta?» 

(Tirso. — La  Celosa  de  sí  misma.) 
También  puede  decirse  sobre,  sobrecarta  i  sobrescrito. 

CISIÓN,  ESCISIÓN. 

Palabras  casi  tan  traidoras  como  cerner  i  verter  de  que 
un  poco  mas  arriba  tratábamos. 

La  primera  no  significa,  como  muchos  creen,  división  o 
separación,  sino  incisión  o  cisura.  Dígase,  pues,  que  ha 
ocurrido  una  escisión  entre  los  miembros  del  ministerio, 
o  de  éste  o  aquél  bando,  si  se  desea  evitar  el  disparate 
de  dar  a  entender  que  los  tales  miembros  han  sido  objetó 
de  alguna  cisura. 

«A  la  corte  incumbe  Ta  principal  obligación  de  sacrifi- 
car, si  fuese  necesario,  todos  los  intereses  i  bienes  del 
mundo  por  evitar  la  menor  separación  o  escisión  de  los 
miembros  de  Cristo.» 

(ViLLANUEVA. — Vida  literaria.) 

COLIGARSE,  COALIGARSÉ,  COALICIÓN,   COLIGACIÓN,    COLISIÓN. 

Damos  en  seguida  el  sentido  preciso  de  cada  una  de 
las  anteriores  voces,  por  creer  que  ello  puede  ser  de  al- 
guna utilidad  a  los  que  con  frecuencia  las  confunden  i 
usan  revesadamente: 

Coligarse:  unirse,  confederarse  un^í?  con  otros  para 
realizar  algún  fin  común. 

«Levantáronse  a  una  los  reyes  de  la  tierra  i  coligáron- 
se los  príncipes  de  la  Sinagoga. )> 

[^cío.-- Paráfrasis  del  salmo  11.) 

Coaligarse:  no  existe  sino  en   la  mente  de  los   que   lo 
usan  mal  por  el  anterior. 
Coalición:  confederación,  liga,  unión. 
Coligación:  la  acción  i  efecto  de  coligarse. 
Colisión:  rozadura  o  herida,    hecha  de  ludir  o  frotarse 


108  COC 

una  cosa  con  otra:  metafóricamente  pugna  entre  afectos 
o  intereses  encontrados. 


COBADERA. 

Por  depósito  de  guano  no  lo  traen  los  diccionarios  de 
la  len  gua. 

COBRAR. 

Recomendamos  a  pleiteantes,  abogados  i  escribanos, 
porque  puede  importarles  tengan  mui  presente  que 
cobrar  no  es,  como  talvez  están  creyendo,  exijir  el  pago  y 
sino  recibir  el  dinero:  ¡i  bien  i  de  sobra  se  saben  ellos  que 
media  entre  una  i  otra  cosa  tal  cualilla  distancia! 

Si  Pedro  otorgase  en  favor  de  Juan  una  escritura  auto- 
rizándolo para  cobrar  ciertos  pagarées,  con  el  ánimo  de 
facultarlo  solamente  para  demandar  por  el  pago,  podria 
llevarse  buen  chasco;  porque  en  realidad,  i  según  el  texto 
mismo  del  poder,  lo  habria  autorizado  para  recibir  del 
demandado  el  valor  de  aquéllos. 

«El  cesante  es  incapaz  de  ocuparse  en  nada  ni  de  bus- 
car ningún  medio  decoroso  de  subsistencia;  aun  su  cesan- 
tía, si  llega  a  cobijar  alguna  parte,  no  le  sirve  de  nada 
porque  el  mismo  dia  que  cobra  se  lo  gasta  alegremente.» 

(Gil  i  Zarate. — El  Cesante.) 

COCAVÍ. 


Provisión  de  comestibles  que  llevan  en  las  alforjas  los 
que  viajan  a  caballo;  la  palabra  es  compuesta  probable* 
mente  del  nombre  que  tiene  el  conocido  arbusto  llamado 
coca  [erythroxylum  peruvianum)  cuyas  hojas  se  quema- 
ban a  manera  de  incienso  en  los  altares  dedicados  al  Sol 
bajo  el  réjimen  de  los  incas,  i  en  la  actualidad,  mezcla- 
das con  quínua  o  tierra  calcárea,  mascan  en  sus  viajes, 
para  entretener  el  hambre  i  el  cansancio,  los  indios  del 
Perú  i  de  Bolivia.  . 


COCH  109 

«Cuando  salí  de  mi  tierra 
De  nadie  me  despedí; 
Solo  de  una  china  vieja 
Que  me  arregló  el  cocaví.yy 

{Tonada  popular.) 

«Con  las  criadas  de  casa  preparaba 
El  cocaví  sabroso  i  necesario; 
Gallinas  fiambres,  tortas  i  conservas^ 
En  sendos  hermosísimos  canastos.» 

(C.  WÁLKER  Martínez. — El  Proscrito.) 

También  pudiera  venir  cocaví  de  la  voz  cubana  cacabí 
o  cázabí,  como  se  vé  por  el  siguiente  ejemplo  que  toma- 
mos del  Sumario  de  la  natural  Historia  de  las  Indias  por 
don  Gonzalo  Hernández  de  Oviedo  i  Valdes. 

«Hai  otra  manera  de  pan  que  se  llama  cazabí  que  se 
hace  de  las  raices  de  una  planta  que  los  indios  llaman 
yuca^y)   etc. 


COCHAYUYO. 


Véase  huiro. 


COCHI  o  COCHE. 


¿En  qué  se  parecen  los  mas  despreciados  animales  a  los 
hijos  de  los  monarcas?— En  los  muchos  nombres. 

Ahí  están  en  prueba  los  aporreados  rebuznadores  que 
acarrean  la  piedra  de  empedrar  i  arena  por  nuestras  ca- 
lles,   con  cinco:   asno  y  burro,  borrico ,  jumento  i  pollino. 

Ahí  está  también  el  gruñidor  de  nuestros  chiqueros  que 
tenia  en  español  cuatro:  cerdo,  puerco,  marrano,  i  verraco, 
i  que  ha  recibido  en  América  dos  mas,  el  quichua  cochi  i 
el  araucano  chanchu. 

Sobre  este  último  haremos  en  lugar  oportuno  las  obser* 
vaciones  del  caso. 


lio  COD 

El  padre  Fébres  en  su  Vocabulario  de  la  lengita  arauca- 
na, hace  notar  la  rara  circunstancia  de  que  sea  Chiloé, 
esto  es  la  provincia  chilena  que  se  halla  mas  lejos  de  Bo- 
livia,  aquella  en  que  se  designe  mas  frecuentemente  a  los 
cerdos  con  su  nombre  quichua  de  cuchi.  Si  la  aserción 
del  padre  Fébres  fuese  exacta,  seria  realmente  curioso; 
como  no  deja  de  serlo  tampoco  que  en  las  demás  provin- 
cias, cuando  dirijimos  de  alguna  maneralapalabra  a  los  cer- 
dos, se  las  dirijamos  siempre  en  quichua,  i  cuandohablamos 
de  ellos  en  tercera  persona  los  nombremos  siempre  en  arau- 
cano. Tan  inusitado  seria  llamar  a  un  puerco  gritándole: 
¡chancho!  chancho!  como  vender  su  carne  al  grito  de 
¡carne  de  cochi! 

Acerca  de  la  palabra  materia  de  este  párrafo  nos  ob- 
serva el  señor  Páulsen:  «Para  mí  es  abreviación  de  co- 
chinOf  pues  siempre  lo  he  oido  únicamente  en  el  vocativo. 
Nadie  vende  un  cochi  ni  tiene  cochis.  El  padre  Fébres 
dirá  que  chancho  es  araucano;  pero  yo  preguntarla  al  pa- 
dre qué  animal  habia  entre  los  araucanos  que  ni  remota- 
mente se  asemejara  al  cerdo.  A  prior  i  diria  que  chancho 
no  es  araucano.» 

La  objeción  sin  duda  es  poderosa;  pero  si  chancho  no 
viene  del  araucano  ¿de  dónde  viene? 


COCHO. 


Talvez  del  ({yúchnK  ppochcco y  mazamorra  demaiz  cocido^ 
O  mas  pobablemente  del  anticuado  cochar,  cocer. 

Es  el  nombre  que  tiene  en  las  provincias  del  Norte  la 
mazamorra  formada  de  harina  tostada  i  agua  caliente  o 
fria,  que  por  acá  llamamos  ulpo  o  chércan. 


CODEAR,    EADOR,    A. 

Provincialismo  boliviano  {codear)  según  Salva,  quien  lo 
define:  «sacar  el  dinero  u  otra  cosa  al  prójimo  con  maña.» 

Pues  si  eso  significa  codear  en  Bolivia,  el  señor  Salva 
hizo  mal  atribuyendo  exclusivamente  a  nuestros  herma- 
nos de  allende  el  desierto   un  vocablo  que  podríamos  lia- 


COG  111 

mar,  imitando  el  lenguaje    de    nuestros  diplomáticos,    de 
participación  común. 

Ademas  de  codear,  i  aunque  parezca  excusado  advertirlo, 
tenemos  en  Chile  codeadores^  que  son  aquellos  que  por 
ocupación  habitual  tienen  la  de  espiar  el  momento  opor- 
tuno para  sacar  el  dinero  u  otra  cosa  al  prójimo  con  ma- 
ña; i  codeo,  que  es  la  acción  de  codear. 

COGOLLO. 

A  la  chilena,  en  sentido  recto,  se  llama  cogollo  cierta 
copla  con  que  la  persona  que  canta  suele  dar  remate  a  la 
tonada. 

Estas  coplas,  cuya  composición  métrica  es  varia,  van 
por  lo  jeneral  enderezadas,  en  son  de  elojio  i  felicitación, 
a  alguno  de  los  asistentes,  i  una  que  otra  vez  sirven  al 
cantor  para  enviar  tristes  quejas  o  picarescas  declaracio- 
nes de  amor  al  objeto  de  su  cariño. 

Al  ejemplo  que  dimos  en  la  voz  agachar,  agregaremos 
los  siguientes: 

«¡Que  viva  mi  sia  Juanita 
Cogollito  de  limón! 
Candadito  de  mi  pecho 
Llave  de  otro  corazón.» 

<(¡Que  viva  el  señor  don  Pablo 
Verde  cogollo  de  olivo! 
Advierta  que  soi  constante 
I  lo  que  quiero  no  olvido.» 

«¡La  niña  donosa  viva 
Cogollito  de  durazno! 
Me  quitarán  que  la  mire^ 
Pero  que  ia  quiera...  ¿cuándo?» 

También  encontramos  cogollos  sin  cogollos  ni  cogollitos: 

«¡Que  viva  Tula  mil  años 
Cascarita  de  granada! 
Yo  me  muero  por  Ud. 
1  a  Ud.  no  se  le  da  nada.» 


112  COL 

Por  una  traslación  muí  natural  se  lia  dado  a  cogollo,  en 
sentido  figurado,  la  acepción  de  lisonja,  adulación,  elojio 
lanzado  a  boca  de  jarro,  jeneralmente  sobre  alguno  que 
no  lo  merezca. 

Es  palabra  expresiva  i  bastante  usada  en  las  polémicas 
de  los  diarios. 

Leemos  en  uno  de  ellos: 

«Son  afortunados,  no  hai  duda,  los  hombres  que  nos  ha- 
cen el  honor  de  gobernarnos.  Tanto  han  llovido  sobre 
ellos  los  aplausos  i  los  cogollos  que  poco  a  poco  se  han  ido 
creyendo  los  hombres  indispensables,»    etc. 

COGOTUDO,  A. 

Ni  en  su  sentido  propio,  de  persona  fornida  de  cogote, 
está  en  el  Diccionario  de  la  Academia.  Ademas  de  ese 
le  atribuimos  en  Chile  el  figurado  de  'persona  rica,  influ- 
yente, notable,  i  en  tal  acepción  es  sinónimo  de  copetu^ 
dOy  a* 

COLACIÓN. 


Los  confites  menudos  que  llamamos  en  Chile  así,  se  lla- 
man en  España  grajea: 

«I  comienzo  a  desmigajar  el  pan  sobre  unos  no  mui 
costosos  manteles  que  allí  estaban...;  después  como  quien 
toma  grajea  lo  comí  i  algo  me  consolé.» 

(D.  Hurtado  de  Mendoza. — Lazarillo  de  Tórmes.) 

Véase  un  ejemplo  del  uso  chileno  en  camisón. 

CÓLERA-MORBO. 


Esta  voz  aparece  en  lo;^  diccionarios  i  gramáticas,  la 
del  señor  Bello  inclusive,  como  masculina.  Será  por  lo 
tanto  equitativo  atribuir  a  una  inadvertencia  o  yerro  del 
cajista  el  jénero  femenino  que  se  le  atribuye  en  dos  pasa- 
jes del  Derecho  internaciortal  del  mismo  autor  (pájs.  115 
1116.) 


COM  113 

«I  la  opinión  que  en  el  dia  parece  tener  mas  séquito  es 

qne  la  cólera   no   es  contajiosa   tampoco»  « ¿acelera 

morbo.n 


COLLAR 

Dígase  collera  por  la  que  se  pone  a  los  caballos  i  muías 
para  tirar  el  coche,  carro,  etc. 


COLLERAS. 

Collera  es  en  castellano  el  collar  de  cuero,  relleno  jene- 
raímente  de  paja  o  de  estopa,  que  se  pone  en  el  pescuezo 
de  muías  o  caballos  para  tirar  carruajes. 

Nosotros  lo  usamos  en  singular  para  denotar  el  par  de 
animales  que  amarrados  caminan  juntos;  i  en  plural,  para 
para  nombrar  los  botones  pareados  o  de  dos  cuerpos  con 
que  se  abotonan  los  puños  i  pechera  de  la  camisa,  botones 
cuyo  nombre  propio  esjemelos. 


COMBO. 

Pesado  i  tosco  martillo  de  fierro  que  usan  herreros  i 
mineros  en  los  casos  en  que  se  necesita  golpear  con  gran 
fuerza. 

El  equivalente  castizo  de  combo  es  almádana]  entre  he« 
rreros,  macho. 

«Al  fin  digan  a  Urmeneta 
Que  no  pierda  su  tesón; 
Mas  vale  que  busque  el  oro 
A  combo  i  cuña  i  barreta.» 

{GvA3 ARDO. —¡Viva  don  Federico  ErrázUri¿!) 

I  Puede  mui  bien  haberse  orijinado  nuestro  vocablo  de! 
ustantivo  español   combo,    que   es    «el   tronco   o  piedra 
rande  sobre  que  se  asientan  las  cubas.» 
¡Bar  combo!:  sigan  Uds.  dándose  de  mojicones. 


114  COM 


COMEDIRSE. 

Rarísimas  veces  hemos  oido  emplear  este  verbo  en 
su  significado  castizo  de  arreglarse  ^  contenerse  y  mode-- 
rarse. 

Es,  sí^mui  usado  por  prestarse  con  prontitud  i  buena  vo- 
luntad a  servir  a  los  demás.  Así  llamamos  comediday  no 
a  la  pericona  afable  i  urbana,  sino  a  la  oficiosa  i  solícita 
en  ayudar  a  los  otros  en  sus  quehaceres;  i  al  contrario 
descomedida  a  la  indolente  i  buena  para  nada. 

«Hace  una  semana,  dirá  una  dueño  de  casa  a  sus  sir- 
vientes, reconviniéndolas,  que  la  niña  anda  con  el  vestido 
desapretin^do  i  nadie  se  ha  comedido  a  darle  una  puntada.» 

COMINILLO. 


Buscamos  en  el  Diccionario  a  cominillo  i  nos  remite  a 
joyo.  Vamos  a  joyo,  i  leemos:  «Especie  de  grama  que  se 
cria  entre  los  trigos  i  cebada;  produce  una  espiga  blanca 
i  delgada  con  seis  o  mas  granos  que  salen  alternativa- 
mente de  los  dos  lados  de  la  cima  en  forma  de  espigui- 
llas, con  una  semilla  menor  que  la  del  trigo,  encerrada 
en  una  cascara  negra  que  se  termina  casi  siempre  en  cier- 
ta habilla  o  raspa  puntiaguda.»  I  hétenos  así,  sin  pensarlo, 
delante  del  nombre  que  se  da  en  España  a  la  grama  aquélla 
que  tanto  hace  chorear  a  nuestros  agricultores  envalli- 
cando les  los  trigos. 

En  buen  castellano,  estar  con  un  cominillo  o  tenerlo  y 
seria  sentir  el  alma  envallicada. 

Ya  venga  empero  nuestro  cominillo  de  vallico,  ya  sea 
una  reminiscencia  del  escosor  que  causa  el  comino,  io  cier- 
to es  que  en  Chile  dicen  que  lo  tienen  cuantos  sienten 
alguna  duda  que  los  preocupa  i  mortifica. 

comisión: 

Echan  o  hacen  o  enredan  comisión  en  el  juego  de  vo- 
antines  los  que  en  la  altura  se  enredan  del  hilo  por  ver 
cuál  tumba  o  se  lleva  a  su  enemigo. 


COM  115 

«Mas  alegre,  pero  siempre  sobresaltado,  jugaba  una  tardo 
al  volantin.  Yo  sujetaba  el  mió  desde  el  patio  de  casa,  i 
otros,  desde  la  calle,  trataban  de  enredar  con  él  comisioíi.n 

(Z.  Rodríguez.— Zoco  Eustaquio.) 

COMPETER,    COMPETIR. 


aVemos  que  con  lamentable  frecuencia, >>  escribe  el  se- 
ñor Cuervo,  «se  confunde  a  competer  con  competir:  aquél 
significa  pertenecer,  tocar,  incumbir;  éste  contender  riva- 
¿izar;  conjúgase  el  primero  como  deber,  el  segundo  como 
pedir.  Patentízanlo  estos  ejemplos: 

«Pondérase  en  el  concilio  la  importancia  de  este  ser- 
vicio, confiérese  el  premio  que  le  compete. ^^ 

(Saavedra  Fajardo. — República  literaria.) 

«Ninguno  sufre  a  quien  compite  con  él  en  las  cualidades 
del  ánimo.» 

{Id, -^Empresas  políticas.) 

«Es  tanta  la  beldad  de  su  mentira 
Que  en  vano  a  competir  con  ella  aspira 
Belleza  igual  do  rostro  verdadero.» 

(Lupercio  L.  de  Arjensola. — Soneto:  Yo  os  quiero,  etc.) 

«El  templo  de  Salomón, 
Aquesa  fábrica  antigua, 
Que  ni  antes  ni  después  hubo 
Ni  habrá  otra  que  le  compita.» 
(Calderón. — El  primer  refujio  del  hombre.) 


COMUCHO   o   CUMUCIIO. 


Agrupámiento  de  personas,    animales  u  objetos    inani- 
mados. 

Véase  acuüuchau. 


116  CON 


CONCHABO^    AR, 


Hai  entre  el  chileno  conchabar  i  el  español  cierta  ana- 
lojía  de  significado,  que  está  revelando  a  las  claras  el 
oríjen  de  aquél.  En  efecto,  conchabar  es  wmV,  juntary 
asociar,  i  conchabarse  unirse  dos  personas  entre  sí  con  al- 
gún fin,  que  jeneralmente  se  reputa  malo. 

Ahora  bien,  en  Chile  conchabamos  a  alguno  cuando 
convenimos  con  él  en  que  nos  preste  algún  servicio,  me- 
diante una  recompensa  que  puede  ser  pagada  en  dinero  o 
especies. 

Conchabo  es  la  acción  de  conchabar  y  i  ademas  las  ventas 
menudas  o  trueques  de  baratijas  i  chucherías  que  hacian 
los  vendedores  ambulantes,  que  nosotros  llamamos  faltes 
i  que  en  España  se  llaman  buhoneros. 

«Ademas  del  inquilinaje  i  los  pueblos  de  indios  ha  que- 
dado un  recuerdo  vivo  de  lo  que  era  la  mita  en  los  min- 
gacos, como  se  llama  todavía  a  los  canchavos  (otra  palabra 
indíjena)  que  se  hace  para  las  trillas,  siembras  i  otras 
operaciones  rústicas.» 

(Vicuña  Mackenna.  — Msíom  de  Santiago.) 


CONCHO,   CONCHOS, 

Del  quichua  cconchus,  heces,  asiento;  o  mas  inmediata- 
mente del  araucano  concho,  la  borra  de  la  chicha. 

El  mismo  señor  Vicuña  Mackenna,  cuyo  nombre  ha 
aparecido  ya  i  tendrá  que  aparecer  con  frecuencia  en 
este  Diccionario,  pues  ha  sido  el  mas  entusiasta  rebusca- 
dor de  las  curiosidades  de  nuestra  habla,  explica  así  el 
oríjen  histórico  de  concho,  o  mejor  dicho  de  los  conchos 
(pues  en  sentido  figurado  carece  de  singular.) 

«En  los  toros  que  se  celebraban  durante  tres  dias  (en 
las  fiestas  reales)  se  acostumbraba  servir  refrescos  al  Pre- 
sidente, a  la  Audiencia  i  convidados  por  los  vecinos  que 
tenian  sus  casas  inmediatas  a  la  plaza^,  lo  que  era  de 
mucho  honor,  i  los  sobrantes  se  tiraban  en  seguida  a  la 
muchedumbre  que  los  recibía  con   grande  algazara.  De 


CON  117 

aquí  la  costumbre  de  los  conchos  (palabra  indíjena  por 
mas  que  no  lo  parezca)  i  talvez  la  de  corcova  que  suele 
usarse  a  la  postre,  quizás  porque  el  pueblo  recibía  corco^ 
veando  los  conchos  de  las  juras.» 

La  anterior  explicación  es  injeniosa.  Con  todo  mas 
probable  nos  parece  explicarnos  el  sentido  de  conchos  por 
una  de  esas  traslaciones,  tan  frecuentes  en  todas  las  len- 
guas, del  sentido  propio  al  figurado.  Bien  pudo  el  pueblo 
que  llamaba  conchos  a  las  heces,  sin  necesidad  de  que  le 
tirasen  los  sobraiites  de  los  refrescos,  caer  en  la  cuenta  de 
que  podia  llamarse  conchos  también  de  alguna  fiesta  la 
mas  modesta  diversión  del  dia  siguiente^  en  que  no  hai 
para  satisfacer  el  hambre  i  sed  de  los  convidados  mas 
elementos  que  los  restos  o  conchos  de  la  víspera. 

En  cuanto  a  la  etimolojia  de  corcova,  liaria  mal  quien 
la  tomase  por  algo  mas  que  por  lo  que  es,  una  donosa 
chulada. 

Los  equivalentes  castellanos  de  concho,  ademas  de 
heces,  serán  según  los  casos,  sedimento,  poso,  asiento, 
solera,  residuo,  broza  i  borra. 

Es  voz,  concho,  que  se  usa  d  esde  mui  antiguo  en  todos 
los  paises  americanos  que  form  aron  parte  del  imperio  de 
los  incas.  Don  Antonio  de  Hilo  a,  hablando  de  los  indios 
de  Quito,  dice: 

«El  dia  que  sigue  al  de  la  función  llamado  del  concho, 
que  significa  dia  en  que  se  beben  los  asientos  que  queda- 
ron del  antecedente,»  etc. 


CON  ESO. 

No  recordamos  haber  visto  usado  este  complemento  en 
los  autores  españoles  en  el  sentido  de  a  fin  de  que,  o  con 
el  objeto  de  que,  tan  corriente  en  Chile. 

«Cuando  te  desocupes  de  barrer  el  patio,  lávate  las  ma- 
nos i  ven,  con  eso  peinas  a  las  niñitas.»    ' 

«Levántate,  hijita i  ponte  el  mas  alegre  vestido  que 
tengas,  con  eso  vamos  a  pasear  juntos  i  a  hacer  que  el 
viento  de  Mayaca  se  lleve  tus  pensamientos   tristes.» 

(Z.  RoDRÍauEZ. — Loco  Eustaquio,) 


118  CON 

CONSERVATORIO. 

Llámase   así  en  Chile  lo  que  en  buen  español,  inverná- 
culo o  estufa. 
Véanse  ejemplos  en  las  voces  ramo  i  resolana. 

CONTESTA. 

Muí  usado  entre  el  poblacho  por  contestación^  i  hasta 
cierto  punto  autorizado  por  mui  respetables  i  frecuentes 
analojías;  como  protesta  de  protestar,  apuesta  de  apostar. 

«Una  niña  que  dijo  que  volverla  por  la  contesta,  respon- 
dió el  sirviente.» 

(Blest  QiK^k.'^ Martin  Rivas.) 

contra; 

El  vulgo  i  algunos  que  no  pertenecen  al  vulgo  dicen  la 
contra,  por  antídoto.  Parece  que  la  misma  mala  costum- 
bre hai  en  Colombia. 

«Contra-yerba  de  las  que  sirven  de  antídoto  para  la 
mordedura  de  víbora.)» 

(IsAacs. — María,  en  el  vocabulario.) 

Garcilaso,  en  sus  Comentarios  reales,  2."  parte,  libro 
4.%  cap.  XXVII,  dice:  contrayerba, 

contracción. 

Ni  en  francés  ni  en  castellano  ha  significado  ni  signifi- 
ca aplicación,  como  quieren  los  que  dicen,  v.  gr.:  «Su 
contracción  a  los  negocios  corre  parejas  con  su  habilidad 
i  honradez.» 

«Es  modo  de  decir  inadmisible.» 

[BsükhT.— Diccionario  de  galicismos.) 

Es  vocabulillo  corriente  en  Chile,  patria  de  infinitos 
bastardos  de  la  misma  ralea. 


CON  U9 


CONTRAPESO. 


Eü  este  un  chilenismo  de  significación  idéntica  a  cómi- 
nillo.  Como  el  que  está  con  un  cominillo,  el  que  siente  un 
contrapeso  anda  inquieto  por  alguna  duda  que  le  mortifica 
o  eventualidad  que  teme. 

<(Un  cruel  rigor  i  un  martirio 
Temor,  miedo  i  contrapeso, 
Digo  verdad  i  confieso 
Son  mi  desvelo  i  suicidio.» 
(GuAJARDO.  — JPe;ia5,  sentimientos f  rabias  i  suspiros.) 

CONTR  APRODUCENTEM . 

Expresión  latina  que,  perdiendo  su  m  final,  ha  pasado 
al  castellano  i  sirve  para  denotar  que  los  hechos  o  argu- 
mentos que  alguien  alega  en  su  apoyo  obran  precisamente 
en  contra  suya. 

De  lo  expuesto  se  infiere  que  contraproducente  carece 
de  plural  i  que  seria  impropio  decir  que  ésta  o  aquella 
medida  han  tenido  efectos  contrapi^oducentes',  tampoco  po- 
dría decirse  contraproducente,  como  quiera  que  los  dichos 
efectos  en  el  ánimo  de  quien  tal  escribiese  no  habrían 
sido  contrarios  a  la  persona  cuyas  fuesen  aquéllas,  sino 
contrarios  al  fin  u  objeto  que  habria  perseguido  al  dic- 
tarlas. 

En  caso  de  duda,  vale  mas  adoptar  otro  rumbo,  como 
verbigracia  este  de  Jovellános: 

«Tales  providencias  obran  en  sentido  contrario  de  su 
fin. y) 

(Lei  agi^aria.) 


CONTRI. 


IDel  araucjano  contJii  o  contlnd,  mollejas  de  las  aves. 
Como  la  traducción  de  contJii,    que    acabamos  de  dar, 


120  COP 

patriotas,  que  dan  a  ynollejás  una  acepción  arbitraria^  como 
se  verá  en  el  lugar  correspondiente,  creemos  oportuno 
advertir  que  tomamos  esta  palabra  en  su  jenuino  sentido; 
conviene  a  saber  en  el  de  «estómago  muscular  que  tienen 
las  aves,  mui  robusto  especialmente  en  las  granívoras,  i 
que  les  sirve  para  triturar  i  ablandar  por  medio  de  una 
presión  mecánica  los  alimentos  que  ellas  no  pueden  mas- 
car ni  ensalivar  en  la  boca  como  los  mamíferos.» 

(Academia.  — Diccionario . ) 

Conocido  ya  el  oríjen  i  significado  de  contri^  solo  nos 
resta  agregar  que  con  él  se  forma  la  expresión  comple- 
mentaria hasta  el  conlriy  hasta  la  parte  mas  interior  del 
cuerpo. 

«¡Cuidado  con  la  sopa:  la  primera  cucharada  me  ha  que- 
mado hasta  el  contrih 

COÑETE. 

En  estilo  familiar  nos  servimos  de  este  vocablo  como 
sinónimo  de  miserable,  tacaño,  mezquino, 

COPETE,    UDO,    A. 

Sustantivo  i  adjetivo  (con  pequeña  diferencia  este  últi- 
mo) significan  en  nuestro  uso  corriente  lo  mismo  que  en 
España. 

No  recordamos  distintamente  si  el  señor  Vicuña  Mac- 
kenna,  al  hablar  del  copete  que  los  oidores  de  la  colonia 
debian  llevar  levantado  sobre  la  frente,  explica  por  esa 
costumbre  la  que  tenemos  de  llamar  copetudas  o  de  copete, 
a  las  personas  de  muchas  campanillas. 

Si  así  fuese>  el  señor  Vicuña  habría  caido  en  un  error, 
pues  la  circunstancia  de  encontrar  en  el  Diccionario  de 
la  Academia  sustantivo  i  adjetivo  con  explicaciones  per- 
fectamente convenientes  a  los  que  usamos  en  Chile,  nos 
demuestra  que  así  como  de  España  nos  vinieron  los  cope^ 
tudos  i  los  copetes,  así  también  (¡i  perdonen  üds.  seño- 
res copetudos!)  nos  vinieron  de  allá  los  nombres  de  esas 
cosas. 


CORR  121 


CORCOVA. 

El  llamar  así  a  la  fiesta  o  fiestas  que  en  tiempo  e  im- 
portancia suelen  seguir  a  las  grandes,  es  cosa  no  mui 
fácil  de  explicar,  como  queda  ya  dicho  en  el  párrafo  que 
dedicamos  a  exponer  el  sentido  i  la  etimolojía  de  conchos. 

Sinembargo,  i  aun  a  riesgo  de  caer  en  alambicamien- 
tos que  con  el  mayor  cuidado  hemos  procurado  evitar 
hasta  aquí,  no  estaría  demás  tener  presente  que  corcova 
no  solo  significa  en  castellano  la  prominencia  o  montícu- 
lo aquél  que  con  tanta  crueldad  el  bellaco  de  Quevedo 
enrostró  al  buen  D.  Juao  Ruiz  de  Alarcon  en  los  versos 
que  empiezan 

Tanto  de  corcova  atrás 
I  adelante  Alarcon  tienes; 

sino  también  el  bulto  o  corvadura  que  se  levanta  sobre 
la  superficie  de  alguna  cosa.  En  este  sentido,  i  a  virtud  de 
la  colocación  posterior  i  del  carácter  accesorio  de  las 
fiestas  que  se  trataba  de  bautizar,  es  tan  razonable  supo- 
ner que  la  jente  de  estilo  las  llamase  a  la  española  corco- 
vas^ como  que  la  intonsa  i  mazorral  las  llamase  a  la 
araucana  conchos.  ¿O  por  ventura  habria  que  hacer  ma- 
yores esfuerzos  de  imajinacion  para  figurarse  a  la  fiesta 
principal  como  a  un  curcuncho  que  lleva  a  la  espalda,  a 
guisa  de  corcovas,  a  una  o  mas  fiestecillas,  que  para  ima- 
jinarse aquélla  bajo  la  forma  de  una  enfriadera  de  chú 
cha,  que  agotada  el  primer  dia,  puede  hacer  frente  con 
los  conchos  a  las  necesidades  del  segundo? 


CORONTA. 


Del  quichua  ccoronta;  el  corazón  del  choclo. 


CORRESPONDER. 


^Deberá  decirse  por  cuenta  de  quien  corresponda  redá- 
is 


122  CORR 

mar,  o  por  cuenta   de  a  quien  corresponda  reclamar? 
Lo  segundo  nos  parece  lo  correcto: 
«Por  cuenta  de  a  quien  corresponda  recibirlas.» 
(Código  de  Comercio  art,  203.) 

«Con  el  objeto  de  llamar  la  atención  de  quien  corres^ 
ponda. y> 

(Domínguez Diccionario ; -voz  fulano  .) 

CORRIDO. 

¿Es  un  chilenismo  éste^cuando  significamos  con  él  cier- 
ta clase  de  romances  que  corren  entre  el  bajo  pueblo? 
Así  lo  creimos  hasta  que  leyendo  la  colección  de  Roman- 
ces Castellanos  en  la  Biblioteca  de  Rivadeneira^  dimos  en 
la  páj.  117  del  tomo  I  con  la  siguiente  nota  que  nos  sa- 
có de  nuestro  error: 

«Con  algunas  variantes  se  conserva  e  imprime  este  ro- 
mance (el  II  de  Gerineldo)  i  es  uno  de  los  vulgares  que 
venden  los  ciegos.  Todavía  en  Andalucía  con  el  nombre 
de  corriOy  o  corrido  o  carrerilla,  que  así  llama  la  jente  del 
campo  a  los  romances  que  conserva  por  tradición,  se  re- 
cita o  cuenta  el  siguiente  que  trata  también  de  Geri- 
neldo.^ 

CORRIMIENTO. 

Raras  veces  el  escritor  chileno  que  se  ve  en  la  necesi- 
dad de  usar  de  esta  palabra  resiste  a  la  tentación  de  ti- 
rarle raya  por  debajo,  imajinándola  cuando  menos  de 
sospechoso  oríjen. 

Sinembargo  es  castiza,  i  no  ha  dejado  de  serlo  apesar 
de  que  anda  por  lo  regular  en  bocas  que  en  lo  que  menos 
pecan  es  en  causar  envidia  a  las  rosas  de  los  jardines  i 
a  los  granados  de  los  huertos: 

Un  ejemplo  para  los  incrédulos: 

«Neguijón  debió  ser  o  corrimiento 
El  que  dañó  las  perlas  de  su  boca; 
Quiero  decir  sus  dientes  i  sus  muelas.» 

(Cervantes  . — El  Rufián  viudo .) 


eos  123 

Lo  mas  singular  es  que  el  anterior  pasaje  del  príncipe 
de  los  prosadores  castellanos  parece  dar  razón  a  nuestros 
guasos  contra  la  Academia  que  no  atribuye  los  corrimien- 
tos a  los  nervios,  sino  a  los  humores  i  que,  desconociendo 
los  de  la  cara,  anda  mui  preocupada  con  (dos  que  padecen 
en  los  pechos  a  menudo  las  mujeres  que  están  criando.» 

GORRIÓN,  CORREA. 

No  constituye  propiamente  esta  palabra  un  verdadero 
chilenismo.  Ella  es  solo  una  de  las  tantas  que  en  su  tras- 
lación a  América  fueron  en  su  sentido  i  estructura  un 
tanto  maltratadas. 

Nuestro  corrion  es  sin  duda  el  correon  español  menos 
la  e  (que  aparece  trocada  en  i  según  la  mas  constante  re- 
gla a  que  obedece  el  vulgo  en  su  pronunciación)  i  menos 
también  su  carácter  de  aumentativo  de  correa  que  llevaba 
consigo.  Empero  no  es  lo  dicho  todo,  pues  mientras  por 
una  parte  quitábamos  a  correon  su  forma  i  carácter  de 
aumentativo,  por  otra  lo  hacíamos  bastardear  de  su  pro- 
pio significado  estableciendo  una  diferencia  notable  en- 
tre él  i  correa,  designando  con  esta  voz  las  anchas,  soba- 
das o  curtidas,  i  reservando  aquélla  para  las  angostas, 
tiesas  i  crudas. 

COSCACHO. 

El  golpe  que  se  dá  en  la  cabeza,  que  no  saca  sangre  i 
duele,  se  llama  coscorrón  según  el  Diccionario,  ¿Por  qué 
lo  llamamos  nosotros  coscacho^  Averigüelo  Vargas! 

Lo  único  que  hemos  averiguado  nosotros  es  que  el  pro- 
vincialismo éste  no  es  solo  chileno;  que  también,  aunque 
con  una  letra  de  menos  (cocacho)  es  de  uso  corriente  ea 
Bolivia. 

COSTAL,  BOLSA,  SACO,  SACA. 

Las  cuatro  palabras  son  castellanas;  pero  hai  que  no- 
tar con  respecto  a  la  manera  como  las  usamos  las  pecu- 
liaridades siguientes: 


124  eos 

1.°  que  costal  significa  en  español  saco  o  bolsa  de  jéne- 
ro  burdo,  mientras  que  en  Chile  se  aplica  exclusivamente 
al  saco  hecho  de  cuero  en  que  se  envasan  i  acarrean  los  fré- 
joles, carbón,  etc. 

2.**  que  bolsa  no  se  dice  nunca  sino  de  las  de  jénero 
(salvo  la  bolsa  tabaquera;)  ni  tampoco  para  designar  las 
que  sirven  para  el  trasporte  del  trigo,  cebada,  harina  etc. 

3.°  que  saco  es  la  palabra  con  que  se  designa  el  costal 
de  cáñamo  o  algodón  en  que  esas  producciones  se  aca- 
rrean i  exportan. 

4.°  i  último^  que  saca,  que  en  castellano  significa  un 
saco  grande,  se  emplea  solo  en  Chile  para  designar  el 
costal  de  cuero  sin  curtir  i  de  una  forma  especial  en  que 
nos  viene  del  Paraguai  la  yerba  mate. 

Saca  denota  también  la  acción  de  sacar,  i  así  no  hai 
pero  que  poner  a  nuestros  chacareros  cuando  dicen:  «Tal 
dia  principiamos  la  saca  de  las  papas.n 


COSTINO,    A. 


Lo  que  pertenece  a  la  costa  se  indica  en  español  con 
el  adjetivo  costanero,  a. 

Nosotros  hemos  reservado  el  uso  de  ese  adjetivo  para 
modificar  a  los  objetos  inanimados  que  pertenecen  a  la 
costa,  i  asi  decimos:  vapor  costanero  i  no  vapor  costino, 
Pero  usamos  de  este  último  siempre  que  se  trata  de  per- 
sonas o  de  animales:  «Todos  los  jueves  llegan  a  Quillota 
ios  costinos  con  sus  chiguas  de  pescado.»  c(No  hai  carne 
mas  sabrosa  que  la  de  las  ovejas  costinas. yi 

«Estos  rebeldes  indinos 
Han  quebrantado  la  alianza 
Depoaiendo  su  confianza 
En  los  caciques  costinos 
O  mejor  dicho  abajinos 
Que  eran  del  gobierno  aliados.» 

(GuAJARDO. — Ilebclion  de  los  indios  salvajes,) 


lí 


COT  125 


COSTIPADO,  ACIÓN. 


Algunos  creen^  i  creía  también  hasta  no  ha  mucho  el  que 
escribe  este  Diccionario,  que  decir,  estoi  costipado,  para 
denotar  que  se  sienten  los  síntomas  de  un  resfrío,  era  ha- 
blar al  ruido  de  las  nueces,  por  denotar  solo  aquella  pa- 
labra el  estreñimiento  de  vientre.  Tal  creencia  es  infun- 
dada sin  embargo,  por  mas  que  en  francés  constipation 
signifique  solo  impossibilité  ou  difficulté  extreme  d'aller  á 
la  selle\  i  por  mas  que  en  castellano  constipación  i  consti^ 
pado  signifiquen  también  eso. 

No  habia,  pues,  motivo  para  la  bastardilla  que  encontra- 
mos en  los  versos  que  van  en  seguida,  i  que  reconocemos 
como  propios  en  expiación  de  nuestra  culpa. 

ctEl  uno  se  acostó  arromadizado 
I  levantarse  no  osa  porque  teme 
Cojer,  saliendo  al  aire,  un  constipado.^ 
(No  me  mezclo  en  política.) 

COTENSIO  o  COTENSE. 


Decimos  en  Chile  por  cotanza,   especie  de  lienzo  que 
se  hacia  en  Coutances,  puerto  de  Normandía. 

aSe  invirtieron  en  ochenta  varas  de    cotense  para  te- 
lones.» 

(Vicuña  Mackenna. — Historia  de  Santiago.) 


COTO. 


Del  quichua  kcoto,  papera,  turjencia  que  sale  en  el  pes- 
cuezo. 

Nos  servimos  de  ella  exclusivamente  para  designar  la 
enfermedad  que  es  conocida  en  la  ciencia  médica  con  el 
nombre  de  bocio  o  bocione,  i  que,  si  no  nos  engaña  la  pre- 
sunción de  meternos  a  hablar  de  lo  que  no  entendemos^ 
consiste  en  la  hipertrofia  de  la  glándula  tiroides. 


126  COT 

La  Academia,  que  no  dá  ninguna  explicación  de  bocio  y 
parece  tenerlo  por  sinónimo  áe  papera.  Si  tal  sinonimia 
fuese  exacta  deberíamos  conservar  nuestro  coto  como 
oro  en  paño,  pues  entre  paperay  que  es  el  tumor  escrofulo- 
sa que  se  forma  en  la  papada,  i  la  hipertrofia  de  la  glán- 
dula tiroides,  que  es  lo  que  llamamos  coto,  hai  una  regular 
diferencia. 

¿Qué  cotudo  no  protestaría  contra  el  insulto  si  lo  lla~ 
masen  escrofuloso?  ¿I  a  quién  se  le  ocurre  que  el  famosí- 
simo cotudo  Vera  habría  podido  llamarse  también  e  indis- 
tintamente, Vera  el  paperudo? 

» 

COTÓN. 


Palabra  que  en  dialecto  de  los  jitanos  significa  jubo7i  i 
a  la  cual  atribuye  nuestro  pueblo  una  significación  muí 
parecida,  pronunciándola  indistintamente  coto7i  o  cotona, 

I  tan  indudable  es  la  procedencia  germanesca  de  la 
palabra  que  estamos  considerando,  que  en  el  dialecto 
de  esa  jentualla,  que  según  Cervantes  «nacen  de  padres 
ladrones,  críanse  con  ladrones,  estudian  para  ladro- 
nes i  finalmente  salen  con  ser  ladrones  corrientes  i  mo- 
lientes a  todo  ruedo»  encontramos  la  clave  de  aquellos 
conocidos  i  terribles  versos  que  habían  mortificado  nues- 
tra curiosidad  desde  niños: 

iiCoton  colorada 
Mató  a  su  mujer 
Con  un  cuchillita 
Del  porte  del. 
Sacó  las  tripitas 
I  salió  a  vender: 
¿Quién  compra  tripitas 
De  mala  mujer?» 

La  clave  está  en  estas  cuatro  palabras  que  copiamos  del 
Diccionario:  aCoton  colorado, — Germania. — El  que  ha  su- 
frido la  pena  de  azotes.» 

¿I  no  tienen  también  un  marcado  acento  jitanesco  estos 
otros  versos,  en  que  también  anda  figurando,  no  mui  de- 
cente ni  relijiosamente,  un  cotonl 


CRE  127 

<(Veinte  mil  i  mas  murieron 

En  el  cuello  de  un  cotón ; 

Pero  como  piojos  eran 
Murieron  sin  confesión.» 

COTOTO. 

Bel  mismo  orijen  que  el  anterior,  o  acaso  de  su  primo 
hermano  el  sustantivo  ccotto,  que  en  el  idioma  de  los  incas 
significa  montón. 

En  Chile  es  de  uso  jeneral  por  chichón,  el  hulto  o  hin- 
chazón que  se  forma  en  la  frente  o  cabeza  a  consecuencia 
de  algún  golpe. 


COVUR- 


Don  Vicente  Salva  asegura  que  este  có\iur  es  un  provin- 
cialismo chileno,  equivalente  a  armadillo. 

Nosotros  cuanto  podemos  decir  acerca  de  él  es  que  no 
lo  hemos  oido  sonar  en  los  dias  de  nuestra  vida. 


CRECE. 

Hai  en  castellano  un  sustantivo  plural  creces,  que  entre 
otras  cosas  significa  aumento,  ventaja,  exceso  en  alguna 
cosa,  como  aparece  de  este  ejemplo: 

«Si  es  verdad  que  en  vida  tuya 

No  me  es  dado 
Ni  admirarte  ni  aplaudirte 

Sin  pecado; 
Puede  que  un  dia  te  pague 

1  con  creces, 
Deuda  cabal  i  cabales 

Intereses.» 

Lo  que  sí  se  buscaría  vanamente  en  los  Diccionarios  de 
la  lengua  es  el  sustantivo  crece,  en  singular,  como  lo  usa- 


128  CRIS 

mos  en  Chile  para  denotar  el  aumento  de  agua  que  toman 
los  rios  por  grandes  lluvias  o  derretimiento  de  nieves,  por- 
que el  nombre  castizo  de  los  aumentos  tales  es  crecida. 

c(El  suelo  que  el  agua  ocupa  o  desocupa  alternativa- 
mente en  sus  creces  i  bajas  periódicas.» 

[Código  Civil  chileno  art.  650.) 

«Bien  sea  al  principiar,  deslindando  al  norte  por  la  lí- 
nea estensa  del  Tajamar  que  opone  una  valla  a  las  fre- 
cuentes creces  del  Mapocho.» 

(A.  Blest  Gk^k.—El  Ideal  de  un  Calavera.) 


CRISTIANO. 


No  andan  tan  fuera  de  camino  nuestros  guasos  i  rotos 
al  emplear  la  palabra  cristiano  como  equivalente  de  horri' 
bre  o  persona;  pues  una  de  sus  acepciones  según  el  Dic- 
cionario de  la  Academia  española  es  hermano  o  prójimo. 
Ahora  bien,  si  según  el  Catecismo  son  nuestros  prójimos 
todos  los  hombres  ¿por  qué  seria  incorrecto  decir:  «Aquí, 
donde  está  clavada  esta  cruz,  debe  de  haber  muerto  al- 
gún cristiano?» 


CRISTO. 


Andar  sin  cristo  o  sin  un  cristo  es  frase  chilena  que  co- 
rresponde a  la  española  andar  sin  blanca. 

Seguramente  que  nuestro  provincialismo  trae  oríjen  de 
la  antigua  moneda  macuquina,  llamada  vulgarmente  de 
cruz,  porque  tenia  por  una  de  sus  caras  el  signo  de  la  re- 
dención. 

Lo  propio  para  denotar  el  signo  que  en  las  cartillas  de 
antaño  precedía  a  las  letras  del  alfabeto  es  cristus: 

^  «Letras,  respondió  Sancho,  pocas  tengo  porque  aun  no 
sé  el  A,  B,  C;  pero  básteme  tener  el  cristus  en  la  memoria 
para  ser  buen  gobernador.» 

(Cervantes  . — Quijote.) 


CON 


129 


CUADRA. 

gNo  es  en  verdad  curioso  que  no  aparezca  en  los  diccio- 
narios de  la  lengua  esta  palabra  en  su  sentido  de  medida 
de  lonjitud?  Pues  no  la  hemos  encontrado  en  ninguno.  El 
de  Salva,  que  es  el  que  mejor  la  trata,  nos  la  presenta  co- 
mo un  provincialismo  que  en  la  isla  de  Cuba  indica  «el 
frente  que  ocupa  una  manzana  de  casas»  i  en  el  Peni 
íLuna  porción  de  tierra  de  sembradura.» 

¿Cuál  es  entonces  el  oríjen  de  llamarse  cuadra  nuestra 
medida  (ya  legalmente  abandonada)  de  ciento  cincuenta 
varas  lonjitudinales,  o  de  22,500  cuadradas?  Lo  ignoramos. 

Lo  que  sí  advertiremos  porque  nos  consta  es  que  en  el 
Sur  del  Perú  el  terreno  de  sembradura  no  se  mide  por 
cuadras  sino  por  topos^  que  contienen,  si  no  recordamos 
mal,  5,000  varas  cuadradas  cada  uno. 

Cuadra  es  anticuado  en  España  por  sala  principal  de 
una  casa. 

«I  entre  tanto  se  podrán  vuesas  mercedes  entrar  a  sen- 
tarse a  la  cuadra.  Ellas  entraron  por  el  patio  en  una  sala 
bien  aderezada.» 

(M.  Alemán. — Guzman  de  Alfardche.) 

En  Chile  no  es  anticuado  en  esta  acepción,  aunque  el 
buen  tono  pide  ya  que  se  diga  salotiy  i  en  pocos  años  mas 
no  se  oirá  dicer  cuadra  a  nadie. 

cuadrillazo; 

Ya,  ocupándonos  de  acuadrillar,  espusimos  que  dar  cua- 
drillazo es  un  chilenismo  que  sirve  para  dar  a  entender 
que  alguien  ha  sido  objeto  del  ataque  de  alguna  cuadrilla 
de  jente  traidora  i  mal  entretenida. 

También  solemos  decir  en  casos  tales  dar  un  malón. 


CONTIMAS,     CUANTIMÁS. 


La  segunda  de  estas  palabras  es  una  mui  antigua,  gra- 
ciosa  i  castiza  síncopa  de  cuanto  mus  o  cuanto  i  mas. 


17 


130  CRU 

«Se  afrentaba  después  mi  alma  de  ver  que  pueda  parar 
en  ninguna  cosa  criada,  cuantimás  aficionarse  a  ella.» 

(Santa  Teresa.) 

Sentido  idéntico  al  de  esta  otra  frase  de  Cervantes: 
«No  tengas  pena,  amigo  Sancho,  que  yo  te  sacaré  de  las 
manos  de  los  caldeos,  cuanto  mas  de  las  de  la  Herman- 
dad.;) 

(Quijote.) 

En  Chile,  donde  es  de  uso  corriente  aunque  solo  vulgar 
contimas  en  el  sentido  que  queda  dicho,  se  emplea  tam- 
bién en  otro  que  lleva  envuelta  la  idea  de  contraste  i  de 
burla,  difícil  de  explicarse,  pero  fácil  de  comprenderse  a  la 
lectura  del  siguiente  ejemplo: 

«Te  buscarán  un  marques  (por  marido)  a  ver  si  te  gus- 
ta. \Contimas  que  sois  tan  bonita!» 

(Blest  Gana. — Martin  Rivas.) 

CRUJIDA. 

Hasta  hace  poco  estábamos  creyendo  que  nuestro  pasar 
crujidas  era  unlejítimo,  si  bien  algo  caprichoso,  derivado 
de  crujir. 

Leyendo  el  Viaje  al  Parnaso  de  Cervantes  salimos  de 
nuestro  error,  que  no  era  chico  como  lo  harán  comprender 
los  siguientes  versos  que  copiamos  del  susodicho  poema: 

«Hecha  ser  la  crujia  se  me  muestra 

De  una  luenga  i  tristísima  elejía 

Que  no  en  cantar  sino  en  llorar  es  diestra. 

Por  ésta  entiendo  yo  que  se  diria 

Lo  que  suele  decirse  a  un  desgraciado 

Cuando  lo  pasa  mal,  pasó  crujia.y) 

De  manera,  pues,  que  cuando  decimos  que  alguno  ha  pa- 
sado muchas  crujidas,  decimos  sin  saberlo  que  ha  sufrido 
muchas  de  las  que  en  tierra  se  llaman  carreras  de  bague-  | 
ta.  En  efecto,  pasaba  crujia  en  las  antiguas  galeras  el 
infeliz  a  quien  se  le  obligaba  a  correr  de  popa  a  proa  por 
entre  dos  filas  de  desalmados  marineros,  quienes,  al  pasar 
aquél,  a  fuerza  de  látigo,  lo  desollaban  vivo. 


CUA  131 


CRUJIDERA. 

Llamamos  así  las  tiritas  de  cuero  que  se  ponen  entre 
la  suela  de  los  zapatos  de  modo  que  al  pisar  con  ellos 
crujan  especialmente  cuando  nuevos.  Ignoramos  como  se 
llaman  las  crujideras  en  España,  o  porque  éstas  no  existen 
o  porque,  existiendo,  no  hemos  podido  dar  con  su  nom- 
bre. 

CUANTO    HA. 

Nos  parece  digno  de  notarse  el  uso  de  cuanto  seguido 
del  verbo  haber  y  en  la  tercera  persona  del  presente  de  in- 
dicativo apocopada,  para  denotar  largo  espacio  de  tiem- 
po. «¿Cómo  van  los  negocios  de  nuestro  amigo?— Cwanío 
ha  que  no  recibo  noticias  suyas.» 

CUARTA. 

Provincialismo  cubano:  (dátigo  que  usan  los  caleseros 
para  arrear  las  bestias^  tejido  de  cuero  con  un  mango  de 
cerca  de  una  cuarta.y> 

Parece,  pues,  que  el  señor  Salva,  que  nos  da  esta  noticia, 
diese  a  entender  que  llamarse  cuarta  en  Cuba  el  instru- 
mento que  en  España  se  llama  látigo  o  zurriago  i  en  Chi- 
le guasca^  proviene  de  la  circunstancia  de  alcanzar  el 
mango  a  una  cuarta  de  largo  mas  o  menos. 

Forzadilla  nos  parece  la  explicación  i  amen  de  forzadilla 
de  todo  punto  incapaz  de  esplicarnos  por  qué  nosotros  he- 
mos llamado  cuarta  a  la  correa  con  que  se  asegura  la  car- 
ga de  la  carreta,  i  que  suele  tener  algunas  varas  de  largo. 

De  la  frase  a  la  cuarta^  ya  hablamos  al  tratar  de  las 
formadas  con  la  preposición  a. 

cuarterola; 


Significando  el  tonel  pequeño  que  hace  la  cuarta  parte 
del  ordinario,  es  español;  no  así  denotando  una  especie  de 


132  CU  A 

arma  de  fuego,  mas  corta  que  la  tercerola,  que  usa  la  ca- 
ballería. 


CUARTILLERA,  ILLO. 

Cuartillo,  por  la  cuarta  parte  de  un  real,  es  castellano, 
aunque  crea  i  diga  lo  contrario  el  señor  Salva.  No  lo  usa- 
mos sinembargo  en  Chile  para  significar  la  cuarta  parte 
del  celemín  o  almud,  que  es  otra  de  sus  castizas  acepcio- 
nes; pues  ala  medida  ésa  acostumbramos  designarla  con  el 
nombre  de  cuartillera,  que  es  de  invención  chilena. 

CUARTAGUEAR. 

Cuartago  llama  el  Diccionario  al  caballo  de  mediano 
cuerpo. 

En  Chile  llamamos  cuartago  al  rocin  que  es  por  natura- 
leza de  paso,  esto  es  sin  que  lo  hayan  artificialmente  tra- 
bado de  tal. 

De  cuartago  en  esta  última  acepción  se  ha  formado  el 
yQTho  cuartaguear,  ({MQ  se  aplica  a  los  que,  caminando, 
mueven  las  piernas  semejantemente  a  los  caballos  de 
aquella  especie: 

«Da  risa  ver  a  los  viejos 
Cuando  van  a  enamorar; 
Agarran  un  trotecito 
Que  llegan  a  cuartaguear .y) 

(GuAJARDO. — El  viejo  lacho.) 

CUARTO  REDONDO. 

Llámanse  así  los  que  no  tienen  patio  ni  corral,  con 
puerta  a  la  calle,  i  que  por  lo  común  sirven  de  habitación 
a  los  pobres. 

uQue  con  otros  individuos  cometían  desórdenes  en  un 
cuarto  redondo,  como  se  llamaba  (i  llama  todavía)  en  San- 
tiago a  los  cuartos  cuadrados.)^ 

{YicmxUACKE^í^A. -^Historia  de  Santiago.) 


CUE  133 


CUBIERTO. 


Usase  impropiamente  por  cuchillo  i  tenedor  i  aun  por 
cuchillo  solo. 

En  castellano  significa  el  servicio  de  mesa  compuesto 
de  plato,  cuchillo,  tenedor,  cuchara,  pan  i  servilleta;  i 
también  cuchillo,  tenedor  i  cuchara  solos. 

Véase  un  ejemplo  en  la  voz  pararse. 

CUBILETE,  EAR,   ERO. 

Vienen  estos  tan  trillados  vocablos  del  sustantivo  cubi- 
lete que  en  castellano  es  el  vaso  de  que  se  sirven  los  pres- 
tidijitadores  para  varios  de  sus  juegos.  Ampliando  i  tras- 
ladando un  tanto  ese  significado,  hemos  venido  a  llamar 
cubilete  la  intriga,  cábula  o  ai^did  especialmente  políticos: 
cubiletear  es  maquinar  hipócritamente,  o  por  lo  me- 
nos en  secreto,  alguna  sorpresa  o  golpe  contra  los  adver- 
sarios; i  cubileteros  son  los  que  profesan  en  arte  tan  hono- 
rable i  socorrido. 

CUCARACHO. 

El  señor  Gormaz  quiere  que  se  diga  cucaracha. 

encaracho  es  en  Chile  voz  jenérica  de  todas  las  espe- 
cies de  escarabajos. 

La  voz  española  cucaracha  parece  haberse  formado  del 
cockroach  ingles,  que  significa  lo  mismo. 

CUCURUCHO. 

Véase  cartucho. 

CUESTIÓN. 

That  is  the  question,  que  vemos  todos  los  dias  en  los 
diarios  traducido,  esta  es  la  cuestión,  no  es  castellano. 


134  CUJ 

«El  plan  era  excelente 
I  moral  el  asunto; 

Pero  ¿i  la  ejecución? — ese  es  el  pii7iio,n 
(J.  J,  DE  Mora. — La  Zorra  i  el  Gato.) 

• 
cui. 

Del  quichua  ccoiiey  conejo. 

Es  efectivamente  el  nombre  que  damos  a  un  conejo  pe- 
queño y  orijinario  a  lo  que  se  nos  imajina  del  Perú,  don- 
de los  cuyes  son  mucho  mas  abundantes  que  en  Chile  i 
mas  apreciados,  pues  se  comen,  no  solo  los  domesticados 
sino  los  silvestres  o  alzados^  que  en  Dios  i  en  nuestra  alma 
se  asemejan  tanto  a  nuestros  ratones  por  mal  nombre 
llamados  pericotes ^  como  un  huevo  a  otro  huevo. 

Parir  como  un  ciii;  es  frase  con  que  se  pondera  la  ex- 
traordinaria fecundidad  de  alguna,  i  que  está  mostrando 
que  cui  no  cambia  de  terminación  al  aplicarse  a  la  hem- 
bra. 

cuíco. 

Apodo  que  suelen  dar  los  habaneros  a  los  mejicanos,  si 
hemos  de  atenernos  al  testimonio  de  Salva. 

Hemos  oido  una  que  otra  vez  usarlo  en  Chile  para  de- 
signar a  nuestros  hermanos  de  Bolivia.  Seria  mas  conve- 
niente que  nos  olvidáramos  de  él  porque  los  apodos  sue- 
nan mal  entre  hermanos. 

CUJA.' 

La  Academia,  que  consigna  esta  voz  en  la  última  edi- 
ción de  su  Diccionario,  la  explica  diciendo:  «Bolsa  de  cue- 
ro asida  a  la  silla  del  caballo  para  meter  el  cuento  de 
la  lanza  o  bandera  i  llevarla  mas  cómodamente.  Ant.  La 
cabecera  de  la  cama.)) 

Salva,  que  la  consigna  también,  dice  de  ella  ser  un  pro- 
vincialismo de  Venezuela  i  del  Perú  donde  significa  «ca- 
ma de  matrimonio  primorosamente  torneada.)) 

En  Chile,  donde  las  cujas  pertenecen  ya  a  la   historia 


r 


CUM  135 

i  a  los  museos,  eran  ellas  catres  de  madera  preciosos,  ta- 
llados con  primor,  incrustados  de  bronce,  de  plata  i  aun 
en  la  cabecera  de  rayos  de  oro  figurando  un  sol. 

En  el  saínete  Los  dos  preceptores,  que  ha  sido  alterado 
i  casi  completamente  rehecho  por  nuestros  cómicos  de  la 
leguar,  D.  Alberto  dice  a  su  sirviente  José,  recomendán- 
\  dolé  aderece  i  limpie  la  pieza  del  dómine  que  acaba  de  lle- 
gar sin  esas  charlatanerías  de  cofres  i  maletas:  «Que  nada 
falte:  la  cuja  dorada,  la  colcha  verde  ieh!...» 

Eran  jeneralmente  tan  anchas  que  podia  dormir  en 
ellas  una  familia  entera,  i  tan  pesadas  que  sus  patas  ser- 
vían de  postes  para  amarrar  a  los  niños  traviesos,  hasta  ya 
(juainitas.  No  debieron  de  ser  pocas  de  contado  las  fuer- 
zas de  D.  Félix  Sotomayor  «mayordomo  de  los  jesuítas» 
que  según  el  señor  Vicuña  Mackenna,  «atándose  una  soga 
al  pié,  arrastraba  una  cuja  o  catre  colosal  con  cuatro  o 
cinco  colejiales  acostados  encima.» 

CULERO. 

Pieza  del  vestido  de  nuestros  mineros  que  a  modo  de 
íuna  faja  ancha  les  cubre  los  ríñones  i  la  barriga.  Los  hai 
también  mas  ordinarios,  de  cuero  sin  curtir  que,  cubrién- 
doles por  detrás  las  asentaderas,  les  sirven  para  sentarse 
ísobre  las  piedras  i  cascajo^  sin  daño  de  los  pantalones. 

«El  minero  aunque  trabaja 
Dos  temporadas  al  año 
Jamas  ve  su  desengaño 
Ni  para  gastar  se  ataja. 
Luego  que  del  cerro  baja 
Cae  en  el  resumidero 
Empeña  hasta  su  culero 
I  después  vamos  al  clavo.^y 

(GuA JARDO. — El  Minero.) 

CUMPA. 

Palabra  que  indudablemente  es  de  formación  indíjena; 
pero  cuya  etimolojía  no  podemos  dar  sino  a  tientas  i  como 
adivinando.   Puede  que  venga  del  quichua   ccorppa,   que 


136  CÜR 

significa  huésped;  puede  también  que  sea  compuesto  de  las 
dos  voces  araucanas,  coriy  confidentCy  amigo  de  confianza^ 
i  fpa,  llegar. 

De  todas  maneras,  cumpa  es  en  lenguaje  de  la  jente  que 
aun  conserva  el  pelo  del  pueblecito  de  indios  en  que  se 
crió,  el  camarada,  el  amigo  predilecto: 

— ((Veamos  el  calabacito,  decia  uno.» 

— Está  tapado  con  corcho,  dijo  otro:  talvez  es  aficiona- 
do a  la  música  el  cumpa.yí 

(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio.) 

El  significado  sornástico  de  cumpa  en  este  ejemplo  nos 
induce  a  creer  que  bien  pudiera  venir  de  cúmpeUy  hom- 
breparapocOy  tonto, 

CUNCUNA. 

Del  araucano  cuncuna,  que  según  la  donosa  explicación 
del  padre  Fébres  es  ((un  gusano  del  todo  parecido  a  los 
de  seda,  menos  en  el  color  i  en  morder;»  i  en  el  pelo,  agre- 
garíamos nosotros. 

Hacerse  una  cuncuna;  encojerse,  doblarse,  enrollarse  co- 
mo las  culebras. 

CURARSE. 

Uno  de  los  innumerables  verbos  con  que  nuestros  rotos 
llaman  su  distracción  favorita  de  embriagarse.  ¡Se  acuer- 
dan tan  poco  de  proporcionarles  otras  menos  groseras 
cabildantes  i  ediles! 

((Se  curó,  hizo  pecho  ancho 

I  sobre  picado  dijo: 

Ahora  mismo  de  fijo 

Voi  al  enganche  i  me  engancho.» 

(GuAJARDO. — Los  enganchados.) 

CURCUNCHO. 

Nombre  de  oríjen  indio  cuya  raiz  es  probablemente 
kcumuruna,  en  quichua  el  corcovado,  o  chunco,  que  en 
aymará  significa  lo  mismo. 


i 


cus  137 

No  faltan  en  la  Historia  de  Chile  personas  que  hayan 
pasado  a  la  posteridad  con  el  adjetivo  éste  antepuesto  al 
nombre  de  familia;  i  así  como  no  se  conoce  a  Don  Ber- 
nardo Vera  i  Pintado  sino  por  el  cotudo  Vera,  así  tam- 
poco nadie  conoce  al  politiquero  D.  Santiago  Ramos,  alias 
el  quebradíno i  sino  por  el  curcuncho  Reímos. 


CURTIEMBRE. 

La  tenería  u  oficina  en  que  se  curten  pieles  se  llama, 
según  la  Academia  española,  curtiduría;  i  según  Salva 
cur  timbre. 

Por  estos  mundos  no  la  llamamos  ni  así  ni  asá,  sino 
curtiembre. 

De  los  tres_,  si  se  nos  pusiese  en  el  aprieto  de  elejir, 
elejiríamos  el  académico  curtiduría,  que  es  sin  duda  de  mas 
correcta  formación. 

«Las  curtiembres  de  Córdova  gozaban  nombradla  sin 
rival  en  toda  Europa.» 

(Marcial  Martínez. — Ancíles  de  la  Universidad  y  octubre 
de  1864). 

«Se  preparaban  en  algunas  curtiembres  algunas  malas 
suelas  i  algunos  malos  cordobanes.» 

(M.  L.  Amunátegui. — Los  Precursores.) 

«La  cascara  que  suministra  el  tanino  para  la  curtiem- 
bre.n 

(Sastre. — El  Tempe  arj entino.) 

CUSPE. 

Del  quichua  keuzpi,  trompo^  peón  lijero. 
Hai,  sin  embargo,  una  diferencia  notable  entre  el  trom^ 
po  i  el  cuspe;  tan  notable  que  no  se  encontrará  en  Chile 
niño  de  teta  que  los  confunda.  El  trompo  se  envuelve  en 
la  guaraca  i  se  suelta  a  bailar  sin  que  vuelva  a  ser  to- 
cado por  ella  hasta  que  se  apague.  El  cuspe  nó^  porque  ca- 
kreciendo  de  puya  (no  es  mas  que  un  pequeño  cono  de 
madera    que    se  hace    bailar  sobre  la  punta)  es  incapaz 


138 


CUS 


de  perseverar  en  el  baile  si  no  se  le  está  dando  continua- 
mente guasca. 

Se  nos  imajina  que  tampoco  han  de  confundir  este  ju- 
guete con  el  del  trompo  los  niños  españoles,  pues  según 
vemos  por  el  Diccionario  de  la  Academia,  que  lo  define 
perfectamente  «pieza  de  madera  en  figura  cónica  i  sin 
punta  de  hierro,  la  cual  baila  azotada  de  una  correa»  él 
tiene  el  nombre  especial  de  peonza, 

«No  veo  gran  sentimiento  de  la  belleza  en  el  acto  de 
jirar  los  hombres  como  peonzas  o  de  convertirse  las  mu- 
jeres en  lagartijas,  arañas  o  saltamontes.» 

(OcHOA. — Parisy  Londres  i  Madrid,) 

El  provincialismo  colombiano  correspondiente  a   cuspe 
es  chÍ7ia, 
Como  un  cuspe;  con  grande  ajilidad  i  lijereza. 


GH 

CHACANEAR. 

Destrozar  con  la  espuela  los  hijares  del  caballo,  o  mas 
exactamente  levantarle  hinchazón  en  las  costillas,  por  ser 
malas  las  espuelas  o  no  saber  servirse  de  ellas  el  jinete. 

((Pero  la  jegua  va  un  poco  lerda  i  he  teiiio  que  chaca- 
nearle las  costillas  fuerte  i  feo  todita  la  mañana,  observó 
José.» 

[Huérfano,) 

Probablemente  chacanear  es  un  derivado  sni  géneris  del 
araucano  chagcimiy  o  chigtun  que  significa  despedazar. 

CHACARANDÁ. 


Según  Salva,  es  así  como  debe  llamarse  la  preciosa  ma- 
dera que  llamamos  Jacaranda, 


CHACHARAS^  CHACHARACHAS. 


La  segunda  no  es  española;  la  primera  sí  lo  es,  i  signi- 
fica abundancia  de  palabras  inútiles. 

Debe  reputarse  por  lo  tanto  como  un  provincialismo 
chileno  el- uso  que  hacemos  indistintamente  de  uno  u  otro 
de  los  dos  sobrescritos  vocablos,  dando  a  entender  con 
ellos,  baratijas,  adornos  ridículos  i  de  poco  valor. 


140  CHAC 


CHACRA,  CHACARERO,   A,   ERIA. 

El  S.  D.  Juan  M.  Gutiérrez,  en  un  artículo  que  sobre  el 
quichua  publicó  no  ha  mucho  en  una  revista  literaria  de 
Buenos  Aires,  dice  que  chacra  viene  de  c/i/iacra,  que  en 
esa  lengua  significa  heredad  de  labor;  pero  no  hemos  en- 
contrado la  palabra  en  el  Diccionario  del  P.  Mossi,  ni  en 
otros  vocabularios  menos  completos  que  tenemos  a  la 
mano. 

Según  lo  atestigua  D.  Gonzalo  Hernández  de  Oviedo  i 
Valdes  en  el  vocabulario  de  voces  americanas  que  adjuntó 
a  su  Historia  jeneral  de  las  Indias,  charca^  es  una  voz 
aimará  que  significa  cercado  de  piedras  o  árboles  para 
señalar  la  extensión  de  cada  hacienda. 

Dando  por  verdadera  esta  etimolojía,  es  fácil  imajinarse 
como  en  su  traslación  del  aimará  al  castellano  charca  dejó 
de  significar  el  continente  i  pasó  a  significar  el  contenido, 
denotando  ya  la  heredad  misma,  ya  las  sementeras  que 
era  costumbre  hacer  en  ella.  En  efecto,  chacra  en  nuestro 
uso  corriente  significa  dos  cosas:  1.*^  las  propiedades  rús- 
ticas que  por  su  extensión  ocupan  un  lugar  intermedio  en- 
tre las  quintas  i  las  haciendas;  i  2°  las  sementeras  de  le- 
gumbres, en  contraposición  alas  de  trigo  i  cebada. 

Chacarero  es  el  que  habitualmente  se  ocupa  de  sembrar 
i  cultivar  legumbres. 

Chacarería  el  conjunto  de  chacras  en  el  segundo  senti- 
do, i  también  el  arte  de  cultivarlas  con  provecho. 

Chacra  por  granja,  o  mas  exactamente  acaso  por  lo  que 
los  franceses  llaman  ferme  i  los  ingleses  farnn,  no  tiene  de- 
rivado alguno;  pero  tiene  en  cambio  la  variante  chácara, 
como  suelen  decir  ciertos  puristas  al  divino  botón,  que  se 
imajinan  que  para  hablar  castizo  con  apartarse  siempre  del 
vulgo  basta  i  sobra. 

Parece  que  a  los  principios  los  españoles  dijeron  i  es- 
cribieron como  todavía  dicen  i  escriben  algunos  chácara. 

De  un  auto  sobre  repartimiento  de  chácaras  expedido  en 
Santiago  por  su  fundador  don  Pedro  de  Valdivia,  el  12 
de  abril  de  1546  es  la  frase  que  sigue:  «Otrosí,  mandan 
que  ninguna  persona  pueda  vender  ni  enajenar  la  chácara 
o  estancia  que  tuviere  sino  fuero  yéndose  de  esta  tierra,  o 


CHAL  141 

en  caso  de  fallecimiento  que  las  pueda  dejar  a  sus  here- 
deros como  bienes  propios  ganados  por  sus  servicios.» 
(Del  primer  Libro  Becerro  del  Cabildo  de  Santiago.) 


CHALA. 

Del  quichua  chhalla,  hoja  seca  del  maiz. 

Una  que  otra  vez  hemos  oido  usada  esta  palabra  para 
designar  la  hoja  seca  del  choclo.  En  cambio  no  se  oye 
otra  cosa  en  Arequipa,  donde  sirve  para  mentar,  no  solo 
la  hoja,  sino  también  la  caña  seca^  que  allá  se  guarda,  co- 
mo que  es  útilísima  para  alimentar  durante  el  invierno 
las  caballerías,  si  con  permiso  de  ellas  nos  es  lícito  dar 
semejante  nombre  a  las  borricadas,  que  es  de  las  que  se 
trata. 

Chala  suele  llamarse  también  en  el  Perú  el  cigarrillo 
que  llamamos  en  Chile  de  hoja. 

CHALCHA,   UDO,   A. 

Ateniéndonos  al  oríjen  (en  araucano  chalcha  q^  papada) 
el  sustantivo  debiera  denotar  exclusivamente  la  carne  que 
crece  en  abundancia  debajo  de  la  barba  hasta  formar  bo- 
llos salientes  i  aun  colgantes;  pero  en  el  uso  común  tiene 
una  significación  mas  comprensiva.  Asi  llamamos  chalchu- 
da^ no  solo  a. la  persona  que  ostenta  papada  debajo  de  la 
barba,  sino  también  a  ciertos  perros  cuyos  labios  supe- 
riores les  cuelgan  a  manera  de  cortinas  por  uno  i  otx^o  lado 
de  las  mandíbulas. 

CHALILONES. 

Dias  en  que  es  costumbre  jugar  a  la  challa,  carnesto- 
lendas. 

Correr  los  chalilones-,  entregarse  en  cuerpo  i  alma  a  los 
juegos  de  carnaval.  Tanto  esta  costumbre  como  la  mas 
moderna  de  correr  a  Cristo  el  domingo  de  Cuasimodo  se 
van  perdiendo  ya  de  nuestras  grandes  ciudades. 

El   domingo,  lunes  i  martes   que  preceden  al  miércoles 


U2  CHAM 

de   ceniza   se   distinguen  de  los  demás    del  ano  en  que  se 
llaman  domingo,  lunes,  i  martes  de  chalilones. 

«Tampoco  corrimos  los  chalilones  como  era  costumbre 
entre  los  jóvenes  i  aquellas  personas  a  quienes  su  estado  o 
condición  lo  permitian.» 

(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio.) 

CHAMANTO. 

Manta  gruesa  i  burda  que,  apesar  de  los  muchos  i  bue- 
nos oficios  que  presta  a  los  pobres  que  la  usan,  no  merece 
el  honor  de  que  sus  orillas  i  boca  sean  ribeteadas  con  vis- 
tosas huifichas  de  lana  como  los  ponchos. 

(cHácele  sombra,  oleton, 
Un  gran  sombrero  de  lana 
I  un  chamanto  niui  guaroso 
Hasta  el  avio  le  baja.» 


[Huérfano.) 


CHAMBAO,     O     CHAMBADO. 


El  vaso  que  se  hace  de  los  cuernos  de  los  animales  va- 
cunos, recibe  varios  nombres  según  su  forma,  destino  i  es- 
mero con  que  se  trabaja 

Inmediatamente  sobre  el  cacho,  que  es  el  mas  rústico  de 
todos  i  que  a  veces  no  muestra  otras  señales  de  la  indus- 
tria humana  que  la  lisura  de  los  bordes  de  su  boca  ope- 
rada por  algún  afiladísimo  belduque,  está  el  chambao  o 
chambado,  que  tiene  la  parte  posterior  tapada  con  una  ta- 
blita  i  que  sirve  para  tomar  ?y/;>o,  i  hasta  chércan  i  agua 
caliente;  así  como  mas  arriba  del  chambao  está  el  guám- 
paro,  que  es  mas  largo,  un  tanto  corvo  i  cubierto  a  veces 
de  dibujos.  Es  la  copa  de  oro  en  que  los  guasos  acomoda- 
dos beben  la  chicha  i  el  ponche  cuando  repican  fuerte.  Por 
último,  i  colgados  por  ahí  de  alguna  estaca  clavada  en  la 
pared  o  de  alguna  punta  saliente  de  la  quinchay  se  ven 
los  chifles  (que  siempre  los  tales  andan  ert  colleras)  con  su 
regular  provisión  de  aguardiente,  los  chifles  que  son  gran- 
des   cuernos  bien  alisados  i  aun  labrados  i  pintados,  con 


CHAM  143 

una  tapa  fija  en  la  parte  de  la  base  i  con  otra  de  quita  i 
pon  en  la  boquilla  del  otro  extremo. 

En  una  relación  del  asesinato  del  ilustre  Portales  escri- 
ta por  su  compañero  de  cautividad  i  de  agonía,  el  bravo  je- 
íieral  Necochea^  i  publicada  solo  en  marzo  de  1874,  se 
lee  esta  frase,  que  acredita  fué  un  chambado  la  humilde  ta- 
za en  que  la  conmiseración  del  amigo  ofreció  unos  cuantos 
tragos  de  agua  caliente,  endulzada  con  azúcar  prieta,  al 
gran  patricio  que  desde  mas  de  30  horas  atrás  no  habia 
recibido  de  sus  verdugos  otro  alimento  que  la  hiél  de  la  in- 
gratitud i  el  vinagre  de  los  escarnios. 

«Luego  que  amaneció  el  dia  cinco»,  escribe  Necochea, 
«dándole  algún  dinero  al  cabo  que  teníamos  a  nuestra  inme- 
diación, conseguí  un  poco  de  agua  caliente  que  procuré 
partir  con  el  ministro,  a  quien  consideraba  con  igual  ne* 
cesidad  a  la  que  jo  sentia,  mandándole  un  chambado  con 
un  soldado,  i  lo  mismo  hice  mas  tarde  con  alguna  carne 
asada,  única  comida  que  tomamos  en  nuestro  desgraciado 
viaje,  porque  debo  decirlo,  aunque  con  rubor,  que  en  toda 
aquella  reunión  de  oficiales  no  hubo  ninguno  a  quien  la 
conmiseración,  cualidad  tan  propia  de  las  almas  nobles  i 
jenerosas,  lo  moviera  a  ofrecernos  un  bocado  de  pan  en 
la  estrecha  incomunicación  que  sufríamos.» 


CHAMELICOS. 

É  ár  lulos  j  trebejos  y   chilpes. 

Es  nombre  que  por  humildad  o  socorronería  dan  los 
pobres  a  sus  trastos  i  ropa. 

Liar  los  chamelicos,  equivale  a  la  frase  española  liar  los 
bártulos. 


CHAMIZA. 

Según  vemos  en  las  Apuntaciones  del  señor  Cuervo,  tam- 
bién en  Bogotá  es  costumbre  llamar  chamiza  a  la  leña 
menuda,  sarmientos,  pasto  seco,  varillas  de  arbustos^  etc. 
El  mismo  señor  nos  advierte  que  es  mala  costumbre  ésa, 
pues,  sin  necesidad  de  sacar  al  vocablo  de  su  acepción  pro-» 


144  CHAM 

pia,  caila  silvestre,  podemos  llamar  al  objeto    de    que   se 
trata  con  su  nombre  castizo  chamarasca. 


CHAMPAj    UDO^    EAR. 


Voces  sacadas  de  la  abundante  mina  del  quichua  que,  de 
suyo  i  sin  exijir  trabajo  alguno,  tanto  ha  enriquecido  el 
castellano  que  hab/amos  los  americanos  de  esta  parte  de 
América. 

En  efectO;  creemos  que  ni  champear ,  ni  champudo  tie- 
nen equivalentes  en  la  lengua  española,  en  la  cual  para 
expresar  las  ideas  que  esos  vocablos  expresan,  hai  que  va- 
lerse de  rodeos  i  circunloquios^ 

Champear  es  sacar  champas  de  la  tierra  con  la  pala 
para  formar  tranques  en  los  rios,  canales  i  acequias; 
champudo  se  dice  de  las  plantas  que  al  ser  arrancadas  sa- 
can mucha  tierra  entre  las  raices,  o  en  sentido  metafórico 
de  las  personas  que  tienen  cabellera  crespa  i  abun- 
dante. 

Los  equivalentes  castizos  de  champa  son  tepe^  i  césped 
(del  latin  cespes  que  los  roraajios   usaban  como  la  cham 

pa.)  (xet  ad  aggerem  cespitibus  comportandis.y) 

(J.  CÉSAR. — De  bello  gallicóy  lib.  III.) 

Tiene  ademas  champa  el  derivado  achamparse,  acerca 
del  cual  hemos  ya  dicho  oportunamente  lo  preciso» 


CHAMUCHINA, 


Acertado  nos  parece  dejar  al  señor  Don  Juan  de  Arona  la 
explicación  de  este  vocablo.  Apesar  de  que  ni  nos  han  fal- 
tado ni  probablemente  nos  faltarán  en  lo  sucesivo  por  acá 
las  chamuchinas,  seria  temeridad  en  los  que  escribimos  a 
orillas  del  Mapocho  disputar  la  competencia  para  descri- 
birlas a  los  que  viven    a    orillas  del   Rímac. 

Dice^  pues,  el  señor  de  Arona  que  chamuchina  es  «voz 
de  grandísimo  uso  en  Lima  para  significar  plebe,  popula- 
cho, populo  bárbaro  i  jente  ruin  i  soez.  Probablemente  (no 


CHAN  '       145 

puede  tener  otro  oríjen)    es    corrupción    de    chamusquina 
que  en  castellano  significa  riña,  pendencia. 

aEl  negro,  el  chino,  el  cholo,  el  zambo,  el  blanco 
I  toda  la  revuelta  chamuchina 
Puede  trepar  al  sol  de  un  solo  tranco 
I  dictar  reglamentos  de  cocina: 
«¡Viva  Caitiya!»  dice  el  negro  franco 
Cuando  roba  o  estafa  o  asesina, 
I  al  que  intente  a  su  fin  oponer  dique 
Lo  aterrará  con  un:  «jMuera  Chiñique!» 

(Juan  de  Arona. — Poesías  peruanas.) 


CHANCA,   AR,  ADO,    A. 


t)el  quichua  chamcca,  mazamorra  gruesa  de  chuho\  o 
bien  de  chúncani,  hacer  la  chanca. 

El  sentido  que  atribuimos  a  chancar'  es  partir  i  despe- 
dazar lo  entero,  piedras,  granos,  frutas,  de  modo  que 
quede  reducido  a  pedacitos.  Tratándose  del  trigo  encon- 
traría un  equivalente  en  frangollar',  pero  ¿quién  toleraria 
frangollar  las  piedras? 

En  este  caso,  i  en  jeneral,  el  equivalente  castizo  de 
nuestro  chancar  es  triturar ^  como  de  chanca  lo  es  tritura- 
ción. 

Figuradamente  hacer  una  cosa  chancada,  chancarla,  es 
ejecutarla  con  poca  atención,  mal  i  por  mal  cabo. 


CHANCACA. 


Es  éste  un  provincialismo  americano    de    corrientísimo 
uso,  que  no  ha  tenido  sinembargo  todavía  el  honor  de  ser 

I  reconocido  por  la  Academia,  como  si  la  ilustre  corpora- 
ción tuviese  empeño  en  seguir  con  las  nuevas  palabras  de 
estos  países,  la  misma  política  pachorruda  que  el  gobierno 
de  Madrid  sigue  con  los  nuevos  estados  que  surjieron  de 
la  guerra  de  la  independencia.  jSolo  en  este  año  ha  reco- 
nocido la  de  la  república  de  Venezuela! 


146  CHAÑ 

CHANCLETA,  EAR. 


Chancleta  por  cliinela  es  castellano;  como  lo  es  también 
enchancletar  por  doblar  hacia  adentro  el  talón  de  los  za- 
patos a  fin  de  usar  de  éstos  como  chinelas.  No  puede  de- 
cirse otro  tanto  de  chancleta  que,  en  sentido  despreciati- 
vo ^i  vulgarmente,  empleamos  como  sinónimo  de  mujer. 
Asf  no  es  raro  topar  con  maridos  que,  pasados  los  afanes 
del  parto  de  su  cara  mitad,  con  cierto  bochornillo  que 
salta  a  la  vista,  contesten  ala  inevitable  pregunta:  «¿Qué 
fué? — ¡Fué   chancleta!)-} 

Chancletear  es  andar  en  chancletas;  i  chancleteo  el  ruido 
que  éstas  forman  al  moverse  los  pies. 


CHANA  o  CHUNA,  CHAÑAR,  ADURÁ,  ADO,  A. 

Larga  descendencia  del  araucano  chañan,  arrojarse,  de- 
jarse caer  al  suelo,  o  de  chañalu,  que  es  la  forma  activa 
del  mismo. 

La  chaña,  chuña,  o  chañadura  es  la  acción  de  arrojar- 
se los  muchachos  sobre  los  volantines  que  caen  al  suelo 
en  las  comisiones,  a  fin  de  hacer  presa  de  ellos  si  pueden 
agarrarlos  intactos,  lo  que  raras  veces  sucede,  o  del  hilo  i 
de  los  maderos.  De  ahí  es  que  por  extensión  llamemos 
chañadura  la  rebatiña  de  los  bienes  i  la  distribución 
poco  limpia  de  los  caudales  públicos  entre  los  parientes  i 
paniaguados  de  los  que  gobiernan. 

¿Por  qué,  sin  embargo,  decimos  del  hombre  mal  vestido, 
sobre  todo  si  es  caballero  pobre,  que  anda  mui  chañado'^, 
Talvez  para  dar  a  entender  que  por  malos  de  sus  pecados 
o  de  los  ajenos,  sus  bienes  han  sido  objeto  de  desastrosa 
chañadura. 

Chuña  es  forma  usada  solo  por  los  chiquillos  de  la  calle, 
que  viven,  no  solo  chañando  volantines,  sino  también  ra- 
yando paredes  recien  pintadas,  i  jugando  al  choclón,  al 
picarse,  o  a  las  chapitas^  haciendo  desesperar  a  ios  pacos, 
i  cometiendo  todo  jénero  de  infantiles  fechorías. 


CHAP  147 


CHANO. 


Del  araucano  chahu,  los  sudaderos  del  amo. 

Jerga,  que  por  lo  común  es  de  lana  i  tejida  en  el  pais. 
Sirve  en  los  ranchos  de  colchón,  de  frazada,  de  mantilla 
(pañuelo  de  rebozo)  de  sudadero  i  de  cuanto  se  ofrece. 

El  chaño  se  diferencia  del  chamanto,  en  que  carece  de 
la  boca  que  éste  tiene  en  el  centro  para  dar  paso  por  ella 
a  la  cabeza. 

El  provincialismo  mejicano  correspondiente  a  cMño  es 
jorongo^ 

CHAPA. 


Por  cerradura  o  cerraja  es  «n  provincialismo  de  uso  je- 
neral^  a  lo  que  entendemos,  en  toda  la  América  española. 

Significando  chapa  «lámina  o  plancha  de  metal  que  sir- 
ve para  firmeza  o  adorno  de  la  obra  que  cubre»,  (Diccio- 
nario de  la  Academia)  claro  se  está  que  nosotros  damos  al 
todo  el  nombre  de  la  parte.  Los  dos  pasajes  de  Cervantes 
que  siguen  pondrán  mas  en  evidencia  lo  que  va  de  uno 
a  otro  vocablo: 

(cÉl  se  encerró  en  un  aposento  i  por  los  agujeros  de  la 
cerradura  estuvo  mirando  i  escuchando  lo  que  los  dos  tra- 
taban.» 

{(Quijote.) 

«Luis  probo  sus  fuerzas,  i  casi  sin  poner  alguna  se  ha- 
lló rompidos  los  clavos  i  con  la  chapa  de  la  cerradura  en 
los  manos.» 

[El  Celoso  extremeño.) 

(tVoi  a  abrir,  contestó  éste,  porque  al  paso  que  éstos 
andan  me  harán  pagar  todas  las  chopas  de  la  casa.» 

(A.  Blest  GANAr — El  Ideal  de  mi  calavera.) 

Chapeado  decimos  castizamente,  aunque  ala  antigua,  de 
la  enjalma,  freno,  o  cualquier  otro  mueble  adornado  con 
chapas;  i  en  sentido   metafórico   de  la  persona   que  tiene 


148  CHAP 

muchas  prendas  de  valor,  especialmente  de  plata  labrada. 
Chapearse   es  adquirir  buena  ropa^    comprar   muebles, 
alhajas,  el  que  carecía  de  ellos. 


CHAPALEAR  O  CHACALEAR. 

En  la  primera  de  sus  formas  el  verbo  éste  se  usa  tam- 
bién en  Lima.  No  así  en  Arequipa,  donde  para  expresar  la 
acción  de  golpear  el  agua  con  ios  pies  o  las  manos  diceu 
challar. 

El  equivalente  castellano,  abuelo  sin  duda  de  nuestra 
chacaleaVy  es  guachapear ^^  con  el  cual  hemos  de  encontrai*- 
nos  mas  adelante. 

Juan  de  Arona  habla  también  de  chapatalear^  pero  na 
aparece  en  el  Diccionario  de  la  Academia. 

CHAPE,    CHAPECAN. 


Del  araucano  chapCy  trenza  de  cabello^  o  de  chapecan^ 
trenzarlo. 

Hacerse  los  chapes  es  peinarse  de  trenzas. 

El  chape  único  i  largo,  colgante  por  detras,  era  signo  d» 
autoridad  entre  los  indíjenas;  al  menos  del  centro  i  Norte 
de  Chile,  pues  nos  inclinamos  a  pensar  que  nunca  lo  tra- 
jeron los  mas  famosos  toquis  araucanos.  De  ahí  la  frase 
jente  de  chape  para  significar  jente  rica,  de  respeto,  de 
pro. 

En  español  chape  es  coleta. 

Chapecan^  sinónimo  del  anterior^  solo  se  diferencia  de 
él  en  que  es  mucho  menos  usado. 


CHAPETÓN,     ONADA. 

Derivados  del  primero  de  los  anteriores.  Acerca  de 
ellos  dice  el  señor  Vicuña  Mackenna:  «Así  designaban  los 
criollos  a  los  españoles  por  el  chape  que  traian  de  Europa 
en  forma  de  trenza,  (excusada  parecia  la  explicación)  co- 
mo ellos  habian  llamado  orejones  a  los  indíjenas  a    causa 


< 


CHAQ  149  • 

de  los  grandes  aros  que  solían  usar.  Llamaban  en  conse- 
cuencia chapetonada  todos  los  lances  que  ocurrían  a  los 
peninsulares  por  su  poca  práctica  del  caballo»  etc. 

En  el  uso  ahora  corriente  chapetón  es  sinónimo  de  tor^ 
pe,  i  chapetonada  de  torpeza^  bisoñada. 

«Saca  ella  a  fuerza  de  industria, 
Actividad  i  denuedo, 
Del  poder  de  los  caribes 
A  su  chapetón  ileso.  >) 

(Felipe  Pardo. — Frutes  de  la  educación.) 

En  este  pasaje  (se  trata  de  un  asturiano)  chapetón  está 
por  españoly  godo* 

CHAPURREAR,     EADO,     A. 

Dicen  groseramente  algunos;  ni  faltan  tampoco  chapu- 
ceros que,  anteponiendo  una  m  a  la  p,  digan  champurrear, 
eado,  a. 

Lo  correcto  es  chapurrar, 

«Es  cosa  de  ver  i  mucho  para  admirar  cómo  se  borra 
la  lengua  española  de  la  memoria  de  los  galiparlistas  ape- 
nas empiezan  a  chupurrar  un  poco  el  francés.» 

(Baralt. — Diccionario  de  Galicismos.) 

CHAQUIRA. 


Dice  D.  Gonzalo  Hernández  de  Oviedo  que  chaquira  en 
la  lengua  de  Cueva    significa  sartal  de  nácar  o   conchas. 

Lo  que  nosotros  podemos  afirmar  es  que  lá  voz  ésta 
nada  tiene  que  ver  con  el  araucano,  en  el  cual  las  chaqui- 
ras  se  llaman  llancatu,  ni  con  el  quichua  en  cuyo  voca- 
bulario no  se  encuentra. 

Según  lo  que  es  posible  presumir  racionalmente,  cha- 
quira  fué  palabra  que  oyeron  sonar  los  españoles  al  de- 
sembarcar en  las  Antillas,  i  notando  que  con  ella  se  nom- 
braban los  collares  de  conchas  que  llevaban  las  indias, 
donde    quiera  que  en  lo   sucesivo   encontraron    el  obje- 


150  CHAR 

to  se  sirvieron  para  designarlo  de  aquella  palabra,  i 
así  la  propagaron  hasta  los  confines  australes  del  conti- 
nente. Fué  lo  que  sucedió  con  cacique^  canoa,  chicha^  ají, 
hamaca,  nigua,  petaca,  maiz  i  muchísimas  otras. 

Como  la  mayor  parte  de  estas  voces  jeneralizadas  en 
América  por  los  conquistadores,  chaqiiira  tiene  su  lugar 
en  el  Diccionario  de  la  Academia,  el  cual  la  define:  «En 
el  Perú  el  grano  de  aljófar,  abalorio  o  vidrio  mui  menú- 
do  que  llevaban  los  españoles  para  vender  a  los  indios.» 


CHARQUI,  EO,  EÁR,     ICAN. 

Del  araucano  charqui,  cecina,  tasajo,  i  mas  orijinaria- 
mente  del  quichua  chharqui,  tasajo,  i  también  seco  \  flaco. 

Excusado  parece,  puesto  que  escribimos  en  la  tierra  del 
valdiviano  i  del  charquican,  digamos  que  charqui  es  la 
carne  de  vaca  seca  al  sol;  que  charquear  es  separar  en 
tajadas  la  carne  de  la  res  para  que  pueda  fácilmente  se- 
carse; que  charqueo  es  la  acción  de  charquear;  i  que  char- 
quican  es  un  guiso  cuyo  elemento  predominante  es  el 
charqui. 

También  damos  a  charquear  la  acepción  mas  compren- 
siva de  despedazar  la  carne,  ya  de  las  frutas,  ya  de  los 
animales.  Así  decimos:  ccYa  es  tiempo  de  charquear  las 
peras  o  los  tomates.»  «Los  salteadores  no  se  dieron  por  sa- 
tisfechos con  robar  al  infeliz  cuanto  tenia;  después  de  ro- 
barle lo  charquearon.y* 

«No  entendían  los  cabreros  aquella  jerigonza  de  escu- 
deros i  de  caballeros  andantes,  i  no  hacian  otra  cosa  que 
comer  i  callar  i  mirar  a  sus  huéspedes,  que  ccn  mucho 
donaire  i  gana  embaulaban  tasajo  como  el  puño.» 

(Cervantes.—  Quijote.) 

Adviértase  sinembargo  que  tasajo  no  corresponde  exac- 
tamente a  charqui',  porque  aquél  es  la  carne  salada  i  aceci- 
nada, i  éste  la  carne  sazonada  no  mas  i  secada  al  sol. 

Trascribamos  ahora  un  curioso  párrafo  sobre  nuestra 
vOz,  de  un  artículo  del  Times  de  Londres,  firmado  W. 
Bridges  Adams,  que  se  publicó  en  el  núm.  2,896  de  E¿ 
Ferrocarril  de  Santiaíro. 


CHAS  151 

aLas  primeras  noticias  de  que  tenemos  memoria  nos 
fueron  suministradas  por  los  viajes  i  correrías  de  los  pira- 
tas americanos,  quienes  daban  a  este  artículo  el  nombre 
de  jerked  beef  (carne  azotada).  Los  piratas  fueron  en  su 
oríjen  secadores  de  carne^  no  solo  de  buei  sino  también 
de  puerco,  preparada  por  medio  del  humo  i  llamada  así 
en  francés  con  la  palabra  boucaner  (secar  con  humo)  como 
lo  harian  los  caribes  con  los  prisioneros  que  caian  en  sus 
manos.  La  expresión  jerked  beef  es  una  corrupción  de  la 
voz  americana  charqui,  que  a  su  vez  parece  ser  también 
una  corrupción  de  la  chair  cuite  o  carne  cocida  de  los  pi- 
ratas, [boucaniers]  franceses.  Hasta  ahora  se  llama  entre 
los  franceses  charcutier  al  que  vende  carne  de  puerco, 
porque  en  los  primeros  tiempos  se  vendia  el  puerco  seco 
bajo  la  forma  de  jamón  o  tocino.-» 

De  manera  que  si  el  señor  Bridges  Adams  estuviese  en 
la  verdad,  charqui  no  seria  ni  araucano  ni  quichua,  si- 
no de    procedencia  francesa. 


CHASCA,  ON,    ONA,   ONEAR. 

Del  quichua  chhasca,  enredado,  o  enmarañado: 

Esnos  común  con  los  peruanos  el  uso  de  chasca  (que 
según  el  Diccionario  de  Mossi  tiene  en  la  lengua  de  los 
Incas  el  significado  que  acabamos  de  atribuirle,  i  según  el 
señor  de  Arona  el  de  greña  o  'Vedija,)  para  nombrar  la 
cabellera  revuelta  i  desgreñada. 

En  cuanto  al  adjetivo,  que  aplicamos  a  la  persona  que 
lleva  el  cabello  en  semejante  manera,  nótase  la  diferen- 
cia que  va  de  chascón,  ona,  como  se  dice  por  acá,  a  chas- 
coso, a,  como  se  estila  en  Lima. 

Los  arequipeños,  que  son  hombres  de  cantar  las  verda- 
des al  lucero  del  alba,  dan  a  éste  el  nombre  de  chasca^ 
llamándolo,  mediante  una  atrevida  metáfora,  el  crinado  o 
pestañoso  por  excelencia. 

También  han  formado  de  chasca  nuestros  hermanos  del 
Perú  el  tan  poético  como  expresivo  chascallagua,  con  la 
ayuda  del  cual  puede  el  enamorado  joven  decir  en  menos 
que  canta  un  gallo  al  objeto  de  su  cariño:  aliene  Ud.  unos 
ojos  sombreados  por  largas  i  crespas  pestañas,  que  me 
matan.» 


152  CHAT 

«Pronto  vi  a  üti  muchacho  chascón  i  con  un  libro  viejo 
en  las  manos  que  se  asomó  a  la  puerta,  i  tornando  a  en- 
trarse prorrumpió  en  el  siguiente  grito  que  alcancé  a  per- 
cibir claramente:  ¡Niños,  carne  nueva!  carne  nueva  te- 
nemos!» 

(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio.) 

CHASQUE. 

Del  quichua  óházqúi,  correo  dé  á  pié. 

Se  llamó  así  en  tiempo  de  la  conquista  i  de  la  colonia 
al  mensajero  extraordinario  que  se  mandaba  para  condu- 
cir papeles  importantes  o  noticias  de  bulto. 

En  la  actualidad  es  de  poquísimo  uso  en  Chile.  No  así 
en  la  República  Arjentina,  donde  los  correos  no  han  lo- 
grado aún  desterrarlos  completamente. 

CHASQUEARSE» 

Creemos  que  el  usar  este  verbo  como  reflexivo  en  el  sen- 
tido de  padecer  algún  desengaño  o  salir  mal  de  alguna 
empresa  es  un  chilenismo;  pues  en  castellano  no  hai  mas 
que  el  activo  chasquear^  manejar  el  látigo  haciéndole  dar 
chasquidos,  i  el  neutro,  de  forma  idéntica,  que  significa 
dar  chasquidos  la  madera  cuando  se  abre  por  sequedad  o 
mutación  de  tiempo. 

CHAtRK. 

No  se  conoce  fuera  de  Chile  este  vocablo,  por  amante^ 
querido,  cortejo  y  galán,  etc. 

«Deja  el  poncho  i  la  pereza, 
Ponte  de  chatre  cabal 
Gasta  todo  tu  caudal 
En  vida  gustosa  i  tierna.» 

(El  P.  hóPEz.— En  el  Bosquejo  histórico  de  la  poesía  chi^ 
lena  por  A.   Valderrama.) 


CHAY  153 


CHAUCHA. 


En  quichua  i  araucano  una  clase  de  papa  chica  i  tem- 
pranera; i  tal  es  también  el  sentido  que  se  atribuye  a 
chaucha  en  el  Perú.  Entre  nosotros  es  la  papa  menuda 
que  queda  para  semilla  después  de  escojida  la  grande. 

Apenas  las  viejas  pesetas,  monedas  de  dos  reales,  fue- 
ron reemplazadas  por  las  de  veinte  centavos  que  ahora 
tenemos,  el  vulgo  se  apresuró  a  remediar  el  descuido  del 
gobierno  en  darles  un  nombre,  i  las  llamó  chauchas  i  chi- 
rolas» 

Vaya  un  ejemplo,  en  que  la  fuerza  del  consonante,  que 
tantos  estragos  causa  en  la  lengua,  obligó  al  poeta  a  dar 
a  chaucha  terminación  masculina: 

«De  arriba  vienen  los  gauchos 

Los  que  ganan  real  i  medio;  (hoi  ganan  seis) 

Vienen  buscando  en  la  línea 

De  sus  males  el  remedio 

Adonde  corren  los  chauchas. 

[Tonada  popular.) 


CHAVALONGO. 

Del  araucano  chavulonco,  calor,  fiebre  en  la  cabeza. 

Es  el  nombre  vulgar,  aunque  sinembargo  mui  propio, 
con  que  designamos  el  tifus.  Nos  gusta  masque  la  ya  mui 
ex  t  e  n  d  i  d  a  ^e^z-e  tifo  idea . 

«Pero^  ¡oh  lejislador  mió!  acuérdate  que  aquella  cofra- 
día ya  murió  de  chavalongo  antes  de  dar  un  solo  paso  en 
este  mundo.» 

(Camilo  Henríque?.— .E/  ciudadano  Horacio  al  honor  a- 
ble  ciudadano  Terraza.) 

CHAYA. 

Challani  es  en  quichua  rociar,  asperjar. 

Aunque  no  entra  en  nuestro  plan  explicar  con  un  arti- 


154  CHAY 

cnlillo  de  costumbres  nacionales  cada  una  de  las  palabras 
que  a  ello  se  prestan,  tarea  que  exijiria  mas  tiempo  del 
que  podemos  consagrar  a  la  presente  obra,  queremos  ha- 
cer una  excepción  de  clioya,  tanto  porque  en  los  paises 
extranjeros  se  comprenderá  mucho  mejor  su  sentido  po- 
niendo el  juego  en  acción  a  la  vista  de  los  lectores,  cuan- 
to porque  ya  otra  vez,  sino  con  el  donaire  que  seria  de 
desear,  con  escrupulosa  exactitud,  tuvimos  ocasión  de 
describirla. 

t(De  la  mesa  nos  trasladamos  a  lá  pieza  principal  de  la 
casa  cuyo  era  el  frutillar;  i  como,  a  pesar  del  buen  apetito 
con  que  habíamos  comido,  quedaba  aún  bajo  la  ramada 
mucho  que  lo  incitara,  acudieron  allí  todos  los  muchachos 
i  chicas  que  antes  se  hablan  estado  a  la  distancia,  i  des- 
pués de  gozarme  un  punto  en  ello  i  de  observar  la  prisa 
que  se  daban,  me  entré  al  aposento  en  que  a  la  sazón  ta- 
ñían el  arpa  i  a  mas  no  poder  se  divertían.  Entró  en  esto 
una  fregona,  gorda  i  sonrosada,  trayendo  en  brazos  i  apo- 
yada sobre  la  barriga  una  canasta  de  éstas  en  que  recejen 
la  uva  en  las  vendimias,  llena  i  rebozando  de  albahacas^ 
claveles^  clarines  i  otra  crecida  variedad  de  flores.  Aquí 
fué  ello:  acudieron  hombres  i  mujeres  con  tal  empeño  por 
cojer  a  cual  mas  i  con  presteza  tanta  que  era  cosa  de  ver- 
se; i  así  que  cada  cual  hubo  tomado  la  munición  que  cre- 
yó suficiente  i  que  mas  pudo,  comenzó  el  combate  mas 
extraño  i  reñido  que,  atendida  la  condición  i  jénero  de  las 
personas  que  allí  habia,  pudiera  imajinarse.» 

«Principiaron  arrojándose  unos  a  otros  algunas  hojitas 
de  rosa,  con  la  mesura  i  cortedad  que  en  el  comienzo  de 
todas  las  cosas  se  acostumbra.  Al  tirarlas,  los  mozos,  co- 
mo con  timidez,  decian:  \Chaya  señorital  a  lo  que  la  favo- 
recida, entre  risueña  i  sonrosada,  contestaba:  \Gracias  caba- 
llero! Hacian  lo  mismo  las  niñas  i  contestábanles  en  senti- 
do análogo  los  jóvenes.  Parecióme  alegre^  inocente  i  sen- 
cillo aquel  jénero  de  entretenimiento;  i  arrojé  yo  también 
mis  florecillas  a  María,  tratando  de  darle  en  la  cara  o  el 
pecho,  i  ella  hacia  otro  tanto  conmigo.  Después  que  fueron 
adquiriendo  confianza,  tirábanse  las  flores  sin  deshojarlas 
previamente,  i  hasta  matas  enteras  de  albahaca,  toronjil  i 
malva.  I  como  aunque  las  flores  eran  muchas  no  tardaron 
®n    acabarse   por  la   profusión  con  que  se  arrojaban,  los 


CHAY  155 

desprovistos  alzábanse  de  sus  asientos  para  recojer  las  que 
por  el  suelo  i  sobre  la  estera  desparramadas  se  encontra- 
ban, llegando  a  tal  punto  la  lijereza  con  que  menudeaban 
i  a  ser  tales  los  golpes  que  las  cabezas  de  amapola  i  los 
botones  de  rosa  daban  en  las  cabezas  i  en  los  rostros,  que 
mas  parecía  fuego  graneado  de  numeroso  i  bien  discipli- 
nado batallón  que  dimes  i  diretes  enviados  entre  flores.» 

«Poco  después  una  de  las  que  mas  valientes  por  el  lado 
de  las  hembras  se  habia  mostrado,  no  quiso  deshacerse  de 
un  tieso  i  gran  gancho  de  cedrón  que  habia  llegado  a  sus 
manos,  sino  que,  asiéndolo  de  la  parte  mas  gruesa-,  princi- 
pió a  dar  a  los  hombres  tales  varejonazos  que  bien  poco 
polvo  debió  dejarles  del  mucho  que  sus  mantas  hablan  co- 
jido  en  el  camino.  No  quisieron  por  su  parte  quedarse 
atrás  los  mozos,  i  acudiendo  a  los  duraznos  i  cedrones  de 
la  huerta,  entraron  en  batalla  con  armas  iguales  a  las  de 
las  niñas,  que,  excusado  es  decirlo,  no  anduvieron  reha- 
llas en  hacer  lo  mismo  que  los  hombres.  Sacudiéronse  el 
polvo  con  tal  furia  que  a  ser  ejercitantes  de  la  corrida  de 
semana  santa  no  lo  hubieran  hecho  con  mas  ganas,  i  ape- 
sar  de  eso  ni  se  enojaron  ni  asomaron  a  sus  ojos  las  lá- 
grimas, que  antes  como  agradecidos  i  alegres  se  mos- 
traban.» 

«I  como  la  juguetona  furia  iba  creciendo,   natural  era 
que  siguiese  mientras  algún  desgraciado  suceso  no  le  pu- 
siese término;  que  de  la  autoridad  de  las  señoras  mayores 
no  podia  esperarse,   que  antes  bien  se  reian  con  todas  ga- 
nas, oyéndose  solo  dé  vez  en  cuando  la  voz  meliflua  i  afi- 
lada de  la  mas  vieja  que  decia:  ¡Eso  es  niñas!  diviértanse: 
para  eso  son  chalilones  i  estamos  de    paseo!    Creia,  pues, 
que  solo  algún  mal  suceso  podia  poner  término  a  aquella 
jornada,  i  a>^í  fué;  i  ocasionólo  un  mancebo  que  tendría  a 
mi  juicio  mas  de  cuatro  dedos  de  chicha  sobre  los  sesos, 
porque,  asiendo  de  la  mas  ladina  i  retozona  de  las  mozas 
por  los  lagartos,  después  de  varias  cabriolas  i  de  voltear 
mucho  con  jeneral  contento,  sacóla  de    la  pieza  i  dio  con 
;ella  en  una  acequia  que  no  lejos  corria,  no  dejándole  hila- 
sha  en  el  cuerpo  por  mojar.  Encolerizáronse  las  niñas  i 
ípor  tomar  venganza  i  no  darse  por  vencidas,  fuéronse  so- 
mbre el  agresor  i,  dándole  por  la  espalda  i  de  improviso  un 
Tuerte    empellón,  tuvieron  el  gusto  de  verlo  tendido  cuan 


156  CHIC 

largo  era  en  la  acequia,  de  donde,  enjuta  i  estirada  como 
un  espárrago,  acababa  de  levantarse  la  niña.» 

[Loco  Eustaquio.) 

CHÉRCAN. 

Tenemos  tres  palabras  para  indicar  la  mazamorra  que 
se  hace  de  la  harina  del  maiz  o  trigo  tostados:  chércaUy 
ulpo  i  cocho.  Las  dos  primeras  son  voces  araucanas,  i  hai 
entre  ellas  según  el  padre  Fébres  la  diferencia  de  que  el 
chédcan  es  la  harina  de  maiz  tostado,  remojada  con  agua 
caliente;  mientras  que  el  ulpüd  es  la  misma  harina  remo- 
jada con  agua  fria. 

En  cuanto  al  cocho,  persona  que  ha  vivido  algunos 
años  en  Copiapó,  donde  se  usa  bastante,  nos  asegura  que 
se  emplea  indistintamente  en  las  acepciones  de  ulpo  i  de 
chércan, 

Tdihez  cocho  sea  de  procedencia  quichua;  talvez  derivado 
del  antiguo  cochar  que  significaba  cocer. 

CHEUTO,  A. 

Palabra  es  ésta  que  debiera  apresurarse  a  adoptar  la 
Academia  española,  pues  hace  falta  en  su  Diccionario  una 
que  pueda  aplicarse  con  propiedad  al  que  tiene  hendido 
alguno  de  sus  labios. 

El  Diccionario  que  corre  por  ahí,  con  mas  fama  de  la 
que  merece,  bajo  el  nombre  de  Diccionario  de  una  sociedad 
ele  literatos,  trae  labihendido» 

¿De  dónde  viene  nuestro  cheuto^  Barrúntelo  por  sí  mis- 
mo el  lector,  sabiendo  que  chelghe  es  en  araucano  los  dien* 
les  delanteros',  i  que  en  quichua  se  llaman  chhecta  runa  a 
los  labihendidos,  i  dicen  checta  por  henderse,  partirse. 

El  provincialismo  colombiano  que  corresponde  a  cheuto 
es  boqueta',  el  mejicano  tencua. 

CHICA,  (hacer  la) 

¿Por  qué  del  que  ha  incurrido  en  un  gazapatón,  o  eje- 
cutado alguna  avería  o  cometido  una  barbaridad   decimos 


I 


CHICII  157 

que  ha  hecho  la  chicdk  Dificililla  es  la  respuesta,  pero  así, 
decimos,  i  ahí  está  el  romance  deAa  Pulga  presera,  uno  da- 
los mas  famosos  del  popular  Guajardo,  que  no  nos  deja- 
rá mentir: 

uT'tra  la  pulga  a  mover 
Sus  patas  pard  saltar 
Porque  ve  que  va  a  pagar 
Las  hechas  i  por  hacer. 
La  dama  la  alcanza  a  ver 
I  al  momento  le  replica: 
Indina,  has  hecho  la  chica))  etc. 


CíIICOCO,  A. 

La  palabra  que  en  buen  castellano  se  usa  familiarmen- 
te para  denotar  cariño  a  la  persona  de  corta  estatura  es 
chicote,  estándonos  al  testimonio  de  la  Academia. 

Acaso  no  es  mas  que  una  corrupción  de  esa  voz  nues- 
tro chicoco. 


CHICOTE,  AZO. 

Suele  usarse  por  nuestros  paisanos  chicote  (que  es  un 
pedazo  de  cuerda)  por  látigo,  i  chicotazo  en  lugar  de  lati- 
gazo, por  el  golpe  dado  con  el  látigo. 

«Estas  frases  de  efecto  que  Raynonard^  el  autor  de  los 
Templarios,  llamaba  chicotazos.)) 

(M .  L ,  Amunátegui  . — Juicio  crítico  de  J,  Fernández  Madrid. ) 


CHICHA. 

Lo  que  sigue  es  tomado  de  El  Comercio  de  Lima  (abril 
de  1865.) 

ikCkicha  solo  significa  entre  nosotros  la  bebida  fermen- 
tada de  maiz,  arroz,  pina  u  otras  sustancias  (uva,  manza- 
nas, peras,  en  Chile);  pues  bien,  Domínguez  le  da  otraacep- 


158  CHICII 

cion  muí  orijiaal:  dice  que  en  el  Perú  es  zapato  de  dos  o 
tres  suelas.» 

«¡Cierto  que  se  ven  impresas 
Cosas  que  no  están  escritas!» 

((SeíTuramente  üomínf^uez  al  escribir  ese  desatino  debió 
haber  estado  enchichado. ^^ 

«Aun  en  las  veces  que  acierta  a  definir  bien  una  voz  ame- 
ricana no  deja  de  decir  un  disparate.  Por  ejemplo  al  ha- 
blar de  diodo  dice  que  en  América  se  come  asado,  cocido 
i  aun  crudo.  Choclo  crudo  solo  comen  los  puercos  i  los 
loros;  pero  merecerían  comerlo  también  los  que  se  meten 
u  hablar  de  cosas  que  no  entienden.» 


CHICHARRA. 

Por  cigarra  es  palabra  española.  Lo  ignorábamos  cuan- 
do la  escribimos,  tirándole  raya  por  debajo,  en  esta  frase 
de  La  Cueva  del  Loco  Eustaquio: 

«El  vientecillo  con  olor  a  albahaca  que  soplaba  i  el  pe- 
sado i  monótono  canto  de  las  chicharras  ocultas  entre  las 
hojas  de  los  árboles,  comunicaban  a  el  alma  un  vago  e 
indecible  sentimiento  de  amor  de  confianza  i  de  muelle 
pereza  que  hizo  que  nuestra  conversación  fuera  dulcísima.» 

No  anduvimos,  empero,  tan  fuera  de  camino  al  subrayar- 
la como  un  chilenismo  en  esta  otra  frase  de  la  misma  no- 
vela, en  que  hablábamos  de  uno  de  los  instrumentos  favo- 
ritos con  que  los  muchachos  hacen,  o  mejor  dicho hacian, 
ruido  al  acercarse  la  Pascua  de  Navidad. 

«Llegado  arriba,  comencé  a  sonar  mi  cacho  con  cuanto 
esfuerzo  pude,  i  sinembargo,  con  mucho  pesar  mió,  noté 
otrosquemas  estrepitosamente  sonaban.  Una  chicharraen- 
traordinariamente  grande  i  un  capagato  como  jamás  ha- 
bia  visto  eran  los  únicos  cuyas  voces  distintamente  se  po- 
dían oir»  etc. 

I  no  está  la  justificación  de  nuestra  bastardilla  en  que 
los  muchachos  de  España  vivan  privados  del  placer  de 
imitar  a  las  cihcharras  en  la  fiesta  de  Noche  Buena;  sino 
en  que  por  allá  creen  remedar  su  canto,  mirabile  dictu!, 
ni  mas  ni  menos  que  con  el  instrumento  con  que  por  acá 


CHIL  159 

remedamos  el  maullido  de  los  gatos.  Así  se  comprueba 
por  la  explicación  del  Diccionario  académico,  que  es  como 
bigue: 

((Juguete  que  usan  los  niños  por  Navidad  i  consiste  je- 
neralmente  en  un  cañuto  corto,  tapado  por  uno  de  sus 
extremos  por  un  pergamino  estirado  en  cuyo  centro  se 
coloca  una  cerda  o  una  hebra  de  seda  encerada.  Pasan- 
do por  ella  los  dedos  forma  un  ruido  tan  desapacible  co- 
mo el  canto  de  la  cigarra.» 

Si  la  Academia  se  decidiera  a  hacer  la  prueba  escu- 
charla un  ruido  mas  que  de  cigarras»  verdaderamente 
gatuno,  i  confesaría  mal  de  su  grado  que,  o  se  equivocó  al 
definir,  o  los  niños  chilenos  entienden  muchísimo  mas  de 
ruidos  que  los  peninsulares. 


CHICHE. 


Chilenismo  cuando  se  usa  para  decir  que  una  niña  o 
mozo  es  una  alhaja,  una  joya:  corresponde  con  el  caste- 
llano fililí,  siendo  éste  el  sentido  metafórico;  el  recto  es 
joyel,  bujería. 


CHIGUA. 


YéRse  achigfitar,    donde  se    encontrarán  la  etimolojía  i 
significado  de   esta  voz. 


CHILPE. 

De  significación  idéntica  a  chomelico.  La  única  diferen- 
cia que  talvez  podria  notarse  entre  una  i  otra  es 
que,  mientras  aquélla  se  aplica  de  preferencia  a  la  ropa 
andrajosa,  puerca  i  ordinaria,  ésta  se  aplica,  como  lo  he- 
mos dicho  ya,  a  todos  los  utensilios,  muebles  i  trastos  de 
los  pobres. 

^  En  quichua  chhillpi  es  la  hoja  del  choclo  puesta  a  secar. 
No  seria  extraño  que  tal  fuese  la  procedencia  de  nuestro 
chilpe. 


160  CHIN 


CIIILINDRA. 


í]n  el  Norte  la  moneda  de  20  centavos  que  por  acá  lla- 
mamos chaucha  o  chirola;  corrupción  del  español  chilin- 
drina. 

No  valer  una  chilindrar.  valer  poco  mas  de  nada.  ¡Oh,  i 
cómo  se  conoce  que  Copiapó  es,  o  ha  sido  por  lo  menos,  la 
tierra  de  la  plata! 

CHIMBA;,  ERO,  A. 

Del  quichua  chimpa,  la  otra  parte  u  banda  del  rio,  que- 
brada o  acequia. 

Así  se  comprende  por  qué  en  algunas  ciudades  america- 
nas, situadas  a  orillas  de  rios,  lleve  el  nombre  de  chimba 
el  barrio  menos  importante  que  queda  de  la  otra  banda,  i 
se  llame  chimbaros  a  los  vecinos  de  esos  barrios. 

CHINCHE,  oso,    A,  ERÍA. 

Creyendo  estábamos  que  esta  fea  palabra,  que  con  tanta 
frecuencia  anda  en  nuestros  salones  emporcando  los  mas 
hermosos  labios,  era  una  expresión  del  mal  gusto  de  nues- 
tras paisanas.  En  nuestro  error  permanecimos  hasta  el 
dia  en  que^  abriendo  el  Diccionario  de  la  Academia,  encon- 
tramos: iiChinchoso:  adjetivo  metafórico  i  familiar  que  se 
aplica  a  la  persona  molesta  i  pesada.» 

Suele  usarse  también  chiiiche  por  chinchoso:  «¡Es  muí 
chinche  el  mocito!»;  i  no  es  raro  que  después  de  oir  las  en- 
fáticas i  empalagosas  declaraciones  del  amartelado  ga- 
lán, diga  la  infeliz  víctima  mui  quedo  a  la  amiguita  del 
ado:   «¡Vaya  en  la  chincheriah^ 

CHINCHIBÍ. 

Así  dicen  por  la  cerveza  de  jenjibrCy  imitando  el  nom- 
bre ingles  gingerbeer. 

«Otro  llamará  yinyibia  a  la  cerveza  de  jenjibre.» 

(HartzenbÚsch.— /^rJ%o  al  Dic.  de  Gal.  de  Baralt.) 


CHIN  161 


CHINCHORRAZO. 


Debe  decirse  chincharrazo , 

CHINGANA. 

Según  Salva  chingana  es  un  peruanismo  que  significa 
socavón  o  conducto  subterráneo;  i  un  provincialismo  bo- 
liviano i  chileno,  denotando  los  bailes  que  se  dan  en  las 
inmediaciones  de  las  ciudades  los  dias  festivos  o  con  mo- 
tivo de  algún  regocijo  público. 

Casi  es  excusado  advirtamos  cuánto  hai  de  inexacto  en 
la  explicación  de  Salva,  quien  cae  en  el  error  de  tomar 
por  nombre  de  las  danzas  populares  que  se  bailan  en  las 
chinganas,  el  nombre  de  estas  mismas. 

No  conocemos  ninguna  palabra  española  equivalente  a 
nuestra  chingana.  Las  que  mas  se  le  aproximan,  que  son 
figón  i  tabernay  se  quedan  sinembargo  de  ella  un  largo  tre- 
cho. En  efecto,  en  la  chingana  los  concurrentes  comen  co- 
mo en  el  figón,  i  beben  como  en  la  taberna;  pero  también 
oyen  cantar  tonadas  de  arpa  i  vihuela,  i  ven  bailar  i  bai- 
lan cuecas,  resbalosas  i  zajurianas,  como  en  ella  sola. 

Hai  chinganas  permanentes  e  improvisadas.  Las  prime- 
ras son  casas  destinadas  a  los  objetos  que  quedan  dichos, 
a  las  cuales  acude  a  remoler  la  chamuchina  los  domingos, 
lunes  i  demás  dias  festivos.  Algunas  municipalidades  las 
han  prohibido;  otras  se  han  contentado  con  reglamentar- 
las e  imponerles  una  fuerte  patente. 

Las  improvisadas  consiten  en  carpas  que  se  forman  en 
las  plazas  o  pampillas,  los  dieziochos,  pascuas  i  otras  fies- 
tas cívicas  o  relijiosas,  i  que  solo  permanecen  en  pié  du- 
rante aquéllas. 

\Es  una  chingana!  se  dice  metafóricamente  de  una  cá- 
mara, de  un  cabildo,  de  un  gobierno  que  proceden  en  sus 
debates  i  resoluciones  sin  concierto  ni  decencia. 

Chinganear,  es  andar  de  chingana  en  chingana,  bebien- 
do i  bailando,  en  una  palabra,  remoliendo, 

ChinganerOf  es  el  que  a  la  continua  chinganea. 


162  CHIN 


«Porque  mi  niña  bailó 
Zamacueca  ¡acriminarla! 
i  I  estará  harto  el  herejote. 
De  aplaudirla  en  las  chinganas!» 
(Felipe  Pardo. — Frutos  de  la  educación.) 


CHINGARSE,  ADO,  A. 

Palabras  mui  usadas  en  Chile^  que  no  vienen  en  los 
Diccionarios  de  la  lengua. 

Primitiva  i  propiamente  se  aplicaron  a  los  voladores  i 
demás  cohetes,  que  por  algún  defecto  de  su  fabricación^ 
al  quemarse,  no  estallan  ni  hacen  estruendo.  «Los  fue- 
gos estuvieron  como  nunca  de  malos:  casi  todos  los  vola- 
dores  se  chingar on.^o 

Por  extensión  decimos  que  se  chinga  la  persona  que  fra- 
casa en  alguna  empresa,  especialmente  cuando  el  fracaso 
tiene  en  sí  algo   de  ridículo. 

También  se  chingan  las  fiestas  que  no  tieaen  el  feliz 
éxito  que  sus  organizadores  presumian. 

Chingarse  es  palabra  expresiva  que  usa  a  menudo,  bien 
es  verdad  que  solo  en  el  estilo  familiar  i  jocoso,  la  jente 
educada. 


CHINGUILLO. 

Del  araucano  cliinguill  o  clvinguillhuej  una  especie  de 
saco  grande,  tejido  de  látigos  en  forma  de  red,  que  sirve 
para  acarrear  paja  u  otras  cosas  lijeras  en  carga  o  en 
carreta. 

En  español  se  dice  sarria. 

CHINO,  A,  Amento,  ero,  era,  ito,  a. 

Parece  racional  suponer  que  en  su  oríjen  el  llamar  cA¿- 
nos  a  los  indíjenas  de  América  proviniese,  o  bien  de  que 
realmente  los  descubridores  creyeron  que  hablan  arr^iba- 
do  a  comarcas  dependientes  de  la  Gran  China,  o  bien  de 
que  encontraron  en  el  hombre    americano    facciones   que 


CHIN  163 

les  recordaron  las  que  caracterizan  a  los  hijos  del  Celeste 
Imperio.  Recuérdese  que  no  pudo  ser  otra  Ja  causa  de  que 
se  calificasen  de  indios  hasta  el  dia  de  hoi  a  los  aboríje- 
nes  del  continente  americano. 

Puede  ser  también  que  chino  i  sus  derivados  traigan  su 
oríjen  del  quichua,  pues  en  esta  lengua  se  llama  chi7ia  a  la 
criada  o  moza  de  servicio. 

Sea  de  ello  lo  que  fuere  es  lo  cierto  que  en  la  América 
republicana,  donde  sumos  demasiado  demócratas  para  ha- 
blar de  plebeyos,  somos  bastante  caballeros  para  no  te- 
ner un  vocablo  que  nos  permita  designar  a  las  perso- 
nas de  baja  alcurnia  sin  acudir  a  las  sutiles  distinciones 
de  indios,  mestizos,  zambos  i  mulatos. 

Chino  es  por  la  tanto  el  plebeyo:  siendo  de  advertir  que 
la  terminación  femenina  en  que  es  mas  usado,  suele  to- 
marse en  mala  parte.  Pruébalo  esta  epigramática  copla 
contra  los  oficiales  de  la  difunta  Chile: 

üLa  Chile  se  vá  a  la  mar 
Dos  botes  la  van  tirando: 
Las  chinas  del  Arrayan 
¡Cómo  quedarán  llorando!» 

En  el  siguiente  ejemplo  china  está  tomada  por  plebeya: 
«¡Casado  con  una  chinay  dijo  con  voz  ahogada  doña  En- 
gracia, apretando  convulsivamente  a  Diamela  entre   sus 
brazos.» 

(Blest  Gana. — Martin  Rívas.) 

Chinería  o  chinanientOy  es  reunión  de  jente  baja  i  soez, 
chamuchina,  tanto  de  este  como  del  otro  lado  de  la  cordi- 
llera: 

«I  luego  atrás  en  lo  externo 
Del  arco  que  hace  la  indiada 
Viene  la  mancarronada 
Cargando  la  tordería 
I  también  la  chinería 
Hasta  de  a  tres  e7ia?icáda.» 

(AscÁsüBi.— £a  indiada,) 


^164  "         CHIR 

Chinero  es  adjetivo  con  que  se  echa  en  cara  a  los  hom^ 
bres  de  levita  su  afición  a  las  mujeres  ordinarias. 

Chinito,  a,  familiarmente  se  usan  para  denotar  cariño: 

«Vente  conmigo  chinita, 

A  donde  vivo  yo!» — concluye  una  tonada  popular. 

CHIPIPE. 

Lo  único  que  sabemos  de  esta  voz  es  que  en  el  Norte 
cuando  alguna  persona  se  cae  a  una  acequia,  o  al  mar  i 
sale  que  le  estila  el  agua,  dicen  de  ella  que  sale  mojada 
como  un  chipipe. 

Por  acá  i  por  los  lados  de  arriba  se  dice  en  tales  casos, 
tampoco  sabemos  por  qué,  mojado  como  una  diuca. 


*  CHIRIMOYA,  0,  ERO,  A. 

«La  gran  fruta  del  Perú,  dice  Juan  de  Arona,  en  cuyo 
elojio  se  han  desatado  casi  'todos  los  viajeros  europeos, 
como  Tschuddi,  Marckam,  Haencke  etc.  llamándola  fruta 
incomparable  el  primero,  i  éste  último  una  obra  maestra 
de  natura.» 

«Su  nombre  botánico  según  Tschuddi  es  anona  trips" 
tala,  i  según  Raimondi  anonce  cherimolia.  Los  equivalen- 
tes vulgares  en  otras  lenguas  son,  en  ingles  custard  apple, 
manzana  de  crema,  i  en  francés  corossol  du  Perou.y* 

«La  flor  del  chirimoyo,  aunque  de  ninguna  belleza,  en- 
cierra una  suavísima  fragancia  mui  gustada. 

«I  dentro  de  su  piel  reticulada 
La  chirimoya  con  bondad  extrema 
Miel  nos  ofrece  i  crema 
En  una  verde  red  aprisionada.» 

(Poesías  peruanas.) 

Lo  dicho  de  la  chirimoya  peruana  rija  con  la  de  Chile, 
donde  suelen  darse  también  mui  capaces  de  sacar  de  qui- 
eio  al  mas  positivista  de  los  ingleses  o  al  mas  flemático  de 
los  alemanes. 


■^ 


CHIT  165 

Mas  nos  atrevemos  a  adelantar,  aunque  a  muchos 
parezca  un  despropósito:  preferibles  nos  parecen  las  chi- 
rimoyas de  Quillota  o  la  Ligua  a  las  peruanas,  que  de 
puro  almibaradas,  en  siendo  de  regular  tamaño,  a  las  cua- 
tro o  seis  ya  dan  en  rostro,  mientras  que  aquéllas  ni  a  las 
doce,  ni  a  las  veinticuatro.  Si  el  señor  de  Arona  lo  duda 
puede  venir  a  probarlas,  diez  leguas  tierra  adentro  de 
Valparaiso, 

«Allí  en  el  fértil  valle  donde  juntos 
El  limonero  i  el  naranjo  crecen. 
Donde  nacen  silvestres  las  violetas 
1  el  chirimoyo  i  lúcumo  florecen.» 

(Z.  Rodríguez. — Recuerdo  de  la  infancia.) 


CHIRIPA. 

Mas  que  de  Chile  es  éste  un  provincialismo  propio  de  la 
República  Arjentina,  donde,  según  el  señor  Salvá^  denota 
un  «pedazo  de  bayeta  con  que  la  jente  pobre  de  Buenos 
Aires  i  Montevideo  se  cubre  desde  la  cintura  hasta  mas 
abajo  de  las  rodillas.»)  Mas  exacto  habria  andado  nuestro 
autor  si  en  vez  de  Buenos  Aires  i  de  Montevideo  hubiese 
dicho:  en  la  campaña  de  la  República  Oriental  i  en  las 
pampas  arjentinas;...  i  eso  in  illo  tempore. 

En  Chile  solo  los  araucanos,  (i  no  todos)  usan  para  cu- 
brirse de  una  pieza  de  vestido  semejante,  que  llaman,  sir- 
viéndose de  una  palabra  de  su  propia  lengua  chamal.  El 
chamal  no  es  de  bayeta  de  Castilla,  sino  de  la  misma  tela, 
tejida  en  el  pais,  de  que  se  hacen  los  ponchos. 

jchit!  o  ¡chito! 

Esta  interjección  que  se  pronuncia  de  una  manera  par- 
ticular, como  si  hubiese  una  s  antes  de  la  cA,  cargando 
mucho  la  voz  sobre  las  ies  i  dándoles  un  sonido  que  se 
acerca  algo  al  de  la  u  francesa,  sirve  en  Chile  para  hacer 
callar  a  los  que  hablan  o  forman  ruido,  i  particularmente 
a  los   arrieros  i  carreteros  para  intimar  que  se  detengan 


166  CHIV 

a  muías  i  bueyes.  En  el  primer  sentido  equivale  a  las  in- 
terjecciones castellanas  ¡chit!,  chite! y  chito!  o  cliiton!y  i  ea 
el  segundo  al  \jo\  que  se  lee  en  este  pasaje  de  Quevedo: 

«Los  que  yendo  a  caballo  con  espuelas  calzadas,  ora  se 
quieran  adelantar,  ora  por  otra  causa  dijeren  ¡arre!  los 
condenamos  a  que  se  quiten  las  espuelas  i,  caminando  sin 
ellas,  no  incurran  en  esta  pena;  i  lo  mismo  a  los  que,  lle- 
vando la  rienda  en  la  mano,  dijeren  \jo\  machol  pues  le 
pueden  detener  con  ella.» 

(Premáticas  i  Aranceles  jenerales.) 

\iiChit!,  calla;  mírale  por  donde  viene  otra  vez.» 

(Leandro  de  Mora.tiisí.— Traducción  de  Hamlet.\ 

«Mas  ¡chiit! . ...  En  cuenta  caigo  que  aun  camino 

Por  pais  civilizado.  A  mi  derecha 

Se  sienta  un  literato  lechuguino 

Que  con  sonrisa  de  desden  me  acecha. . .» 

(Z.  Rodríguez. — En  el  tren.) 

Ejemplo  de  \chito\  imponiendo  silencio  a  la  española: 

a\Chito!  chitol  compadre 
Exclamó  el  Bojo: 
La  suerte  nos  proteje. 
Que  pasos  oigo.» 

(Z.  Rodríguez.— Z«  Iglesia  libre  en  el  Estado  libre.) 

En  el  Sur  del  Perú,  i  entendemos  también  que  en  Boli- 
via,  se  emplea  \cJiiit\  en  sentido  opuesto  al  que  le  atribui- 
mos en  Chile,  pues  los  arrieros  de  por  esos  mundos  la  usan 
en  vez  de  ¡arre!  para  animar  a  las  caballerías. 

CHIVATEADO,  A. 

Feo  nombre  de  una  bonita  cosa,  porque  ¿quién  estará 
tan  para  el  otro  mundo  que  no  desee  tener  chivateaditos 
algunos  miles  de  pesos?  Es  preciso  que  se  sepa,  en  efecto, 
que  hai  en  el  dinero  chivateado  algo  de  mas  propio  i  seguro  i 
deleitoso  que  en  el  dinero  efectivo,  o  contante  en  mona- 


CHQC  167 

da  corriente;  como  quiera  que  para  que  aquel  calificativo 
merezca,  es  preciso  que  esté  contado  i  recontado  i  me- 
tido dentro  de  la  bolsa  de  cuero  de  chivato ^  i  atada  ésta  en 
su  boca  con  un  cordelito  o  una  fuerte  huincha,  i  el  todo 
guardado  debajo  de  algún  ladrillo  del  dormitorio,  o  en  el 
mas  escondido  rincón  de  alguna  cajuela. 

Sinembargo,  i  a  pesar  de  que  gracias  a  los  bancos  los 
cueros  de  chivato  van  siendo  innecesarios,  el  adjetivo  que 
de  ellos  se  derivó  se  conserva  como  equivalente  a  sonan^ 
t€f  hablando  de  dinero. 


CHIVATEO. 

La  grita  atronadora  que  forman  los  araucanos  al  entrar 
en  pelea. 

Figuradamente  cualquier  gritería  desapacible  i  grosera. 

«¡Oh  si  pudiera  la  palabra  mia 
Ser  una  brasa  ardiente, 
I,  alzando  un  chivateo  de  ironía. 
Marcaros  en  la  frente! 

(G.  Matta. — JuvenaL) 

CHOCLO. 

Del  quichua  clioclh,  la  mazorca  del  maiz  verde. 

Sin  decidirnos  como  el  señor  de  Arona  por  los  choclos  co- 
cidos i  contra  los  asados,  ni  haber  tenido  la  dicha  de  to- 
marlos de  aquella  suerte  acompañados  de  queso  fresco 
como  se  usa  en  el  Perú,  unimos  nuestro  testimonio  al  del 
susodicho  señor  cuando  declara  que  el  choclo  tierno  i  ver- 
de cocido  «aunque  bocado  esencialmente  rústico,  figura 
con  honor  i  por  extraordinario  en  las  mejores  mesas  don- 
de se  le  acoje  con  grandes  aclamaciones.» 

«Desde  la  alforja  con  menestras  viles, 
Desde  el  choclo  i  la  yuca  hasta  el  talego 
En  que  acarrea  el  hacendado  miles, 


168  CHOC 

Todo  sirve  de  blanco  al  ardor  ciego, 
Al  indistinto  anhélito  del  robo 
Que  cunde  aquí  como  en  maleza  el  fuego.» 
(Juan  de  Arona. — Poesías  peruanas.) 

Familiarmente  llamamos  choclo  o  choclíto  a  lo  que  es 
apretado.  Uva  de  choclito  es  aquella  que  se  da  mui  tupi- 
da en  racimos  chicos  i  mas  o  menos  semejantes  a  la  ma- 
zorca del  maiz.  También  solemos  llamar  chocUtos  los  bra- 
zos de  los  niños,  cuando  por  su  gordura,  morbidez  i  hoyue- 
los que  se  les  forman  en  los  codos  convidan  a  besarlos  i 
aún  a  morderlos. 

\Hasta  el  tiempo  de  choclosl  o  ¡pai^a  el  tiempo  de  cfioclosl ; 
para  nunca  jamas,  para  las  calendas  griegas,  o  a  la  chi- 
lena, para  el  dia  de  San  Blando  que  no  tiene  cuando. 

Véase  chicha. 


CHOCLÓN. 


Del  araucano  chocoll,  puñado,  o  del  verbo  chocolln,  co- 
jer  a  puñados. 

Es  nombre  que  dan  los  niños  a  uno  de  sus  juegos  fa- 
voritos. Se  juega  abriendo  en  el  suelo  un  hoyuelo  del 
tamaño  de  un  puño  i  tirando  para  meter  en  él  4,  8,  o  16 
bolitas,  nueces  o  cocos  suministrados  por  mitad  entre  los 
dos  jugadores.  Si  el  que  tira  acierta  a  echar  pares  aden- 
tro del  hoyuelo  gana  i  recoje  en  consecuencia  todas  las 
nueces,  bolitas  etc.  de  adentro  i  de  afuera;  en  el  caso  con- 
trario pierde. 

El  provincialismo  colombiano  correspondiente  a  nues- 
tro choclón  es  chócolo  según  el  señor  Cuervo,  quien  re- 
cuerda al  efecto  que  el  nombre  castizo  de  ese  juego  eá 
hoyuelo  o  boche. 

También  damos  a  choclón  un  otro  sentido,  que  acaso  no 
sea  mas  que  el  anterior  trasladado  mediante  una  metá- 
fora. Vulgarmente  suele  darse  el  nombre  de  choclón 
a  los  clubs  o  conciliábulos  políticos,  para  denotar  que  los 
que  concurren  a  las  reuniones,  por  carecer  de  pensamien- 
to i  voluntad  propia,  obedecen  como  máquinas  a  la  voz  de 
orden  del  partido  o  del  jefe. 


CHOC  160 


CHOtíO. 


ÍS^ombre  que  damos  a  una  especie  de  perros,  chicos  dé 
Cuerpo,  de  lana  crespa  i  abundante,  mui  nadadores  i  afi^ 
cionados  al  agua,  de  la  cual  afición  les  viene  sin  duda  el 
nombre  de  perros  de  agiiüy  con  que  en  España  se  conocen. 

Figuradamente  llamamos  también  choco,  a  la  persona 
de  cabello  ensortijado,  sobre  todo  si  por  ser  roma  i  arre- 
mangada de  narices  i  de  facciones  recojidas^  se  asemeja 
algún  tanto  a  los  perros  de  agua» 

«Si  bien  los  apóstoles  de  su  doctrina  eran  Voltaire  i 
Rousseau,  autores  que  solia  leer  en  consorcio  de  sus  ínti- 
mos confidentes  como  Cavada  i  el  choco  Silva,  en  la  prác- 
tica fomentaba  el  culto  a  mano  descubierta. 

(Vicuña  Mackíííína. — Portales.) 

Algo  mas  dificultosillo  que  indicar  el  sentido  de  nues- 
tro vocablo  es  atinar  con  su  etimolojía.  I  no  porque  las 
probables  falten,  que  antes  por  el  contrario  abundan,  sino 
porque  no  liai  medio  de  descubrir  cuál  puede  ser  la  ver- 
dadera. 

En  efecto,  choco  (chocon)  es  la  palabra  con  que  se  cali- 
fica en  araucano  a  la  persona  o  animal  que  están  mui  mo- 
jados, traspasados  de  agua  i  frió. 

La  misma  voz,  salvo  un  pequeño  cambio  de  sonidos, 
{chocollo),  denota  en  aimará  a  las  personas  o  animales  de 
baja  estatura. 

Por  último  ¿no  es  propia  para  dar  qué  pensar  la  siguiente 
frase  que  encontramos  en  el  capítulo  LXVII  de  la  Cróni^ 
ca  del  Perú  por  don  Pedro  de  Cieza  de  León? 

«Por  las  casas  de  los  indios  se  ven  muchos  perros  dife- 
rentes de  la  costa  de  España,  del  tamaño  de  gozques,  a 
quien  llaman  chonos. yy 

Entre  las  tres  hipótesis  elija  el  lector  la  que  mas  racio- 
nal le  parezca.  Lo  que  es  nosotros  a  la  primera  nos  ate-^ 
nemos,  que  lejos  de  contrariar  a  las  demás  acaso  no  hace 
mas  que  robustecerlas  i  confirmarlas* 

«A 


170  CHON 


CHOCOLATK. 


¿Quieren  saber  nuestros  alionados  colejiales  cómo  dicen 
en  España  los  de  su  clase  sacar  chocolate^.  Pues  dicen,  i 
búsquelo  quien  lo  dude  en  el  Diccionario  de  la  Academia, 
hacer  la  mostaza. 


CHOLO,  A. 

Sirve  esta  palabra  en  el  Perú,  donde  es  muellísimo  mas 
usada  que  en  Chile,  para  señalar  denotando  a  la  jente 
baja  i  soez,  proveniente  de  la  mezcla  de  la  sangre  espa- 
ñola e  indíjena. 

Ocupa  el  cholo  en  la  sociedad  peruana  mas  o  menos  la 
misma  posición  que  el  roto  en  la  chilena.  Hai,  no  obstan- 
te, entre  las  cualidades  de  uno  i  otro  notables  diferencias. 
Aquél  es  por  lo  jeneral  débil  de  complexión,  flaco  de  pier- 
nas i  abultado  de  panza;  éste  robusto,  musculoso  i  enjuto 
de  carnes:  aquél  expansivo  i  casi  siempre  palangana;  éste 
taciturno  i  reservado:  aquél  mas  artista;  éste  mas  esfor- 
zado: i  aquél  en  fin  un  andaluz  injerto  e:i  indio  peruano; 
éste  un  vizcaíno  injerto  en  araucano. 

«No  trabajo  como  un  cholo, 
Soi  un  pobre  hijo  de  Apolo; 
Pero  desden  no  merece 
Mi  humilde  trabajo,  solo 
Porque  a  la  faz  no  aparece.» 

(Juan  de  Arona. — Todos  trabajan.) 

CHONCHÓN. 

Ave  fatídica  nocturna  creada  por  la  imajinacion  de 
nuestros  campesinos.  Figúransela  a  lo  que  entendemos 
como  una  especie  de  lechuza  que  vaga  favorecida  por  el 
silencio  i  oscuridad  de  la  noche,  de  rancho  en  rancho, 
anunciando  enfermedades,  muertes  i  otras  semejantes 
desgracias. 


CHOR  171 

Sin  duda  ninguna  que  esta  abusión  fué  heredada  por 
los  guasos  de  los  indíjenas,  quienes  según  el  señor  Gay 
«miran  a  la  lechuza  como  a  precursora  de  algún  triste 
acontecimiento  i  cuando  por  la  noche  la  oyen  graznar  sa- 
len al  punto  de  sus  chozas  para  arrojar  ceniza  al  aire  con 

lo  que  creen  preservarse  de  todo  accidente a  veces 

se  contentan  con  pronunciar  en  la  cama  algunas  palabras 
de  suplicación;  i  no  faltan  tribus  que  la  miran  solo  como 
el  anuncio  de  mal  tiempo  i  sobre  todo  de  nieblas  para  el 
dia  siguiente.» 

Apresurémonos  a  declarar  que  tan  inveteradas  preocu- 
paciones en  contra  del  chondion  no  solo  carecen  de  cau- 
sa sino  hasta  de  pretexto.  Las  lechuzas,  por  la  caza  ince- 
sante que  dan  a  ratas  i  ratones,  prestan  a  los  agricultores 
preciosos  servicios,  en  cambio  de  los  cuales  bien  merecían 
de  ellos  que  las  tomasen  bajo  su  protección. 

«A  mí  también  me  ha  pasado 
Que  dijo  un  amigo  fino 
Allí  viene  Bernardino 
(¿Cómo  de  él  me  burlaré?) 
Al  hablarlo  le  diré: 
¡Pasa  chonchón  tu  camino!» 

(GüAjARDC— £"/  chonchón  pasajero). 

Chonchón  es  también  nombre  de  una  especie  de  volan^ 
tines. 


CHOPE,  AZO. 

Chopazo  es  equivalente  vulgar  de  puñetazo. 

¡Dar  chopel  es  exclamación  de  que  los  mirones  se  sir- 
ven para  animar  a  los  que  pelean  a  puñadas. 

¿Habrá  alguna  relación  de  procedencia  entre  nuestro 
chope  i  el  hongo  que  se  llama  chhocph  en  lengua  quichua? 

CHOREAR,  EO. 

No  conocemos  voz  castiza  que  indique  con  exactitud  las 
ideas  qj^e  chorear  i  choreo  representan.  Las  que  mas  se  le» 


172  CHUCH 

aproximan,  renegar  i  reniego,  quedan  todavía  de  ellas  lui 
buen  trecho. 

Diremos,  pues^  que  chorea  el  individuo  que,  obligado  a 
hacer  algo  de  mala  gana,  aprovecha  la  ausencia  del 
que  lo  obliga  para  desahogar  su  rabia  i  mal  humor  en  im^ 
precaciones,  maldiciones  e  injurias.  El  choreo  es  el  nom- 
bre vulgar  de  la  protesta  que  el  débil,  o  el  perezoso,  o  el 
desgraciado  oponen  platónicamente  al  opresor,  al  jefe,  o 
al  destino. 

El  choreo  es  libre,  es  máxima  que  en  Chile  han  debido 
respetar  aun  los  gobiernos  mas  despóticos;  i  algo  como  un 
eco  apagado  del  celebérrimo  ¡pega  pero  escucha!  del  jene- 
ral  ateniense. 

aDe  cualquier  cosa,  caballero,  cobra  el  victorioso;  con 
lo  que  se  suspenden  las  hostilidades  para  romperlas  cuan- 
do cada  cual  lo  estime  por  conveniente,  sin  que  ninguno 
de  los  otros  tenga  derecho  a  estorbárselo,  porque  enton- 
ces vendría  abajo  la  base  de  esta  diversión  que  es  el  co- 
nocido principio:  el  choreo  es  librel 

(JoTABECHE, — El  piicrto  de  Copiapó,) 

CHUCARO,   A» 

Acerca  de  esta  voz  dice  el  señor  de  Arena  lo  que  a 
continuación  copiamos; 

«El  potro,  burro  o  raula  antes  de  ser  enfrenados,  arren^ 
dados  o  meramente  domados.  Es  voz  de  muchísimo  uso  i 
no  le  veo  estricto  equivalente  en  español,  porque  indómi- 
to, bravio,  montaraz,  cervil,  salvaje  etc.  parecen  decir 
mas  de  lo  preciso.  ¿No  tendrá  chucaro  alguna  relación  con 
chacea  o  chácara  como  dicen  algunos?» 

CHUCHOCA. 

Del  araucano  chuchoca,  maiz  tostado  o  cocido  para  secar 
i  guardar. 

La  chuchoca  entra  como  ingrediente  barato  i  sabroso 
en  ciertos  guisos,  entre  los  cuales  merecen  especial  men- 
ción las  papas  con  chuchoca,  de  los  mejores  entre  los  11a- 
ínados  de  viernes,  i  la  cazuela  de  pavo  con  la  misma,  acerca 


i 


CHÜE  113 

de  la  cual  nos  asegura  un  amigo  que  acostumbra  regalar- 
se con  una  todos  los  años  en  el  dia  de  su  natalicio  que 
mal  año  para  cuantos  asados  i  trufados  i  rellenos  se  co- 
men en  ambos  hemisferios. 


CHUCHE. 

Kntre  la  plebe  vale  romo, 

¿Cuántos  de  los  que  lean  estas  líneas  no  recordarán  ha-^ 
ber  oido  de  niños  a  la  nodriza  o  a  la  cocinera  empezar 
alguno  de  sus  cuentos. 

Este  i  estera 

Pan  i  queso 

Para  los  lesos 

Pan  i  luche 

Para  el  diablo  cJaicheí)  etc? 


CHUCHUMECA,   0. 

No  creemos,  apesar  de  la  semejanza  de  sonidos,  que  esta 
voz  tenga  que  ver  con  la  raza  mejicana  de  los  chichimecas 
como  lo  escribe  Pichardo  en  su  Diccionario  de  provin- 
cialismos de  la  isla  de  Cuba. 

Según  Salva  las  chuchumeeas  de  Lima  son  lo  que  las 
manólas  de  Madrid,  mujeres  lindas  i  livianas. 

Arona_,  que  da  a  chuchumeca  ambas  terminaciones,  di- 
ce que  en  la  primera  equivale  a  zandunguero,  currutaco, 
limitándose  a  observar  que  en  la  segunda  se  toma  en  mala 
parte. 

En  Chile,  donde  solo  se  usa  la  terminación  femenina, 
tiene  un  sentido  mui  semejante  al  que  le  atribuye^el  se- 
ñor Salva  en  su  Diccionario, 


CHUECA, 

Según  la  Academia  «el  hueso  que  juega  con  otro  en 
algunas  conjunturas  del  cuerpo;  i  también  bolita  peque- 
ña con  que  los  labradores  suelen  jugar  en  los  ejidos  al 
juego  que  llaman  de  la  c/iweea,)) 


174  CHUE 

Se  ve,  pues,  que  se  engañan  los  que  creen  que  el  juego 
de  la  chueca  es  de  oríjen  araucano.  Lo  que  sí  debe  de 
serlo  es  llamar  chueca  no  a  la  bola  con  que  se  juega,  sino 
al  palo  corvo  por  una  de  sus  puntas  con  que  se  golpea 
aquélla. 

Otra  cosa  digna  de  notarse  es  que  mientras  en  la  Pe- 
nínsula se  dice  jugar  una  buena  chueca^  por  jugar  una 
mala  partida,  en  Chile  decimos  de  la  persona  astuta  i  há- 
bil en  trampas,  intrigas  i  muchas  otras  artes,  que  es  una 
buena  o  que  no  es  mala  chueca. 

Otro  juego  mui  semejante  al  de  la  chueca  es  el  del  linao, 
que  aun  se  mantiene  en  todo  su  vigor  en  Chiloé,  como 
aparece  del  siguiente  curioso  articulillo  que  tomamos  de 
El  C hilóte  de  12  de  marzo  de  1874: 

«Los  bárbaros  juegus  de  chueca  i  el  linao,  fueron  traídos 
al  archipiélago  de  Chiloé  por  los  araucanos  mucho  tiempo 
antes  de  la  conquista  española,  según  la  tradición  que  se 
conserva.)) 

«Vino  la  conquista  i  pasaron  casi  tres  siglos  de  la  do- 
minación, i  los  citados  juegos  quedaron  tales  como  los 
hablan  aprendido  los  primitivos  habitantes.  Nada  se  hizo 
para  sostituirlos  por  otros  menos  bárbaros,  ni  menos  para 
desterrarlos.)) 

«Sacudió  la  nación  el  yugo  opresor  i,  libre  e  indepen- 
diente, empezó  a  gobernarse  por  sí  misma.  Entonces  los 
elementos  civilizadores  principiaron  a  abrirse  paso  bajo 
la  sombra  de  la  libertad.)) 

«Sinembargo  los  expresados  juegos  quedaron  siempre  en 
uso,  hasta  que  hace  algunos  años,  se  prohibió  el  de  la 
chueca  sl  causa  de  las  muchas  desgracias  que  ocasionaba, 
siendo  la  última  el  hecho  de  haber  muerto  un  jugador,  en 
la  liza,  de  un  bolazo  que  le  hizo  pedazos  el  cráneo.» 

«Esto  sucedió  en  Castró  i  allí  también  fué  la  prohibición 
decretada  por  la  autoridad.)) 

«Pero  quedó  en  boga  i  firme  el  no  menos  bárbaro  juego 
del  linaOj  solo  sí  que  debia  usarse  bolas  que  no  fueran  de 
madera.» 

«El  juego  éste,  aunque  se  haga  con  bolas  de  goma  i  livia- 
nas, es  no  solo  bárbaro  para  nuestros  tiempos  de  cultura, 
sino  hasta  indecente  i  desmoralizador.» 

«Supóngase  el  lector  a  una  pandilla  de  hombres,  casi 
completamente   desnudos,  que  se  disputan   la  victoria  de 


CtíüE  175 

sacar  la  bola  a  la  línea  de  su  bando,  con  otra  pandilla 
igual  que  se  denomina  contraria.  I  todo  esto  en  medio  de 
algazara  i  bulla  en  que  se  vierten  palabras  tan  desho- 
nestas como  de  mal  olor,  i  en  medio  de  un  fuego  granea- 
do de  coces,  manotadas,  pezcozones,  etc.;  lo  que  siempre 
da  por  resultado  tres  o  cuatro  peleas  en  forma^  de  las  cua- 
les, como  se  hacen  imitando  con  las  manos  la  lanza  i  el 
hacha  de  los  antiguos  torneo>!,  mas  de  un  prójimo  queda 
mordiendo  el  polvo  i  muchas  veces  mal  herido.» 

«Todo  esto  se  practica  en  presencia  de  numeroso  pú- 
blico, compuesto  de  mujeres,  ancianos  i  niños,  ¿Es  esto 
moral  i  decente?  ¿Debe  permitirse  mas  semejante  juego 
en  nuestro  pueblo  de  VilipuUi  i  en  los  demás  de  la  provin- 
cia?» 

CIÍÜECO^  A. 

Seguramente  de  jugarse  a  la  chueca  con  un  palo  que 
termina  a  manera  de  garfio  por  una  de  sus  puntas  vino 
el  llamar  chueco  a  lo  que  en  castellano  es  torcido  i  mui 
particularmente  a  la  persona  que  tiene  las  piernas  como 
estevas,  a  la  española  estevadas,  patituertas, 

¿Ves  esa  repugnante  criatura, 
Chato,  pelón,  sin  dientes  i  estevado'^. 
Pues  lo  mejor  que  tiene  es  la  figura. 

(MORATIN.) 

ccComo  de  costumbre  los  apostadores  no  se  conformaron 
i  la  querella  fué  a  la  Audiencia,  quien  mandó  que  el  chue- 
co i  el  zarco  (este  es  castellano)  volvieran  a  correr  de  nue- 
vo, con  lo  que  puede  decirse  que  ellos  i  no  sus  amos  per- 
dieron el  litijio.» 

(Vicuña  lslkCKE:^^k.— Historia  de  Santiago.) 

«Tras  de  esto  un  protestante 

Quiso  engancharse  de  guapo: 

Porque  parecía  zapo 

Fué  desechado  al  instante, 

Cada  pierna  del  tunante 

Era  chueca  como  un  gancho.» 

(Gü  A  JARDO. —Los  Enganchados  i) 


I 


176  CHüP 


CHUICO. 

lis  palabra  araucana  que  signiftca  botijuela^  tinajíU^ 
en  este  sentido  suelen  usarla  nuestros  guasos.    El  ckilicó 
es  un  canco  pequeño,  chacarero. 

uTrae  tu  actividad  i  ponte 

A  explicarme  a  Jenofonte 

I  oh!  chacarero  confiesa 

Que  es  tan  ardua  aquella  empresa 

Como  descuajar  un  monte.» 

(J*  DE  Arona. — Todos  trabajan.) 


Véase  chaña. 


CHUNA,  CHUÑAR. 


CHÜNOi 


Del  quichua  chuhus,  papas  molidas.  É^  el  nombré  qüs 
damos  a  la  fécula  de  la  papay  del  líiitu  i  de  otros  tubér*- 
culos. 

Descuella  entre  todos  el  de  Concepción.  Por  ser  tan 
agradable  como  dijerible  es  el  preferido  de  los  enfermos. 
Se  trabaja  en  Concepción  de  la  raiz  de  una  planta  llama- 
pa  liutu  que  crece  en  las  haciendas  inmediatas» 

CHUPALLA* 

Sombrero  de  paja  ordinaria,  un  poco  mas  puntiagudo 
de  copa  i  angosto  de  alas  que  el  de  pita^  llamado  también 
de  jipe  i  japa. 

Llámase  probablemente  chupalla  del  nombre  indíjena 
de  la  planta  de  cujas  hojas  se  elabora  [achupalla.) 

«Lo  sacaron,  pues,  botando  agua  por  narices  i  boca, 
destilando  por  todos  los  poros  de  su  cuerpo  i  de  su  ropa, 
pero  ya  bastante  refrescado  i  con  pérdida  de  la  chupalla 
únicamente.» 

[Artesano  de  Talca^  núm*  5  de  noviembre  de  1871*) 


I 


CHUP  177 

El  antor  del  Huérfano  habla  de  una  chupalla  de  anchí- 
simas alas;  lo  que  prueba  que  no  las  conocía;  pues  la  tal 
debió  de  ser  algún  soberbio  guarapón. 

CHUPE. 

Guiso  popular  del  Perú,  equivalente,  en  lo  popular  (que 
en  lo  sabroso  ni  con  mucho)  a  nuestra  cazuela.  Viene  del 
quichua,  en  que  significa  caldo  con  popas  i  carne  majada. 

Se  hace,  según  el  señor  de  Arona,  que  por  poco  compo- 
ne una  oda  en  su  celebración,  «o  simplemente  de  papas  en 
caldo_,  en  cujo  estado  no  pasa  de  chupe  cimarron\  o  con 
pescado,  para  que  constituya  el  deviérnes\  o  con  carne,  lla- 
mándose entonces  asado  de  papas\  o  finalmente  con  cama- 
rones, leche,  queso,,  huevos,  pescado,  ajíy  tomate  i  algún 
otro  ingrediente  mas.  Aderezado  de  la  última  manera, 
compone  el  mas  complejo,  el  mas  historiado,  el  mas  aris- 
tocrático, el  mas  monumental  de  los  chupes,  i  con  tamaño 
copete,  abigarrado  de  mil  colores,  preséntase  en  las  gran- 
des i  memorables  comilonas.» 

Así  será;  pero  a  los  chilenos  que  vayan  al  Perú  i  quie- 
ran llevarse  de  nuestra  opinión,  les  aconsejaremos  que 
teniendo  en  el  bolsillo  con  que  pedir  lo  que  mas  sea  de  su 
gusto,  pidan  chupe  de  camarones,  mondo  i  lirondo,  esto 
es,  a  lo  sumo  con  un  poco  de  ají  i  unas  cuantas /Jíz/>fí5,  i 
tendrán  de  qué  acordarse  para  toda  la  vida. 

CHUPETE, 

El  volantín  que  por  tener  mui  delgado  sus  maderos,  al 
recibir  el  viento,  se  encoje  formando  buches  como  si  lo 
chuparan  por  de  tras. 

CHUPÓN. 

Del  quichua  chhupre,  tunioVy  postema.  El  equivalente 
castizo  es  dtcieso. 


■ 


D 


DE. 


No  entra  en  nuestro  plan  explicar  ni  enumerar  siquiera 
los  oficios  que  cada  una  de  las  palabras  que  vamos  apun- 
tando puede  desempeñar  castizamente  en  el  discurso;  que 
si  entrara,  a  buen  seguro  que  no  serian  pocas  las  pajinas 
que  la  preposición  de  nos  tomarla. 

Quien  desee  formarse  una  idea  de  la  variedad  de  rela- 
ciones que  con  ella  han  indicado  los  clásicos  españoles, 
puede  satisfacer  su  curiosidad  leyéndose  el  capítulo  que  el 
señor  don  Gregorio  Garces  le  consagra  en  su  ya  citada 
obra  del  Fundamento  del  vigor  i  elegancia  de  la  lengua 
castellana;  ni  perderla  tampoco  su  tiempo  consultando  en 
el  Diccionario  de  Galicismos  de  Baralt  el  artículo  corres- 
pondiente, cuya  lectura  le  daria  a  conocer,  tanto  los  mas 
groseros  galicismos  que  en  el  uso  de  la  indicada  preposi^ 
cion  se  cometen,  como  la  manera  de  evitarlos. 

Nosotros,,  que  no  escribimos  ni  una  Lexicografía  caste- 
llana, ni  un  Diccionario  de  galicismos,  cumpliremos  nues- 
tro intento  exponiendo  en  este  lugar  acerca  de  la  de: 

I.**  Que  aunque  no  mui  frecuentemente,  se  halla  usada 
la  de  en  los  escritores  del  siglo  de  oro  a  la  manera  que 
acostumbran  nuestros  compatriotas  poco  ilustrados,  por  tam 
luego  como.  Pidiendo  mil  excusas  por  la  comparación,  ¿qué 
diferencia  hai  en  este  pasaje  de  la  anjelical  Santa  Teresa 
«De  c¡ue  vi  que  era  imposible  ir  a  donde  me  matasen  por 
Dios,  ordenamos  (un  hermano  i  yo)  ser  ermitaños;»  i  este 
otro  del  poco  anjelical  paisano  Bernardino  Guaj^rdo? 


180  DE 

«Se  le  acercó  por  idea 
Kl  malvado  basilisco 
1  de  que  le  dio  un  pellizco 
¡Ai!  ai!  ai!  dijo  la  fea!» 

2.''  Que  es  uso  disparatado  el  que  se  hace  de  la  susodi- 
cha preposición  cada  vez  que  se  la  antepone  a  ex  profeso^ 
porque  significando  ex,  de,  no  hai  para  qué  expresar  dos 
veces  seguidas  la  misma  relación,  una  en  latín  i  otra  en 
castellano. 

c(No  parece  sino  que  Felipe  III,  Felipe  IV  i  Carlos  II 
subieron  ex  profeso  ai  trono  de  las  Españas  para  arruinar- 
las i  destruir  la  obra  de  sus  antepasados.» 

(Anjel  de  Saavedra. — Masaniello.) 

3,"  Que  es  muí  chilena  i  campesina  la  locución  de  efecti- 
t^o,  para  dar  a  entender  que  algo  sucede  sin  interrupción, 
constante  i  permanentemente. 

c(Ei  agua  corre  por  esta  acequia  de  efectivo^) ;  es  decir, 
corre  siempre.» 

«Me  atormenta  de  efectivo 
Un  incendio  abrasador 
I  no  quiero  que  el  doctor 
Con  medicinas  me  acuda, 
Porque  yo  sin  haber  duda 
Estoi  enfermo  de  amor.» 

[GuAJKRDO.— Enfermedad  de  amor,) 

4."  Que  erradamente  creen  algunos,  a  lo  que  es  posible 
adivinar  por  el  uso  de  la  bastardilla,  que  de  nó,  equivalien- 
do a  la  frase  para  el  caso  en  que  así  no  suceda^  es  modo 
de  hablar  incorrecto  o  poco  castizo. 

«Lo  que  yo  quiero  es  que  te  cases,  o  de  nó  te  mato,  con- 
testó Amador  con  tono  de  resolución.» 

(Blest  (jk^p^.-^ Martin  Rivas.) 

*  «1  así  me  darán  el  premio 

Si  es  de  lei;  de  7ió  paciencia!» 
(GuAjARDo. — Repartición  de  premios  de  los  años  a  los  meses.) 

Fácil  es  suplir  lo  que  por  elipsis  falta  en  ambas  frases, 


.'ve 


i 


DEJ  181 

pmiieMdo  en  la  primera  de  no  hacerlo  te  mato;  i  en  la  se- 
gunda de  no  suceder  así,  paciencia! 

No  tenemos  a  la  mano  ningún  ejemplo  de  los  clásicos 
que  autorice  la  construcción  en  que  nos  estamos  ocupan- 
do; pero,  encontrando  en  ella  el  mismo  enérjico  laconismo 
que  en  las  equivalentes  donde  nó  i  si  nó  tan  del  gusto  de 
Cervantes,  no  nos  atrevemos  a  condenarlas: 

«La  importancia  (dijo  D.  Quijote)  está  que  sin  verla 
(a  Dulcinea)  lo  habéis  de  creer,  confesar,  afirmar,  jurar  i 
defender,  donde  7ió  conmigo  sois  en  batalla,  jente  desco- 
munal i  soberbia.» 

(Cervantes.—  Quijote.) 

«Miente  delante  de  mí,  ruin,  villano,  dijo  D.  Quijote. 
Por  el  sol  que  nos  alumbra  que  estoi  por  pasaros  de  parte 
a  parte  con  esta  lanza:  pagadle  luego  sin  mas  réplica;  si 
nó  por  el  Dios  que  nos  rije  que  os  concluya  i  aniquile  en 
este  punto.» 

[lX),-Id.) 
DEJACIÓN,     (hacer). 

Como  quiera  que  dejación  no  es  mas  que  la  acción  de 
dejar  i  que  una  de  las  acepciones  de  este  verbo  es  omitir  y 
abandonar,  etc.,  liabria  temeridad  en  tildar  de  bárbara  la 
frase  que  viene  infaliblemente  a  los  labios  de  nuestros  pai- 
sanos cada  vez  que  se  les  recuerda  alguna  promesa  para 
exijirles  su  cumplimiento:  He  hecho  dejación. 

En  efecto,  si  puede  decirse  en  castellano,  ajustándose  a 
]o  que  manda  el  Diccionario  de  la  Academia,  hacer  estima- 
ción de  alguno  para  dar  a  entender  que  se  le  estima,  ¿por 
qué  no  podria  decirse  que  se  ha  hecho  dejación  de  un  ne- 
gocio para  indicar  que  se  le  ha  abandonado  u  olvidado? 

La  frase  causa  estrañeza  sinembargo;  pero  a  nuestro 
entender,  mas  a  causa  de  ir  callado  el  complemento,  que 
porque  ella  adolezca  de  algún  vicio  esencial. 

DEJANTE  QUE. 

En  ])oca  del  vulgo  se  oj^e  sonar  con  frecuencia  esta 
estrafalaria  locución  a  Ja  cual  se  atribuye  el  sentido  de 
ademas  de  que,  cuu  que  no,  con  ser  que. 


182  DEM 

«Sabe,  na  Juana,  que  si  continúa  Ud.  atrasándose  con 
la  ropa  busco  otra  lavandera  el  dia  menos  pensado? — De- 
jante  que  el  carbón  se  ha  puesto  tan  caro^  i  que  dan  dos 
palitos  de  leña  por  medio,  i  que  está  el  tiempo  tan  contin- 
jente  que  casi  no  se  merece  el  sol!» 

— c(¿I  no  te  pedia  que  le  buscaras  niditos  de  diucas  o 
chineóles? 

— ¡Dejante  que  se  enojaba  conmigo  porque  dejaba  que 
mis  niños  sacasen  los  huevos  a  los  pajaritos  del  nido!  De- 
cía que  Id  daba  mucha  pena.» 

(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio.) 

DEJAR. 

Nos  atrevemos  a  calificar  de  chilenismo  el  uso  que  se 
hace  de  este  verbo  como  intransitivo  solo  en  la  tercera 
persona  del  plural:  dejany  dejaban^  dejaron,  dejarian  a 
misa,  o  simplemente  dejati,  dejaban,  dejaron,  dejarian. 

Con  todo,  como  una  de  las  acepciones  castizas  de  dejar 
es  abstenerse  de  seguir  en  lo  que  se  estaba  haciendo,  co- 
mo cuando  decimos  en  son  de  reproche  al  que  nos  muele: 
«¡deje  Ud!»;  bien  puede  creerse  que  cuando  decimos c?e/«^ 
a  misa,  damos  a  entender,  las  campanas  dejan  ya  de  tocar 
a  misa, 

«Pero  ¡caramba!  ya  están  dejando  las  campanas,  vamos 
a  misa  que  una  vez  no  mas  se  avisa.» 

(Huérfano») 


DEMONTRE. 

Por  demonio. 

«¿Cómo  no  he  de  andar  confuso,    cuando  las  cosas  del 
mundo  me  tienen  la  cabeza  dada  al  demontre^ 

(Camilo  Henríquez.  -^El  ciudadano  Horacio  al  honorable 
ciudadano  Terraza.) 

Parece  que  es  provincialismo  vascongado: 

«Uno  es  un  pobre  bolonio  que    no  sabe  tratar  con  los 
caballeros;  pero  qué  demonche,  usted  disimulará»  etc. 

(Trueba. — Camino  de  la  aldea.) 


DES  183 


DENUNCIO. 


Esta  voz  tan  corriente  en  Chile  es  anticuada  en  EspaHa^ 
donde  solo  se  usan  denunciación  i  denuncia. 


DERRUMBE. 

La  tierra  que  se  cae  i  desmorona  al  influjo  de  una  co- 
rriente de  agua  que  la  mina  por  abajo,  o  por  otra  causa 
semejante,  se  llama  en  español  derrubio.  La  acción  de 
derrumbarse  i  sus  efectos  se  llaman  derrumbamiento ^  que  es 
lo  mismo  que  en  Chile  llamamos  derrumbe  tan  a  boca  lle- 
na, que  si  nos  damos  el  trabajo  de  advertirlo,  mas  es  por 
satisfacer  la  curiosidad  de  los  curiosos,  que  porque  abri- 
guemos la  mas  leve  esperanza  de  que  se  enmienden  los  que 
pecan  por  este  capítulo,  que  ciertamente  no  son  pocos. 

Entre  mineros  españoles  derrumbe  es  lo  mismo  que 
derrumbamiento,  i  en  esa  acepción  lo  trae  también  el  Dic- 
cionario de  Salva. 


DES  ARRAJAR. 

Cuando  se  nos  pierde  la  llave  de  la  cerradura  de  algu- 
na puerta,  cofre  o  escritorio  i  hemos  desesperado  de  en- 
contrarla, llamamos  al  cerrajero  para  que  nos  desarraje  la 
chapa\  sin  advertir  que,  puesto  que  de  lo  que  se  trata  es 
de  romper  la  cerraja  o  cerradura,  lo  propio  i  correcto  se- 
ria ordenarle  que  la  descerrajase. 


DESBARRANCAR,    SE. 

Tní  desbarrancar,  ni  desbarrancarse  son  castellanos. 

Es  lo  sí  desabarrancar,  que  tiene  una  significación  diame- 
tralmente  contraria  a  la  que  atribuimos  nosotros  a  sus  dos 
mencionados  bastardos.  En  efecto,  mientras  en  España 
quien  desabarranca  al  prójimo  ejecuta  una  obra  de  mise- 
ricordia sacándolo  del  barranco,  del  pantano  o  del  beren- 


ti. 


184  DES 

jeiial  en  quo  se  encuentra;  en  Chile  quien  lo  desharninca 
rara  vez  tiene  otras  intenciones  que  echarlo  de  cabeza  al 
fondo  del  barranco,  o  de  patas  afuera  de  la  casa  en  que 
vive  la  dama  de  sus  pensamientos. 

Dígase  en  el  primer  sentido  despeñar  o  despeñarse,  i  en 
el  segundo  deshancar. 


DESBORONAR. 

Dicen  algunos  dengosos  de  miedo  a  desmoronar;  i  los 
pobrecitos  huyendo  de  las  llamas  caen  en  las  brasas,  por- 
que sin  saberlo,  vuelven  la  espalda  a  una  voz  de  uso  jene- 
ral  i  moderno  para  servirse  de  otra  que  lleva  en  los  dic- 
cionarios la  nota  de  anticuada. 

DESCARMENAR. 


Dígase  escarmenar 


DESCOCADO, 

Dijimos  ya  (voz  Caroso)  que  llamamos  descarosado  i  mas 
a  menudo  descocado  al  melocotón  que  se  pone  a  secar  al 
sol  después  de  privado  de  su  hueso.  También  indicábamos 
en  el  aludido  articulillo  que,  a  lo  que  habíamos  podido 
averiguar^  el  vocablo  castellano  que  mas  se  aproximaba  en 
su  significación  a  descocado  era  orejón. 

Ahora  cúmplenos  agregar  que,  puesto  que  el  orejón,  que 
es  el  melocotón  puesto  a  secar  después  de  dividido  ert 
cintas,  es  algo  mui  diverso  del  descocado,  que  es  el  melo- 
cotón puesto  a  secar  o  seco  sin  su  hueso,  no  hai  motivo 
para  abandonar  nuestra  palabra,  siquiera  nos  parezca  pre- 
ferible sostituirla  por  deshuesado,  qua  no  viene  en  los  dic- 
cionarios pero  que  es  de  mui  correcta  formación, 

DESCOZOR,    DESCOCER. 

Dígase  escozor,  escocer. 


DES  185 

DESDE  AB  ETERNO,  DESDE  AB  INITIO. 

fcSon  notoriamente  pleonásticas,  observa  con  mucha  ra- 
zón el  señor  Cuervo,  las  expresiones  desde  abeternOy  desdé 
abinitio,  por  cuanto  el  ab  significa  desde  [desde  la  eterni- 
dad, desde  el  principio). 

«Esta  nueva  mujer  escojió  Dios  abeterno  i  la  adornó  con 
todas  las  virtudes  i  gracias  para  que  fuese  digna  madre  de 
su  unijénito  hijo.» 

(Frai  Luis  de  Q^'Bik^kVik. -^Meditaciones.) 

«Solo  Dios  comprendió  abeterno  sin  error  la  fábrica  de 
este  mundo.» 

(Saavedra  Fajardo. — Empresas  políticas.) 

DESECAR,   disecar. 

Verbos  son  estos  de  mui  diversa  significación,  pero  que 
con  frecuencia  se  usan  revesadamente  a  causa  de  la  seme^ 
janza  de  su  estructura. 

Viene  el  primero  del  latino  exsiccare  i  significa  extraer 
el  agua  o  humedad  de  alguna  cosa,  especialmente  de  los 
terrenos  pantanosos,  a  fin  de  habilitarlos  para  el  cultivo. 

El  segundo  trae  su  oríjen  de  desecare,  i  significa  dividir 
íartificiosamente  en  partes  algún  animal  o  su  cadáver  para 
íexaminar  su  organización  o  con  algún  otro  propósito. 

No  echen  el  parrafiUo  éste  en  saco  roto  los  paisanos  que 
[con  tanto  aprovechamiento  en  la  agricultura  nacional  se 
¡ocupan  en  desecar  las  vegas,  ni  los  que,  ejercitándose  en 
el  arte  difícil  de  nuestro  inolvidable  doctor  Sazie,  disecan^ 
[armados  de  escalpelo  i  de  paciencia,  los  cadáveres  en  la 
[Escuela  de  Medicina* 

La  acción  i  efecto  de  desecar  se  llama  desecación  o  dése* 
^amiento;  la  de  disecar,  disección. 

DESEMBARAZAR,   DESEMBARAZO. 

Tiene,  no  hai  duda,  la  moda  raros  caprichos  en  materia 
(de  lenguaje;  i  no   es  ciertamente  de    los  menos  raros  la 


186  DES 

ojeriza  que  inspira  a  ciertas  palabras  tan  útiles  como  cas- 
tizas. Allí  están  en  prueba  cuantas,  hablando  de  su  emba- 
razo sin  mas  que  uno  que  otro  melindre,  no  hablarían  de 
sa  preñez  si  las  asaeteasen.  Ahí  las  otras  tantas  que,  de- 
sembarazando o  saliendo  con  bien  no  mui  de  tarde  en  tar- 
de, no  consentirían  en  parir  una  sola  vez  ni  por  toda  la 
plata  de  Caracoles. 

De  sobra  se  nos  alcanza  que  en  materia  tan  grave  como 
la  que  representa  la  palabra  de  que  tratamos,  tiene  toda  su 
fuerza  el  dicho  francés:  le  nom  ne  fait  rien  á  la  chose;  pe- 
ro, teniendo  en  vista  el  castellano  que  dice^  el  saber  no 
ocupa  lugar  y  i  viniendo  a  pelo,  hemos  creído  del  caso  ad- 
vertir que  en  castellano,  desembarazar  en  su  sentido  rec- 
to es  un  verbo  activo  que  significa  quitar  el  impedimento 
que  se  opone  a  alguna  cosa,  evacuar,  desocupar,  i  que  en 
el  metafórico  se  usa  reflejamente  por  apartar  o  separar 
uno  de  sí  lo  que  le  estorba  o  incomoda  para  conseguir 
algún  fin.  No  puede,  por  lo  tanto^,  emplearse  a  la  chilena 
como  intransitivo,  en  vez  áe  parir,  diciendo:  La  Fidanita 
desembarazó  anoche:  ni  tampoco  que  tuvo  feliz  desembara- 
zo^ pues  esta  voz  no  es  sinónima  de  alumbramiento  o 
partOy  puesto  que  significa  despejo,  desenfado. 

DESGARRAR,     ARRO. 

Es  éste  otro  síntoma  con  cuyo  nombre  raras  veces  ati- 
nan médicos  i  enfermos.  Ni  desgarrar  ni  desgarro  son 
castizos  en  la  acepción  en  que  los  estamos  considerando; 
pero  por  mas  que  diga  la  Academia,  en  esta  vez  le  volve- 
remos resueltamente  las  espaldas  para  irnos  aguas  abajo 
tras  la  bandera  de  la  moda,  bien  decididos  a  no  arrepen- 
timos mientras  no  nos  ofrezca  vocablos  mas  bien  educados 
i  mas  limpios  que  los  dos  insoportables  que  nos  presenta. 

Carrefio  dice  esgarrar,  en  su  Manual  de  urbanidad. 

Desgarro  se  ha  llamado  antes  flema  por  el  cuerpo  mé- 
dico i  por  todo  el  mundo. 

DESGRACIARSE. 

Algunos  escritores  nacionales,  i  el  autor  anónimo  del 
Huérfano  entre  ellos,  subrayan  este  verbo  cada  vez  que  lo 


DES  .  187 

usan  como  reflexivo  en  el  sentido    de    malograrse    alguna 
persona  o  cosa. 

La  acepción  indicada  es,  no  obstante,  castiza,  si  bien  de 
aquéllas  que  evitan  en  la  conversación  i  escritura  las  per- 
sonas letradas;  porque,  a  fuerza  de  andar  en  los  labios 
del  vulgo,  ha  adquirido  cierta  mala  fama  tan  inmerecida 
como  innegable. 

DESGREÑO. 

De  desgreñar,  siguiendo  nuestra  tendencia  ya  notada 
á  abreviar  frases  i  palabras,  hemos  formado  desgreño,  con 
la  cual  indicamos  el  efecto,  i  acción  de  desgreñar,  olvi- 
dándonos de  desgreñamiento  i  desgreñadura,  que  son  los 
únicos  que  para  expresar  semejantes  ideas  cuentan  con  el 
visto  bueno  de  la  Academia. 

«Estos  sientan  las  partidas  con  notable  desgreño.» 

(Donoso. — Maraial  del  párroco.) 

DESMEMBRAR. 

Una  buena  lección  nos  da  sobre  este  verbo  el  señor 
Cuervo  cuando  nos  advierte  que  desmembrar  significa 
arrancar,  cercenar  los  miembros,  i  desmembrarse  dividirse 
un  cuerpo  en  sus  miembros;  en  esta  virtud,  aunque  per- 
sonas muí  letradas  se  expresen  de  otro  modo,  deberemos 
decir  «los  verdaderos  repúblicos  temen  que  se  desmiembre 
la  nación» . 

«Mira  la  parva  el  desdichado. 
Que  tanto  por  instante  se  desmiembra 
Que  le  viene  a  faltar  para  la  siembra.» 

(Villa  VICIOS  A. — Mosquea.) 

DESPACIO. 

Hablar  despacio  no  es  hablar  quedo,  en  voz  baja,  en 
este  sentido  es  de  jeneral  i  frecuentísimo  uso  entre  nos- 
otros, sino  hablar  lentamente. 


188  DES 

kI  él  hablaiulo  despacio,  ella  de  prisa, 
Ki  él  la  dice  quién  es,  ni"  ella  se  nombra.» 

(Campoamor.— £*/  Drama  universal.) 

DESPARPAJO. 

En  español  desparpajo  significa  mucha  facilidad  para 
hablar. 

A  la  chilena  se  usa  como  equivalente  a  desorden,  desba- 
rajiiste.  Así  decimos:  «El  desparpajo  administrativo  es  una 
consecuencia  de  la  ineptitud  del  ministerio.»  «De  un  Con- 
greso elejido  por  el  Ejecutivo  i  preocupado  solo  de  mos- 
trarle su  agradecimiento^  ¿qué  otra  cosa  podia  esperarse 
que  el  desparpajo  de  los  caudales  públicos  que  estamos 
presenciando?» 

DESPILFARRADO,    A. 

Despilfarrado  debiera  ser  e/  (7 we  malgasta  o  despilfarra- 
Entre  nosotros  hace  los  oficios  de  ralo,  desmedrado. 

«El  parral  da  grandes  racimos  de  excelente  uva:  ¡lás- 
tima sí  que  los  dé  casi  siempre  despilfarrados!)) 

DESPOLVOREAR^   POLVOREAR, 

Maliciosa  pareja  es  ésta,  cuyas  zancadillas  han  hecho 
estrellarse  en  los  cantos  del  sendero  las  narices  a  mas 
de  un  arrogante  trepador  del  Parnaso. 

Para  evitar  tales  percances,  conviene  saber  que  des- 
polvorear significa  cabalmente  lo  contrario  de  espolvorear-, 
porque  mientras  el  que  despolvorea  quita  o  sacude  el  pol- 
vo, el  que  espolvorea  lo  echa  i  derrama. 

DESPOTRICAR. 

Damos  a  este  verbo,  cuyo  propio  sentido  es  hablar  cuaii" 
tose  ocurre,  uno  mui  semejante  n  despachurrar ,  despedazar 
a  alguna   persona  aplastándola. 

También  una  que  otra  vez  hemos  oído  despotricamien- 
(Q,  por  la  acción  i  efecto  de  despotricar. 


I 


Dígase  espulgar. 


DES  1S9 

DESPÜLGAR. 
DESTAJO. 


La  sio^nificacion  castiza  de  este  vocablo  es  la  misma 
que  atribuimos  en  Chile  a  tarea^  esto  es^  «la  obra  u  ocu- 
pación que  se  ajusta  por  un   tanto». 

Entiéndase,  en  consecuencia,  que  se  comete  un  chile- 
nismo cuando  se  emplea  aquél  para  indicar  la  porción 
de  frutas,  legumbres  u  otros  artículos  de  uso  doméstico 
que  se  compran  sin  pesar,  contar  ni  medir,  a  la  vista  i 
ad  Corpus.  Así  el  frutillero,  mostrando  el  fondo  de  su  ca- 
nasto a  la  casera  que  le  pregunta  «¿a  cuánto  el  ciento?o ,  le 
contesta:  «no  me  quedan  ya  mas  que  unas  pocas:  ofréz^ 
carne  por  el  destajito,)) 

DESTEMPLAR. 

Oigan  las  cantoras. 

Cuando  estén  Uds.  cansadas  de  las  exijencias  de  los 
lachos,  ora  sean  guasos  chapeados  o  futrecillos  de  porra,  i 
quieran  pasarlos  por  el  aro  valiéndose  de  la  cábula  da 
que  a  cada  nada  la  moledera  de  la  guitarra  se*  desafina, 
no  digan  que  se  destiernpla\  porque  si  por  casualidad  el 
futrecillo  conservase  en  la  memoria  las  lecciones  de  su 
profesor  de  gramática,  podria  hacer  a  Uds.  la  pava  lo  mas 
bien,  diciéndoles  mui  orondo  que  templar  tiene  por  afin  a 
temple,  i  que  se  conjuga  templo,  templas,  templUy  etc: 
todo  lo  cual  es  aplicable  a  destemplar. 

Tampoco  hai  ejemplo  de  que  dientes  o  muelas  se  des- 
tiemplen,  por  mas  que  el  destemple  de  tales  herramientas 
sea  achaque  frecuentísimo  de  los  que  sufren  dentera. 

«Que  ni  del  agua  sorda  el  ronco  estruendo 
El  sueño  profundísimo  les  templa. 
Ni  el  tropel  de  las  armas  estupendo 
Que  el  alma  a  Judas  con  rigor  destempla 
Velar  los  hace » 

(HojEDA. —  Cristiadd.) 


190  DES 

«La  augusta  soledad  que  la  amargura 
Talvez  del  alma  combatida  templa.^) 

(EsPRONCEDA. — Diablo  tmindo») 


DESTILAR,  ADERA. 

«Lo  que  en  Lima  se  llama  eternamente  agua  destiladayiy 
dice  Juan  de  Arona,  «es  simplemente  agua  pascada  por  un 
filtro  de  piedra.^^ 

«La  destiladera  es  una  piedra  horadada  de  la  forma  i 
tamaño  de  un  pan  de  azúcar.  Descansa  sobre  unas  anga- 
rillas o  aguaderas  firmes,  i  filtra  gota  a  gota  o  destila  el 
agua  sobre  una  gran  vasija  de  barro  llamada  tinaja  o  la 
tinajera  (tinajero),  i  ambas  piezas  van  encerradas  en  una 
gran  jaula  de  madera  con  fierro,  llamada  por  su  conte- 
nido la  destiladera  o  la  tinajera.y) 

«Es  una  de  las  piezas  mas  importantes  de  nuestra  vida 
doméstica.» 

Nuestras  destiladeras  son  en  España  destiladores. 

La  destiladera  es  un  instrumento  para  destilar  algún 
licor;  el  destilador  uno  para  pasar  por  él  agua. 

Bien  mirado,  ese  mortero  no  deberla  llamarse  tampoco 
destilador;  pero  ya  sabemos  que  no  es  la  Academia  la  que 
inventa  las  voces,  o  las  aplica  a  los  objetos;  es  el  pue- 
blo. 


DESTRONCARSE,    ADO. 

Destroncado  dicen  nuestros  campesinos  del  caballo  que 
por  vejez  u  otra  causa  llega  a  perder  la  ajilidad  de  las 
choquezuelas  de  sus  patas  delanteras;  i  es  casi  por  demás 
advertir  que  se  destronca  el  que  sufre  semejante  achaque. 

DESVEIDO,    A. 

Que  dicen  muchos  por  desleido  i  también  por  bajó  de 
oolor^  desteñido,  es  intolerable  corruptela. 


BIC  191 

ttDespues  de  esa  introducción  tan  desveida  i  prosaica, 
viene  en  la  obra  que  analizo,  la  descripción  del  crepús- 
culo.» 

(M.  L.  Amunátegui. — Juicio  crítico  de  üeredia.) 

DEVANARSE. 

Es  de  frecuentísimo  uso,  aunque  solo  en  la  frase  deva- 
narse los  sesos,  que  equivale  a  cavilar.  Probablemente  es- 
te devanarse  no  es  mas  que  el  verbo  activo  español  deva- 
near, decir  o  hacer  devaneos,  disparatar,  delirar;  a  no 
ser  que  se  crea  acertado  hacerlo  proceder  de  devanar,  su- 
poniendo que  a  virtud  de  una  violenta  metáfora,  la  fuerza 
de  la  atención  con  que  se  discurre  i  cavila  contrae  i  en- 
vuelve los  sesos  como  en  un  ovillo. 

DIABÉTIS. 

Es  como  jeneralmente  se  dice;  debe  decirse  i  escribir- 
se diabetes. 

día  por  medio. 

No  es^  usada  esta  locución  en  España,  donde  se  dice 
un  dia  sí  i  otro  nó,  i  de  otras  varias  maneras. 

«Llámase  doble  cuando  repite  dos  dias  con  uno  de  hue- 


co.n 


(Academia. — Diccionario,  voz  cuartana.) 

que  se  dice  de 
ervalo  de  un  d 
(Id.— voz  dia. 


9<Cada  tercer  dia,    modo    adverbial    que  se  dice  de  las 
cosas  que  se  repiten  con  el  claro  o   intervalo  de  un  dia.» 


DICTAMINAR. 


El  señor  Salva  pone  a  esta  voz  la  nota:  aProvincialismo 
de  la  América  Meridional,  dar  dictamen»,  aseveración  con- 
firmada por  el  silencio  que  acerca  de  ella  guarda  el  Dic- 
cionario de  la  Academia. 


102  DIN 

De  desear  seria  que  se  procediese  cuanto  antes  a  otor- 
garle carta  de  ciudadanía;  pues  es  lo  cierto  que  si  se  eli- 
minase no  quedaria,  para  expresar  la  idea,  mas  arbitrio 
que  recurrir  al  circunloquio  dar  díctame?!,  i  sabido  es  que 
nunca  debe  desterrarse  un  vocablo  correctamente  formado, 
aunque  sea  nuevo,  para  servirse  de  circunloquios  o  de 
frases. 

DIEZIOCHO,    ENDIEZÍOCHADO,   A* 

Cuando  se  dice  en  Chile  el  dieziocho,  ya  se  sabe  sin  mas 
explicación  que  se  habla  del  dieziocho  de  Septiembre  y  que 
es  el  dieziocho  por  excelencia  i  antonomasia. 

Debemos  también  a  las  fiestas  cívicas  que  por  el  18  de 
Septiembre  se  celebran  todos  los  años  en  conmemoración 
del  dia  en  que  se  reunió  la  primera  Junta  Nacional,  otra 
palabra  mui  expresiva,  el  adjetivo  endieziochado ,  con  el 
cual  damos  a  entender  que  alguien  anda  tan  alegre  i  en- 
tusiasta como  en  las  susodichas  fiestas  se  acostumbra. 

DILATARSE. 

Castizamente  podria  decirse,  dando  a  dilatar  la  signifi- 
cación de  demorar:  «Son  muchos  los  hombres  que,  conser- 
vando la  fe  i  resueltos  a  convertirse,  dilatan  no  obstante 
la  hora  de  la  conversión  hasta  la  de  su  muerte.» 

Pero  dudamos  mucho  que  en  esa  acepción  pueda  usarse 
reflejamente,  como  cuando  preguntamos  al  criado  que  se 
demora  mas  de  los  justo  en  volver  de  la  calle:  ¿por  qué  te 
has  dilatado  tanto? 

DINTEL,  UMBRAL. 

A  los  escribidores,  copleros  i  traductores  zarramplines 
dedicamos  las  observaciones  mui  oportunas  que  sobre  la 
voz  materia  de  este  párrafo  hace  el  señor  Cuervo,  i  que 
son  como  siguen: 

«De  algún  tiempo  a  estaparte  es  increible  el  número  de 
hombres  que  se  han  convertido  en  moscas  u  otros  gusa- 
rapillos  semejantes,  porque  siempre  oimos  que  hai  quien 
pise  los  dinteles  de  las  puertas  o  se  siente   eu   ellos;  noso- 


i 


DIS  193 

tros  mismos  estuvimos  al  canto  de  realizar  esa  metamor- 
fosis ovidiana,  cuando,  pretendiendo  traducir  una  poesía 
de  Byron  pusimos: 

Llegó  a  su  dintel  el  Medo 
Su  trono  el  Persa  ocupó: 

casi  lágrimas  nos  ha  costado  este  pecado;  solo'nos  conso- 
lamos con  ver  reos  de  lo  mismo  a  varios  académicos  que  a 
sí  mismos  se  condenan  con  no  dar  cabida  en  el  Dicciona- 
rio a  semejante  acepción.  Es  excusado  llamar  dintel^  que 
significa  cela  parte  superior  de  las  puertas  i  ventanas  que 
carga  sobre  las  jambas»  al  umbral  que  es  «la  parte  infe- 
rior o  escalón  por  lo  común  de  piedra  i  contrapuesto  al 
dintel  en  la  puerta  o  entrada  de  cualquier  casa;»  i  es  se- 
mejante abuso  tanto  mas  reprensible  que  umbral  se  aco- 
moda perfectamente  al  lenguaje  propio  como  al  figurado: 
el  umbral  de  la  casa,  los  umbrales  de  la  vida,  ds  Id  cien- 
cia. 

((Entonces  tu  nombre 
Impreso  al  primor 
Por  esos  dinteles 
I  esquinas  de  Dios 
Será  en  letras  gordas 
Sobre  un  cartulon.» 

(JovELLÁNOS.-^t/íícam  a  Huerta.) 

«Solo  agradezco  el  vivir 
Por  morir  a  sus  umbrales.y) 

(Cai^deron. — Saber  del  mal  i  del  bien.) 


DISPARAR. 

Provincialismo  de  la  América  Meridional  según  Salva: 
tomar  soleta,  apretar  los  talones. 

En  su  forma  refleja  significa  partir  con  violencia,  o 
echar  a  correr  sin  rumbo  determinado.  Andan  por  lo  tanto 
mui  bien  avenidos  con  la  Academia  nuestros  guasos  cuan- 
do dicen:  ((Al  sentir  el  cañonazo  de  las  nueve  los  caballos 


194  DIT 

del  coche  se  dispararon.  Para  que  no  se  disparenlsiS  muías 
al  cargarlas  es  preciso  no  olvidarse  de  taparles  antes  la 
cabeza.» 

«Al  sentir  que  llegaba  el  serenólos  ladrones  dispararon 
saltando  Ja  tapia,»  sí  que  es  un  chilenismo  á^.  tomo  i 
lomo. 


DISPAREJO,  DESPAREJO. 

Bajo  ninguna  de  sus  dos  formas  aparece  en  los  diccio- 
narios de  la  lengua  esta  palabra  que  es  de  uso  frecuentísi- 
mo en  Chile  entre  toda  clase  de  personas.  Se  aplica  espe- 
cialmente al  terreno  que  no  presenta  una  superficie  plana, 
en  cujo  sentido  se  dice  también  malamente  accidentado, 
cuando  lo  propio  sgria  quebrado.  Metafóricamente  i  ha- 
blando  del  estilo  o  del  carácter^  lo  correcto  seria  desiyual. 

«]Bien  haya  lo  disparejo 
Del  camino  que  he  andado! 
Me  ha  dado  tanto  trabajo 
Por  no  haberlo  emparejado. y> 

(GuA JARDO. — FA  Judio  errante.) 
distraído. 

No  es  el  que  fija  poco  la  atención  en  las  cosas  que  hace 
o  dice,  el  desatento;  sino  «el  entregado  a  la  vida  licencio- 
sa i  desordenada.» 

[Diccionario  déla  Academia.) 


DITA. 


Usamos  de  esta  voz,  que  denota  en  castellano  la  perso- 
na o  cosa  que  se  señala  como  fianza  de  un  pago,  en  el 
sentido  de  deuda. 

También  corre  entre  el  vulgo  enditarse  por  cargarse  de 
deudas,  contraer  tantas  i  tales  que  parezca  imponible  pa- 
garlas. 


DOM  195 


DIUCA. 


«Especie  de  jilguero  do  la  América  Meridional»,  dice 
Salva,  «cuyas  plumas  son  de  color  turquí  hermosísimo  i 
canta  suave  i  delicadamente  al  rededor  de  las  casas  al 
amanecer.» 

La  diuca  [fringilla  diuca)  es  sin  duda  uno  de  los  paj ari- 
llos mas  notables  de  Chile. 

Su  canto,  sin  ser  tan  variado  como  el  de  la  tencay  ni 
tan  melodioso  como  el  del  zorzal,  ni  tan  repiqueteado  co- 
mo el  del  jilguero,  es  no  obstante  dulcísimo  i  tiene  la 
particularidad  de  anunciar  con  admirable  precisión  la 
hora  del  alba,  pues  empieza  al  despuntar  la  primera  luz 
de  la  aurora  i  concluye  al  desaparecer  las  últimas  som- 
bras de  la  noche. 

De  esas  circunstancias  han  provenido  las  frases  al  canto 
de  las  diucas,  o  al  primer  diucazo,  para  señalar  la  hora  en 
que  amanece. 

También  se  dice  de  la  persona  o  animal  empapado,  como 
nna  diuca,  ignoramos  por  qué. 

«Veinticuatro  veces  tan  solo  han  vuelto  a  cantar  las 
diucas  sobre  los  techos  de  las  casas  celebrando  sus  amores 
o  su  nueva  familia,  i  ya  mi  cabeza  blanquea  como  blan- 
quea el  floripondio  en  la  estación  de  los  calores;  mis 
miembros  han  perdido  suajilidad,  todas  mis  fuerzas  se  han. 
concluido.)) 

(Z.  Rodríguez. —Zoco  Eustaquio.) 

DIVERTIDO,  A. 

En  lenguaje  de  chinganas  i  bodegones,  el  ebrio,  achis- 
pado. 

DOMINGUEJO,  A. 

Es  la  palabra  favorita  con  que  las  señoras  antiguas  re- 
prendían a  las  personas  de  su  servidumbre,    sobre   todo   a 
los  chinitos  i  chinitas  que,  después  de  recojidas  del  zaguán 
criadas,  se  permitían  alguna  frescura  con  sus  amos. 


Í^Q  DON 

Tal  vez  este  dominguejo  no  es  otro  que  el  dominguillo 
cuyas  señas  da  así  la  Academia:  «Cierta  figura  de  hom- 
bre formada  ordinariamente  de  un  cuero  de  los  que  sir- 
ven para  el  vino,  lleno  de  aire  i  con  un  pan  de  plomo  en 
el  fondo,  que  le  sirve  de  pié  para  quedar  siempre  derecho. 
Se  hacen  también  (i  son  mas  comunes)  de  corcho  u  otra 
materia  mui  lijera  de  reducido  tamaño,  para  diversión  de 
muchachos.» 

Los  equivalentes  de  nuestro  dominguejo  serian  pegote  i 
pelagatos. 

í)ONDÉ. 


Üase^  no  solamente  en  Chile,  sino  en  toda  la  Améfica 
española  i  aun  en  España  a  este  adverbio  un  significado 
que  no  admite  la  Academia  española,  i  que  no  le  ha  dado 
ningún  escritor  de  nota.  Es  éste  el  que  tiene  la  preposi- 
ción francesa  chez,  i  así  decimos  los  chilenos:  «Ayer  estuve 
donde  Fulano;  voi  donde  Perejano.»  En  castellano  se  dice 
en  lugar  de  este  donde,  en  casa,  a  casa,  según  lo  pida  el 
verbo,  i  también  a  donde  está  Fulano. 

El  señor  Bello  señaló  este  vicioso  uso  de  donde  en  unos 
artículos  lexigráficos  que  publicó  en  El  Araucano  y  en  di- 
ciembre de  1833. 

Los  señores  Araunáteguis,  en  el  juicio  crítico  del  poeta 
ecuatoriano  don  Juan  León  Mera,  le  censuran  el  uso  de 
donde  en  la  acepción  indicada. 

Don  Rafael  M.  Baralt  (Dic.  de  Galic.)  dice  que  la  jente 
vulgar  de  Castilla  incurre  en  este  barbarismo, 

«Ah!  vuela  donde  ella.» 

(E.   DE  LA  Barra. — El  ánjel  de  mi  guarda. — Correo 
del  domi?igo,  núm.  14.) 

«I  donde  una  vieja  fondista  llegaron.» 

(Isidoro  Errázuríz. — En  la  Voz  de  Chile.) 

((Mas  ¿por  qué  recurrir  donde  el  malvado?» 
{Gonzalo  Pizarro  por  Felipe  Per ez—[tieogr anadino.) 


DOR  197 

((Cuando  llegué  donde  doña  Mercedes  se  ocupaba  en  ri- 
zar con  una  bombilla  de  plata  los  negros  i  abundantes  ca- 
bellos de  una  niña.» 

(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio,) 

«I  cuando  no  le  quieren  pagar  se  va  donde  el  padre  que 
se  pone  furioso.» 

(A.  Blest  Gana. — Martin  Mvás.) 
Véase  como  se  evita  el  tal  donde: 

«Diéronle  una  carta  que  le  enviaba  el  arzobispo^  su  tío, 
en  que  le  facía  saber  que  estaba  muí  doliente  et  que  le 
enviaba  a  rogar  que  si  le  quería  ver  vivo  que  fuese  luega 
para  éL 

[Conde  Lucanor.) 

((Vente  conmigo  delante  Calisto^  oirás  maravillas.» 
Fernando  de  R6jxs,—  [T7'ajicomedia  de  C alisto  i  Melibea,) 

«¿Por  qué  no  te  vas  al  padre  que  te  cric)?» 

(Granada.) 

('Venían  a  e7  todas  las  jantes.» 

(P.  Scio. — Traducción  de  San  Marcos.) 

((Se  fué  a  él  abierto  los  brazos.» 

(Cervantes.) 


DORMILONA. 

Especie  particular  de  pendientes  que  en  la  escala  del 
lujo  ocupan  un  término  medio  entre  los  casi  indíjenas  aros 
de  oro,  con  una  que  otra  perlilla,  i  las  ricas  i  deslumbra- 
doras caravanas  Je  brillantes. 

Tal  vez  el  bautizarse  así  a  los  tales  pendientes  provino 
de  que  por  su  forma  i  valor  podía  dormirse  con  ellos  sin 
peligro  de  la  cara  i  del  bolsillo. 


198  l^iiO 


DRAGONEAR. 

Del  oficial  mayor  del  ministerio  que  después  de  haber 
sido  electo  por  el  gobierno,  de  representante  del  pueblo 
va  a  la  Cámara  i  sale  como  sus  fuerzas  se  lo  permiten  en 
defensa  de  la  política  gubernativa  cada  vez  que  ve  a  sus 
jefes  en  apuros,  dice  el  público  que  dragonea  para  minis- 
tro. 

I  con  decir  lo  dicho  i  añadir  que  dragonear  no  es  caste- 
llano, creemos  excusado  pasar  adelante. 


DROGA,    DROGUISTA. 

Del  individuo  que  ha  caido  en  el  infierno  de  deber  a 
cada  santo  una  vela,  se  dice  que  es  una  droga  viviente,  o 
que  las  drogas  se  lo  comen  y  o  que  es  un  droguista  insigne,  o 
por  último  que  está  endrogado  hasta  las  narices. 

Al  oir  tales  cosas  ¿no  seria  de  creer  que  en  Chile  los 
drogueros  viven  pereciendo  de  hambre?  Pues  no  les  va  tan 
mal  que  digamos. 

Droga  por  embuste  i  droguista  por  embustero,  tramposo, 
son  sin  embargo  castellanas. 


E 


ECHAR. 

No  es  de  nuestra  incumbencia,  puesto  que  no  estamos 
escribiendo  un  diccionario  de  sinónimos,  explicar  en  qué  se 
asemejan  i  en  qué  se  diferencian  echar  áedespedir  i  de  bo- 
tar, i  echarse  de  tenderse  i  acostarse. 

Bástenos  declarar  que  hablan  castizamente  los  que  dicen: 

I  {(Eché  al  criado,  o  eclié  con  doce  huevos  a  la  gallina,  o   el 

perro  estaba  echado  en  el  umbral   de  la    puerta.»  ¿Podria 

tolerarse  sin  embargo:  «cansado  de  tanto  escribir,  me  eché 

junrato  sobre  el  sofá?»  Sí,  en  nuestra  opinión,  por  masque, 

señor  Barcia  en  su  Diccionario  de  sinónimos  crea  que 
echarse  solo  es  aplicable  a  los  animales.  1  porque  nuestra 
ípinion  contrapuesta  a  la  de  tan  erudito  escritor  pu- 
liera parecer  liviana  a  algunos,  vamos  a  darle  peso  con  las 
lalabras  que  siguen  que  son  de  la  Academia  española. 
¡nEcharse. — Tenderse,  acostarse  los  animales.  Tratándose 
le  los  racionales  se  dice  cuando  se  tienden  vestidos  por 
m  rato  mas  o  menos  largo». 

En  Arequipa  es  de  uso  frecuentísimo  echarse  en  la  iilti- 
la  de  las  acepciones  indicadas. 

En  Chile  formamos  con  echar  la  frase,  que  tenemos  por 
írovincialismo,  echar  periquitos,  que  vale  tanto  como 
íchar  pestes  contra  alguien,  verter  contra  él  palabras  de 
íxecracion  i  enojo. 

Echar  de  ver  i)ov  ^áyeriiv,  que  hemos  visto  en  alguna 
►arte  con  bastardilla,  es,  no  obstante, unalocucion  aunque 
Familiar,  mui  castiza. 


200  EJE 


ECHONA 


Del  quichua  hacchhuna,  garabato,  garfio  de  hierro 
Echona  es  el  nombre  popular  que  tiene  en  Chile  la  pe- 
queña hoz  con  que  exclusivamente  se  hacian  las  siegas  de 
trigo,  de  cebada  o  de  pasto.  Aun  cuando  las  máquinas  se- 
gadoras vinieron  a  remplazar  a  la  echona  en  muchos  ca- 
sos en  que  sus  servicios  eran  indispensables,  es  ella  toda- 
vía una  de  las  herramientas  que  los  prestan  mejores  a 
nuestra  agricultura. 

EDITORIAL. 

En  la  acepción  de  artículo  escrito  para  publicar  en  los 
periódicos  por  los  redactores  encargados  de  apreciar  la 
conducta  de  las  autoridades  i  estudiar  las  cuestiones  polí- 
ticas que  ocurran,  es,  según  el  señor  Salva  un  provincialis- 
mo mejicano.  Puede  ser  quefueraorijinariamente  mejicano; 
mas^  es  lo  cierto,  que  en  la  actualidad  el  sustantivo  edito- 
rial e^  de  uso  común  tanto  en  América  como  en   España. 

No  haria  mal  en  nuestro  humilde  juicio  la  Academia,  le- 
galizando el  empleo  de  una  voz  que,  sobre  ser  útil,  no  es 
mas  que  la  sustantivacion  del  adjetivo  editorial,  esto  es,  lo 
perteneciente  al  editor.  Es  probable  que  se  comenzarla 
por  llamar  artículo  editorial  aquél  que  se  suponía  escrito 
por  el  editor  o  por  encargo  de  él,  o  aquél  de  cuja 
publicación  se  constituía  responsable;  i  que  mas  adelante, 
suprimiéndose  el  sustantivo,  se  reemplazase  éste  por  el  ad- 
jetivo sustantivado  i  se  dijese  mas  brevemente:  «Hoi  vie- 
ne el  diario  sin  editorial.  Rarísimas  veces  leo  los  edito- 
riales que  versan  sobre  cuestiones  políticas». 

EFECTIVO. 

Véase  de. 

EJES. 


Cobre  en  barra,  es  el  que,  por  medio  del  fuego,  ha    sido  j 
;®eparado  de  las  escorias!  reducido  después  a  lingotes. 


EMP  201 

Cobre  en  ejes,  es    el  que  se  deja  solo  a  medio  purificar 
i  de  esa  manera  se  exporta. 


ELABORAR . 

Se  usa  impropiamente  este  verbo  por  concebir  y  i  en  ca- 
sos cómelos  dos  que  siguen: 

(cComo  se  sabe,  las  \diQs.s,  (\\jíq  elaboran  los  cerebros  hu- 
manos son  muchas  i  de  distintas  clases  etc.» 

(M.  L.  Amunátegui. — Juicio  crítico  de  Guillermo  Matta). 

«Pero  ni  su  cabeza  ni  su  corazón  (habla  de  la  mujer)  es- 
tán de  ordinario  preparados  para  elaborar  esos  pensamien- 
tos elevados,  para  dirijir  esos  sentimientos  nobles.» 

(Catalina. — La  Mujer.) 

ELEVACIÓN,  ARSE,   ADA. 

Damos  a  estas  palabras  una  acepción  desconocida  de  los 
clásicos  españoles  i  no  consignada  en  el  Diccionario,  cuan- 
do las  empleamos  para  denotar  la  suspensión  o  falta  del 
flujo  menstrual. 

Elevada  es  la  mujer  enferma  de  amenorrea,  entre  los 
doctores;  entre  los  profanos,  opilada, 

EMBROMISTA 

Suele  decirse,  i  no  hai  tal:  la  palabra  castellana  es  bro- 
lista. 

EMPACARStE. 

Común  a  todos  los  paises  de  la  América  en  que  se  ha- 
bla español  es  el  uso  de  este  verbo,  para  denotarla  acción 
de  mostrarse  rehacio  el  animal  para  seguir  adelante.  Se 
aplica  también  a  las  personas  en  sentido  metafórico,  indi- 


202  EMP 

cando  entonces  el  hecho  de  resistirse  por  capricho  u  otro 
motivo  a  continuar  en  alguna  ocupación  o  ejercicio. 
«Empacóse  el  Sansón  i  no  daba  ya  en  bola.» 

(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio,) 

Eí7ipaque  es  un  provincialismo  andaluz  que  vale  catadu- 
ra, semblante,  co7itinente. 

Una  que  otra  vez  hemos  oido  esta  palabra  en  Chile,  i  a 
lo  que  recordamos,  por  cachaza. 

Empacarse  es  en  castellano  haronearse.  El  caballo  que 
tiene  este  vicio  se  llama  en  España  repropio, 

EMPAQUETARSE 

Es  emperejilarse  i  acicalarse:  i  se  ha  formado  del  adjetivo 

también  chileno  paquete j^ov  compuesto,  elegante,  pisaverde. 

Paquete  es  americanismo  mui  usado  en   Buenos   Aires. 

EMPASTAR,  EMPASTADOR. 

Significa  el  primero  encuadernar  libros  en  pasta,  i  él  se- 
gundo la  persona  que  tiene  por  oficio  el  de  encuadernar- 
los así.  Son  provincialismos  de  la  América  Meridional,  se- 
gún Salva;  pero  mui  dignos  de  conservarse  porque,  ade- 
mas de  bien  formados,  no  tienen  equivalentes  castizos. 

«Algunos  ejemplares  de  regalo,  finos  i  bien  empastados» 

(Larra. — La  Noche  buena  de  1836.) 

EMPECINARSE. 

Mui  curioso  es  el  párrafo  que  dedica  a  este  vocablo  el 
señor  Cuervo  en  sus  Apuntaciones,  Va  en  seguida  copiado 
íntegramente: 

«Con  respecto  a  empecinarse  ahí  va  una  conjetura:  sa- 
bido es  cuánto  renombre  cobró  en  la  guerra  que  sostuvie- 
ron los  españoles  contra  los  franceses  a  principios  de  es- 
te siglo  el  guerrillero  Juan  Martin  Diez,  llamado,  dice  To- 
reno,  «el  Empecinado»  (apodo  que  dan  los  comarcanos  a 


I 


EMP  203 

]os  vecinos  de  Castrillo  de  Duero^  de  donde  era  natural).  La 
fama  de  su  tenacidad  i  resistencia  hubo  de  pasar  los  mares 
i  llegar  a  estas  tierras,  donde  dirian  para  ponderar  lo  in- 
constrastable  de  alguno  en  un  empeño:  «Es  un  empecí-., 
nado»,  como  a  otro  propósito  se  usa  «es  un  Cid»;  oscure- 
cido el  oríjen  i  siendo  engañosa  la  apariencia  del  voca- 
blo, se  sacaría  el  verbo  empecinarsey  que  vale  aferrarse^ 
obstinarse,  empeñarse,  encapricharse. í) 

EMPELOTARSE. 


Se  dice  bien  a  la  española  en  pelota  por  en  cueros,  des- 
nudo. 


I-  ......,...._„..,.. 
Desde  el  cuello  hasta  la  cinta* 
Amábanle  de  manera 
■  Sus  vecinos^  que  sabida 

i  Su  resolución,  salieron 

Los  mas  de  la  suerte  misma. 
A  recibirle  enpelota.y) 
(Tirso  de  Molina.— I^s  Amazonas  de  las  Indias.) 

No  puede  decirse  otro  tanto  de  empelotarse,  cuja  raíz  es 
pelotera,  i  que  significa  confundirse,  enredarse,  reñir» 

«Sacando  unos  con  otros  las  espadas  comenzó  una  ba- 
talla de  comedia,  metiéndolos  en  paz  los  mozos  de  muías 
con  los  frenos  que  acababan  de  quitar;  i  dejándolos  em- 
pelotados,  se  salieron  D.  Cléofas  i  Cojuelo.» 

(VÉLEz  DE  Guevara. — Diablo  Cojuelo.). 

Claro  se  ve  que  el  equivalente  de  nuestro  empelotarse 
es  des7iudarse» 

En  pelo  se  dice  de  los  caballos  en  contraposición  a  en- 
sillados. 

empiparse. 

Por  hartarse,  atracarse,  dicen  en  Colombia  apiparse  i 
nosotros  empiparse^  Uno  i  otro    descansan    sobre  la  base 


204  ENC 

de  suponer!  que   el   que    se   ahita  echa    alimentos    a  su 
estómago  en  cantidad  bastante  a  llenar  una  pipa. 


EMPLUMAR. 

De  una  persona  que  huye  se  dice  en  estilo  familiar  i  en 
España  que  toma  soleta  o  las  de  Villadiego,  en  Colombia 
que  las  empluma,  i  en  Chile  lacónicamente  que  empluma. 

Si  no  estamos  equivocados,  el  equivalente  arj entino  de 
nuestro  emplumar  es  apretar  el  gorro. 


EMPOLLA,  AR. 

Dígase  ampolla,  ampollar. 

Bien  entendido  que  la  gallina  no  ampollará,  sino  que 
empollará  sus  huevos. 

EMPRESTAR. 

Observa  con  razón  el  señor  Cuervo  que  falta  en  caste- 
llano un  verbo  que  denote  la  acción  de  pedir  prestado  (en 
francés  emprunter,  en  ingles  to  borrow);  puesto  que  no  faltan 
quienes  se  sirvan  de  pi^estar  máist'mt'dmente,  aludiendo  ya 
a  la  persona  que  recibe^  ya  a  la  que  da  el  préstamo. 

Larra,  notando  el  vacío,  evocó  de  su  tumba,  para  llenar- 
Jo,  al  anticuado  emprestar,  i  escribió  en  su  artículo  2." 
sobre  los  calaveras,  ^Empresta  para  no  devolver».  Su  ejem- 
plo no  ha  sido  imitado. 

En  Chile  se  usa  bastante  emprestar  entre  el  vulgo,  que 
le  atribuye  el  mismo  sentido  del  anticuado  español  dar 
prestado,  prestar. 

EN  CIERNES. 

1 

Dicen  en  Chile  en  vez  de  en  cierne,  que  es  como  debe 
decirse  según  la  Academia  i  común  práctica  de  los  clási- 
cos: 


I 


I 


END  205 

id  quedó  el  deseo 
En  cierne,  desvalido  e  ignorante.» 

(Cervantes. — Viaje  al  parnaso,) 
Sin  embargo  encontramos  en  el  Juan    de   ¿as   Viñas  del 
mui  correcto  don  Juan  E.   de  Hartzenbusch  la   siguiente 
frase:  «El  abate  en  ciernes,  amenaza  i  se  escurre.» 

[  ENCIMAR. 

.   Por  llegar  a  la  cima,  no  existe. 

(d  que  se  hace  perceptible  al  encimar  el  caracol  de  la 
Cuesta.» 

(V.  MuRiLLo. — Revista  de  Valparaiso,  junio  de  1874.) 

ENCOLIGUAR. 

Cubrir  con  colihues  la  enmaderación  &e  los  edificios  pa- 
ra que  puedan  ser  tejados. 

Encoliguado  es  la  estera  que  forman  los  colihues  sobre 
los  ti j erales. 

ENDENANTE,  ENENANTES,  ENANTES,  DENANTES,  DE  ANTES. 

Enderiántes  i  enenántes  son  voces  anticuadas. 

Deben  cambiarse  en  denántes  o  enantes  que  significan 
poco  há,  como  lo  muestran  ios  siguientes  ejemplos: 

«Aunque  denántes  dije  que  yo  era  licenciado,  no  sol  si- 
no bachiller.» 

(Cervantes.  —  Quijote.) 

«El  viento  enantes  mudo,  que  pausado, 
Al  despertar  de   la  primera  aurora, 
Osó  apenas  de  aljófares  bañado 
Besar  las  flores  que  la  luz  colora.» 

{^m^o^o.—  Inocencia  perdida.) 

De  antes  nos  muestra  un  mui  diverso  significado,  pues 
equivale  a  anteriormente,  de  primero: 

«Abrazó  (Corchuelo)  al  licenciado  i  quedaron  mas  ami- 
gos que  de  cintesy> . 

(Cervantes. — Quijote.) 


206  ENR 

«Al  tercer  dia  tornó  a  ser  de  ellos  (escrúpulos)  com- 
batido   como  de  ántesy> . 

(RivADENEiRA.-^F/í/a  de  S.  Ignacio.) 

ENGORDA,  ERO. 

Ignoramos  cuáles  sean,  si  es  que  existen,  los  equivalen- 
tes castellanos  de  estos  vocablos,  el  primero  de  los  cua- 
les denota  el  conjunto  de  animales  vacunos  que  el  hacen- 
dado hace  engordar  todos  los  años  a  fin  de  matarlos  o 
venderlos  para  el  consumo. 

Engordero  es  el  que  habitualmente  se  ocupa  en  comprar 
animales  flacos  con  el  objeto  de  engordarlos,  venderlos 
después  i  ganar  la  diferencia  de  precio. 


ENLAZAR. 

Es  éste  un  provincialismo  arjentino  i  chileno,  i  aun  po- 
dríamos agregar  uruguayo,  que  expresa  la  acción  de  enre- 
dar i  cojer  con  el  lazo  {rejo  de  enlazar  en  Colombia)  a  los 
animales  que  pacen  sueltos  por  los  campos. 

Véase  lazo. 


EN  MANGAS  DE  CAMISA, 


Decimos  en  Chile  en  vez  de  en  cuerpo  de  camisa,  que  es 
como  lo  traen  los  diccionarios,  esto  es,  andando  sin  cha- 
leco; que  si  se  habla  de  quien  lo  lleva,  está  bien  en  mangas 
de  camisa. 


ENROLLAR. 

Nü  lo  trae  el  Diccionario  de  la  Academia.  Es  sin  embar- 
go tan  español  como  arrollar. 

«Pero  hechos^un  ro//o  o  oirollados,  ya  no  pueden  escon- 
der u  ocultar  nada.» 


(Hermosilla.-— yi/zc/o  crítico . 


i 


ENY  207 


ENTERAR,  ENTERADO. 

Notable  es  el  uso  que  hacemos  de  enterar  en  frases  como 
ésta:  «¿Cómo  está  Ud.,  doña  Tomasa? — Mui  buena,  Teresi- 
ta^  i  Ud.  ¿cómo  lo  pasa? — Enterando .^ 

Enterado,  a,  es  un  adjetivo  que  expresa  la  idea  de  en- 
greído, satisfecho,  presumido,  pagado  de  sí  mismo.  «Nada 
liai  que  fastidie  tanto  a  las  niñas  como  los  muchachos  en- 
terados-i^y  leemos  en  una  novela. 

ENTIERRO. 

Casi  no  sabemos  llamar  de  otra  suerte  lo  que  llaman  te- 
soro a  una  los  códigos  i  diccionarios. 

ENTREMEDIO. 

No  hai  tal  adverbio  de  lugar.  El  Diccionario  trae  entre^ 
medias,  adverbio  de  tiempo  i  lugar. 

((Abrase  aquel  escritorio,  que  dentro  estarán  mis  doblo- 
nes, i  los  diez  de  a  diez    entremedias  de  ellos. ^) 

(M.  Alemán.— Gw<smíi?2  de  Alfarache.) 

ftl  así  entremedias  de  ambas  hai  grande  anchura  i  fon- 
do.» 

(Las  CasAs. — Diario  de  Colon.) 

ENTRETENCIÓN. 

Dicen  mal  algunos  por  eyitretenimiento . 
«Pues  equivalía  a  dar  una  ci+a  a  la  jente   de   buen    hu- 
mor que  busca  por  doquiera  los  placeres  i  la  entretención. y* 
(Moisés  Vargas. — Lances  de  noche  buena.) 

ENYERBARSE. 

Llenarse  de  yerbas  un  jardin,  una  arboleda  o  semente- 
ra. Según  Salva,  seria  este  provincialismo  de  procedencia 
cubana. 


208  ESC 

EPÍGRAFE. 

Usan  algunos  esta  voz  como  si  fuese  sinónima  de  título, 
i  la  usan  mui  mal  de  contado;  pues  epígrafe  significa  el 
resumen  que  precede  a  un  capítulo,  párrafo  o  discurso,  i 
también  la  sentencia  que  suelen  poner  los  autores  a  la 
cabeza  de  un  escrito,  capítulo,  etc. 

«El  mismo  dia  que  aparecía  la  anterior  composición  en 
el  periódico  mencionado,  la  Gaceta  del  comercio  de  Valpa- 
raíso publicaba  otra  del  mismo  autor  con  un  argumento 
análogo  i  bajo  este  epígrafe:  Dieziocho   de   setiembre  de 

1844:    LIBERTAD   EN  ChILE.» 

(M.  L.  Amunátegui.— 72/2ce<?  crítico  de  E.  Lillo,) 

EQUÍVOCO. 

EquívocOy  sustantivo,  es  en  castellano,  lo  que  en  fran- 
cés equivoque,  la  palabra  que  tiene  dos  sentidos  diferen- 
tes, como  cáncer  que  es  uno  de  los  signos  del  Zodíaco  i 
también  una  enfermedad.  No  puede  por  lo  tanto  decirse 
como  se  oye  frecuentemente,  sin  faltar  a  la  propiedad  de 
las  voces:  «lEstá  Ud.  equívoco.  He  incurrido  en  un  equívoco 
etc.-»  En  el  primer  caso  lo  propio  seria  equivocado-,  en  el 
segundo  equivocación. 

Salva  trae  sin  embargo  a  equívoco  como  familiar  de 
equivocación. 

ESCALA,  ESCALERA. 

Trastrocamos  en  nuestra  práctica  ordinaria  el  sentido  de 
estas  dos  palabras,  empleando  escala  por  escalera  i  vice- 
versa. 

Lo  que  para  nosotros  es  esca/a,  conviene  a  saber  la 
parte  del  edificio  compuesta  de  peldaños  de  piedra,  made- 
ra u  otra  materia  para  subir  i  bajar,  es  para  los  españoles 
escalera-,  i  al  revés,  el  instrumento  portátil  de  madera  que 
sirve  a  albañiles  i  carpinteros  para  trabajar  en  la  cons- 
trucción de  los  edificios  i  a  muchos  otros  para  muchos  ob- 


i 


ESC  209 

jetos  diversos,  que  acostumbramos  llamar  escalera^  es  pa- 
ra el  Diccionario  escala  o  escalera  de  mano. 


ESCAMOTEAR. 

lis  como  dicen  muchos.  Debe   decirse  sin  e,  escamotar ^ 

ESCARPE. 

Llaman  los  mineros  la  acción  de  descubrir  la  veta  en 
la  superficie  c^uitándole  de  encima  la  tierra  o  piedras  que 
la  cubran. 

Hase  formado  el  sustantivo  éste  del  verbo  escarpar  en 
la  acepción  de  limpiar  i  raspar  materias  i  labores  de  es- 
cultura por  medio  del  instrumento  llamado  antiguamente 
escarpelo  i  lioi  escofina. 

ESCLAVATURA. 

íso  existe.  Dígase  esclavitud. 

ESCLAVÓCRATA. 

A  propósito  de  esta  palabra  dice  el  señor  Cuervo: 
ií. Aristocracia  es  el  gobierno  de  los  ciudadanos  mas  dis- 
tinguidos, i  aristócrata  el  que  lo  sostiene;  democracia  el 
gobierno  del  pueblo,  i  demócrata  el  adicto  a  tal  gobierno; 
oclocracia  el  gobierno  de  la  multitud,  i  oclócrata  seria  el 
partidario  de  él,  etc.;  en  vista  de  esto  ocurre,  preguntar 
¿dónde  tenia  la  cabeza  el  infeliz  a  quien  se  le  ocurrió  lia* 
mar  esclavócrata  al  sostenedor  de  la  esclavitud?  Basta 
abrir  los  ojos  para  echar  de  ver  que  semejante  vocablo,' 
sobre  jenízaro,  revesado,  no  puede  significar  sino  el  sos- 
tenedor del  gobierno  de  los  esclavos;  ^esto  es,  algo  mas  de 
lo  contrario  de  aquello  que  se  presume  decir.» 

ESCONDIDAS  (jUGAR  A  LAS) 

És  jugar  al  escondite. 


210  ESP 


ESCUPIDERA. 


Afectando  limpieza  i  cultura  hemos  dado  en  servirnos 
de  esta  voz  para  nambrar  dos  tiestos  tan  diversos  como 
son  la  bacinilla  i  la  escupidera^  con  gran  perjuicio  siempre 
de  la  propiedad  de  las  palabras,  i  en  muchos  casos  con  pe- 
ligro grave  de  no  darnos  a  entender. 

Tanto  menos  razón  hai  para  perseverar  en  la  práctica 
que  censuramos,  cuanto  que  si  a  limpieza  i  cultura  fuese, 
bacinilla,  derivado  de  bacin,  no  tendría  por  qué  sonro- 
jarse delante  de  escupidera,  hija  lejítima  de  escupir. 


'espaldear. 


De  espalda  hemos  formado  el  verbo  espaldear,  que  es 
guardar  las  espaldas  de  alguien,  ya  en  sentido  recto,  ya 
en  el  figurado.  Así  el  ratero  que  penetra  entre  algún  gru- 
po de  jente  para  practicar  su  industria^  siempre  que  puede 
se  hace  seguir  de  alguno  que,  yendo  tras  él,  lo  espaldee, 
esto  es,  le  prevenga  de  los  peligros  que  se  presenten  por 
la  espalda.  Así  también  el  orador  novel  raras  veces  se 
atreverá  a  formular  una  interpelación  contra  el  ministerio 
sin  haberse  cerciorado  previamente  de  que  algún  veterano 
de  entre  sus  correlijionarios  estará  dispuesto  a  espaldearlo, 
esto  es,  a  tomar  de  su  cuenta  a  los  interruptores  i  a  al- 
gún temible  i  no  previsto  adversario  que  pudiese  salir  a  la 
palestra. 

En  suma,  espaldear  es  guardar  las  espaldas;  i  guardar 
las  espaldas  es,  según  la  textual  explicación  del  Diccionario 
de  la  Academia,  resguardar  a  otro,  mirando  por  él  para 
que  no  sea  ofendido. 

ESPELUCAR,  o  DESPELUCAÉ. 

Nos  servimos  de  estos  verbos  para  indicar  la  acción  de 
revolver,  chasconear  el  cabello.  Ambos  son  inútiles  i  gro- 
seras parodias  de  los  castizos  espeluzar  i  despeluznar  que 
han  servido  a  los  clásicos  i  buenos  escritores  de  todos  lo 


! 


ESQ  211 

tiempos  para  significar  la  idea  de  enmarañarse  los  cabe- 
llos. 

aCuando  yo  me  llegaba  a  comulgar  i  me  acordaba  de 
aquella  majestad  grandísima  que  habia  visto,  los  cabellos 
se  me  espeluzabany) . 

(Santa  Teresa — Vida). 

«Siempre  vi  pintar  al  miedo,  flaco,  despeluznado ,  ama- 
rillo, triste,  desnudo  i  encojido». 

(Mateo  alemán. — Guzman  de  Alfarache.) 

Lo  único  que  nos  resta  advertir  con  respecto  a  espe- 
lucar  (\  también  ello  podria  convenir  a  chasconear)  es  que 
solo  expresan  la  idea  de  enmarañarse  o  descomponerse  los 
cabellos,  a  diferencia  de  los  castizos  espeluzarse  i  despeluz" 
narse,  que  ademas  de  esa  idea,  pueden  expresar  también  la 
de  erizarse  "^OY  miedo,  horror  u  otra  causa  semejante. 


ESQUILENCIA. 

Dicen  casi  todos  los  enfermos  i  no  pocos  doctores  por 
esquinencia, 

esquilmo: 

Es  el  fruto  o  provecho  que  se  saca  de  las  haciendas  i 
ganados.  No  lo  entienden  así  nuestros  viñeros  i  viñadores 
[viticultores  en  el  estilo  a  la  moda)  que  llaman  esquilmo  a 
la  parte  leñosa  que  resta  del  racimo  después  de  desgranada 
la  uva.  El  nombre  castizo  del  residuo  de  que  se  trata  es 
escobajo, 

ESQUINA. 


Llámanse  así  en  Santiago  los  despachos   o  figones  que 
ocupan  las  esquinas  de  las  manzanas. 


212.  E5T 

ESQUINAZO. 

En  nuestro  lenguaje  popular  dar  esquinazo  es  lo  que 
llaman  los  españoles  dar  murga  o  serenata-,  i  los  peruanos 
dar  borregas  o  dar  gallo. 

Debe  tenerse  presento,  sin  embargo,  que  el  uso  chileno 
ha  establecido  una  diferencia  notable  entre  serenata  i  es- 
quinazo; como  que  la  primera  se  da  con  música  de  viento 
o  con  toda  una  orquesta,  i  el  segundo  siempre  non  vi- 
huela i  tonadas  con  cogollo  i  voladores,  cuando  no  de  pól- 
vora, hechos  por  medio  de  un  cuero  4e  oveja  que  se  re- 
friega i  golpea  en  la  pared. 

«Aquel  que  haya  despertado  alguna  vez  por  el  ruido  de 
esa  extraña  i  arrebatadora  melodía  que  se  llama  esquinazo^ 
que  comienza  por  golpes  en  la  puerta  o  ventana,  continúa 
con  el  puntear  de  la  vihuela,  sigue  con  una  agradable  i 
picaresca  voz  femenina  i  concluye  con  voladores^  palma- 
das, gritos  i  adioses,  podrá  comprender  algo  de  lo  que  yo 
gocé  esa  noche». 

(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio). 

ESTACA. 

Llamamos  malamente  en  Chile  el  garran  o  espolón  de  las 
aves. 

.    ESTERO. 

m 

Llamamos  así  en  América  lo  que  es  en  castellano  arro^ 
yo  y  riachuelo. 

Estero  es  el  caño  o  brazo  de  mar  que  sale  de  un  rio  i 
que  participa  de  las  crecientes  i  menguantes  del  mar,  con 
lo  que  a  veces  es  navegable. 


«La  verde  yerba  nace  tan  menuda 
Orillas  del  estero   cristalino». 
(Pedro  de  Oña. — Arauco  domado, 
fustero  está  aquí  por  riachuelo. 


J 


ETI  .213 


ESTIRAR. 


Es  un  provincialismo  arjentino  que  significa  matar» 
Lo  estiraro?i,  lo  mataron. 

Bntre  nosotros  no  se  usa  estirar  en  ese  sentido.  Tene- 
mos en  cambio  la  frase  vulgar  estirar  ¿as  patas,  que  equi» 
vale  a  morir. 


ESTOCADA. 

En  lenguaje  minero  se  llama  estocada  una  labor  corta 
(de  tres  cuatro  metros)  que  se  efectúa  para  hacer  algún 
reconocimiento  en  el  cerro. 


ÍSTRATEJIA. 

«Estratejia»  dice  el  señor  Cuervo,  «es  la  ciencia  propia 
deun  jeneral  de  ejército;  i  estratajema  es  un  engaño  o 
ardid  de  guerra  i  extensivamente  cualquier  engaño  o  tre- 
ta artificiosa;  así  no  diremos  «Fulano  usa  de  muchas  es- 
estratejias».  «Tengo pensada  una  estratejia  para  sacarle  el 
dinero» . 

«La  caza  es  una  imájen  de  la  guerra;  hai  en  ella  es- 
tratajemas,  astucias^  insidias  para  vencer  a  su  salvo  al  ene- 
migo». 

(Cervantes. — Quijote.) 

«Tales  comparo  al  juego  de  la  Arabia 
<^Táctica  diestra  i  estratejia  sabia.» 
(Mauri. — Esvero  i  Almedora). 


ETIQUETA. 

Es  voz  galicana  que  debe  sostituirse  por  rótulo,  roíala- 
ta\  i  cuando  significa  el  papel  pegado  a  las  piezas  de  jé- 
nero  para  indicar  en  él  el  contenido,  debe  decirse  mar' 
bete. 


:14 


EXT 


'  EXPRESO. 

Es  un  útil  chilenismo  tomado  del  ingles^  con  el  cual  in- 
dicamos, ya  la  casa  de  comercio  que  se  ocupa  en  trasportar 
encomiendas  i  equipajes,  ya  el  tren  que  hace  su  viaje  con 
mas  rapidez  que  los  ordinarios,  en  cuyo  caso  úsase  tam- 
bién como  adjetivo.  «La  familia  se  fué  en  el  tren  expreso 
de  la  tarde.» 


EXTRALIMITAR. 


No  existe.  El  verbo  español   que  mas  se  le    acerca   es 
trasgredir. 


r 


FAENA. 

Por  trabajo  corporal  o  mental,   es  castellano. 

Es  un  chilenismo,  indicando  el  lugar  en  que  forman  suá 
ranchos  i  acampan  los  peones  i  demás  operarios  de  una 
mina,  de  un  ferrocarril,  de  un  canal  o  de  cualquier  otrc 
gran  trabajo  por  el  estilo. 

((Cien  historias  como  ésta  se  narran  en  las  noches  de 
invierno  al  rededor  de  los  fuegos  de  las  faenas,y) 

(JoTABECHE. — La  mina  Candeleros.) 

FAJAR. 

Fajar  con  alguno  es  en  español  acometer  contra  él. 

No  lo  usamos  nosotros  de  esa  suerte,  sino  como  activo 
equivalente  a  azotar,  golpear,  maltratar: 

((Les  hemos  fajado  tupidito  a  los  bueyes  en  el  camino; 
así  es  que  ya  revientan.» 

(Blest  Gana. — La  Aritmética  en  el  amor.) 

FALTE. 

Es  el  único  nombre  con  que  conocemos  a  los  que  en 
España  se  llaman  buhoneros  o  mercachifles. 

Buhonero  es  poco  menos  que  griego  para  nuestros  pai- 
sanos^ i  mercachifle  lo  hemos  reservado  para  zaherir  i 
ridiculizar  a  los  comerciantes  que  tienen  tiendas  o  despa- 


216  FIL 

chos  de  preguntas  i  respuestas^  como  llama  graciosamente 
a  los  mui  pobres  un  amigo  nuestro. 

«Rengifo,  acompañado  de  su  amigo  de  infancia,  Melga- 
rejo, adoptó  Ja  profesión  de  falte,  llevando  desde  Buenos 
Aires  a  las  vecindades  de  Potosí  todo  lo  que  cupo  de  mer- 
caderías en  una  carreta.» 

(Vicuña  Mackenna. — Diego  Portales.) 

Nada  decimos  sobre  la  etimolojía  de  falten  porque  no 
atinamos  con  alguna  que  tenga  siquiera  visos  de  proba- 
ble. 

FALLA. 

Por  inasistencia  de  alguien  a  la  reunión  o  lugar  a  que 
debia  concurrir,  es  palabra  castellana,  aunque  anticuada. 

No  así  fallero,  a,  adjetivo  de  nuestra  invención  i  que 
presta  frecuentes  i  útiles  servicios  para  designar  a  las 
personas  que,  teniendo  obligación  de  asistir  a  alguna  par- 
te, tienen  la  mala  costumbre  de  singularizarse  por  sus 
frecuentes  faltas* 

FARRUTO. 

Dicen  así  en  Chile  del  que  es  enfermizo,  enclenque,  de- 
dil. 


FERROCARRIL  URBANO. 

Los  que  así  llamamos  en  Chile,  se  llaman  en  Madrid  i 
en  el  Diccionario  de  la  Academia  tranvías. 

FILO  (tirar  un). 

Tirarse  un  filo  con  alguno  es  frase  con  que  vulgarmente 
se  expresa  la  acción  de  trabar  pendencia,  o  por  lo  menos 
disputa  acalorada. 

«Por  ahora  solo  es  preciso  que  me  tire  un  filo  con  él 
esta  noche.» 


(Huérfano.) 


FLO  217 

FIRME     (de). 

Es  castizo  el  modo  adverbial  de  firme  i  significa  con 
solidez. 

En  Chile,  donde  es  de  frecuente  uso,  la  locución  de  fir- 
me no  significa  eso,  sino  con  constancia,  sin  interrup- 
ción. Ejemplo: 

aSi  estoi  refiriendo  un  verso 
Se  para  el  tonto  de  firme 
A  tacharme  i  a  decirme 
Que  es  falso  lo  que  converso.» 

(GuAJARDO . — Los  tachadores, ) 

FLOREAR. 

Usase  impropiamente  este  verbo  en  Colombia  por  fiíore- 
cer,  según  lo  asevera  el  señor  Cuervo. 

En  Chile  lo  usamos  también  de  una  manera  impropia, 
aunque  en  diverso  sentido  del  que  le  atribuyen  los  bogo- 
tanos; pues  para  nosotros,  ni  significa  adornar  o  guarnecer 
con  flores  como  en  España,  ni  florecer  como  en  Colombia, 
sino  escojer  entre  muchos  objetos  semejantes  los  mas  pre* 
ciosos,  hermosos  o  floridos. 

FLORCITA. 

El  diminutivo  de  flor  no  es  florcita  sino  florecita,  i  tam- 
bién florecica  i  florecilla, 

FLOTAR. 


Dicen  muchos  por  ondear,  lo  cual  es  un  galicismo. 

«A  los  pasajeros  de  la  Novara  debía  ofrecer  una  satis- 
facción sublime  la  idea  de  ser  los  primeros  de  la  marina 
imperial  que  han  tenido  la  felicidad  de  hacer  flotar  el  pa- 
bellón austríaco  en  aquellas  aguas.» 


218  FOR 

(Anales  de  la  Universidad,  diciembre  de  18G3. — Viaje 
de  la  fragata  austriaca  Novara\  traducción  de  la  parte  re- 
lativa a  Chile  por  R.  Rivera  Jofré,  bajo  la  dirección  del 
doctor  Lobeck  i  correjida  por  don  Rafael  Minvielle.) 

¡Linda  era  la  felicidad  a  fe!;  arrojar  su  pabellón  al  agua 
para  que  flotara! 

Las  banderas  cuando  las  bate  el  viento  undulan  i  tam- 
bién flamean.  Decimos  tremolar  una  bandera  por  enarbo- 
larla,  batirla  en  el  aire. 


FOMENTO. 

Tenemos  por  un  provincialismo,  no  solo  chileno  sino 
hispano-americano,  el  uso  de  fomento  para  significar  el 
remedio  que  consiste  en  poner  a  los  enfermos  paños  em- 
papados en  algún  cocimiento. 

FORZAR,  FORZOSA  (hACER  LA). 

«Decíamos  en  una  ocasión  a  un  sujeto»,  escribe  a  propó- 
sito de  forzar  el  señor  Cuervo:— «Ud.  nos  fuerza  a  comer 
demasiado»,  i  el  tal  tuvo  el  desuello  de  correjirnos  de  este 
modo:  «Nó,  señor,  jo  no  le  forzó  a  Ud.»  La  hora  del  des- 
quite ha  llegado:  los  lugares  siguientes  recuerdan  que  fot' 
zar  sale  de  fuerza  i  dirimen  la  cuestión: 

«Cada  dia  descubro  en  vos  valores  que  me  obligan  i 
fuerzan  a  que  en  mas  os  estime.» 

(Cervantes. — Quijote.) 

ttCalla,  mísero  cristiano; 
Que  al  alma  a  tu  noz  atenta 
No  sé  qué  afecto  la  rije, 
No  sé  qué  poder  la  fuerza 
A  temerte  i  adorarte.» 
(Calderón El  Purgatoria  de  S.  Patricia.) 

«Porque  si  en  versos  refiero 
Mis  cosas.mas  importantes. 
Me  fuerzan  los  consonantes 
A  decir  lo  que  no  quiero.» 
(Baltazar  de  Alcázar. —5o ^e  los  consonantes. 


FRA  219 

A  estos  ejemplos  que  muestran  la  verdadera  conjuga- 
ción de  forzar  i  que  pueden  ser  útiles  en  nuestro  pais, 
nos  parece  oportuno  agregar  que  en  Chile  tenemos  la  frase 
hacer  la  forzosa,  que  nos  muestra  la  acción  de  obligar  a 
alguno  por  la  fuerza  a  ejecutar  alguna  cosa  que  no  es  de 
su  obligación: 

« — Te  daré  un  cigarro. 

—¿Te  burlas? 

— Pues  no  tendrás  eso  ni  nada. 

— Veremos. 

—  i  Calle!  ¿Me  piensas  hacer  la  forzosa?y) 

(V.  'MvRiLhO.— Una  victima  del  honor.) 

«¿No  seria  curioso  que,  so  pretexto  de  que  enterrar  a 
Jos  muertos  es  una  de  las  obras  de  misericordia,  preten- 
diésemos obligar  a  los  administradores  de  los  cementerios 
protestantes  a  dar  sepultura  a  los  cadáveres  de  los  católi- 
cos, o  que  los  protestantes  quisieran  hacer  la  forzosa  a  los 
administradores  de  los  cementerios  católicos,  tratándose 
de  los  cadáveres  de  los  correlijionarios  de  aquéllos?» 

[Independiente.) 


I 


FORRO  (ECHAR  UN). 


Pegar  un  petardo,  causar  a  alguien  una  molestia  de 
aquellas  que  las  costumbres  o  reglas  de  urbanidad  lo 
obligan  a  aceptar  con  la  sonrisa  en  los  labios  i  la  rabia 
de  los  dientes  adentro. 


FRANCOLINO,    A. 

Francolino,  a,  es  un  adjetivo  que  aplicamos  a  las  aves 
privadas  por  naturaleza  del  apéndice  que  tiene  su  oríjen  en 
la  rabadilla.  El  se  ha  formado,  sin  duda  ninguna,,  por  la 
adjetivación  del  sustantivo  francolin,  nombre.de  una  ave 
del  tamaño  de  la  perdiz  i  semejante  a  ella. 

El  equivalente  castizo  de  francolino  es  reculo. 


220  FUE 

FRANGOLLO^  AR. 

^Como  se  llama  en  España  el  trigo  después  de  quebraría 
tado  i  triturado?  No  pudierido  satisfacer  a  esta  pregunta 
con  decir  que  en  la  Península  no  se  hace  con  el  trigo 
tal  operación,  pue.sto  que  existe  el  verbo  frangollar  con 
que  se  nombra,  el  único  partido  que  nos  resta  es  confe- 
sar nuestra  ignorancia. 

Según  el  Diccionario  de  la  Academia,  frangollo  es  ael 
trigo  cocido  que  se  suele  comer  en  caso  de  necesidad  en 
lugar  de  potaje»  es  decir  mas  o  menos  lo  que  por  acá  lla- 
mamos 7note  molido. 

FrangollOySegun  nuestra  práctica, es  el  trigo  (tanto  cru- 
do como  cocido)  que  para  que  lo  coman  con  menos  tra- 
bajo los  pollitos,  i  suelte  en  el  puchero  con  mas  facilidad 
su  sabor,  se  tritura,  machaca^  o  chanca  en  la  piedra  de 
moler. 

El  frangollo  de  maiz  es  chuchoca. 

FREGAR,  ADO;,  A,    AZON. 

Pocos  provincialismos  han  llegado  en  Chile  a  estar  tan  en 
boga  como  éste.  El  suena  en  los  labios  de  nuestros  paisa- 
nos con  la  misma  frecuencia  con  que  caen  al  corazón  las 
gotas  del  dolor  físico  o  moral,  del  tedio^  del  desengaño,  i 
del  abatimiento. 

En  Chile  se  friega  el  comerciante  que  hace  un  mal  ne- 
gocio, el  litigante  que  pierde  su  pleito,  el  colejial  que  sa- 
ca erres  o  bolas  negras  en  sus  exámenes,  el  enamorado 
que  recibe  calabazas  de  su  dama,  el  hacendado  que  es  sor- 
prendido por  el  primer  aguacero  con  el  trigo  en  la  era, 
el  dormilón  cuyo  sueño  de  la  mañana  interrumpen  los  ca- 
rruajes o  los  vendedores  ambulantes,  el  ministerio  que  se 
ve  acosado  por  las  interpelaciones,  en  una  palabra,  de 
pordiosero  a  presidente,  cuanta  humana  criatura  se  ve 
obligada  a  reconocer  prácticamente  que  no  hai  en  la  tie- 
rra felicidad  cumplida. 

Sí,  todos  vivimos  mas  o  menos  fregados,  i  por  este  as- 
pecto el  nombre  que   mejor    cuadra   a  tan    fregada  vida 


FRE  221 

es  el  de   la  mas  larga,  aburridora    e  insoportable  de   las 
fregazones. 

Debe  notarse  también  acerca  de  fregado  que  no  siem- 
pre tiene  significación  pasiva  i  denota  al  que  sufre,  como 
quiera  que  frecuentemente  se  emplea  como  activo  para  in- 
dicar el  molesto,  fastidioso,  que  hace  sufrir. 

Ni  se  crea  que  Chile  goza  del  privilejio  de  ser  la  patria 
exclusiva  de  los  fregados  i  de  las  fregazones.  El  señor 
Cuervo  juzga  que,  aunque  expresivos,  fregar  i  colear  por 
incomodar,  hostigar,  perseguir,  jorobar,  moler,  son  ina- 
ceptables pur  lo  repugnante  de  las  ideas  que  despiertan. 
Juan  de  Arona  no  se  ha  olvidado  tampoco  de  este  popu- 
lar provincialismo  americano  en  sus  Apuntes,  que  antes 
por  el  contrario  le  dedica  unos  cuantos  parrantes  que 
merecen  ser  copiados  i  que  dicen  así: 

«Fregar,— Hé  aquí  otro  americanismo:  fregar,  en  toda  la 
extensión  de  la  palabra,  no  es  sino  el  moler  de  los  españo- 
les, salvo  cuando  se  dice  lo  fregaron  o  lo  fregón  que  solo 
equivale  a  perder  a  alguno.» 

(kQue  se  friegue,  es  lo  mismo  que  decir  que  sufra,  que 
padezca,  hd,  fregadura  es  el  daño  que  sobreviene,  el  con- 
tratiempo, el  compromiso,  la  estrechez,  ¿qué  se  yó?  Un 
volumen  entero  tendría  que  escribir  si  quisiera  agotar  to- 
das las  acepciones  de  fregar  i  de  sus  infinitos  derivados.» 

(cNo  olvidemos,  empero,  el  fregado  i  el  mui  fregado, 
que  sustantivadamente  significan  el  hombre  de  jenio  fuer- 
te, díscolo,  trabajoso,  etc.  Repito  lo  de  arriba  i  añado: 
que  así  como  hai  en  cada  pais  plantas  por  excelencia  que 
dan  para  todo,  como  la  palma  en  Oriente  i  el  plátano 
(banano),  el  maiz  i  aun  la  caña  dulce  de  que  hablaba 
hace  poco,  en  América;  así  hai  palabras  sintéticas,  de 
uso  infinito,  que  donde  menos  se  piensa  se  las  ve  reapa- 
recer con  un  nuevo  matiz.» 

^  «Por  supuesto  que  absorbidos  los  americanos  con  la 
significación  metafóricci  o  caprichosa  que  dan  a  este  ver- 
bo, casi  no  se  acuerdan  de  la  única  que  realmente  tiene 
en  español^  que  es  la  de  limpiar  platos,  tanto   que    puede 


222  FRE 

decirse  que  la  fregona  no  existe  para  nosotros  sino   en  la 
novela  de  Cervantes.» 

Se  nos  olvidaba  advertir  que  fregar  no  solo  se  usa  co- 
mo intransitivo  (¿hasta  cuando  friega,  hombre?),  i  como 
reflejo  [fregarse),  i  con  complemento  directo  de  persona 
(ha  fregado  toda  la  santa  noche  al  pobre  alojado  un  mal- 
dito perro  que  se  puso  a  ladrar  en  la  ventana),  sino  tam- 
bién con  los  dos  complementos  directos  de  cosa,  la  pita 
i  la  ¡mciencia,  que  aparecen  en  muchos  casos  como  los  ob- 
jetos  sobre  que  recae  directamente  la  acción  de  fregar, 

«Quítate  de  mi  presencia. 
Contestó  el  Loro  con  prosa: 
Deja,  Lora  fastidiosa, 
De  fregarme  la  paciencia.)^ 

(GuA JARDO.  — (7e/o5  de  la  Lora  al  Loro.) 

«Lo  mismo  es  el  artesano 
Cuando  a  los  vicios  se  entrega: 
Mientras  mas  gana  mas  friega 
I  clava  al  jénero  humano.» 

(Id. — El  minero.) 


FRENO,    FRENA. 


El  primero  es  castellano  significando  el  conocido  ins- 
trumento de  hierro  que  sirve  para  sujetar  i  gobernar  las 
caballerías,  constante  de  camas^  bocado  i  barbada. 

La  que  llamamos  frena  tiene  un  uso  idéntico,  pero  se 
diferencia  del  freno  en  que  carece  de    bocado  i  barbada.: 
Suple  este  defecto  por  dos  palancas  que,  abriendo  las  qui-.J 
jadas  del  caballo  al  tirar   de  la  rienda  el  jinete,  impidei 
que  aquél  se  desboque. 

La  frena,  casi  exclusivamente  usada  por  los  caballos  co" 
cheros,  las  mas  de  las  veces  es  extranjera;  el  freno  casi 
siempre  es  hecJdzo  i  nuestros  guasos  sostienen  que  los 
trabajados  en  Peñaflor  son  los  mejores  del  mundo. 


FUI  223 


iPRESCO,  A,    URA. 

Frescura  por  desembarazo,  desenfado,  es  castellano;  no 
así  fresco  para  designar  a  la  persona  que  es  desenvuelta 
mas  de  lo  justOi  Se  dice  especialmente  de  los  mozos  que 
en  su  trato  con  las  mujeres  no  les  guardan  los  miramien- 
tos debidos^  propasándose  en  palabras  o  acciones. 

Hemos  leido  en  alguna  parte  i  copiado:  «Dfgote  Pas- 
cual que  eches  de  la  casa  al  mocito:  es  un  frescona^ 
zo  el  futre  i  el  dia  menos  pensado  vamos  a  tener 
aquí  una  de  Dios  es  Cristo.» 

FRICA. 


fiFricaciony)  dice  el  Diccionario,  cda  acción  i  efecto  de  />?- 
car. — Fricar,  estregar.  Estregar  es  restregar  una  cosa  con 
otra. 

No  usamos  en  Chile  ni  fricar  ni  fricación;  pero  ú  frica, 
que  dista  de  fricación  lo  que  va  de  estregar  aunque  sea 
con  un  escobillón,  a  dar  una  soba,  zurra^  tanda,  o  vuelta 
de  azotes. 


Véase  poroto. 


FRIJOL. 


FRISA. 


En  castellano   tela  ordinaria  de  lana.   A  la  chilena  el 
pelo  suave  o  felpa  larga  de  cualquier  tejido: 

«El  amor  que  te  tuve 
Fué  de  bayeta: 
Se  le  acabo  la  frisa. 
Ya  no  calienta.» 

[Zamacueca  *) 


224  FUL 

«Allá  en  los  pasados  años 
Cuando  apuraban  los  fríos 
A  fines  del  mes  de  mayo 
Bajo  tu  frisa  mi  padre 
Me  hacia  dormir  cantando.» 

(Z.  Rodríguez.  -La  manta  del  jornalero.) 

FRIT  ANQUERA. 

Llaman  así  en  Chile  a  la  mujer  que  frie  pescado,  era- 
panaditas  i  frutas  de  sartén  para  vender. 

La  Academia  no  trae  mas  que  freidora^  que  es  en  An- 
dalucía la  que  frie  pescado  para  vender. 

Cervantes  usó  freidera: 

«La  freidera  que  se  halló  con  una  sartén  puesta  al  fue- 
go, llena  de  aceite  hirviendo  para  freir  unos  albures,  co- 
jióla  en  las  manos,  etc.» 

[Entremés  de  los  mirones.) 

FRONTÓN  DESCABEZADO. 

Ni  la  Academia  ni  Domínguez  dan  a  frontón  la  acepción 
de  labor  minera  que  declina  a  medida  que  va  profundi- 
zando en  el  cerro.  Es  mui  usado  de  los  mineros  chilenos 
i  Salva  lo  trae  como  castizo.  Ni  él  trae  sin  embargo  fron- 
tón descabezado^  locución  expresiva  que  nos  muestra  un 
frontón  que  va  bajando,  al  penetrar  en  el  cerro,  la  altura 
de  una  cabeza  humana  por  paso. 

FULMINANTE. 


Es  el   único  nombre  que  damos  al  d@dalit6  de  cobn 
que  tiene  en  su   fondo  un  baño  de  pólvora  fulminante,  el 
cual,    herido     por   el   martillo    [gatillo)^    se    enciende 
comunica  el  fuego  al  canon. 

En  castellano  esa  pieza  se  ha  llamado  siempre  pistón» 
aUno  de  los  colejiales  que  era  cazador  i  llevaba  esco- 


FULL  225 

peta  hizo  varios  tiros  al. paso;  quiso  matar  algo  también 
el  alumno  de  Vitrubio  i  al  disparar  se  le  entró  una  ho- 
juela de  cobre  áe  un  pistón  en  nn  dedo.» 

(Hartzenbüsch.— £/h  Viaje  en  galera.) 

«¡Cuál  no  seria  su  gozo  cuando  al  reconocerse  para  ver 
si  el  tiro  le  habia  levantado  la  tapa  de  los  sesos,  se  en- 
contró con  que  un  cachito  del  pistón  le  habia  reventado 
el  tumor  de  la  cara  que  ya  no  le  dolia  con  la  evacuación 
del  pus^  i  que  ninguna  otra  herida  habia  recibido!» 
(Trueba. — Las  Animaladas  de  Perico.) 


FULLERO 


Es  en  castellano  el   tramposo;  entre  nosotros  el  presu- 
mido, fanfarrón  i  farandulero. 

«Yo,  serrana  estoi  picado 
De  esos  ojos  lisonjeros, 
Que  deben  de  ser  fulleros 
Pues  el  alma  me  han  ganado.» 
(Tirso  de  Molina. — La  Venganza  de  Tamar.) 


FULLINGUE  O  FUNINGUE. 

Adjetivo  de  oríjen  para  nosotros  desconocido,  i  del  cual 
nos  servimos  para  designar  en  tono  despreciativo  i  bur- 
lesco el  tabaco  o  cigarro  que  son  de  mui  mala  calidad.  Por 
extensión  llamamos  también  fullingues  a  las  personas  o  co- 
sas ordinarias,  de  poco  valor. 

c(Yo  conocía  un  diablucho 
Que  de  pólvora  un  cartucho 
Revolvía  con  fullingue 
Para  los  que  andan  al  pringue 
I  q\ pitarles  gusta  mucho.» 
(Gallardo. — TzVo  a  los  bolseros   de  puchos.) 

Después  de  escritas  las  anteriores  líneas  el  señor  Pául- 


226  FUN 

sen  se  sirvió  enviarnos    las  cuatro  que  en   seguida  copia- 
mos i  que  descubren  el    oríjen  de  nuestro  vocablo; 

^Fullingue. — En  Andalucía  la  hoja  del  maiz  (la  túnica 
de  la  mazorca)  se  llama  follico  i  el  pueblo  dice  también 
fuñico.  Este  follico  es  claro  que  es  el  folliculus  latino.  El 
pueblo^  tan  amigo  de  formar  voces  caprichosas,  tan  espre- 
sivas  a  veces  ¿no  sacarla  su  fullingue  de  e^Q  follico  para 
denotar  burlescamente  el  cigarro  en  que  era  mas  la  hoja 
que  el  tabaco?» 


FUNDILLOS,  •  UDO,    A. 

Fundito  i  fundillo  son  formas  diminutivas  de  fundo, 
heredad. 

Fondito  i  fondilloy  diminutivos  de  fondo,  en  cuanto  a 
caudal. 

¿Cómo  se  llama  entonces  la  parte  trasera  de  los  cal- 
zones o  pantalones  anchos  que  en  Chile  conocemos  con  el 
nombre  de  fundillos^ — Se  llama  fondillos^  i  es  sustantivo 
que  no  se  usa  en  singular. 

Dicho  lo  que  queda,  inútil  parecerá  advertir  que  el 
que  trae  grandes  fondillos^  ni  recta  ni  figuradamente  es 
fundilludo^  sino  fondilludoy  aunque  no  se  encuentre  éste 
en  el  Diccionario  de  la  Academia. 

L\3im3imos  fundilludo  al  bobo,  papamoscas  o  papanatas. « 

Cundirse. 

Nos  parece  qtie  es  peculiar  a  Chile  el  decir:  «Fulano  M 
fundió,  por  se  arruinó.»  «Pedro  está  fundido  con  Antonia)V 
por  Pedro  está  perdidamente  enamorado  de  Antonia,  an- 
da que  bebe  los  vientos  por  ella. 

Fundido  como  un  tacho  y  es  frase  con    que  se  ponden 
lo  mimado  de  algunos  niños. 

Sm  admitir  como  correctas  las  anteriores  locuciones  i 
otras  por  el  estilo,  nos  parece  oportuno  observar  que,  des- 
pués de  todo,  los  que  las  usan  no  andan  tan  completamente 


FUT  227 

fuera  de  camino  cual  pudiera  creerse  a  primera  vista.  En 
efecto,  antiguamente  fundirse  significaba  hundirse;  ¿i  no 
es  verdad  que  por  muchos  aspectos  el  que  se  arruina  se 
hunde?  I  luego  ¿no  hai  cierta  gracia  i  propiedad  en  supo- 
ner que  el  infeliz  que  toca  a  los  últimos  grados  de  la  amo- 
rosa fiebre,  es  un  hombre  que  se  funde  o  poco  menos? 


FUSTÁN    o   JUSTAN. 


Solo  bajo  la  primera  forma  se  encuentra  en  el  Diccio- 
nario de  la  Academia,  según  la  cual  es  «especie  de  tela 
jeneralmente  de  algodón  que  se  destina  a  forrar  vestidos  i 
otros  usos  análogos.» 

En  Chile  vulgarmente  llaman  fustán  a  las  enaguas^  de 
las  cuales,  a  diferenciarse  en  algo,  se  diferenciada  el/?/5- 
tan  en  tener  menos  ruedo. 

«El  traje  de  las  chilenas»,  dice  don  Antonio  de  Ulloa, 
«se  reduce  en  la  ropa  interior  a  camisa  i  fustán  (que  en 
España  se  dice  enaguas  blancas),  un  faldellín  abierto  i  un 
jubón  blanco  en  verano  o  de  tela  en  el  invierno.» 


FUTRE. 

Sinónimo  de  paquete,  del  cual  se  diferencia  el  futre  en 
tomarse  siempre  en  mala  parte. 

El  caballero  de  caudal  i  de  buen  gusto  que  se  compone 
fi  acicala  es  un  paquete. 

El  mozo  de  medio  pelo  que  sale  con  su  ropa  domingue- 
ra, tieso  como  si  se  hubiese  tragado  una  baqueta,  es  un 
futre  i  puede  ser  también  un  futre  encolado. 

El  que  se  desvive  por  andar  siempre  paquete  logrando 
lo  mas  andar  futre ^  es  el  siútico  o  el  pije;  si  bien  es  de 

idvertir  que  aquél  se  refiere  principalmente  a  la  traza,  i 

íste  a  la  posición  social. 

Con  todo  futre  en  boca  dé  la  jente  de  poncho  i  de  los 


228  FUT 

rotos  suele  significar  ni  mas  ni  menos  que  hombre  de  le- 
vita, vestido  decentemente. 

aPero  ¿no  confesó  el  futrecito  la  maldad?» 

(MuRiLLO. — Una  Víctima  del  honor.) 

('Los  futres  por  apetito 
Van  donde  el  empanadero 
Diciéndole:  Pequenero 
Sírvanos  un  pequencito .)) 

(GuAJARDO. — ¡A  las  calduditas,  mi  alma!) 


G 


GALPÓN. 

Los  diccionarios  no  traen  este  vocablo  tomado  de  la 
lengua  azteca. 

((A  la  puerta  de  la  sala  estaba  un  patio  mui  grande  en 
que  habia  cien  aposentos  de  25  a  30  pies  de  largo^  cada 
uno  sobre  sí  en  torno  de  dicho  patio,  e  ahí  estaban  los  se- 
ñores principales  aposentados  como  guardas  del  palacio 
ordinarias,  i  estos  tales  aposentos  se  llaman  galpones.r> 

(Oviedo. — Historia  de  las  Indias,  M.  S.  lib.  33,  cap. 
46.— Prescott,  Conq.  of  México.) 


GAMELA. 


Especie  de  cesto:  dícese  en   Chile  impropiamente   por 
gamella,  especie  de  barreño. 


GANANCIA. 

Según  Salvá^  es  éste  un  provincialismo  mejicano  que 
significa  «añadidura  que  da  el  vendedor  de  pan  o  velas 
sobre  lo  justo» . 

Usase  también  en  ese  sentido  por  nuestros  pobres,  aun- 
q}ie  con  mas  frecuencia   en  el  de  vendaje,  esto  es,  para 


?30  GAU 

denotar  la  paga  que  el  clneño  o  productor  de  algún  artí- 
culo de  consumo  doméstico  da  al  que  se  encarga  de  ven- 
derlo al  menudeo. 


GANARSE. 

Debe  reputarse  como  un  chilenismo  el  uso  que  hacemos 
de  este  verbo,  que  es  solo  activo,  cual  si  fuese  reflejo, 
dándole  el  sentido  de  acojerse,  refujim^se,  meterse. 

((Me  sentia  tan  constipado  qwQ  a  las  cuatro  de  la  tarde^ 
no  pudiendo  aguantar  mas  en  pié,  me  gané  a  la  cama.» 
((La  policía  siguió  al  ladrón  hasta  que  éste  se  ganó  a  un 
conventillo,  donde  fué  imposible  dar  con  él»  etc, 

Escusado  nos  parece  ponderar  el  gazafatón  q^ue  dicen 
los  que  de  semejante  manera  se  expresan. 


GARÚA,    GARUAR. 

El  señor  Gormaz  quiere  que  se  diga  garuando.  Olvida 
sin  embargo  de  advertir  que  en  español  se  dice  lloviznar  i 
no  garuar.  Garuar  es  provincialismo  peruano  i  chileno,  i 
la  jente  educada  no  debe  hacer  uso  de  provincialismos, 
sino  en  casos  mui  bien  justificados. 

Garúa  es  en  español  llovizna,  mollizna^  cernidillo',    ga*  __ 
ruar  es  lloviznar,  molliznar  o  molliznear.  'mk 

En  Chile  la  jente  zafia  dice  garuga  i  garugar.  Con  el 
tiempo  i  la  garuga  todo  se  arruga\  es  refrán  que  nos  ad- 
vierte la  brevedad  de  la  vida  e  instabilidad  de  la  belleza 
juvenil. 


GAUCHO. 

El  señor  Vicuña  cree  que  viene  del  latín  gaudeo  i  que 
se  aplicó  en  el  Plata  a  la  jente  alegre. 

En  Chile  solo  lo  usa  el  vulgo  para  nombrar  despectiva- 
mente a  los  arjentinos,  cuando  no  quiere  designar    a   los 


GORR  231 

habitantes   de  las  provincias  del  antiguo  Cuyo,  a  quienes 
dice  ciiyanos. 

Véase  ün  ejemplo  en  la  voz  Chaucha. 


GLORIA  PATRIA. 


Singular  expresión  de  que  el  vulgo  se  sirve  con  fre- 
cuencia para  designar  a  las  personas  i  a  las  cosas  de  poca 
importancia. 

«¿En  qué  se  ocupa  ahora  tu  compadre?— En  llevarse 
sentado  mano  sobre  mano  tras  el  mostrador  de  ün  despa- 
chito  de  gloria  patinan) . 

«¿I  dónde  has  puesto  a  servir  a  tu  hijo? — Por  desgra- 
cia mia  en  casa  de  unos  gloria  patrian),  (de  unos  amos  de 
medio  pelo.) 

GLORIADO. 

Bebida  que  se  hace  mezclando  agua  caliente  con  aguar- 
diente, i  endulzándolo  todo  con  azúcar^  las  mas  de  las  ve- 
ces tostada . 

(d  cuando  por  la  mañana 
Amanece  constipado, 
Tomándose  su  gloriado 
Con  el  mismo  licor  sana.» 

(GüAJAREio. — El  Gustador,) 

Es  palabra  expresiva  i  que  muestra  bien  a  las  claras  la 
estimación  que  por  la  susodicha  bebida  tienen  lachos^  re^ 
moledores,  ching añeros  i  gustadores. 


GORRO   FRIJIO. 

El  Diccionario  de  la  Academia  no  lo  trae. 

Domínguez  dice  de  él:  «Gorro  que  llevan  algunos  en  va- 
rias naciones  como  distintivo  o  insignia  de  cierta  digni- 
dad.» 


232  GRI 

En  América  se  ha  hecho  de  dicho  gorro  un  emblema  de 
la  libertad  política. 

«El  retrato  de  Marco  Bruto  le  saqué  de  una  medalla  de 

su  mismo  tiempo,    orijinal en  que  se  ve  entre  los  dos 

puñales  el  pileo  o  birrete,  insignia  de  la  libertad.» 

(QuEVEDO. — Marco  Bruto,) 

ORADAS. 

Las  de  los  templos,  como  la  Catedral,  Santo  Domingo, 
San  Ignacio,  etCj  debieran  llamarse  atrios. 

GRANO. 

Grano  (i  también  picada)  llama  el  vulgo  a  la  pústula  o 
tarbunclo  maligno. 

Grano  hace  alusión  a  la  circunstancia  de  aparecer 
siempre  un  grano  como  nuncio  de  la  enfermedad;  i  pica- 
da a  la  de  trasmitirse  a  los  hombres  i  animales  por  me- 
dio de  la  picadura  de  insectos  que  han  sacado  el  virus  de 
otros  animales  enfermos  ya  o  muertos  de  ese  mal. 

GRIMILLÓN. 

Provincialismo  chileno,  equivalente  a  multitud. 

«Quiebra  el  alma  el  ver  ese  grimillón  de  patriotas  be- 
neméritos oprimidos  i  aflijidos.» 

fCarta  citada  en  don  Diego  Portales  por  Vicuña  Mackén- 
na,) 

GRINGO,   A. 

Apodo  con  que  se  designa  vulgarmente  a  los  ingleseá 
En  España   se    usa  también,    peto    como  sinónimo  di 

griego;  así  hablar  en  gringo  es  hablar  en  lenguaje  ininte^ 

lijible. 

A  poco  de  haberse  entregado   al   tráfico  el  ferrocarri 


GUA  233 

entre  Santiago  i  San  Bernardo,    cantaban  por  las  chinga- 
nas i  ramadas: 

{{Bernardo  se  llama  el  tren, 
Diz  que  corre  muí  lijero 
I  que  mató  a  un  caballero 
Que  no  se  supo  hacer 
A  un  ladito  del  camino, 
Porque  lo  llevaba  el  gringo 
Con  mucha  velocidad; 
I  el  autor  de  esta  deidad 
Señor  Matidas  Causiño.yy 


GROS. 

Dice  el  señor  Gormaz  que  es  grodetur,  por  la  tela  fina 
de  seda. 

En  el  Suplemento  al  Diccionario  de  Salva  viene  la  voz 
gro  como  sinónima  de  grodetur. 

También  leemos  en  el  Diccionario  francés  español  de 
Martínez  López,  en  la  voz  Frailie. ^aTela.  de  seda  parecida 
al  gros  de  Ñapóles.» 

Nosotros  diremos  siempre  gros,  o  a  lo  mas  ^ro^  porque 
grodetur  tiene  una  forma  demasiado  francesa:  .  Gro  de 
Tours. 

GUACA,    GUAQUERO^   A. 

Del  quichua  Jaiaca,  ídolo,  cosa  sagrada,  templo,  sepul- 
cro. 

Solo  en  la  provincia  de  Atacama  suelen  oírse  estas  pala- 
bras, la  primera  de  las  cuales  designa  «un  montecillo  ar- 
tificial de  figura  cónica  en  cuyo  centro  se  halla  el  nicho 
que  fabricaban  los  indios  del  Perú  para  enterrar  dentro  de 
él  al  difunto  con  las  alhajas,  armas  i  vasijas  que  liabia 
usado))^  i  la  segunda  «a  las  personas  que  se  daban  a  bus- 
car las  dichas  guacas  para  cabarlas  i  revolverlas  a  fin  de 
apoderarse  de  las  prendas  de  algún  valor  que  en  ellas 
raras  veces  dejaban  de  estar  enterradas.» 

30 


234  GUA 


GUACARNACO,  A. 


Se  dice  líurlescamente  de  las  personas  muí  altas,  de 
largos  zancajos,  especialmente  si  son  flacas  i  bobalico- 
ñas. 

GUACO,   A. 

Es  un  adjetivo  que  solo  lo  liemos  oido  usar  en  lá  ter- 
minación femenina  para  indicar  las  pepitas  délas  sandias 
que  las  tienen  de  color  blanco, 

GUACHALOMO. 

Las  lonjas  de  carne  que  tienen  los  animales  vacunos 
a  uno  i  otro  lado  de  la  espina  dorsal  i  pegadas  a  ella.  Es 
la  carne  mas  tierna  i  sabrosa  de  la  res  i  la  que  se  asa 
de  preferencia  en  las  cocinas  de  los  ricos. 

«Las  kumitas  [humintas  decian  los  indios)  i  la  chuchoca 
como  condimentos  del  choclo  o  (?)  grano  de  maiz,  el  chu- 
ño del  lintuí  de  Ib.  papa  i  el  sabroso  hurpo  [hulpo)  tan 
frugal  como  agradable,  están  probando  que  los  galopines 
castellanos  tuvieron  algo  que  aprender  de  las  cocineras 
indíjenas,  madres  i  abuelas  de  las  que  hoi  todavía  nos 
preparan  i  sazonan  cada  dia  la  cazuela  i  el  huachalomo,^y 
(Vicuña  Mackenna. — Historia  de  Santiago. 

Guachálomero ,  es  el  que  vende  guachalomos,  ord¡na-| 
riamente  a  domicilio.  Su  grito  es:  ¡Guackalomo  salpresoíj 
el  guachaloinerol 

guachapear. 

Es  castellano  significando  el  ruido  que  forman,  al  an- 
dar, las  herraduras  de  los  animales  mal  herrados,  o  cuan- 
do a  las  dichas  les  faltan  clavos,  acepción  desconocid; 
en  Chile. 

Nuestro  guachapear  significa  entre   colejiales   i  jentes 


GUA  235 

de  buen  humor,  hurtar  prendas  de  poco  valor:  un  corta- 
plumas, un  libro,  cigarros,  volada ^  etc. 

GUACHO,   A,    ARAJE, 

En  ai  mará  Jmajcha,  huérfano. 

En  quichua  Huaccha,  pobre,  huérfano: 

En  araucano  huachuy  el  hijo  iíejiíimo,  los  animales 
mansoSy  domesticados.' 

Las  acepciones  que  damos  a  guacho  guardan  perfecta 
consonancia  con  las  etimolojías  que  acabamos  de  apuntar. 

Su  significación  mas  conocida,  fundamental,  por  decirlo 
así,  es  bastardo:  terrible  palabra  con  que  la  sociedad  echa 
en  cara  a  los  hijos  el  pecado  de  los  padres. 

Viene  en  seguida  la  acepción  quichua  i  aimará,  huér- 
fano.  Usado  en  ella  guacho  deja  de  ser  un  cruel  ultraje,  i 
principalmente  en  su  forma  diminutiva^  huachito,  a,  es  pa- 
labra afectuosa  i  manera  compasiva,  aunque  vulgar,  de 
designar  a  los  niños  que  han  perdido  a  sus  padres. 

Por  último,  tenemos  la  segunda  acepción  araucana,  de 
manso,  domesticado;  así  se  llama  guacho  al  gorrino,  ca- 
britillo,  o  aveeita  que  se  cria  en  las  casas  i  hasta  cierto 
punto  en  familia,  talvez  por  la  circunstancia  de  arrancár- 
seles cuando  pequeños  del  nido  o  de  la  lechigada  i  equi- 
parar su  suerte  con  la  de  los  huérfanos. 

«Con  fecha  de  febrero  4,  dirijiéndose  Portales  al  minis- 
tro Cavareda,  después  de  arrojar  un  terrible  sarcasmo  so- 
bre el  jeneral  O'Higgins,  a  quien  llamaba  esta  vez  el  mas 
inmundo  i  malvado  de  los  huachos,  etc.» 

(Vicuña  Mackenna. — Diego  Portales,) 

«Razón  tiene  mi  madre;  se  le  ha  perdido  un  tordo,  i  ca- 
da vez  que  se  para  algún  pájaro  en  los  árboles  de  la  huer- 
ta, entra  corriendo  i  dando  voces  llamando  a  su  guachito, 
figurándosele  i  porfiando  que  lo  es;  pero  los  pájaros  se 
vuelan  a  sus  gritos  porque  son  de  los  sueltos  del  campo  i 
ella  se  queda  desconsolada  i  triste.» 

(Z.  Rodríguez.— Zocí?  Eustaquio.) 

Guacharaje  es  voz  mui  usada  de  vaqueros  i  capataces 
para  indicar  la  reunión  de  los  terneros  separados  de  las 
va-eas. 


236  GUA 

También  suele  decirse  fjitachos  de  aquellos  objetos  que^ 
siendo  por  su  naturaleza  u  oficio  pareados,  existen  o  están 
soloSj  como  zapato  guacho. 

Dar  las  guachas  a  alguno\  aventajarlo  mucho  en  habi- 
lidad, destreza,  experiencia. 

GUACHI. 

Es  voz  araucana  [huacld]  i  significa  una  especie  de 
lazo  para  cojer  aves. 


GUAGUA,  ITA,  GUAGUATEAR,  TERO^  GUAGUALÓN. 

Del  quichua  huahua,  el  niño  hasta  la  edad  de  tres  años. 

No  es  difícil  explicarse  la  extraordinaria  fortuna  que  ha 
tenido  guagua  en  casi  toda  la  América  Meridional.  Hacia 
falta  en  castellano  una  palabra  que  fuese  a  los  labios  ma- 
ternales dulce  como  un  beso  i  suave  como  un  arrullo.  Ni- 
ño era  demasiado  jenérico,  infante  demasiado  sabio,  m«- 
inon  demasiado  grosero.  Guagua  no  tenia  ninguno  de  esos 
inconvenientes.  Suave,  familiar,  de  humilde  extracción^  no 
podia  menos  de  penetrar  en  todos  los  hogares.  Pocos  años 
después  de  la  conquista  del  nuevo  mundo^  desde  Quito  has- 
ta Concepción,  todas  las  mujeres  europeas  i  americanas 
sabian  la  dulce  palabra  i  la  repetían,  de  chicas  al  jugar 
con  sus  muñecas  de  trapo  i  de  cartón^  de  solteras  entre 
sonrojadas  i  envidiosas,  i  de  casadas  con  el  acento  de  la 
mas  santa  de  las  alegrías  i  de  la  mas  completa  de  las  fe- 
licidades. 

Guagüita,  es  afectuoso  diminutivo  de  guagua. 

Guaguatear,  llevar  a  un  niño  en  los  brazos,  mecerlo, 
arrullarlo. 

Guaguatero,  a,  el  o  la  que  guaguatea. 

Guagualón,  tómase  en  mala  parte,  pues  se  aplica  al  ni- 
ño demasiado  crecido  para  su  edad,  bobo,  simplote. 

«¡Renunciar  a  ser  madre,  a  ser  esposa, 

I  renunciar  por  fuerza! 

I  resignarse  humilde  i  respetuosa 


GUA  237 

A  guacjiíatear  los  hijos  de  una  hermana. 
A  quien  mecí  en  la  cuna. 
•     ¡Oh,  suerte  cruel,  tirana! 

|0h,  sino  adverso,  o  desigual  fortuna!» 

[Meditación  de  una  fea.) 

Según  el  pequeño  vocabulario  que  trae  E.  G.  Squier  en 
su  The  States  of  Central  America,  guagua  es  también  pa- 
labra de  la  lengua  de  Honduras  (dialecto  de  Opatoro)  i  sig- 
nifica niño  (boy.)  » 

GUAINA. 


Del  quichua  i  aimará  huaina,   mozo,  mancebo. 
Se  usa  en  Chile  en  la  misma  forma  i  con  idéntica  signi- 
ficación. 

Guainita,  jovencítOy  mui  joven,  adolescente. 

GUALLIPÉN. 

otra  palabra,  i  no  será  la  última  que  tendremos  que 
apuntar  de  invención  chilena,  para  echar  en  cara  a  algu- 
no su  abundancia  de  carnes  i  escasez  de  entendimiento, 
sus  largos  i  desairados  pasos.  Talvez  la  voz  española  que 
se  asemeja  mas  a  fjuaUipen  es  zampatortas. 

GUÁMPARO. 


Ya  en  la  explicación  que  dimos  de  chambado,  dijimos 
lo  que  era  guámparo,  i  cuáles  eran  sus  semejanzas  i  dife- 
rencias con  aquél  i  con  cacho  i  chifle. 


GUANACO,   A. 

Del  quichua  huanacu. 

Aunque  el  guanaco  [auchenia  ¿uariaco)  es  el  mas  corpu- 
lento de  los  cuadrúpedos  indíjenas  de  Chile,  no  habríamos 


238  GUA 

hecho  figurar  su  nombre  en  este  Diccionario,  si  no  fuese 
por  el  sentido  metafórico  en  que  usamos  de  su  nombre 
tanto  en  la  terminación  masculina  como  en  la  femenina. 
En  ese  sentido  indica  a  la  persona  que  por  su  continen- 
te, ademanes,  largo  cuello  i  delgadas  piernas  se  asemeja 
algún  tanto  a  los  guanacos, 

OUANO,  ERO^  A. 

Del  quichua  himno,  estiércol 

Designar  con  el  nombre  de  estiércol  los  valiosísimos 
depósitos  que  de  él  se  encontraron  en  las  Chinchas,  ha- 
bría sido  ingratitud  i  ademas  quebrantamiento  de  la  re- 
gla tan  común  en  el  siglo  en  que  vivimos:  quien  enrique- 
ce se  ennoblece. 

El  guano  es  el  estiércol,  pero  considerado  industrial, 
mercantil  i  científicamente. 

Guanero  es  el  que  se  ocupa  en  explotar  los  depósitos  de 
guano  i  el  buque  empleado  en  trasportarlo. 

I  no  decimos  mas  sobre  estas  voces,  porque  propiamente 
hablando,  mas  son  peruanas  que  chilenas. 

CUANTON. 


Decimos  por  el  golpe  dado  con  la  mano  cerrada. 

Lo  propio  es  puñete,  puñada  i  puñetazo:  mojicón  cuan- 
do se  da  en  la  cara;  i  guantada  cuando  se  da  con  la  ma- 
no abierta. 


GUARA,    oso,    A.' 

Damos  a^?¿¿zm  dos  sentidos,  el  uno  equivalente  a  movi- 
mientos graciosos  en  el  baile,  sal,  donaire:  «Muchas  veces 
lo  habia  visto  bailar  zamacueca;  pero  nunca  con  tantas 
guaras  como  ahora.»  El  otro,  a  adornos  de  los  vestidos: 
<iNo  sientan  bien  las  guaras  a  los  vestidos  de  terciopelo.)) 

Guaroso  es  el  que  baila  haciendo  graciosas  cabriolas; 
i  el  vestido,  o  cualquier  otro  objeto  que  llama  la  aten- 
ción .por  el  número  i  calidad  de  sus  adornos. 


GUA  239 

Es  probable  que  guara  proceda  del  quichua  huaira^ 
viento,  aire;  o  de  Jaiairalla,  lijeramente,  tan  lijero  como 
el  viento. 


GUARACA,  ÁZO. 

Del  quichua  huaraca ^  la  honda. 

Ademas  de  su  significación  primitiva  de  hunda,  damos  a 
guaraca  la  de  soga  corta,  trenza  de  cáñamo,  Así  en. 
los  antiguos  bailes  de  /chinos,  negros,  catimbaos  i.  em- 
pellejados  que  aparecian  en  las  fiestas  de  Corpus,  los  que 
desempeñaban  el  papel  de  Diablos^  llevaban  en  la  mano 
ViXi2i  guaraca,  con  la  cual  ahuyentaban  a  los  muchachos, 
chasqueándola  con  fuerza  i  haciéndola  producir  un  es- 
truendo como  de  cohete.  Así  los  niños  llaman  también 
guaraca  la  cuerda  con  que  envuelven  el  trompo  i  con  que 
azotan  el  cuspe  (^peonza. J 

Guaracazo,  es  el  golpe  dado  con  la  guaraca,  i  también 
el  sonido  que  se  hace  con  ésta  chasqueándola. 


GUARAT^GO. 


De  sentido  semejante   a  guacarnaco,  guagual  i  guagua- 
Ion;  pero  menos  usado  que  éstos. 


GUARAPÓN. 


Desígnase  con  este  nombre  el  sombrero  de  paño  o  pa- 
ja, redondo  de  copa  i    de  alas  anchas  i  horizontales. 

Empléase  como  sustantivo: 

ccCubria  su  cabeza  un  gran  sombrero  de  pita  de  los  que 
entonces  se  llamaban  guarapones  i  que,  por  sus  inmensas 
alas,  hacia  el  oficio  de  quitasol  i  de  paraguas» 

[Huérfano.) 

A  veces  también  como   adjetivo: 

<sAl  cabo  de   ellos  (de  dos  meses)  vi  una  mañana  en- 


240  GUA 

trar  con  sus  espolones  de  liierro  que  sonaban  en  las  pie- 
dras, i  su  sombrero  guarapón,  i  sus  piernas  arqueadas  a 
José,  el  mayordomo  déla  quinta,  etc.») 

(Z.  Rodríguez.— Zoco  Eustaquio.) 
En  Méjico  llaman  a  los  guarapones,  jaranos. 

GUASCA,    AZO. 


Del  quichua  huasca,  soga,  cordel  grueso. 

Alterando  algún  tanto  su  significación  orijinal,  emplea- 
mos nosotros  esta  voz  por  látigo,  azote,  fusta,  manopla, 
disciplina,  zurriago.  Dar  guasca  i  dar  penca,  son  frases  con 
que  se  anima  e  incita  a  seguir  adelante  a  los  que  están 
comprometidos  en  alguna  pendencia  o  empresa  seme- 
jante. 

Guascazo  es  el  golpe  dado  con  la  guasca. 

El  provincialismo  colombiano  equivalente  a  guasca  es 
rejo\  asi   como    el  equivalente   21,  dar  guasca,  es  dar  rejo. 

En  castellano  lo  mas  autorizado  es  látigo,  si  bien  pare- 
ce preferible  fusta  o  manopla  para  designar  el  que  usan 
los  cocheros. 

«Todo  se  yela  i  en  silencio  yace, 
Solo  el  chasquido  de  la  guasca  zumba: 
¡Qué  veol— esclama  el  peregrino^  i  cae 
Yerto  en  la  tumba!» 
(Z.  Rodríguez.— £;/  Carro  de  la  vida.) 

«Al  rigor  con  que  estrato  dadla  gloria^ 
Pues  no  aguarda  que  el  látigo  castigue 
Lo  que  pudo  enmendar  la  palmatoria.» 

(B.  L.  DE  Argénsola. — Epístola.) 

(^En  Manchéster  la  blanca  muchedumbre 
Que  suda  el  quilo  con  mezquina  paga 
Quizá  padece  mas  que  de  la  fusta 
El  herrado  bozal  de  África  adusta.» 


(Bretón. — Desvergüenza, ) 


GUA  241 


GUASO,    A,     ERIA. 


Del  quichua  huasa,  los  lomos  i  ancas  de  las  bestias. 

Domínguez  da  a  guaso  el  sentido  de  lazo  arrojadizo, 
usado  por  los  indíjenas  de  América,  es  decir,  el  de  laqui\ 
i  es  por  demás  hacer  notar  que  toma  el  rábano  por  las 
hojas. 

Acerca  de  la  misma  voz  escribió  el  señor  Vicuña  Mac- 
kenna  en  su  Historia  de  Santiago:  «Otro  tanto  puede  decir- 
se de  hiiaso  o  huasa,  palabra  quichua  i  araucana  a  la  yez, 
que  significa  espalda,  anca,  i  de  aquí  fué  que  a  los  hom- 
bres que  los  indios  veian  sobre  la  espalda  o  anca  de  los 
caballos,  comenzaron  a  llamarlos  A?^</50S,  por  lo  que  la  je- 
nuina  expresión  tan  popular  no  es  propiamente  hombre  de 
campo,  sino  hombre  de  a  caballo.yi 

El  señor  Vicuña  tiene  razón,  salvo  en  creer  que  huasa 
es  palabra  araucana,  en  cuja  lengua  por  espaldas  se  dice 
vuri,  i  por  ancas,  ñudo,  si  hemos  de  creer  al  padre  Fébres, 
que  es  autoridad  en  la  materia* 

Tampoco  seria  exacto  afirmar  que  por  que  huasa  signi- 
fica ancas  o  lomos  en  quichua,  guaso  no  sea  propiamente 
el  hombre  de  campo,  sino  el  hombre  de  a  caballo.  Por 
mas  que  según  todas  las  probabilidades  se  empezase  a  usar 
la  palabra  en  la  manera  indicada  por  el  señor  Vfcuña, 
no  es  menos  de  presumir  que,  observándose  que  todos  los 
hombres  de  campo  andaban  como  injertados  en  sus  caba^ 
líos,  se  viniese  a  llamar  mui  propiamente  guasos  a  los 
campesinos  de  a  pié  i  de  a  caballo. 

El  hecho  es  que  nadie  llamarla  guasos  a  los  receptores 
i  carteros  que  dia  a  dia  recorren  a  caballo  las  calles  de 
Santiago;  al  paso  que  nadie  tendría  embarazo  en  llamar  así 
a  los  que  las  recorren  a  pié,  vendiendo  peumo,  maqui,  ca- 
güiles, i  otros  artículos  semejantes,  cubiertos  todavía  con 
el  pelo  de  la  dehesa. 

Guasería,  es  encojimiento,  torpeza,  grosería,  propia  de 
la  jetite  rústica. 


242  GUA 

«De  uno  a  uno  la  visitan 
El  gañan  i  el  artesano 
El  militar  i  el  paisano 
I  hasta  un  guaso  de  Viluco 
Corriéndola  con  el  cuco 
Se  la  llevó  por  el  llano.» 

(GuAJARDO. — La  pohrecita  de  mi  Juana.) 

— ((¡Mas  cerca!  gritaron  los  guasos:  no  le  tengáis  mie- 
do! si  no  te  hace  nada  Aoo/» 

(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio.) 

El  provincialismo  mejicano  correspondiente  a  guaso  es 
jarocho. 


GUATA,    ON,    ONA,   ERO,    ERA. 

Del  araucano  huatha,  panza,  el  cual  a  su  vez  probable- 
mente viene  del  quichua  huacta,  lado,  costilla. 

Usamos  de  guata  en  dos  diversas  acepciones:  1.''  por 
panza,  vientre  o  barriga\  i  2.''  por  estómagos  de  los  ru- 
miantes, aun  cuando  algunos  tengan  nombres  especiales, 
como  por  ejemplo  el  tercero,  que  llaman  los  carniceros 
librillo. 

Guatón,  es  el  panzon  o  barrigudo. 

Guatero,  el  que  vende  por  las  calles  guatitas  de  vaca  o 
de  cordero. 

Como  guata,  se  dice  de  aquellas  cosas  mui  suaves,  la- 
cias i  peladas. 

Hablar  de  guatón,  es  hablar  por  hablar,  sin  son  ni  ton, 
porque  se  tiene  boca. 

Tenderse  de  guata,  tenderse  a  la  bartola. 

((Las  gudteras  i  pateras 
Desde  mui  temprano  están 
Vendiendo  con  grande  afán; 
Lo  mismo  hacen  las  chancheras', 
Las  materas  i  floreras 
Tienen  su  venta  especial.» 

(GuA JARDO. — De  todas  artes.) 


GUA  243 

«Qué  borracho  tan  diablo, 
Tan  bebedor: 
Se  le  ha  puesto  la  guata 
Como  un  tambor.» 

[Zamacueca.) 

GUATAPIQUE. 

Los  corredores  cohetes,  tan  comunes  en  nuestros  fuegos 
artificiales,  i  que  sin  estallar  nunca,  corren  caracoleando 
por  lo  bajo,  las  viejas  en  una  palabra,  no  dan  menos  que 
hacer  a  los  filólogos  americanos  que  a  las  mujeres  tan  tí- 
midas como  curiosas  que  con  una  lechigada  de  niños  asis- 
ten a  ver  quemarse  los  arbolitos  i  ruedecillas. 

Estos  cohetes  sin  varilla,  que  encendidos  corren  por  la 
tierra  entre  los  pies  de  la  jente,  se  llaman  en  Colombia 
biíscaniguas. 

Con  respecto  al  uso  peruano  dejaremos  hablar  al  señor  d® 
Arona. 

«BuscAPiQUE,»  dice,  «no  se  usa  de  otra  palabra,  sal- 
vo mui  raras  excepciones,  para  designar  uno  de  aquellos 
cohetes  tan  comunes  en  los  fuegos  artificiales  i  cuyo  ver- 
dadero nombre  es  buscapiés  .y) 

«La  razón  de  esta  traducción,  de  este  cambio  de  pies  en 
pique  es  obvia.  Los  bichos  llamados  piques  (piilex  pene- 
traiis),  i  en  otras  partes  de  América,  niguas,  se  introducen 
en  el  pié,  del  cual  hacen  su  asiento;  i  al  llamar  buscapi- 
que  al  buscapiés,  tomamos  al  contenido  por  el  continente; 
como  cuando  entre  la  plebe  se  amenaza  a  los  piojos,  que- 
riendo significar  la  cabeza  del  que  los  lleva.» 

«Habrá  fuegos 
Buscapiques 
I  repiques. 
De  aguas  juegos 
I  de  manosp)  etc. 
(J.  DE  Aróna. — Poesías  peruanas.) 

«Antes  de  concluir  advertiré  que  debe  decirse  buscapi- 


2U  GUS 

rjues  i  no  hiiscapiquey  como  es  mas  propio  decir  cor- 
taplumas, tenazas,  despabiladeras, -pelagatos,  mataperros, 
etc.;,  aun  cuando  solo  se  trate  de  cosa  o  persona  en  sin- 
gular.» 

Queda  ya  dicho  que,  volviendo  nosotros  la  espalda  a  bus- 
capiés a  buscanigiias  i  a  buscapiques,  hicimos  la  cuenta 
de  que  eran  moros  los  cohetes  caracoleadores  de  que  va- 
mos hablando  i  los   bautizamos  con  el  nombre  de  viejas. 

En  cuanto  a  buscapique  lo  utilizamos,  transformándolo 
en  guatapique  para  designar  aquella  otra  especie  de  co- 
hetes que  estallan  sin  dar  llama  por  el  hecho  de  arrojár- 
seles con  fuerza  contra  el  suelo,  cohetes  que,  sea  dicho  con 
entera  franqueza,  ignoramos  como  se  llama,n  en  castella- 
no, si  es  que  tienen  algún  nombre  castizo. 


GUAYACA. 


Del  quichua  huayaca,  talega,  alfoijas- 

Nuestros  campesinos  llaman  guaijaca  una  bolsa  de  cue-^ 
ro  o  de  tela,  con  dos  o  tres  departamentos  que  sirven  para 
guardar  por  separado  el  tabaco  i  la  chala  (hoja  de  choclo) 
ó  papel  con  que  se  hacen  los  cigarrillos. 

«Por  eso  pasé  sin  pena 
Lo  que  siguió  del  camino 
Con  mi  herramienta  i  guayaca 
I  tirando  a  mi  barcino.» 

[Romance  popular.) 


GUSTAR,     ADOR,       ORA. 

Gustar  es   en  el  lenguaje  del  vulgo,   divertirse,  tunar, 

dar  rienda  suelta  a   la  gula,  a  la  pereza  i  a  la  lujuria. 

Gustador,  el  tunante,  amigo  del  vino  i  de  las   mujeres. 


GUS  245 

«Cuando  sal  i  a  a  (justai" 
A|ilaba  su  cuchillo 
Dejándolo  relumbrante 
Como  el  espejo  mas  fino.)) 

[Huérfand.) 

«No  liai  un  hombre  (justador 
Que  no  tenga  su  refrán 
I  cuando  gustando  están 
\uO  lucen  a  cuál  mejor.» 

(Gallarpo.  ~  El  Gustador.) 


H 


HABILOSO. 

Habiloso,  en  nuestro  lenguaje  familiar  es  aquél  que 
en  su  conducta  da  muestras  de  habilidad  e  intelijen- 
cia  i  mui  especialmente  de  astucia.  O  nos  engañan  las 
apariencias  o  este  habiloso  chileno  no  es  mas  que  el  habili- 
doso, andaluz  que  se  aplica  a  lá  persona  que  tiene  habili- 
dades. 

Comparando  el  uso  de  hábil  con  el  de  habiloso,  es  fácil 
notar  que  mientras  aquél  indica  la  posesión  de  altas  o  por 
lo  menos  de  útiles  facultades,  éste  indica  solo  que  se  tienen 
las  precisas  para  las  pequeñas  empresas  i  grandes  travesu- 
ras. Hábil  es  el  publicista,  el  jeneral,  el  abogado,  el  ban- 
quero, i  habita  el  artesano:  habiloso  es  el  niño  que,  después 
de  hacer  alguna  ratería  en  la  alacena  o  algún  estropicio 
en  el  jardin,  encuentra  medios  de  obtener  perdón  i  biz- 
cochos de  yapa, 

HACER. 


Son  tantos  i  tan  varios  los  sentidos  que  en  castellano  tie- 
ne este  verbo  según  la  manera  como  se  costruja,  que  no  es 
fácil  cosa  atinar  con  aquellas  construcciones  i  acepciones 
que  puedan  estimarse  en  justicia  como  verdaderos  provin- 
cialismos de  Chile.  Las  que  encontramos  en  nuestros  apun- 
tes i  vamos  a  someter,  no  sin  algún  recelo,  al  criterio 
del  lector  ilustrado  son  las  sipruientes: 


248  HAC 

1."  Hacer  daño,  locución  con  que  se  da  a  entender  que 
alguno,  usando  de  malas  artes,  ha  causado  a  otro  enfer- 
medad o  muerte.  Aunque  la  frase  es  castellana,  la  abu- 
sión es  sin  duda  orijinaria  de  Arauco,  Raras  veces,  en 
efecto,  los  indios  creen  que  el  que  muere,  sucumbe  a  sus 
enfermedades,  a  sus  vicios  o  a  sus  años.  Para  ellos  toda 
muerte  supone  un  matador,  alguien  que  por  obra  de  ma- 
jia,  brujería  o  encantamiento  haya  quitado  la  vida  al  di- 
funto. Pues  bien  este  matador  es  en  lenguaje  indíjena  el 
que  hizo  daño  al  muerto;  i  que  mas  de  una  vez  ha  tenido 
que  pagar  con  su  vida  las  bárbaras  preocupaciones  de 
los  deudos  i  amigos  de  la  supuesta  víctima. 

Hablando  de  los  párvulos,  lo  mas  común  es  decir  que 
]os  ojean  o  que  sufren  7naí  de  ojo.  (Véase  ojear.) 

«Sí  comadre,  a  mi  chiquitína  me  le  habían  hecho  daño. y) 

(V.  MuRiLLO. — Una  Víctima  del  honor.) 

2.*  No  recordamos  haber  leido  en  los  buenos  autores 
hacer  dejación,  frase  que  (como  es  de  suponerse  en  la 
tierra  clásica  de  los  dejados)  anda  de  boca  en  boca,  de- 
notando que,  no  por  olvido,  sino  simplemente  por  pereza, 
se  ha  faltado  al  compromiso  contraído,  o  dejado  en  pro- 
yecto la  obra,  empresa,  dílíjencia,  visita,  etc.  que  ha- 
bíamos prometido  o  nos  habíamos  propuesto  realizar.  Lo 
dicho  no  obsta  para  que  tengamos  por  castiza  la  frase  de 
que  estamos  tratando,  como  quiera  que,  significando  deja- 
ción la  acción  i  efecto  de  dejar,  i  siendo  omitir  una  de 
las  acepciones  de  éste,  nada  tiene  de  contrario  a  la  índo- 
le de  la  lengua  que  se  emplee  hacer  dejación  para  indicar 
que  se  ha  dejado  de  hacer  u  omitidi)  el  hecho  a  que  nos 
referimos. 

3."  Hacer  herejías,  es  una  singular  locución  común  a 
Chile  i  a  la  República  Arjentina,  que  equivale  a  hacer 
atrocidades^  maltratar   cruelmente,  herir,  descuartizar. 

«I  desdichada  mujer 
La  que  después  de  casada 
Comete  alguna  falsiada 
Que  el  indio  llegue  a  saber. 
Porque  con  ella  ha  de  hacer 

Herejías 

(^AscÁsuBí. — La  Indiada.) 


HAC  249 

4.'  Hacerse:  no  sabemos  si  entendería  el  criado  español  á 
quien  se  le  preguntase:  ('¿Te  haces  con  Don  Fulano'^  o  en  la 
casal  o  simplemente,  te  hacesh  Lo  que  sí  aseguramos  es 
que  en  Chile  desde  Atacama  hasta  Chiloé  no  habría  fámulo 
ni  fregona  que  no  entendiese  i  contestase  al  punto,  según  los 
casos:  aEstoi  mui  hecho;  si  me  estoi  pasando  la  gran  vida: 
el  patrón  es  una  alma  de  Dios  i  la  casa  un  donaire!»  o 
mutatis  mutandis  «¡Qué  me  tengo  de  hacer,  comadríta  de 
mis  ojos!  si  el  rico  es  un  Nerón,  la  casa  es  un  sucucho  i 
cada  niño  un  basilisco!» 

Hacerse,  en  el  caso  de  que  tratamos,  equivale  a  habi- 
tuarse, bien  hallarse. 

5/  Hacerse  del  rogar:  evidentemente  el  articulo  redunda 
en  esta  frase.  Con  hacerse  de  rogar  basta  i  aun  sobra. 

«Si  se  hace  de  rogar  algunas  veces  es  por  no  conceder- 
nos la  merced  que  le  pedimos.» 

(Malón  de  Chaide. — Tratado  de  la  Magdalena.) 

6.*  Hacer  la  forzosa.  (Véase  forzosa.) 
7.*  Hacer  la  pava  [pavear.)  Ha^er  fisga,  burlarse  de  al- 
guno, engañándolo,  zahiriéndolo,  metiéndolo  por  el  aro. 


HACIENDA,   HACENDADO; 


Hai  personas,  i  algunas  mui  ilustradas,  que  miran  con 
cierta  desconfianza  estas  palabras,  i  que  procuran  evitar- 
las en  sus  escritos  cual  si  desconfiasen  de  la  lejitimidad 
de  su  oríjen  i  de  la  limpieza  de  su  sangre.  Otros,  i  el  Sr. 
D.  M.  L.  Amunátegui  entre  ellos,  sin  desecharlas  sistemá- 
ticamente^ ni  ir  hasta  escribirlas  con  bastardilla,  las  mas  de 
las  veces  optan  por  estancia  i  estanciero,  cual  si  fuesen 
mas  autorizadas  i  castizas. 

Tales  recelos  carecen  de  fundamento,  pues  habría  mu- 
cho mejor  razón  para  tachar  a  estancia  i  estanciero  de 
americanismos,  que  no  a  hacienda  i    hacendado. 

Nótese,  pues  también  establecida  queda,  la  gradación  de 
la  extensión  de  las  propiedades  raices  por  los  nombres  con 
que  las  designamos:  hacienda,  chacra,  quinta;  la  primera 
destinada  a  la  crianza  de  ganados  i  a  las  sementeras  en 
grande;  la  segunda  a  la  chacarería,  planteles  para  negó- 


250  HECH 

cío,  engordan,  lecherías,  etc.;  i  la  última/  casi  exclusiva- 
mente a  huertos,  jardines,  parrales,  en  una  palabra,  al 
recreo  i  cómoda  habitación  de  la  familia* 


HASTA  CADA  RATO. 

Sobre  esta  frase  (apenas  usamos  de  otra  para  despedir- 
nos de  las  personas  con  quienes  nos  vemos  a  menudo)  ob- 
serva el  señor  Cuervo  en  sus  Apuntaciones: 

alíasta  cada  rato  es  fórmula  usual  de  despedida  i  cree- 
mos que  solo  es  menester  aplicar  un  momento  a  ella  la 
atención  para  reconocer  su  absurdidad.  Hasta  fija  el  tér- 
mino de  una  duración  la  cual  en  frases  semejantes  co- 
mienza desde  el  momento  en  que  se  profieren  i  cesa  en 
el  punto  anunciado  por  la  preposición:  v.  gr.  hasta  mafia' 
na\  esto  es  «el  no  vernos  durará  el  espacio  comprendido 
entre  ahora  i  mañana;»  cada  rato  indica  repetición  i  no  es 
posible  que  algo  acabe  (fon  frecuencia^  si  no  comienza 
cuantas  veces  haya  de  verificarse  el  acabar.» 

Cun  licencia  i  perdón  del  insigne  hablista  bogotano, 
cuyas  son  las  líneas  anteriores,  nos  atrevemos  a  insinuar 
que  acaso  la  frase  censurada  no  merezca  el  rigor  con  que 
la  trata.  En  efecto,  ¿por  qué  la  frase  hasta  mañana  no 
podria  entenderse  ahasta  vernos  que  será  mañanah  I  esto 
admitido,  ¿por  qué  no  admitiríamos  que  la  otra,  hasta  cada 
rato,  pudiera  también,  sin  violencia,  entenderse  ikhasta 
vernos  que  será  a  cada  ro,to%ü 

HECHIZO,    A. 

Ocasión  hemos  tenido  ya  de  hacer  notar  la  linda  cos- 
tumbre que  tenemos  los  chilenos  de  llamar  brutos  a  todos 
los  animales  indíjenas  o  introducidos  por  los  españoles,  en 
contraposición  a  los  finos,  que  es  como  caracterizamos  a 
los  extranjeros. 

Hechizo,  a,  es  el  bruto  de  mas  arriba  aplicado  a  los  ar* 
tefactos. 

Gallo  bruto,  toro  bruto,  perro  bruto,  son  los  gallos, 
toros  i  perros    chilenos^    aclimatados   en    el   pais    desde 


HEM  251 

tiempo  inmemorial;  gallos,  toros  i  perros  finos,  son  los 
traídos  en  fecha  reciente  de  afuera.  Zapato,  'poncho, 
frazada,  hechizos,  son  los  elaborados  en  el  pais;  los  demás 
son  de  extranjís. 

Rastreando  el  orijen  de  la  acepcionchilena  de  hechizo, 
recordamos  haber  leido  en  uno  de  los  mas  chistosos,  aun- 
que no  sin  duda  de  los  menos  libres,  romances  de  Que- 
vedo: 

«¡Oh!  quien  viera  cuando  todos 
Armados  de  acero  fino 
Amojonen  lo  que  hicieron 
En  el  mayorazgo  hechizohr 

Hechizo  en  el  pasaje  copiado,  si  el  sentido  jeneral  de  la 
composición  no  nos  engaña,  se  toma  en  la  acepción,  anti- 
cuada ya  en  España,  de  contrahecho,  falseado,  imitado, 
acepción  que  es  la  misma  que  en  nuestra  humildad  le  da- 
mos siempre  que  nos  servimos  de  aquel  vocablo  para  ca- 
racterizar los  productos  de  la  industria  nacional. 


HEMBRAJE. 


Hembraje  es  la  palabra  que  los  gauchos  de  la  República 
Arjentina  i  los  guasos  de  la  nuestra  emplean  para  signi- 
ficar el  conjunto  de  los  animales  hembras  de  un  ganado. 
Por  los  mismos  el  conjunto  de  los  machos  se  llama  ma- 
chaje,  siendo  de  advertir  que  se  aplica  comunmente  la  pri- 
mera a  la  reunión  de  becerras,  i  la  segunda  a  la  de  ter- 
neros. 

El  conjunto  de  las  crias  de  una  vacada,  sin  distinción 
de  sexo^  se  llama  guacharaje  aquende  i  allende  los  Andes. 

«Luego  no  mas  en  tendales 
Quedó  todito  el  hembraje 
I  atrasito  entró  el  machaje 
A  rodar  como  costales.» 


(AscÁsuBi. — Descripción  de  un  vapor.) 


HERR 


HENDIJA. 


Acerca  de  esta  voz  escribe  el  señor  Cuervo: 
í'En  castellano  tenemos  rendija  rehendija,  i  en  lo  anti- 
guo hubo  hendrija\  formas  las  dos  últimas  que  permiten 
rastrear  el  oríjen  del  vocablo,  [hender)  i  dan  asidero  para 
defender  nuestro  hendija,  voz  quizas  añeja  que,  por  no 
hallarse  en  los  autores,  no  ha  entrado  en  el  Diccionario.» 
«La  rendija  se  ha  convertido  en  un  anchuroso  boque- 
ron.» 

(BÁLMES. — Cartas  aun  escéptico.) 

ttMas  ajiles  no  son  las  lagartijas 
(I  del  pedestre  símil  no  se  enfaden) 
Prensándose  en  angostas  rehendijas.) 

(Bretón. — Desvergüenza. ) 

«Cierra  su  puerta  i  las  hendrijas  tapa.» 

(B.  L.  DE  Argensola. — Sátira.) 

HERVIDO. 


La  comida  que  se  compone  por  lo  común  de  carne  i  le- 
gumbres cocidas,  se  llama  en  español,  puchero,  olla,  i  tansr 
bien  cocido. 

Nosotros,  olvidándonos  de  nombres  tan  autorizados  i 
castizos,  llamamos  a  ese  plato  hervido,  voz  que  aunque 
pudiera  alegar  en  su  defensa  el  ejemplo  de  su  primo  her- 
mano cocido,  siempre  deberla  ser  condenada  por  redun- 
dante. 


HERRAJE. 

Por  el  conjunto  de  piezas  de  hierro  o  acero  con  que  se 
guarnece  algún  artefacto,  es  castizo.  En  Chile  usamos  ex- 
clusivamente esta  palabra  para  denotar  el  conjunto  de  pie- 


HIE  253 

zas  de  plata  con  que  guarnecen  los  guasos  acomodados  los 
arreos  de  sus  cabalgaduras.  Freno  de  herraje,  montura  de 
herraje,  son  el  freno  i  montura  adornados  con  piezas  de 
plata,  como  chapas,  cadenitas,  copas,  etc. 


HERRAR, ERRAR. 

Estos  dos  verbos,  ambos  irregulares  e  idénticos  por  su 
sonido,  deben  distinguirse  cuidadosamente  en  su  ortogra- 
fía i  conjugación. 

Herrar  es  poner  herraduras  i  marcar  o  guarnecer  con 
hierro. 

Errar  es  no  acertar,  equivocarse.  Las  formas  irregula- 
res de  éste  son  yerro,  yerras,  ^jerra,  yerran\  yerre,  yerres, 
yerre,  yerren;  yeíTa  tú. 

Las  del  primero,  hierro,  hierras,  hierra;  hierre,  hierres, 
hierre,  hierren;  hierra  tú. 

No  hai,  pues,  que  escribir  como  algunos  por  descuido  o 
ignorancia  suelen:  No  erra  o  no  hierra  disparate;  porque 
el  tal,  con  tan  inexcusable  yerro,  daria  motivo  al  adver- 
sario para  que  le  devolviese  el  cumplimiento  colgándolo 
en  su  propia  horca. 

(cTucapel  de  furioso  el  tiro  yerra 
I  el  furioso  troncón  metió  por  tierra.» 

(Ercill  A .  — A  raucana.) 

aSaltó  la  dueña,  hecha  otra  dueña,  por  no  decir  un  re- 
jalgar,  i  dijo:  Di  tu  nombre  i  qué  hierras  aquí  donde  no 
hai  bestias.» 

(QuEVEDo. — El  Entremetido  y  la  dueña  i  el  soplan,) 


HIERRA. 

La  operación  de  señalar   los    animales  aplicándoles  una 
marca  de  hierro  hecho   ascua,  es  en  castellano  herradero.^ 
En  Colombia  se  llama  herranza. 
En  la  República  Arjentina  i  en  Chile  hierra. 


254  HOR 


HINCARSE. 


«Hincar»,  dice  el  señor   Gormaz   en   sus    Correcciones, 
«significa  solo  introducir  o  clavar  una  cosa  en  otra.» 

«Se  mettre  á  genoux,  arrodillarse,   hincarse,  ponerse  de 
rodillas.» 

(Martínez  López. — Diccionario  francés  espariol  i  vice- 
versa,  en  la  voz  genou.) 

«Corrió  a  su  amado  altar,  se  hincó  a  adorarle 
I  al  vital  resplandor  de  su  bujía » 

(Zorrilla.— (7«ní05  del  Trovador. — Margarita  la  tornera.) 

HOBLON, 


Los  mercaderes  franceses  que  introdujeron  el  hombre- 
cilio  o  lúpulo  lo  tradujeron  por  hoblon  u  oblon,  del  hoii- 
blon  francés,  i  nuestros  paisanos  lian  adoptado  jeneral- 
mente  este  nombre  de  oblon. 

«Durante  la  ebullición  se  echa  una  sustancia  amarga 
que  suele  ser  la  pina  hembra  del  lúpulo  u  hombrecillo  .y) 

(Monlau. — Hijiene. ) 

nHumulus  liipuluSy  el  hombrecillo  o  lúpulo  (en  Chile  di- 
cen hoblon,  del  francés  Iwnblon,  pero  esta  voz  no  es  espa- 
ñola.») 

(Philippi. — Botánica.) 


horqueta. 

En  castellano  es  sinónimo  de  horcón,  palo  terminada 
por  dos  ganchos  que  sirve  para  apuntalar  los  árboles  i 
formar  los  parrales.  Mas  largo  i  delgado  es  horquilla. 

El  equivalente  castizo  de  nuestra  horqueta  es  bieldo. 


HUE  255 

tcAl  forzudo  extremeño  habréis  mirado 
Mas  de  una  vez  sobre  el  montón  de  mieses 
Burlar  de  Sirio  abrazador  los  fuegos 
Lanzando  al  viento  los  trillados  granos 
Con  el  dentado  bieldo.y) 

(Meléndez.) 

Stilir  de  algún  7iegocio  o  quedarse j  con  la  pala  i  la  hór^ 
queta:  es  salir  sin  un  centavo,  quedar  con  lo  encapillado^ 
por  puertas* 


HOSTIGAR. 


Dicen  muchos  mal  por  empalagar,  dar  en  rostro,  v.  gr.: 
«Este  manjar  me  hostiga, y) 

«El  mismo  guiso  todos  los  dias  acaba  por  hostigar  aun 
cuando  sea  de  faisán,  porque  el  apetito  gusta  picar  de 
aquello  i  de  esto.» 

(G.  V.  Amunátegui. — Pedro  de  Oña — ^Correo  del  do- 
mingo,  núm.  9.) 

Oña  no  dice  hostigar:  véase  Arauco  domado,  Canto  17* 

«La  mujer  caprichosa  al  fin  hostiga'. 
Cuidado  pues  amiga!» 

(Guillermo  Matta.— Poe5Í<25.) 

«Un  manjar  solo  continuo,  pronto  po7ie  hastío.» 

(Rojas. — Traji-comedia  de  C alisto  i  Melibea.) 

«Por  mui  precioso  que  fuese  un  manjar,  si  se  comiese 
toda  la  vida  daria  en  rostro. n 

(Granada. — Memorial.) 


íliJENÍ. 

Ilueñi  llaman  los  araucanos  al  niño    que   ha  pasado    de 
5  años  i  no  ha  llegado  a  los  L5;  i  así  también  en  las  pro- 


256  HUE 

vincias   del  Sur  los  de  habla  española  a  los    chinitos  que 
obtienen  de  la  tierra  para  el  servicio  doméstico. 


HUERO,    A. 

Según  el  Diccionario  de  la  Academia  huero  «se  apli- 
ca al  huevo  que  por  no  estar  fecundado  por  el  macho,  no 
produce  cria,  aunque  se  eche  a  la  hembra  cluecaj)  Tam- 
bién metafóricamente  se  dice  de  lo  que  es  vacío  o  carece 
de  sustancia.  En  este  sentido  Quevedo  puso  por  título  a 
una  de  sus  sátiras  contra  los  poetas:  Premáticas  del  de- 
sengaño contra  los  poetas  cjüerós. 

En  Chile  damos  a  huero  una  significación  que,  mas  que 
a  la  española,  se  asemeja  a  la  que  atribuyen  los  araucanos 
a  su  adjetivo  Aí/em,  /^z/^ya  o  hueda,  \(i  que  está  malo, 
corrompido.  Así  llamamos  güeros  a  los  huevos  que  con  el 
trascurso  del  tiempo  llegan  a  podrirse  i  a  despedir  un 
olor  insoportable. 


HUESILLO. 


¿Cómo  se  llaman  en  España  los  duraznos  secados  al  sol? 
Si  tienen  algún  nombre  fuera  del  de  duraznos  secos,  que 
es  algo  mas  que  uno,  lo  ignoramos. 

Entre  nosotros,  donde  es  mui  común  secar  los  duraznos 
para  comerlos  cocidos  en  el  invierno  i  primavera,  los  lla- 
mamos huesillos,  cuando  se  les  ha  secado  sin  sacarles  el 
hueso;  que  ya  queda  dicho  que  en  el  caso  contrario  se 
llaman  descocados  o  descarosados. 

«El  grito  del  motero  anuncia  la  entrada  del  verano, 
época  en  que  principia  sus  ventas.  ¿En  qué  se  ocupa  el 
motero  durante  el  invierno?  Nadie  lo  sabe;  pero  el  caso 
es  que  durante  la  estación  calurosa  se  le  oye  por  las  ca- 
lles vendiendo  huesillos  i  mote  fresquito,  porque  ninguno 
se  contenta  con  vender  moíe  solo 

(Tornero.— CAí/e  ilustrado.) 


huí  257 


huevada: 

Huevada,  radada,  ríñones^  núcleos,  papas,  etc.  llaman 
los  mineros  aquellos  puntos  de  la  veta  en  que  aparece 
el  metal  en  grande  abundancia,  amontonado  i  como  ^ 
granel. 

¡huiche!  o  ¡huich! 

Talvez  del  quichua  Mdcclii,  silvar. 

Bajo  sus  dos  formas  es  interjección  mui  usada  para 
burlarse  picaresca  i  familiarmente,  para  provocar  en  sus 
barbas  a  alguno,  echándole  en  cara  su  rabia  o  su  impor 
tencia. 

«Una  niña  en  su  cueva 
Regalánndose  está 
\Huich\....ojQ\k.y) 

[Adivinanza  popular.) 

«¡Fluiche!  que  ya  te  pillé 
Lo  que  tanto  me  negabas! 
Voi  a  buscar  amor  nuevo, 
Contigo  no  quiero  nada.» 
[Zamacueca.) 


HUINCHA. 

Del  araucano  i  quichua,  huincha,  cinta  que  traen  los 
indios  en  la  cabeza  i  con  la  cual  enlazan  i  sujetan  los  ca- 
bellos. Esta  cinta  es  llamada  vulgarmente  vÍ7icha  o  jaque', 
i  hemos  reservado  a  huincha  para  significar  las  cintas 
gruesas  de  lana  con  que  se  ribetean  los  ponchos,  alfom- 
bras, etc,,  sobre  todo  cuando  son  trabajadas  en  el  pais,  i 
entonces  suelen  llamarse  hechizas. 

Hacer  huincha  a  alguno,  es  darle  una  zurra. 

Hacerse  huincha,  doblarse,  encojerse. 


258  HUP 

HUIRÁ,   O 

De  araucano  hiiiron,  hender^  o  de  huirmí,  desollar. 

Llamamos  ladras  las  tiras  que  se  obtienen  despojando 
de  la  corteza  a  ciertos  árboles,  especialmente  al  maquiy  í 
que  sirven  para  liar  fardos,  amarrar  las  parras  a  sus  ro- 
drigones i  también  para  azotar  a  los  muchachos,  i  de  aquí 
es  que  dar  huirá  equivalga  a  dar  guasca,  dar  látigo. 

Comer  maqui  i  sacar  litara^  es  un  adajio  mui  expresivo 
que  usan  nuestros  guasos  para  indicar  que  con  un  mismo 
trabajo  o  esfuerzo  se  obtienen  dos  ganancias^  o  se  reali- 
zan dos  empresas  diversas.  Comer  maqui  i  sacar  ladra, 
es  hacer  una  via  i  dos  mandados,  o  matar  dos  pájaros  de 
una  pedrada. 

Huiro  es  una  especie  de  alga  u  ova  menos  estimada 
que  la  que  se    come  i  llamamos  vulgarmente  cochaijuyo. 

«¿Sabes,  le  dijo  un  dia 
A  cierto  tajamar  un  cochaijuyo 
Que  no  lejos  vivia, 
Que  es  gusto  singular  el  gusto  tuyo?» 
(Z.  Rodríguez — El  Tajamar  iel  Cochayuyo.) 

Como  cochayuyo  i  mui  negro. 

HUIRHUIL. 


Del  araucano  huillhuill,  tasajos  de  carne  mid  delgados 
i  largos,  orejones. 

Hidrhuil  es  mui  usado,  aun  que  solo  en  la  frase  como 
un  ladrladl,  que  vale  roto,  hecho  tiras,  andrajoso,  de- 
sarrapado, 

¡hupa!  o  ¡hupI 

Interjección  para  llamar  la  atención  del  que  se  distrae 
o  despertar  al  que  está  dormitando. 


HUR  259 

«¡Si  está  roncando  el  bárbaro!.... ¡qué  engaño 
Esesto  del  sevenol,,.. \hiipa\  sujeta 
Tu  sombrero,  José,  que  el  viento  aprieta! 
¡Con  tal  que  siga  así  bueno  va  el  año!» 

(Z.  Rodríguez. — El  Borracho.) 


HURGUETE,    ETEAR. 


Hurguetear  se  usa   mucho  en  Chile  en  el  sentido  de  re- 
buscar, i  de  ahí  hurguete  el  que  rebusca. 


IMBUNCHE,  AR. 


Dice  el  padre  Fébres,  explicando  (i  no  muí  claramente 
por  cierto)  la  significación  de  la  voz  araucana  ivumche, 
«los  que  consultan  los  brujos  en  sus  cuevas,  donde  los 
crian  desde  chiquitos  para  sus  hechicerías  o  encantos:  a 
estos  llaman  las  indias  ivumcoñi.y) 

Según  el  uso  de  la  jente  ignorante  i  supersticiosa,  im- 
bunche es  maleficio,  encantamiento  diabólico,  hechicería, 
o  también  médium  (como  dirian  de  los  espiritistas,  esos 
otros  supersticiosos  de  levita  i  de  sombrero  de  pelo)  que 
sirve  a  los  brujos  de  ájente  o  instrumento  de  sus  brujerías. 

«En  otra  ocasión  el  mismo  se  habia  propuesto-  hacer 
un  viaje  por  el  aire  al  pueblo  de  Chillan;  pero  al  em- 
prender el  vuelo,  cuando  ya  estaba  emplumado  i  conver- 
tido en  imbumchi  se  habia  dado  un  gran  porrazo,  porque 
etc.» 

[Huérfano.) 

Otro  sentido  que  damos  a  imbunche,  i  que  a  diferencia 
del  anterior  ninguna  relación  tiene  con  el  orijinal  arau- 
cano, es  el  de  enredo,  madeja,  tanto  en  el  estilo  propio 
como  en  el  figurado.  «El  niño  que  al  recojer  su  volantín  no 
cambia  continuamente  de  lugar  corre  peligro  de  formar 
con  el  hilo  un  imbunche.^)  También  imbunches  son  los  plei- 
tos explicados  por  mujeres  i  defendidos  por  leguleyos,  con 
o  sin  título  universitario. 


262  INF 


INCLUSIVE. 


Es  este  un  adverbio  (otro  tanto  podría  decirse  de  ex- 
clusive) i  como  tal  invariable.  Grande  .debe  reputarse  por 
tanto  el  disparate  de  aquéllos  que  le  dan  plural  en  frases 
como:  «El  niño  ha  estudiado  hasta  los  verbos  irregulares 
inclusives)) ,  i  otras  de  la  laja. 


INDEPENDIZAR. 

Acerca  de  este  neólojismo  dice  el  señor  Cuervo: 
«Otro  verbo  cuya  formación  da  mucho  en  que  pensar 
es  independizar:  lo  cierto  es  que  no  hai  otro  en  izar  de- 
rivado de  adjetivo  en  ante,  ente,  pues  nuestro  dementizar 
en  lugar  de  dementar  es  un  disparate;  pero  con  ser  así 
arguye  en  contra  de  aquél,  porque  da  a  entender  que  no 
se  puede  suprimir  el  ent.  Si  a  cualquiera  se  pregunta  co- 
mo se  formarla  un  verbo  que  significase  volver  protestan- 
te es  seguro  que  no  contestará  protestizar  sino  protestan^ 
tizar.  Sea  de  esto  lo  que  se  quiera,  en  castellano  siem- 
pre se  ha  dicho  emancipar.^) 


INDINO,     A. 

Seguramente  este  adjetivo  es  corruptela  de  indigno,  a\ 
pero  ¿por  qué  hacerlo  significar  contra  su  naturaleza,  as- 
tuto, pillo  i  mas  exactamente  picaruelo,  pues  se  toma 
siempre  en  buena  parte? 

INFLUIR,   INFRINJIR. 

No  faltan  quienes  confundan  estos  verbos  o  experimen- 
ten cuando  menos  cierto  embarazo  para  usarlos.  Tengan 
los  tales  presente  que  el  primero  viene  de  infligere,  im- 
poner una  pena,  i  el  segundo  de  frangere,  quebrar. 

Tampoco  es  raro  que   la   poc^  atención  de  los  que  se 


LNF  263 

sirven  de  inflijir,  los  haga  caer  en  el  despropósito  de 
emparentado  por  fuerza  con  infrinjii\  agregando  a  aquél 
una  71  entre  la  i  i  la  /. 


INFLUENCIAR,  INFLUIR. 

Influenciar  no  es  mas  que  el  francés  influencer,  galicis- 
mo tanto  menos  perdonable  cuanto  que  tenemos  en  cas- 
tellano el  verbo  influir^  formado  de  la  misma  raiz  i  de 
significación  idéntica. 

ulnfluidos  por  las  creencias  populares,  no  dieron  un 
solo  paso  adelante.» 

(Larra. — Literatura. ) 

«El  congreso,  intimado  por  la  popularidad  de  la  junta 
patriótica  i  viendo  el  decidido  apoyo  que  le  prestaban 
muchos  de  sus  miembros,  toleraba  el  porte  descomedido 
de  aquel  cuerpo  i  se  dejaba  influir  por  él  en  los  nego- 
cios.)) 

(Baralt  i  J^iki,— Historia  de  Venezuela.) 

No  hai  duda  que  el  influir  de  estos  dos  pasajes  nos  di- 
suena: ¡tan  acostumbrados  estamos  ala  práctica  francesa 
que  consiste  en  emplear  influer,  siempre  que  se  trata  de 
acción  ejercida  sobre  cosas,  e  influencer  solo  cuando  se 
habla  de  la  influencia   que    se   ejerce  sobre  las  personas! 


infundía. 


Es  como  dicen  uno  que  otro  médico,  i  la  innúmera  ca- 
terva de  las  i  los  aficionados  a  practicar  a  costillas  de  los 
enfermos  la  socorrida  ciencia  hipocrática. 

Debe  decirse  enjundia. 

«Tienen  por  feo  en  la  mano  un  dedo  mas;  i  ¿pueden 
creer  que  tres  dedos  de  enjundia  sobre  el  rostro  le  es 
hermoso?» 


(Frai  Luis  de  IuEQ^.-- Perfecta  casada. 


264  INQ 

INHUMANO,     a; 


Es  en  español  falto  de  humanidad,  bárbaro,  cruel,  acep- 
ción corriente  también  entre  los  chilenos  instruidos. 

Otra  empero  es  la  que  predomina  en  el  uso  del  vulgo. 
Según  é\,  inhumarlo  ha  llegado  a  ser  equivalente  de  exce- 
sivo, en  sumo  grado.  Por  ejemplo,  del  muchacho  que  se 
cae  a  la  acequia  se  dice  que  sale  inhumano  de  puerco  o  de 
mojado.  I  así  por  el  estilo  hai  jentes  inhumanas  de  rotas, 
de  pobres,  de  lastimadas,  etc.;  i  un  amigo  tenemos  que 
cuando  empieza  a  dar  cabezadas  i  tamaños  bostezos,  se 
disculpa  diciendo  que  está  inhumano  de  sueño! 


INQUILINO,    A,    AJE. 


Atendiendo  a  la  etimolojía  de  estas  voces  es  fácil  dedu- 
cir de  los  tres  elementos  de  que  constan  su  recta  signifi- 
cación. Inquilino,  viene  de  inquilinus,  el  cual  se  formó  del 
prefijo  in,  en,  de  coló,  colis,  colere,  habitar,  i  de  alienus, 
aliena,  alienum,  ajeno.  Inquilino  será,  pues,  el  que 
habita  en  un  pais,  en  un  lugar  ajeno*  ¡I  digan  después  que 
por  que  nuestros  antepasados  no  tenian  a  la  mano  el  Dic- 
cionario etimolójico  de  Monlau  no  eran  sapientísimos  en  el 
arte  de  poner  nombres  nuevos  a  las  cosas  nuevas! 

Ya  se  verá  por  lo  dicho  si  haria  bien  la  Academia  espa* 
fióla  ensanchando  un  poco  la  significación  de  inquilino  «el 
que  ha  tomado  una  casa  o  parte  de  ella  en  alquiler  para 
habitarla.» 

Si  inquilino  es  el  que  vive  en  tierra  ajena^  en  nada  se 
ofende  a  la  verdad  i  al  contrario,  con  llamar  así  a  los  in- 
dividuos a  quienes  dan  nuestros  hacendados  un  pedazo  de 
tierra  para  que  levanten  en  él  su  rancho  i  hagan  sus  pe- 
queñas siembras,  mientras  así  convenga  a  los  intereses  de 
aquéllos. 

El  sistema  agrícola  que  consiste  en  servirse  de  inquili' 
nos  para  el  cultivo  de  las  grandes  propiedades,  i  también 
.el  conjunto  de  inquilinos  se  llama  inquilinaje. 

«El  rei  habia  ordenado  que  los  indios  vivieran  en  reduc- 


INV  265 

iciones  o  poblaciones,  rejidos  por  majistrados  propios,  i 
sin  que  los  encomenderos  pudieran  entrometerse  con  ellos; 
pero  después  tuvo  que  consentir  en  que  muchos  quedaran 
trabajando  en  las  chacras  o  estancias.» 

«Estos  eran  llamados  naborios  en  Méjico,  yanaconas  en 
el  Perú,  inqiiilinos  en  Chile.».  ......  * 

c(Los  inquilinos  o  indios  residentes  en  las  mismas  estan- 
cias de  sus  patrones,  estaban  obligados  a  servir  ciento  se- 
senta dias  cada  año  en  las  diversas  labores  del  fundo.» 

«En  recompensa  el  dueño  les  suministraba  un  pedazo 
de  tierra  para  que  el  inquilino  levantase  su  rancho  i  pu- 
diese sembrar  un  almud  de  maiz,  dos  de  cebada,  dos  dfe 
trigo  i  otras  legumbres;  i  a  prestarle  los  bueyes  e  instru- 
mentos necesarios  para  el  cultivo.» 

«De  estos  ciento  sesenta  dias,  solo  veinte  i  nueve  eran 
retribuidos  a  real  el  dia,  debiendo  servir  gratuitamente 
en  los  restantes  para  compensar  el  tributo.» 

(«Amunátegui.— Aos  Precursores  de  ¿a  Independencia  de 
Chile.yy) 

Nuestros  inquilinos  van   siendo  ya  verdaderos  colonos. 


ínter. 

Vov  mientras;  entretanto  es  anticuado  en  la  Península. 
En  Chile  es  mucho  mas  usado  que  ínterin,  i  se  emplea,  ya 
solo,  ya  antepuesto  a  tanto,  formando  con  él  una  sola  pa- 
labra, intertanto. 

idnter  en  sueño  reposa 
A  Adán  el  mismo  Señor, 
Le  formó  con  sumo  amor 
De  una  costilla  su  esposa.» 
(GüA JARDO. — Fin  de  la  Creación,) 

INVERNADA,    INVERNADERO. 

Ambas  voces  son  castizas  i  derivadas  dé  invierno;  pero 
tienen  diferentes  significaciones,  pues  mientras  invernada 
lleva  en  si  la  idea  de  tiempo  i  denota  la  estación  del  in- 


266  IPE 

\ierno,  inverimdero  es  el  lugar  apropósito  para  pasar  ésta, 
i  mas  comunmente  el  paraje  abrigado  que  se  destina  a  que 
pasten  los  animales  durante  la  temporada  de  las  lluvias  i 
hielos. 

«Por  causa  de  los  puertos  o  invernada 
Retirará  la  poderosa  armada.» 

(Ercilla.— Zd  Araucana.) 

En  Chile  se  usan  como  si  fueran  de  igual  significación 
inver7iadero  e  invernaday  si  bien  ésta  mucho  mas  frecuen- 
temente entre  los  campesinos  siempre  que  se  trata  del  pa- 
raje en  que  pasan  los  animales  el  invierno.  Pocas  son  las 
haciendas  de  Chile  que  no  tengan  en  los  planes  algún 
potril  o  en  las  cordilleras  algún  cajón  que  no  se  llame  la 
invernada,  ¿Cuántas  son  aquéllas  que  tienen  inveriiaderos? 


INYECTAR. 

Usase  mucho  i  se  usa  mal  este  verbo  siempre  que  se 
junta  con  ojos  para  expresar  la  circunstancia  de  que  ellos 
se  encienden  i  vuelven  rojos,  a  consecuencia  déla  cólera, 
del  furor,  o  también  de  alguna  enfermedad. 

Como  inyectar  es  introducir  algún  líquido  en  un  cuerpo, 
se  cae  de  su  peso  que  ojos  inyectados  no  pueden  ser  ojos 
ensangrentados» 

Los  buenos  escritores  españoles  han  dicho  siempre  en- 
carnizados. 

((Esto  dijo  en  voz  tan  alta  que  lo  oyó  la  duquesa,  i  vol- 
viendo i  viendo  a  la  dueña  tan  alborotada  i  tan  encarni" 
zados  los  ojoSy  le  preguntó  con  quien  las  habia.» 

(Cervantes. — Quijote, ) 

IPEPACÜANA. 

Dicen  a  una  curanderos  i  pacientes.  Debe  decirse  ipeca^ 
enana. 


ISL  267 

IR. 

Una  de  las  muchas  acepciones  de  este  yerbo  es  consistir  y 
depender,  i  así  se  dice:  aEn  ese  negocio  le  va  a  Pedro  su 
fortuna».  «En  la  aventura  que  ha  emprendido  Juan,  pue- 
de irle  la  vida».  Pero  tenemos  por  chileno  el  uso  que  se 
hace  entre  nosotros  de  ir  para  indicar  la  propensión  de 
alguno  a  hacer  tal  o  cual  cosa,  como  se  verá  mas  clara- 
mente en  los  populares  versos  que  siguen: 

«¡Ai  quien  fuera  como  el  perro 
Para  no  saber  sentir! 
El  perro  no  siente  nada, 
Todo  se  le  va  en  dormir!» 

También  merecen  notarse  las  frases  ir  a  peor,  ir  a  me- 
jory  por  ir  empeorando  o  convaleciendo  paulatinamente 
de  alguna  enfermedad.. 

«Estoi  enfermo  de  amor 
No  hallo  qué  remedio  hacer, 
En  vez  de  convalecer 
Cada  dia  voi  apeor.i» 

(GuAJARDO. — Enfermedad  de  amor,) 

«Suele  hallarse  este   verbo  ir  como  auxiliar  de  sí  mis- 
mo: V.  gr.  «Yo  vüi  a  ir;  iúvas  a  ir;  el  iba  a  iry)   etc.;  pero 
es  preciso  advertir   aquí  que  esto  es  un  abuso  gramatical 
censurable,  contrario  a  todas  las  reglas  del  buen  gusto.» 
(Flores. — Gramática  española, ) 

ISLILLA. 

Según  el  Diccionario  de  la  Academia,  nislilla  es  la  par- 
te del  cuerpo  desde  el  cuadril  hasta  debajo  del  brazo.» 

En  Chile  llamamos  islilla  al  hueso  situado  transversal  i 
oblicuamente  en  la  parte  superior  del  pecho,  cuyo  propio 
nombre  es  clavícula^  llave  del  pecho. 


JABA. 

Jaba  es  un  provincialismo  cubano  i  denota  una  especie 
de  cesto  tejido  de  la  hoja  del  yarei. 

Lo  usamos  nosotros  también,  i  es  nombre  que  damos  a 
los  cestos  hechos  de  gruesas  varillas  que  sirven  para  el 
envase  de  la  loza^  porcelana  i  cristales  que  se  internan 
en  el  pars. 


JENT^. 

Notamos  como  chilenismo  el  empleó  que  hacemos  de 
esta  voz  para  denotar  personas  de  calidad,  de  pro,  de 
elevada  posición  social.  Así  decimos:  «A  los  palcos  del 
Teatro  municipal  solo  va  la  jeíitey).  «Fulano  es  muijen- 
te.y)  ((No  hai  pan  que  me  guste  tanto  como  el  de  lá  jenteyy> 
etc. 


JINETEAR. 

Según  Salva,  jinetear  es  un  provincialismo  mejicano 
que  significa  domar  los  caballos  cerriles. 

Entre  nuestros  guasos  corre  también,  aunque  en  senti- 
do un  tanto  diverso,  ^uq^  jinetear  es  montar  un  caballo 
i  manejarlo  como  cumple  a  un  diestro   i  valiente  jinete. 


270     mi  JUL 

JIRO^      A.' 

Provincialismo  cubano,  que  según  Salva  vale  tanto  co- 
mo nuestro  castellano,  que  no  es  por  cierto  oriundo  de 
Castilla. 

Entre  nosotros  jiro  es  un  adjetivo  que  denota  color  i 
se  aplica  a  gallos  i  gallinas;  pero  no  a  las  pintadas  de 
blanco  i  negro,  sino  a  los  matizados  de  colorado  i  ama- 
rillo. 

I)'  cuatro  al  jiro  i  cuatro  al  colorado,  es  frase  con  que 
se  moteja  a  los  políticos  murciélagos,  que  hacen  a  pluma 
i  a  pelo,  i  que  llevan  los  principios  en  la  barriga. 

JONJA. 

Es  un  chilenismo^  por  burla,  fisga,  vaya. 


jote; 


Llamamos  así  una  especie  de  buitre  de  color  negro, 
algo  menor  que  un  pavo,  i  común  a  toda  la  América,  (ca- 
thartes  aura).  Se  parece  bastante  al  gallinazo  (cathartes 
urubú). 

También  es  apodo  con  que  se  designa  a  los  clérigos. 

JULEPE. 


Es  palabra  usada  en  España,  solo  en  el  trato  familiar,  i 
equivale  a  reprimenda,  zurra. 
Es  ademas  bebida  medicinal,  según  Salva. 
En  Chile  denotamos  con  ella,  miedo,  susto. 


L. 


LABORERO- 


Es  VOZ  minera  que  sirve  para  designar  al  empleado  que 
lleva  la  dirección  de  los  trabajos  de  una  labor,  sujetán- 
dose a  las  órdenes  del  administrador. 


LACRE. 


No  es  español,  por  colorado^  encarnado. 

«Azucenas  i  lacres  amapolas.» 

(E.  LiLLO. — Loco  de  amor.) 


LACHO,  A. 

Hemos  hurgado  no  poco  nuestros  vocabularios  por  ver 
de  dar  con  la  etimolojíade  este  vocablo  en  que  el  tipo  in- 
díjena  está  patente,  i  la  única  que  nos  atrevemos  a  pre- 
sentar como  probable  es  la  que  se  funda  en  la  semejanza 
de  forma  i  de  significado  que  tiene  nuestro  lacho  con  la 
palabra  aimará  gualaicJtOj  que  quiere  decir  alegre,  tra- 
vieso. 

Sea  como  fuere,  es  lo  cierto  que  pocas  voces  mas  ex- 
presivas tiene  el  lenguaje  de  nuestros  rotos  i  guasos.  Kl 
lacJio  es  el  amartelado  galán,  el  pisaverde,  i  a  veces  tam- 


272  LAN 

1bien  el  Tenorio  i  el  Montecristo  del  mundo  de   los  cam- 
pos i  chinganas. 

uMontaba  don  Diego  (Portales)  por  lo  jeneral  en  silla 
inglesa,  pero  tenia  un  avío  de  pellones  del  pais,  aperado 
de  chifles,  machete,  alforjas  i  pegual,  que  cuidaba  con  es- 
mero i  en  el  que  en  ciertos  dias  se  ostentaba  como  el  mas 
gallardo  lacho. yy. 

(Vicuña.  Mackenna. — Diego  Portales.) 

También  se  usa,  si  bien  menos  frecuentemente,  en  la 
terminación  femenina,  i  entonces  se  toma  siempre  en  ma- 
la parte. 

(cLe  pasaba  a  la  cantora 
I  le  decia:  Muchacha, 
Seas  o  no  seas  lodia, 
Conmigo  te  vas  ahora.» 

(Gu  A  JARDO. — Un  lazo  de  verijas.) 

LADEADA. 


La  acción  i  efecto  de  ladear  o  ladearse  una  cosa,  o  de 
inclinarse  el  ánimo  hacia  una  determinación,  es  en  caste- 
llano ladeo,  según  la  Academia;  i  mejor,  según  Domínguez, 
ladeamiento. 

El  uso  corriente  en  Chile  no  sigue  ni  a  Domínguez  ni  a 
la  Academia,  pues  apenas  emplea  otra  voz  que  ladeada, 
ya  en  el  sentido  recto  ya  en  el  metafórico.  Así  del  volan- 
tín que  se  inclina  hacia  un  lado  se  dice  que  tiene  ladeada 
para  la  izquierda  o  para  la  derecha.  Hacerle  la  ladeada,  es 
tirarlo  de  manera  que  se  ladee  hacia  donde  quiera  la  per- 
sona que  lo  maneje. 

LANA    MERINO. 

¡Cosas  de  mercachifles  gabachos!  En  España  siempre  se 
dijo  lana  merina.  En  Santiago  todo  el  mundo  dice  ahora 
lana  merino,  i  así  se  vé  en  rotulatas  de  tiendas  i  en  los 
avisos  de  los  diarios. 


LAQ  273 


LAPICERA, 


Lapicera  no  es  palabra  española,  pues  el  instrumento 
que  sirve  para  colocar  i  ajustar  el  lápiz  se  llama  lapicero. 

Nosotros  llamamos  lapicera  al  cañón  de  metal,  marfil, 
madera  u  otra  materia  en  que  se  coloca  la  pluma  metáli- 
ca con  que  se  escribe. 

Según  el  Diccionario  de  la  lengua,  este  canon  se  llama 
phima\  pero  como  ese  es  también  el  nombre  de  la  pequeña 
pieza  metálica  que  se  le  ajusta  en  uno  de  los  extremos  pa- 
ra tomar  con  ella  la  tinta  i  escribir,  no  puede  negarse 
que,  aunque  mal  formada,  nuestra  lapicera,  no  es  del  todo 
ociosa  i  debe  mantenerse  en  razón  de  necesidad  mientras 
no  se  presente  mas  aceptable  reemplazante.  ¿Por  qué  así 
como  a  la  cajita  que  sirve  para  poner  los  fósforos  se  lla- 
ma fosforera,  i  cartera  al  estuche  en  que  se  colocan  las 
cartas,  no  llamar  plumera  al  instrumento  en  que  se  ajus- 
tan las  plumas?'  Solo  por  una  razón:  porque  así  lo  quiere 
alguno  que  suele  atenerse  poco  a  las  razones,  el  uso,  que 
es  hoi  como  en  tiempo  de  Horacio  ju$  et  norma  loquendi. 


LAQUE,     EAR. 

Laque  es  voz  araucana  i  probablemente  de  oríjen  pata- 
gónico. Es  nombre  que  dan  los  indios  de  este  i  del  otro 
lado  de  los  Andes  a  un  instrumento  que  usan  en  sus  gue- 
rras i  cacerías  para  cojer  giianacos,  avestruces  i  animales 
vacunos,  i  para  ofender  también  a  los  enemigos.  Se  com- 
pone de  una  soga  o  látigo,  largos  de  uno  a  dos  metros,  en 
cuyas  extremidades  amarran  piedras  o  bolas  de  plomo.  El 
laque  es  arma  arrojadiza  i  los  indios  pampas,  pehuenches 
i  patagones  lo  manejan  con  destreza  admirable. 

Laquear,  es  derribar  a  alguno,  cojerlo  o  matarlo  por- 
medio  del  laque. 

«I  cuando  se  sabe  que  el  padre  Valdivia  no  fué  el  úni- 
co miembro  de  la  Compañía  de  Jesús  que  consagra  sr^  exis- 
tencia a  tan  santa  obra,  cuando,  uno  lee  la  vida  \  traba- 
jos apostólicos  de  un  Mg.scardi^    que  atraviesa.  Üas  pampas 


274  LAT 

patagónicas  anunciando  la  buena  nueva  a  sus  tribus  erran- 
tes, hasta  morir  laqueado  por  los  bárbaros na 

es  posible  ahogar  en  el  corazón  el  tierno  sentimiento  do' 
respeto  i  de  simpatía  que  despiertan  virtudes  tan  heroicas 
i  sacrificios  tan  sublimes.» 

(Z.    Rodríguez. — Artículo  bibliográfico  sobre  Los  Pre- 
cursores del  señor  Amunátegui.) 


LAR  GAR. 


Por  mas  que  una  de  las  acepciones  castizas  de  este  ver- 
bo sea  soltar,  dejar  libre,  tenemos  por  chilenismo  el  uso 
que  de  él  hacen  nuestros  guasos,  dando  a  entender  que  el 
jinete  emprende  la  carrera  aguijoneando  i  azotando  a  su* 
caballo, 

......  «La  hacia  un  ovillo  (a  una  yegua} 

I  al  largarla  llano  abajo- 
Sobre  la  tifsa  tendido 
Era  lo  mismo  que  un  rayo^. 
No  se  le  vía  el  polvillo.)) 

[Huérfano',) 


LATIGUBO,    A.. 

Llámanos  en  Ghile^  nemine  discrepante,  latigudas  todas^ 
aquellas  cosas  que  pueden  fácilmente  doblegarse  i  exten- 
derse, talvez  por  ser  esa  una  de  las  cualidades  de  las  lá- 
tigos. Tal  voz  es  desconocida  en  España,  cuyos  escrito- 
res i  diccionaristas  atribuyen  la  representación  de  aque- 
lla propiedad  al  adjetivo  correoso.  La  noticia  puede  ser  da 
algún  provecho  a  los  alfeñiqueros,  aunque  seria  pensar  en 
lo  excusado  imajinarse  que  por  todos  los  diccionarios  del 
mundo  hablan  de  abandonar  su  grito:  ¡alfeñique  látigudo 
fresquitol  para  reemplazarlo  en  adelante  por  el  castizo  de, 
¡alfeñique  correoso  fresquilo! 

En  virtud  de  un  procedimiento  muí  semejante   al  em- 
pleado por  nosotros  para  sacar  de  látigo,  2i  látigudo  los  ce-' 


LAU  275 

Umbianos,  que  llaman  rejo  a  lo  que  los  chilenos  lazo,  han 
sacado  de  aquél  el  adjetivo  rejudo ,  equivalente  al  cas- 
tellano correoso. 

«Son  hechos  los  poetas  de  una  masa 
Dulce,  süave^  correosa  i  tierna.» 

(Cervantes. —  Viaje  al  Parnaso.) 


LAUCHA, 

Llaman  los  araucanos  llaucha,  i  nosotros  Mucha  a  los 
pequeños  mamíferos,,  orijinarios  del  Oriente  i  trasportados 
de  Europa  a  América,  que  los  zoólogos  denominan  mus 
viiiscidus. 

I  ya  que  hablamos  d^  estos  bichos  no  estará  demás  ad- 
vertir que,  como  quiera  que  laucha  se  aplica  a  las  espe- 
cies de  mas  pequeños  individuos  de  la  familia  de  los  mu- 
sídeos,  no  es  sinónimo  de  rata,  según  vulgarmente  se  cree, 
sino  de  ratón,  o  ratoncillo. 

El  nombre  chileno  que  corresponde  a  rata  es  pericote, 
acerca  del  cual,  ya  que  lo  hemos  nombrado,  copiaremos 
un  pasaje  que  trae  el  señor  Gay  en  su  Historia  ele  Chile  al 
ocuparse  del  7nus  decu7nanus,  vulgarmente  ratón,  castiza- 
mente rata,  i  a  la  chilena  pericote» 

«En  el  año  de  80  se  experimentó  lo  mismo  en  Valdivia, 
donde  se  vio  el  rio  cubierto  de  pericotes.  Yo  mismo  he  ob- 
servado que  en  las  parte  adonde  no  se  ha  secado  el  co- 
legüe  no  se  ha  sufrido  tal  mal.  Hemos  visto  muchos  perico- 
tes muertos  todos  de  un  mismo  porte^  mayores  que  las  lau- 
chas, casi  todos  pardos  i  algunos  enteramente  blancos.» 
(Relación  manuscrita  de  un  viaje  hecho  por  O'Higgins  a 
Nueva  Osorno  a  fines  del  siglo  XVJII.) 

De  manera,  pues,  que  resumiendo,  la  práctica  es  lla- 
mar pericotes  a  los  jigantes  de  la  familia,  ratones  a  los 
granaderos,  ratas  a  los  de  talla  mediana,  i  lauchas  a  la 
menudencia. 

Como  una  laucha,  se  dice  de  una  persona  flaca  i  menu- 
da de  facciones. 

Mientras  ios  gatos  duermen  los  pericotes  se  pasean]  es  r^- 


276  LAZ 

fran  con  que  se  da  a  entender  que  cuando  los  jefes  son 
desidiosos,  los  subalternos  no  tardan  en  hacer  de  las 
su  jas. 


LAVADERO. 

Copiamos  del  Diccionario  de  Salva:  «lavadero. — Provin- 
cialismo de  la  América  Meridional:  El  paraje  del  rio  o 
arroyo  de  donde  se  sacan  arenas  o  pepitas  de  oro, 
que  se  lavan  allí  mismo,  ajitándolas  dentro  de  una  nave- 
ta de  cuerno  en  la  corriente  del  agua.» 


lavatorio. 

En  España  nuestro  lavatorio  es  lavabo  (neolojismo.J  Los 
diccionarios  no  lo  traen  en  esta  acepción.  Domínguez  dice 
que  lavabo  es  un  estuche.  Sinembargo,  en  Madrid  nues- 
tros lavatorios  se  llaman  lavabos. 


LAZO. 

De  esta  voz  sí  que  puede  decirse  que  es  un  verdadero 
provincialismo  de  los  paises  situados  en  la  parte  sur  de  la 
América  Meridional;  pero  un  provincialismo  tan  necesario 
i  propio  que  es  realmente  extraño  no  haya  sido  aceptada 
ya  por  la  Academia.  En  efecto,  puesto  que  en  Chile  i  re- 
públicas platenses,  el  gobierno  de  los  animales  que  pacen 
sueltos  por  los  campos  se  verifica  por  medio  de  una  larga 
tira  de  cuero  torcido  o  trenzado,  que  termina  en  un  lazo 
corredizo  con  el  cual  los  guasos  los  enredan  i  cojeii 
i  puesto  que  era  preciso  poner  un  nombre  a  ese 
instrumento,  ¿qué  otro  mas  propio  i  expresivo  habria  sido 
posible  darle  que  el  de  lazo?  Si  una  de  las  acepciones  de 
esta  voz  es  la  cuerda  de  hilos  de  alambre^  de  cáñamo  o 
de  cerdas,,  con  su  lazada  corrediza,  que  asegurada  en  el 
suelo  sirve  para  cojer  conejos,  perdices,  etc.  ¿no  era  na- 
tural que  se  llamase  lazo  el  látigo,  que  con  su  lazada  corre- 
diza también^  asegurado  al  pegual  del  avio^  sirve  para  ca- 
zar toros  montaraces  i  potros  cerriles? 


LAZ  277 

Engañólo  por  tanto  un  sentimiento  poco  justificable  de 
amor  patrio  al  señor  Cuervo  cuando,  al  tratar  del  pro- 
vincialismo colombiano  equivalente  a  lazo  escribió  en  sus 
Apimtaciones: 

«Como  ocasionarla  notoria  confusión  el  pretender  nom- 
brar el  rejo  de  enlazar  de  nuestros  campesinos  con  otra 
voz  mas  propia,  como  lazo  (este  es  el  nombre  usado  en 
Buenos  Aires  i  otros  puntos  de  la  América  austral)  soga 
etc.,  nos  abstenemos  de  indicar  variación  a  este  res- 
pecto.» 

Que  lazo  es  mas  propio  que  rejo,  el  mismo  señor  Cuer- 
vo lo  confiesa.  Que  no  existe  el  peligro  de  la  confusión, 
nos  los  dice  la  experiencia,  i  también  el  discurso,  pues  él 
solo  ocurre  cuando  se  emplea  una  misma  palabra  para 
designar  objetos  distintos  i  cuyos  nombres  suelen  andar 
en  los  labios  de  unas  mismas  personas  u  ocurrir  con  fre- 
cuencia alternativamente  en  una  misma  conversación. 
Pero  ¿qué  peligro  cabe  de  confusión  entre  el  lazo  de  la 
modista^  i  el  tendido  por  el  desalmado  calavera  a  la  ino- 
cente niña,  i  el  que  lleva  el  vaquero  a  los  corriones? 

Por  lo  demás  niliil  nomim  sub  solé.  Salomón  lo  dijo,  i 
el  señor  Cuervo  lo  prueba  en  lo  que  respecta  al  lazo  con 
la  siguiente  cita  de  Herótodo,  en  que  el  venerable  padre 
de  la  historia  profana  describe  el  modo  de  guerrear  de 
los  Sagarcios,  pueblo  de  la  antigua  Persia: 

«No  usan  armas  algunas,  ni  de  cobre,  ni  de  hierro, 
escepto  puñales;  se  valen  de  cuerdas  de  cueros  retorcidas 
i  confiados  en  éstas  van  a  la  guerra.  Su  modo  de  pelear 
es  el  siguiente:  así  como  vienen  a  batalla  con  el  enemi- 
go, tira  cada  uno  su  cuerda  que  tiene  en  la  punta  una 
lazada  corrediza,  i  ora  le  caiga  a  un  caballo,  ora  a  un 
hombre,  sea  lo  que  fuere,  lo  arrastran  así  i  perece  en- 
redado en  el  lazo.y> 

(Heródoto.  — Polimnia. ) 

(«Pláceme  ver  en  la  llanura  al  guaso 
Que,  al  hombro  el  poncho,  rápido  galopa, 
I  con  certero  pulso  arroja  el  lazó 
Sobre  la  res  que  elije  de  la  tropa.» 

(Bello.— jE*/  Campo.) 
Lacear,  es  cojer  con  el  lazo,  echarlo. 


278  LEP 


LECHUZA. 


Llaman  así  los  mineros  al  tiro  que  se  pierde  por  haber 
sido  mal  preparado. 


leído,  a. 

Dicen  vulgarmente  en  Chile  de  la  persona  que  ha  leido 
muchos  libros,  que  es  ihistrada,    que  goza  fama  de  docta. 

La  jente  culta  se  abstiene  de  usar  leido  en  la  indi- 
cada acepción,  olvidando  quizá  que  ella  es  mui  castiza  i 
está  autorizada  por  la  práctica  de  los  buenos  escritores. 

«A  lo  cual  Pedro  respondió,  que  lo  que  sabia  era  que 
el  muerto  era  un  hijodalgo  rico,  vecino  de  un  lugar  que 
estaba  en  aquellas  tierras,  el  cual  liabia  sido  estudiante 
muchos  años  en  Salamanca,  al  cabo  de  los  cuales  habia 
vuelto  a  su  lugar  con  opinión  de   mui  sabio  i  mui  leido.u 

(Cervantes. —  Quijote.) 


LENGUISTA. 

Asevera  el  señor  Gormáz  que  lenguisla  no  existe  i  que 
debe  decirse  lengüero. 

Lenguisti  i  también  lingüista  se  han  usado  por  buenos 
escritores;  aunque  que  el  señor  Baralt  observe  con  razón 
que  estos  vocablos  no  nos  hacen  falta,  teniendo  como  te- 
nemos a  filólogo  i  a  poligloto. 

En  cuanto  a  lengüero  ignoramos  de  dónde  puede  ha- 
berlo sacado  el  autor  de  las  Correcciones  lexigráficas. 


LEPIDIA. 

Lepidia  es  el  nombre  vulgar  de  la  indijestion. 
Lepidia   de  calambre,   es   la  que,  ademas  de  vómitos  i 
evacuaciones,  causa  dolores   agudos  i  contracción  de  los 


LES  279 

nervios.  Su  nombre  científico  es  cólera  europeo,  nostra  o 
esporádico,  i  la  jente  que,  siendo  ilustrada  no  es  sin  em- 
bargo de  la  facultad,  suele  llamarla  también  colerina. 


LESO,   A,     URA,     EAR. 


Leso,  a,  es  im  adjetivo  que  usamos  en  Chile  para  desig- 
nar a  las  personas  que  pertenecen  a  aquella  numerosísi- 
ma familia  de  los  72ecios,  que  el  señor  don  Francisco  de 
Quevedo  dividió  en  tres  especies:  una  de  los  necios  pro- 
piamente dichos,  otra  de  los  majaderos  o  mazacotes,  i  la 
tercera  de  los  modorros. 

Si  eso  significa  leso,  excusado  parece  advertir  que  le- 
sura o  lesera  equivaldrá  a  necedad,  imbecilidad,  maja^ 
deria. 

Lesear  es  decir  o  hacer  cosas  propias  de  necios. 

.    ((También  dicen  estos  tales. 
Cabezones  i  sin  sesos, 
¡Vé  como  tienen  los  lesos 
Rodeado  a  Pedro  Vrdemalesíí) 

(Gü  A  JARDO. — Los  Tacladores.) 

(cPues  ¿quién  es  ese  hombre  extraordinario  que  propo- 
nes?— Ya  no  tengo  en    quien  pensar.    ¿Será  talvez    el  co- 
ronel Baquedano?  A  lo  que  Bórquez  responde:  No  señor^ 
Presidente,  es  el  jeneral  Cruz,  jQué  lesiü^a  tan  grandel» 
(Vicuña  Mackenna. — Diego  Portales.) 

En  el  Perú,  por  leso,  lesura,  dicen  liso^  lisura ,  si  bien 
el  señor  de  Arona  niega  resueltamente  la  equivalencia  de 
aquellos  a  estos  vocablos  en  el  artículo  de  sus  Apuntes 
que  les  dedica,  i  que  es  como  sigue: 

«Liso.— Terco,-  bruñido,  alisado  en  su  acepción  jenui- 
na  i  figuradamente,  i  talvez  con  abuso  entre  nosotros, 
impávido,  fresco,  desfachatado,    descocado,  atrevido,  etc. 

«La  mujer  que  va  por  la  calle  i  se  ve  sorprendida  por 
una  galantería  dicha  con  la  mayor  llaneza  i  frescura,  ha- 
ce un  dengue  i  csclama:  ¡Qué  hombre  tan  liso! 


280  LID 

«Algunos  chilenos  al  llegar  a  Lima  se  sorprenden  agra- 
"dablemente  creyendo  encontrarse  con  su  leso,  pero  pron- 
to sufren  un  cruel  desengaño,  por  que  la  lisura  es  la  gra- 
<jia  llevada  hasta  la  impavidez,  i  la  lesera  es  la  total  ca- 
rencia de  gracia.» 

«Este  usadísimo  adjetivo  tiene  superlativo  i  es  mui  co- 
rriente oir  de  algún  fulano:  (<que  está  lisísimo.)} 

El  señor  de  Arona  procede  mui  patriótica,  aunque  no 
mui  fraternalmente  con  nosotros,  echándonos  encima 
para  que  llevemos  solos  la  doble  carga  de  los  lesos  i  de  la 
lesera,  i  reservándose  para  sí  la  mui  liviana  de  los  lisos  cGn 
su  liswa  que  es  la  gracia  llevada  //asta  la  impavidez.  Pero 
isi  en  el  Perú  llaman  lisos  a  los  graciosos  ¿cómo  acostumbran 
llamar  a  los /6?5os?  O  de  la  falta  del  nombre  ¿hemos  de  de- 
ducir que  no  existe  la  cosal 

La  verdad,  dicha  sin  agravio  de  nuestros  hermanos 
■de  la  ciudad  de  los  Reyes,  es  que  no  hai  diferencia 
sustancial  entre  un  leso,  i  un  liso,  i  que  la  que  ha  creido 
notar  el  señor  de  Arona  proviene  de  que  hai  bocas  (i  en 
Lima  mas  que  en  ninguna  parte)  capaces  de  salar  la 
misma  lesura  i  de  decir  a  un  majadero:  «No  .sea  Usted  /«*- 
so\r>  con  un  acento  i  una  gracia  propios  para  hacer  que 
el  ofendido  caiga  en  la  tentación  de  contestar:  «Desde 
hoi  hago  firme  propósito  de  serlo  mientras  viva,  para  me- 
recer de  -esos  corales  denuestos  semejantes!» 

Por  via  de  posdata  copiamos  el  siguiente  parrafillo 
del  Diccionario  etimólójico  de  Monlau: 

uFeo,  en  francés  es  latd  i  en  catalán  lletj,  derivado  de 
doesus,  participio  de  loidere,  dañar,  ofender;  como  quien 
dice  leso,  dañado,  ofendido,  poco  favorecido,  defor- 
mado.D 

{flbra  citada,  voz  feo.) 


LIBRILLO. 


Es  el  nombre   vulgar  que  tiene  en  Chile  el  tercer  es- 
tómago de  los  rumiantes. 


LIO  281 


LICORERA. 


Ko  encontramos  esta  voz  en  los  diccionarios.  Es,  sin 
embargo,  tan  bien  formada  como  lechera,  cafetera,  azu- 
carera, etc.,  i  por  eso,  i  porque  frasquera^  si  denota  la  caja 
en  que  se  guardan  frascos,  no  indica  lo  principal  que 
es  el  licor  contenido  en  ellos,  nos  atrevemos  a  defender 
su  uso  i  a  recomendar  a  la  Academia  su  adopción. 


LIMAO. 


Véase  chueca. 


LIMO. 


Llamamos  así  al  árbol  que  da  limas.  El  Diccionario, 
que  no  conoce  otro  limo  que  aquél  de  que  formó  el  Divino 
Artífice  el  cuerpo  de  nuestro  padre  Adan^  llama  al  árbol 
de  que  hablamos  lima  o  limonero. 


LINA,    UDO,   A. 


Provincialismos  chilenos,  por  lana,  lanudo.  Se  aplica 
jeneralmente  a  las  ovejas  de  lana  larga:  «Es  muí  liiiuda: 
tiene  la  lina  laxxi  larga.» 


LIONA,  ERO,  A. 


¿Cuántos  de  los  qué  usan  estos  vocablos  se  habrán 
imajinado  alguna  vez  que  ellos  son  de  antigua  i  noble 
alcurnia?  ¿I  cuántos  van  a  caer  en  tentación  de  incredu- 
lidad al  saber  que  nuestra  vulgar  liona  procede  en  línea 
recta  de  la  que  fué  en  un  tiempo  la  ilustre,  activa  i  po- 
pulosa Liorna,  (i  que  hoi  tiene  todavía  cerca  de  cien  mil 
habitantes?) 


3« 


282  LIS 

Esta  ciudad,  que  pertenecía  a  los  jenoveses^  a  quienes  en 
1421  fué  comprada  por  Florencia  deseosa  de  «er  una 
potencia  marítima,  adquirió  tal  importancia  en  el  siglo 
XVI  i  llegó  a  tener  un  comercio  tan  activo,  que  para  in- 
dicar un  lugar  de  desorden,  de  confusión,  de  mucho  mo- 
vimiento se  dijo:  es  una  Liorna,  como  solemos  decir  toda- 
via:  es  ima  Babilonia,  ^^idi  Liorna,  al  aclimatarse  en  Chile 
(ignoramos  si  se  usa  en  algún  otro  punto  de  América) 
perdió  juntamente  con  lar  el  recuerdo  de  suoríjen,  i  hoi 
llamamos  lionas  a  los  alborotos,  como  llamamos  lulos  a  los 
que  son  largos  i  flacos,  porque  así  se  les  llama. 

Que  Liorna  se  usó  en  el  sentido  arriba  indicado,  prué- 
balo el  siguiente  pasaje: 

«Vóime  a  buscar  un  arriero, 
Tomo  el  portante  mañana 
I  huyendo  de  esta  liorna 
No  paro  hasta  la  montaña. >) 
(hh  I  ZARATE. — Un  año  después  de  la  boda.) 

Que  la  recta  pronunciación  de  la  palabra  es  liona  i  no 
leona,  no  hai  para  que  advertirlo  después  de  lo  dicho. 

Que  aun  los  mas  ilustrados  de  nuestros  escritores  no  han 
atinado  con  suetimolojía  i,  creyendo  sl  liona  derivada  de 
león,  han  escrito  leona,  se  ve  en  estas  cuatro  líneas  que 
copiamos  de  la  Historia  de  Saiitiago  del  señor  Vicuña 
Mackenna: 

«Porque  si  es  verdad  que  sus  tropas  (las  de  don  José 
Miguel  Carrera)  eran  de  leones,  especialmente  sus  oficia- 
les, sus  campañas  fueron  por  lo  mismo    solo  una  leona.y> 

Lionero  es  el  que  siempre  anda  formando  alborotos, 
desórdenes,  zalagardas,  etc. 

Alionado,  de  significación  mui  semejante  al  anterior, 
aunque  mas  subjetiva. 

Véase  alionar. 


LIS. 

Llaman  así  los  mineros  al  mercurio,  descompuesto  en 
la  amalgamación  que  el  agua  arrastra  juntamente  con 
los  residuos  mas  pulverizados  del  mineral. 


LO  283 


LIÚDO,     A,    LIUDEZ. 

Talvez  del  quichua  llullo,  blando,  tierno,  flexible^ 

El  sentido  que  el  uso  vulgar  le  atribuye  es  el  de  lacio, 
marchito,  descaecido.  Se  aplica  principalmente  al  cuer- 
po humano  para  indicar  el  efecto  que  produce  en  loa 
miembros  un  calor  excesivo. 

Llullo,  o  mas  propiamente  yuyo,  es  el  nombre  de  una 
yerba  de  nuestra  flora,  no  por  cierto  de  las  mas  endebles; 
1  sin  embargo  para  dar  a  entender  que  sentimos  una  gran 
laxitud  en  los  miembros  decimos  que  tenemos  el  cuerpo 
como  un  yuyo-  ¿No  habría  en  esa  frase  como  una  remi- 
niscencia del  sentido  que  tiene  en  quichua  la  palabra  que 
sirve  de  nombre  a  la  yerba  de  que  tratamos? 

Liudez  y  laxitud. 

LÍVIDO. 

No  es,  como  muchos  creen,  sinónimo  de  pálido, 
«Ésta  estaba  lívida.^  (Una  niña  por  un  gran  susto.) 

(JoRJE  IsAACS. — María.) 

«Abrió  el  billete  i  apenas  le  echó  una  mirada  cuando 
una  palidez  livida,y>  etc. 

[La  San  Felice  por  Dumas,  traducción  de  El  Ferrocarril.) 

También  nosotros  (¡Dios  nos  perdone!)  cometimos  el  pe- 
cado que  estamos  censurando: 

«Bajé  al  pueblo  i  me  encontré  con  los  del  baile:  los  hom- 
bres iban  borrachos,  las  mujeres  lívidas,  i  todos  soño- 
lientos.» 

[Loco  Eustaquio.) 
Lívido,  no  es  pálido  sino  amoratado. 

LO   DE. 

Lo  de,  que  se  usa  solo  por  la  jente  del  campo  es  un 
«xacto  equivalente  de   la   preposición  francesa  chez, — ¿A 


284  LO 

dónde  estás   alojado?— Lo   de  mi  compadre  el  inspector^» 
esto  es  «en  casa  de  mi  compadre  el  inspector.» 

Cuando  el  sentido  del  verbo  así  lo  exije  se  antepone  a 
lo  deis,  preposición  a. 

*'Fuí  a  ¿o  de  D.   Samuel" 

(MüRiLLO. — Una  víctima  del  honor.) 

En  vez  de  la  locución  indicada,  los  mas  ignorantes  entre 
los  rotos  i  destripaterrones  suelen  usar  la  preposición  chi- 
lena e;zía:  «Fui  e7ita  D.  Samuel.»  «Voi  a  demandarte  eíita 
el  subdelegado.» 

No  pasaremos  en  silencio  tampoco  el  uso  que  hace- 
mos de  lo  anteponiéndolo  al  apellido  de  los  propetarios 
de  los  fundos  para  formar  el  nombre  propio  de  éstos. 
Así  por  ejemplo,  la  hacienda  que  perteneció  m  illo  tem- 
pore  a  un  Aguirre,  se  llama  hoi  Lo  Aguirre:  la  chacra  cu- 
yo dueño  fué  un  López,  es  conocida  con  el  nombre  de 
Lo  López,  etc.  ¿Qué  decir  de  semejante  costumbre?  La  hemos 
visto  consurada  por  la  prensa,  pero  en  virtud  de  razones 
que  en  nuestro  concepto  no  son  tales. 

Para  nosotros,  que  no  hemos  aceptado  nunca  la  teoría 
del  señor  Bello,  según  la  cual,  en  construcciones  como  lo 
bueno,  el  lo  seria  sustantivo  i  bueno  adjetivo;  para  noso- 
tros que  creemos  precisamente  lo  contrario,  nada  tiene 
de  raro  que  la  idea  compleja  que  traen  a  la  imajina- 
cion,  Aguirre  o  I^opez  en  las  locuciones  citadas  sea  mo- 
dificada por  el  artículo  lo. 

En  confirmación  de  lo  dicho  copiamos  el  siguiente 
pasaje  del  Diccionario  etimolójico  de  Monlau,  voz  Espa- 
ña: 

^''Segun  unos  España  se  llamó  primeramente  Pania,  de 
Pan,  capitán  de  Baco  i  gobernador  que  fué  de  nuestro 
territorio,  así  como  Luso  dio  nombre  a  Lusitania  (el  Por- 
tugal) añadiéndose  la  s  o  is  i  diciéndose  Spania,  Hispania, 
bien  por  mera  eufonía,  bien  como  equivalente  a  lo  de,  esto 
es  lo  de  Pan,  lo  que  poseia  o  administraba  el  gobernador 
Pan  en  aquellos  tiempos  ante  históricos.» 

Nuestro  colaborador  el  señor  Páulsen  no  cree  necesario 
recurrir  a  la  gramática  para  defender  la  locución  de  que 
tratamos. 

He  aquí  su  doctrina: 

«Para  explicar  la  simple  supresión  de  la  preposición  de 


LOO  285 

no  recurriremos  a  la  gramática.  La  supresión  de  esta  de 
es  comunísima  en  castellano:  hojalata,  telaraña,  Puerto 
Cabello  o  Puertocabello,  Puertomontt,  o  Puerto  Montt, 
(que  a  no  dudarlo  será  andando  el  tiempo  Puertomon.^^ 

(cMe  parece  ridículo  anteponer  el  lo  a  los  nombres  de 
fundos  siempre  que  con  ellos  se  designen  lugarejos  o  gran- 
des propiedades  que  puedan  considerarse  ya  como  puntot 
jeogrcificos.  Así  se  dirá:  Espejo,  Águila,  Aguirre,  i  no  Lo 
Espejo,  etc.  Sin  embargo,  si  se  trata  de  designar  la  pro- 
piedad del  señor  Espejo,  del  señor  Águila,  del  señor 
Aguirre,  se  dirá  mui  bien:  lo  de  Espejo,  lo  de  AguilUy  lo 
de  AguiíTe.  Yerran,  pues,  groseramente  los  que  datan  sus 
cartas:  Lo  Espejo  o  sea  Lo  de  Espejo, y) 


LOBO,   A. 

Adjetivo  chileno  que  acaso  no  tiene  equivalente  en  cas- 
tellano: el  que  mas  se  le  acerca  es  arisco. 

LOCADOR. 


«En  el  completo  desgreño  que  reinaba  entre  los  mue- 
bles i  demás  objetos  que  poblaban  aquella  pieza,  se  veía  el 
sello  del  carácter  de  su  locador.y> 

(A.  Blest  Gana. — El  ideal  de  un  calavera,) 

El  Diccionario  nó  trae  a  este  locador,  que  en  castellano 
será  habitador  o  morador. 

«Eran  ya  casi  las  doce  del  dia,  i  la  dicha  casa  estaba 
cerrada  por  fuera,  de  lo  que  colijieron,  o  que  no  comían 
en  ella  sus  moradores  o  que  vendrían  con  brevedad.» 

(Oervántes.— Zfí  Tia  finjida.) 


LOCERO,   A. 

Para  designar  a  la  persona  que  tiene  por  oficio  fabricar 
ollas,  cántaros,  fuentes  i  otras  vasijas  de  barro,  no  es  mal 
formado;  pero  lo  castizo  i  autorizado  es  alfarero. 


286  LON 

LOCO   (perro/ 


•    Al  perro  enfermo  de  hidrofobia^  que  en  español  se  lla- 
ma perro  rabioso,  llamamos  nosotros  vulgarmente  loco, 

LOGRO. 


Es  un  guiso  que  se  hace  de  frangollo  (trigo  triturado^  i 
de  carne  cocida. 

El  locro  anterior  es  el  mondo  i  lirondo.  Hai  otro  que 
se  llama  locro  falso,  mas  conocido  que  el  verdadero,  que 
se  compone  de  zapallo,  porotos  tiernos^  papas,  maiz  i  hue- 
vos. Es  plato  obligado  en  las  comidas  de  Cuaresma. 


LOICA. 

Dice  el  S.  Gormaz  en  sus  Correcciones,  que  debe  decir- 
se Uóica,  i  se  equivoca,  pues  es  lloicay  consonante  de  chica. 


LONCO. 

Es  voz  araucana  i  significa  cabeza. 

La  usa  nuestro  pueblo  en  dos  acepciones:  1.*  indicando 
cierta  parte  de  los  estómagos  de  la  vaca  que  contiene  el 
cuajo  con  que  se  corta  la  leche  para  hacer  quesos:  i.  2.* 
como  sinónima  de  pezcuezo  o  cuello. 

Dacia  un  periódico  de  provincia,  dando  cuenta  de  un 
asesinato: 

«El  miércoles  de  la  presente  semana  ha  sido  traido  al 
cuartel  de  policía  de  esta  ciudad  (Curicó)  el  cadáver  de 
José  Manuel  Sepúlveda,  encontrado  en  el  lugar  denomi- 
nado la  Cordillera,  degollado  horriblemente  i  casi  con  el 
lonco  enteramente  cortado.» 


{Sufrajio  19  Dic.  de  1873. 


LUC  287 


LONGAMINIDAD. 


Suelen  decir  algunos.  Debe  decirse  longanimidad* 


LORD. 


No  debe  usarse  sin  el  artículo,  diciendo  como  se  lee  en 
los  diarios  aLord  Palmerston  tomó  la  palabra»)  etc.  Lo  mas 
elegante  i  castizo  es  decir,  como  Puigblanch  [Opúsculos 
gramático  satiricos):  ((Calificó  el  dómine  de  oportuna  mi 
observación,  i  añadió  para  corroborarla  que  habiendo  el 
lord  Holland,  formado  un  alto  concepto  del  mérito  de 
Jovellanos»  etc. 

El  señor  Bello  en  su  Gramática,  dice,  empero,  que  es 
preferible  no  anteponer  el  artículo. 


LUCHE. 


Es  esta  una  voz  araucana  [linche  o  luché)  de  que  nos  va- 
lemos para  designar  una  jerbecilla  del  mar,  buena  para 
comer. 

Como  un  luche,  mui  arrugado. 

LUCHO. 


Juego  mui  conocido  de  los  niños^  es  decir  de  todos  los 
chilenos  que,  o  lo  son  actualmente  o  en  su  tiempo  lo  fue- 
ron i  en  un  pié    jugaron  a  aquél. 

En  Bogotá  llaman  al  lucho,  golosa,  i  en  España  infer- 
náculo o  reinamora,  aunque  del  primero  de  estos  dos  vo- 
cablos se  haya  olvidado  la  Academia  en  la  última  edi- 
ción de  su  Diccionario. 


288  LUN 

1.UEG0,    ITO,  ITITO. 


Este  adverbio  de  tiempo  se  usa  por  nuestros  guasos  co- 
mo si  fuera  de  lugar  i  equivaliera  a  cerca. 

Lueguito,  es  mui  cerca,  i  lueguititOyCerca  en  extremo,  ca- 
si al  alcance  de  la  mano. 

—  «Oiga  cumpita  de  las  velas  i  perdone:  ¿para  dónde  va 
tan  de  prisa? 

— Voi  aquí  lueguitito,  señor,  contestó  el  hombre,  pa- 
rando su  macho.» 


[Huérfano.] 


LULO. 


Posible  derivado  del  quichua   ¿hdlu,  brote,  pimpollo. 

El  lulo  es  cualquier  objeto  a  que,  contra  su  naturaleza  i 
ordinario  ser,  se  hace  tomar  la  figura  de  un  largo  i  del- 
gado cilindro.  La  mujer  que  anda  con  la  ropa  pegada  al 
cuerpo,  máxime  si  es  alta  i  ñaca,  anda  como  wi  lulo.  Se 
hace  un  lulo  de  una  tira  de  papel  enrollándola,  de  un  pe- 
lotón de  masa  que  se  soba  sobre  una  mesa  con  el  ulero  o 
lulero,  de  un  árbol  que  se  despoja  de  sus  ramas,  etc. 

LUMBRERA. 

Llaman  los  mineros  a  los  piques  que  son  mas  inclinados 
que  los  chiflones, 

LUNCH. 

Dice  sobre  esta  voz  el  señor  de  Arona:  «Lunch.— Pala- 
bra inglesa  que  ha  desterrado  por  completo  i  sin  motivo 
la  española  de  once.  ¿Qué  mas  dice  tomar  lunch  que  hacer 
las  once'^.  Nada,  absolutamente  nada.  Pero  cuando  los 
pueblos  i  las  lenguas  llegan  a  su  apojeo  todo  en  ellos  es 
bueno  i  hai  que  aceptarlo,  i  cuando  están  decaídos,  nin- 
guno de  sus  tesoros  se  aprecia.  Con    una   gran  parte  del 


LLEV  289 

vocabulario  español  sucede  lo  que  con  los  grandes  terrenos 
de  un  fundo  abandonado:  que  están  eriazos,  valiendo  menos 
por  consiguiente  qu  une  petite  ferme  pauvi^e,  mais  bien 
cultivéé.n 

Acerca  de  la  misma,  observa  el  señor  Cuervo: 
«No  es  difícil  que  se  tenga  por  rústico  i  palurdo  a  quien 
use  entre  las  llamadas  personas  de  tono  la  castiza  locución 
que  da  motivo  a  esta  observación  [tomar  las  once)  porque 
en  esas  rejiones  suele  tomarse  a  la  inglesa  un  lunch.  Co- 
mo a  estas  cosas  se  espone  uno  tratando  con  necios.» 


LUNES  (hacer  san). 

De  lámala,  i  por  desgracia  cada  dia  mas  jeneral,  cos- 
tumbre que  tienen  nuestros  paisanos  artesanos  i  gañanes 
de  destinar  los  lunes  de  todas  las  semanas  a  malgastar  en. 
remoliendas,  parrandas,  picholeos  i  borracheras  el  dinero 
ganado  en  la  semana  i  no  alcanzado  a  malgastar  el  do- 
mingo, ha  nacido  la  frase  hacer  san  lunes,  que  vale  no  asis- 
tir en  este  dia  a  las  tareas  acostumbradas  o  al  trabajo 
convenido. 


LLEVARSE   (a  ALGUNO  POR  DELANTE.) 

Los  diccionarios  traen  llevarse   de   calles,  esto  es  atro' 
pellavj  arrollar,  que  es  como  debe  decirse. 


ar 


M 

MACANA,    AZO. 


La  Academia  ha  dado  cabida  en  su  Diccionario  a  esta 
voz,  definiéndola  aarma  defensiva  de  que  usan  los  indios.» 

La  macana  es,  según  entendemos  en  Chile,  el  palo  que 
ocupa  como  un  término  medio  entre  el  garrote  i  la  clava. 
La  macana  es  un  garrote,  mas  los  nudos,  i  una  clava, 
menos  las  puntas  de  la  cabeza. 

«Claro  se  vieron  picas  i  macanas 
En  iguales  hileras  todas  juntas.»  ^ 

(Álvarez  de  Toledo.— Pwre^  indómito,) 

«Solo  Arango  tiró  un  arcabuzazo 
Sin  dejarle  poner  derecho  el  punto 
Que  le  dio  Songobilo  nn  macanazo, y> 

(id.  id.) 


MACHACAR,  MACHUCAR. 


El  señor  Cuervo  explica  perfectamente  el  sentido  de  ca- 
da una  de  estas  voces,  que  usamos  en  Chile  como  equi- 
valentes, diciendo: 

«Cuando  machacamos  algo  lo  quebrantamos  i  desmenu- 
zamos a  poder  de  golpes,  como  por  ejemplo,  los  ajos; 
cuando  machucaynos  no  hacemos  sino  golpear  i  ocasionar 


292  MAC 

lina  contusión,  como   en   los    dedos  de  las   manos  o   los 
pies.» 

«Llegó  otra  piedra  i  dióle  en  la  mano  i  en  el  alcuza 
tan  de  lleno  que  se  la  hizo  pedazos,  llevándole  de  camino 
tres  o  cuatro  dientes  i  muelas  de  la  boca  i  mac fincándole 
malamente  dos  dedos  de  la  mano.-» 

(Cervantes. — Quijote.) 

((Tómense   cohombrillos   silvestres  i  machacados^  pón- 
ganse a  hervir  en  agua  e  infúndase  ésta    sobre  el  casco.» 
(Banqueri. — Agricultura  de  Abú  Zacaria.) 

Para  no  dejar  nada  en  el  tintero  solo  resta  advertir 
que  la  significación  de  las  voces  de  que  se  trata  en  este 
párrafo,  como  ella  queda  establecida,  tiene  en  su  contra 
al  famoso  caballero  español  don  Diego  Pérez  de  Vargas, 
que  por  haber  machacado  en  una  batalla,  con  su  macana 
cantidad  prodijiosa  de  moros,  se  llamó  en  adelante  don 
Diego  Pérez  de  Vargas  Machuca.  Pero  aunque  el  tal  sea 
todo  menos  que  una  golondrina,  no  alcanza  sin  embargo 
a  hacer  verano. 


MACHA JE. 


Voz  útil  en  los  campos  donde  se  la  emplea  para  de- 
signar el  conjunto  o  reunión  de  los  animales  machos 
de  un  ganado. 'Se  usa  mucho  en  Chile  i  mas  todavía  que 
en  Chile  en  la  República  Arjentina. 

Véase  un  ejemplo  en  el  párrafo  destinado  a  hembraje. 


MACOLLAR. 


Amacollarse  es  como  manda  el  Diccionario. 

Una  que  otra  vez,  si  la  memoria  no  nos  engaña,  hemos 
oido  emplear  este  verbo  con  todas  sus  letras,  aunque  en 
la  forma  activa,  pero  en  el  sentido  de  atesorar^  guardar^ 
que   es  completamente  caprichoso. 


MAL  293 


MACUCO. 


De    nso  no  mui  jeneral.  Equivale   a  taimadoy  astuto, 
',orrocloco. 


MACUQUINO,    A. 

Aíljetivo  que  se  aplicaba  a  la  antigua  moneda^  llamada 
también   de  cruz. 

«Este  mismo  objeto  tiene  la  plata  macuquina  i  con  el 
mismo  fin  se  acunan  los  cuartillos,  etc.» 

(Horacio  i  Salustio. — Aurora  de  Chile.) 

MACURCA. 


El  dolor  que  siente  en  los  muslos  i  cintura  la  persona 
que,  sin  tener  costumbre,  entra  a  una  mina  o  hace  una 
caminata  o  viaje  a  caballo.  El  equivalente  español  es 
agujetas^  desconocido  en  Chile. 


MADRINA. 


Costumbre  es  de  nuestro  pais  i  de  otros  que  cada  recua 
tenga  una  yegua  que  con  su  cencerrro  al  pezcuezo  sirva 
a  aquélla  de  guia  en  los  viajes.  A  esta  yegua  (probable- 
mente por  habérsela  imajinado  los  arrieros  madre  adop- 
tiva de  las  muías  i  machos  de  la  recua)  llaman  madrina. 
Camina  sola  a  veces,  i  otras  montada  por  un  muchacho 
que  se  designa  con  los  nombres  de  marucho  o  marinero. 

MALDITO. 

Nombre  que  dan  las  monjas  i  mujeres  piadosas  al  Dia- 
blo. 


294  MAL 

Estar  alguno  /techo  el  maldito,    es    familiarmente  estar 
alguno  en  su  hora  de  chistoso,  zumbón  i  decidor. 


MALO. 


Usase  como  el  anterior  en  la  primera  de  las  dos  acep- 
ciones notadas,  que  es  castiza  como  se  ve  por  el  siguiente 
pasaje  del  Quijote: 

«Al  entrar  de  la  cual  (ciudad  de  Barcelona)  el  malo,  que 
todo  lo  malo  ordena,  i  los  muchachos  que  son  mas  malos 
que  el  malo,  etc.» 

Como  adjetivo,  malo  en  frases  semejantes  a  ésta:  «Pe- 
dro no  asistió  ayer  a  su  oficina  porque  estuvo  malón,  da  a 
entender  a  la  española  que  no  pudo  asistir  porque  estuvo 
enfermo.  A  la  chilena  no  significa,  empero,  eso,  sino  es- 
totro: «Pedro  no  pudo  asistir  a  la  oficina  porque  estuvo 
ayer  gravemente  enfermo,  ew  peligro  de  muerte. n 

MALÓN,  MALOQUEAR,  MALOCA. 

Vienen  estas  tres  voces  de  las  palabras  araucanas 
malón  i  malocan,  con  que  los  bárbaros  de  ultra  Biobío 
nombran  las  correrlas  que  hacen  en  tierra  enemiga,  ma- 
tando, robando,  incendiando  i  cometiendo  todo  jénero  de 
atrocidades. 

Maloquear  a  alguno,  es  tomarlo  por  objeto  i  hacerlo  víc- 
tima de  un  asalto. 

Malón  o  maloca,  es  la  acción  de  maloquear. 

Malón  ha  tenido  la  fortuna  de  ser  aceptada  por  los  dia- 
ristas i  escritores  políticos,  fortuna  que  es  fácil  explicar- 
se, ya  por  no  existir  en  castellano  una  palabra  equiva- 
lente, ya  por  la  enerjía  que  le  prestan  su  oríjen  bárbaro 
i  el  cúmulo  de  atrocidades  que  trae  a    la  imajinacion. 

«Una  noche  se  envió  una  partida  de  bandidos  en  com- 
binación con  la  policía  i  la  escolta  del  presidente  a  dar 
un  malón  a  los  miembros  de  la  junta  directiva  de  la  So- 
ciedad de  la  Igualdad.» 

(Francisco  Bilbao.—  Carta  a  Santiago  Áreos.) 


'  MAM  295 

MALTÓN,     ONA,    ONCITO,    A. 


Viene  este  adjetivo  del  quichua  mallta,  nombre  que  se 
da  al  cordero  i  ternero  de  uno  hasta  dos  años. 

Nuestro  pueblo  lo  usa  aplicándolo  indistintamente  a  las 
personas  i  animales  para  indicar  que^  sin  haber  llegado  al 
máximun  de  su  desarrollo  físico,  se  aproximan  ya  a  él. 
Una  niña  maltoncita,  es  una  niña  crecida,  i  que  en  uno  o 
dos  años  mas  podria  llamarse  casadera. 


MAMA. 


Mamma  es  voz  latina  i  también  griega,  que  significa 
madrCy  nodriza. 

Mama  por  mamá  es  un  provincialismo  andaluz.  Se  en- 
gañarla no  obstante  quien  creyese  que  el  mama  que  anda 
en  boca  de  todos  los  niños  en  casi  toda  la  América  latina, 
es  descendiente  de  aquel  provincialismo,  como  lo  da  a 
entender  el  señor  Cuervo.  Si  tal  fuese  la  verdadera  eti- 
molojía  de  la  voz  que  consideramos  ¿cómo  explicaríamos 
el  hecho  de  ser  ella  tanto  mas  corriente  cuanto  mas  cerca 
corre  de  la  fuente  quichua,  donde  mama  es  ni  mas  ni 
menos  que  madrel  La  distancia  con  que  la  miramos  los 
descendientes  de  españoles  i  el  apego  natural  que  hacia 
ella  muestran,  indios,  cholos,  guasos  i  rotos,  ¿no  es  un  in- 
dicio claro  que  nos  autoriza  a  creer  que  el  mama  ameri- 
cano, aunque  igual  en  forma  i  en  significación,  ninguna 
relación  de  parentezco  tiene  con  el  mama  de  Andalucía? 

Hemos  dicho  que  mama  se  usa  exclusivamente  entre  el 
vulgo  por  madre  o  mamá;  i  ahora  se  nos  ocurre  agregar 
que  circula  también  entre  las  personas  ilustradas,  pero 
en  sentido  diverso,  pues  entre  ellas^  donde  mamá  se  re- 
serva para  la  madre,  mama  sirve  para  designar  a  la  no- 
driza. 

¿Era  madre  o  nodriza  la  de  estos  versos  de  un  poeta 
colombiano? 


29G  MAM 

«Iba  a  inclinarse  al  abismo 
I  exclamé: — ¡Desventurada! 
Detente:  ¿qué  vas  a  hacer? 
— Voi  a  lavarme  la  cara. 
— ¿I  por  qué  lloras  así? 
— Porque  me  pegó  mi  mama! 

[Dolor  Supremo. 


MAMADA. 


Provincialismo  mui  expresivo,  formado  de  mamar,  i  tan 
de  moda  entre  nosotros  como  en  Bolivia  i  el  Perú. 

A  los  españoles  que  desearan  conocer  con  precisión  la 
idea  que  mamada  representa  les  diríamos  que  es  la  misma 
que  ellos  expresan  con  su  palabra  ganga.  Una  mamada 
es  una  ganga,  ni  mas  ni  menos. 

Dos  ejemplos  ahora  que  comprobarán  cuan  poco  escru- 
pulosos nos  mostramos  para  emplearla  los  que  hacemos  a 
verso  i  prosa^  de  este  i  de  aquel  lado  del  desierto: 

«Esta  entidad  incorpórea 
Esta  ventaja  magnánima 
Magnánima,  sí,  que  su  ánimo 
A  llenar  un  mundo  basta, 
Es  que  las  mujeres  todas 
Tienen  una  gran  mamada; 
Es  que  alcanzan  las  mujeres 
Donde  los  hombres  no  alcanzan.» 

(Juan  de  Arona. — Poesías  peruanas.) 

«¡I  cuánto  es  mas  patriótico 
I  prudente,  i  sensato, 
Preferir  nuestro  inerme  candidato! 
Mientras  dijiera  o  duerma 
Nadie  temerá  nada 
I  será  su  gobierno  una  mamadah 

(Z,  RoDRíauEz.--jLa5  Abejas  elijiendo  Reina») 


MAM  297 


MAMADO,  A»' 


Popular  es  esta  palabra  sobre  todas  las  que  sirven  al 
vulgo  para  designar  a  los  consuetudinarios  adoradores  del 
dios  Baco. 

A  diferencia  de  alegre,  divertido,  cufifo,  apuntado,  que 
indican  la  primera  i  menos  repugnante  de  las  fases  por- 
que sucesivamente  van  pasando  las  víctimas  del  alcohol, 
mamado  se  aplica  (i  lo  mismo  curado  i  rascado)  al  que 
mira  voltear  el  mundo  en  torno  suyo  i  se  siente  vencido 
por  el  peso  de  su  cabeza  e  incapaz  de  tenerse  sobre  sus 
piernas. 

Mamado  corre  también  en  la  República  Arj entina,  según 
se  vé  por  estos  versos  de  Ascásubi: 

üM amaos  atrás  van  llorando 
Los  que  cautiva  faltando, 
Es  decir,  los  que  no  tienen 
Mujer,  desgracia  que  vienen 
Con  la  tranca  lamentando.» 


.  MAMAR,  MAMANDURRIA. 

Muí  usados  en  Chile  por,  disfrutar  favores,  tener  alguna 
pitanza,  ganar  fraudulentamente:  es  en  rigor  castizo. 

No  así  mamarse  a  alguno,  por  engañarlo,  explotarlo. 

Ni  tampoco  en  la  acepción  tan  chilena  de  experimentar^ 
sufrir,  hablando  de  burlas  o  en  sentido  irónico. 

«Ya  comprendo,  señor ¡El  susto   que  se  van  a  ma- 

mar\f> 

{Huérfano.) 

Mamandurria  es  la  acción  i  efecto  de  mamar  qtí  la  pri-^ 
mera  de  las  tres  apuntadas  acepciones.  Compruébanlo  los 
conocidos  i  picarescos  versos  con  que  alguien  parodió  los 
que  formaban  el  coro  de  nuestro  antiguo  himno  nacional: 

1% 


208  MAN 

uCiudadanos  el  amor  sagrado 
De  la  patria  os  convoca  a  la  lid: 
Mamandurria  es  el  grito  de  alarma, 
La  divisa:  lograr  o  morir!» 

MAMPATO,    A. 

Adjetivo  que  se  aplica  a  las  jacas,  i  en  jeneral  a  loá 
animales  i  aves  rechonchos,  de  gran  caja  i  de  cortas 
piernas,  semejantes  a  los  patos. 

A  las  gallinas  retacas  suele  llamárselas  también  pacha- 
chas: a  los  caballos  achaparrados,  petisos  o  chilotes  por 
ser  los  mas  orijinarios  de  Chiloé;  i  a  las  personas  retacas, 
potocas, 

MANCO. 

Del  araucano  mancu  o  mancun^  caballejoy  caballo  flacos 
inservible. 

Manco  i  pingo  sirven  en  Chile  para  nombrar  el  caballo 
de  mala  traza  i  de  poca  alzada,  que  los  españoles  llaman 
rocin. 

Mancarrón,  encarece  aún  la  mala  traza  de  la  bestia,  i 
es  casi  equivalente  al  castizo  matalón. 

Mancarronada ^  es  la  reunión  de  mancos  o  de  manca- 
r  roñes. 

Manco  i  pingo  son  provincialismos  comunes  a  Chile  i  a 
la  República  Arjentina;  pero  conviene  advertir  que  mien- 
tras de  este  lado  de  la  cordillera  las  dos  voces  son  sinó- 
nimas, del  otro  se  diferencian  lo  que  va  de  lo  vivo  a  lo 
pintado.  En  la  República  Arjentina  pingo  es  el  corcel  brio- 
so i  arrogante,  que  en  término  poético  i  castizo  se  llama 
bridón,  mientras  que  en  Chile,  como  queda  dicho,  es  lo 
mismo  que  manco. 

«¡Ei  pucha  el  pingo  lijero! 
¡Bien  haiga  quien  lo  parió!» 

pudo  decir  un  poeta  arjentino.  Bernardino  Guajardo  no 
habria  podido  decir  eso.  No  es  propio  de  los  que  por  acá 
llamamos  pingos,  la  lijereza. 


I 


MAN  299 

Pero  sí,  no  liabria  tenido  nuestro  poeta  de  poncho  difi- 
cultad para  escribir  estos  otros  versos  de  otro  vate  arjeri- 
tino,  de  Ascásubi,  ja  citados: 

«I  luego  atrás  en  lo  externo 
Del  arco  que  hace  la  indiada 
Viene  la  mancar ronaday)  etc. 

Es  para  poner  dudas  sobre  la  procedencia  araucana  de 
manco  el  siguiente  pasaje  del  poeta  mejicano  José  María 
Esteva: 

«Por  una  choza  pasaba 
Cuando  su  canto  acabó^ 
I  al  manco  alazán  paró; 
Que  algo  de  allí  le  gustaba 
O  alguno  allí  le  llamó.» 

MANCORNAR,    MANCORNA.' 


Mancornar^  por  iinii'  o  juntar  dos  cosas  o  animales  de 
la  misma  especie,  máxime  si  son  de  asta,  es  uno  de  los  mu- 
chos provincialismos  que,  habiendo  nacido  en  las  Antillas, 
fueron  traídos  por  los  españoles  hasta  estos  últimos  confi- 
nes del  Nuevo  Mundo. 

También  hai  en  Cuba  un  provincialismo  que  sirve  para 
designar  a  las  cosas  o  animales  mancornados,  solo  sí 
que  por  allá  llaman  mancuerna^  lo  que  nosotros  man- 
corna. 

De  dos  individuos  que,  luchando^  se  toman  a  brazo  par- 
tido, o,  riüendo,  de  los  cabellos^  se  dice  que  se  mancuer- 
nan . 


MANDIL. 


Decimos  del  pauo  que  se  pone  a  las  caballerías  debajo 
de  la  silla. 

El  señor  Gormaz  dice  se  debe  sostituir  por  manta.  Lo 
propio  es  mantilla. 


300  MAN 

ftUn  hermoso  caballo  blanco  primorosamente  enjaezado 
con  silla  de  terciopelo  i  mantilla  de  grana  bordada  en 
oro » 

(B.  DEL  Barco.) 

MANGUEAR. 

Denotamos  con  este  verbo  en  sentido  propio  la  acción 
de  espantar  los  animales  o  aves  de  caza  a  fin  de  que  se 
pongan  a  tiro  del  cazador.  El  verbo  castizo,  aunque  des- 
conocido en  Chile,  que  denota  esa  acción  es  ojear. 

«Yo  vine  mientras  se  reunían  todos  a  avisarte  para  que 
nos  maíiguearas  la  perdiz.» 

[Huérfano.) 

En  sentido  figurado,  manguear  es  uno  de  los  mas  soco- 
rridos vocablos  de  nuestro  diccionario  provincial.  El  ajen- 
te  de  la  casa  de  comercio  manguea  a  los  compradores  bi- 
sónos i  de  bolsillos  bien  provistos,  el  ministro  a  los  dipu- 
tados incómodos  i  domesticables^  la  mamá  previsora  a  tal 
o  cual  joven  que  oree  haria  la  felicidad  de  su  hija  casa- 
dera, etc. 


MANIJAR. 

Aunque  mas  que  «n  chilenismo  es  éste  un  vulgarismo 
(si  se  nos  permite  la  palabra)  hemos  querido  consagrarle 
un  parrañllo  porque  nos  habría  dejado  en  la  conciencia 
algo  como  un  remordimiento  el  no  advertir,  no  solo  que 
su  forma  correcta  es  manejar,  (cosa  que  a  no  echarse  como 
suelen  en  olvido  tantas  cosas  que  de  su  peso  se  caen,  por 
sabida  debiera  callarse)  sino  también,  la  que  es  mas  dig- 
no de  notarse,  que  se  le  atribuye  la  acepción  de  tener  y  po- 
seer, desconocida  en  España. 

Usase,  pues,  manijar  entre  guasos  i  rotos  en  tres  senti- 
dos diversos  aunque  parecidos:  . 

1.®,  el  áe  gobernar,  administrar,  rejir:  ejemplo,  el  refraü 
popular:    «¿Quién  lo  manija? — Tello. — ¡Así  anda  ellol» 

S."  Por  llevar  en  las  manos,    al  cinto,  consigo. 


MAN  301 

iüManija  siempre  cacho  en  las  alforjas^  lazo  a  los  co- 
Triones,  puñal  en  la  cabeza  déla  enjalma  i  buenas  espue- 
las de  plata.» 

3.''  Por  tener  o  poseer, 

«Si  Ud.  quiere,  ahora  lo  que  salga  la  misa,  podemos  ir 
a  aquella  esquina  que  es  de  una  comadre  mui  curiosa  que 
tengo.  Ella  manija  una  chiquita  de  lo  rico.» 

[Huérfano.) 


M.VNIPÜLEAR, 


El  uso  de  la  jente  instruida  i  el  Diccionario  quieren  que 
se  suprima  la  e  que  está  de  mas. 


MANO. 

Con  ser  casi  innumerables  las  acepciones  castizas  de  es- 
ta voz,  creemos  no  engañarnos  al  notar  de  chilena  la  que 
le  damos  de,  lance,  trance,  aventura,  como  en  la  frase:  «Me 
acaba  de  suceder  una  mano  mui  orijinal.» 

No  es  menos  de  notarse  el  uso  que  el  vulgo,  i  en  parti- 
cular los  vendedores  ambulantes,  hacen  de  la  voz  que  con- 
sideramos para  expresar  el  número  cuatro.  «El  ciento  tie- 
ne veinticinco  manos)) .  «Las  frutillas  están  todavía  mui 
caras:  dan  cinco  manos  por  medio.» 


MANOTADA,  OTÓN,  OTAZO^  ADA,  PUÑADO,  PUÑADA,  PUNO, 
AMBUESTA. 


Con  dar  la  verdadera  significación  de  cada  uno  de  los 
sobrescritos  vocablos,  nos  eximiremos  del  trabajo  de  expli- 
car los  casos  en  que  se  usan  disparatadamente. 

Manotada,  manotón  i  manotazo,  indican  el  golpe  dado 
con  la  mano. 


30e  MAN 

«A  Tomizas  en  fin  la  dilijencia.' 
Valió  una  manotada  con  la  zurda 
Que,  cuando  no  le  aturda, 
No  es  poco  para  zurda  manotada. 
Que  le  dejó  la  cara  desgatada. » 

(BuRGUÍLLOS. — Gatomaquia.) 

ccPues  la  picara  de  la  muchacha,  siempre  que  me  vela 
fumar  me  habia  de  tirar  el  cigarro  de  un  manotazo,  escla- 
mando: ¡anda  vicioso!» 

(Trueba.— F2//??emo5.) 

Manada  es  la  cantidad  de  trigo,  o  yerba  que  se  puede 
cojer  de  una  vez  con  la  mano.  Se  diferencia  de  puñado 
en  que  éste  indica  la  cantidad  que  puede  tenerse  en  la 
Tuano,  cerrado  el  puño;  así  puñado  dista  de  puna- 
da  lo  que  vá  de  encerrar  en  el  puño  a  dar  un  golpe  con 
el  puño  cerrado,  lo  que  se  llama  también  en  buen  caste- 
llano puñetazo. 

«Segarlo  quiere  el  villano, 
La  hoz  apercibe  ya: 
¡Qué  de  manadas  derriba! 
¡Qué  buena  prisa  se  dá!» 
(Lope  de  Vega.— E/  Labrador  de  Madrid.) 

En  las  recetas  de  las  médicas  i  curanderas,  figuran  con 
frecuencia  ^¿¿ño5  de  sal,  de  raspadura  de  palqui,  de  ceba- 
da i  de  otras  cosas  menos  manoseables.  No  aseguraríamos 
nosotros  que  tales  recetas  anden  mui  ajustadas  al  arte  de 
Hipócrates;  pero  partidarios  como  somos  de  la  libertad  de 
profesiones  i  de  oficios,  nos  complacemos  en  absolverlas  de 
todo  pecado  contra  la  propiedad  de  las  palabras.  Fuño, 
en  una  de  sus  acepciones^  es  sinónimo  de  puñado. 

Nos  queda  ambuesta,  de  la  cual  dice  la  Academia  que 
es  «la  cantidad  de  cosas  menudas  que  cabe  en  las  dos 
manos  juntas  ahuecándolas.» 

MANTENCIÓN. 

Lo  correcto  es  manutención  o  mantenimiento. 

«De  esta  manera^  acabado   el  curso  de  un  año,  queda 


MAN  303 

hecha  provisión  de  mantenimiento,  asi  para  el  hombre  co- 
mo para  los  animales  que  le  han  de  servir». 

(Granada. — Símbolo  de  la  Fé.) 

MANTEQUILLA. 

Parece  que  en  España  no  conocen  mas  que  una  palabra, 
manteca,  para  nombrar  las  dos  sustancias  tan  diversas  que 
nosotros  distinguimos  con  los  nombres  de  manteca  i  de  man- 
te  quilla. 

A  la  chilena,  manteca  y  denota  la  grasa  del  cerdo  y  na- 
da mas. 

Grasa,  la  gordura  mas  fina  de  los  animales  vacunos. 

I  mantequilla,  la  sustancia  crasa  que  se  saca  de  la  leche 
batiéndola,  i  la  que  existe  en  algunos  frutos,  como  en  el 
cacao. 

Según  Salva,  esta  acepción  de  mantequilla  seria  de  ori- 
jen  cubano. 

Excusado  parece  advertir  que,  puesto  que  en  España  la 
mantequilla  es  manteca,  nuestras  mantequilleras  han  de  ser 
mantequeras. 

El  uso  chileno,  que  tiene  por  lo  menos  la  ventaja  de 
no  designar  con  un  mismo  nombre  dos  cosas  diversas, 
nos  parece  digno  de  conservarse  i  jeneralizarse. 

MANTO,  MANTEAR. 


Manto,  por  una  especie  de  mantilla,  jeneralmente  sin 
adornos,  es  castellano.  Eslo  también  significando  la  veta 
que  se  extiende-horizontalmente  hacia  los  la'dos,  sin  con- 
siderable inclinación  al   centro  de  la  tierra. 

No  puede  decirse  otro  tanto  de  mantear,  que  expresan- 
do a  la  española,  «la  acción  de  levantar  con  violencia  en 
el  aire  a  algún  hombre,  mamarracho  o  bruto  puesto  en 
una  manta,  tirando  a  un  tiempo  de  las  orillas  varias  per- 
sonas»,  se  dice  a  la  chilena  de  las  vetas  que,  no  siendo 
mantos,  tienden  sin  embar^ío  a  transformarse  en  tales. 


304  MAR 


MANA,  ERO,  A,  OSO,    A. 

Dos  palabras  castizas  que  empleamos  con  frecuencia, 
pero  en  sentido  que  se  aparta  algún  tanto  del  autorizado. 
En  efecto,  el  Diccionario  nos  dice*  que  mañero  da  tanto 
como  sagaz^  astuto;  i  que  mañoso  es  el  que  tiene  maña^ 
habilidad,   destreza.» 

¿Es  eso  lo  que  entendemos  decir  cuando  decimos:  «Rara 
es  la  muía  cuyana  que  no  tenga  ninguna  maña.n  «Caballo 
mañoso  no  debe  ser  montado  por  niños.»  «Hai  en  la  ha- 
cienda muchas  perdices;  pero  es  difícil  cazarlas  porque  los 
cazadores  las  han  ^\iq?>ío  mañeras? v)  Sin  duda  que  nó,  por- 
que según  la  práctica  corriente  en  Chile,  maña  es  re- 
sabio  (en  las  personas,  costumbre  ridiculay  reprensible;) 
mañero,  escaldado,  receloso,  i  mañoso,  el  animal  arisco ^ 
coceador,   que   respinga. 

Salva  trae  a  mañero  i  mañoso  entre  los  provincialismos 
mejicanos. 

MARCHANTE. 

Lo  que  es  éste  no  nos  viene  de  Méjico,  sino  de  mas 
lejos,  de  Andalucía,  por  el  intermedio  de  Cuba.  Tanto  en 
la  que  se  llama  la  perla  de  las  Antillas,  como  en  la  que  al- 
guien llamó  el  salero  de  la  Peninsida,  marchante  es  lo  que 
entre  nosotros,  el  parroquiano,  el  casero. 

También  suele  la  jentualla  tomarlo  en  mala  parte,  nom- 
brando así  al  casero  de  las  casas  i  cuartos,  non  saiictos. 

MARIDAR. 

«Los  franceses  tienen  el  capricho  de  casar  [marier]  co- 
sas que  nosotros,  sin  cometer  incesto,  hermanamos,  v.  gr« 
las  armas  con  las  letras » 

«Pero  nosotros  casamos  como  ellos,  los  colores,  las  pie- 
zas, las  telas  i,  poéticamente  el  olmo  con  la  vid,  la  cari- 
dad con  la  fé,  la  fé  con  la  razón » 

(Baralt. — Diccionario  de  galicismos,  voz  casar.) 


MAR  305 

«..."...que  es  uno  de  los  pocos  prosistas  de  la  jeneracion 
presente  que  saben  maridar  la  precisión  con  la  pureza,  la 
concisión  con  la  amplitud  de  la  frase  i  la  armonía  del  pe- 
ríodo.» 

(J.  Mané  i  Flaquer. — España  en  Londres.) 

lín  este  ejemplo  se  marida  la  concisión  con  la  amplitud 
i  la  armonía,  infrinjiendo  las  leyes  que  prohiben  la  poli- 
gamia, i  pecando  ademas  contra  el  orden  natural,  pues  las 
tres  maridadas  son  hembras. 

MARTILLO* 

En  la  acepción  de  almoneda  no  lo  traen  los  diccionarios» 

MARITATA. 

¿Cómo  llaman  las  maritatas  en  España?  ¿O  son  por  allá 
desconocidas?  Puntos  son  éstos  que  no  hemos  podido  ave- 
riguar. Tampoco  hemos  sido  mas  felices  para  descubrir 
el  oríjen  etimolójico  o  jeográfico  de  esta  palabra. 

Lo  único  que  sabemos  i  acerca  de  lo  cual  podemos  dar 
noticias  es  que  nuestros  conciudadanos  mineros  (aunque 
seria  mas  propio  pirqiieneros)  llaman  maritata  a  un  peque- 
ño canal  o  acequia  de  cincuenta  centímetros  mas  o  menos 
de  ancho,  por  ocho  o  diez  metros  de  largo,  cuyo  fondo  cu- 
bren con  pellejos  de  carnero,  para  que,  corriendo  por  en- 
cima el  agua  a  la  cual  se  echan  minerales  pulverizados* 
ésta  deponga  el  polvo  de  oro  sobre  aquéllos. 

En  el  Norte  llaman  maritatas  unos  como  cedazos  con 
tela  de  alambre,  movidos  por  motor  de  vapor  o  de  sangre. 


MAROMA,  OMEARj  OMERO. 

No  hai  en  castellano  ni  maromear  ni  maromero;  i  se 
comprende,  pues  malcoma  es  la  cuerda  gruesa  de  esparto 
o  cáñamo. 

En  Chile  llamamos  maroma  el  espectáculo  que  en  Es- 
paña se  ha  llamado  siempre  volatín,  por  mas  que  el  Dic-» 

3Í 


306  MAS 

cionario  de  la  Academia  no  dé^  en  el  artículo  que  dedica 
a  esta  voz,  otra  acepción  que  la  de  (da  persona  que  con 
habilidad  i  arte  anda  i  voltea  por  el  aire  en  una  maroma, 
haciendo  otras  habilidades  i  ejercicios  semejantes.» 

Hemos  dicho  en  el  articulo  que  dedica  a  esta  voZj  i  así 
era  de  justicia,  pues  explicando  la  voz  payaso,  dice:  ael 
que  en  los  volatines  i  fiestas  semejantes  hace  el  papel  de 
gracioso,  con  ademanes,  trajes  i  jestos  ridículos.»  Luego 
volatín  es,  no  solo  el  héroe  de  la  fiesta,  sino  también  la 
fiesta  misma. 

Volviendo  ahora  a  nuestros  chilenismos,  observaremos 
que  maroma  es  el  volatin-ñesta  de  los  españoles;  maro- 
mero  el  volatin-perso?2a,  o  para  evitar  confusiones  i  puesto 
que  también  es  castizo,  el  volatinero;  i  maromear,  andar, 
saltar  i  voltear  sobre  una  maroma,  i  por  extensión,  con- 
servar el  equilibrio  físico  o  moral  en  circunstancias  oca- 
sionadas a  darse  un  costalazo. 

«Mas  como  todavía  no  suele  ser  la  hora  de  dormir  me 
voi  de  aquí  a  otras  parte  con  peligro  de  que  en  las  calles 
atravesadas,  al  maromear  sobre  un  puente,  se  sumerja 
mi  humanidad  en  el  agua.» 

(JoTABECHE. — El  Pucrto  de  Copiapo.) 


MARUCHO, 


Véanse  arrinquín  i  madrina. 


MASA  AGUADA. 


Hacer  la  masa  aguada  o  masaguada  a  alguno,  es  en- 
gañarlo, jugarle  una  mala  pasada.  Se  usa  también  en  el 
Perú  i  en  el  mismo  sentido  que  entre  nosotros,  como  se 
ve  en  estos  versos  de  Segura: 

« — ¿Pero  una  mujer  honrada? 
— ¡Qué  honradez  ni  qué  enemigo! 
Si  no  hacemos  lo  que  digo, 
Nos  hará  la  masa  aguada,y> 


MAS  307 


MASHORCA. 


Así  se  ve  constantemente  escrita  en  periódicos  i  libros 
arjentinos  i  en  algunos  chilenos  la  palabra  mazorca. 

Como  el  tirano  Rosas  aplicara  un  bárbaro  castigo  a 
sus  enemigos,  usando  por  instrumento  de  suplicio  una  ma- 
zarca  de  maiz,  i  como  las  últimas  sílabas  de  esta  voz 
suenan  como  horca,  otra  especie  de  suplicio,  i  la  sed  de 
matar  era  insaciable  en  el  tirano,  o  como  quien  dice,  mas 
sangre,  los  ignorantes  identificaban  ambas  ideas  confun- 
diéndolas. 

«Hasta  no  dejar  en  pié  ni  una  mashorca  de  maiz.» 

(Amunátegui. — Los  Precursores  de  la  Independencia  de 
Chile.} 

MAS  QUE,   MAS  QUE    NUNCA. 

Dice  don  Vicente  Salva  que  por,  no  importa,  aunque,  es 
un  adverbio  vulgar  mejicano;  i  se  equivoca,  como  se  prue- 
ba por  el  pasaje  siguiente  de  Cervantes:  «Habilidades  i 
gracias  que  no  son  vendibles  (añadió  Sanchoj  mas  que  las 
tenga  el  conde  Dirlos.» 

La  que  sí  tenemos  por  locución  chilena,  i  tan  enérjica 
como  expresiva,  es  mas  que  nunca,  equivalente  a  suceda 
lo  que  quiera,  venga  lo  que  viniere,  i  aún  algo  mas. 

«¿Está  Ud.  resuelto  a  casarse?— Resuelto — ¿I  con  una 
viuda,  pobre  i  cargada  de  hijos?— /iliéZ5  que  nuncah 

Francisco  Bilbao  se  habia  fijado  en  la  concisa  enerjía 
de  la  locución  de  que  tratamos  i  crejó,  no  sin  motivo,  que 
elia^  traducia  fielmente  la  heroica  testarudez  araucana  i 
podia  servirle  de  divisa.  De  él  es  el  pasaje  que  copiamos 
en  seguida: 

«Ella  (la  libertad)  es  la  salvaguardia  de  los  pueblos  sud- 
americanos. Es  por  ella  que  (¡señor  Baralt,  Ud.  dispense !j 
deben  repetir  el  grito  del  Norte:  go  aheadl  o  el  axioma 
araucano:  ¡Mas  que  nunca\y> 

(MoinmientrO  social  de  la  América  Meridional.) 


308  MAT 


MATANCERO. 


Llamamos  al  que  mata  i  desposta  las  r  eses  y  esto  es,  al 
mismo  oficial  que  en  castellano  se  llama  jifero^  matarife 
i  también  matachín. 


MATAR  EL  TIEMPO. 


Es  el  tuer  le  temps  francés;  en  castellano  se  dice:  en- 
gañar el  tiempQ, 


MATE,  ERO,   A. 

Del  qnichuB.  mate,  o,  mati,  calabaza. 

Es  lástima  que  la  Academia  se  obstine  en  cerrar  las 
puertas  de  su  Diccionario  a  una  multitud  de  voces  ameri- 
canas que,  por  útiles  i  por  jeneralizadas,  bien  merecían 
de  ella  mas  favorable  acojida;  pero  es  mas  de  lamentar 
aún  que  cuando  las  acoja  sea  para  presentarlas  a  los  lec- 
tores de  allende  i  aquende  el  charco  horriblemente  des- 
figuradas. 

Vea  quien  dude  lo  que  es  mate  para  la  docta  corpora- 
ción :  «Nombre  que  dan  en  la  América  del  Sur  a  una  ho- 
ja procedente  de  un  arbusto  crecido,  que  tostada  i  mace- 
rada después,  se  exporta  en  sobornales  de  cuero.» 

Si  eso  no  se  llama  tomar  el  rábano  por  las  hojas,  se 
llama  sí  tomar  la  hoja  de  la  yerba  por  la  calabaza. 

Mate,  nadie  lo  ignora  por  estos  mundos,  es  la  taza  o 
pequeño  tiesto  en  que  se  toma  la  infusión  de  la  yerba- 
mate,  o  simplemente  de  la  yerba;  i  se  llama  así  porque 
lo  común  es  que  la  dicha  infusión  se  haga-  en  las  pequeñas 
calabazas  llamadas  mate  o  mati  en  la  lengua  de  los  in- 
dios del  Perú. 

Matero,  es  la  persona  mui  aficionada  al  mate,  que  ha 
contraído  el  vicio  de  usarlo  inmoderadamente.  Tam- 
bién la  que  vende  en  las  plazas  i  recovas  (recova  es  en 
este  sentido  un  provincialismo  andaluz)  esa  bebida: 


MAU  309 

«La  madre  de  María,  ocupada  únicamente  en  saborear 
el  mate  i  ponderar  la  buena  mano  de  Estefanía  para  ce- 
barlo.y) 

(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio.) 

«Las  guateras  i  pateras 
Desde  mui  temprano  están 
Vendiendo  con  grande  afán; 
Lo  mismo  hacen  las  chancheras: 
Las  materas  i  floreras 
Tienen  su  venta  especial.» 

(GüA JARDO. — De  todas  artes.) 


MATRERO,   A. 

En  castellano,  astuto^  diestro,  experimentado. 
En  nuestra  práctica,  i  también  en  Méjico,  según  Salva, 
suspicaz,  receloso. 

«Dijo  la  astuta  Zorra 
I  encantadas  las  Tórtolas  bajaron, 
1  coníiadas  i  alegres 
Su  vida  con  sus  alas  le  entregaron. 

Hubo  una  sinembargo 
(Ala  nó,  sino  tórtola)  matrera 
Que  volóse  gritando: 
¡Al  valle!  i  salga  el  sol  por  Antequera!» 
(Z.  Rodríguez. — La  Zorra  conciliadora.) 

MAUGRON   o     MAURON. 

Hai  quien  diga  a  lo  que  se  dice  en  español  mugrón. 

MAULOSO,   A. 

¿Cómo  se  llama  en  buen  español,  señor  Diccionario,  al 
tramposo  i  mal  pagador?— Dq  tres  maneras,  señor  curio- 
so: maula,  maulon  i   maulero.'— Fiies,  sépase  Ud.  que  nin- 


310  MED 

gana  de  las  tres  lia  podido  aclimatarse  en  Chile,  donde 
para  designar  a  la  polilla  esa,  hemos  tenido  a  bien  for* 
mar  de  maula  una  palabra  nueva,  mauloso. 


MECHAS,     ONEA.R. 

Mecha  es  palabra  castiza,  no  solo  denotando  la  torcida 
de  hilo,  cáñamo  o  algodón  que  se  pone  en  las  lámparas, 
velones  i  candiles,  sino  también  una  guedeja  o  porción  de 
pelo. 

No  obstante  lo  dicho,  debe  reputarse  chileno  el  verbo 
mechonear  por  tirar  a  alguno  de  los  cabellos,  i  la  frase,  irse 
a  las  mechas,  por  acometerse,  trabar  lucha  cuerpo  a  cuer- 
po, embestir. 

c(ji4  las  mechasl  dijo  un  pelado,  i  no  tuvo  que  agarrar!» 

[Refrán  popular.) 

«Me  le  puse  elante  al  toro 
I  le  ije:  ¡atoro  indinol 
Entonces^  furioso  el  bruto, 
A  las  mechas  se  me  vino.» 

[Corrido  popular.) 


MEDIAS,     MEDIERO,    A. 

No  cabe  duda  de  que  puede  mui  correctamente  decirse 
en  castellano  dar  una  tierra  a  medias,  o  cultivarla  a  me-^ 
días  con  otro,  para  denotar  que  gastos  i  cosechas  se  divi- 
dirán por  mitad  o  por  partes  mas  o  menos  iguales.  Lo  que 
sí  dudamos  es  que  pueda  decirse  para  expresar  esa  idea 
como  ordinariamente  decimos:  dar  en  medias. 

Mediero,  por  la  persona  que  va  a  medias  con  otro  en  la 
administración  de  una  heredad,  cria  de  ganados,  etc.,  es 
un  provincialismo  de  oríjen  aragonés,  i  de  uso  frecuente  en 
Chile;  eso  si  que  por  acá  lo  que  se  estila  es  dar  aquel 
nombre  al  que  entra  en  la  sociedad  poniendo  su  industria 
i  trabajo  personal,  i  nunca  o  casi  nunca  al  que  pone  las 
tierras,  bueyes,  instrumentos  de  labranza,  en  una  palabra, 
el  capital. 


MED  311 

La  sociedad  misma,  o  mejor  ese  sistema  de  explotación 
se  llama  medias,  como  se  comprueba  con  el  adajio,  las 
medias  ni  en  los  pies  son  buenas,  en  el  cual  no  existiría  el 
retruécano,  si  medias  no  tuviera,  ademas  de  la  acepción 
común,  la  que  acabamos  de  apuntar. 

Los  equivalentes  castizos  de  medias  i  medievo,  son 
apar  ceña  i  aparcero. 


MEDIO. 

Con  frecuencia  se  Ve  en  los  diarios  anuncios  de  colejios 
en  que  se  habla  de  medio  pupilos  i  medio  pupilas,  i  en  que 
se  vé  a  un  sustantivo  como  es  pupilo  modificado  por  el 
adverbio  medio,  en  vez  de  usar  a  medio  como  adjetivo,  di- 
ciendo, medios  pupilos,  etc. 

aDonde  le  tenian  concertado  un  casamiento  con  una 
media  parienta  suya.-» 

(Cervantes. — La  ilustre  fregona.) 

«Habiendo  visto  las  vanas  pretensiones  de  los  medios  hi- 
dalgos. )) 

(QuEVEDO.— Premaííctífs  i  aranceles  jenerales.) 

aCon  cuyos  proventos  pudiesen  mantenerse  cincuenta 
pupilos  i  ciento  i  cincuenta  medios  pupilos.» 

(Juan  Egaña* — Examen  de  la  Constitución.)  ^ 

MÉDULA. 


Casi  no  hai  persona  ni  diccionario  que  no  acentúe  esta 
voz  en  la  antepenúltima,  contra  las  reglas  de  la  Ortogra- 
fía (1)  i  la  práctica  de  los  clásicos. 

«Los  muchachos  han  hecho  pepitoria 
De  todas  tus  medulas  i  tus  huesos.» 

(Cervantes . — El  Rufián  viudo.) 


(1)  Medalla    en   latín,  de  la  propia  raíz    que    medius,    medio,   es 
grave  por  ser  larga  la  w  a  causa  de  ir  seguida  de  dos  /, 


312  MEN 

«Dijo,  i  a  todos  un  cruel  despecho 
Corrió  por  las  medulas  presto  i  vivo.» 

(Ho  JED  A . — Cristiada .) 

«I  sus  hijos,  cada  uno 
De  tan  disforme  estatura 
Que  era  un  monte  organizado 
De  miembros  i  de  medúlas.y) 

(Calderón. — La  Cena  de  Baltasar, 

«Del  labio  amante  en  venas  i  medulas 
Fluido  humano  eléctrico  circula.» 

(Maury.— £'st;ero  i  Almedora. 


MELGA 

Es  amelga* 

MENESTER  (lÍABER   DE) 


«Cuentan  algunos,  escribe  el  señor  Cuervo,  entre  las 
obras  de  misericordia  la  de  «dar  buen  consejo  al  que  lo 
ha  de  menester»  i  creemos  practicarla  aconsejándoles 
quiten  ese  ocioso  de,  pues  la  frase  es  haber  menester  i  no 
haber  de  menester.)) 

«Yo  soi  noble  i  si  no  demasiadamente  rico,  no  tan  po- 
bre que  haya  menester  a  nadie.» 

(Cervantes. — Per  siles.) 

«Salga  el  reí  de  su  corte;  acuda  a  los  que  le  llaman  i 
le. han  menester. y) 

(Meló. — Querrá  de  Cataluña,) 

^Menester  tiene  un  engañoso  aspecto  verbal,  de  donde 
resulta  que  el  vulgo  dice  yo  menesto\  pero  ¿qué  mucho 
que  el  vulgo  se  extravie,  si  los  clásicos  mismos  han  con- 
siderado varias  veces  como  verbo  tal  vocablo?  testigos  los 
lugares  siguientes: 


MER  313 


a. 


•Ese  castigo 
Materia  de  estado  fué. 
Sí;  ¿mas  con  tanto  rigor 
Que  ha  llegado  a  menester 
Valerse,  señor,  de  algunos 
Amigos,  para  comer?» 

(Calderón. — Saber  del  bien  i  del  mal.) 

«Ahora  bien  no  escuchéis  cuerdo 
Que  para  lo  que  os  propongo, 
Loco,  Alfonso,  he  menesteros.n) 

(Tirso. — Del  enemigo  el  consejo.) 

al  si  es  que  habéis  menesterme 
Os  serviré  do  podenco. 
Para  todo  lo  mostrenco.» 

{iDé— El  Celoso  prudente.) 


MERECER. 

«Se  usa  en  algunas  partes  de  un  modo  singular  el  ver- 
bo merecer.  Dícese  con  propiedad:  «Yo  no  merezco  tanto 
favor»  (yo  no  soi  digno)  o  «no  le  merecí  la  menor  aten- 
ción (le  debí);  pero  no  creemos  que  pueda  decirse  igual- 
mente bien:  No  se  merecen  ahora  las  casas  (no  se  hallan 
casas.») 

(Andrés  Bello. — Artículo  publicado  en  el  número  171 
(20  de  diciembre  de  1833)  de  El  Araucano.) 

MERENDARSE,    BENEFICIARSE,    TRAJINARSE,    SOPLARSE. 

Es  un  chilenismo  usar  estos  verbos  como  el  vulgo 
suele  por  engañar ^  ganar  con  malas  tretas  en  el  juego, 
asesinar. 

«¿No  te  acuerdas  de  aquel  pipiólo  que  me  merendó  el 
año  pasado?» 

{Huérfano.) 


314  MET 

En  el  mismo  sentido  se  dice  trajinarse  a  alguno,  so- 
plárselo,  beneficiarlo  o  beneficiárselo. 

aSi  me  lo  dejan  otro  ratito  me  lo  habia  trajinado, 
pues.» 

[Id.) 

MERQUEN. 


Del  Araucano  medquen^  moler  en  la  piedra^  lo  molido, 
harina. 

Llaman  merquen  en  las  provincias  del  Sur,  i  especial- 
mente en  las  poblaciones  de  la  frontera  araucana,  una 
mezcla  de  ají  i  sal  que  se  lleva  en  los  viajes  para  condi- 
mentar l9,s  comidas  que  se  improvisen  en  los  alojamientos. 


METALERO,    A» 


¿Cómo  podria  llamarse  en  castellano  la  mina  que  pro- 
duce muchos  metales?  El  Diccionario  nos  dice  que  meta- 
lífera, aunque  advirtiéndouos  que  éste  es  un  adjetivo  de 
uso   reservado  a  los  discípulos  de  Apolo. 

Siendo  ello  asi,  bien  podemos  usar  sin  escrúpulos,  los 
que  escribimos  en  vil  prosa,  nuestro  adjetivo  metalero. 


METAMORFOSIS. 


Hacemos  esta  palabra  esdrújula  sin  que  haja  motivo 
para  ello. 

Como  todos  los  vocablos  griegos  de  igual  terminación 
(clorosis,  apoteosis,  neurosis,  etc.)  es  grave. 


« Aquí 

Tus  ojos  vencedores 

De  amor  siempre  invencible 

Verán  metamorfosis. y) 

(Tirso.— £«  Vida  de  Ilerodes, 


MET  315 

«Hoi  paz,  mañana  guerra  i  propaganda: 
¡Qué  peripecias,  qué  metamorfósish 

(Bretón  . — Desvergüenza,) 


METERSE     DE    FRAILE 


Opina  el  señor  Cuervo  que  es  menester  quitar  el  de  en 
la  frases  meterse  de  fraile^  de  monja  i  otras  semejantes;  i 
apoya  su  opinión  en  los  ejemplos  que  siguen: 

«¿No  ves  que  me  das  enojos 
Cuantas  veces  me  amenazas 
Entrarte  monjalí* 

(Tirso. — Quien  no  cae  no  se  levanta.) 

«¿Fraile  te  metes,  Perico, 
Solo  por  no  pasar  hambre? 
Pues  di  que  glotón  te  metes 
No  digas  te  metes  fraile, y) 

(León  de  Arroyal. — Biblioteca  Selecta.) 

«Si  tanto  te  desazonan 
Los  requiebros  de  los  hombres 
Bien  puedes  meterte  monja.yy 

(Bretón  . — Elena.) 


metiquero,  eria  o  mitiquería. 

«La  delicadeza,  la  compostura,   la  mitiquería,  permíta- 
senos la  palabra,  de  nuestro  bruñido  personaje.» 

(R.  Vera. — Juicio  critico.) 

Este  mitiquería  ha  sido,  sin  duda  formado  de  meiculo- 
so;  pero  con  significado  de  melindre,  pusilanimidad,  etc, 

Mitiquero  o  metiquero,  es  en  español,  7iinfo,  esquilimoso 
melindroso. 


316  MLN 


MIELERO. 


Del  que  vende  miel,  i  del  lugar  en  que  ésta  se  guarda, 
se  dice  en  español  melero. 


MINGACO,   MINGAQUERO. 

Creemos,  salvo  error,  que  mingaco ,  es  una  palabra  que 
viene  del  quichua  mitayocy  el  que  trabaja  a  turno  o  tan- 
da, por  el  intermedio  de  m,ita  o  minga^  nombre  del  tra- 
bajo que  los  españoles  exijian  de  los  indios  en  la  época 
colonial. 

Mita  i  mitayo  son  ya,  por  fortuna,  palabras  históricas, 
que  han  dejado  de  usarse  con  haber  concluido  la  odiosa 
institución  a  que  se  referían. 

El  señor  Amunátegui  explica  así  en  sus  Precursores  el 
oríjen  de  la  mita:  «El  Rei  habia  limitado  todo  el  grava- 
men de  los  indios  al  pago  de  un  tributo;  pero  después 
tuvo  que  consentir  en  que  mediante  un  jornal  fuesen  a 
trabajar  personalmente  en  las  labores  de  la  agricultu- 
ra, en  la  crianza  de  ganados,  en  la  explotación  de  las 
minas.» 

«El  trabajo  fué  minuciosamente  reglamentado  para  ali- 
viar la  condición  de  los  indios.» 

((Los  caciques  sorteaban  a  sus  subordinados  a  fin  de 
formar  las  cuadrillas  o  repartimientos  que  por  turno  i  por 
tiempo  determinado  estaban  obligados  a  ir  a  cultivar 
los  campos  o  los  planteles,  a  pastorear  el  ganado,  a  ex- 
plotar las  minas.» 

Esto  era  lo  que  se  llamaba  la  mita.y> 

En  la  actualidad  llámase  mm^aco  el  trabajo  hecho  por 
una  reunión  de  individuos  que  podríamos  llamar  volun- 
tarios, que  no  cobran  sueldo,  convierten  su  tarea  en  una 
especie  de  fiesta,  i  reciben  del  interesado  en  la  faena, 
siempre  ración  de  comida  i  de  aguardiente,  chicha,  u  otro 
licor,  i  a  veces  también  alguna  parte  de  los  frutos. 

Mingaquero  es  el  aficionado  a  andar  de  uno  en  otro 
mingaco. 


MIS  317 


MINAQUE, 


Los  diccionarios  no  traen  este  vocablo^  provincialismo 
chileno  según  parece.  Su  equivalente  castellano  es  encaje, 
randa. 

«A  urdir  miñaques  en  un  tamborillo  de  lienzo,  a  fabri- 
car loza  perfumada.)) 

(Vicuña  Mackenna. — Historia  de  Santiago.) 

MI    SEA. 


Dijese  en  los  buenos  tiempos  de  la  lengua  castellana  mi 
sOy  mi  sa,  abreviaturas  lacayunas  i  fregoniles,  como  dice 
Cuervo,  de  mi  señor,  mi  señora» 

Ambas  abreviaturas,  no  hai  que  dudarlo,  emprendie- 
ron su  viaje  a  América  con  los  criados  de  los  conquista- 
dores; pero  es  lo  cierto  que  mi  so  debió  de  ahogarse 
en  la  travesía,  pues  solo  el  mi  sa  llegó  a  estos  mundos,  i 
eso  convertido  en  mi  sea  o  miseá,  mi  siá  o  misiá. 

Siendo,  como  queda  dicho,  señora  la  palabra  contraí- 
da, parece  que  mas  propio  es  escribir  mi  sea,  o  miseá  en, 
una  sola  palabra,  semejante  ala  que  han  formado  los  fran- 
ceses con  ma  i  dame,  que  escriben  madame. 

«M  sorrt  Cristina  demos. 

— ¿Qué  hemos  de  dar  miso  Ocañah 

(Cervantes. — La  Entretenida.) 

«Si  don  Baltasar  se  casa 
Con  mi  sa  doña  Mayor, 
¿Quién  te  puede  estar  mejor 
Pues  todo  se  cae  en  casa?)) 

(Tirso. — Desde  Toledo  a  Madrid.) 

«¿I  ;m  sa  doña  Lucia? — Quedó » 

(Id.— iVo  hai  peor  sordo.) 


318  MOC 

« — ¿Quién?..)  me  dijo,  como  despertando. ^ 

—  Son  mas  délas  cuatro,  miseá  Merceditas.-» 

[Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio.) 

MISMO  [par  a. lo) 

Tengo  por  chilenismo  la  frase  para  lo  mismOy  en  el  sen- 
tido de  para  nada  y  sin  objeto  y  inútihnente. 

—  «Sí,  pero  hombre,  pueden  descubrir,  i 

—I  dado  caso  que  descubriesen,   seria  ;?am  lo  mismo.y) 

[Buérfano.) 

MISTURA. 

Aunque  en  español  mistura  sea  la  mezcla  de  varias  co- 
sas, entre  nosotros  i  también,  i  aun  mucho  mas,  en  el  Pe- 
rú, se  llama  antonomásticamente  mistura  la  mezcla  que 
se  hace  de  varias  flores,  que,  rociadas  con  agua  olorosa  i 
encerradas  en  canastillos  de  papel  de  colores^  se  distribu- 
yen a  las  damas  en  los  saraos  i  atrás  fiestas^ 

c( Es  el  jardin,  do  el  alelí  amarillo, 

Ingrediente  esencial  de  la  misturay 
La  hermosa  dalia,  de  color  de  caña, 
La  roja  adelfa,  a  nuestro  clima  estraña, 
Surjen  del  sol  bajo  el  radiante  brillo.» 

(Juan  deArona. — Poesías  peruanas.) 

MITA,   mitayo. 

Véase  mingaco. 

mocho. 

^  Al  relijioso  lego  se  llama  familiarmente  en  España  mo- 
tilón. Por  acá  lo  llamamos  mocho ,  tal  vez  por  tener  de  co- 
mún esta  palabra  con  aquella  la  acepción  de  pelado,  pelón. 


MOH  319 


«En  la  puerta  e  San  Francisco 
Estaba  un  mocho  parao 
Con  unas  espuelas  grandes 
Que  le  hacian  riu,  rao.yy 


[Zamacueca, 


MOHO^  oso,  MOHOSEAR,  ORÍN,    HERRUMBRE,  ARRÜMBARSEj 
AMOHOSARSE,     OXIDARSE. 


MohOy  es  un  agregado  de  hongos  parásitos  que  se  crian 
en  cualquier  cosa  que  empieza  a  corromperse.  Hai  impro- 
piedad, por  lo  tanto,  en  designar  con  esta  voz  el  óxido  que 
se  forma  i  aparece  a  manera  de  costra  rojiza  sobre  el  hie- 
rro i  otros  metales  expuestos  a  la  humedad.  La  corruptela 
cuenta  sinembargo  con  la  sanción  de  la  Academia,  que  da 
también  a  moho  el  significado  de  orin  o  herrumbre  que 
nosotros  le  damos. 

BIohosOy  debiera  decirse  de  lo  que  está  cubierto  de 
moho. 

Oxidado,  tomado,  o  herrumbroso,  de  lo  que  está  cubier- 
to de  orin. 

En  cuanto  a  los  verbos,  les  que  usamos  son  arrumbarse 
i  amohosarse,  i  ambos  son  bárbaros. 

El  hecho  de  cubrirse  de  orin  alguna  pieza  de  metal  se 
expresaba  antiguamente^por  orinecerse.  («Ca  si  los  ficies- 
sen  (los  cálices)  de  fierro  orinecerse  hian  aina.» — D.  Alonso 
EL  Sabio. — Partida  /.) — En  vez  de  este  verbo,  que  ha  cal- 
do en  desuso,  tenemos  el  moderno,  aunque  un  tanto  sabio,, 
oxidarse.  Cubrirse  algo  de  moho  se  dice  a  la  española  mo- 
hecer, enmohécer,  o  amohecer. 

Herrumbarse  (i  no  arr\imbarse)  es  tomar  sabor  a  herrum- 
bre, el  licor,  dulce  o  comida   que   se  prepara  en  tiesto  de 
I  cobre  u  otro  metal. 
c(üe  las  cubas  sale  mas  oloroso  el  vino  que  de  las  tina- 
jas; mas  en  las  tinajas  no   se  enmohece  tanto  como  en  las 
cubas.» 
(Herrera. — Agricultura  jeneral.) 
Véase  arrumbe. 


320  MOL 


MOJINETE. 


Dice  el  señor  Vicuña  en  su  Historia  de  Santiago  que 
idos  mojinetes  son  mui  comunes  en  Vizcaya  i  que  de  allá 
nos  vinieron».  De  todas  maneras,  si  los  mojinetes  nos  vi- 
nieron de  Vizcaya  parece  que  su  nombre  no  es  vascuence 
(en  las  provincias  vascongadas  se  llaman  casares).  ¿De  dón- 
de nos  viene  entonces?  Nuestras  dilijencias  por  averi- 
guarlo han  sido  infructuosas. 

Lo  cierto  es  que  damos  a  mojinete  dos  acepciones  dis- 
tintas, haciéndolo  significar,  ya  el  cordón  divisorio  de  las 
aguas  en  los  tejados,  que  en  español  es  caballete  y  ya  el 
pequeño  techo  de  forma  triangular  que  era  moda  construir 
sobre  la  puerta  de  las  casas. 

«Con  esta  sola  nomenclatura  hecha  a  vuelo  de  ave  i  sin 
pararnos  en  ningún  mojinete  ni  blasón,  habríamos  creido 
dejar  compendiada  la  organización  civil  i  doméstica  de  la 
colonia  i  establecida  al  propio  tiempo  su  admirable  i  com- 
pacta e  indestructible  unidad.» 

(Vicuña  Mackenna.— Msíona  de  Santiago.) 

En  Castilla  llaman  a  los  mojinetes  en  la  segunda  de  las 
dos  notadas  acepciones,  frontispicios» 


MOLDURE    o   MORDORB. 

Se  pronuncia  en  Chile  el  francés  mordoré  (rojizo)  que 
no  trae  ningún  diccionario  autorizado. 

«Vestia camisa  de  crimea  mordóré  etc.» 

(L.  V.  Mancilla. — Una  escursion  a  los  indios  Ranqueles.) 

MOLIENDA. 

En  España  i  en  Chile  (i  creemos  que  en  todas  partes 
donde  se  habla  castellano)  molienda  significa  la  acción  de 
moler  i  la  cosa    molida  de  una  vez.  Por  lo  tanto  nos  pa- 


MON  321 

rece  que  el  señor  de  Arona  se  engaña,  considerando  la 
palabra  de  que  tratamos  como  un  peruanismo  cuando  de- 
nota la  operación  de  moler  la  caña,  el  tiempo  que  aqué- 
lla dura  i  el  producto  obtenido. 

«Tal  es  el  cuadro  que  Cañete  ofrece 
Cuando  comienzan   a  verdear  las  lomaSj 
Cuando  la  piedra  de  la  cal  florece 
I  no  amarmanta  San  Miguel  sus  tomas; 
I  cuando,  en  fin,  la  hacienda. 
Parada  la  molienda^ 
Un  cementerio,  un  pateen  parece.» 

(Juan  de  Arona. — Poesías  peruanas.) 


MONO. 

Ademas  de  usarse  entre  nosotros  esta  voz  para  indicar 
el  cuadrumano  de  su  nombre,  i  a  la  persona  que  vive  en 
continuo  movimiento,  i  como  adjetivo  por  lo  que  es  pulido, 
delicado  i  gracioso,  todas  acepciones  castizas,  se  usa  tam- 
bién entre  la  jente  zafia  para  denotar  cuantos  objetos  de 
alguna  manera  nos  representan  personas  o  animales,  cua- 
dros, estatuas,  muñecas^  muñecos,  etc. 

Lo  usa  también  la  jente  culta,  pero  no  es  para  ésta  tan 
socorrida  voz  como  para  aquélla,  pues  en  sus  labios  casi 
es  equivalente  a  mamarracho. 

Un  guaso  que  refiriese  a  los  amigos  de  su  aldea  o  de  la 
hacienda  en  que  vive  las  maravillas  vistas  en  Santiago,  di- 
fícilmente se  olvidarla  de  los  monos  de  la  plaza  de  Armas 
i  Alameda. 

Un  crítico,  al  ver  la  estatua  de  O'Higgins,  para  mostrar 
la  impresión  que  su  vista  le  causaba,  exclamó  (i  entre  pa- 
réntesis, con  sobrada  razón):  (k¡Esa  no  es  una  estatua]  es 
un  monoh 

Notable  es  ademas  el  uso  de  mono  en  frases  cómo  estas; 
((Cuando  estaba  de  candidato  era  todo  para  todos;  mas 
desde  que  aseguró  el  mono  ya  ni  conoce  a  sus  amigos.» 

No  soltar  el  mono\  mantenerse  inflexible,  no  abandonar 
la  presa. 

En  Cplombia  mono  se  hace  sinónimo  de  bermejo. 


322  MOT 


MONTANA. 


Usamos  esta  palabra  por  sierra;  cordillera,  lugar  pobla* 
do  de  grandes  árboles\  i  la  usamos  bien  porque  todas  estas 
acepciones  tiene. 

MOSCÓBADO,    A. 

En  Chile  se  dice  azúcar  moscobada.  Los  diccionarios 
traen  en  la  voz  azúcar,  mascabada\  i  en  la  voz  mascabado 
dicen  que  se  aplica  al  azúcar  prieto. 


MOTE,  MOTERO,  A,  (PELAR  MOTE. 


Del  quichua  muttiy  (en  araucano  muthi),  el  maiz  o  trigo 
cocido  en  lejía. 

Lo  que  se  entiende  por  mote  en  Chile,  todos  lo  sabemos. 
A  los  extranjeros  que  lo  ignoren,  les  da  la  explicación  si- 
guiente el  autor  de  Chile  ilustrado: 

c(¿Qué  es  mote?  preguntará  el  europeo.  Ni  mas  ni  me- 
nos que  trigo  hervido  en  lejía,  la  que  por  su  fortaleza  i  la 
ayuda  del  fuego  hace  soltar  su  vestimenta  al  grano,  i  lue- 
go, lavado  varias  veces  en  agua  para  que  suelte  el  sabor 
de  la  lejía,  que  nunca  pierde  del  todo.  La  medida  que  usa 
el  motero  es  una  taza  grande  de  loza,  cuyo  justo  precio 
es  un  cuartillo  (3  centavos),  i  la  cual  llena  de  agua  que 
siempre  lleva  consigo  en  un  cántaro  de  barro.» 

No  está  raui  correctamente  explicado;  pero  ahí  tienen 
los  lectores  una  idea  de  lo   que  son  el  mote  i  el  motero. 

Otro  caso  en  que  se  usa  mote,  a  la  chilena,  es  aquél  en 
que  nos  servimos  de  él  para  significar  que  alguno,  al  ha- 
blar, se  ha  llevado  de  calles  alguna  regla  de  sintaxis,  o 
estropeado  alguna  palabra,  o  escrítola  con  todas  sus  letras, 
pero  atribuyéndole  un  sentido  que  no  tiene.  Así^  verbi 
gracia,  sin  ir  mui  lejos,  i  sin  dar  muestras  de  exajerada 
severidad,  podria  decirse,  a  la  chilena,  que  el  autor  del 
artículo  cuyo  es  el  párrafo  que  acabamos   de    copiar  por 


MUC  323 

ejemplo,  echó  un  mote,  empleando  la  palabra  vestimenta, 
que  es  el  vestido  (i  no  como  quiera  sino  el  lujoso)  para 
significar  el  hollejo  del  trigo. 


MOTU   PROPIO. 

(cLuego  no  puede  decirse  en  latin  motu  propio,  en  vez 
de  mea  {tiia,  siia,  etc,)  spontey),  por  de  «motivo  propio, 
motu  propio,  o  de  motu  propio» . 

(LoBECK. — Progysm.) 

ccEl  gabinete  de  Washington  ofreció  de  su  propio  motivo 
la  única  reparación  que  puede  satisfacer  a  la  nación  in- 
glesa.» 

{Bello,— Derecho  internacional.) 

MOZA*. 

¿Puede  considerarse  el  baile  como  un  juego?  Por  qué? 
preguntará  el  lector.  Porque  de  que  se  conteste  negativa 
o  afirmativamente  a  esta  pregunta,  depende  que  moza  sea 
o  no  un  chilenismo,  por  el  último  baile  de  un  sarao. 

En  efecto,  moza,  en  español  de  jugadores,  es  la  última 
mano  que  se  juega;  mientras  que  en  chileno  de  bastone- 
ros i  mirones  es  el  último  valse  i  mas  comunmente  todavía, 
ía  última  cueca  que  se  baila.  I  aquí  está  este  lugar  de  Jo- 
tabeche  que  nos  echarla  en  rostro  nuestra  mentira  si  fal- 
tásemos a  la  verdad:  • 

—  «¡Jesús!  es  muí  tarde!  Tengo  enfermo  en  casa!  Vivi- 
mos tan  lejos!» 

a — Nó,  por  IXos,  señorita!  Mire  Ud.,  las  once  i  media  en 
punto.  Esta  otra  contradanzita  i  nada  mas.  ¡Las  niñas  es- 
tán en  baile!» 

<< — ¡La  moza!  ¡La  moza!  gritaron  todos.» 

MUCHI,    musí  i   MISI. 

Voces  con  que  se  llama  cariñosamente  a  los  gatos  i  que 
son  las  mismas  con  que  se  designa  a  los  individuos  de  la 
especie  gatuna  en  quichua  {misi)  i  en  araucano  [michi). 


324  MUN 

MUJO,  A. 

Servímonos  con  frecuencia  de  este  adjetivo  para  signi- 
ficar el  color  de  los  hábitos  que  usan  los  relijiosos  carme- 
litos;  i  nos  serviríamos  de  él  como  Dios  manda  si,  modi- 
ficando algún  tanto  su  pronunciación,  pusiéramos  una  s  i 
una  g  en  vez  de  la  penúltima  j,  {musgo). 

— «¿Tiene  castilla?  preguntó  una  vieja  que  entraba 
cuando  el  chiquillo  salia.» 

«—De  qué  color,  mamita?  dijo  el  patrón.» 

c< — Muja,  señor,  contestó  la  vieja.» 

{Huérfano.) 

«Entonces  una  irrupción 
Viene  de  godos  i  alanos, 
Espesa  nube  de  frailes 
Sobre  mi  casa  tronando: 
Blancos,  cenicientos,  musgoSy 
Negros,  azules  i  pardos.» 
(MoRATiN. — Romance  al  príncipe  de  la  Paz.) 

Dícese  también  en  español  musco, 

MUNICIÓN. 

Llaman  así  en  Chile  a  la  munición  menuda  que  sirve 
para  cazar  i  que   en  español  se  dice  perdigones. 

((Ahí  he  visto  los  arrreos  de  caza  de  don  Lúeas  i  todo 
es  rico,  todo  es  precioso  en  ellos:  la  escopeta  i  los  fras- 
cos de  la  munición  están  guarnecidos  de  plata  i  los  boti- 
nes i  el  morral  están  bordados  de  seda.» 

(Antonio  de  Trjjebk.-^ Nostaljia.) 
Aquí  munición  significa  colectivamente  la  pólvora  i  los 
perdigones,  i  lo  que  constituye  o  forma  la  carga.      * 

MUNEQUEAR. 

Es  en  español  jugar  las  muñecas,  desusado  en  Chile, 
donde  el  único  que  mimequea  es  el  maíz,  cuando  a  lo  largo 


MUS  325 

de  la  caña  i  entre  ésta  i    las  hojas  empiezan    a  aparecer 
los  choclos, 

«¡Mujer!  mujer!  ¿Has  visto  como  los  melones  están  ca- 
yendos  i  los  choclos  miiñequeando  que  es  bendición  de 
Dios?» 

(D.  Barros  Grez. — Cuentos  para  los  niños  grandes.) 


MURALLA, 

No  se  usa  en  español  sino  para  indicar  las  obras  de 
defensa  con  que  se  rodea  una  plaza  fuerte  o  con  que  se 
impide  la  invasión  de  un  enemigo,  con  baluartes  de  pie- 
dra, ladrillo^  etc.  La  obra  que  sostiene  los  techos  de  las 
casas,  se  llama  pared. 

Muralla,  en  la  acepción  chilena  es  un  galicismo. 

MURRO. 


Con  haber  en  la  lengua  un  buen  número  de  palabras 
para  indicar  los  movimientos  de  que  la  cara  es  capaz 
(guiño^  jesto,  mohin,  momo,  mimo,  mueca,  visaje)  no  co- 
nocemos ninguna  que  nos  muestre  la  expresión  del  ros- 
tro del  que  se  amorra.  En  esa  cara  inmóvil  hai  algo  que 
revela  enfado,  testarronería,  berrinche;  i  ese  algo  lo  ex- 
presamos diciendo:  «Miren   Uds.  el  murro  de  esa  cara.» 

MUSCULACIÓN. 


Musculatura  es  como  debe  decirse. 


N 


NANA. 


Del  quichua  nanai,  dolor,  enfermedad.  Usa  esta  voz 
tanto  la  jente  zatia  como  la  instruida^  pero  solo  para  imi- 
tar el  lenguaje  de  los  niños  a  quienes  se  enseña  desde 
temprano  a  designar  con  ella  cuantos  dolores  o  heridas, 
los  mortifiquen. 


NECROLOJIA. 


Muchos  la  acentúan  mal,  pronunciando  i  escribiendo 
necrolójia.  Su  recta  pronunciación  es  necrolojia  con  el 
acento  en  la  z,  donde  lo  llevan  los  derivados  del  griego 
de  igual  terminación:  analojía,  teolojía,  etimolojía,  etc. 


NEGRO. 

Es  proviclalismo  de  la  América    meridional  como  voz 
i  cariño. 

«En  la  plaza  andan  vendiendo 
Ramilletitos  de  a  peso; 
Le  he  de  comprar  a  mi  negroy 
Será  mi  gusto.... i  por  eso.» 

[Tonada  popular.) 


328  NOL 


NEVAZÓN. 


Provincialismo  tan  afortunado  como  inútil.  El  tempo- 
ral de  nieve  se  ha  llamado  siempre  en  castellano  nevasca^ 
nevasco  o  nevada, 

«I  llega  otra  vez  el  frió 
I  vuelven  las  nevazones 
I  de  nuevo  los  podones 
Se  arriman  al  molejón.)) 
(Z.  Rodríguez.— ZcfPíírm  i  el  Podador.) 

NIGUA. 

Mas  feliz  este  bicho  que  muchos  otros  que  le  aventajan 
en  utilidad  i  figura,  ocupa  mui  orondo  un  lugar  en  el 
Diccionario  de  la  Academia. 

Nigua  [pulex  penetrans),  según  el  vocabulario  que  viene 
al  fin  de  la  Historia  de  las  Indias,  de  Oviedo^  seria  de 
oríjen  cubano. 

«Esta  palabra  [inagua)  puede  que  sea  derivada  del  vo- 
cablo lucayo  jimagua,  que  quiere  decir  jemelas,  lo  que 
tendria  aplicación  a  las  dos  Inaguas.  Pero  no  faltará  quien 
prefiera  hallar  la  etimolojía  en  las  muchas  niguas  que 
aun  constituyen  una  de  las  plagas  de  las  dos  Inaguas.» 

(J.  A.  DE  Varnhagen. — La  verdadera  Guanahani  de 
Colon.) 

NO  le  hace 

tt— Oye,  Juan,  mañana  le  das  otro  riego  á  la  viña. — Es 
que  en  la  semana  pasada  no  mas  le  puse  el  agua. — JVo  le 
hace. — Es  que  está  todavía  húmeda. — No  le  hace. — Es  que 
la  uva  se  va  a  dar  desabrida. — No  le  hace » 

El  testarudo  viñador  queria  decir  con  su  estribillo  que 
iiada  importaba  nada,  salvo  que  su  voluntad  se  cumpliese. 


NANA. 

Del  quichua  ñañay  hermana ,  amiga,  paisana.  En  arau- 
cano, ñeñe  es  madrastra. 

Es  provincialismo  que  corre  muí  bien  aceptado  entre 
la  jente  ignorante. 

Por  lo  común  la  ñaña  es  la  hermana  mayor;  bien  que 
en  ocasiones  la  hayamos  oido  emplear  como  sinónima  de 
mama, 

«Tocóle  su  turno  a  doña  Mercedes  Alderete  i  dijo: 

Cuando  niño  verde 
Cuando  joven  colorado 
I  cuando  viejo  pelado.» 

c(A  lo  que  saltó  la  cocinera  con  visibles  muestras  de  ale- 
gría:—¡Qué  gracia!  ya  la  sabia  yo  desde  que  me  la  ense- 
ñó ñaña  Peta:  ese  es  el  peumoJy) 

(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio.) 

ÑATO,  A. 

Designamos  con  esta  palabra,  cuyo  oríjen  puede  ser  mui 
bien  la  quichua  ñanppi,  embotado»  sin  punta,  3l  los  que 
en  castellano  se  llaman  chatos  o  romos,  jente  de  nariz 
peqjieña  i  aplastada. 

Sato  es  a  menudo  término  de  cariño  en  el  trato  fami- 


330  So 

liar;  i  tanto  en  este  sentido  como  en  el  de  romo  es  usa- 
do en  el  Perú  i  la  República  Arjentina. 

«Yo  que  a  narigona,  ñata. 
Alta,  baja,  fea,  hermosa,  etc.» 
(Estanislao  del  Campo,  ~Mo?ió¿o(jo  de  mi  tronera,) 

I  de  las  consabidas  narices  nada  mas  diremos,  porque 
está  escrito: 

«En  cuanto  a  nariz  ñatay  punto  i  coma 

La  nariz  de  esta  clase  no  entra  en  broma.» 


ÑAUCAS. 

Imposible  nos  ha  sido  averiguar  la  época  en  que  este 
conocido  personaje  florecería.  Lo  único  que  hemos  saca- 
do en  limpio,  es  que  debió  de  ser  contemporáneo  del  rei 
Perico,  i  niño  de  un  tiempo  con  la  reina  Mari-Castaña, 

En  tiempo  de  Ñaucas,  equivale  a  mui  antiguamente,  en 
tiempo  del  rei  que  rabió. 

Según  Juan  de  Arona  ahora  ñaupas  es  en  el  Perú  una 
expresión  que  equivale  a  ahora  tiempos,  a  lo  de  marras, 
etc. 

¿Sería  este  señor  Ñaupas  o  Ñaucas,  algún  célebre  i  an- 
tiguo personaje  de  la  América  bárbara?  ¡Indiphodi!  ¡In^ 
diphodi!  contestaremos  con  el   famoso  poeta  tecuzcano, 
Nezahualcoyolt,  lo  ignoramos! 

Ño,  ÑA. 

Ñuño,  ñuña,  si  hemos  de  creer  al  Diccionario  de  la 
Academia,  era  título  de  respeto,  como  hoi,  señor,  señora, 
don,  doña\  título  que  paró  después  en  apellido  de  familia. 

En  Chile,  i  si  no  nos  engañamos  en  toda  la  América 
latina,  se  usa  señor,  señora,  en  su  forma  íntegra  i  en  su 
forma  abreviada,  pero  ccn  significaciones  diferentes. 

Señor,  a,  es  tratamiento  que  se  da  a  las  personas  de 
respeto  por  su  posición  social,  sean  o  nó  de  avanzada 
edad. 


KO  331 

Ño  o  ñor  i  ña  se  anteponen  por  lo  común  al  nombre 
de  aquellas  personas  que,  siendo  pobres  o  plebeyas,  me- 
rezcan por  sus  años  o  estado  algo  mas  que  el  insolente 
tú  de  quien   les  dirija  la  palabra. 

íiÑo  Ambrosio  el  inglés,  como  llamaban  las  limeñas  al 
mercachifle.» 

(Ricardo  Palma. — Tradiciones  peruanas.) 

í'Oigajté,  ña  Sacramenta, 
Le  diré  ajté  mi  pasión: 
Soi  cojtante  en  el  querer 
I  en  el  amar  dadivoso, 
Si  ujté  no  lo  quiere  creer 
Lo  dirá  flor  Sinforoso.» 

(José  María  Esteva.) 

«Sí,  sí,  agregamos  todos;  está  mala  la  adivinanza  de 
ña  Estefanía!» 

(Z.  Rodríguez.— Loco  Eustaquio.) 

El  ño  de  los  ejemplos  anteriores  tiene  gran  semejanza 
de  significación  con  el  tío  de  los  españoles. 


o 

OBSEQUIO,  OBSEQUIAR. 

Ni  en  los  clásicos  ni  en  los  diccionarios  de  la  lengua 
encontramos  a  obsequiar  como  activo,  por  regalar^  ni  a 
obsequio  por  regalo. 

No  puede  negarse,  sin  embargo,  que  el  cambio  de  sentido 
que  en  ambos  vocablos  hemos  operado,  no  tiene  nada  que 
repugne  a  la  índole  de  la  lengua,  como  que  es  mui  seme- 
jante al  que  sufrieron  en  lo  antiguo  regalar  i  regalo. 

No  creemos  por  lo  tanto  habernos  hecho  reos  de  mui 
grave  culpa  al  escribir: 

((Me  dio  lástima  i  no  pude    resistir  a   la  tentación  de 
robar  una  (una  guinda)  que  íuera  para  obsequiársela.» 
(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio.) 

OCÉANO. 


¿Dónde  lleva  el  acento  esta  palabra  i  con  cuántas  ce 
debe  escribirse? 

La  Academia  española  escribe  océano. 

Don  Andrés  Bello  dice,  que  si  bien  es  lícito  cargar  el 
acento  en  la  a  a.  los  poetas  según  la  práctica  menos  auto- 
rizada, no  se  tolera,  ni  en  prosa  ni  en  verso  pronunciar 
occeano  u  occéanOy  con  dos  ce. 

Don  Valentín  Gormaz  en  su  Correcciones  léxigráfieas, 
nos  hace  saber  que  occeanb  no  existe. 


334  OFE 

Don  Rafael  María  Barált  i  don  José  Gómez  Hermosilla, 
pronuncian  i  escriben  occéano. 

Don  Pedro  Felipe  Monlau  en  su  Diccionario  etifnolójico 
de  la  lengua  castellana  escribe  como  la  Academia  i  el  se- 
ñor Bello,  océano. 

Covarrúbias  en  su  Tesoro  de  la  lengua  castellanay  océa- 
no, con  una  c  i  el  acento  en  la  a. 

Lo  dicho  probará  que  las  opiniones  andan  sobre  lá 
pronunciación  de  la  palabra  asunto  de  este  párrafo,  muí 
divididas,  i  que  si  bien  liai  motivos  para  inclinarse  al  pa- 
recer de  la  Academia,  no  lo  liai  para  decir  como  el  se- 
ñor Cuervo  en  sus  Apuntaciones  '<que  es  un  disparate 
mayor  de  marca  pronunciar  occeano  con  dos  cc.yy 

Nosotros  no  pronunciaremos  así;  pero  nos  guardaremos 
de  declarar  ignorantes  o  disparatados  a  los  que  abriguen 
una  opinión  diversa. 

ODIO,  ODIAR. 


Torcemos  con  frecuencia  el  significado  de  estas  pala- 
bras, empleando  el  sustantivo  como  si  fuese  sinónimo  de 
majadería,  molestia,  fastidio,  i  el  verbo  como  equivalente 
de  fastidiar,  moler. 

Cuando  un  niño  no  se  está  tranquilo,  i  llora,  i  se  impa- 
cienta a  cada  momento,  dice  su  madre  que  debe  de  estar 
enfermo,,  porque  está  odiosito, 

«Esto  te  pasa  por  lacho 
Salió  diciendo  la  Lora^ 
Yo  veré  si  vas  ahora 
A  odiarme,  Loro  borracho.» 

(GuAJARDO.— Ce/o5  de  la  Lora  al  Loro.) 


OFERTAR. 


Por  ofrecer  no  existe.  Es  verbo  inventado  por  algunos 
con  ridicula  afectación. 


OJO  335 


OJEAR. 


Un  tiempo  hubo  en  que  opinamos  que  la  creencia  de  que 
era  posible  hacer  daño  a  las  personas,  (por  lo  regular  ga- 
llardas i  hermosas)  mirándolas  fijamente,  era  una  abusión 
de  oríjen  araucano.  Mas  abrimos  el  Diccionario  de  la 
Academia  en  la  palabra  aojar  i  salimos  de  nuestro  error. 
nAojarí)  dice  el  ilustre  cuerpo,  «es  hacer  mal  de  ojo.y)  Hü" 
bemus  confitentem  reum!  La  abusión  no  nos  vino  de  Arau- 
co;  nos  vino  de  España.  De  España  también  nos  vino  la 
palabra  que  ha  conservado  nuestro  pueblo,  sin  mas  alte- 
ración que  la  precisa  para  convertir  el  castizo  aojar  en  el 
rotuno  ojear. 


OJOTA. 

Parece  que  es  esta  palabra  de  oríjen  mejicano-indíje- 
na  [uxota.) 

Designamos  con  ella  unas  como  sandalias  toscas  de  cue- 
ro sin  curtir  que  usan  los  peones  que  trabajan  en  las 
chacras  i  minas. 

Las  hai  de  dos  especies. 

Ojota  chacarera  es  una  sandalia  que  cubre  la  planta  del 
pié  i  que  se  sujeta  con  unos  correoncillos  que  se  hacen 
pasar  cruzados  por  sobre  el  empeine  i  el  tobillo. 

La  ojota  minera  se  asemeja  mas  al  zapato,  como  que  en 
realidad  no  es  mas  que  una  babucha  de  cuero  crudo, 
groseramente  amoldado  al  pié. 

Bosquejando  la  fisonomía  de  la  Plaza  de  Armas  de  San- 
tiago en  1825,  dice  don  José  Zapiola  en  sus  Recuerdos  de 
30  años: 

«De  oriente  a  poniente  i  a  cinco  metros  de  distancia 
de  la  pared  norte  de  la  plaza,  corría  una  acequia  cubier- 
ta de  loza  en  toda  la  extensión  de  esa  cuadra.  Toda  ella  era 
ocupada  por  los  vendedores  de  ojotas.yy 

«Allí  acudían  los  que  usaban  este  calzado,  que  enton- 
ces eran  muchos,  por  su  bajo  precio,  un  medio  real.  Las 
ojotas  viejas  quedaban  donde  se  compraban,  las  nuevas,  i 
esta  arma  arrojadiza  suministraba  a  los   muchachos  un 


336  ONC 

elemento  para  empeñar  todos  los  dias  festivos  esas  guerras 
de  ojotas  a  las  que  jamas  faltamos  por  la  inmediación  de 
nuestra  casa  al  campo  de  batalla.» 


OLEO. 

Poner  a  alguno  el  óleo  u  olearlo  es  ponerle  la  Extrema- 
unción. Nosotros  lo  usamos  revesadamente  por  Bautismo. 
I  ya  se  ve  que  entre  el  sacramento  con  que  la  Iglesia  se 
despide  de  los  que  agonizan  i  el  con  que  recibe  a  los  re- 
cien nacidos  hai  talcual  diferencia. 


ONCE. 

Por  la  refacción  que  se  toma  a  medio  dia,  es  palabra 
castiza;  aunque  no  sea  fácil  encontrar  ejemplo  de  ella 
en  los  escritos  de  los  clásicos. 

Como  que  la  dicha  colación  deriva  su  nombre  de  la 
hora  en  que  se  toma,  carece  de  plural  i  es  un  disparate 
decir:  vamos  a  tomar  las  onces. 

«Luego  entraron  los  porteros  i  traian  sendas  botellas  i 
vasos  acompañados  de  tiernos  panecillos,  con  lo  cual  to- 
dos se  apresuraron  a  tomar  las  once  para  cobrar  nuevas 
fuerzas.» 

[Mesonero.) 

«Apenas  nos  habíamos  sentado,  cuando  ya  habia  preve- 
nido el  amo  que  sacase  las  once:.... Amigo,  nos  pusieron 
una  mesa  con  tantas  viandas  i  tanto  lujo^  que  apenas  me 
atreví  a  probar  un  bocado.» 

(Hartzenbusch.) 

Es  por  lo  tanto,  aunque  curiosa,  completamente  anto- 
jadiza la  etimolojía  que  atribuye  al  vocablo  cuestionado 
el  señor  Vicuña  Mackenna  en  el  siguiente  pasaje  de  su 
Historia  de  Santiago: 

«I  era  tomar  entre  el  desayuno  i  la  comida,  por  via  de 
confortativo  un  poco  de  mistela  o  aguardiente,  i  por  las 
once  letras  de  este  último  llamaban  esta  distribución  o 
parvidad  las  once.y) 


OTR  33t 


ORA  U  HORA. 


Nombre  vulgar  de  la  epilepsia,  alferecía  i  otras  enfer- 
medades de  los  nervios. 

Por  lo  común  se  dice  que  se  enferman  de  este  irial  las 
gallinas  que  repentinamente  se  tuercen  del  pezcuezo  i  caen 
ai  suelo  sin  poder  andar. 


ORIJEN 


La  locución  saber  alguna  cosa  de  buen  orijen  no  viene 
en  los  diccionarios,  que  dicen  saber  alguna  cosa  de  buen 
orijinal. 


EL  OTRO,     LA  OTRA. 

uPorque  si  ella  no  hubiese  consentido  el  otro  no  podia 
entrar.)) 

(A.  Blest  Gana. — Martin  Rivas,) 

«Ademas,  ¿qué  culpa  tienen  ellas  si  la  otra  ha  perdido 
la  vergüenza?» 

(A.  Blest  Ga^x.—EI  Ideal  de  un  Calavera.) 

En  ambos  lugares  ha  subrayado  el  autor  las  palabras 
el  otro,  la  otra,  para  manifestar  que  el  adjetivo  otro,  usado 
como  sustantivo,  es  un  provincialismo  chileno  o  pur  lo  me- 
nos peculiar  a  la  jente  del  pueblo.  Pero  hase  equivocado 
el  señor  Blest  Gana^  porque  el  modismo  es  castellano. 

«Atrevidilla  era  la  doña  Mónica  i  gran  cuco  el  tal  don 
Sinforiano  en  mantenerse  firme  en  sus  trece  para  que  la 
otra  le  apretase.» 

(Baralt. — Diccionario  de  Galicismos.) 

«Sabemos  lo  que  sucedió  al  otro  que  quiso  ordeñar    la 
mona  antes  de  mirarle  la  cara.» 
[Capmaiiy,  citado  por  Baralt,  Dic.  de  Galic.  voz  gobernar.) 


338  OVE 

«Yo  soi  el  otro\  i  rae  conocerás,  pues,  no  hai  cosa  que 
no  la  diga  el  otro,  I  luego  en  no  sabiendo  como  dar  ra- 
zón de  sí  dicen:  como  dijo  el  otro.yy 

(QuEVEDO.— Fmía  de  los  chistes.) 
orín. 
Véanse  ARRUMBE  i  moho. 

OVERO,    A. 

Adjetivo  que  se  aplica  en  España  a  los  caballos  de  pelo 
blanco  manchado  de  alazán  i  bayo.  En  Chile  lo  aplicamos 
a  los  animales  de  piel  remendada  o  de  varios  colores,  los 
mismos  que  castizamente  se  llaman  pios. 


PABLO,   PAULO. 

Criticando  estas  palabras  de  Sarmiento:  «¿No  se  moría 
de  fastidio  Buffon  al  oir  a  Saint  Fierre  leer  su  Paulo  i 
Virjinia?í)  dice  Villérgas:  «Decididamente  el  señor  Sar- 
miento sabe  mucbo;  pero  es  poco  afortunado  para  traducir 
nombres  propios  del  francés.  Antes  tradujo  Pépin  por 
Pipino,  i  ahora  traduce  Paul  por  Paulo»    ¿Ignora  el  señor 

Sarmiento,    por    ventura ¿ignora,  digo,  el  profundo 

sabio  de  quien  me  ocupo,  que  el  nombre  Paulan  francés 
es  equivalente  a  Pablo  en  español?» 

(J.  M.  Villérgas. — Sarmenticidio.) 

La  crítica  de  Villérgas  es  justa,  si  bien  un  tantico  ex- 
cesiva, porque  aun  cuando  sea  cierto  que  lo  correcto, 
común,  autorizado  i  preferible,  cada  vez  que  se  hable  del 
apóstol  de  los  jentiles  es  Pablo,  como  han  escrito  casi  to- 
dos los  clásicos,  no  debe  olvidarse  que  ha  solido  decirse 
también  Paulo  i  que  este  uso  cuenta  con  la  tolerancia  de 
algunos  maestros  del  idioma  i  hasta  con  la  de  la  Academia, 
en  cuyo  Diccionario,  última  edición,  (1869)  leemos:  uPaulo, 
m.  n.  p.  Pablo.  Se  usa  hablando  de  los  papas  i  empera- 
dores de  este  nombre.» 

Cuanto  a  los  maestros,  bástenos  hacer  mención  de 
Covarrúbias  que  escribió  en  su  Tesoro:  uPablo,  latine  Pau- 
lus,  muda  la  ii  en  b  como  es  ordinario;  i  también  decimos 
Paulo. y) 

El  hermitaño  qxí  El  condenado  por  desconfiado,  de  Tirso 
de  Molina,  se  llama  Paulo. 


340  PAC 

«O3  envió  agora  estas  epístoFas  de  San  Paulo  traducidas 
del  griego  en  romance  castellano.» 

(Juan  de  Valdés.) 

((Valdés  habla  de  esta  obra  snja    en   la  dedicatoria  de 
las  epístolas  de  San  Pablo  a  Julia  Gonzaga.» 

(R.  Mesonero  Romanos.) 

paco;  paco,  a. 


En  que  vulgar  i  socarronamerite  llamamos  pacos  a  los 
soldados  que  en  España  llaman  guardias  civiles,  i  por  acá 
en  mas  decente  estilo  policiales,  no  cabe  duda  ni  disputa. 
Pero  ¿cuál  es  la  etimolojía  de  esta  voz?  Aquí  la  certeza 
falta  si  bien  no  falten  las  conjeturas, 

La  palabra  paco,  según  el  vocabulario  americano  aña- 
dido por  don  Amador  de  los  Rios  a  la  Historia  de  las  In- 
dias de  Oviedo,  seria  de  oríjen  quichua,  en  cuyo  idioma 
quiere  ella  decir,  siervo,  esclavo. 

El  señor  Vicuña  Mackenna  parece  inclinarse  a  aceptar 
esta  etimolojía  a  todas  luces  errónea.  Errónea  porque  no 
existe  en  quichua  una  palabra  que,  significando  siervo  o 
esclavo,  hubiera  podido  dar  oríjen  a  nuestro  paco',  i  erró- 
nea también  porque  es  difícil  percibir  la  relación  que 
exista  entre  la  condición  de  los  siervos  i  la  de  los  encar- 
gados de  mantener  el  orden  en  las  calles  i  plazas. 

Lo  mas  probable  nos  parece  suponer  que  el  paco  nues^ 
tro  venga  del  quichua  ppáccu,  que  significa  rubio,  casta- 
ño,  bayo,  como  no  solo  es  de  suponerse,  sino  de  afirmarse 
categóricamente  con  respecto  al  adjetivo,  paco,  a,  bayo, 
a.  Para  explicarnos  la  sustantivacion  de  este  adjetivo  nos 
bastará  recordar  que  hace  algunos  años  no  era  raro  ver 
abrigados  a  \o^  policiales  de  Santiago  con  ponchos  pacos, 
únicos  capotes  con  que  aun  se  defienden  del  frió  i  de  la 
lluvia  los  de  varios  departamentos,  i  que  no  faltan  en 
nuestra  patria  ejemplos  de  adjetivos  que  expresan  color 
trocados  en  sustantivos  que  designan  a  las  personas  que  de 
él  acostumbran  vestirse.  ¿No  llamamos  vulgarmente  mora- 
dos a  los  obispos,  negros  a  los  tordos?  I  por  la  inversa,  no 
llamamos  carmelita  al  color  de  que  se  visten  los  relijiosos 
de  la  orden  del  Carmelo,  i  lacre  el  rojo,  solo  porque  este 


PAD  341 

es  el  color  que  comunmente  se  da  a  aquél?  ¿Por  qué  no 
suponer  entonces  que  el  color  de  los  ponchos  de  los  guar- 
dias civiles  haya  servido  al  vulgo  para  formarles  un  nom- 
bre, ya  que  él,  o  no  existia  en  la  Península,  o  no  había 
llegaáo  a  estas  tierras? 

PacOy  a,  como  queda  dicho,  es  hayOy  a,  i  a  veces  tam- 
bién pardo,  a. 

«Figúrese  su  mercé 
Que  si  yo  salgo  a  la  esquina, 
A  la  recova  o  al  puerto 
A  cualquier  hora  del  dia, 
El  primer  paco  que  miro 
Me  dice  al  pasar:  Mi  vida 

¡Site  llevara /?«  entro\ » 

(M.  Antonio  Benavídes. — La  Mejor  espuela.) 


PACHACHO,  A. 

De  significación  mui  parecida  a  mampato,  peíiso,  poto- 
co, de  los  cuales  se  distingue  en  aplicarse  de  preferencia 
a  las  gallinas  enanas,  o  mas  propiamente,  de  gran  caja  i 
de  cortas  patas. 

Mampato  i  petiso  se  dice  por  lo  común  de  los  caballos  i 
cuadrúpedos. 

Potoco,  a,  de  las  personas. 


PACHOTADA. 


Dígase  patochada, 


PADREJÓN. 


Las  aprendices  de  parteras,  comadres  o  matronas  (en 
la  jerigonza  de  moda  profcsoi^as  de  partos)  i  las  que  desem- 
peñan el  oficio  sin  haberse  dado  el  trabajo  de  aprenderlo, 
llaman  madre  el  órgano  de  la  mujer  en  que  se  forma  i 
desarrolla  el  feto. 


342  PAJ 

Ahora  bien,  como  lo  que  no  se  le  ocurre  al  diablo  suele 
ocurrirse  a  las  comadres,  ocurrióseles  a  éstas  que  los 
hombres  han  de  tener  algún  órgano  correlativo  a  la  ma- 
dre de  las  mujeres,  i  que  el.  nombre  correlativo  también 
que  mejor  cuadraba  a  aquél  era  el  de  padrejón,  ¿Habrá 
desatino? 

Nada  es  mas  común  entre  los  enfermos  pobres  que  acu- 
den a  las  boticas,  despenseríos  i  médicos,  que  el  explicar 
su  enfermedad  diciendo  que  se  les  ha  subido  el  padrejorí, 
o  que  se  les  ha  bajado,  o  que  les  salta,  o  que  a  tiempos  se 
les  atraviesa,  etc. 

Un  facultativo  nos  asegura  que  lo  que  toman  rotos  i  gua- 
sos por  padrejón  las  mas  de  las  veces  es  el  cólico. 


PADRÓN. 

No  tiene  entre  sus  acepciones  castizas  i  autorizadas  por 
los  diccionarios  de  la  lengua  la  de  caballo  padre,  que  le 
damos  en  Chile. 

ccPor  esto  buscan  siempre  el  macho  cabrio,  el  morueco, 
el  toro^  o  el  caballo  padre  mas  activo,  etc.» 

(MoNLAU. — Hijiene  del  matrimonio.) 

También  solemos  llamar  potros  a  los  caballos  padres, 
designando  con  el  nombre  ¿q  potrillos  a  aquéllos. 

PAJONAL, 

Entendiéndose  por  paja  en  España  la  caña  del  trigo, 
cebada,  etc.,  después  de  seca,  triturada  i  separada  de  la 
espiga^  es  claro  que  no  necesitaban  de  una  palabra  que 
indicase  el  sitio  en  que  la  paja  se  cria  i  produce.  Con  el 
pajar  para  guardarla  tenian  suficiente. 

No  así  en  Chile,  donde  llamamos  paja  de  totora  una  es- 
pecie de  carrizo  que  sirve  para  hacer  esteras,  sillas,  i  para 
otros  diversos  usos. 

El  sitio  en  que  esa  clase  de  paja  se  produce  se  llama 
pajonal,  i  dada  la  acepción  de  paja  que  hemos  apuntado, 
no  vemos  medio  de  evitar  el  neolojismo.  Para  suprimir  los 
pajonales  seria  preciso  comenzar  por  suprimir  la  paja  de 


PAM  343 

totorüy  empresa  que  ni  podría  llevarse  a  cabo  en  quítamef 
allá  esas  pajas,  ni  seria  tan  fácil  como  sacarlas  de  una  al- 
barda. 
Véase  papal.  ' 

PALANGANA,   ADA. 

Un  palangana,  es^  según  Salva,  que  califica  esta  pala- 
bra de  provincialismo  peruano,  un  presumido,  entrometi- 
do, que  raja  sobre  lo  que  no  entiende. 

No  tenemos  a  la  mano  las  Memorias  del  jéneral  Miller; 
pero  recordamos  haber  leido  en  ese  libro  que  tanto  abun- 
daban allá  en  la  época  de  la  independencia  los  palanga- 
nas en  Lima,  que  se  formaron  batallones  de  ellos. 

Un  palangana,  es  en  español  un  charlatán,  hablantín, 
tronera. 

Palanganada  es  acción  o  palabra  propia  de  palanga- 
nas. 

I^ALQUÍ. 


Este  arbusto,  cuyo  nombre  botánico  es  céstrum  parqui, 
es  de  uso  tan  jeneral  en  la  medicina  casera  que,  para  de- 
cir que  una  persona  o  cosa  es  mui  conocida  de  todos,  se 
dice:  como  el  palqui,  o  mas  conocida  que  el  palqui.  En 
castellano  se  dice  mas  conocido  que  la  ruda. 

Palqui  es  voz  araucana,  i  es  raro  que  Mr.  Gay  manifes- 
tara no  conocer  el  nombre  vulgar  de  lo  mas  conocido  que 
hai  en  Chile,  escribiendo  en  su  Botánica  parqui. 


PAMPA. 

En  qyxichvLdi.  pampa,  q^  plaza,  suelo  llano,  llanada,  campo. 

Usase  esta  palabra  en  tres  acepciones  distintas:  1.*  lla- 
nura extensa,  por  lo  jeneral  árida  o  a  lo  menos  inculta  (la 
pampa  de  Islai,  las  pampas  arjentinas);  2.^  por  desnudo, 
descubierto,  a  cielo  raso;  3."  por  el  salvaje  que  habita  las 
Pampas. 


344  PAM 

«Compañero,  no  hai  por  qué  acobardar,  hemos  pasado 
lo  mas  difícil  del  camino  i  ya  estamos  en  pampa  rasa.)> 
(Vicuña  Mackenna. — Portales.) 

(cílóres  de  suave  fragancia 
Toda  la  pampa  brotaba 
Al  tiempo  que  coronaba 
Los  montes  a  la  distancia 
Un  resplandor  que  encantaba.» 

(AscÁsuBi. — La  Madrugadaí) 

«Campo  ajuera  se  levantan 
Como  nubes  polvaderas 
Preñadas  todas  enteras 
De  pampas  desmelenaos ^  etc.» 

(Id. — La  Indiada.) 

¿Quién  ignora,  por  último,  que  pampa  i  a  veces  pampi- 
lia  es  el  nombre  con  que  conoce  el  vulgo  el  campo  des- 
tinado a  las  revistas,  paradas  i  ejercicios  militares,  i  otras 
diversiones  públicas? 

Ni  pampa  ni  pámpílla  nos  llenan  el  gusto;  pero  si  no 
hemos  de  decir  prado,  de  mui  buena  gana  nos  quedaría- 
mos con  cualquiera  de  ellas  a  trueque  de  librarnos  de  los 
campos  de  Marte,  que  no  son  de  cristianos. 

Pampa  ha  sido  adoptado  por  la  Academia. 


*       PÁMPANO . 


.    En  castellano,    el  sarmiento  verde,  pimpollo  de  la  vid. 

Entre  nosotros,  los  pequeños  racimos,  especialmente 
aquellos  que  quedan  en  los  sarmientos  después  de  hecha 
la  vendimia. 

Arrepentidos  de  haber  cometido  un  tan  garrafal  dispa- 
rate la  primera  vez  que  publicamos  la  composicioncilla  ti- 
tulada El  pajarero,  (aun  cuando  enmendamos  la  pam- 
pirolada en  la  inserción  que  hicimos  de  ella  en  el  primer 
tomo  de  la  Micelánea  literaria  poniendo  racimos  donde 
áeci'd  pámpafws)  copiaremos  aquí  la  estrofa  en  su  primera 
forma,  en  penitencia  i  para  ejemplo: 


PAN  345 

«De  pié,  sobre  un  andamio  improvisado 
En  medio  de  la  viña,  grita  ronco 

Un  mancebo  jentil^ 
Espantando  los  pájaros  que  chupan 
El  codiciado  jugo  que  atesoran 

Los  pámpanos  de  abril!» 


PANA. 

Matanceros,  carniceros,  galopines  i  fregonas  de  cocina, 
llaman  pana  el  hígado  de  las  vacas,  carneros,  cerdos,  etc. 
Pana  es  evidentemente  la.  pua}icay  con  que  los  araucanos 
designan  los  intestinos  o  menudos  de  los  animales. 

PANANAS. 


Pesado,  inhábil  para  saltar  o  trepar,  poltrón. 

Se  aplica  a  las  personas  i  a  las  bestias.  Tiene  alguna 
semejanza  de  significación  con  cutama,  i  como  ésta  es  de 
orí  jen  bárbaro. 

Panananac  en  la  lengua  de  los  indios  peruanos  es,  reple- 
to,  harto  de  comer  i  beber. 


PANCHO,   A. 

Nombres  que  aplicamos  familiarmeníe  a  los  que  en  la 
pila  bautismal  han  recibido  el  de  Francisco,  o  Francisca. 
Según  Salva  es  provincialismo  de  oríjen  cubano.  Viene, 
no  obstante,  sin  la  nota  de  provincial  en  el  Diccionario 
de  la  Academia. 


PANIZO. 

Llámase  así  a  la  chilena  el  criadero  de  minerales  o  el  lu- 
gar que  a  la  vista  presenta  los  caracteres  propios  de  un 
criadero. 

Panizo  pintador,  es  el  que  promete  metales  abundantes 
1  de  buena  calidad. 

4f> 


316  PAP 

Panizo  broceador,  ol  que  promete  poco  i  anuncia  próxi- 
mo broceo. 


PANTEÓN, 

Se  llama  en  Chile  cualquier  cementerio:  panteón  tienen 
los  villorrios  i  aldehuelas;  i  en  panteones  se  depositan  los 
restos  mortales  de  los  mendigos  i  ajusticiados. 

((Panteón  [diQ  pan  i  //¿eos)  templo  consagrado  a  todos  los 
dioses.»» 

(MoNLAU— Z)zc.  etimolój.  voz  Dios.) 

((Desde  alguna  distancia  divisamos  la  bella  fachada  del 
panteón  con  su  gran  cruz  al  frente»)  (habla  del  pueblo  de 
Puerto  Montt.) 

{Provs.  meridionales  de  Chile,-  por  C.  García  Huidobro.) 
((Pero  luego  encuentran  nuestras  miradas  otro  edificio, 
la  civcel y  panteoíi  de  vivos  en  donde  mora  la  corrupción 
i  el  desorden.»  (id.  id.) 

PAPA,    PAPAL,    PAPERO^     A. 


Pocos  habrá  en  América  i  aun  en  Europa  que  ignoren 
llamamos /?a/)a  al  tubérculo  que  los  botánicos  conocen  con 
el  nombre  de  solanum  tuberosum,  i  los  españoles,  con  el 
de  patata.  ^ 

Papa  es  voz  de  la  lengua  quichua,  en  la  cual  sirve 
para  designar,  no  solo  las  patatas,  sino  las  plantas  que 
tienen  raices  bulbosas. 

Papal,  el  sitio  sembrado  de  papas. 

El  señor  Gormaz  dice  en  sus  Correcciones  que  no  se  de- 
be llamar  papal  el  sitio  sembrado  de  patatas,  sino  papa- 
tal,  (probablemente  la  segunda  p  está  en  lugar  de  t  por 
error  de  imprenta).  I  ¿por  qué  no  papal,  siendo  que  los 
americanos  no  decimos  patata  sino  papa,  voz  que  el  Dic- 
cionario trae  como  sinónima  de  patata'^  Es  cierto  que  éste 
no  trae  a  papal,  mas,  ¿qué  tiene  de  extraño  que  esta  voz 
americana  no  haya  llegado  aún  a  los  oidos  de  la  Acade- 
mia? Si  llamáramos  a  las  plantas  en  que  nos  ocupamos  pa- 


PAP  347 

tatas,  preciso  seria  diésemos  el  nombre  de  patatal  al  sitio 
sembrado  de  ellas;  pero  desde  que  se  acepta  papa  es  un 
absurdo  negar  el  pase  a  jmpal^  derivado  de  formación 
irreprochable. 

Como  la  doctrina  que  estamos  sustentando  servirá  para 
saber  a  qué  atenerse  en  los  casos  análogos  que  ocurren, 
que  no  son  pocos,  vamos  a  manifestar  las  razones  i  autori- 
dades en  que  se  apoya. 

Dice  el  señor  don  J.  Gómez  Hermósilla  en  su'  Arte  de 
hablar  en  prosa  i  verso. 

«En  las  palabras  nuevas  hai  que  distinguir  las  que  son 
sacadas  de  la  lengua  misma  i  las  que  son  tomadas  de  otra, 
ya  viva,  ya  muerta 

«En  cuanto  a  las  que  se  sacan  del  propio  fondo  de  la 
lengua,  esto  puede  hacerse  o  por  derivación  o  por  compo- 
sición. Por  derivación  se  hace  una  palabra  nueva,  cuan- 
do de  un  primitivo  usual  se  deduce  un  derivado  que  has- 
ta entonces  no  ha  estado  en  uso.  Por  ejexplo,  de  muchos 
adjetivos  en  ible,  able,  al,  U,  no  se  usa  el  sustantivo  en 
idady  verbi  gracia,  de  destructible  destructíbilidad\  i  así 
cualquiera  de  estos  que  se  forme  e  introduzca,  será  una 
palabra  nueva  por  derivación 

«Como  ésta  hai  innumerables,  i  es  absurdo  i  ridículo 
acusar  de  neolojismo  al  autor  porque  tales  voces  no  se  ha- 
yan en  los  Diccionarios.  1.^  No  existe  en  el  mundo,  i  aca- 
so no  existirá  nunca,  un  Diccionario  que  contenga  todas 
las  voces  de  una  lengua,  i  mucho  méjios  todas  las  deriva- 
das que  con  buena  analojía  se  pueden  deducir  de  las  pri- 
mitivas ya  recibidas.  2.^  El  neolojismo  consiste,  como  ve- 
remos, no  en  estas  felices  deducciones  que  enriquecen 
las  lenguas,  sino  en  la  manía  de  querer  alterar  las  signi- 
ficaciones autorizadas  por  el  uso  o  mudar  los  accidentes 
gramaticales  de  algunas  voces.-» 

En  virtud  de  lo  dicho  no  puede  condenarse  a  papal,  voz 
formada  ^q  papa  según  el  jénio  de  la  lengua  española  i  la» 
reglas  de  la  analojía. 

«En  los  nombres  sustantivos,,))  dice  en  su  Gramática  don 
Vicente  Salva,  «las  mismas  terminaciones  a¿  i  ar,  i  tam- 
bién edo  i  eda  sirven  para  los  nombres  colectivos  que  com- 


348  PAR 

prenden  muchas  cosas  o  individuos  de  una  misma  especie, 
como  acebuchal,  arenal,  romeral,  etc.» 

Lo  que  precede  es  aplicable  a  papero,  el  cual  es  preciso 
aceptar,  mas  aún,  el  cual  debe  considerarse  como  implíci- 
tamente aceptado,  desde  que  se  aceptó  su  primitivo. 

Concluimos  con  las  siguientes  reflexiones  que  son  del 
Prólogo  a  la  Gramática  del  señor  Bello: 

«Si  de  voces  castellanas  hemos  formado  (los  america- 
nos) vocablos  nuevos  según  los  procederes  ordinarios  de 
]a  derivación  que  el  castellano  reconoce  i  de  que  se  ha 
servido  i  se  sirve  continuamente  para  aumentar  su  caudal 
¿qué  motivo  hai  para  que  nos  avergoncemos  de  usarlos? 
Chile  i  Venezuela  tienen  tanto  derecho  como  Aragón  i 
Andalucía  para  que  se  toleren  sus  accidentales  diverjen- 
cias  cuando  las  patrocina  la  costumbre  uniforme  i  autén- 
tica de  la  jente  educada.» 


PAQUETE, 

¿Dicen  en  España  del  que  anda  acicalado,  emperejilado, 
peripuesto,  que  va  hecho  un  paquete?  Lo  ignoramos;  pero 
si  no  lo  dicen  bien  podrían,  sin  faltar  a  la  Gramática  ni 
al  Diccionario.  Lo  que  sí  no  dirán  seguramente  es  que  fu- 
lano o  mengano  anda  muí  paquete,  como  nosotros  acos- 
tumbramos. 


PARARSE. 

Damos  a  este  verbo  en  Chile,  i  aun  pudiera  decirse  en 
toda  la  América  latina,  la  acepción  de  levantar,  alzar,  en 
que  no  aparece  usado  por  los  clásicos  ni  por  los  buenos 
escritores  peninsulares  modernos. 

La  acepción  fundamental  de  parar  i  pararse  en  español 
e^  cesar  en  el  movimieyíto  o  en  la  accion\  i  así  como  mas  o 
menos  directamente  de  ella  se  derivan  i  con  ella  se  rela- 
cionan las  demás  que  le  atribuye  el  Diccionario,  así  tam- 
bién cuantas  le  damos  en  Chile  se  derivan  de  la  idea  de 
levantar  o  levantarse  lo  que  está  en  el  suelo. 

Veámoslo  confirmado  con  algunos  ejemplos: 


PAR  349 

«Hiere  con  la  mano  el  suelo, 
Para  el  rabo  pequeñuelo.» 

(García  Goyena.) 
Para  y  es  alza  6  levanta  el  rabo. 

«Por  aquí  un  gentleman  fashíonable  de  grandes  cuellos 
parados, y) 

(Moisés  Vargas. — Lances  de  noche  buena.) 

Parados,  quiere  decir  aquí  tiesos,  derechos. 

«Sentéme  yo  sobre  el  tronco  caido  de  la  parra  i  ella  a 

mis  pies  i  sobre  el   pasto — ¿Sabes  amigo  que  quisiera 

pararme  i  volverme   a  casa  sin  hablar  contigo  una  pala- 
bra?» 

(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio.) 

Aquí  pararme,  es  ponerme  en  pié.    » 

(íAl  cabo  de  cortos  instantes  se  paró  de  su  asiento.» 
(A.  Blest  Gana. — Martin  Rívas.) 
Se  alzó  de  su  asiento,  se  puso  en  pié,  o  dejó  su  asiento. 

«No  me  interrumpáis,  gritó  con  su  voz  mas  agria  i  po- 
niéndose en  guardia  como  un  gallo  a  quien  se  le  paran 
todas  las  plumas.» 

(París  en  Améric a.'-- Traducción  de  D.  Domingo  Artea- 
ga  Alemparte.) 

Se  le  paran,  es  se  levantan,  i  con  un  tantico  de  auda- 
cia, se  le  erizan. 

«La  prominente  oreja 
Para  i  escucha  atento.» 

(A.  Lozano. — Gran  duelo  de  la  Patria.) 

Para,  es  aquí  aguza. 

Tan  común  es  en  América  el  significado  provincial  de 
parar  que  estamos  explicando,    que  don  José  Joaquín  de 


350  PAR 

Mora  se   connaturalizó  con  él    lo  necesario  para  escribir: 

«Luego  tumba 
Cosme  Hermida: 
jCuál  retumba 
Su  caida! 
I  el  se  para 
¡Suerte  rara! 
Con  la  cara 
Mal  herida.» 

-    (La  Caza.) 

Procuremos  confirmar  ahora  con  ejemplos  de  escritores 
peninsulares  la  exactitud  de  los  equivalentes  que  hemos 
señalado  a  las  diversas  acepciones  de  nuestro  parar. 

v^Alzese  el  buen  Aguilera.» 
(MoRETO. — El  valiente  justiciero.) 

«Alzóse  grave 
El  hijo  de  Laértes  i,  los  ojos 
Fijos  en  tierra,  sin  alzar  la  vista, 
jP«r«¿/6>  estaba  i  sin  hablar,  i  el  cetro,  etc.» 
(Gómez  Hermosilla. — La  Iliada.) 

«Alzando  el  pastor  la  cabeza  se  puso  lijeramente  en 
pie.)) 

(Cervantes  . — Quijote.) 

«Era  la  muía  asombradiza  i  al  tomarla  del  freno,  se  es- 
pantó de  manera  que,    alzándose  en  los  pies,    dio   con  su 

dueño en  el  suelo.» 

(id.  id.) 

«El  lomo  o  extremo  de  la  chimenea  que  se  suele  formar 
de  una  teja  vuelta  hacia  bajo  o  de  dos  tejas  o  ladrillos 
empinados  que  forman  un  ángulo.» 

(Diccionario  de  la  Academia.) 

Pararse  en  el  hilo,  decimos  propiamente  del  volantín 
que  se  remonta  hasta  quedar  sobre  la  persona  que  lo  su- 


PAR  351 

jeta,  i  figuradamente  de  la  persona  mui  tiesa,  emperejila- 
da i  presumida. 

«A  la  mujer  enrestada 
Que  por  poquito  se  atiesa 
I  mui  parada  en  el  hilo 
Te  mira  con  desvergüenza 
Bésala  con  el  estribo 
I  abrázala  con  las  riendas, 
I  verás  que  en  poco  tiempo 
Se  les  soban  las  correas.» 

[Euérfanoi) 

PAROLA; 

SeguQ  el  Diccionario,  es  labia,  verbosidad.  Nosotros  lo 
aplicamos  a  los  fanfarrones,  farolones,  fachendas. 

Esta  designación  de  la  persona  por  la  palabra  que  in- 
dica en  abstracto  su  cualidad  predominante,  es  propia  de 
la  índole  de  nuestro  idioma.  Así  al  que  se  ocupa  por  lo 
común  en  engaños  i  artificios,  es  decir,  en  inanias,  se  le 
llama  mui  a  la  española,  un  maula.  Así  también  fachenda, 
que  fué  en  su  oríjen  vanidad,  jactancia,  pasó  a  indicar 
mas  tarde  al  vano  i  jactancioso. 

«Nada  caracterizará  mejor  a  este  personaje  que  la 
aplicación  adjetivada  que  damos  los  chilenos  al  sustanti- 
vo parola^n 

(A.  Blest  Gana.— ^jE'/  Ideal  de  un  Calavera.) 


PARTES. 

Femenino  plural,  significando  las  dotes  o  cualidades  que 
adornan  a  alguna  persona,  es  castizo.  Conviene  usarlo 
sin  embargo,  con  cautela,  pues  tiene  otra  acepción  que 
aunque  castiza  puede  para  algunos  no  ser  mui  casta. 

«Nos  lusitanos  vi  tanta  ousadia 
Tanto  primor  e partes  tan  divinas,  etc.» 

«A  voz  partes  é  de  significado  honesto;   mas  a  pezar 


352  PAR 

d'isso  se  deve  usar  acaiiteladamente;  pois  que  é  fácil  in- 
terpretal-a  de  sorte  que  passe  a  ser  torpe.» 

(Pedro  José  da  Fonseca. — Trad.  da  versific.  portugue- 
za. — Nota  a  la  estrofa 48  del  canto  G.*"  de  (.iOs  Lusiadas.y>) 


PARTURIENTA. 

A  la  mujer  que  está  de  parto  llamamos  parturienta. 
Es  voz  castellana,  si  bien  poco  usada  por  los  buenos  es- 
critores peninsulares,  que  dicen  parturiente. 

iiA\gnna.s  parturientes  rendidas  de  fatiga.» 

{Mo^LA.jj.  —  Hijiene  del  matrimonio.) 

«Hasta  entonces  la  vida  de  las  parturientas  estaba  en- 
tregada en  manos  de  la  ignorancia  mas  supina.» 
(V.  Fabin. —Discurso  fúnebre  en  honor  del  doctor  Sazie.) 

PARVADA. 

La  reunión  de  aves  es  bandada  o  banda,  la  de  anima- 
les cuadrúpedos,  manada^  las  de  peces,  gregario,  cardú^ 
men  o  cardume. 

Hai  ademas  de  estos  colectivos  otros  mas  concretos 
que  sirven  para  indicar  la  reunión  de  ciertas  especies  de 
animales,  o  la  reunión  de  ellos  en  determinadas  circuns- 
tancias o  para  ciertos  usos.  Así  piara  es  la  manada  de 
cerdos,  i  a  veces  también  de  muías,  torada  de  toros,  va- 
cada de  vacas,  etc;  así  jauría  es  el  agregado  de  perros 
que  cazan  juntos,  lechigada  el  conjunto  de  animalitos  que 
han  nacido  de  un  mismo  parto,  o  de  pajarillos  que  han 
roto  las  cascaras  de  la  misma  nidada. 

En  este  último  sentido  decimos  nosotros  parvada,  so- 
bre todo  hablando  de  los  polluelos  que  siguen  a  la  gallina. 

« i  aun  parece  que  ayer  era 

Cuando  ufana  te  via 

Ir  i  tornar  lijera 

Por  estos  mismos  sitios,  coronada 

De  bulliciosa  e  infantil  parvadah 

(Z.  Rodríguez. — Últimas  huellas.) 


PAS  353 


PARRANDA. 


Voz  es  ésta  de  significación  mui  semejante  a  remolienda. 
Si  alguna  diferencia  pudiera  notarse  entre  ambas,  seria 
la  de  indicar  aquélla  que  la  jarana  se  efectúa  en  el  cam- 
po, como  quien  dice  debajo   de  los  parrales. 

En  el  mismo  sentido  que  entre  nosotros  se  usa  en  Co- 
lombia, si  hemos  de  creer  al  señor  Cuervo,  quien  le  da 
por  equivalentes  castellanos  2i  jaleo,  jarayia,  broma,  verbe- 
na, pandilla,  zahorra. 


PARRÓN. 

A  la  española,  la  parra  silvestre.  Entre  nosotros,  la  pa- 
rra o  conjunto  de  parras  sostenidas  con  armazón  de  made- 
ra, fierro,  etc.,  que  es  lo  que  el  Diccionario  de  la  lengua 
llama  parral. 

((En  esa  estación  en  que  las  diucas  sobre  los  techos  de 
las  casas  cantan  sus  amores  a  sus  pequeñuelos,  mi  madre 
cantó  bajo  los  parrones  de  las  viñas  de  su  esposo  al  pri- 
mer hijo  de  su  amor.» 

(Z.  Rodríguez.— Zoco  jE^w5/a5'W2í>.) 

PASABLE. 


El  señor  don  Rufino  José-Cuervo,  que  tiene  mui  buenas 
narices,  dice  que  este  vocablo  huele  a  francés,  i  que  lo 
castizo  es  pasadero.  Tanto  huele  que  el  señor  Baralt,  que 
no  se  anda  con  chicas,  declara  en  su  Diccionario  de  gali- 
cismos, que,  por  pasadero,  regular,  tal  cual,  solo  lo  em- 
plean los  mas  desaforados  galiparlistas. 

Tampoco  merece  ser  absuelto  pasablemente,  por  media- 
na o  razonablemente'. 

((Bordo  razonablemente 
Broca,  cañamazo  i  gasa.» 
(Calderón  de  la  Barca. — iVo  siempre  lo  peor  es  cierto*) 


354  PAT 


PASMO. 


Llama  así  el  vulgo  cualquiera  enfermedad  que  produz- 
ca una  inflamación  difusa  de  los  tejidos  subcutáneos.  Se 
atribuye  por  lo  común  al  frió  o  a  alguna  mojada. 


PASOSO,  A. 


Dice  sobre  esta  voz  el  señor  Cuervo: 

«Al  papel  que  se  pasa  llamamos  pasoso,  adjetivo  deri- 
vado de  verbo,  como  resbaloso,  guardoso,  i  nos  parece 
útil.» 


PATAS. 

Ser,  salir  o  quedar  patas,  en  una  suerte  o  votación,  por 
quedar  iguales,  es  frase  castiza,  aunque  poco  usada  ya,  se- 
gún advierte  el  Diccionario  de  la  Academia. 

No  lo  estimaba  sin  duda  así  el  señor  Vicuña  Mackenna, 
que  en  su  empeño  por  encontrar  curiosas  i  nacionales  eti- 
molojías,  creyó  ver  la  de  nuestra  frase  en  un  fallo  de  la 
Real  Audiencia  «quien,  dice,  aáió  ^or  patas  una.  carrera 
mandándola  repetir  en  iguales  condiciones.  I  de  estas /?^- 
tas  viene  que  aun  cuando  no  se  hable  de  caballos  sino  de 
damas  o  de  exámenes^  dícese  también  con  gran  frescura 
que  se  ha  salido  patas. n 

[Historia  de  Santiago.) 

PATRIOTERO. 


Voz  bastante  usada  en  la  polémica  política.  Es  mui  ex- 
presiva i  hace  relación  a  patriota,  como  coplero  a  poeta, 
discursista  a  orador,  escribidor  (que  trae  el  Diccionario 
como  anticuado  i  que  si  mal  no  recordamos,  usa  el  señor 
de  Campoamor  en  sus  Polémicas  en  son  de  desprecio),  i 
escriborroteador ,  (que  no  aparece  en  el  Diccionario,    pero 


PAV  355 

que  es  felicísimo  i  está  en  el  de  sinónimos    de  Barcia)    a 
escritor,  etc. 

Hemos  dicho  que  patriotero  nos  parece  expresivo;  i  en 
efecto,  la  terminación  ero  que  se  aplica  casi  siempre  en 
castellano  a  los  fabricantes,  o  vendedores,  trae  a  la  men- 
te la  idea  de  negocio,  especulación,  granjeria,  que  tan 
mal  se  avienen  con  el  verdadero  patriotismo. 

«Negros  idiotas,  chinos  catecúmenos, 
I  blancos  patrioteros^  mas  sin  fé. 
Que  invocan  a  los  pueblos  energúmenos 
Para  darles  después  un  punta  pié.» 

(Juan  de  Arona. — Poesías  peruanas.) 


PATULECO,    A. 

Llamamos  así  al  que  por  tener  las  piernas  torcidas  o 
desiguales  es  desgraciado  al  andar.  En  español  a  los  tales 
se  llama  patojos. 

Patuleques,  dicen  en  Cuba  a  los  rencos  o  rengos. 

PAVA,  (hacer  la)  pavear. 


Hacer  la  pava  o  pavear  a  alguno  por  hurlarlo,  zaherir- 
lo, fisgarlo,  con  palabras  o  morisquetas,  es  chilenismo  de 
los  mas  corrientes  i  moUentes. 

Una  de  las  mas  frecuentes  maneras  de  hacer  la  pava  es 
formando  con  los  dedos  la  figura  que  en  español  se  llama 
higa  i   cuya  explicación  puede  verse  en  los  diccionarios. 

((Acabado  que  hubo  el  ladrón  de  decir  estas  palabras, 
levantó  las  manos,  i  haciendo  con  cada  cual  de  ellas  una 
higa,  gritó:   ¡Tómalas,  Dios,  que  a  tí  te  las  dedico!» 

(Dante — Divina  Comedia. — Infierno. — Traducción  de  D. 

Caye-Rosell.) 

El  traductor  explica  el  pasaje  con  la  siguiente  nota: 
uSeñal  de  menosprecio  (la  higa)  que  se  ejecuta  metiendo 
el  dedo  pulgar  entre  el  índice  i  el  medio.  Parece  que  en 
lo  antiguo  era  mui  usual,  pues  en  el  siglo  XIII   se    veian 


356  PAY 

sobre  una  torre  del  castillo  de  Carmiñano    dos  brazos  de 
mármol  que  estaban  haciendo  una  higa  a  Florencia.» 

Lo  que  en  dialecto  chileno  significa  que  los  dichos  dos 
brazos  estaban  haciendo  la  pava  a  Florencia. 


PAVESA. 

En  español,  la  persona  débil^,  extenuada.  A  la  chilena, 
nombre  despreciativo  que  las  muchachas  solteras  suelen 
dar  a  los  hombres  que  han  hecho  lo  que  ellas  apetecen, 
esto  es,  casarse. 

«Esto  cuando  los  tertulios  son  solteros,  que  cuando  son 
pavesas el  Señor  del  Milagro  nos  favorezca!» 

(JoTABECHE.— J^/  puevto  de  Copiapó.) 

PAYACO,  PA VAQUERO,    EAR. 

Los  mineros  de  las  provincias  del  Norte  llaman  payaco 
el  mineral  que  recejen  de  los  demontes.  El  que  se  ocupa 
en  payaquear  (recojer  i  vender  aquél)  es  el  payaquero. 

PAYAR,    ADOR^     ADURA. 

El  pobre  campesino  que  recibe  de  la  Providencia,  no 
diremos  el  fuego  sagrado  de  los  vates,  pero  sí  buen  oido 
i  facilidad  para  versificar  improvisando,  suele,  i  mas  exac- 
tamente solia,  acompañado  de  su  guitarra  o  solo,  trova- 
dor de  poncho  i  a  lo  mas  de  chaqueta  burda,  andar  de 
villorrio  en  villorio,  de  bodegón  en  bodegón,  de  mingaco 
en  mingaco^  i  de  velorio  en  velorio^  dando  muestras  de 
su  habilidad,  ora  asociándose  a  los  pesares  o  alegrías  de 
los  que  le  brindaban  un  plato  de  comida,  un  trago  para 
remojar  el  polvo  del  camino  i  una  silla,  ora  buscando  un 
competidor  con  quien  medir  su  injenio  en  tosca  parodia 
de  las  justas  poéticas  que  allá  en  la  Edad  Media  justaban 
los  maestros  de  la  gaya  ciencia. 

Tales  son  los  payadores  en  Chile  i  principalmente  del 
otro  lado  de  la  Cordillera. 

La  acción  i  efecto  de  payar  es  la  paya  o  payadura. 


I 


PAY  357 

¿Cuál  es  la  etimolojía  de  estas  voces?  No  nos  atrevemos 
a  afirmar  ninguna,  si  bien  nos  inclinamos  a  creer  que 
ellas  sean  una  aplicación  a  estos  rústicos  trovadores  de 
la  palabra  ppaclla  que   en  quichua  es  el  campesino  pobre. 

Sobre  los  payadores  i  sus  versos,  dice  el  señor  Valde- 
rrama  en  su  Bosquejo  lústórico  de  la  poesía  chilena'. 

(cTienen  una  literatura  especial  que  vamos  a  tra- 
tar de  esponer  en  pocas  palabras.  No  conocen  mas  que 
tres  clases  de  composiciones,  que  son  la  tonaday  el  corrido 
i  Ib.  palla. 

«La  palla,  en  fin,  es  una  composición  de  cuartetas  en 
que  se  pregunta  i  se  responde:  composición  eminente- 
mente agresiva,  siempre  improvisada,  lucha  intelectual 
que  tiene  lugar  entre  dos  palladores  i  que  hace  la  delicia 
(dispense  Ud.  señor  Baralt)  de  la  chingayia.yy 

«Tuvo  también  el  placer  de  asistir  a  un  rodeo  i  oyó  los 
gritos  de  los  huasos  i  los  dichos  con  pretensiones  de  gra- 
ciosos de  los  palladores  de  la  comarca.» 

(A.  Blest  Gana. — La  Aritrriética  en  el  amor.) 

«Tal  fué  por  San  Borombon 
La  madrugada  del  dia 
En  que  el  pallador  debia 
Hacer  la  continuación 
Del  cuento  aquél  que  sabia.» 

(AscÁsuBi. — La  Madrugada.) 

¿Tiene  la  palabra  paya  un  equivalente  castellano?  La 
que  mas  se  le  aproxima  de  cuantas  están  en  nuestro  co- 
nocimiento es  trova\  pero  trova  no  trae  a  la  imajinacion 
la  idea  de  una  composición  poética  i  dialogada,  que  es  lo 
que  distingue  a  las  payas  de  las  trovas. 

Los  franceses  tienen  la  voz,  al  parecer  provenzal,  tensón, 
si  bien  ella  no  se  encuentre  en  el  Diccionario  de  Noel  i 
Chapsal. 

¿Podríamos  traducirla  por  tensioii^.  Creemos  que  sí.  No 
viene  ella,  es  cierto,  en  los  diccionarios  de  la  lengua;  pero 
no  faltan  apreciables  escritores  que  la  hayan  usado,  so- 
bre todo  en  verso. 


358  PEO 

«I  aquellas  dulces  te?isio?ies 
Llenas  de  amorosas  sales 
Serventesios  i  canciones, 
I  aquellos  juegos  florales 
Con  premios  i  distinciones.» 

(Juan  Arólas. — Poesías. 


PEAL   o  PIAL. 

Por  acá,  donde  no  se  usan  los  peales  (especie  de  medias 
sin  pié^  o  polainas)  usamos  sinembargo  de  la  palabra  para 
denotar  la  correhuela  o  tira  de  tela  que,  formando  como 
estribos  en  las  bocas  de  las  piernas  de  los  pantalones,  im- 
piden que  éstos  se  suban,  en  español  trabillas. 

Llaman  los  guasos  echar  un  pial  arrojar  el  lazo  a  las 
patas  de  un  animal  para  manearlo  i  tumbarlo. 

PEBRE. 

Pebre  es  en  España  una  salsa  que  se  hace  para  sazonar 
algunas  viandas  i  que  se  compone  de  pimienta  i  otras 
especias. 

En  Chile  el  plato  de  papas  molidas. 

PEGADERO. 


Lugar  o  diversión  en  que  hai  costumbre  de  mirar  co- 
mo tablas  rasas  las  de  Moisés,  i  de  pecar  a  roso  i  velloso: 

«Convendria  que  se  suprimiesen  las  procesiones  noctur- 
nas porque  lejos  de  avivar  la  piedad  no  son  ya  mas  que 
pecaderos)^  leemos  en  un  diario. 

«Desde  entonces  no  he  querido  traer  mas  vino  porque 
es  causa  áepecaderos,  i  yo  soi  hombre  que  tengo  temor  de 
Dios  i  mucha  relijion.» 

[Huérfano.) 

Pecadero  es,  aunque  vulgar,  palabra  de  gran  significan- 
za  i  de  la  misma  formación  que  bebedero,  comedero,  etc. 


PEC  359 


PECHA,    PECHAR < 


Pechar  tiene  en  la  práctica  del  viílgo  una  significación 
semejante  a  topear,  con  la  diferencia  de  que,  mientras  es- 
te último  solo  se  aplica  a  los  jinetes  que  arrancan  sus 
caballos  i  arremeten  unos  contra  otros  procurando  derri- 
bar al  contrario,  aquél  se  dice  también  de  la  jente  de  a 
pié  que,  en  las  procesiones  i  otras  fiestas  a  que  asiste  una 
grande  i  desordenada  concurrencia,  tratan  de  penetrarla 
abriéndose  camino  a  fuerza  de  codazos  i  empellones. 

Pecha  es  la  acción  de  pechar.  Así  dice  una  abuela  a  su 
nieto:  aVé  a  la  Noche  Buena;  pero  ¡cuidado  conque  vayas 
a  meterte  a  la  pechah 

En  castellano  pecha  es  anticuado  por  tributo,  i  pechar 
significa  pagar  el  tributo  o  -pecho. 


PECHOÑO,  A. 


Orijinariamente  se  llamó  pechoños  a  los  miembros  de 
la  hermandad  o  cofradía  del  Corazón  de  Jesús,  instituida 
no  ha  muchos  años  en  Santiago  por  un  padre  de  la  reco- 
lección franciscana. 

Mas  tarde,  por  extensión  i  en  sentido  burlesco  i  despre- 
ciativo, se  convirtió  aquella  voz  en  un  apodo  que  se  aplica 
a  las  personas  piadosas.  Su  equivalente  español  es  san^ 
turrón. 

«Sintió  un  pechoño  de  morrudos  brazos 

Que  la  mano  de  un  pillo 

Le  andaba  rejistrando  los  bolsillos,  etc.» 

(Epigrama    publicado  en  La  Estrella  de  Chile,) 

Pechoñismo,  es  el  sistema  que  tiene  por  principios  los 
de  los  pechoños,  i   por  objeto    que  éstos  se  multipliquen. 

Pechoñería,  es  la  conducta  propia  de  los  afiliados  en  la 
Hermandad  del  Corazón  de  Jesús. 


360  i'EG 


PECHUGA,    ON,     ONAZO. 

Pechuga  es  entre  nosotros  desvergüenza,  desenfado,  de^ 
suello\  pechugón,  el  desvergonzado ,  el  que  anda  siempre 
dispuesto  a  abusar  de  la  bondad  del  prójimo.  Pechugo- 
nazo  el  que  posee  esa  cualidad  en  grado  superlativo. 

Pechuga,  pechugón,  pechugonazo,  corren  en  las  acep- 
ciones indicadas  por  toda  la  América  latina.  El  señor 
Cuervo  los  trae  entre  sus  provincialismos  bogotanos,  i  en 
la  pajina  99  de  las  Poesías  peruanas  de  Juan  de  Arona 
leemos: 

«I  como  el  amor  no  es  nuevo 
Pechugonazo  el  mancebo 
No  en  ser  puntual  se  molesta, 
Diciéndose  el  inhumano:  • 
aQue  llegue  tarde  o  temprano 
He  de  hallar  la  cena  puesta.» 

Pedro  Urdemales. 

Es  así  como  debería  pronunciarse  según  advierte  el  se- 
ñor Gormaz  en  sus  Correcciones  lexigráficas,  i  no  Pedro 
Urdimales,  como  dicen  también  algunos. 

Lo  correcto  no  es,  empero,  ni  lo  uno  ni  lo  otro,  sino 
Pedro  Urdemalas,  como  escribe  el  señor  Salva,  o  Pedro  de 
Urdemalas,  como  quiere  la  Academia. 

Cervantes  tiene  una  comedia,  Pedro  de  ürde-malas',  i 
Quevedo  en  su  Visita  de  los  Chistes  dice,  Urde-malas\  esto 
es  urde  malas  artes, 

PEGAR^    PEGA   (eSTAR  EN   LA) 

Es  chileno  el  uso  de  pegar  en  la  acepción  de  convenir, 
venir  bien  una  cosa  con  otra,  asentar. 

— «No  hai,  (castilla  muja);  pero  hai  rosada. 
— No  le  pega  ese  color  a  las  viejas.» 

[Huérfano.) 


PEL  361 

Estar  algano  en  la  pega  o  en  toda  la  'pega,  es  estar  en 
su  punto,  sazón,  como  la  mujer  a  los  15,  (mejor  seria  a 
los  18  o  20)  i  el  hombre  a  los  25. 


PEGUAL. 

Especie  de  cincha  de  cuero  con  una  argolla  metálica 
que  sirve  para  amarrar  el  lazo,  i  sujetar  con  él  a  los  ani- 
males enlazados. 

c(Te  pelo  (desuello)  como  animal  ^ 

I  después  hago  a  mi  idea 
De  tu  guata  una  correa 
1  del  lomo  un  buen  pegual, 

(GuAJAKDO. — Un  lazo  de  verijas.) 

PEINADOR. 

Es  el  que  peina  i  también  la  toalla  o  sabanilla  que  se 
suele  poner  ei  que  se  peina  o  afeita. 
En  Chile  llamamos  así  el  tocador. 


PEINE^    PEINETA, 


Estas  dos  voces  suelen  confundirse  con  frecuencia  por 
aquellos  (i  no  son  pocos)  que  ignoran  que  peÍ7ie  es  el  ins- 
trumento que  sirve  para  arreglar  el  cabello;  mientras  que 
peineta  es  el  peine,  jeneralmente  calado  i  arqueado,  que 
usan  las  mujeres  por  adorno  en  la  cabeza. 

El  peine  es  instrumento  de  utilidad  estricta;  la  peineta 
es  de  exornación  i  casi  siempre  de  lujo. 

PELADA   (la) 

La  pelada,  llaman  vulgarmente  a  la  muerte,  aludiendo 
sin  duda  a  la  circunstancia  de  carecer  de  pelo  las  calave- 
ras^ emblemas  de  aquélla. 


362  PEL 


PELADERO. 


Es  en  español  el  lugar  en  que  se  escaldan  las  aves  i  ma- 
rranos para  pelarlos. 

Entre  nosotros  el  sitio  o  campo  árido,  que  carece  total- 
mente de  vejetacion.  Por  exajeracion,  la  hacienda  o  cam- 
po poco  productivos,  sobre  todo  por  carecer  de  agua. 

Peladero  eterno  y  es  un  peladero  superlativo. 

\  PELADO,    0   PELAO.' 

El  peón  que  se  embriaga  todos  los  lunes,  si  es  un  tan- 
tico pechugón  dirá  que  tiene  la  costumbre  de  agarrar  to- 
dos los  lunes  un  pelao. 

«¡Ah!  si  cuando  agarra  una  tuna  (¿turca?)  está  con  el 
pelao  ocho  dias.» 

[Huérfano.) 

PELAR,     PELAMBRE. 

En  lenguaje  familiar  chileno  se  pela  a  alguien  cuando 
se  murmura  de  él,  se  descubren  sus  faltas  o  vicios,  se  le 
desacredita.  El  pelambre  es  la  acción  de  desacreditar  i  la 
misma  calumnia  o  malévolo  rumor  con  que  se  desacre- 
dita. 

,^    Un  pelado  es  el  que  no  tiene  blanca,  o  como  suele  de- 
cirse^ ni  donde  caerse  muerto. 


PELEADO,  a; 

o  mucho  nos  engañamos  o  debe  reputarse  chilenismo 
el  uso  de  peleado  en  frases  del  tenor  siguiente: 

«Salude  Ud.  a  todos  los  de  la  familia,  menos  al  tio  Ro- 
que, por  supuesto:  ja  sé  que  va  para  un  año  que  están 
Údes.  pelead  os. )> 

Lo  propio  seria  reñidos  o  tronados. 


PELL 


PELUCON. 


Es  muí  probable  que  el  ori'jen  de  este  apodo  con  que  se 
designaba  a  los  prohombres  del  partido  conservador  antes 
de  que  estuviese  en  boga  el  disparatado  epíteto  de  ultras 
montanos  con  que  al  presente  los  designan  sus  enemigos, 
esté  en  la  circunstancia  de  ser  los  ancianos  por  lo  je- 
neral  apegados  a  la  tradición  i  enemigos  de  novedades. 
También  pudo  suceder,  como  cree  el  señor  Vicuña  Mac- 
kenna  [Diego  Portales,  tomo  I,  páj.  12)  que  el  llamarse  ;)e- 
lucones  a  los  conservadores  viniese  de  usar  éstos,  cuando 
ya  habia  sido  abandonada  por  los  liberales,  la  peluca  em- 
polvada que  estuvo  de  moda  a  fines  del  último  siglo. 

Sea  de  ello  lo  que  fuere_,  lo  cierto  es  que  la  idea  que 
trae  a  lamente  la  palabra  de  que  tratamos  es  compleja:  un 
pelucon,  no  es  un  conservador  así  no  mas;  es  un  conser- 
vador de  edad  provecta,  por  lo  jeneral  piadoso,  de  cuño 
antiguo,  noble  i  acaudalado. 


PELUQUERÍA. 

Hemos  dado  en  la  flor  de  llamar  lo  que  en  castellano  se 
dice  barbería,  reservando  este  nombre  a  las  tiendas  de  los 
fígaros  de  la  jente  pobre  i  a  las  carpas  de  los  rapistas  del 
Tajamar  i  la  Alameda  abajo. 

PELLINGAJO. 


Lo  usamos  como  sinónimo  de  estropajo; 
El  sucio,  cascarriento  i  desarrapado. 


PELLÓN. 


Una  de  las  pellejas  de  carnero,  guanaco,  zorro,  etc.  de 
que  se  compone  el  avío  o  montura. 
Es  probablemente  una  corruptela  de  vellón   o  una  sin- 


364  PEN 

copade/?e//(?;o?2,ínetaplasmo  mui  de  la  índole  del  castellano. 

aSolia  mi  madre  sacar  su  alfombra  i  algunos  ;;e//6>- 

7ies  i  banquillos  de  paja  al  patio,  i  colocándolos  bajo  el 
gran  naranjo  que  en  medio  de  él  liabia,  nos  sentábamos 
todos,  vuelta  la  cara  hacia  la  luna.» 

(Z.  Rodríguez.— loco  Eustaquio.) 


PENCA. 

Por  látigo,  zurriago  es  castellano^  aun  cuando  lo  que 
llamamos  penca  no  es  propiamente  el  látigo,  sino  la  como 
palmeta,  tejo  o  disco  de  suela  que  tiene  en  la  punta. 

Quedar  de  la  penca,  por  quedar  chasqueado,  o  dejar  a  al- 
guno de  la  penca,  por  dejarlo  con  un  palmo  de  narices, 
son  frases  provinciales  de  Chile. 

PÉNDULA. 

Dice  el  señor  Cuervo:  - 

(.iPéndulo  es  adjetivo  i  significa  pendiente  (v.  gr.  cuerpos 
péndulos;)  sustantívase  en  la  forma  péndulo  para  denotar 
en  la  estática  cualquier  cuerpo  grave  pendiente  de  un  hilo 
o  cadenilla  de  modo  que  pueda  oscilar  libremente.  El  pén- 
dulo aplicado,  con  las  convenientes  modificaciones  a  re- 
glar el  movimiento  de  un  reloj,  toma  el  nombre  de  pendo- 
la;  i  es  grosero  error,  por  mas  que  corra  en  letra  de  mol- 
de, llamarle  péndula. 

PENSAMIENTO. 

Por  trinitaria  no  aparece  en  el  Diccionario  de  la  Aca- 
,  demia.  Es  bastante  usado,    sin   embargo,  por   buenos  es- 
critores, no  solo  americanos,  sino  también  peninsulares. 

((Frescos,  gallardos  siempre  se  mecian 
En  mi  jardin,  el  mirto  i  la  amapola, 
I  temblantes  alzaban  su  corola 
Mil  bellos  pensamientos  con  primor.» 

(Ensaijos  poéticos  de  Pia  Rigari.—K^vi^'md.  Samper  de 
Ancízar.) 


PEP  365 

«I  el  triste  pensamiento,  í  el  morado 
Alelí,  con  la  púdica  azucena.» 
(Heriberto  García  de  Queyedo.  -  El  proscrito.) 

«PensAxMiento.  Bot.  Flor  pequeña  del  jénero  de  la  vio- 
leta que  no  tiene  mas  que  cinco  pétalos,  jeneralmente  de 
amarillo  violáceo.» 

(Domínguez  .  — Diccionario . ) 


PEPA: 


Acerca  de  esta  palabra  dice  el  señor  Cuervo: 
((.Pepita  es  voz  mui    castellana  por  la  simiente  de  cier- 
tas frutas,  como  naranjas,   manzanas,    etc.  Hé  aquí  com- 
probantes: 

«De  una  pepita  de  melón  nace  una  mata  de  melones  i 
en  cada  melón  tanta  abundancia  de  pepitas  para  separar 
i  conservar  esta  especie.  ¿Pues  qué  diré  de  la  pepita  del 
naranjo  sembrado?  ¡Cuántas  otras  naranjas  [pepitas  lleva, 
i  esto  cada  un  año!» 

(Frai  Luis  de  Grabada. -Símbolo  de  la  Fé.) 

((Si  tomásemos  agora    ]3l  pepita  de  un    melocotón  o  de 

otro  árbol  cualquiera » 

(Frai  Luis  de  León. — Nombres  de  Cristo.) 

Los  españoles  dicen  también  pipa,  hueso  o  cuesco, 
pero  no  pepa  como  los  bogotanos:  estos  nos  parecen  mas 
consecuentes  que  esos  otros;  sin  embargo,  es  de  advertirse 
que  pepita  i  pipa  no  se  aplican  generalmente  sino  a  las 
simientes  planas  i  mas  largas;  el  aguacate,  el  durazno, 
etc.,  tienen  hueso  o  cuesco, 

((Aunque  los  duraznos  se  pueden  plantar  de  rama  o  de 
algunos  pimpollos  de  los  que  suelen  echar  al  pié,  pocas 
veces  aciertan,  ni  aun  salen  buenos;  i  por  esto  es  mejor, 
pues  tiene  mui  granada  simiente  en  los  cuescos,  ponerlos 
dellos.» 

(Herrera. — Agricultura  jeneral.) 


366  PER 

«El  aguacate  da  un  fruto  del  grandor  de  una  pera 
grande,  cuya  carne,  así  como  el  hueso  son  un  manjar 
agradable.» 

(Academia.  —Diccionario.) 

El  uso  peruano  de  la  voz  que  tratamos  puede  verse  en 
el  articulillo  que  Juan  de  Arona  le  dedica  en  sus  Apuntes, 
i  que  es  como  sigue: 

«Pepa. — No  es  en  español  sino  el  familiar  de  Josefa  i 
hablan  pésimamente  los  que  la  toman  como  sinónimo  de 
de  cuesco  o  hueso  de  fruta.  Cuando  la  simiente  o  semilla 
es  pequeña  como  la  de  la  uva,  melón,  sandía,  o  como  la 
de  los  lavaderos  de  oro  (por  analojía)  entonces  sí,  se  dice 
pepita',  pero  no  pepa.)) 

tcMas  claro;  hai  muchas  frutas  que  tienen  pepita\  no  se 
conoce  ninguna  con  pepa.^-) 

Para  no  gastar  mas  palabras  en  taiyuenudas  cosas,  di- 
remos que  en  Chile  estamos  inocentes  del  pecado  de  ca- 
lumniar a  los  melocotones,  i  lúcumas,  suponiendo .  que 
tengan  pepa,  aunque  a  la  verdad  cometemos  sin  escrúpu- 
lo el  menos  grave  de  atribuírsela  a  las  uvas,  chirimoyas, 
melones,  calabazas,  etc.,  que  según  se  ha  probado,  para 
los  españoles  tienen  solo  pipas  o  pepitas. 

También  llamamos  pepa  a  la  enfermedad  de  gallinas 
que  consiste  en  una  escrescencia  a  modo  de  lenteja  que 
sale  a  las  tales  debajo  de  la  lengua,  i  que  en  castellano 
es  pepita. 

PEQUEN. 

Si  hacemos  mención  de  este  avechucho  [noctua  canicu- 
lario) es  solo  con  el  fin  de  recordar  la  decidora  frase:  Co- 
mo el  pequen,  o  como,  la  del  pequen,  para  dar  a  entender 
que  la  persona  de  quien  se  dice,  es  tibia,  sin  principios, 
ni  voluntad,  ni  carácter,  ni  enerjía  para  nada. 

percala. 

El  nombre  español  de  la  tela  de  algodón  que  llaman 
percala,  es  percaL 


PES  367 

«No  es  fuerza  que  en  violar  ponga  su  ahinco 
Lo  que  suelen  llamar  buena  crianza.... 
O  si  es  mujer  con  estudiado  brinco 
Arremangue  el  percal  i  la  cotanza.>> 

^^^ii(m.—  'Desvercjüe'iua.) 

PERCAN. 

Percan  es  voz  de  la  lengua  araucana  en  la  cual  tiene 
la  significación  de  moho,  que  es  también  la  que  muchos 
le  atribuyen  en  nuestro  pais. 

El  queso,  la  ropa,  el  dulce,  etc.,  se  apercancan  cuando 
aparecen  cubiertos  de  los  pequeños  hongos  que  constitu- 
yen el  moho. 

PESCADOR,  PESCADERO. 

Es  común  llamar  pescadores  a  los  pescaderos,  i  en  prue- 
ba vaya  el  siguiente  ejemplo  sacado  de  un  documento 
oficial: 

«No  son  comprendidos  en  el  artículo  anterior  los  car- 
gadores i  enfardeladores  del  comercio,  carniceros,  pesca* 
dores,  verduleros  i  toda  persona  cuyo  ejercicio  necesite 
precisamente  usar  alguna  de  dichas  armas;  i  esta  no  la 
podrán  llevar  a  la  cinta  sino  como  una  herramienta  de 
que  tienen  que  servirse  en  su  ejercicio  i  deben  usarlas 
solamente  para  el  caso  de  abrir  i  retobar  fardos  en  los 
almacenes  o  tiendas,  de  vender  carne  i  pescado  o  verdu- 
ras para  lo  cual  solo  se  servirán  de  cuchillo  o  navaja  sin 
punta.» 

[Bando  jeneral  de  policía  para  el  departamento  de  San^^ 
tiago,  1853.) 

PESCUEZETE. 

Cuando  era  de  moda  (ya  va  siendo  cosa  de  provincia- 
nos i  de  jente  de  medio  pelo)  que  los  caballeros  i  damas 
anduviesen  en  los  paseos  i  en  las  calles  de  bracero  (vul- 
go bracete)  los  rotos,  para  no  quedarse  atrás,  máxime  es- 


388  PET 

tando  UQ  tanto  achispados,  se  tomaban  por  el  pescuezo,  i 
el  andar  así  llamaban  andar  de  pescuezete,  f; 

«Grandes  cuadrillas  de  mineros  a  pié,  de  pescuezete  con 
su  cada  una  i  fuertes  pelotones  de  caballería  armados  de 
odres  de  agua,  etc.» 

(JoTABECiiE. — El  Carnaval.) 

PETACA. 


Es  voz  de  oríjen  haitiano,  que  se  encuentra  ya  en  to- 
dos los  diccionarios  de  la  lengua,  el  de  la  Academia  in- 
clusive. Arca  o  caja  de  cuero,  hacia  en  lo  antiguo  los  ofi- 
cios de  baúl  en  las  alcobas  i  de  maleta  en  los  viajes.  Hoi 
las  que  se  conservan  (porque  ni  petacas  ni  tinajas  creemos 
que  se  trabajen  nuevas)  sirven  para  el  envase  i  acarreo 
de  la  uva,  i  otras  frutas. 

«Pasó  luego  un  hombre  arreando  dos  muías  cargadas 
áe  petacas  vacías  que  seguían  el  mismo  camino  que  ^yo.» 
(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio.) 


PETARDEARSE. 

No  recordamos  haber  visto  en  buen  autor  empleado 
como  reñejo  el  verbo  petardear  en  el  sentido  de  engañar- 
se ^  sufrir  un  petardo. 

c(Esta  era  raui  elegante 
I'de  carOi  nada  fea; 
Por  cierto  se  petardea 
Quien  de  la  mujer  se  fia.» 

(GuA JARDO. — Los  Rempujadores.) 

PETATE. 

En  esnañol,  el  hombre  embustero,    esta f ador ,  desprecia- 
ble. 
Indicando  cierta  espepie  de  estera  fma^  es  un  chilenis- 


Pie  369 

mo,  o  mas  exactamente,    un    provincialismo    americano, 
tan  feliz  que  ha  sido  adoptado  ya  por  la  Academia. 
Sobre  esta  voz  dice  el  señor    de    Arona: 

«Petate. — Así  llamamos  constantemente  lo  que  en  Ma- 
drid no  se  conoce  sino  con  el  nombre  de  estera.)^ 

«La  estera  nuestra,  es  una  pequeñísima  pieza  hecha  de 
totora  (junco  o  enea)  que  la  jente  pobre  emplea  (o  emplea- 
ba, pues  ya  entre  nosotros  no  hai  jente  pobre  i  todo  el 
mundo  calza  botin  de  Preville,  rueda  coche  de  plaza  i 
duerme  catre)  que  la  jente  pobre  emplea  para  tender  de- 
lante de  su  cama  i  a  veces  por  tuda  cama  (allá  en  los 
buenos  tiempos).)) 

«Hai  también  esteras  de  carrizo  que  sirven  exclusiva- 
mente para  cubrir  techos  con  la  respectiva  torta  de  barro. y> 

«Hé  aquí  todas  nuestras  esteras.  En  cuanto  a  las  de  Ma- 
drid, ya  lo  hemos  dicho,  no  es  conocida  aquí  con  otro 
nombre  que  el  de  petate. yi 


PETIPIEZA. 


Es  un  galicismo  que  espeluzna.  Dígase  saínete. 


PICACENA,    PICARSE. 

Picarse  por  ofenderse,  enfadarse,  provocado  de  alguna 
palabra  o  acción  injuriosa,  es  castellano,  i  por  consiguien- 
te picado,  a,  para  designar  al  que  está  enojado.  No  pue- 
de decirse,  en  verdad,  otro  tanto  de  picacena  que,  como 
equivalente  de  pique,  es  un  chilenismo    de  tomo  i  lomo. 

Un  uso  de  picarse  que  no  nos  atrevemos  a  señalar  co- 
mo provincial  de  Chile,  pero  que  nos  parece  oportuno  re- 
cordar aquí,  es  el  que  nos  muestran  estos  versos  de  Gua- 
jardo: 

ti  Se  picó  a  norte  la  mar 
I  tanto  se  enfureció 
Que  en  breve  rato  creció 
I  hacia  al  pueblo  temblar.)) 

[Gran  temporal  en  Valparaíso.) 


370  Pie 


PICADA   (o   GRANO.) 

Llaman  así  en  los  campos  la  pústula  i  carbunclo  malig- 
no, sin  duda  por  haber  observado  que  el  desarrollo  de 
esta  enfermedad  se  debe  a  la  picadura  de  insectos  que  lá 
llevan  consigo  por  haberse  infestado  picando  a  animales 
atacados  de  aquel  mal. 

PICANA,    ANAZO,    ANEAR. 


Picana,  picanazo  i  picanear  son  provincialismos  chile- 
nos. 

El  equivalente  castizo  de  la  primera  es  aijada  (da  vara, 
según  el  Diccionario  de  la  Academia,  que  en  un  extremo 
tiene  una  punta  de  hierro  con  que  los  boyeros  i  labradores 
pican  a  los  bueyes  i  a  las  muías.» 

Picanazo,  es  en  castellano  aguijonazo. 

Piccinear,  tiene  los  equivalentes  aguijar  i  aguijonear. 

Equivocóse  por  lo  tanto  el  señor  Gormaz  cuando  en  sus 
Correccio7ies  propuso  a  pica  i  picada  como  propias  para 
reemplazar  a  picana,  bien  así  como  erró  también  propo- 
niendo é\  ÍQuévico  picar  ^ov  picanear, 

«I  viendo  que  no  entraba 
El  arado  en  el  suelo 
Daba  de  picanazos 
Al  buei  sin  agotar  su  sufrimiento.» 
(Daniel  Barros  Grez. — Fábulas   orijinales.) 

«I  yo  arando  en  el  campo^  mi  tarea 
¿Habia  de  sacar  de  mejor  gana 
Si  no  me  estimulase  la  picana?» 

(Simón  Cordovés.— -E/^s/io  i  el  Buei.) 

«Para  animar  o  aguijonear  los  animales  de  tiro  o  car- 
guío solo  será  permitido  hacer  uso  de  látigo  o  de  aijada 
o  pica  con  punta  de  hierro.» 

[Decreto  del  intendente  S,  Lira,  23  de  abril  de  1S58J 


Pie  371 

PICARON^   ERO,    A. 

Picaron  llamamos,  a  la  chilena,  una  especie  de  fruta  de 
sartén  que  se  asemeja  a  lo  que  en  España  llaman  buñue- 
los como  un  huevo  a  otro  huevo. 

Picaronero  es  el  que  hace  o  vende  picarones. 

PIC-NIC. 

Palabra  inglesa  que  emplean  algunos  que  ignoran  su 
idioma.  Su  equivalente  castizo  es  jira. 

«Es  un  concurrente  habitual  a  las  jiras  que  con  fre- 
cuencia disponemos.» 

(Baralt. — Diccionario  de  Galicismos.) 

PICOTÓN. 

El  golpe  que  dan  las  aves  con  el  pico  se  llama  picotazo: 

PICHOLEO,   picholear: 

Picholeo  es  chilenismo  de  uso  frecuente  entre  la  jente 
de  medio  pelo.  Equivale  a  zambra^  holgorio  (Campoamor 
escrihe  jolgorio)  en  que  se  baila,  canta  i  bebe  sin  respeto 
alguno  a  las  leyes  de  la  etiqueta  i  aun  a  veces  con  mui 
poco  a  las  de  la  moral. 

Picholeo  se  diferencia  de  remolienda  solo  en  que  ésta  pa- 
rece indicar  un  grado  mayor    de    familiaridad  i  descoco. 

La  remolienda  es  prima  hermana  de  la  orjía:  i  e\  picho'^ 
leo  es  mas  próximo  pariente  del  bureo  que  de  ésta. 

pichuncha, 

Jeneralmente  mujer  pública,  i  a  veces  también  manceba. 


372  PIF 


piduyes; 


Del  araucano  pidillui,  lombriz. 

Nombre  vulgar  de  los  oxiuros  vermiculares,  ascárides: 
pequeñas  lombrices  que  viven  en  la  parte  inferior  del  tu- 
bo dijestivo. 

Estar  con  piduyes  o  tenerlos,  se  dice  figuradamente  de 
los  que  no  se  están  quietos  en  el  asiento. 


PIE. 


Acerca  de  esta  voz  hace  el  señor  Cuervo  las  siguientes 
apuntaciones,  perfectamente  aplicables  a  nuestro  lenguaje: 

«Tratándose  de  árboles  i  plantas,  pié  es  el  tronco  i 
muchas  veces  se  toma  por  todo  el  árbol  entero  (?)  según 
se  observa  en  este  ejemplo:  ciCierto  que  no  es  fácil,  en 
cortijos  de  veinte  o  treinta  mil  pies  de  olivo  recolectar  el 
fruto  con  mucho  primor.»  fOcHOA. — Paris,  Londres  i  Ma- 
drid, páj.  175);  no  significa  empero  la  parte  de  una  plan- 
ta que  se  toma  para  obtener  ,  otra  semejante;  esto  lleva 
distintos  nombres  según  las  especies;  barbados  o  siei^pes 
son  los  renuevos  o  hijuelos  que  nacen  de  las  raices  de 
otros  árboles  a  mayor  o  menor  distancia  de  sus  troncos; 
esqueje,  pimpollo,  plantón  o  rampollo  es  el  cogollo,  vasta- 
go o  rama  desgajada;  estaca  es  un  tronco  de  rama  nueva, 
verde  i  jugosa,  cortada  por  ambos  extremos  i  a  la  parte 
inferior  o  raigal  con  una  punta  a  manera  de  pluma  de 
escribir;  acodo  (i  en  las  vides  mucjron,  revuelto)  es  un  co- 
gollo, vastago  o  rama  que,  sin  separársele  de  la  planta 
madre,  se  le  dobla  i  cubre  de  tierra  i  por  la  porción  so- 
terrada brota  raices.» 

Véase  BAJO, 


PIFIA,    AR. 

f 

Son  castizos  ^n'/¿¿z  por  el  golpe  falso   que  se   da  con    el 
taco  a  la  bola  en  el  juego  de  billar^  i  pifiar  por  el  acto  de 


PIL  373 

herir  a  la  bola  de    es.1,  suerte.  En  este  último  sentido  de- 
cimos en  Chile  dar  pifia. 

Debe  tenerse  por  provincial  de  toda  la  América  españo- 
la, según  Salva,  el  uso  de  pifia  por  burla,  silbos,  mani- 
festaciones de  disgusto  en  los  que  oyen  o  miran,  i  pifiar 
por  burlarse  de  alguno,  silbarlo,  darle  vaya. 

«¡ — Hombre!  ¿a  quién  pifias  así 
Con  tanta  furia  i  tesón? 
— El  razonar  baladí,  etc.» 

(Z,  Rodríguez. — En  la  barra.) 


PIJE. 


Véase  futre. 


PILA. 


El  aparato  que  en  plazas,  paseos  o  jardines  da  salida 
al  agua  conducida  por  cañerías  i  que  se  compone  las  mas 
de  las  veces  de  alguna  estatua  i  de  uno  o  de  varios  pilo- 
nes, no  se  llama,  como  nosotros  acostumbramos^  pila,  sino 
fuente^  según  lo  comprueban  los  ejemplos  que  van  en  se- 
guida: 

«Acullá  ve  una  artificiosa  fuente  de  jaspe  variado  i  de 
liso  mármol  compuesta.»^ 

(Cervantes. — Quijote.) 

«Aquella  bellísima  fuente  de  lapislázuli  i  alabastro  es 
la  del  Buen  Suceso  en  donde,  como  en  pleito  de  acreedo- 
res, están  los  aguadores  [no  aguateros)  gallegos  i  coritos 
gozando  de  sus  antelaciones  para  henchir  de  agua  sus  cán- 
taros.)) 

(Guevara. — Diablo  Cojuelo.) 

«Delante  de  la  iglesia  hai  un  terraplén  que   da    vuelta, 
i  por  cuyo  costado  se  puede  asomar  el  que  lo  pasea,  i  ver 
una  fuente  con  su  pilón  que  se  apoya  en  el  muro,  etc.» 
(Fernán  Caballero. — La  Estrella  de  Vandalia,) 


374  PIL 

«En  la  parte  central  del  jardín  (de  la  plaza  de  Concep- 
ción) i  dejando  a  su  pié  una  extensa  avenida  circular,  se 
alza  una  soberbia  pila,  cuya  majestuosa  columna  soporta 
la  estatua  de  la  diosa  Céres^  etc.» 

(Recaredo  S.  Tornero. — Chile  ilustrado.) 


,  PILILO. 

Menos  usado  que  roto,  que  es  el  calificativo  que  sirve  de 
ordinario  para  designar  a  los  individuos  de  la  última  cla- 
se, a  los  mas  pobres  desaliñados  i  zaparrastrosos,  tiene 
una  significación  mui  semejante. 

El  provincialismo  mejicano  equivalente  a  pililo  es  lé- 
pero . 

En  cuanto  a  7'oto  no  es  un  chilenismo  como  muchos 
creen,  sino  voz  mui  castiza  que,  en  la  acepción  mas  usual 
en  Chile,  empleó  Cervantes  i  en  su  tiempo  i  después  mu- 
chos notables  escritores. 

í(Voi  al  enganche  i  me  engancho, 
.  Iba  un  pililo  diciendo: 
En  siete  pesos  me  vendo 
No  he  de  valer  mas  que  un  cha7icho.y> 

(GuA JARDO. — Los  Enganchados.) 


PILÓN,  ona: 

De  la  voz  araucana  pilun,  oreja,  hemos  formado  pilón, 
ona,  palabra  de  que  nos  servimos  para  expresar  que  la 
persona  o  animal  a  que  la  aplicamos  np  tiene  mas  que  una 
sola  oreja. 

Ignoramos  si  hai  en  castellano  algún  adjetivo  de  signi- 
ficación equivalente  2i  pilón.  Solo  sabemos  que  a  los  tales 
se  les  llama  muengos  en  la  isla  de  Cuba. 

«El  Tenorio  por  lo  pronto  no  siente  el  dolor  ni  sabe  que 
queda  pilon\  pero  un  momento   después    se   ve   con  una 
oreja  menos  i  marcha  en  persecución  de  la  dama.» 
(fil  Chilote.^Mm.  de  13  de  marzo  de  1874.) 


PIN  375 


PILLO, 


Del  araucano  pillu,  especie  de  cigüeña. 
Por  extensión  se    aplica  a  las  personas  flacas  i  zancu- 
das. 
En  la  acepción  de  picaro,  bellaco^  bribón,  es  castellano, 

PINGANILLA, 

Relamido,  pisaverde,  lechuguino.  Aplícase  especialmente 
a  los  hombres  delgados  i  de  pequeña  estatura. 
También  se  usa  en  el  Perú: 

«¡Qué  ño  este!  ¡Qué  pinganilla 
Tan  liso\  Se  me  atraviesa 
En  la  garganta  el  muñeco! 
(Felipe  Fardo,—  Una hitérfaiía  en  Chorrillos.) 

PININO. 

Del  niño  que  empieza  a  sostenerse  sobre  los  pies,  deci- 
mos nosotros  que  hace  pininos,  i  decimos  mal,  pues  lo  cas- 
tizo es  pinos,  pinicos,  pinillos,  pinitos. 

Los  cubanos,  según  Salva,  dicen  peninos. 

PINTA." 

El  mineral  chancado  suele  calificarse  de  tres  manera» 
según  su  clase.  Pinta  es  el  mas  rico,  despinte  un  poco  in- 
ferior, granzas  el  mas  pobre. 

Pintador  se  llama  al  panizo  o  criadero  de  metal  que  pro- 
mete minerales  abundantes  i  de  buena  clase. 


PINTAR,    PINTOR, 


Pintor  es  el  pisaverde,  la  persona  afectada  en  sus  ma- 
neras, especialmente  en  el  vestir,  el  pinturero. 


376  PIP 

Pintar,  alabarse  a  sí  mismo,  pavonearse,  lucir  sus  tra- 
jes con  afectación. 

Estos  dos  provincialismos  son  también  corrientes  en  la 
República  Arjentina. 

ttAh!  hembra  linda,  créalo 
I  tan  pintora,  eso  sí, 
Toda  se  sangolotió » 

(ASCÁSUBI.) 
PIPIÓLO,    ISMO,    AJE. 

Mientras  los  conservadores  fueron  apadados  de  peluco^ 
nes  por  su:?  enemigos  políticos,  éstos  fueron  llamados  ;?¿/;zo- 
los  por  aquéllos;  lo  que  equivale  a  decir  que  pipiólos  fué 
en  la  historia  de  nuestras  antiguas  luchas  políticas  el  nom- 
bre vulgar  i  despreciativo  de  los  que  así  mismo  se  llama- 
ban liberales. 

El  señor  Vicuña  Mackenna  explica  así  el  oríjen  de  este 
apodo  en  su  Diego  Portales: 

«El  nombre  de  pipiólos  se  atribuye  a  los  concurrentes 
de  segundo  i  de  tercer  orden  que  asistían  al  café  del  es- 
pañol Barrios,  situado  en  la  calle  Ahumada.  Acostumbra- 
ban jugar  allí  malilla  los  hombres  de  alguna  considera- 
ción, i  a  los  mirones  o  a  los  que  pedian  barato  les  habian 
puesto  por  apodo  el  nombre  de  pipiólos,  por  relación  al 
grito  de  pió,  pió,  con  que  los  pollos  parecen  solicitar  su 
grano.» 

aEn  aquellos  tiempos  en  que  una  gran  parte  de  la  vida 
pública  se  gastaba  en  los  cafés^  donde  se  reunían  nume- 
rosos círculos,  hubo  un  chusco  que  acostumbraba  caracte- 
rizar a  los  pipiólos  \  pelucones  por  lo  que  pedian  en  el  me- 
són. Cuando  el  que  llegaba  ordenaba  al  mozo  alguna  co- 
sa de  sustancia  como  jamun,  chocolate  o  coñac,  era  pelu- 
con\  pero  si  pedia  ponche  o  c'hicha  no  podia  ser  sino  pi- 
piólo.)) 

Aun  cuando  lo  mejor  en  materia  de  apodos  es  no  usar- 
los, ja  que  la  mala  costumbre  subsiste,  es  preciso  reco- 
nocer que  los  de  pipiólo  i  pelucon,  tenían  sobre  los  que  en 
la  actualidad  usan  los  guerrilleros  de  la  política  la  doble 
ventaja  de  ser  nacionales  i  expresivos. 


1 


I 


PIR  377 

Pipiolaje  es  la  reunión  de  muchos  pipiólos;  pipiolismo^ 
sus  principios  considerados  como  sistema  de  gobierno. 

Ei  señor  Cuervo  dice  que  pipiólo  «ocurre  en  el  libro 
intitulado  Doce  españoles  de  brocha  gorda  i  vale  novato, 
bisoño,  motolito. y> 


PIPÍRIPAVO. 

Revesada  i  bárbaramente  decimos  que  son  de  pipiripao 
vo  las  comidas,  bailes,  obras,  discursos,  etc.,  de  escasa 
importancia,  insignificantes. 

Bárbaramente,  porque  la  palabra  no  es  pipiripavo,  sino 
pipiripao;  i  revesadamente  porque  ella  significa  lo  contra- 
rio de    lo  que  con  ella   damos  a   entender.  \ 

«Pipiripao. — Convite  espléndido  i  magnífico.» 

[Diccionario  de  la  Academia.) 

«¿Qué  es  pipiripaos'^.  ^Kú 
Lo  llaman  cuando  por  rueda 
Se  van  haciendo  convites.» 
(Tirso  de  Molina. — El  rei  Enrique  el  enfermo.) 

PIQUERA. 

Vasija  de  greda,  angosta  de  asiento  i  ancha  de  boca, 
que  enterrada  debajo  de  uno  de  los  picos  del  lagar,  ser- 
via i  aun  sirve  en,  algunas  vendimias  para  recibir  el 
mosto. 

«Cojen  la  uva  del  sarmiento. 
Cae  el  jugo  a  la  piquera, 
Lo  cuecen,  a  la  enfriadera, 
I  lo  empiezan  a  beber.» 
(Z.  Rodríguez. — La  Parra  i  el  Podador.) 

PIRÁMIDE* 

El  señor  Bello  advierte  en  una  nota   de  su  Gramática 
que  en  Chile  se  usa  esta  voz  impropiamente  como  mascu^ 


378  PIR 

lina.  Cierto  que  se  usa;  pero  habría  sido  justo  añadir  que 
solo  entre  el  vulgo,  el  cual  por  otra  parte,  si  fuese  capaz 
de  mezclarse  en  gramatiquerías,  podría  alegar  en  su  abo- 
no mas  de  una  respetable  autoridad. 

«Que  lo  que  ser  solia 
Un  medio  celemín  con  ataujía 
Un  pirámide  es  hoi  de  tela  de  oro 
I  cuestan  sus  adornos  un  tesoro.» 

[La  Gatomaquia,  Silva  5.") 

«Cuando  mas  el  pirámide  se  pinta.») 

(BuRGuÍLLos. — Soíieto  83.) 


PIRCA. 

En  quichua  i  araucano  pirca  significa  pared. 

Nosotros  la  hemos  adoptado  para  denotar  la  pared  que 
se  hace  colocando  piedi'as  brutas  unas  sobre  otras,  sin  li- 
garlas con  nada;  o  ligándolas  a  lo  mas  toscamente  con  ba- 
rro, hasta  una  altura  de  metro  o  metro  i  medio. 

Es  voz  útil,  si  como  creemos,  no  tiene  exacto  equivalen-' 
te  en  castellano. 

Pircar  es  levantar  pircas ,  trabajar  en  construirlas. 

PIRCO. 

Del  araucano  /?¿í/6'í)  o  ;:)2í^<:tí,  guiso  de  fréjoles  cocidos 
con  maíz  i  zapallo. 

PIRIHUIN. 

Del  avsiucsino  jmdhiiiíi,  la  sanguijuela  indíjena,  que  suole 
ser  bebida  por  el  ganado  i  ocasionarle  la  enfermedad  que 
se  Ikma  el  piriJmin. 

Matar  elpirihuin,  es  entre  los  adoradores  del  Dios  de  las 
vendimias,  beber  por  la  mañana  el  primer  trago  para  ento- 


1 


PIT  379 

5\ar  el  estómago;  lo  mismo  que   los  franceses  llaman  tuer 
le  ver, 

Apirihidnarse  un  animal,    es  enfermarse    de    pirihuin, 

PIRQUEN,    ENEAR     ENERO,     A. 


Probablemente  pirqiieú  es  el  araucano  pilquen,  trapos^ 
andrajos. 

Pirquenero  es  en  rigor  el  que  trabaja  las  minas  agota- 
das, como  puede,  sin  método,  i  con  escasos  elementos. 

Dar  una  mina  a  alguno  por  contrato  para  que  sea  tra- 
bajada de  esa  suerte,  es  darla  a  pirquen. 

Pirquenear  es  trabajar  de  la  manera  indicada. 

Por  extensión  se  llama  pirquenero  al  que  trabaja  en. 
cualquiera  industria  o  negocio  con  escasos  capitales,  al 
pequeño  comerciante,  al  abogado  que  no  tiene  mas  plei- 
tos que  los  que  desechan  por  insignificantes  los  de  mas 
crédito,    etc. 


PITAR. 

No  faltan  pretendidos  puristas  que^  rechazando  por 
sospechoso  el  usual  fumar,  se  sirvan  exclusivamente  del 
disparatado  humar. 

Tanto  este  como  el  vulgarísimo  pitar  deben  ser  tenidos 
por  chilenismos. 

«Unos  salen  a  las  fiestas 
A  bolsear  i  a  codear  puchos. 
No  compran  tabaco  ni  hoja 
I  el  pitar  les  gusta  mucho.)) 
(GuAJARDO.— r¿>o  a  los  bolseros  de  puchos.) 


PITILLA. 

Como  nombre  de  una  planta  es  palabra  castellana. 
Téngase,    empero,  por   chilena   la  significación  que    le 
damos  de    cierta  clase  de  hilo  o  cuerda  hecha  de  cáñamo. 


380  PLA 


PIZCOIRO. 


Del  niño  pequeño,  garboso,  que  se  muestra  mas  ájil  e 
intelijente  de  lo  que  corresponde  a  su  edad,  se  dice  por 
elojio  i  cariño:  «¡Es  wn pizcoiroJy)  ^ 

Forma  i  significado  indican  a  las  claras  que  este  pizcoi- 
ro  es  de  procedencia  quichua,  .en  cuyo  idioma  pizccoynu, 
es  el  trompo  i  pizcoytay  la  peonza. 

PLANAZO. 

Advertimos  a  los  señores  oficiales  del  ejército  i  de  la 
guardia  civil,  que  el  golpe  dado  de  plano  con  la  espada, 
no  se  llama  planazo  sino  cintarazo. 

PLATA, 

■*■ 
Lo  empleamos  malamente  en  Chile  i  en  otros  paises  d© 
América   como  si  fuese  sinónimo  de  dinero, 

«¿I  qué  pierdo  yo  en  que  se  haga 
Este  casamiento?  Mi  hijo 
Quiere:  el  hombre  tiene  plata.y) 
(Felipe  Pardo. — Frutos  de  la  educación.) 

PLATAFORMA. 


Es  voz  militar  (fuerte  interior  que  se  levanta  sobre  el 
terraplén  de  la  plaza,  i  sirve  para  defender  una  parte  de 
la  fortificación)  que  usamos  en  Chile  malamente  por  tri- 
buna,   tablado,  i   afrancesadamente  por  terrado. 

No  seguiríamos  nosotros  en  consecuencia  el  uso  que 
de  la  voz  aquélla  hizo  el  duque  de  Rívas  en  los  versos 
siguientes: 

«De  este  olvidado  convento 
Ante  la  portada  misma 
En  la  llana  plataforma 
Sitio  de  admirable  vista.» 

[Recuerdos  de  un  hombre  grande ^J 


POL  381 

PLATAL,    UDO,    A. 

Decimos  cada  vez  que  se  ofrece:  «El  fundo  ese  produ- 
ce un  platal.  Su  dueño  es  uno  de  los  hombres  mas  ;;/«- 
tudos  del  pueblo.» 

Debiéramos  decir:  «El  fundo  ése  produce  un  dineral  o 
un  caudal,  su  dueño  es  uno  de  los  hombres  mas  adinera- 
dos o  acaudalados  del  pueblo.» 

POCHO,    A. 

Damos  a  este  adjetivo,  cuya  propia  significación  es 
descolorido,  quebrado  de  color,  una  que  seria  difícil  ex- 
plicar. Si  mal  no  recordamos  hemos  oido  aplicarlo  a  los 
objetos  pequeños,  recojidos,  mas  o  menos  redondos,  apa- 
rrados, etc.  Un  guaso  decia  «que  los  jardineros  gringos 
tienen  la  7naña  de  criar  todos  los  árboles  pochitos.^t  Quería 
decir  que  acostumbraba  criarlos,  no  mui  altos  ni  con  mu- 
chas ramas,  i  con  un  copo  mas  o  menos  redondo. 

PODER. 

«Algunos  dan  al  verbo  poder  un  acusativo  o  réjiraen 
directo,  diciendo:  tú  no  me  puedes',  yo  no  te  puedo,  ex- 
presiones con  que  se  quiere  significar  que  una  persona  no 
tiene  tanta  fuerza  o  poder  como  otra».  (Como  para  levan- 
tar en  brazos  a  otra  habria  sido  mas  exacto.)  «Se  comete 
en  estas  locuciones  un  solecismo  porque  el  verbo  caste- 
llano ;?  o  í/er  siempre  es  neutro,  o  por  lo  menos  no  tiene 
otro  réjimen  directo  que  los  infinitivos:  Yo  no  puedo  escri- 
bir-, usted  pudiera  haberme  avisado.)-) 

(Andrés  Bello,  artículo  publicado  en  El  Araucano  en 
enero  de  1834.) 

POLOLO,    POLOLEAR. 

Del  araucano  pulomen,  especie  de  moscardón. 
tísámoslo  ya  en  ese  sentido,  ya  figuradamente  para  de« 


382  PON 

signar  a  los  mozos  que  acosan  a  las  niñas  casaderas  ga- 
lanteándolas, i  que  carecen  de  los  medios,  o  con  mas  fre- 
cuencia de  la  voluntad  de  llegar  al  casorio. 

Ejemplo  del  sentido  recto: 

« A  la  hora  en  que,  alejándose  las  golondrinas  en 

bandadas,  comienzan  a  salir  de  entre  las  tejas  los  mur- 
ciélagos i  a  revolotear  los  joololos  en  torno  de  los  naran- 
jos nuevos.» 

(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio.) 

Del  sentido  figurado: 

((Sucedió  que  un  viejo  cholo 
A  una  niña  pretendía: 
I  la  madre  le  decia: 
¡Cuenta  con  ese  pololoU 

(GuARJARDO. — El  Viejo  lacho.) 

Pololear  es  andar  en  las  tertulias  i  saraos  de  una  a  otra 
niña  requebrándolas,  no  mui  a  su  gusto  i  con  un  tantico 
de  impertinencia. 

Nuestros  pololos  son  pequeños  abejorros, 

POLVO. 

No  recordamos  haber  visto  empleada  por  ningún  buen 
escritor  español  la  frase  no  vérsele  el  polvo j  o  el  polvillo  a 
alguno^  para  indicar  que  ha  desaparecido  o  huido  con  ex- 
traordinaria lijereza. 

Véase  un  ejemplo  en  la  palabra  largar. 


PONCHO. 

Del  araucano  pontho,  manta  de  tela  burda  de  lana,  cua- 
drangular  i  con  una  abertura  en  el  medio  para  meter  por 
ella  la  cabeza. 

El  poncho  se   diferencia  de  la  manta    en    que    aquél  es 
mas  tosco  casi  siempre  i  siempre  mas  grueso  que  ésta. 
Juan  de  Arona  tiene    a  poncho  por  peruanismo,  i  lo*es- 


POR  383- 

cribe  constantemente    con    bastardilla  en  sus  Poesías  pe- 
ruanas. 

aEntre  las  ondas  de  niebla 
Un  poncho  se  ve  flotar, 
Que  anuncia  jinete  rápido 
Sobre  un  caballo  marcial.» 

Otros  ejemplos  pueden  verse  en  las  pajinas  201,  203  * 
309  de  la  obra  citada.  • 

En  Chile  el  poncho  es,  entre  la  jente  pobre  i  campesi- 
na, denso  mucho  mas  común  que  en  el  Perú;  pero  ¿se 
usa  el  poncho  en  España?  desde  cuándo?  i  con  qué  nom- 
bre? I  si  allá  se  usa,  ¿el  poncho  castellano  es  un  derivada 
del  pontho  araucano,  o  bien  esta  voz  no  es  mas  que  una 
corrupción  de  aquélla? 

Buscamos  alguna  luz  en  el  Diccionario  de  la  Academia 
i  él  no  hace  mas  que  aumentar  nuestras  dudas  explican- 
do así  una  do  las  acepciones  de  poncho:  «Sayo  sin  mangas 
que  se  pone  por  la  cabeza  a  modo  de  casulla.» 

«Sigamos  i  veremos  que  se  reúnen  en  una  pieza  aparta- 
da con  el  tio  Jerundio  i  con  otros  cinco  individuos  todos: 
de  poncho  i  chupalla. y> 

(Antonio  Espiñeira. — La  Casa  maldita.) 


POPELINA. 

Como  derivada  de  la  misma  raiz  que  papel,  del  cual  no 
es  mas  que  una  imitación,  debe  ser  i  es  papelina.  No  lo 
echen  en  saco  roto  los  señores  comerciantes  que  hacen 
imprimir  listas  de  baraturas,  ni  los  señores  correctores  que 
revisen  las  pruebas  de  ellas. 

PORONGO. 

Cantarito  cuellilargo  de  barro.  En  ({mámd.  purunccu\  en 
araucano  purunca. 

Porongo  úsase  también  en  el  Perú,  según  se  vé  en  este 
pasuje  de  Juan  de  Arona: 


384  POR 

<d  a  pesar  de  esto  me  he  llevado  chasco 
Pues  botella  o  redoma  no  es,  ni  frasco. 
Sino  largo poro7igo; 
Lo  que  en  este  momento  de  su  dueño 
El  paladar  remoja  i  tranquiliza 
Con  el  ardiente  liquido  pisqiieño.yy 

[Poesías  peruanas. 

POROTO. 


Reina  la  mas  completa  anarquía  entre  nosotros  acerca 
de  la  mejor  manera  de  designar  la  legumbre  que  los  bo- 
tánicos llaman  phaseolus  mdgaris. 

El  vulgo  no  habla  ni  quiere  oir  hablar  mas  que  de  po-- 
rotos;  i  no  faltan  algunos  que  temerosos  de  ser  tildados 
de  zafios,  nos  hablen  mui  seriamente  de  habichuelas  i  de 
judías. 

Entre  aquél  i  éstos  la  jeneralidad  de  las  personas  ilus- 
tradas opta  por  fréjol;  pero  son  mui  pocos  los  que  no  du- 
dan sobre  su  recta  pronunciación  i  ortografía. 

Hemos  oido  i  leido  fréjol  i  fréjol,  frijol  i  frísol.  ¿Con 
■cuál  de  ellos  seria  mas  conveniente  nos  quedáramos? 

Prescindiremos  de  judía  i  habichuela  mui  castizas,  pero 
que  parecen  definitivamente  abandonadas  por  el  uso  de  ins- 
truidos e  ignorantes. 

Quédannos  en  consecuencia  poroto  i  fréjol. 

El  primero  es  un  provincialismo  del  Perú,  Bolivia,  Chi- 
le i  la  República  Arjentina,  i  viene  del  quichua  purutu. 
Anda  en  los  labios  de  la  jente  mazorral  como  en  sus  pro- 
pios dominios,  i  allí  estarla  bien  que  se  quedase,  pues  la 
ilustrada  no  la  necesita. 

Siendo  uniforme  la  pronunciación  de  esta  voz  i  estando 
adem-as  ella  conforme  con  la  de  la  primitiva  purutu,  no 
podemos  explicarnos  la  causa  del  error  en  que  cajo  el  se- 
ñor Gay  que   escribe  porroto  en  su  Historia  de  Chile. 

En  cuanto  a  fréjol,  debe  tenerse  presente  que  la  Aca- 
demia, que  lo  tilda  de  provincial,  lo  hace  grave,  i  escribe 
fréjol.  Lo  mismo   Domínguez. 

En  Colombia,  si  hemos  de  atenernos  al  vocabulario  que 
\úene  al  fin  de  la  María  de  Jorje  Isaacs,  se  dice  frisoL  ■ 


POR  385 

Covarr libias^  en  su  Tesoro  de  la  lengua  castellana,  es- 
cribe pesóles  apor  otro  nombre  frisóles  o  judiguelos.y) 

En  Chile  lo  corriente  entre  la  jente  educada  es  pro- 
nunciar fréjol.  No  vemos  razón  para  aconsejar  que  se 
abandone  esta  acentuación  i  se  siga  la  que  nos  indica  la 
Academia.  En  efecto,  contra  la  autoridad  de  tan  respeta- 
ble corporación  podemos  invocar,  no  solo  el  uso  jeneral  en 
Chile,  sino  también  la  etimolojía,  pues  fréjol  viene  del 
griego  phasiolo,  por  el  intermedio  del  latin  phaselus  o  pha^ 
siolus,  si  no  mienten  Dioscórides  (el  ilustrado  por  el  doc- 
tor Laguna)  i  Covarrúbias. 

Vamos  a  los  ejemplos: 

«El  valle  de  Purutum  es  todavía  famoso  por  el  exelen- 
te  cultivo  de  sus  porotos.)^ 

(Vicuña  Mackenna. — Historia  de  Santiago.) 

«Adelante  (dia  6)  fexoeSy  por  fréjoles  o  judías.  En  por* 
tugues  feijoes.)) 

[Varnhagen,  lugar  citado  en  la  voz  cacique.) 
(iRecibí  mi  ración  de  frisóles, y) 

(JoRJE  IsAACs. — María.) 

PORUÑA. 

Utensilio  que  no  es  por  lo  jeneral  mas  que  un  cuerno 
de  buei  partido  lonjitudinalmente  por  la  mitad,  i  que  sir- 
ve a  los  bodegoyieros  (en  español  lonjistas)  para  sacar  de 
los  cajones  i  poner  en  la  balanza  el  arroz,  la  yerba-mate, 
el  azúcar,   etc. 

Talvez  viene  de  la  misma  raíz  que  porongo. 

Hombre  de  poruña^  de  poca  importancia,  plebeyo,  mer- 
cachifle. 

«The  earth  or  sand  is  put  into  a  vessel  of  wood  or  hora 
called  poruña  which  is  placed  i n  a  ruming  stream.» 
(Molina. — ñistory  of  Chile.) 

«Verás,  pues,  con  otros  nombres 
Los  guisos  que  conocemos 
I  en  platos  como  puruñas 
Conducir  los  alimentos» 

[Lima  por  dentro  i  fuera.) 


386  POT 


POSTRERO,    A. 

No  liai  necesidad  de  advertir  que  este  adjetivo  es  cas- 
tellano i  que  como  tal  tiene  dos  terminaciones:  «El  suspiro 
postrero^  la  ;:)osírem  mirada  del  moribundo.» 

En  Chile  úsase  también  esta  voz,  vulgar  aunque  frecuen- 
temente, como  adverbio  i  cual  si  fuese  sinónima  de  des- 
pués. 

(cMi  madre   murió  prostrero 
I  cuando  a  la  muerte  estaba 
Me  decia  en  lo  que  hablaba: 
Hijo  si  me  lleva  Dios 
Te  quedará  para  vos 
La  callana  en  que  tostaba» 

(GuAJARDO. — La  herencia  de  Don  Cristóval.) 

POTRERO. 

Acerca  de  esta  voz  dice  el  señor  Vicuña  en  su  Historia 
de  Santiago: 

((Valdivia  hizo  un  gran  cercado  en  los  alrededores  de 
la  ciudad,  que  se  llamó  potrero,  por  los  potros  que  echó 
en  su  recinto  bajo  el  cuidado  de  un  albéitar  pagado 
por  la  ciudad,  i  es  curioso  saber  que  de  allí  vino  el  nom- 
bre que  se  dio  después  a  los  cercados  de  nuestros  campos, 
bien  que  el  hecho  de  llamarse  potreros  los  sitios  de  cul- 
tivo, es  una  lójica  fácil  de  comprender  en  nuestro  suelo 
en  que  liai  tantas  cosas,  tantos  nombres  i  tanto  hombres 
al  revés.» 

Sin  salir  en  defensa  de  las  cosas,  nombres  i  hombres 
que  pueden  existir  patas  arriba  en  nuestro  suelo,  aunque 
seguramente  no  en  mayor  abundancia  que  en  cualquier 
otro,  americano  o  europeo,  nos  limitaremos  a  poner  en 
duda  la  exactitud  de  la  relación  de  causa  a  efecto  que  el 
señor  Vicuña  señala  entre  la  idea^,  no  mui  rara  por  cierto, 
de  don  Pedro  de  Valdivia  i  el  hecho  de  haberse  llamndo 
potreros  aquí,  en  la  República  Arjentina  i  en  las  de  Boli- 
via  i  el  Perú,  los  recintos  mas  o  menos  grandes  i  bien  ce- 


PRE  387 

rrados  que  se  destinan   en  las  haciendas  a    la  crianza  de 
los  ganados. 

El  equivalente  español  de  potrero  es  'potril  i  también 
dehesa,  según  puede  deducirse  del  título  de  la  comedia  de 
Bretón:  El  pelo  déla  dehesa.  Los  diccionarios  de  la  len- 
gua  hablan  de  dehesas  de  potros  i  de  dehesas  de  yeguas. 

«Talvez  nace  en  Paita,  talvez  en  Europa 
Talvez  en  la  puna,  talvez  en  Ocopa, 
Talvez  en  potrero,  talvez  en  jardin.)^ 

(Juan  de  Aro^a..— Poesías perua?ias.) 


prestamista; 

r 
La  misma  variedad  de  acepciones  en  que  se  usa  presta 
(véase  emprestar)  existe  en  el  sustantivo  prestamista,  del 
cual  nos  servimos  para  denotar,  ya  la  persona  que  da,  ya 
la  que  toma  prestado.  La  primera  significación  prevalece 
en  la  práctica;  la  segundaes  la  que  le  atribuye  nuestro  Códi- 
go de  Comercio. 

uEl  señor  Vice- presidente. — Quisiera  que  se  me  explicara 
por  los  miembros  de  la  Comisión,  lo  que  significan  estas 
palabras  prestamistas  ainteres  o  descuento.yy 

uEl  señor  Claro, — El  señor  ministro  de  Hacienda  ha 
manifestado  ya  cual  es  la  significación  precisa  de  las 
palabras  banco  i  prestamista.  Banco  nos  ha  dicho,  es  el  es- 
tablecimiento que  da  a  interés  capitales  propios  i  ajenos 
que  ha  recibido  en  depósito,  i  prestamista  el  que  presta 
o  descuenta  con  capitales  propios.» 

(Sesión  extraordinaria  de  la  cámara  de  diputados  de 
Chile  de  20  de  enero  de  1866.) 

(cEl  que  entrega  la  cantidad  se  denomina  prestador  o 
dador\  el  que  \d.  vqqa\sqí  prestamista  o  tomador. d 

[Código  de  Comercio,  art.  1168.) 

«Prestamista.— El  que  da  dinero  a  préstamo.» 
[Diccionario  de  la  Academia.) 

«Prestamista.— El  que  da  o  toma  dinero  a  préstamo:  (se 
entiende  mas  de  ordinario  por  el  que  lo  da.) 

[Diccionario  de  Salva.) 


388  PRE 

«Prestamista. — El  que  toma,  i  mas  bien  el  que  da,  dinero 
préstamo.» 

[Diccionario  de  Domínguez.) 


Véase  Emprestar. 


PRESTAR. 


PRETENSIOSO. 


Los  diccionarios  autorizados  no  traen  este  adjetivo, 
mui  usado  en  Chile  i  también  en  España,,  como  se  ve  por 
los  ejemplos  siguientes  de  correctísimos  escritores: 

«He  aquí  otra  muestra  de  las  frivolidades  que  el  señor 
Martínez  de  la  Rosa  nos  lia  dado  bajo  el  nombre  preten* 
ñoso  de  poesías.» 

{J.    M.    VlLLÉRGÁS. — Juicio   cñtico.) 

«siquiera  el  estilo  sencillo  i  castizo  de  éste  (Riva- 

deneira)  sea  superior  al  de  aquél  (CienfuégosJ  algún  tan- 
to hinchado  i  que  se  resiente  de  la  época  pretensiosa  en 
que  fué  escrita.» 

(Vicente  de  la  Fuente. — Introducción  a  la  vida  del  P, 
Laínez.) 

Es  adjetivo  bien  formado  i  útil,  si  bien  no  del  gusto 
del  señor  Baralt^  quien  quiere  se  diga  presuntuoso ,  afec- 
tado, vanaglorioso',  i  aplicado  al  estilo,  tono^  etc.,  afec- 
tado, amanerado,  laborioso,  pedantesco,  altisonante  (d  mil 
otras  cosas  que  seria  prolijo  enumerar.» 

prevenir. 

Entre  la  jente  mazorral  este  verbo  se  usa  por  su  seme- 
jante en  forma,  aunque  mui  diverso  de  significado^  pro- 
venir. 

«I  aquel  mal  que  adolecía 
Previno  según  decia 
De  tomar  agua  bendita.» 

(GüAJARDO. — La  Beata  empachada.) 


PRO  389 


PREVER. 

Los  verbos  compuestos  de  ver  se  conjugan  como  él.  Hai 
por  lo  tanto  una  e  demás  en  los  siguientes  pasajes: 

«La  ciencia  observa  las  relaciones  de  causa  i,jefecto  que 
existen  entre  los  hachos  i  se  esfuerza  por  deducir  de  esta 
observación  fórmulas  que  le  permitan  ¡yreveer  los  fenóme- 
nos futuros.» 

(Diego  Barros  Arana. — Traducción  de  un  artículo  de  M. 
Courceile,  publicado  en  La  Revista  del  Paeifico.) 

«puede   preveer  las  consecuencias  de  tal  i  tal  acto 

o  preveer  los  hechos  venideros.» 

(id.  id.) 

PRODUCIDO. 

El  caudal  que  se  saca  de  alguna  cosa  que  se  vende  o  ex- 
plota no  es  q\  producido  de  ella,  como  muchos  dicen,  sino 
su  producto. 

PROPIO  (lo.) 

La  locución,  tan  usada  entre  el  vulgo,  lo  propio,  por  lo 
mismo,  igual  cosa,   otro  tanto,  no  es  castiza. 

«En  la  Francia  fué    Calvino 
Quien  a  la  Iglesia  dio  guerra 
Lo  propio  hizo  en  Inglaterra 
Enrique  VIII,  etc.» 

(GuAJARDO.— £'/  Protestantismo.) 

¿Debe  reputarse  también  como  un  provincialismo  el  uso, 
tan  corriente  en  varios  paisos  de  América,  de  propio  por 
correo'^ — Si,  hablando  en  rigor,  porque  en  castellano  pro- 
pio es  solamente  ael  correo  de  a  pié  que  se  despacha  para 
llevar  cartas  de  importancia;»  i  nó,  porque  sin  mucho  es- 
fuerzo ni  violencia,  ha  podido  pasar  a  denotar  al  correo  de 
a  caballo   que  se  despacha  extraordinariamente  para  dar 


390  PRO 

una  noticia,  llevar  comunicaciones  con  gran  rapidez,  que 
es  lo  que  entendemos  cuando  decimos:  «Ha  llegado  \xn  pro- 
pio de  Mendoza  trayendo  noticias  de  importancia  al  señor 
Ministro  plenipotenciario  de  la  República  Arjentina  en 
Santiago.)) 

El  señor  Paz  Soldán  i  Unánue  (Juan  de  Arona)  cree  que 
propio  en^l  último  caso  es  un  peruanismo,  como  lo  da  a 
entender  la  bastardilla  con  que  lo  hizo  imprimir  en  este 
pasaje:    . 

aLas  espuelas  le  arrima 
I  parte  como  un  cohete 
Que  el  singular  jinete 
Iba  de  propio  a  Lima. 

[Poesias  peruanas,) 


PROVISORIO,    A. 

Acerca  de  esta  voz,  que  usamos  como  si  provisional  no 
existiese  en  los  diccionarios  i  buenos  autores,  escribe  el 
señor  Cuervo: 

«Si  se  compara  provisorio  con  los  demás  adjetivos  de 
igual  formación,  como  oratorio,  atestatorio,  infamatorio , 
consolatorio,  adulatorio,  etc.,  se  colije  que  el  significado 
que  le  corresponde  es  el  de  propio  del  provisor,  que  le  per- 
tenece, o  que  conduce  a  proveer,  sirve  para  ello;  de  suerte 
que  sin  pisca  de  razón  se  le  atribuye  el  de  provisional  ^ov 
americanos  i  españoles.  Es  tomado  del  francés  i  la  Acade- 
mia no  le  ha  dado  el  pase.  Con  razón,  pues  en  los  recien- 
tes alborotos  de  España  dijeron  gobierno  provisional,  que 
no  provisorio. yy 

«La  nación  huérfana  i  privada  de  su  buen  Reí,  erijia  un 
gobierno  provisional.)) 

(JovELLÁNOs. — Memoria  que  diiñjió  a  sus  compatriotas, 
pte.  I,  art.  I.) 

La  opinión  anterior,  mui  respetable  en  sí  misma,  lo  es 
tanto  mas  cuanto  que  se  desprende  de  la  doctrina  que  es- 
tablece Monlau  en  su  Diccionario  etimológico,  páj.  117. 


I 


PUCII  391 


PUCHAS. 

Antes  de  tener  conocimiento  de  los  apuntes  con  que  al- 
gunos amigos  han  tenido  la  bondad  de  ayudarnos  a  com- 
pletar i  rectificar  lo  que  vamos  escribiendo,  teníamos  a  la 
interjección  vulgar  ¡pucha!  o  ¡puchas!  señalada  como  un 
provincialismo  chileno  i  advertíamos  que  ella  se  empleaba 
unas  veces  para  denotar  alegría  o  entusiasmo  i  otras  enfado. 

Del  primer  uso  habíamos  copiado  el  siguiente  ejemplo 
de  Ascásubi: 

«/E/¿  pucha!  si  es  un  encanto 
Ver  los  diferentes  lances^  etc.» 

[La  Hierra.) 
Del  segundo,  este  otro: 

«Sintió  en  la  cara  entonces  el  tunante 
Llover  con  furia^  i  al  sentirlo  dijo: 
— ¡Eh  puchas  hoo!  con  el  gotear  prolijo, 
Oiga  Ud.  que  me  lluevo,  vijilanto^ 

(Z.  Rodríguez. —jE"/  Borracho.) 

Mas  ántojósele  por  malos  de  nuestros  pecados  a  un  ami- 
go aconsejarnos  leyésemos  la  escena  V,  acto  II  de  la  co- 
media de  Tirso  de  Molina  La  Villana  de  Vallecas,  i  ved 
ahí  por  tierra  el  edificio  que  impremeditadamente  había- 
mos levantado  sobre  un  cimiento  de  arena. 

Dice  doña  Violante  en  el  lugar  citado: 

«¡Oh  hí  de  pucha! 
¿I  qué  queréis  ver  con  ella?» 

¡Pucha!  no  es  en  resumen  un  provincialismo  americano, 
sino  un  vocablo  castizo  aunque  tan  bajo  i  grosero  del 
otro  como  de  este  lado  del  Océano. 

PUCHO. 

Es  voz  tomada  del  quichua  en  cuyo  idioma  pucha  signi- 
fica sobras f  dcsperclicios,  residuo. 


392  PUCH 

Úsase  por  tofla  clase  de  personas  en  Chile,  las  repúbli- 
cas del  Plata,  Bolivia  i  Peri:^  ya  para  denotar  la  cola  que 
queda  i  se  tira  después  de  fumado  el  cigarro,  ya  para 
ponderar  lo  poco  en  que  se  estima  una  persona  o  cosa. 

Juan  de  Arona,  que  la  trae  entre  sus  peruanismos  i  que 
se  ha  servido  de  ella  en  sus  Poesías^  la  declara  una  voz 
útil  para  evitar  los  rodeos  que  su  eliminación  haria  ine- 
vitables [punta,  cabo,  cola,  colilla  áe  cigarro.) 

((Una  sonrisa 

De  mi  desden  es  mucho 

Para  tí  que  no  vales  ni  aun  el  pucho 

De  un  pésimo  cigarro.» 

Así  cierto  pinche  de  cocina,  elevado  sucesivamente  a 
municipal,  diputado  i  senador,  apostrofa  en  una  comedia 
de  Segura  a  su  antiguo  amo. 

También  nos  atrevimos  nosotros  a  emplear  la  palabra 
de  que  tratamos,  en  la  traducción  que  publicamos  en  La  Es- 
trella ele  Chile  de  algunas  de  las  sentencias  o  máximas 
del  poeta  latino  Publio  Siró: 

«Ser  bueno  importa  mucho, 

Ser  tenido  por  tal  importa  un  pucho.y) 

Audacia  grande  sin  duda,  pero  no  tanto  como  la  que 
necesitó  nuestro  compatriota  don  Guillermo  Matta  para 
hacer  un  ensayo  semejante  con  el  bárbaro  chivateo  (véase 
esta  voz);  ni  con  mucho  comparable  al  feliz  desenfado  con 
que  un  vate  arjentino  dio  hospedaje  en  el  Parnaso  al 
humilde  pucho  ennobleciéndolo  en  su  afamada  canción  El 
Cigarro,  cuya  penúltima  estrofa  es  así: 

((¿Qué  nos  dejan  en  sus  huellas 
La  grandeza  i  los  honores? 
Por  la  paz  hondas  querellas, 
Los  abrojos  por  las  flores: 
La  patria  al  que  ha  perecido 

Desprecia  como  aun  zamarro 

Como  yo  arrojo  i  olvido 
El  pucho  de  mi  cigarro.» 


PUN  393 

PULPERÍA,   ERO. 


Consignamos  aquí  estas  dos  voces,  no  embargante  que  ellas 
se  encuentren  adoptadas  ya  por  la  Academia,  significando 
la  primera  venta,  ventorrillo ^  lonja,  i  la  segunda,  vente  - 
ro,  lonjista,  tanto  por  ser  orijinarias  de  la  América 
Meridional;,  cuanto  para  poner  a  la  vista  del  lector  la  cu- 
riosa etimolojfa  que  de  ellas  trae  Garcilaso  en  sus  Co- 
mentarios  reales,  (libro  G."*  cap.  20  de  la  segunda  parte) 
donde  dice:  «Que  cada  dia  habia  muchas  pendencias  sin- 
gulares, no  solamente  de  soldados  principales,  sino  tam- 
bién de  mercaderes  i  otros  tratantes,  hasta  los  que  llaman 
pulperos',  nombre  impuesto  a  los  mas  pobres  vendedores, 
porque  en  la  tienda  de  uno  de  ellos  hallaron  vendiéndose' 
un  pulpo. y) 


PUNA. 

En  quichua  puna  es  la  sierra,  tierra  fría,  páramo. 

Usámosla,  i  mas  que  nosotros  los  peruanos  en  esa  acep- 
ción, pero  principalmente  para  denotar  la  incomodidad 
(hielo,  sofocación  con  dolores  en  las  piernas)  que  experi- 
mentan los  viajeros  en  los  lugares  mui  altos  de  la  Cordillera.- 

«En  las  altas  rejiones  de  la.  puna 
Do  el  albo  o  cúntur  silencioso  reina 
De  estos  hilos  de  plata  está  la  cuna."» 

(Juan  de  Arona — Poesías  peruanas.) 

«Pocas  sus  frases  son^  pero  oportunas 
I  su  rostro  descuella  con  el  brio 
I  con  el  no  aprendido  señorío 
De  la  ájil  señorita  de  las  punas; 
Lo  que  quiere  decir  que  la  tal  dama 
Se  parece  a  una  llama. y) 

(Id.  id.) 
Véase  apunarse. 


394  PUY 


PUNTADA. 


Decimos  mal  por  punzada,  que  es  dolor  agudo  i  fijo  en 
alguna  parte  interior  del  cuerpo. 


PUQUIO. 

Dice  Juan  de  Arona  que  esta  voz  es  quichua  (piiqiuy 
manantial)  i  así  debe  de  ser,  por  mas  que  no  yenga  en  los 
diccionarios  de  esa  lengua  que  tenemos  a  la  mano. 

<(La  materia  remota  de  este  sacramento  (el  bautismo)  es 
el  agua  natural,  bien  sea  del  mar,  rio,  pozos^  fuentes,  pu^ 
quios  o  de  lluvia,  eÍQ.\ 

(Donoso.— il/¿z72wa/  del  Párroco  americano.) 
También  se  usa  en  el  Perú  puquiales. 


PURO. 

Por  no  fijarse  lo  bastante  en  que  cuando  puro  modifica  a 
adjetivo,  es  adverbio,  i  por  consiguiente  invariable,  caen 
algunos  en  el  grosero  error  de  escribir  i  decir:  «La  majo- 
ría  que  tiene  el  gobierno  es  grande;  pero  se  ha  hecho  de- 
rrotar de  pura  indisciplinada»,  i  cosas  por  el  estilo. 

La  misma  falta^  en  casos  análogos,  suele  cometerse  en 
el  uso  de  medio, 

«Entre  mis  faltas  tenia  ésta,  que  sabia  poco  de  rezado  i 
de  lo  que  habia  de  hacer  en  el  coro  de  puro  descuidada.» 

(Santa  Teresa. —  Vida.) 


PUYA. 


Por   expresión  aguda  i  picante   dicha  con  prontitud,  es 
castellano. 


PÜY  395 

Tengo,  empero,  por  chilena  la  locución  darjniTja,  que  usa 
la  plebe,  ja  como  una  interjección  para  animar  a  los  que 
riñen,  ya  para  expresar  el  acto  mismo  de  reñir. 

«Después  llegó  la  patrulla 
Haciendo  parar  el  canto 
I  ellos  se  enojaron  tanto 
Que  se  formó  una  gran  bulla: 
Comenzaron  a  dar  puya 
Quebrando  hasta  las  clavijas,  etc.» 

(GuA JARDO. — Un  Lazo  de  verijas.) 

Talvez  dar  puya  no  es  mas  que  dar  púa,  ya  que  llama- 
mos 'puya  a  la  púa  del  trompo. 


I 


Q 

QUEBRADA. 

No  acertamos  a  adivinar  la  razón  que  el  autor  de  las 
Poesías  peruanas  habrá;  tenido  para  incluir  esta  voz  entre 
las  provinciales  del  Perú,  en  la  acepción  de  hendedura  o 
abertura  de  la  tierra,  ora  sea  en  los  valles  ora  en  las  mon- 
tañas. Cierto  que  en  esta  acepción  parece  mas  propia  la 
palabra  quiebra;  pero  entre  ella  i  quebrada  hai  tanta  se- 
mejanza que  no  nos  creemos  autorizados  a  calificar  ésta 
de  chilenismo,  bien  que  la  usemos  nosotros  mas  o  me- 
nos como  aparece  en  los  siguientes  pasajes  de  Juan  de 
Arona: 

(íAbrese  allá  una  quebrada 
Que  mi  vista  errante  fija 
I  es  una  triste  morada 
Desde  donde  la  mirada 
Ve  el  sol  por  una  rendija.» 

«De  la  quebrada  en  el  fondo 
Serpeando  el  rio  va 
Con  pausada,  perezosa 
I  estridente  majestad.» 

«Cuando  en  gárrulas  banda.""-"^ 
Al  arreciar  el  verano, 
Deja  por  el  fresco  llano 
Las  sofocantes  quebradas.^) 

if<Quebraday)  dice  Covarrúbias  «es  tierra  desigual;»  si  bien 
la  Academia  agrega  «i  abierta  entre  montañas,  que  forma 


398  QÜI 

algunos  valles  estrechos»  i  el  señor  Cuervo  advierte  to- 
marse «también  por  lo  mismo  que  quiebra  o  hendedura  de 
la  tierra.» 

c(En  aquel  mesmo  instante  pareció  por  entre  una  gue^ 
hrada  de  una  sierra,  que  salia  donde  ellos  estaban,  el 
mancebo  que  buscaba.» 

(Cervantes. — Quijote.) 

«Por  una  espesa  i  áspera  quebrada 
Que  en  medio  de  dos  lomas  se  hacia 
La  bárbara  canalla  etc.» 

(Ercilla.— Zí¿  Araucana.) 

«El  suelo  áspero  en  unas  partes  i  en  otras  cerrado  de 
árboles  i  de  maleza,  no  se  dejaba  hollar  sino  por  las  que- 
bradas que  los  arroyos  hacian.» 

(Quintana. — Vida  de  Francisco  Pizarro») 

En  el  sentido  de  este  último  ejemplo  oímos  usar  en 
Arequipa  la  palabra  quichua  lloclla  (según  la  pronuncia- 
ción yoglia)  que  es  onamatópica  i  remeda  el  ruido  que  for- 
de  el  agua  al  bajar  por  la  quebrada  golpeándose  entre  las 
piedras  de  su  lecho. 

Salva  dice  que  quebrada  es  provincialismo  de  la  Améri- 
ca Meridional  equivalente  a  rambla,  pero  se  equivoca.  Ni 
en  el  Perú  ni  en  Chile  la  hemos  oido  usar  en  tal  sentido. 


QUILTRO. 

Provincialismo  chileno  cuya  etimolojía  no  hemos  podido 
averiguar,  si  bien  es  de  sospecharse  nos  venga  de  Arau- 
co.  Sírvenos  para  designar  al  perro  pequeño,  bullicioso  i 
de  mala  raza,  al  mismo  que  en  español  se  llama  gozque  i 
gozque]  o. 

«El  rei  de  España  es  un  jenerosísimo  lebrel  que  pasa 
acaso  solo  por  una  calle  i  no  hai  gozque  en  ella  qué  a  la- 
drarle no  salga.» 

(VÉLEZ  DE  Guevara. — El  Diablo  cojuelo.) 


k 


QUI  399 

Don  Francisco  de  Quevedo  dice  en  alguna  parte: 

ccSi  gozques  todos  me  ladran 
Yo  quiero  ladrar  a  todos; 
Pues  que  me  tienen  por  perro, 
Mas  yo  los  tengo  por  porros.» 

QUIMBA. 

Muchísimo  mas  usada  en  el  Perú  que  en  Chile,  por  pi- 
rueta, cabriola,  movimientos  exajerados  que  se  hacen  en 
el  baile  doblando  el  cuerpo,  guaina,  guaragua. 

«Mas  no  es  bella  cabriola, 
No  es  elegante  quimba  lo  que  veo^ 
Sino  respingo  innoble  i  deslucido, 
Sino  corcovo  desairado  i  feo.» 

(Juan  de  Arona. — Poesías  peruanas.) 


QUINCALLERÍA. 

Asegura  el  señor  Gormaz  en  sus  Correcciones  lexigrcífi- 
cas  que  esta  voz  no  existe  i  debe  reemplazarse  por  quin- 
quillería ^  i  cierto  que  se  engaña. 

«QUiNCAiLLERiE. — S.  f; — Quincallcria,  el  comercio  de 
quincalla.» 

[Diccionario  francés  español  i  español  francés  de  Martí- 
nez López.) 

«QUINCALLA,     QUINCALLERÍA,     QUINCALLERO. — Del     fraUCCS 

quincaille,  quincaillerie ,  quincaillier,  que  algunos  escriben 
clincaille,  clincaillerie,  clincaillier,  formados  del  verbo  an- 
ticuado clinquer,  como  trincar,  sonar,  hacer  ruido,  un  rui- 
do parecido  al  que  hacen  los  utensilios  de  hierro  o  peda- 
zos de  metal  revueltos  dentro  de  un  saco,  i  al  que  hacen 
también  los  artículos  de  c¡uincalla.  Clinquer  se  formó  del 
alemán  kleingen,  que  significa  lo  mismo,  i  uno  i  otro 
verbo  tienen  mucho  de  onomatopeya.-» 

(MoNLAU.  — Diccionario  etimolojico . ) 


400  QUI 


QUINCHA,    AR. 


En  quichua  khinchay  carrizo ^  seto,  barrera,  cerca. 

Palabras  de  uso  mui  jeneral  en  los  campos,  donde  se 
denota  con  la  primera  la  pared  delgada  o  tabique  de  colí- 
húes,  vardascas,  ramas,  etc.,  ya  sea  que  se  amarren  o  cla- 
ven en  el  suelo,  ya  que  ademas  se  unan  i  cubran  con  ba- 
rro; i  por  quinchar  la  acción  de  trabajar  quinchas  o  de  ce- 
rrar con  ellas. 

La  quincha  es  la  pared  ordinaria  de  los  ranchos  de  los 
inquilinos  i  de  las  rucas  de  los  indios.  Sobre  la  solidez  de 
tales  paredes  i  su  eficacia  para  impedir  que  entren  i  salgan 
el  viento,  las  ratas,  los  perros,  i  aun  los  bípedos,  pue- 
den dar  una  idea  los  siguientes  versos  del  poeta  popular 
Guajardo,   en  que  describe  una  chamusquina  de  arrabal: 

«Comenzaron  a  dar  pulla 
Quebrando  hasta  las  clavijas: 
Las  niñas  por  las  endijas 
De  la  quincha  se  libraron, 
I  al  guaso  me  le  robaron 
Hasta  el  lazo  de  verijas. » 

Este  provincialismo  nuestro,  como  casi  todos  los  que 
traen  su  oríjen  del  quichua,  es  también  usado  en  Perú. 

«Hecho  de  peruana  quincha 
Que  es  pared  de  barro  i  caña, 
Entiéndase,  no  la  dulce. 
Sino  la  que  llaman  brava 
I  Gynerium  sagittatum 
En  términos  de  botánica. 
Un  rústico  rancho  surje,»  etc. 

(Juan  de  AnoNk.^Poesias  peruanas.) 

De  pata  en  quincha,  es  frase  mui  significativa  i  decido- 
ra. Una  diversión  de  pata  en  quincha  es  una  zambra,  jara- 
na, remolienda  en  que  se  gasta  gran  desenvoltura,  o  por 
lo  menos  en  que  se  echan  las  reglas  de  la  etiqueta,  cuando 
no  de  la  buena  educación,  debajo  de  la   mesa.    Una  tona- 


Qül  401 

da  de  pata  en  quincha,  es  una  de  aquellas  que  por  el  tono 
en  que  se  canta  i  por  el  asunto  de  sus  versos  es  propia  de 
las  ya  bosquejadas  jaranas.  Probablemente  esta  singular 
frase  se  orijinó  de  la  costumbre  que  tienen  los  lachos  que 
asisten  como  espectadores  a  las  chinganas,  de  pasar  por 
sobre  el  pescuezo  del  caballo  una  de  las  piernas  para  que- 
dar sentados  a  mujeriegas  i  afirmar  en  seguida  los  pies  en 
los  atravesaños  de  la  quincha,  a  fin  de  oir  así  con  mas  co- 
modidad i  atención,  las  tonadas  que  son  mas  de  su  agrado. 
Los  tejidos  de  varillas  semejantes  a  las  quinchas  de 
nuestras  carretas  se  llaman  en  España  adrales;  las  pare- 
cidas a  las  quinchas  de  nuestros  ranchos,  zarzos,  cuando 
no  llevan  barro. 


QÜINTRAL. 

Llamamos  así  a  las  plantas  parásitas  que  los  botánicos 
designan  con  el  nombre  de  lorantáceas,  especialmente  al 
. loranthns  verticillaíus . 

Su  nombre  castizo  es  muérdago  o  liga, 
Aquintralarse  un  árbol,  cubrirse  de  quintral. 


QUINO^    AR,    ADO,    ADURA. 

Del  quichua  kquiñuni,  horadar,  agujerear. 

Quiño  es  uno  de  los  muchos  juegos  en  que  se   divierten 

[los  niños  con  el  trompo.  Consiste  en  que  el  trompo  del  que 

lierde  reciba  cierto  número  de  puazos  [quinazos]  del  ga- 

lancioso.  Se  divide  el  quiño  en  bravo  i  manso.  El  trompo, 

ídespues  de  haber  soportado  tan   dura  prueba,  queda  lleno 

¡de  pequeños  agujeros,  o  a  la  chilena  quinado,  lleno  de  qui- 

^laduras.  También  se  llaman  quinadas  las  caras  de  los  que 

lan  sufrido  la  viruela. 


QUIRQUINCHO. 

Del  quichua  quirquinchu,  el  armadillo. 

ijomo  un  quirquincho,  hemos  oido  decir  para  ponderar 


402  QUI 


el  carácter  violento  o  la  bravura  de  alguna  persona;  i  es 
a  todas  luces  disparatada  locución,  pues  tenemos  al  bicho 
cuyo  nombre  hemos  puesto  al  frente  de  este  párrafo  por 
uno  de  los  mas  pacíficos  e  inofensivos  cuadrúpedos. 


QUISCO^    UDO,    A,    QUISCA, 


Nombre  el  primero  probablemente  quichua,  con  que  de- 
signamos a  multitud  de  plantas  indíjenas  de  la  familia  de 
las  cácteas,  [cei^eus  quisco,  cereiis  peruvianus,  cereiis  ebiir- 
neuSy  cereus  chilensis,  etc. 

Quiscas  son  las  espinas  agudas,  rectas,  de  dos  a  tres 
pulgadas  de  lonjitud,  de  que  estos  arbustos  están  cubiertos. 

Quiscudo,  se  dice  del  hombre  de  cabellos  gruesos  i  tie- 
sos, a  semejanza  de  quiscas. 


R 


RABÓN,    ONA. 


Es  castellano  cuando  indica  por  antífrasis  al  animal  que 
teniendo  rabo  se  lo  han  cortado. 

Es  chilenismo  cuando  se  usa  para  indicar  al  hombre  o 
mujer  que  está  sin  calzones  ni  otro  vestido  que  camisa* 
Equivale  entonces  a  cgíi  el  rabo  al  aire. 

La  palabra  rabona  suele  emplearse  también  como  sus- 
tantivo^ i  es  entonces  apodo  con  que  se  nombra  a  las  mu- 
jeres o  mancebas  de  los  soldados,  que  los  siguen  en  sus 
campañas^  i  en  esta  acepción  es  de  uso  mas  frecuente  en 
Bolivia  que  entre  nosotros,  .donde  lo  común  es  llamar  a  las 
dichas  mujeres  machucadas,  aludiendo  a  lo  que  se  maltra- 
tan i  machucan  en  los  viajes. 

«En  los  cuerpos  bolivianos, )5  dice  don  José  D.  Cortés, 
«es  la  mujer  del  soldado,  aunque  no  siempre  lejítima,  pues 
hai  muchos  que  dejan  a  ésta  en  sus  pueblos  i  toman  a  la 
rabona  que  viene  a  ser  la  mujer  en  campaña.» 

«En  los  cuerpos  bolivianos  no  hai  cantineras  ni  son 
precisas,  d^sde  que  cada  soldado  tiene  una  sirvienta  que 
le  prepara  la  comida  en  marcha,  en  los  campamentos  i 
cuarteles.-» 

«La  rabona  es  tan  sufrida  como  el  soldado;  lo  sigue  a 
todas  partes  i  lo  acompaña  en  sus  marchas  por  largas  i 
penosas  que  sean;  el  soldado  que  soporta  con  paciencia  to- 
da fatiga  no  soporta  la  falta  de  su  rabona;  cuando  algunas 
veces'  los  jefes  han  querido  impedir  la  compañía  de  esas 


404  RAM 

mujeres  lian  notarlo  que  el   soldado  estaba  violento  i  que 
las  deserciones  eran  considerables.» 

[La  República  de  BoHvia,) 

Por  lo  demás  rabona  viene  sin  duda  de  rabo,  i  no  es 
mas  que  el  adjetivo  rabón,  a,  sustantivado  en  la  acep- 
ción chilena  de  desnudo,  en  camisa,  con  el  -rabo  al  aire. 
Se  engaña  en  consecuencia,  el  señor  Vicuña  Mackenna^ 
cuando  da  a  entender  que  el  vocablo  de  que  tratamos  trae 
su  oríjen  de  robar,  en  las  siguientes  líneas  de  su  Historia 
de  Santiago:  «Cuando  los  soldados  volvían  a  las  fronteras 
después  de  invernar  en  Santiago,  se  llevaban  muchas  in- 
dias robadas  i  seducidas^  i  de  aquí  las  rabonas.y> 


RAJAR. 

Tenérnoslo  por  chilenismo  en  la  acepción  de  hablar  mal 
de  alguno,  desacreditarlo,  censurar  acremente  su  con- 
ducta. 

(cPero  si  hai  algo  contra  mí,  échenlo  a  la  calle,  tírenme 
o  rájenme  con  justicia  o  sin  ella;  mas  ¿por  qué  la  ha  de 
pagar  la  cosa  pública?» 

(Carta  de  Portales  en  el  D.  Diego  Portales  de  Vicuña 
Mackenna.j 


RAMADA. 

Esta  voz  tiene  en  el  Diccionario  de  la  Academia  la  nota 
de  anticuada.  Lo  usual  en  España  es  llamar  eriramada 
el  cobertizo  hecho  de  ramas  de  árboles  para  sombra  o 
abrigo. 

En  Chile  no  conocemos  otra  acepción  de  enramada  que 
el  conjunto  de  ramas  de  árboles,  espesas  i  entrelazadas 
naturalmente',  a  las  constrúccionesde  ramas  cualquiera 
que  sea  su  objeto  (sec  ar  los  duraznos,  servir  de  albergue 
a  los  chacareros  durante  la  época  de  las  cosechas,  de  rus- 
tica tienda  para  vender  licores  o  comestibles,  para  cantar  i 
bailar  en  las  fiestas  cívicas,  para  matar  a  los  animales  i  be- 


RAM  405 

neficiar  la  carne  en  las  haciendas)  las  llamamos  invaria- 
blemente ramadas,  i  así  las  llaman  también  peruanos  i  ar- 
jentinos. 

«O  que  te  agarre  la  noche 
En  el  despoblado  siempre 
I  sin  techo  ni  ramada 
La  pases  a  la  intemperie, 
I  ni  el  lejano  ladrido 
De  los  perros  te  consuele.-» 
(Juan  de  Arona. — Poesías  peruanas.) 

«Venia  clariando  al  cielo 
La  luz  de  la  madrugada 
I  las  gallinas  al  vuelo 
Se  dejaban  cair  al  suelo 
De  encima  de  la  ramada.y> 

(AscÁsuBi. — La  Madrugada..) 

Ramada  es  voz  castiza,  útil,  i  por  consiguiente  digna 
del  rejuvenecimiento  que  ha  experimentado  en  América. 

RAMO. 

Ramo  de  flores,  por  ramillete,  parece  a  primera  vista 
un  chilenismo,  pues  los  diccionarios  no  lo  traen  en  esa 
acepción.  Empero,,  si  nuestra  práctica  no  aparece  autori- 
zada por  la  Academia,  lo  esta  por  el  ejemplo  de  mui  co- 
rrectos escritores. 

«I  un  ramo  quise  hacer,  i  fui  escojiendo 
En  el  gayo  pensil  las  mas  hermosas. 
El  clavel  i  el  jazmin  entretejiendo 
Con  jacintos,  ranúnculos  i  rosas. 

I  como  el  ramo  espléndido  tejia,  ^íí:,.^} 

(García  de  Quevedo.  — E/  Proscrito.) 

«Llevaré  de  camino  un  ramo  de  flores  para  la  reina;  lo 
mejor  de  mi  estofa.  Voi  a  cojerlas.» 

(Hartzenbusch.— J««;i  délas  Viñas.) 


406  RAN 


RANCHO,  ERIA. 


Jeiieralmente  se  cree  que  rancho,  en  la  acepción  de 
choza,  cabana  pajiza,  es  un  provincialismo  americano. 

El  señor  Vicuña Mackenna,  que  no- participa  de  esa  opi- 
nión común,  dice^  a  propósito  de  la  voz  de  que  tratamos, 
lo  siguiente  en  su  Historia  de  Santiago: 

«No  es  esta  una  expresión  americana  como  pudiera  creer- 
se, sino  una  aplicación  de  la  palabra  rancho  que  los  mili- 
tares españoles  usaban  por  comida,  i  como  ésta  la  encon- 
traban los  conquistadores  o  la  preparaban  en  las  habita- 
ciones de  los  indíjenas^  le  dieron  este  nombre.  Ranchear^ 
por  esto,  en  los  historiadores  antiguos  es  sinónimo  de  fo- 
rrajear.» 

En  el  caso  presente,  como  en  otros  varios  que  hemos 
considerado^  el  señor  Vicuña  da  pruebas  sin  duda  de 
su  fecunda  inventiva  para  explicarse  laetimolojía  de  nues- 
tros provincialismos  con  hipótesis  cuya  verosimilitud  no 
negaremos;  pero  de  que  no  es  lícito  echar  mano  sino  a 
falta  de  todo  dato  positivo.  En  efecto^  que  la  comida  de 
los  soldados  se  llamase  rancho  i  que  ésta  la  encontrasen  o 
la  preparasen  aquéllos  en  las  rucas  de  los  indios,  no  es  ra- 
zón bastante  para  afirmar  que  nuestra  acepción  de  rancho 
es  solo  una  traslación  a  las  cabanas  del  nombre  de  la  co- 
mida que  en  ellas  se  encontraba  o  preparaba. 

Lo  mas  seguro  es  que  el  llamar  ranchos  a  las  chozas 
no  sea  una  invención  americana,  sino  simplemente  la  con- 
servación de  una  palabra  que  en  España  hace  ya  mucho 
tiempo  que  ha  dejado  de  usarse  en  la  acepción  de  cabana, 
i  cuyo  uso  parece  que  nunca  llegó  tampoco  a  ser  jeneral 
en  la  Península. 

Si  así  no  hubiese  sido,  no  leeríamos  en  Cervantes: 

ccLuego,  hallando  esta  verdad,  habéis  de  dejar  la  casa 
de  vuestros  padres  i  la  habéis  de  trocar  con  nuestros 
r  anchos. yi 

[La  Jitanilla.) 

«Desembarazaron  luego  un  rancho  de  los  mejores  del 
aduar.» 

[Id.) 


RAN  '  407 

Otro  ejemplo  de  rancho,  tomado  por  aposento,  vivienda 
de  jente  ruin,  trabajada  toscamente,  mal  i  por  mal  cabo, 
encontramos  en  el  capítulo  XVI  del  tomo  I  de  El  Quijote: 

«Retiróse  el  ventero  a  su  aposento,  el  arriero  a  sus  en- 
jalmas, la  moza  a  su  rancho\  solo  los  desventurados  D. 
Quijote  i  Sancho  no  se  pudieron  mover  de  donde  estaban.» 

Es  verdad  que  el  Diccionario  de  la  Academia  no  trae 
entre  las  diversas  acepciones  de  nuestra  voz  la  que  pa- 
rece teñeron  los  anteriores  ejemplos;  pero  explicando  el 
sentido  del  verbo  ranchear  dice:  aFormar  ranchos  en  al- 
guna parte  o  acomodarse  en  ellos.» 

En  resumen,  parece  que  en  lengua  jitanesca  rancho 
equivalia  a  barraca,  choza  o  habitación  rústica^  que  es  lo 
mismo  que  signifíca  entre  nosotros. 

Ranchería  es  el  conjunto  de  ranchos,  que  en  español  se 
llama  aduar,  debiendo  sí  notarse  que  aduar  lleva  envuel- 
ta la  idea  de  un  establecimiento  movible,  idea  no  expre- 
sada por  ranchería. 

((He  mandado  que  me  tomen  un  rancho  que  me  costará 
doce  pesos  anuales  i  allí  estaré  contento:  me  mantendré 
con  30  pesos  al  mes  (lo  que  también  entra  en  el  cálculo), 
viviré  sano,  concluiré  todas  mis  cuentas  atrasadas  i  so-» 
bre  todo  dirijiré  i  veré  todo  lo  que  haya  que  hacer  en  el 
Rayado.» 

(Carta  de  Portales,  en  el  D.  Diego  Portales  por  Benjamín 
Vicuña  Mackenna). 

«Se  apronta  para  inundar 

A  toda  la  ranchería 

A  ver  si  la  policía 

Lo  impide  o  lo  va  a  estorbar.» 

(GuAJARDO. — El  rio  Mapocho.) 

«Ya  los  ranchos  do  vivieroni 
Presa  de  las  llamas  fueron.» 

(Esteban  Echeveriiía. — La  Cautiva.) 

«La  huaca  antigua  que  en  silencio  ahora 
Corona  humilde  rancho  de  totora»,  etc. 

(Juan  de  Arona. — Poesías  peruanas.) 


408  HAS 


RASCARSE. 

Otro  verbo  que  agregar  a  los  miiclios  coa  que  capri- 
diosamente  designa  el  vulgo  la  acción  de  embriagarse^ 
emborracharse,  (apuntarse,  tiznarse,  picarse,  encufifai^se, 
mamarse,  curarse,  alegrarse,  etc.) 

El  sustantivo  correspondiente  a  rascarse  es  rasca,  em- 
briaguez. 

«Síguenle  unos  cuatro  amigos, 
Compañeros  de  sus  rascas, 
A  media  rienda»,  etc. 

(Huérfano.) 

«Despertó  como  sintiendo 
Que  le  estaban  dando  guasca: 
i  Maldita  sea  la  rasca! 
Iba  un  pililo  diciendo.)) 

(GuAJARDO. — Los  Enganchados.) 

RASPA,    EAR,    ON,    AZO." 

Úsase  familiar  i  vulgarmente  raspear  por  reconvenir, 
rehir,  increpar,  reprender,  con  lo  cual  casi  hemos  decla- 
rado que  raspa  será  reconvención,  i  raspón  o  raspazo  una 
violenta  o  acerba  reprimenda. 

Sobre  el  sentido  de  la  locución  raspar  el  cacho,  véase 
esta  voz  en  el  lugar  correspondiente. 

«Por  eso  amigo,  aunque  te  enfades 
I  me  eches  una  tras  otra  raspa, 
En  todo  tiempo  i  a  todas  horas, 
Llueva  o  no  llueva^  ando  con  capa.)) 

(Z.  Rodríguez. — Ando  con  capa.) 

(cl  cuando  frunza  el  profesor  el  ceño 

I  me  eche  un  buen  raspón 

Tu  rizo  besaré  con  mas  empeño 

Henchido  de  emoción.)) 
(Id. — Adiós  del  colejial  a  las  vacaciones.) 


RAT  409 


RASTROJO. 

¿Qué  llaman  en  el  Perú  rastrojo?  No  lo  sabemos  de 
cierto,  aunque  estándonos  al  sentido  que  muestran  los 
versos  del  señor  Paz  Soldán  que  copiaremos  en  seguida, 
parece  que  lo  mismo  que  en  Chile^  por  allá  llaman  así,  tan- 
to los  residuos  que  quedan  de  una  sementera  después  de 
cosechada,  como  el  terreno  mismo  en  que  quedan  esos 
rastros. 

Si  nuestra  presunción  concordase  con  la  realidad  de 
las  cosas,  no  habria  tenido  razón  el  ilustrado  au- 
tor de  las  Poesías  peruanas  para  incluir  la  voz  de  que  tra- 
tamos en  la  lista  de  peruanismos  que  puso  al  fin  de  su 
obra.  En  efecto,  que  rastrojo  significa  castizamente  «el  re- 
siduo de  las  cañas  de  la  mies  que  queda  en  la  tierra 
después  de  segar»  es  cosa  que  certifica  el  Diccionario  de 
la  Academia;  i  si  eso  es  rastrojo  en  su  primitiva  signifi- 
cación, ¿cómo  calificar  de  provincialismo  el  aplicarla  al 
cam^  que,  después  de  la  siega,  queda  cubierto  con  los  re- 
siduos de  las  mieses?  Para  que  ello  fuese  acertado  en  el 
caso  presente  seria  preciso  sostener  que  no  podemos  los 
americanos  usar  de  la  figura  que  llaman  los  retóricos 
sinécdo  que,  ni  de  ninguna  otra,  sin  dar  oríjen  a  un  provin- 
cialismo. 

«i Oh  inevitable  i  anual  despojo 
Del  mas  bello  i  feraz  cañaveral! 
¡Cuan  despoblado,  estás^  pobre  rastrojo 
Desnudo,  calvo,  sin  color  trivial!» 

Por  otra  parte,  no  faltan  buenas  autoridades  que  lejiti- 
men  la  acepción  que  damos  a  rastrojo.  Presciniiiendo  de 
que  la  etimolojia  la  abona,  pues  rastro  es  la  señal  que  de- 
ja en  el  suelo  la  cosa  que  se  lleva  arrastrando,  Covarrú- 
bias  dice  expresamente:  «Rastrojo. —La  tierra  después 
de  segada  la  mies.» 


RATA. 


Véase  laucha. 


ti 


410  REA 


RA.UDAL. 


Raras  veces  aciertan  los  viajeros  a  dar  su  nombre  cas- 
tellano a  la  corriente  rápida  e  impetuosa  de  los  rios,  o  á 
los  puntos  de  su  curso  en  que  la  corriente  presenta  esos 
caracteres.  Lo  común  es  emplear  en  casos  tales  la  pala- 
bra raudal,  de  significación  raui  diversa.  A  las  veces  sue- 
len los  tales,  máxime  siendo  ingleses  o  franceses,  servirse 
de  la  rápida,  que  si  se  parece  bastante  a  la  que  en 
las  lenguas  de  Shaks  voz  peare  i  de  Moliere  indica  el  objeto 
de  que  se  trata,  tiene  el  inconveniente  de  no  ser  caste- 
llana. 

En  cualquier  buen  diccionario  francés-español  puede 
verse  que  la  palabra  castiza  equivalente  a  rapide  es  recial^ 
i  que  esta  es  por  lo  tanto  la  que  traduce  con  propiedad 
el  rapid  de  los  ingleses. 

oSans   les   nombreux  rapides  du  Rio  de  Madeiras.»  — " 
fD'ORBiG^NY. — Vogage  dans  V  Amérique  méridionale.) 

«En  este  punto  el  rio  era  mas  ancho,  la  corriente  entre 
seis  i  ocho  millas;  en  los  rápidos  era  incalculable,  porque 
solo  nos  ocupábamos  en  la  maniobra  cuando  pasábamos.» 

(G.  E.  Cox. — Viaje  en  las  r ejiones  setentrionaks  de  la 
Patagonia.) 

Parece  que  en  Centro  América  llaman  a  los  reciales 
chiflones. 

«The  river,  however^  above  the  coast  alluvions  has  a 
powerful  current  and  is  interrupted  by  rapids  called 
chiflones. y) 

(E.  G.  Sqüier. — The  States  of  Central  América,) 

REALENGO,  A. 


^  Parece  que  realenga  significó  en  lo  antiguo  lo  pertene- 
ciente al  rei;  i  que  andando  el  tiempo  pasó  a  denotar 
aquellas  propiedades  que  por  ser  del  patrimonio  real  o  de 
ciertas  órdenes  privilegiadas  estaban  exentas  del  pago  de 
eontribucionesr 


REA  411 

Entre  nosotros  una  hacienda  realenga  es  aquélla  sobre 
la  cual  no  pesa,  ni  censo,  ni  hipoteca,  ni  ningún  otro 
gravamen. 

REASUMIR,     RESUMIR. 

Cansados  estamos  de  observar  el  uso  impropio  que  aun 
ias  personas  ilustradas  suelen  hacer  de  los  verbos  puestos 
al  frente  de  este  párrafo. 

Casi  no  hai  diputado  ni  senador  que  antes  de  dejar  la 
palabra,  no  crea  del  caso  reasumir  su  discurso.  Es  un 
error  grosero  que  prueba  la  utilidad  del  estudio  de  la  lexi- 
colojía,  completamente  descuidado  en  nuestros  colejios, 
solo  porque  el  señor  Bello  prescindió  de  ella  en  su  Gramá- 
tica. 

Reasumir  (re-asumir)  es,  como  los  elementos  lo  indican, 
volver  a  tomar  lo  que  antes  se  tenia  o  se  habia  dejado. 

Resumir  (del  latin  resumere)  es  recopilar,  hacer  resu- 
men, reducir  a  compendio. 

Equivocóse,  pues,  sin  duda  por  distracción,  el  erudito 
don  Agustín  Duran  cuando  en  la  pajina  doce  del  prólogo 
que  puso  a  su  Colección  de  romances  castellanos  tomo  I 
escribió:  «En  este  sentido  i  con  estos  modelos  escri- 
bieron los  italianos,  con  mas  o  menos  felicidad,  aque- 
lla multitud  de  poemas  caballerescos,  precursores  del 
Orlando  furioso,  en  el  cual  se  reasumieron  todos  los  ele- 
mentos compatibles  de  la  poesía  clásica  con  la  romántica, 
hija  del  estado  social  de  los  siglos  medios.» 

¿Que  mucho  que  el  señor  Vicuña  Mackenna,  cuya  pluma 
corre  siempre  a  galope,  escribiera  en  la  páj,  358  del  to- 
mo II  de  su  Diego  Portales:  ^Reasumiendo ,  pues,  para 
concluir,  i  apartando  a  un  lado  el  criterio  minucioso  de 
sus  virtudes,))  etc.? 

Pongamos  ahora  dos  ejemplos  que  muestren  el  propio 
i  castizo  uso  de  los  dos  verbos  que  consideramos: 

«Enciso,  a  quien,  por  el  título  de  alcalde  mayor  que  te- 
nia de  Ojeda,  competía  el  mando  en  su  ausencia,  lo  rea- 
sumió, i  ordenó  dar  la  vela  para  Urabá.)) 

(Quintana. — Vida  de  Balboa.) 


412  REC 

«Pido  que  atenta  oreja  me  sea  dada, 
Que  el  cuento  es  grave  i  atención  requiere, 
Para  que  con  curiosa  i  fácil  pluma 
Los  hechos  de  estos  bárbaros  remma.yi 

(Ercii^la. — Araucana. 

REBOSADERO. 


Es  en  castellano  el  paraje  por  donde  rebosa  algún  lí- 
quido. 

Nuestros  mineros  designan  con  esta  palabra  el  mineral 
que  existe  en  depósitos  mas  o  menos  grandes,  sin  rumbo 
ni  forma  de  veta.  El  llamarlos  así  provino  sin  duda  de 
que  se  imajinaron  ver  en  cada  uno  de  esos  depósitos  un 
manantial  inagotable  en  que  el  codiciado  metal  salia  a 
borbotones;  lo  que  es  audacia  propia  de  una  imajinacion 
de  minero. 


RECAUDO,    ERO,    A. 

Recaudo  llaman  las  verduleras  i  fregonas  a  las  legum- 
bres que  se  ofrecen  en  venta  en  los  mercados. 
Las  vendedoras  de  éstas  son  las  recauderas. 


«Pasemos  al  recaudero. 
Fruteros  i  pescadores. 
Polleros  i  vendedores 
De  perdices,))  etc. 

(GuAJARDO. — De  todas  artes.] 


RECIÉN, 

«Recientemente  se  apocopa  en  recien  antes  de  partici- 
pios; un  pais  recien  poblado,  un  niño  recien  nacido,  los 
recien  llegados.)) 

«Es  una  corrupción  emplear  esta  apócope  con  verbos 
como  hacen  algunos,  diciendo  v.  gr.  (xrecien  habíamos  lle- 
gado;» (¿.reden  estaba  yo  despierto;))    (precien  se  descubrió 


REC  413 

el  Nuevo  Mundo^  etc.»  En  este  último  ejemplo  hai  ade- 
mas la  impropiedad  de  emplear  a  recientemenl  en  el  sig- 
nificado de  apenas.)} 

(Bello. — Gramática  castellana.) 

Véanse  aquí  ejemplos  que  muestran  lo  común  que  es  in- 
currir en  la  falta  que  el  señor  Bello  censura: 

«La  fria  urbanidad  de  las  primeras  relaciones  entre 
hombres  que  recien  se  conocen.» 

(A.  Blest  Gana. — El  ideal  de   un  calavera,) 

«Manuela  recien  entró  a  la  iglesia.)) 
(Moisés  Vargas. — Lances  de  Noche  Buena.) 

'<Sola  quieres   marchar! Pobre  paloma 

Que  recien   dejas  el  materno  nido.» 

(C.  WÁLKER  Martínez. — Manuel  Rodríguez.) 

üRecien  la  aurora  serena 
Refleja  en  el  horizonte.» 

(Florencio  Balcarce.) 

(.(Recién  alzando  el  nacarado  velo 
De  vuestra  juventud  ¿llorar  sabias?» 

(José  Mármol.) 

Tomemos  ahora  de  las  Apuntaciones  del  señor  Cuervo 
algunos  ejemplos  que  indicarán  el  camino  para  expresar 
la  idea  sin  pecar  contra  la  Gramática. 

«Si  tan  trabajoso  se  te  hace  arrancar  agora  las  plantas 
de  los  vicios,  que  están  en  tu  ánimo  recien  plantadas;  ¡cuán- 
to mas  lo  será  adelante  cuando  hayan  echado  mas  hondas 
raices! 

(F.  Luis  de  Granada. — Guia  de  pecadores,) 

(S.A  poco  de  haber  vuelto  Narváez  a  Baracoa,  ellos  lle- 
garon también.» 

(Quintana. — Vida  de  Las  Casas.) 


414 


REO 


RECILLA. 

El  señor  Gormaz  quiere  que  se  diga  vedilla  en  vez  de 
recilla;  i  su  consejo  no  estaría  fuera  de  propósito  si  se  tra- 
tase del  diminutivo  de  red  i  no  del  adorno  que  se  ponen  las 
mujeres  en  la  cabeza. 

líase  pasado  ya  la  moda  de  tales  adornos;  pero  por  si 
volviera  bueno  es  que  sepan  nuestras  damas  que  el  nom- 
bre castizo  de  ellos  es  redecillas. 

«La  cofia  o  redecilla  que  usaban  las  mujeres  para  reco- 
jer  el  pelo  i  adornar  la  cabeza.» 

(Diccionario  DE  LA.  Academia. — Voz  Crespina.) 

«Salieron  luego  de  través  seis  ninfas...  puestos  sus  cabe- 
llos en  torno  de  la  cabeza  cojidos  con  unas  redes  anchas  de 
hilo  de  Arabia.» 

(Gil  Polo. — Diana  enamorada.) 

recordar. 


Cree  el  señor  Salva  que  en  el  sentido  de  despertar,  in- 
terrumpir el  sueño  al  que  está  durmiendo,  es  un  provin- 
cialismo de  Chile  i  otros  paises  de  la  América  Meridional. 

El  señor  Cuervo  observa  «es  raro  que  a  este  intelijente 
investigador  se  le  haya  pasado  achacarnos  esa  invención, 
cuando  sus  abuelos  tenian  la  patente  de  ella»  i  prueba  su 
aserto  con  los  tres  ejemplos  que  en  seguida  trascribimos: 

<(A  la  sombra  de  mis  cabellos 
Mi  querido  se  adurmió: 
¿Si  lo  recordaré  o  nó?» 

[Floresta  de  Bohl  de  Faber.) 

«Hasta  el  último  pencanzo 

No  desperté;  de  manera 

Que  cuando  sueño  doblones 

Al  primero  me  recuerdan, 

I  cuando  azotes  me  obligan 

Que  hasta  el  cuatrocientos  duerma.» 

(Tirso  de  Molina.— yjmar/?or  señas.) 


RED  415 

«¡Ai!  a  la  media  noche  muda  i  fría 
Solo,  jemí  del  bosque  entre  las  sombras, 
I  de  su  sueño  recordé  a  los  sauces 
Que  inclinaron  de  lástima  sus  copas.-» 

(E.  Florentino  Sanz.) 
recotín. 


¿Cuántas  madres  al  salir  de  la  iglesia  no  riñen  a  sus 
hijos  pequeños  que  las  acompañan,  por  haberse  llevado  du- 
rante toda  la  santa  misa  como  recotifies'^  Las  tales  difícil- 
mente darán  fé  a  nuestra  palabra  cuando  les  hagamos  sa- 
ber que  un  recotín  no  es  ni  mas  ni  menos  que  lo  que  es 
para  los  franceses  un  coquin^ 

En  efecto,  recotín  es  manifiesta  corrupción  de  recoquín, 
<cel  hombre  mui  pequeño  i  gordo»  según  se  explica  el  Dic- 
cionario de  la  Academia;  contra  la  opinión  de  un  amigo 
nuestro,  hombre  esperimentado  si  los  hai,  que^  fundándose 
en  la  práctica  de  su  larga  vida,  asegura  que  un  grande 
abdomen  es  en  los  hombres  el  mas  seguro  indicio  de  hon- 
radez. 

Pues  bien,  si  recotín  viene  de  recoquín,  solo  nos  falta 
saber  de  donde  viene  este  último,  curiosidad  que  hace  la 
nonada  de  dos  siglos  i  medio  satisfizo  el  buen  Covarrú- 
bias  cuando  escribió.  c(Rkcoquin. — El  hombre  pequeño  i 
gordillo;  es  palabra  tomada  del  francés  coquin,y) 


redomón. 

El  caballo  que  ha  principiado  a  amansarse;  pero  que  aun 
no  está  completamente  acostumbrada   al  freno  i  a  la  silla^ 
Muí  usado  en  la  República  Arjentina. 

«En  teniendo  redomones 
I  bolas  como  tenemos 
I  que  nos  mande  don  Frutos 
Ya  ni  chiripá  queremos.» 

fAscÁsüBi. — Cielito  gaucho.) 


416  REG 


REFACCIÓN,  ONAR. 


Casi  no  usamos  de  otra  palabra  para  espresar  la  idea  de 
componer  o  reparar  los  edificios,  maneras  de  expresarse  que 
es  tanto  mas  necesario  tener  presente  cuanto  que  refaccio- 
nar no  existe  en  castellano» 

Refacción  sí  existe;  pero  nada  tiene  que  ver  con  la  ac- 
ción o  efecto  de  reparar  o  componer, 

«Mandó  Abderahmanre/?«r«r  la  aljama  de  Medina  Se- 
govia  i  la  adornó  con  muí  bellas  columnas.» 

(Conde. — Historia  de  la  dominación  de  los  Árabes  en 
España.) 

«Estaba  encargado  de  los  reparos  de  la  grande  aljama 
por  orden  del  hagib  Almanzor.» 

[Id.  Id) 

El  significado  propio  de  refacción  es  alimento  mode- 
rado que  se  toma  para  reparar  las  fuerzas. 


regalía; 

Las  niñas  santiaguinas  llevan  en  los  meses  mas  crudos 
del  invierno  metidas  en  regalías  las  manos  para  preser- 
varlas del  frió:  las  madrileñas  las  han  llevado  siempre  en 
manguitos  o  regalillos. 

La  prueba  puede  verse  en  la  conocida  ñibula  de  Iriarte, 
El  Manguito  el  Abanico  i  el  Quitasol. 

REGATEADOR. 


Regatear  por  altercar  o  porfiar  para  obtener  una  reba- 
ja en  el  precio  de  alguna  mercadería  puesta  de  venta  es 
mui  castellano.  No  así  regateador,  ora  por  el  o  la  que  tiene 
el  hábito  de  regatear^  porque  su  nombre  propio  es  rega- 
tón, ona  i  también  regatero,  era. 

«En  lo  que  mas  nos  hemos  entretenido  esta  mañana  es 


REG  417 

en  verse  dar  la  batalla  dos  regatonas  o  placeras  de  las  que 
allí  venden  sobre  que  una  de  ellas  había  llamado  a  un 
aldeano  que  estaba  en  la  tienda  de  la  otra  regateando 
unas  berenjenas.» 

(Cervantes. — Entremés  de  los  mirones.) 

REGODEARSE^  EON,  ONA. 

«Regodearse;  r.  fam. — Deleitarse  o  complacerse  en  lo 
que  gusta  o  se  goza,  deteniéndose  en  ello.  Hablar  o  es- 
tar de  chacota.» 

(Diccionario  de  la  Academia.) 

Regodearse;  mostrarse  alguno  delicado,  esquilimoso; 
descontentadizo.  [El  uso  corriente  de  Chile.) 

Con  lo  cual  queda  ya  tácitamente  notado  que  el  difícil 
de  ser  contentado  no  se  llama  regodeón^  sino  regalón,  es- 
quilimoso, descontentadizo. 

(cSiempre  lidiando  con  amas,  que  si  una  es  mala  otra  es 
peor,  regalonas,  entremetidas^  habladoras,  llenas  de  histé- 
rico, viejas,  feas  como  demonios.» 

(MoRATiN.— £"/  Si  de  las  niñas.) 
regresarse. 


Advierto  el  señor  Cuervo  que  con  regresar  no  se  juntan 
los  pronombres  me,  te,  se,  nos,  os;  de  suerte  que  no  se  dice 
mañana  me  regreso,  sino  mañana  regreso. 

((Es  de  presumir,  conociendo  el  carácter  e  inclinación 
de  monseñor  Aquaviva,  que  hallándose  en  Madrid  cuando 
se  hicieron  las  excequias  de  la  Reina  i  al  tiempo  que  Cer- 
vantes dedicaba  la  elejía  al  cardenal  Espinosa,,  prendado 
de  su  injenio  i  penetración,  i  acaso  compadecido  de  su 
escasa  suerte  le  admitió  en  su  familia  i  comitiva  al  regre- 
sar a  Italia.» 

(NAvarrete .  --  Vida  de  Cervantes . ) 

((Regresar;  a. — Volver  al  lugar  de  donde  se  salió.» 
(Diccionario,  de  la  Academia.) 


418 


REM 


REMATE. 

Por  almoneda  es  cliilenismo  tan  corriente  como  excu- 
sado. 

((Si  no  se  pidiese  la  renovación  del  plazo  del  depósito  al 
vencimiento  de  cada  trienio,  se  rematarán  las  mercade- 
rías en  pública  subasta  en  el  primer  remate  de  los  que  de- 
ben verificarse»  etc. 

[Ordenanza  de  aduanas  de  la  República  de  Chile,— Oc" 
tubre  31  de  1864.) 

REMEZÓN. 

Enseña  el  señor  Gormaz  (páj.  16  de  sus  Correcciones) 
que  debe  decirse  remoción  en  lugar  de  remesón  como  es 
costumbre  en  Chile;  i  se  equivoca,  porque  lo  que  en  Chile 
significa  remezón  (no  remesón)  no  es  la  acción  i  efecto  de 
remover,  como  él  señor  Gormaz  pretende,  sino  la  acción  i 
efecto  de  remecer. 

También  se  equivoca  en  la  nota  correspondiente  a  la 
voz  de  que  vamos  tratando  al  aseverar  que  la  acción  i 
efecto  de  remover,  es  remoción,  estremecimiento,  ya  que 
hai  entre  el  significado  de  estos  dos  últimos  sustantivos  la 
distancia  suficiente  para  que  nadie  sea  osado  de  conside- 
rarlos como  sinónimos. 

Puesto  que  remezón  no  viene  en  el  Diccionario  de  la 
Academia,  i  se  dice  casi  siempre  en  Chile  por  temblor  de 
tierra,  pueden  los  mas  tímidos  i  escrupulosos  servirse  de 
sacudimiento. 

REMOJO. 


El  dinero  que  suelen  dar  voluntariamente  los  gananciosos 
en  el  juego,  se  llama  en  España  i  en  Chile  barato,  Pero 
¿cuál  es  el  nombre  de  la  dádiva  o  agasajo  que  suelen  ha- 
cer a  sus  amigos  las  personas  que  han  recibido  algún  bene- 
ficio, experimentado  un  gusto^  encontrado  algún  objeto 
perdido,  etc?  Aquí  nos  separamos  de  la  madre  patria  que 


REN  419 

llama  a  las  dádivas  hechas  por  tales  causas  estrenas;  mien- 
tras que  nosotros  (bien  que  en  estilo  familiar  solamente) 
las  llamamos  remojos,  máxime  si  el  motivo  en  que  el  de- 
mandante funda  su  demanda  es  haberse  puesto  el  deman- 
dado vestidos  nuevos. 

((Atraviésase  luego  Magdalena, 
Pide  para  chapines  o  una  toca 
I  tú  paje  de  lanza  pide  estrena,^) 

(LUP.  DE  ArJENSOLA.— ^«¿¿VfíJ 


REMOLER,    EDOR,   EDORA,  lENDA." 

Andar  en  holgorios,  bureos,  'parrandas,  es  remoler. 

El  que  tiene  la  costumbre  de  andar  en  esas  diversiones 

es  remoledor;  i  bien  se   está  viendo  que  las  tales  son  las 

que  llamamos  en  Chile  remoliendas, 

«Vamos  remoliendo  mialmas 
Que  el  infierno  se  ha  vuelto  agua, 
Los  diablos  se  han  vuelto  pejes 
I  los  condenados  taguash 

[Copla  popular.) 
* 
Dice  Salva  que  los  mejicanos  llaman  a  las  remoliendas 
mitotes  i  a  los  remoledores  mitoteros.  Mas  nos  gusta  nues- 
tro provincialismo;  pero  los  dos  juntos  no  valen  dos  higas. 


RENGO,  RENGUEAR. 

Rengo,  a,  por  el  que  está  cojo  a  causa  de  lesión  en  las 
caderas  es  castellano;  aunque  lo  común  en  España  sea 
llamar  a  los  que  cojean  de  semejante  cojera,  rencos. 

Lo  que  parece  un  fruto  del  descuido  con  que  pronuncia- 
mos nuestro  idioma  es  el  verbo  renguear.  Para  expresar 
la  acción  de  andar  como  los  rencos  se  dice  en  España  ren- 
quear, voz  que  nunca  hemos  oido  en  Chile  ni  aun  a  las 
personas  mas  ilustradas. 


420  RES 

«Un  rengo  llegó  pidiendo 
La  plata  con  mucho  arrojo 
I  dijo:  Yo  por  ser  cojo 
En  siete  pesos  me  vendo.» 

(GuAJARDO. — Los  Enganchados.) 

Hacerse  el  zorro  rengo,  por  disimular  astutamente,  en- 
cubrir con  achaques  de  vejez,  enfermedad  u  otros  seme- 
jantes las  miras  que  se  tienen^  es  frase  tan  usada  como 
expresiva. 

RENOVAL. 


Llamamos  así  el  sitio  poblado  de  retoños  o  renuevos  de 
los  troncos  de  árboles  cortados  con  anterioridad. 

No  conociendo  nosotros  una  palabra  castiza- equivalen- 
te, mal  podríamos  condenar  el  uso  de  nuestro  provincia-, 
lismo,  tanto  menos  cuanto  que  él  es  de  una  formación 
irreprochable. 

Véase  papal. 

tfl  un  pobre  que  arrienda  un  pedacito  de  renoval  (así  se 
llama  el  terreno  donde  hai  troncos  retoñados.)» 

[El  Ferrocarril,  marzo  Í5  de  1864.) 

REPLANTIGARSE. 

Se  dice  con  frecuencia.  Lo  correcto  es  repantigarse, 

RESEDA." 

El  Diccionario  de  la  Academia  trae  esta  palabra  como 
grave. 

Salva  la  hace  aguda. 

El  uso  es  vario;  pero  siendo  reseda  una  voz  tomada  del 
latin  [reseda)  la  etimolojra  da  la  razón  a  la  Academia  con- 
tra Salva. 


RES  421 

*Entre  verde  i  amarilla 
Te  alzas  alegre  reseda, 
En  tu  cáliz  mucho  queda 
De  tu  perfume  oriental.» 

(Torres  Caicedo.) 

«I  la  cristalina  fuente, 

Trasparente, 
Bañe  tu  pié  resedá 
I  parias  rindan  las  flores 
A  los  divinos  olores 
Que  tu  lindo  seno  dá.» 

(EüSEBIO   LiLLO.) 
RESENTIRSE. 


El  señor  Baralt  tacha  de  galicismo  el  uso  de  este  verbo 
«por  experimentar  las  malas  consecuencias  o  la  dañina  in- 
fluencia de  alguna  cosa;»  pero  tal  uso  se  haya  autorizado 
'por  mui  doctos  i  castizos  escritores. 

«Su  lenguaje  se  resiente  de  su  provincia.» 
(PuiGBLANCH. — Opúsculos  gramático  satíricos  contra  Vi- 
llanueva.) 

«La  oda  al  nacimiento  de  don  Antonio  Castilla  i  la  otra 
al  capitán  Álava  se  resienten  de  la  edad  en  que  se  escri- 
bían.» 

(Hermosilla. — Juicio  crítico.) 

ftEl  testamento  de  Alfonso  se  resintió  de  su  carácter 
inconstante  i  vario.» 

(Jerónimo  de  la.  Escosura.. — Compendio  de  la  Historia 
de  España.) 

«Resultando  de  aquí  que  la  primera  if'o  se  resienta  del 
golpe  o  caida  del  acento  sobre  su  inmediata.» 

(Sicilia. — Ortografía  i  Prosodia.) 

Tampoco  faltarían  ejemplos  que  alegar  en  defensa  del 
uso  que  hacemos  de  resentido  por  reñido^  malquisto. 


422  RES 

«Prescindiendo  de  la  natural  incomodidad  de  toda  sin- 
razón, mas  bien  que  rese)itido,  debo  cstai^e  agradecido  al 
canónigo.» 

(PuíGBLANCH. — Opúsculos  citados.) 

* 

RESOLANA. 

Resolana  es  el  sitio  resguardado  del  viento  donde  se  to- 
ma el  sol;  mas  no  la  reverberación  de  éste  o  el  calor  cau- 
sado por  ella. 

El  nombre  castizo  de  la  sobredicha  reverberación  es 
resol;  i  el  del  lugar  en  que  la  reverberación  se  percibe 
resisteí'o. 

«Como  se  precipita  el  fruto  de  la  planta  exótica  por  la 
resolana  de  un  conservatorio.» 

(Vicuña  Macke^nx.-^ Historia  de  Santiago») 

«Como  quien  a  la  nieve  está  mirando 
Desde  cerca  en  un  alto  ventisquero 
Gran  rato  cuando  el  sol  reverberando 
Hace  con  ella  fuerte  resistero.^) 

(ViRUES. — Monserrate.) 

En  la  edad  de  oro  de  la  literatura  española  dijese  tam- 
bién solana  por  resolana. 

«Sin  tener  mas  apetito  ni  deseo  (el  campesino)  que  de 
lo  que  tiene  presente,  ni  darle  otra  cosa  cuidado  mas  que 
llevar  su  ganado  al  pasto  mas  cercano  i  que  sabe  es  mas 
fértil  i  abundante,  i  buscar  lugar  fresco  i  de  arboledas  don- 
de sestear  en  verano,  con  agua  para  abrevar  su  manada  i 
solanas  reparadas  de  los  helados  vientos  para  el  invierno.» 
(Cervantes. — Diálogo  entre  Sillenia  i  Selanio») 

m 

RESUMIDERO. 

No  existen  en  ninguna  tierra  en  que  se  hable  la  lengua 
de  Castilla  como  Dios  manda.  Pero  ¿cuál  es  su  nombre 
propio?  Hic  opxis! 


I 


RET  423 

El  señor  Gormaz  en  sus  Correcciones  lexigráfícaz  dice 
rezumadero. 

El  señor  Cuervo,  después  de  explicar  el  recto  sentido 
del  verbo  rezumarse,  agrega:  aüicho  se  está  que  no  hai  re- 
sumideros, sino  rezumaderos.^-) 

Ambos  parece  que  se  engañan;  lo  cual  si  no  es  de  ex- 
trañarse en  el  señor  Gormaz,  cuvas  Correcciones  merecen 
ser  correjidas  en  cada  pajina,  es  un  caso  raro  en  el  eru- 
dito i  atinado  autor  de  las  Apuntacio7ies  sobre  el  lenguaje 
bogotano. 

Para  probar  nuestro  aserto  recordaremos  que,  según  el 
Diccionario  de  la  Academia,  rezumadero  es:  1.°  El  sitio  o 
lugar  por  donde  se  rezuma  alguna  cosa.  2.^  Lo  que  se  ha 
rezumado.  S.**  El  sitio  donde  se  junta  lo  rezumado. 

Ahora  que  las  definiciones  de  esos  rezumaderos  no  cuadran 
a  nuestros  resumideros,  es  cosa  que  se  patentiza  con  co- 
piar las  diversas  acepciones  de  rezumarse,  que  son:  1/ 
Recalarse  o  traspirarse  algún  liquido  por  los  poros;  i  2.* 
met.  Traslucirse  i  susurrarse  alguna  especie.» 

Luego,  pues,  si  rezumadero  es  el  sitio  o  lugar  por  don- 
de se  rezuma  el  agua,  i  si  rezumarse  algún  líquido  es  re- 
calarse o  traspirarse  por  los  poros,  es  evidente  que  no  es 
aquél  el  nombre  castizo  que  tienen  nuestros  llamados  re- 
sumideros» 

Si  el  agua  que  cae  á  éstos  no  se  rezuma,  sino  que  se  su- 
me (sumirse  es  hundirse  o  meterse  debajo  de  la  tierra  o 
del  agua)  lo  natural  es  que  el  pozo  que  se  hace  para  reci- 
birla se  llame  sumidero» 

Es  lo  que  confirma  el  Diccionario  de  la  Academia. 

«Sumidero — m.  Cueva  o  concavidad  en  la  tierra  que  sir-; 
ve  para  que  en  ella  se  suman  las  aguas.» 

En  Toledo  dicen  buzonera* 

«Buzonera. — f.  «En  Toledo  el  sumidero  que  hai  en  los 
patios  i  que  es  en  forma  de  alcantarilla.» 

Si  se  quisieran  mas  pruebas  podríamos  agregar  que  la 
correspondencia  latina  de  rezumadero  es,  locus  resudansl 

RETACO,    A. 

Parece  deducirse  de  lo  que  dice  el  Diccionario,  al  expli- 
car la  última  acepción  de  esta  voz,  que  en  España  solo  ios 


424  UIN 

hombres  tienen  el  poco  envidiable  privilejio  de  ser  reta^ 
eos  o  rechonchos. 

En  Chile  a  nadie  se  le  prohibe  serlo,  i  quien  lo  dude 
vayase  la  primera  Noche  Buena  a  la  Alameda  de  Santiago 
i  oirá: 

«¡Claveles  i  albahacas 
Para  las  niñas  letacasU 

REVENTÓN. 

El  lugar  en  que  una  veta  se  manifiesta  en  la  superfi- 
cie del  suelo. 

«La  sorpresa   contiene  su  ira la  piedra  que  tiene 

en  la  mano  es  mui  pesada la  examina  i  encuentra  que 

es  un  7'odu(lo!  (el  autor  subraya,  pero  rodado  es  castella- 
no). Plata  pura!  A  poco  rejistra  el  cerro  i  descubre  el  re- 
ventón de  donde  se  despegó  el   rodado. y) 

(JoTABECHE.— Z«  mina  Candeleros.) 

REVOLETEAR. 

Suelen  decir  los  ignorantes  i  descuidados.  Deba  decir- 
se, revolotear  o  voltear  según  los  casos. 

RICO. 

En  el  campo   cuando   los   guasos   hablan  del  rico  debe 
entenderse  que  hablan  del  hacendado. 

«Si  de  un  adulón  se  prenda 
El  mayordomo  o  el  rico, 
Allí  viven  grande  i  chico 
Como  madeja  sin  cuenda.» 

(GuAjARDO.— Zo5  Adulones.) 

RINGLETE. 

«Puede   ser   corrupción    de   rehiletes    observa  el  señor 
Cuervo. 

Según  la  Academia  es  aílechilla    con    su   pluma    o 


RIT  425 

papel  para  clavarla  en  puertas  o  animales»;  en  la  pri- 
mera edición  agrega:  «i  porque  es  velosísima  i  cami- 
na mui  derecha^  del  que  anda  mu  i  aprisa  o  müi  vivo  sé 
dice  que  va  como  un  rehilete. y> 

Aquella  flechilla,  puesto  que  viene  al  caso,  es  llamada 
por  los  muchachos  de  nuestra  tierra  garrocha. 


RIPIO. 

Es  un  chilenismo  en  sentido  de  cascajo  menudo  i  natu- 
ral, o  arena  gruesa^  que  es  el  que  jeneralmente  le  atri- 
buimos. Enripiar  es  llenar,  emparejar  con  ripio. 


RITO. 


Del  araucano  riithú  o  rhito,  manta  gruesa,  [poncho]  de 
hilo  burdo. 

^  «El  mueblaje  se  componía  de  una  mesa  cubierta  con  un 
rito  que  servia  de  tapiz,  seis  sillas  de  madera,  un  lavato- 
rio^ etc.» 

(Blest  Gana.— Za  Aritmética  en  el  amor*) 


RITORNELO. 

El  señor  Gormáz  lo  condena  i  quiere  se  diga  retornelo, 
que  es  como  dice  la  Academia. 

Nuestra  práctica  no  es,  sin  embargo,  tan  infundada 
que  no  pudiera  alegar  algunas  razones  i  ejemplos  en  su 
abono. 

Ritornelo  es  voz  italiana  [ritornello]  i  en  la  duda,  no 
pudiéndose  alegar  ninguna  consideración  ni  aun  de  eu- 
fonía para  cambiar  la  i  en  e,  lo  mas  seguro  es  conservar 
la  pronunciación  de  la  lengua  de  oríjen.  Sino  decimos  aire 
smo  ana  ¿por  qué  tendríamos  escrúpulos  para  decir  rítor^ 
nelo  como  los  italianos? 

Los  franceses,  acomodando  la  desinencia  a  la  índole  de 

s* 


426  ROD 

su  lengua  han  conservado  la  i  de  lá  primera  sílaba  [ritour- 
nelle) . 

«La  orquesta  con  el  previo  ritornelo 
De  aire,  compás  i  tono  dá  el  modelo.» 

(Iriarte. — La  Música.} 

roblería. 

No  es  vocablo  español.  En  Chile  significa  el  sitio  o 
monte  poblado  de  robles,  que  en  castellano  se  llama  ro" 
bledal  i  también  robledo. 

«Non  son  heredadas,  non. 
Sino  en  batallas  tenidas. 
De  entre  lanzas  i  con  sangre 
Mis  armas  todas  teñidas. 
En  los  robledos  de  Tórmes 
Me  la  dejades  vertida,»  etc. 

(Escobar. — Romancero  del  Cid.) 

ROCAMBOR. 

Un  juego   de  naipes    cuyo   nombre  castizo  ignoramos. 
Rocambor  parece    que  se  usa   en  todas  las  repúblicas 
latino-americanas. 

ccSi  hoi  de  toros  te  arrastra  una  corrida, 

Luego  de  rocambor  una  partida, 

I  los  gallos  mañana, 

I  a  la  noche  jarana,))  etc. 

(Juan  de  kR.o'^k.— Poesías  peruanas.) 

RODAJA. 

No  la  trae  el  Diccionario  en  la  acepción  de  ruedecitas 
con  rayos  que  tienen  las  espuelas;  si  bien  en  la  voz 
espuela  dice  rodajita. 


1 


RUC  427 

También  cuentan  las  crónicas  que  el  Marques  de  la  Pe- 
zuela  al  cubrirse  como  grande  de  España  dijo:  aPezuela  o 
radaja  de  espuela.» 

«Al  caballo  arrimaba 

La  estrella  de  la  espuela.» 

[La  Gatomaquiá,) 

«Sonoro  el  rosetón  de  sus  espuelas 
Talvez  por  caballero  le  acusaba.» 

(Zorrilla.— Granada.) 

El  siguiente  ejemplo  de  Quevedo    abona  nuestro  uso: 

«¿Quién  tiene  talle  de  abrojo 
U  de  rodaja  de  espuela?» 
[Sátira  contra  D.  Juan  R.  de  Alarcon. — Prólogo   a    las 
comedias  de  éste  en  la  Biblioteca  de  Rivadeneira,  páj.  32.) 

RONCEAR. 

Es  provincial  el  uso  de  este  verbo  en  el  sentido  de  mo- 
ver alguna  cosa,  verbigracia  tinajas,  toneles  a  uno  i  otro 
lado  alternativamente^  para  llevarla  de  una  parte  a 
otra. 

ROTO. 

Esta  palabra  no  es  propiamente  un  chilenismo,  porque 
una  de  sus  acepciones  castizas  es  andrajoso,  zarrapas- 
troso. 

Téngase,  sí,  como'una  peculiaridad  de  nuestro  uso  el  ser- 
virnos de  aquella  voz  para  designar  a  la  jente  de  última 
clase^  a  la  misma  cuyos  individuos  son  llamados  cholos  en 
el  Perú,  i  léperos  en  Méjico. 

RUCA. 

El  nombre  que  dan  los  araucanos  a  las  chozas  en  que 
moran. 


428  RUL 

Un  minero  de  profesión  nos  asegura  que  en  las  minas 
del  Cajón  de  Maipo,  de  las  Condes,  i  en  otras  situadas  a 
mucha  altura,  llaman  los  trabajadores  rucas  las  cova- 
chas que  forman  en  el  cerro  para  defenderse  de  la 
íiieve, 


RUEDECILLA. 

Por  la  rueda  llena  de  cohetes  que,  dando  vuelta  a  la  re- 
donda, los  va  disparando,  es  provincialismo  chileno. 

En  Colombia  llaman  a  las  tales  rodachinas. 

El  nombre  español  es  jirándiila. 

«Se  ven  i  oyen  por  infinitas  ventanas  que  tiene  el  edi- 
ficio, coronadas  de  luminarias  i  flechando  ^zm/zí/i/te  i  co- 
hetes voladores.» 

(VÉLEZ  DE  Guevara.— J?/  Diablo  Cojudo,) 


RULO, 


Por  un  procedimiento  que  no  es  difícil  imajinar  la  voz 
rulo,  que  en  araucano  significa  las  vegas  o  parajes  húme- 
dos, ha  venido  a  significar  entre  nosotros  los  terrenos 
secanos. 

Puede  presumirse  que  los  indios  convertidos  i  conquis- 
tados llamarían  primeramente  sementeras  de  rulo  aquéllas 
que^  por  hacerse  en  lugares  húmedos,  no  se  regaban  ;?or^i<e 
rio  hábia  necesidad  de  regarlas]  i  que  andando  el  tiempo, 
sus  descendientes  llamarían  así  las  siembras  i  los  terrenos 
mismos  que  no  se  regaban,  porque  no  podían  regarse. 

Nuestras  tierras  de  rulo,  son  en  español  secanos\  i  nues- 
tros trigos  de  id,  trigos  de  tempero. 

c(Se  producen  en  los  riscos  i  tierras  de  secano  las  higue- 
ras mas  grandes  que  hemos  visto  en  ninguna  parte.» 

(V.  Alcalde  Espejo. — Una  escursion  a  la  sierra  de  Cor" 
dova.) 

«A  trigo  i  maiz  de  tempero     2.000 
A  maiz  de  riego  4.000 

A  trigo  Ídem.  3.000 

[Id.  Id.) 


RUM  429 


RUMBA  O   RUMA. 


Chilenismo  con  que  se  denominan  los  montones  de  cual- 
quier clase  de  objetos,  especialmente  de  maderas  i  de 
fardos.  Es  corrupción  de  sonido  i  de  sentido  del  término 
náutico  arrumazón,  arrumar. 

La  palabra  española  es  rimero. 

«Nó,  dijo  la  sobrina,  no  hai  para  qué  perdonar  a  nin- 
guno (de  los  libros  de  D.  Quijote)  porque  todos  han  sido 
los  dañadores:  mejor  será  arrojarlos  por  las  ventanas  al 
patio  i  hacer  un  rimero  de  ellos  i  pegarlos  fuego»  etc. 

(Cervantes  . — Quijote,) 


s 

SACA,  SACO,  COSTAL,  BOLSA. 

Todas  estas  palabras  son  castizas;  pero  hai.  que  notar 
acerca  de  la  manera  como  las  usamos  las  siguientes  pecu- 
liaridades: 

1.*^:  Que  mientras  saca  significa  en  español  un  saco  gran- 
de,  significa  entre  nosotros  el  costal  de  cuero  sin  curtir 
en  que  se  importa  del  Paraguai  i  República  Arjentina  la 
yerba  mate. 

2.^:  Que  saco,  que  es  en  castellano  cualquier  costal  de 
cáñamo,  lana  o  algodón,  solo  se  dice  en  Chile  de  los  que 
sirven  para  el  envase  (este  envase  no  lo  traen  los  Diccio- 
narios pero  es  voz  muiútil)  i  acarreo  del  trigo,  fréjoles,  etc. 

3.*^:  Que  no  conocemos  otros  costales  que  los  de  cuero, 
mientras  que  en  España  lo  corriente  es  que  se  hagan  de 
jénero  burdo. 

4.°:  Que  el  nombre  de  bolsa  lo  hemos  reservado  para  las 
pequeñas  en  que  se  guarda  el  dinero  i  algunas  otr.as  que 
sirven  para  varios  usos,  no  dándoselo  nunca  las  que 
sirven  para  exportar  el  trigo  o  la  harina. 

El  sustantivo  saca,  que  denota  la  acción  de  sacar,  i  que 
hemos  visto  en  alguna  parte  en  bastardilla  como  si  fuese 
chilenismo,  no  lo  es,  siendo  por  lo  tanto  correcta  la  fra- 
se, una  saca  de  papas,  i  otras  de  su  especie. 

SANCO  o  ZANCO. 

La  masamorra  espesa,  el  lodo  que  va  camino  de  ha- 
cerse sólido.  Es  un  chilenismo  que  trae  or/jen  del  quichua, 


432  SE 

en  cuya  lengua  zancu  es  masamorra,  guiso   espeso  i  sin 
caldo. 

SANGRADERA. 

Llamamos  así,  a  la  chilena,  la  parte  interior  del  brazo 
opuesta  al  codo,  la  misma  que  en  español  se  llama  san- 
gradura. 

Sangradera  es  el  instrumento  con  que  se  sangra^  la  lan* 

ceta, 

SANTO   (pasar  el) 

Vulgarmente  se  pasa  el  santo  á  alguno  (¿habrá  capricho?) 
cuando  se  le  golpea,  zurra  o  maltrata. 

«Pocos  son  los  que  le  chistan 
Aunque  todos  tienen  ganas 
De  que  alguien  le  pase  el  santo. yy 

(Huérfano.) 

satisfacción. 

En  el  significado  de  confianza,  intimidad,  es  de  frecuen- 
te uso  en  Chile.  No  lo  trae  en  esa  acepción  el  Dicciona- 
rio de  la  Academia,  por  olvido  sin  duda,  como  quiera  que 
buenos  escritores  peninsulares  lo  han  usado  a  nuestra  ma- 
nera. 

«....¿Cuando  suelo 
Tener  yo  satisfacción 
De  tí  ni  de  otro  criado? 
¿Comunico  yo  secreto 
Contigo?» 

(Tirso  de  Molina. — Amar  por  señas.) 

SE  (oblicuo.) 

Dice  D.  Andrés  Bello  en  su  Gramática: 

«Un  uso  extraño  i  bárbaro  se  ha  introducido  en  alfí'unas 


SEC  433 

partes  de  América^  relativamente  al  se  obliquo.  Cuando 
este  dativo  es  singular  decimos  como  debe  decirse  se  ¿e, 
se  la,  se  ¿o.  Pero  cuando  es  plural  se  pone  en  plural  el 
acusativo  que  sigue,  aunque  designe  un  solo  objeto;  Aguar- 
daban ellos  el  libro  i  un  mensajero  se  los  trajo.»  Es  preci- 
so evitar  cuidadosamente  esta  práctica.» 

Los  ejemplos  siguientes  prueban  el  poco  caso  que  se  ha 
hecho  de  la  advertencia  del  ilustre  maestro  i  la  necesidad 
que  hai  de  repetirla: 

«Como  los  señores  Irizarri  [Irizarris  habría  sido  lo  correc- 
to) aparentan  no  comprender  el  cargo  que  se  les  hace^  se 
/í)5  explicaré.» 

(Melchor  Concha,  i  Toro.— El  Ferrocarril  de  11  de  ma- 
yo de  1863.) 

«I  si  lo  saben  todo  ¿para  qué  quieren  que  sé  los  cuente?» 
(A.  Blest  Gana. — El  Ideal  de  un  Calavera.) 

«Talvez  el  del  silejicio 

Anjel,  tu  sombra  amiga 

Busca,  i  allí  a  los  muertos 

Con  el  dedo  en  los  labios  se  los  dicta.» 

(C.  WÁLKER  Martínez. — A  un  sauce  lloran.) 

«Pero  como  esto  lo  saben  i  lo  han  visto  todos  es  inútil 
repetírse/o5.» 

(Luis  Rodríguez  Velazco.— Z<2  Voz  de  Chile  y  18  de  abril 

de  1863.) 

SECADOR. 

No  lo  trae  el  Diccionario  de  la  Academia.  Especie  de 
enjugador,  mundillo» 

c(I  hasta  las  polleras,  que  este  nombre  se  dio  a  la  figura 
del  traje  femenino  por  la  de  las  jaulas  de  mimbres  en  que 
(a  manera  de  nuestros  secadores)  solían  criar  pollos  en  Es- 
paña.» 

(Vicuña  ll^CK'm'^k.'-'Historia  de  Santiago,) 


434  SEN 


SECRETEO. 


La  acción  de  hablar  en  secreto  unas  personas  con  otras. 
No    encontramos   esta  voz  en   los    diccionarios    de   la 
lengua. 

SEDOSO,   A. 

El  adjetivo  sedoso  no  aparece  en  el  Diccionario  de  la 
Academia;  pero  se  equivocarla  quien,  apoyándose  en  esa 
omisión,  como  el  señor  Gormaz,  sostuviese  que  el  dicho 
adjetivo  es  un  provincialismo  nuestro  i  que  debe  reempla- 
zarse por  sedeño. 

«Sus  cabellos,  aunque  enmarañados  por  descuido,  se 
comprendía  que  eran  brillantes  i  sedosos  i  sobre  todo  ne- 
grísimos, como  sus  ojos,  sus  cejas  i  su  barba. w 

(Manuel  Fernández  i  González.— Los  siete  Infantes  de 
Lar  a.) 

«Pelo,  no  de  azabache  que  es  mui  duro^  sino  negro  abun- 
dante i  sedoso. 'i 

(José  Alcalá  Gali ANO. — La  Uermosiira,) 

seguramente. 

Copiamos  el  siguiente  parrafito  del  señor  Cuervo  que 
puede  venir  como  de  molde  a  muchos  de  nuestros  paisa- 
nos: «¿Por  qué  no  habrá  venido  nuestro  Simigo'^.— Segara- 
mente  está  enfermo. — ¿Con  que  Ud.  asegura  que  está  en- 
fermo?—Yo  no  lo  afirmo,  sino  me  lo  figuro.»  Medrados 
estamos:  orijinal  cosa  es  que  para  denotar  cálculo,  sospe- 
cha, arrimemos  a  acaso,  quizá,  tolvez,  i  echemos  mano  de 
seguramente,  esto  es  de  la  palabra  que  asegura,  afirma  i 
excluye  toda  duda.» 

sentazón. 

Hai  en  Chile  una  propensión  mui  marcada  a  firmar  de 
los  bervos  en  ar  que  indican  movimiento^  sustantivos  que 


SEX  435 

indiquen  el  hecho  o  efecto  de  verificarse  aquél  con  fuerza, 
rapidez  o  violencia.  Así,  después  de  los  recios  temblores  o 
de  los  bailes  en  que  el  licor  i  el  entusiasmo  abundan  es  fre- 
cuente oir:  «Hubo  una  espantosa  quebrazón  de  cristales.» 
Después  de  un  recio  temporal:  «La  varazón  de  lanchas  i 
buques  daba  horror»  etc. 

Formados  según  el  procedimiento  indicado  están  los  sus- 
tantivos reventazón,  quemazón,  salazón,  i  varios  otros  que 
aparecen  en  el  Diccionario  de  la  Academia.  • 

No  han  andado,  pues,  mui  fuera  de  camino  nuestros  mi- 
neros que,  entendiendo  por  sentarse  una  labor  el  caer  so- 
bre ella  el  cerro  i  obstruirla,  designan  con  el  nombre  de 
sentazón  el  hecho  de  un  grande  i  súbito  desmoronamiento. 

SENTIDO. 

Cada  una  de  las  partes  de  la  cabeza  que  están  dttras  de 
las  cejas,  como  camino  de  las  orejas,  se  llama  í/e/z. 

Don  Roque  Barcia,  que  asegura  en  su  Diccionario  de  si- 
nónimos que  el  llamarse  así  esas  partes  proviene  de  ser  las 
primeras  que  se  encanecen  anunciando  la  senectud,  agre- 
ga que  en  buen  castellano  aquéllas  se  llaman  también  pul- 
sos, porque  es  el  sitio  en  que  la  arteria  pulsa  o  late,  acep- 
ción que  no  consta  en  el  Diccionario  de  la  Academia. 

En  Chile,  donde  nunca  llamamos  pulsos  a  las  sienes,  so- 
lemos llamarlas  sentidos.  «¡Matarlo  de  una  pedrada!—  I  co- 
mo nó,  si  se  la  dio  en  el  sentidoln 


SENA. 


Si  bien  no  absolutamente  desconocida  en  España  esta 
voz,  única  de  que  nos  servimos  nosotros  para  indicar  la 
parte  de  precio  que  se  anticipa  en  cualquier  concierto, 
como  prenda  de  seguridad  de  que  se  estará  a  él,  lo  común 
por  allá  es  servirse  con  ese  objeto  de  la  palabra  señtf/. 

El  vulgo  da  también  el  nombre  de  seña  a  la  moneda  de 
vellón,  i  a  ciertas  señales  de  diversas  especies  que  en  los 
campos  usan  los  bodegoneros  para  suplir  la  falta  de  mone- 
da menuda. 

«Antes  de  su  introducción  (de  la  moneda  llamada    de 


436  SEN 

cruz  o  macuquina)  se  palpaba  la  necesidad  de  hacerlo  en 
el  arbitrio  de  que  usaban  los  bodegoneros,  forjando  unas 
monedas  de  plomo,  de  suela  i  de  madera  ,  que  llaman  se- 
ñas, para  dar  a  los  compradores  que  llevaban  de  sus  tien- 
das alguna  especie  que  importaba  menos  de  medio  real, 
que  era  la  moneda  menor  que  habia  entonces» 

(Artículo  publicado  en  La  Aitrora  de  Chiky  14  de  enero 
de  1873,  suscrito,  Z^omc/o  iSalustio,  (Camilo  ílenríquez  i 
Manuel  Salas.) 


SEXORA. 

«Os  mandé  participar  el  dichoso  suceso  de  hallarse  pre- 
ñada la  Reina,  mi  mui  cara  i  amada  mujer. y> 

(Real  cédula  del  Rei  al  presidente  i  oidores  de  Chile,  4 
majo  de  1707.) 

((Del  feliz  parto  de  la    reina  mi  mui   cara  i  amada  es- 
posa. » 

«Un  día  en  que  mi  mujer  leia  los  cuentos  fantásticos  de 
Hoffman.» 

(Zorrilla. — La  Pasionaria.) 
En  Chile  hasta  los  peones  dicen  ya,  mi  señora. 

SEÑORITA. 


«En  Chile,  como  en  algunos  otros  paises  de  América, 
se  abusa  de  los  diminutivos.  Se  llama  señorita,  no  solo  a 
toda  señora  soltera,,  de  cualquier  tamaño  i  edad,  sino 
a  toda  señora  casada  o  viuda,  i  casi  nunca  se  les  nom- 
bra sino  con  los  diminutivos  Pepita,  Conchita,  por  mas 
ancianas  i.  corpulentas  que  sean.  Esta  práctica  debiera 
desterrarse,  no  solo  porque  tiene  algo  de  chocante  i  ridí- 
culo, sino  porque  confunde  diferencias  esenciales  en  el 
trato  social.  En  el  abuso  de  las  terminaciones  diminu- 
tivas hai  algo  de  empalagoso.» 


(Bello. — Gramática  castellana.) 


SIL  437 

«Casarse  para  el  vulgo  de  los  hombres  es  un  negocio  co- 
mo cualquier  otro;  casarse  para  el  vulgo  de  las  mujeres  es 
adquirir  un  marido  i  tener  derecho  de  salir  sola  a  la  calle 
i  cambiar  por  el  de  seriora  su  título  de  señorita.y) 

(Severo  Catalina. — La  Mujer.) 

nScñorita  veut  diré  en  espagnol  demoiselle.  C  est  un 
diminutif  de  señolea  (dame);  mais  á  Buenos  Aires  on  ne  doit 
pas  se  servir  du  mot  sefiora  méme  pour  les  dames  ágées; 
elles  aiment  qu'on  les  appelle  señorita  á  tout  age;  celui 
qui  ne  le  íerait  pas,  serait  regardé  comme  impelí. » 

(D'Orbigny.  — Fí^yí/^e  dans  U  Amériqíie  Méridionale.) 

SERENO. 

Por  la  persona  destinada  para  decir  en  voz  alta  el  tiem- 
po que  hace  i  la  hora  que  es  i  para  rondar  de  noche  por 
las  calles  con  el  objeto  de  evitar  desórdenes,  robos,  etc., 
es  voz  mui  usada  en  España. 

No  tuvo,  por  lo  tanto,  razón  el  señor  de  Arona  para 
incluirla  en  la  lista  de  voces  peruanas  que  puso  al  fin  de 
sus  Poesías. 

¿Para  qué  mozo  de  cordel,  pinche  de  cocina  o  destripa- 
terrones de  España  seria  un  misterio  el  sentido  de  estos 
versos  del  señor  de    Arona? 

«No  turba   aquí  mi  sueño  con  su  grito 
Sereno  atroz  que  por  cantar  maulla; 
Ni  me  crispa  los  nervios  el  maldito  " 

Silvido  horripilante  de  su  pito.» 

[Poesías  peruanas.) 


SILENCIARSE. 


No  existe  ni  puede  alegar  ningún  título  a  la  existencia, 
ya  que  el  único  oficio  que  podría  venir  a  ejercer  está  mui 
bien  desempeñado  por  callarse. 


438  SO 


SILLA   DE   MANO. 

Es  en  Chile  lo  que  en  España  silla  de  la  reina.  Ló  que 
en  la  Península  llaman  silla  de  mano  llamamos  nosotros 
impropiamente   litera. 

«García  se  resuelve  a  sacarla  de  su  casa  en  una  silla  de 
marios\  lo  que  da  lugar»  etc. 

(Juan  Eujenio  de  Hartzenbusch. — Introducción  a  las 
comedias  de  D.  Juan  Ruiz  de  Alar  con.) 

SILGUERO    o    JÍLGUERO. 

Dicen  en  Chile  los  mas  por  jilguero. 

Téngase  entendido^  sinembargo,  que  sirguero  ^^ov  jilgue- 
ro, mas  que  un  provincialismo  es  un  arcaísmo^  como  se 
comprueba  por  este  lugar  de  Granada: 

«Cuando  oimos  deshacerse  la  golondrina,  i  el  ruiseñor, 
i  el  sirguerito  i  el  canario  cantando,»  etc. 

[Símbolo  de  la  Fé. ) 

SIÚTICO. 

Caprichosa  voz,  aunque  no  tanto  que  hasta  cierto  punto 
no  refleje  en  sus  sonidos  silbosos  i  estructura  ridicula,  la 
risible  catadura  de  los  pajarracos  que  con  ella  designamoís; 
que  son  los  mismos  que  en  Madrid  llaman  cursis:  la  jente 
cursi f  es  una  cursi,  un  cursi,  etc. 


s  o. 


So  es  en  castellano  una  preposición  que  significa  debajo 
[sul);)  pero  que  solo  se  usa  delante  de  ciertos  nombres, 
como  capa,  color,  pretexto. 

Usamos  ademas  esta  palabra  con  frecuencia,  antepo- 
niéndola a  algunos  nombres  despectivos  en  el  vocativo;  i 
en  tales  casos  (olvidados  en  el  Diccionario  de  la  Academia, 
apesar  de    ocurrir  en  buenos  autores  peninsulares)  el  so 


SOB  439 

es  contracción  i  síncopa  de  sea,  que  a  su  vez  lo  es  de  se^ 
ñor;  o  mas  exactamente  seo  es  ap.!;cope  de  seo7'  i  este  sin- 
copa de  señor. 

«iSo  borrico,  so  insolente,  so  puerco.» 

«Pus  mienta  osté  como  yo 
So  estampa  de  Satanás.» 
(José  2."  Flores. — Mentir  pqr  caridad,) 

uSo    alférez  ¿no  me  paga?» 
(Juan  Pérez  de  Montalvan. — La  monja  alférez.) 

uSOy  partícula  proclítica,  insultativa.» 

(IsAACS. — Marta.) 

SOBADO. 

Sobado,  a,  es  un  adjetivo  vulgar  cuya  propia  significa- 
ción es  la  de  grande,  terrible,  extraordinario.  n/Sobada  fué 
la  zurra  que  le  dieron!  ¡Sobado  el  susto  que  se  llevó  el  la- 
drón! ¡Sobadas  las  espuelas  que  lleva  ese  guaso!» 

SOBERADO. 

El  señor  Gormaz  asegura  en  sus  Correcciones  que  esta 
voz  no  existe  en  castellano  i  que  debe  reenaplazarse  por 
desván. 

Mas  exacto  habría  andado  nuestro  autor  si  se  hubiera 
limitado  a  decir  que  lo  que  no  existe  es  solo  la  e  que  in- 
tercalamos sin  motivo  entre  la  ¿»  i  la  r;  pues  cpn  esa  pe- 
queña supresión  quien  quiera  saber  lo  que  sobrado  signi- 
fica, no  tiene  mas  que  buscarlo  en  los  diccionarios  de  la 
lengua. 

En  dos  palabras,  dígale*  sobrado, 

SOBRE. 


Quien  desee  evitar  los  usos  galicanos  de  esta  preposi- 
ción, que  son  muchos  i  están  mui  de  moda,  véala  en  el 
Diccionario  de  Galicismos  de  Baralt. 


440 


SOB 


«por  el  comedor  que,  como  se  sabe,  tenia  una  puer- 
ta sobre  el  pasadizo  que  comunicaba,  etc.» 

(A.  Blest  Gana.  — £"/  Ideal  de  un  calavera.) 

Una  puerta  que  daba  al  pasadizo ^  es  como  se  dice  en 
castellano. 

No  deben  confundirse  construcciones  como  la  anterior, 
con  otras  perfectamente  conformes  a  la  índole  de  nuestra 
lengua,  en  que  sobre  equivale  tamlnen  a  la  preposición  a. 

«Ya  en  este  tiempo  estaban  el  duque  i  la  duquesa  pues- 
tos en  una  galería  que  caia  sobre  la  estacada.» 

(Cervantes. — Quijote.) 

Véase  Garces,  Fundamento  del  vigor  i  elegancia  de  la 
lengua  castellana,  voz  sobre. 

«Puede  otrosí  usarse  correctamente  nuestra  preposición 
en  lugar  de  «hacia,  poco  mas  o  menos,  o  cerca  v.  gr.:  «Vino 
sobre  las  ocho;  Se  encaminó  sobre  la  derecha;  Me  costó 
sobre  cien  reales;  estaba  sobre  los  cincuenta  (años.)» 

(Vicente  Salva.  —  Gamática.) 

¿Qué  significa  «tengo  sobre  cien  reales?»  ¿Qué  los  tengo, 
poco  mas  o  menos,  o  que  tengo  mas  de  esa  suma?  El  au- 
tor que  acabamos  de  citar  se  inclina  a  lo  primero.  El  si- 
guiente ejemplo  podría  servir  de  apoyo  a  lo  segundo: 

«Puestos  tantos  rimeros  de  calaveras  de  muertos  que  se 
podían  contar,  según  el  concierto  con  que  estaban  pues- 
tas, que  me  parece  que  eran  mas  de  cien  mil,  i  digo  otra 
vez  sobre  cien  mil.» 

(Bernal  Dixz.— Historia  de  la  conquista.) 

En  Chile  acostumbramos  llamar  sobre  el  letrero  que  se 
pone  en  la  cubierta  de  las  cartas  para  indicar  el  nombre 
de  la  persona  a  quien  van  dirijidas  i  su  residencia,  i  tam- 
bién la  cubierta  misma.  El  nombre  propio  de  ésta  queda 
dicho;  el  del  letrero  es  sobrescrito, 

«Teodoro. — Ya  el  papel  está  cerrado 
Solo  el  sobrescrito  resta. 
Diana. — Pon  Teodoro  para  tí; 

I  no  lo  entienda  Marcela.» 
(Lope  de  Vega. — El  Perro  del  Hortelano.) 
Cierro,  por  cubierta,  no  existe. 


SOL  441 


SOCUCHO,    O   SUCUCHO. 

c(El  que  se  ha  criado  en  el  campo  difícilmente  podrá 
acostumbrarse  a  vivir  en  un  sucucho;y)  equivale  a  adifícil- 
mente  podrá  acostumbrarse  a  vivir  en  casa  chica,  angos- 
ta, estrecha,  en  un  tabuco.» 

Lo  probable  es  que  nuestro  socucho  o  sucucho  sea  el 
iñismo  ccuchu  que  en  quichua  significa  angosto. 

«Llegué  a  un  aposento  en  forma  de  cañuto  donde  esta* 
ba  otro  estudiante  tan  largo,  tan  angosto  i  tan  hueco  como 
una  cerbatana.-»  (Notas  a  la  Introducción  de  las  obras  dra- 
máticas de  D.  Juan  Ruiz  de  Alarcon.) 

Esos  aposentos  en  forma  de  cañutos  son  exactamente 
los  que  llamamos  socuchos  en  casi  toda  la  América  his- 
pana. 

Véanse,  Cuervo,  i  Diccionario  de  Salva,  voz  socucho. 


SOLIDARIDAD. 

Escabrosísimo  vocablo,  como  lo  califica  don  Rafael  Ma- 
ría Baralt,  que  por  una  perversión  del  gusto  hemos  dado 
en  preferir  al  castizo  i  suave  mancomunidad  que  significa 
lo  mismo. 


SOLO; 


Cuando  solo  modifica  a  varios  sustantivos  ¿deberá  con- 
cordar con  ellos?  ¿Será  preferible  decir:  (s<En  solo  los  Está- 
dos  Unidos  de  Norte  América  se  han  hecho  mas  descubri- 
mientos útiles  durante  los  últimos  cincuenta  años  que  en 
Francia  e  Inglaterra  juntas,  a  en  solos  los  Estados  Uni- 
dosy)  etc'^. 

Lo  mas  usual  en  Chile  en  casos  análogos  al  anterior  es 
considerara  solo , como  invariable.  Lo  mas  correcto,  sin 
embargo,  i  autorizado  por  los  buenos  escritores  peninsula- 
res, es  poner  a  solo  en  concordancia  con  los  sustantivos 
que  modifique. 

cd  de  aquí  vengo  a  condenar  por  yerro    mui  reprobado 


442  SOP 

decir  como  muchos  afirman  que  en  solas  las  ciudades  i  cor- 
tes está  la  viveza  de  los  injenios.» 

(Gil  Polo* — Diana  enamorada.) 

«La  villa  de  Illescas  i  sus  aldeas  se  poblaron  de  solos 
gascones,^) 

(MoNLAU. — Diccionario  etimolójico.) 

((La  flor  sumamente  olorosa  i  solas  cuatro  hojas  mui 
gruesas.» 

(Diccionario  dé  la  Academia,  voz  chirimoyo.) 

El  señor  Sicilia  en  sus  Lecciones  de  Ortolojía  i  Prosodia 
hace  a  solo  invariable. 

((Alguna  otra  voz  compuesta  de  solo  las  dos  vocales,  como 
el  modo  adverbial  pian-pian»  (Tom.  lY  páj.  54.) 

La  práctica  del  S.  D.  Gregorio  Garcés  es  varia: 
((Son  por  extremo  propios  (los  diminutivos  en  eto,  eta, 
ejo^  eja)  de  nuestra  lengua  i  que  miran  a  solos  sustantivos.» 
(Fundamento  del  vigor  i  elegancia  de  la  lengua  castellana.) 

((Participando  solamente  de  los  dos  jéneros  masculino 
i  femenino  que  solo  reciben  nuestros  plurales.» 

(Id.  Id.) 

SOMBRERO  DE  PELO. 

Al  sombrero  que  nosotros  llamamos  de  pelo,  llaman  los 
españoles  redondo,  de  copa  alta  o  de  copa. 

SONGA. 

Véase,  a  la  songa,  songa. 

SOPLARSE. 

Soplarse  a  alguno,  equivale  entre  el  vulgo  a  saltearla, 
dejarlo  gravemente  herido,  asesinarlo. 


SUA  443 

También  se  dice  trajinarse,  mamarse,  merendarse  a  al- 
guno, en  la  misma  acepción  i  mas  propiamente  en  la  de 
engañarlo,  perjudicarlo. 

«Si  me  lo  dejan  otro  ratito  me  lo  habia  trajinao  pues. y) 

(Huérfano.) 

SORBER. 

No  faltan  quienes  digan  siierbo,  siierba,  etc.,  i  sinembar- 
go  todos  dicen  absorbo,  absorva,  etc. 

¿A  qué  atribuir,  sino  a  descuido,  tan  chocante  contradic- 
ción? Ambos  verbos  son  regulares,  como  que  ambos  tienen 
por  sustantivo  correspondiente  a  sorbo, 

SOROCHE. 

Véase  asorocharse. 

sotacura; 

La  palabra  sota  antepuesta  a  sustantivos  que  denoten 
oficio  o  empleo,  indica  al  subalterno  inmediato  o  sustituto. 
Sota-cura  está  por  lo  tanto  bien  formado,  tan  bien  como 
vice-párroco.  Empero  mas  castizo,  simple  i  autorizado  nos 
parece  coadjutor. 

«Los  párrocos  sonelejidos  por  el  obispo:  no  son  perpe- 
tuos hasta  pasados  tres  años:  los  coadjutores  son  siempre 
amovibles  a  voluntad  del  prelado.» 

(ViLLANUEVA.— F2í/a  literaria.) 


Dígase  soasar. 


suasAr. 


SUAVE. 


Es  curioso  el  significado  que  damos  a  suave  en  frases 
como  las  que  pusimos  por  ejemplo  al  ocuparnos  de  soba- 


444  SUP 

do,  con  el  cual,  en  casos  tales,  lo  usa  el  vulgo  promiscua- 
mente. 


SUCHE. 

La  jente  zafia  usa  esta  voz  como  sinónima   de  rufián, 
alcahuete,  tercero. 


SUFRIMIENTO. 

Es  en  español  la  paciencia,  conformidad  o  tolerancia 
con  que  se  sufre  alguna  cosa.  No  lo  entienden  así  nuestros 
paisanos  para-  quienes  sufrimiento  es  sinónimo  de  padeci- 
miento,  dolor,  pesar,  pena, 

SUNCO, 

Llama  sunco  la  plebe  al  que  no  tiene  mas  que  un  brazo, 
al  manco',  i  mas  propia  i  comunmente  al  que  de  nacimien- 
to o  a  consecuencia  de  alguna  amputación  no  tiene  mas 
que  el  muñón  de  uno  de  sus  brazos, 

SUNCHO. 

Los  círculos  de  hierro  o  madera  con  que  se  aprietan  los 
toneles  se  llaman  en  castellano  flejes,  i  también  arcos,  aros 
i  cercos   en  las  pipas  i  cubas. 

«I  si  me  he  puesto  en  cuentas  de  tanto  mas  cuantos 
acerca  de  mi  salario,  ha  sido  por  complacer  a  mi  mujer, 
la  cual  cuando  toma  a  la  mano  a  persuadir  una  cosa  no 
hai  mazo  que  tanto  apriete  los  aros  de  una  cuba  como  ella 
aprieta  a  que  se  haga  lo  que  quiere.» 

(Cervantes. — Quijote.) 

SUPERLATIVOS. 

El  doctor  don  Bernardo  Aldrete,  dice,  en  su  obra  Bel 
orijeii  i  principio  de  la  lengua  castellana: 


SUT  445 

«Aquel  tiempo  no  conoció  los  superlativos,  los  cuales 
con  ponerse  tantos  en  latin  no  los  hai  en  el  romance  por 
que  entonces  no  los  admitía  sino  solo  añidian  al  positivo 
mili  o  mas.» 

El  tiempo  a  que  Aldrete  se  refiere  es  el  siglo  XIII. 

Clemencin  cree  que  empezaron  a  introducirse  por  los 
doctos  algunos  superlativos  tomados  del  latin  a  principios 
del  siglo  XV,  circunstancia  esta  última  que  hasta  cierto 
punto  abona  la  opinión  del  señor  Cuervo,  quien  quiere,  si- 
guiendo a  Monlau,  sea  mas  correcta  i  culta  la  forma  la- 
tina de  aquellos  adjetivos  que  tienen  dos  para  el  super- 
lativo, ciertísimo  i  certishno  diestrísimo  i  destrísimo,  fervien- 
tísimo  \  ferventísimo,  gruesísimo  i  grosísimo. 

Viejo  i  reciente  carecen  de  forma  latina  en  el  superla- 
tivo. El  de  paciente  es  pacioitísimo,  no  pacentísimo. 


SUSPENSORES. 


El  señor  Gormaz  en  sus  Correcciones  dice  que  no  existen, 
i  tiene  razón.  Donde  le  falta  por  completo  es  en  indicar 
como  su  equivalente  castizo  a  suspensorios-,  i  ¡cuenta  que  de 
estos  suspensorios  no  puede  hablarse  así  no  mas,  siendo 
como  son  una  especie  de  bragueros  cuyo  uso  ha  de  ser  se- 
creto! Seria  divertido  que  algún  muchacho  rapagón,  fiado 
en  la  autoridad  del  señor  Gormaz,  se  llegase  a  su  mamá 
a  pedirle  un  par  de  suspensorios! 

Los  individuos  que  hablan  bien  la  lengua  de  Castilla 
suspenden  de  los  hombros  el  pantalón  con  un  par  de  ti- 
rantes. 


SUTIL  (limón). 

Dice  Salva  que  sutil,  árbol  o  fruto,  es  un  provincialis- 
mo americano,  cuyo  equivalente  español  es  seutiL  Pero 
¿qué  esseutil?  uUn  árbol  de  América  Meridional,»  contes- 
ta el  mismo  autor  en  su  Diccionario  «parecido  al  limone- 
ro, aunque  mucho  menor  i  de  hoja  mas  lisa.  Su  fruto,  que 


446  SUT 

tiene  el  mismo  nombre,  es  del  tamaño  de  un  huevo,  con- 
tiene mas  sumo  que  el  limón,  i  es  mas  ácido  que  éste.-» 

La  Academia,  sin  embargo,  no  ha  dado  a  seutil  entrada 
a  su  Diccionario,  i  ha  hecho  bien,  porque  con  ceutí  basta. 
ikCeuti  se  aplica  a  una  especie  de  limón  muí  oloroso,  cuya 
planta  vino  de  Ceuta.» 

(Diccionario  de  la  Academia.) 


T 


TABLERO. 


Hai  unos  pocos  que  llaman  así  a  los  cuadros,  tan  usa- 
dos en  las  escuelas  i  colejios,  que  sirven  para  que  los 
alumnos  escriban  operaciones  aritméticas^  ejercicios  de 
gramática^  etc.,  i  ojalá  que  esos  pocos  fuesen  los  mas, 
porque  tablero  nos  parece  mejor  que  pizarruy  como  co- 
munmente llamamos  aquellos  cuadros,  i  mas  propio  que 
encerado,  que  es  como  se  llaman  en  España. 

TACO. 

La  pieza  en  figura  de  medio  círculo  que  se  pone  por  de- 
bajo de  la  suela  del  zapato  en  la  parte  que  corresponde  al 
calcañar  del  pié  se  llama  tacón.  En  el  Perú,  Bolivia,  la 
República  Arjentina  i  Chile  la  llamamos  taco. 

«A  toda  prisa  se  sacó  una  bota 
I  al  rostro  de  Aniceta  que  salia 
Despachóla,  con  tanta  puntería, 
De  parte  del  bellaco 
Que  yendo  adar  el  taco))  etc; 

fJuAN  DE  Aron A. -^Poesías  peruanas,) 

Echar  un  taco,  beber  un  vaso  de  licor. 
En  Arequipa  dicen  tomar  un  bebe* 


448  TAL 


TACHO* 


Es  chilenismo  i  significa  un  tiesto  de  cobre,  fierro  o 
greda  en  que  se  calienta  el  agua  al  fuego  para  varios 
usos  i  especialmente  para  el  inate. 

Estar  como  un  tacho,  fundido  como  un  tacho,  son  fra- 
ses con  que  se  quiere  dar  a  entender  que  la  persona  a 
quien  se  aplican  está  excesivamente  mimada. 

«Delante  de  nosotros  la  cocinera,  cruzada  de  piernas  a 
orilla  del  brasero,  cabeceando,  arrullada  por  el  ruido  del 
agua  que  hervia  en  el  tacho  i  por  los  ronquidos  del  gato» 
etc. 

(Z.  Rodríguez.— Zoco  Eustaquio,) 

En  Cuba^  según  Salva,  se  llama  tacho  «la  gran  paila  en 
que  acaba  de  cocerse  el  melado  i  se  le  da  el  punto  de  adú- 
car.» 

TAJAMAR. 

És  como  sollama  enSantiago  desde  la  época  colonial,  la 
muralla  de  ladrillos  que  defiende  a  la  ciudad  de  las  inunda- 
ciones que  la  amenazaban  en  las  crecidas  del  Mapocho. 
¿Porque?  Talvez  porque  el  alarife  que  dirijió  la  obra  i  la 
bautizó  ignoraba  que  el  nombre  que  le  correspondía  era  el 
de  malecón, 

TALABARTERO. 

Es  en  español  el  que  hace  talabartes  (^la  pretina  de  qué 
cuelgan  los  tiros  en  que  se  trae  pendiente  la  espada.) 

El  que  hace  arreos  para  caballos  i  muías  es  guarnido^ 
ñero, 

A  todos  ellos  los  llamamos  en  Chile  talabarteros, 

{^Falsear, — Entre  los  guarnicioneros  es  dejar  en  las  si- 
llas algún  hueco  i  anchura  para  que  los  asientos  de  ellas 
no  hieran  i  maltraten.» 

("Academia  . — Diccionario .) 


ÍAM  449 

Sillero  i  silletero^  no  son  los  que  fabrican  sillas  de 
montar  i,  sí,  sillas  para  sentarse^  como  lo  prueban  los  dic- 
cionarios (Academia  i  Salva)  que  dicen  mui  claro  en  la 
correspondencia  latina  sellarum  venditor^  artifex.  Equi- 
vocóse pues  el  señor  Cuervo  al  creer  que  podia  llamarse 
silletero  al  que  hace  arreos  para  caballos  i  muías,  i  el  se- 
ñor Isacs  al  escribir  en  el  vocabulario  de  su  ' Mafia: 

«Talabartero. — El  que  fabrica  sillas  de  montar  i  arreos 
para  lo  mismo;  sillero,n 


TALCA,     TALQUINA  (la) 


Talca  es  una  voz  araucana  [tralca)  que  significa  truenoy 
sentido  en  que  la  usan  los  campesinos  de  las  provincias 
meridionales. 

Jugar  a  alguno  la  talquina  es  una  frase  mui  chilena,  que 
equivale  a  traicionarlo  y  engañarlo,  abusar  de  su  confianza. 

«Al  fin  si  el  hombre  abomina 
A  la  mujer  sin  razón 
No  le  cause  admiración 
Si  le  juega  la  talquina.y) 

fGüAJARDO*  —El  mal  marido.) 


TAMAL. 


El  tamal  es  una  de  las  muchas  comidas  que  se  hacen 
con  el  maiz;  i  se'  diferencia  de  la  umita  solo  en  que  se 
prepara  con  maiz  seco. 

En  Lima  llaman  tamal,  según  el  señor  Salvá>  la 
carne  de  cerdo  que  venden  cocida  por  las  calles. 

En  Arequipa  oimos  nosotros  llamar  tamales  a  nuestras 
umitas  las  pocas  veces  que  las  hicieron  de  maiz  fresco, 
pues  lo  común  es  hacerlas  de  maiz  seco^  que  se  remoja 
antes  de  moler. 


450  TEJ 


TAMBORA. 


Tambora  es  para  nuestra  plebe  conio  un  aumentativo  d© 
tambor,  pues  llama  así  a  los  bombos,  grandes  tambores 
que  sirven  de  bajo  en  las  músicas  militares. 


TARDE  PIACHE. 

Véase  una  explicación  del  orijen  de  lá  lucucion  que  he- 
mos puesto  al  frente  de  estas  líneas. 

«¿Era  el  tontiloco  Pollo  crudo  aficionado  a  versos?  ¿Iban 
por  este  desaguadero  sus  disparates?  ¿Provino  de  haberse 
tragado  algún  empollado  huevo,  como  aquel  italiano  que 
dio  orijen  al  refrán  de  tarde  piacheH 

(A.  Fernández  G.  i  Orbe,  nota  a  la  Perinola  de  Que- 
vedo.) 


TARJETERA, 

Tarjetero  es  como  quieren   se  diga  los  diccionarios  der 
la  lengua. 


TASCADOR. 

Ciertas  máquinas  presentadas  a  la  exposición  agrícola 
de  1869  con  este  nombre,  son  propiamente  agramadoras. 
Tascador  es  el  instrumento  con  que  se  separa  la  arista  o 
agramiza  del  cáñamo  agramado;  o  lo  que  se  llama  también 
espadilla. 

TEJEDOR. 

El  Diccionario  de  la  Academia  no  lo  trae  en  la  acepción 
de  intrigante,  hombre  de  dos  caras;  el  de  Salvá^  sí,  pero 
como  provincialismo  americano.  Puede  que  lo  sea;  mas  es 
lo  cierto  que  los  españoles  lo  usaron  en  América  desde- 


TEL  451 

los  primeros  anos  de  la  conquista.  De  tejedores  hablaba  ya 
don  Francisco  de  Carvajal,  como  puede  verse  en  Garcilaso 
de  la  Vega. 

« 

«Acercóse  un  periodista 

A  una  vieja  tejedora: 

— ¿Me  hace  unas  calzas,  señora? 

— Con  gusto  i hasta  la  vista. 

— Pero  ¿cuánto  vale  cada 

— Por  ser  del  oficio,  nada.)) 

(Z.  Rodríguez.) 

Tejer   es  intrigar,    andar   al   mismo    tiempo  en  tratos 
con  dos  bandos  contrarios. 


TELENQUE. 

Por  temblador  y  trémulo,  enclenque,  es  chilenismo  i  mui 
antiguo,  porque  no  es  sin  duda  de  ayer  la  socarrona  copla: 

—  «A  mi  me  llaman  telenque, 
Señor  alcalde  ¿qué  haré? 
— ¡Vaya  Ud.  con  Dios  telenque, 
Que  yo  lo  remediaré!)) 

((Tenia  don  Diego  de  Porras  Telenque, 
Perdone  su  amigo^  sobrada  razón; 
Que  injuriosas  palabras  ofenden 
Amables  que  lleven  dañada  intención.)) 

(Z.  Rodríguez. — El  Cura  de  Petorca,) 


TELERA. 


Llaman  así  los  mineros  de  Atacama  i  Coquimbo  al 
pan  ordinario,  grande  como  de  un  pié  de  largo,  con  que 
diariamente  se  les  raciona.  Es  un  provincialismo  andaluz 
adoptado  en  Chile. 


452  TERR 

TEMBLADERA. 

Suele  decirse  en  lugar  de  tembladero,  tremedal. 
íJe  traversa!  la  plage  de  sable  nu  du  rio  de  Tembladeros, 
— Nota.  —  Tembladeras  ^^  dit  des  sables  mouvans. 

(D'ORBiaNY.  — Foy¿?»7e  dans  VAmérique  Méridionale.) 

TEMBLEQUE. 

Por  trémulo,  como  lo  usamos,  no  existe  en  castellano. 

TENDALADA. 

Chilenismo,  de  significación  mui  semejante  a  la  voz  es-* 
pañola  tendalera,  adescompostura  i  desorden  de  las  cosas 
que  se  dejan  tendidas  por  el  suelo.» 

«Dejando  la  tendalada 
De  godos  en  esos  llanos,  (los  de  Maipo:) 
.Los  que  libraron  huyeron 
Con  su  jefe  don  Mariano 
Para  nunca  mas  volver, 
I  Chile  quedó  en  descanso.» 

(GuAJARDO.-— i?o/wa?2ce  de  su  vida.) 

TEODOLITO. 

Asevera  el  señor  Gormaz  que  debe  decirse  teodolita. 
Efectivamente,  así  lo  trae  Salva;  Domínguez  trae,  empero, 
teodolito:  en  cuanto  a  la  Academia  se  lo  dejó  en  el  tintero. 

Entre  Salva  i  Domínguez  optamos  por  el  último:  1.° 
porque  el  uso  de  la  jente  instruida  está  de  su  parte;  i  2.^ 
porque,  siendo  teodolito  una  palabra  griega  [theodolichos,. 
miro  lejos)  no  hai  motivo  alguno  para  alterar  su  forma 
cambiando  en  a  la  os  final. 

TERRADO. 

Véase  mojinete.. 


TIE  453 


TESTAMENTAHIA. 

l^estatnentaña  es  como  debe  decirse; 

TETERA. 


En  español  tetera  es  el  vaso  en  que  se  hace  la  infusión 
de  té. 

Nosotros  llamamos  también  de  esa  suerte  el  tiesto,  je- 
neralmente  de  cobre  o  fierro,  mas  o  menos  redondo,  con 
asa  encima  i  con  pico  por  uno  de  sus  lados^  que  sirve  pa- 
ra calentar  agua. 

TIEMPLE,    TEMPLAR,    TEMPLADO,    A.. 

Conviene  advertir  acerca  del  uso  de  estos  vocablos: 

4.^  Que  templar  es  regular,  como  que  tiene  por  añn  al 
sustantivo  temple\  i  que  otro  tanto  debe  decirse  de  su  com- 
puesto destemplar.  No  se  diga,  pues:  «Estas  niñas  no  saben 
tocar  la  guitarra,  pero  la  tiemplan  admirablemente  o  el  áci- 
do me  destiempla  los  dientes;  sino,  templari  la  guitarra, 
destempla  los  dientes.» 

2.*  Que  tiemple  es  un  provincialismo  chileno  que  sig- 
nifica amante,  querido,  galán,  i  alas  veces  el  amor  o  afi- 
ción que  dos  amantes  se  tienen,  en  cuyo  caso  es  casi  si- 
nónimo de  camote. — «¡Bravo  capitán!  toda  la  noche  ha 
bailado  con  la  hija  del  gobernador. — ¡Fina  observación,  mi 
señor  don  Simplicio!  ¿no  sabe  Ud.  que  están  diQ  tiemples? 
o  no  sabe  Ud.  que  hai  entre  ellos  un  tiemple  furioso?» 

3.®  Que  templado,  a,  equivale  a  enamorado,  i  también 
a  propenso  a  enamorarse.  «Don  Alonso  no  deja  salir  sus 
niñas  ni  a  la  puerta  de  la  casa;  i  hace  bien.  ¡Si  son  tan 
templadas!)) 

Parece  que  este  templado  fuese  un  provincialismo  an- 
daluz, en  cuyo  caso  deberla  creerse  lo  mismo  de  tiemple. 

üAsina  te  quiero  perla, 
Mu  corriente  i  mu  templáh 

(Ramón  Franquelo. — Cuentos,  mentiras  i  exageraciones, 
andaluces . — U7i  Juramen  to . ) 


454  TIR 


TIENDERO. 


La  persona  que  tiene  tienda  o  vende  en  ella  por  me- 
nor, no  es  tienderOy  como  dicen  tantos,  sino  tendero,  como 
quieren  las  reglas  de  la  derivación.     ^ 


TIMBIRIMBA. 

Chilenismo,  por  juego  de  azar,  especialmente  con  los 
naipes. 

«A  una  comida  se  seguía  un  baile,  al  baile  las  mucha- 
chas, a  las  muchachas  el  almuerzo^  al  almuerzo  la  timbi- 
rimba, hasta  que  al  fin  i  al  cabo  el  aceite  faltó  a  la  lám- 
para, que  por  cierto  no  era  la  maravillosa  de  Las  mil  i 
una  noches. yy 

(JoTABECHE. — Los  descubridores  de  Chañar  cilio.) 

También  es  usado  en  el  Perú, 

(cFrai  Norberto  que  en  estas  materias  no  estaba  por  lo 
relijioso,  exclamó:  No  señor!  ¡estudios  mayores!  la  timbi- 
rimba! ¡un  montecito!» 

(Felipe  Pardo.— ^/  Espejo  de  mi  tierra») 


TINTERILLO» 

Provincialismo  chileno,  o  mas  exactamente  americano,, 
que^  sin  ningún  mérito  de  su  parte,  ha  venido  a  suplantar 
a  los  vocablos  tan  expresivos  rábula  i  leguleyo,  que  sirven 
en  español  para  designar  a  los  abogados  de  guardilla^ 
como  los  llaman  en  España^  i  a  los  que  sin  título  oficial 
se  ocupan  en  defender  pleitos. 

TIRANTEAR,     TIRANTEO. 

Estirar  el  hilo  con  que  se  sujetan  las  cometas  para  que 
se  remonten.  La  acción  i  efecto  de  tirantear  se  llama  ti- 
ranteo. 


TOO  455 

«Entonces  con  precaución 
Le  doi  un  buen  tiranteo, y) 

[Décimas  del  Volantín. ) 
En  castellano,  tirantear  es  tirar,  i  tiranteo,  tirada. 

TIRILLENTO. 


Chilenismo  que  significa  el  que  anda  vestido  de  tiras  o 
nndrajos.  Es  derivado  de  tirilla^  palabra  que  en  los  labios 
del  vulgo  es  a  poco  mas  o  menos,  chilpe,  trapo  viejo,  roto 
i  comunmente  sncio. 


TIROS. 


Las  correas  asidas  a  las  guarniciones^  con  que  los  ca- 
ballos tiran  el  coche,  se  llaman  tirantes,  que  no  tiros  como 
se  dice  en  Chile. 


Tocayo. 

El  señor  Vicuña  Mackenna  dice  en  su  Historia  de  Sari" 
tiago  que  esta  voz  no  es  mas  que  la  mejicana  indíjena  to^ 
calt  castellanizada;  i  su  equivocación  es  de  marca  mayor> 
como  que  basta  abrir  el  Diccionario  de  la  Academia  para 
leer:  «Tocayo,  ya:  m.  i  f.  Cualquiera  persona  respecto  de 
otra  u  otras  que  tienen  su  mismo  nombre.» 

El  error  del  señor  Vicuña  provino  sin  duda  de  haber 
visto  en  el  Diccionario  de  Salva  que  tecale  i  tecali  son 
provincialismos  mejicanos,  i  olvidado  después  que  lo  que 
ellos  significan  es  «una  especie  de  mármol  blanco  mui 
trasparente  de  que  se  hacen  vidrieras  para  las  ventanas 
como  de  la  alabastrina.» 

Nuestro  tocayo  nada  tiene  que  ver  con  eso;  es  de  buena 
cepa  vascuence,  como  puede  verse  en  el  Diccionario  etimO" 
lójico  de  Monlau,  páj.  Ül. 


456  TOD 


TOCINO. 


Llaman  en  Chile  el  lardo,  lo  gordo  del  tocino\  pero  no 
la  carne  del  puerco  que  también  se  llama  tocino  en  espa- 
ñol, i  que  nosotros  decimos  carnéele  chancho. 

Lo  castizo  i  lo  mas  claro  seria  llamar  a  la  gordura  lar- 
do,  i  a  la  carne  de  puerco,  salada  o  nó^  tocino. 


TOCUYO. 


Por  la  tela  burda  de  algodón  es  un  americanismo  que 
trae  su  oríjen  de  la  villa  del  mismo  nombre  de  Vene- 
zuela en  la  cual  se  hacia  el  tocuyo. 

TODAVÍA. 

ftTita  Cusí  era  todavía  hermano  de  Sairi  Tupac,  sucesor 
inmediato  de  Manco.» 

(Miguel  L.  Amunátegui. — Un  Mártir,  Ferrocarril ,  marzo 
15  de  1864.) 

En  este  ejemplo  está  todavía  por  ademas,  acepción  que 
le  han  dado  últimamente  los  galiparlistas,  traducien- 
do el  encoré  francés;  i  es  palabra  socorridísima  en  tal  sen- 
tido en  los  editoriales  de  algunos  diarios  i  en  los  discur- 
sos de  ciertos  diputados. 

TODO. 

La  locución  tan  común  en  Chile,  son  tantos  en  todo,  no 
es  caztiza.  El  uso  de  la  jente  ilustrada  exije  que  se  diga 
son  tantos  por  todo. y) 

«¿Cuánto  por  fin? — Cien  onzas  en  todo,  leo  en  una  nove- 
la, no  siendo  sino  cien  onzas /;or  todo.y) 

(Baralt. — Diccionario  de  Galicismos,  voz  en.) 

aCent  ecits  en  tout. — Cien  escudos  por  todo,^^ 

(Capmany.— ^r/e  de  traducir.) 


TOM  457 

iiPevo  advertid  que  en  sujeto  dó  numerar  suélese  con- 
servar la  preposición  por  (en  lugar  de  la  en)  si  fuere  con 
la  palabra  todos:  v.  gr.  «son  po/'  iodos  ochocientos  i  vein- 
ticinco reales.)) 

(Garcés. — Fundamento  del  vigor  i  elegancia  de  la  lengua 
castellana.) 


%  TOLDO. 

No  llamamos  de  otra  manera  el  fuelle  de  algunos  ca- 
rruajes. 

TOMAR,   ADURA,    ADOR. 


Tomar  en  una  de  sus  acepciones  equivale  a  beber. 

Tomador  es  el  que  toma. 

Tomadura  es  la  acción  de  tomar  o  porción  que  se  ha 
tomado. 

En  Chile  el  vulgo  i  algunos  que  se  considerarían  agra- 
viados si  en  el  vulgo  los  incluyésemos,  no  lo  entienden  así. 
Para  ellos  tomar,  es  beber  algún  licor  fermentado,  alco- 
hólico; tomador  el  bebedor,  i  tomadura,  borrachera,  em- 
briaguez. 

«Llegaron  los  indios  i  principió  la  tomadura.yy 

(G.  E.  Cox.  —  Viaje  ala  Patagonia.) 

Tomadura  está  aquí  por  borrachera. 

Tener  buena  o  mala  tomadura,  es  tener  blanda  0  terri- 
ble condición  el  borracho  bajo  la  influencia  del  licor. 

«Es  cierto  también  que,  cuando  aquel  desgraciado  (Flo- 
rín) exitaba  su  sangre  con  el  alcohol^  como  sucede  a  mu- 
chos, lo  que  se  designa  con  la  expresión  indíjena  de  mala 
tomadura,  se  convertía  en  una  fiera.)) 

(Vicuña  Máckenna. — Diego  Portales.) 

«Ciíando  estábamos  en  el  Calenfú  los  pehuenches,  es- 
peraban con  impaciencia  la  llegada  de  estos  insaciables 
tomadores. y) 

(G.  E.  Cox. — Viaje  a  la  Patagonia.) 


458  TOM 


TOME. 


Eá  una  especie  de  totom  menos  flexible  que  la  que  s^ 
designa  con  este  nombre;  por  eso  es  que  mientras  la  pri- 
mera sirve  para  techar  ranchos  i  hacer  los  aparejos  de  lag 
mulas^  la  segunda  se  emplea  en  amarrar  las  viñas,  en  tra- 
bajar esteras,  sopladores,  (a  la  española  aventadores)  asien- 
tos de  sillas^  etc. 

Las  voces  castellanas  correspondientes  a  nuestros  chile- 
nismos, son  juncia  i  espadaña, 

«De  ella  resulta  que  el  rancho  o  tome  de  los  temblores 
(i  este  último  nombre  venia  de  la  especie  de  paja  con  que 
se  cubria)  estaba  completamente,  etc.» 

(Vicuña  Mackenna — Historia  de  Santiago.) 

«Subí,  pues,  pensando  esto  ala  carreta,  contentísimo, 
después  de  las  niñas,  i  me  coloqué  en  la  boca  posterior  del 
carro  sobre  una  banquilla  de  totora.y) 

(Z.  Rodríguez. — Loco  Eustaquio.) 

Totora  viene  del  quichua  tutura,  junquillo,  i  es  de  uso 
corriente  en  el  Perú  i  en  la  Arjentina: 

«De  playas  sobre  todo  moradora 
Pues  pueblas  su  pelada  superficie 
Anidada  talvez  en  la  molicie 
De  sus  ralos  mechones  de  totora.^^ 

(Juan  de  Arona. — Poesías  peruanas.) 

'Juncos,  espadañas,  totoras,  cardas 

(Sastre. — El  Tempe  Arj entino.) 

«Quien  el  desierto  albergue  trastornando 
En  término  mas  breve  que  una  hora 
Cargado  vuelve  i  crespo  de  totora 
Do  están  los  caraaradas  aguardando.» 

(Oña. — Arauco  domado.) 


TOR  459 


TOPEAR. 


En  castellano  hai  topar  i  topetar ^  pero  no  topear. 

Topar  por  encontrar,  hallar,  es  muí  usado  en  Chile 
entre  la  jente  intonsa,  que  lo  emplea  bien,  sin  embargo, 
porque  así  lo  han  usado  desde  Cervantes  abajo  los  mejores 
escritores  peninsulares. 

Topear  es  entre  f/iiasos  i  lachos  de  a  caballo,  sinónimo 
de  pechar:  (véase  este  verbo.) 

Topada  es  en  español  topetada,  morocada,  (de  los  car- 
neros) amurco  (de  los  toros.) 

«Pero  sobretodo  estaba  bien  con  Reynaldos  de  Mon- 
talvan  i  mas  cuando  le  veia  salir  de  su  castillo  i  robar 
cuantos  topaba. n 

(Cervantes. — Quijote.) 

E\  capítulo  XV  de  la  primera  parte  de  la  obra  citada 
tiene  por  título:  «Donde  se  cuenta  la  desgraciada  aven- 
tura QUE  SE  topó  D.  Quijote  en  topar  con  unos  desalma- 
dos yangüenses.» 

«A  la  entrada  de  Alcalá  el  primero  con  quien  topó  fué 
un  estudiantico  de  Victoria.» 

(Rivadeneira. —  Vida  de  San  Ig?iacio.) 

Erró  por  tanto  el  señor  de  Arona  al  subrayar  topes  en 
el  siguiente  pasaje  de  sus  Poesías  peruanas: 

«¡Anda  con  Dios!  ojalá 
Que  en  trabajar  te  desveles, 
I  que  por  mas  que  trabajes 
Nunca  topes  con  la  suerte!» 

Lo  mas  que  podria  sostenerse^  apoyándose  en  la  autori- 
dad de  Hermosilla,  es  que  toparen  el  dia,  en  la  aeepcion 
de  encontrar,  es  voz  poco  cuita. 

toro  o  torito. 


Es  chilenisimo  que  usa  el  vulgo  para   nombrar  una    es- 
pecie de  bastidor  de  lona  u  otra  tela  que  sirve  a  los  ven- 


460  TRA 

dedores  de  las  faenas,  minerales  i  otros  lugares  para   res- 
guardarse del  sol. 


TORREJA. 

Llaman  así  en  Chile  lo  que  en  España  se  llama  lu- 
quete. 

El  señor  Gormaz  corrije  tomja\  pero  corrije  mal,  por- 
que esta  voz  significa  rebanada  de  pan  con  virio  i  no  es 
esa  la  acepción  chilena  de  torreja. 

TOTORA. 


Véase  tome.    Salva  dice  equivocadamente  tortora. 

TRACALADA. 

«Ocurosn  en  autores  antiguos»  dice  el  señor  Cuervo,  avo- 
ces  que  no  aparecen  en  los  diccionarios  i  podria  asegu- 
rarse que  no  están  vijentes  en  España,  i  sinembargo  por 
acá  se  oyen  a  cada  paso.... Hemos  llegado  a  sospechar  que 
nuestro  tracalada,  (nuestro  también,)  muchedumbre,  cá- 
fila, es,  cercenada  la  primera  sílaba,  q\  matracalada  de  que 
usa  Quevedo  en  el  lugar  siguiente,  i  que  no  hallamos  en 
ninsTun  diccionario: 


O' 


«Solo  para  vencer  a  Carlos  Magno 
Con  tal  matracalada  a  Paris  baja.» 

[Necedades  de  Orlando.) 


TRAICIONERO,  A 

El  señor  Cuervo  incluye  esta  voz  entre  las  muchas  que, 
habiendo  caido  en  desuetud  en  España,  son  mui  usadas 
en  América;  i  parece  ^consejar  que  la  reemplacemos  por 
traidor.  A  nuestro  humilde  juicio  seria  lástima,  porque,  no 
siendo  indéntica  la  significación  de  ambas  con  suprimir 
una  empobreceríamos  la  lengua.  En  efecto,  traidor  es 
el  que  comete  traición  en    un  caso    dado,  i  traicioiiero  el 


TRA  461 

que  tiene  el  hábito  de  ofender  traidoramente,  con  alevosía; 
traidor  es  el  que  traiciona  a  su  patria,  a  su  partido;  trai- 
cionero el  que  asecha  oculto  a  su  enemigo  i  lo  ataca  por 
la  espalda. 

Si  pues  las  dos  voces  son  castizas  i  útiles  16  mas  acerta- 
do parece  conservarlas  a  las  dos. 

TRAJINAR. 

Véase  soplarse. 

TRANCA. 

Es  provincialismo  chileno  i  arj entino  por  embriaguez, 
borrachera. 

aEs  decir  los  que  no  tienen 
Mujer,  desgracia  que  vienen 
Con  la  tranca  lamentando.» 

(AscÁsuBi. — La  Indiada.) 

TRANQUERO. 

Llamamos  una  especie  de  rústicas  puertas  que  se  ha- 
cen clavando  dos  postes,  con  agujeros  equidistantes,  por 
los  cuales  se  pasan  tres  o  cuatro  trancas  para  impedir  la 
entrada  i  salida  a  los  animales  en  las  dehesas. 

En  el  Perú  se  dice  tranqueray  que  es  voz  española,  aun- 
que no  en  nuestra  acepción. 

«Aunque  en  su  curso  desigual  la  acequia 
Con  el  bebedor  sauce 
Que  vive  de  su  cauce 
Mucho  utensilio  rústico  te  obsequia, 
Pues  este  amigo  del  acuátil  jugo 
Presta  al  arado  yugo, 
Tranqueras  al  potrero 
I  garabatos  i  ásperos  sillones 
Al  animal  carguero,»  etc. 

(Juan  de  Arona. — Poesías  peruanas.) 


462  <  TRA 


TRANSAR, 


Este  verbo  que  anda  en  boca  de  todos  los  habitantes 
de  nuestra  tierra  no  existe  en  castellano;  ni  los  que  lo 
inventaron  tuvieron  en  su  abono  aquello  de  que  la  nece- 
sidad carece  de  lei,  pues  maldita  la  falta  que  hacia  exis- 
tiendo ya  traiisijir. 

Transacciun  sí  que  existe;  pero  como  acabamos  de  es- 
cribirlo con  dos  ce,  i  no  con  una,  que  es  como  escriben  al- 
gunos i  pronunciamos  casi  todos. 

«Participó  también  que  con  el  fin  de  transijir  los  asun- 
tos de  Venezuela  habia  propuesto  a  Páez  una  entrevista 
en  la  ciudad  de  Mérida.» 

(Baralt  i  Dikz.'—Mesúmen  de  ¿a  Historia  de  Ve7iezuela.'j 

TRAPICHE. 

Según  el  Diccionario  de  la  Academia^  trapiche  es  el  in- 
jenio  pequeño  donde  se  trabaja  el  azúcar. 

Parece  que  en  el  Perú  llaman  trapiches  a  los  molinos 
para  moler  la  caña  de  azúcar.  Leemos  en  una  nota  de  las 
Poesías  Peruanas  tantas  ve«es  citadas: 

«Suspendida  la  molienda  en  las  haciendas  de  Cañete 
durante  dos  o  tres  meses  del  invierno,  mas  por  atender  a 
reparaciones  del  fundo  i  en  particular  de  las  oficinas,  i 
mas  que  nada  por  limpiar  el  cauce  de  la  acequia  conduc- 
tora del  motor  de  casi  todos  sus  trapiches,))  etc. 

En  Chile,  donde  no  tenemos  cañas  que  moler,  llamamos 
trapiche  el  molino  destinado  a  pulverizar  los  minerales. 
Dichos  molinos  se  componen  de  dos  piedras  jiratorias  i 
una  firme  nombrada  solera,  si  bien  los  hai  también  con 
una  sola  piedra  jiratoria  i  la  solera, 

TRAPOS. 


Comerciar  en  trapos  es  una  frase  que  los  que  en  eso  se 
ocupan,  por  decoro  propio  i  de  la  lengua,  debieran  sosti- 
tuir  por  comerciar  en  jéneros. 


TRA  463 


TRASBOCAR. 

Acerca  de  este  verbo,  tan  de  moda  en  Chile,  dice  el 
señor  Cuervo: 

((Innecesario  sobre  poco  analójico  nos  parece  trasbocar 
por  vomitar,  revesar.  No  habria  inconveniente,  ya  que  lo 
han  formado  nuestros  paisanos^  en  que  significase  comer; 
todo  está  en  el  lado  por  donde  se  considere  la  cosa.» 

TRASTABILLAR. 

Provincialismo  que,  si  no  nos  engañamos,  es  corriente 
eíi  toda  la  América  española,  i  que  equivale  a  tartalear,  tl^ 
tutear j  trope:¿ar  hasta  casi  caer,  hacer  eses,  etc. 

((De  suerte  que  se  enrede) 
De  las  polleras  tan  fiero 
Que  medio  trastabilló .^> 

(AscÁsüBi.) 

TRASTE. 

Dígase  trastos  por  los  muebles  o  utensilios  que  sirven 
para  el  adorno  i  servicio  de  las  casas;  como  sillas,  espejos, 
etc.  Dícese  especialmente  de  los  viejos  o  inútiles. 

TRASTORNAR. 

En  Chile  todo  lo  botamos  i  volteamos,  olvidándonos  de 
Jos  modos  mas  propios  de  decir:  así  botamos  una  botella, 
un  salero,  una  mesa,  etc.,  teniendo,  a  mas  de  trastornar ^ 
a  volcar  i  tumbar. 

(d  diciendo  i  haciendo  subió  por  la  redoma  i  la  trastor^ 
"ló  i  salió  fuera.» 

(QuEVEDO. — Visita  de  los  chistes.) 

«Un  salero  volcó  sin  repararlo.» 
(El  duque  de  Rívas.— £"/  Moro  Expósito.) 


464  TRI 


TRAVESES  DE  DEDO. 

Es  una  expresión  que  apuntamos  porque  puede  ser  útil 
a  aquéllos  que,  acostumbrando'medir  por  dedos,  no  acier- 
tan a  darse  a  entender  sino  por  señas,  pues  el  que  oye 
ignora  si  los  dedos  lian  de  tomarse  a  lo  largo  o  al  través. 

«Sea  (la  corbata)  por  otra  parte  mui  estrecha  o  baja, 
como  de  dos  o  tres  traveses  de  dedo  a  lo  mas.» 

(MoNLAU. — Elementos  de  Hijiene  privada.) 

TRENZARSE. 

Por  tomarse  cuerpo  a  cuerpo,  a  brazo  partido,  es  pro- 
vincialismo chileno,  si  bien  solo  usado  del  vulgo. 

«Una  condenada  vieja 
Se  trenzó  con  un  maldito, 
I  otro  diablo  pequeñito 
Se  le  pegó  de  una  oreja./) 

(GuAJARDO. — Los  grandes  diablos.) 

TRINCA. 

Es  chilenismo  denotando  un  juego  de  muchachos  que 
consiste  en  meter  en  un  hoyo  abierto  en  el  suelo,  nueces, 
bolitas  de  piedra,  botones,  etc.  Su  nombre  español  es 
hoyuelo. 

Véase  a  la  trinca. 

TRINCHE. 

Dígase  trinchante  por  el  tenedor  que  usamos  para  afian- 
zar el  asado  a  fin  de  cortarlo. 

trniTre. 

En  araucano  thinthi  es  crespo.  Trintre  en  el  uso  del 
vulgo  también  lo  es,  aunque  se  aplica  solamente  a  las  aves 
domésticas  que  tienen  las  plumas  crespas. 


TRÜ  4t5o 

Juan  Trintre  es  el  nombre  de  uno  de  los  principales  ca- 
ciques   que   existen  actualmente  en  la  Araucanía. 


TRIPA    GORDA. 

Es  como  la  jente  que  sabe  poco  de  castellano  i  de  aná^ 
tomia  llama  al  intestino  recto  o  simplemente  al  recto, 

TRIPULINA. 

No  existe.  Por  la  bulla  o  riña  dígase  tremolina. 

TROMPÓN,   TROMPEAR. 

Es  aumentativo  de  trompo,  no  como  se  imajinan  muchos 
de  nuestros  paisanos,  bofetada,  puñada,  bofetón. 

c(A  persona  no  pregunté  que  no  me  socorriese  con  una 
puñada  o  bofetón. y) 

[Guzman  de  Aifarache,) 

El  Diccionario  de  Salva  trae  trompada  (puñada)  i  troyn- 
pear  (dar  de  bofetadas)  como  provincialismos  mejicanos. 

TROPA. 

Es  provincialismo  chileno-arjentino  en  la  acepciort  de 
recua, 

TRUxMAO. 

Llaman  así  en  las  provincias  del  Sur  una  tierra  mui  del- 
gada i  arenisca.  Es  la  misma  explicación  que  da  el  padre 
Febres  en  su  Calepino  de  la  voz  araucana  thumaug/i. 

^  TRUTRO. 

El  muslo  de  las  aves,  especialmente  después  de  muertas 
i  guisadas.  También  esta  voz  es  de  oríjen  indíjena,  pues  en 
araucano  tute  es  el  cuadril. 


466  TUT 


TULA. 


Ignoramos  si  fuera  de  Chile  hai  algún  país  de  habla  cas- 
tellana en  que  familiar  i  cariñosamente  se  llame  Tulas  a 
las  mujeres  que  en  la  pila  bautismal  recibieron  el  nom- 
bre de  Jertrúdis. 


TUNANTEAR. 

No  existe;  su  equivalente  castizo  es  tunar. 

TUPIDO. 

Se  usa  entre  el  vulgo  como  adverbio,  i  entonces  lleva 
el  valor  de,  frecuentemente ^j:on  insistencia  o  abundancia, 

«Bebia  con  todo  el  mundo 
Pues  jamás  llenó  de  vino 
La  panza  grande  i  sedienta 
Aunque  le  echaba  tupido.y> 

(Huérfano.) 

TUSA. 

Por  la  crin  del  caballo  recortada  con  tijera  es  chilenismo. 

Tusar  es  anticuado  en  España  donde  se  dice  atusar.  Por 
acá  solo  uno  que  otro  lechuguino  se  atusa  los  bigotes,  a 
se  los  deja  atusar  por  el  barbero  (en  estilo  corriente,  pe- 
luquero.) 

TUTURUTÚ. 

Sin  duda  ninguna  que  esta  palabra  es  de  oríjen  qui- 
chua. Desgraciadamente  no  hemos  podido  hallarla  en  los 
diccionarios  que  tenemos  a  la  mano.  Se  usa  entre  el  vul- 
go por  tercero  y  alcahuete. 


u 

ULERO. 

Llaman  asi  las  cocineras  de  nuestra  tierra  un  palito  la- 
brado, de  forma  cilindrica,  que  les  sirve  para  reducir  a 
hojas  la  masa  de  las  empanadas  i  otras  frutas  de  sartén. 

¿De  dónde  se  deriva  ulero?  Indudablemente  de  lulo  (véa- 
se esta  voz)  la  cual,  según  queda  ya  dicho,  viene  del  qui- 
chua lliilluy  pimpollo  j  varilla. 

Ulero  en  español  es  rodillo  de  pastelero  o  simplemente 
rodillo. 


ULPO. 

Véase  chércan. 

Algunos  que  la  echan  de  conocedores  de  la  lengua  arau- 
cana escriben  hulpo\  i  escriben  mal,  porque  la  h  no  tiene 
sonido  alguno,  i  porque  los  autores  de  vocabularios  de  ese 
idioma  han  escrito  siempre  ulpu,  ulpud,  ullpud, 

(fl  dice  entonces,  no  hemos  cenado, 
Tengo  hambre,  padre,  i  mucho  frió 
Mi  madre  dice  que  no  hai  zapallo 
I  ulpo  no  ha  hecho  porque  no  hai  trigo.» 

(Z.  Rodríguez. — La  Manta  delJornalero,) 

UMBRALADO. 

La  tabla  de  madera  o  escalón  de  piedra  contrapuestos  al 
dintel  sobre  los  cuales  se  cierran  las  puertas  se  llama  en 


468  UMI 

f^spañol  umbral.  Entre  albañiles  i  arquitectos  también  la 
viga  que  se  pone  encima  de  puertas  i  ventanas  para  afian- 
zar éstas  i  asentar  encima  los  adobes  o  ladrillos  de  la  pa- 
red. En  esta  última  acepción  dicen  en  Chile  i  en  varios 
otros  paises  americanos  umbralado. 

Dintel  por  umbral^  especialmente  en  sentido  figurado, 
es  un  disparate  que  se  oye  a  cada  triquitraque. 

UMITA» 

Del  quichua  hummita,  bollito  de  harina  de  maíz,  en* 
vuelto  en  hojas  de  choclo  [chalas)  i  cocido  en  agua  o  asa- 
do en  el  rescoldo. 

Entre  las  comidas  con   que  la  cocina  indíjena  enrique- 
ció a  la  española  criolla  ninguna  hai  que  aventaje  a  las  umi- 
tas (pues  en  este  diminutivo  hemos  trasformado  el  orijinal 
hummita)  ni  por  su  exquisito  sabor,   ni  por  la  antigüedad 
de  su  oríjen.    Las  umitas,    aunque    sin  el    azúcar  de   las 
nuestras,  eran  el  pan  de  los  indíjenas  en  Tierra  Firme  a  la 
llegada  de  los  españoles,  si  hemos  de  creer  al  famoso  his- 
toriador Oviedo  i  Valdes,  quien  en  el  capítulo  IV  del  Suma- 
rio de  la  natural  historia  ele  las  Indias,  da  sobre  aquéllas  la 
siguiente  curiosa    noticia:     c(Las  indias  especialmente    lo 
muelen  (el  maiz)  en  una  piedra  algo   concavada  con   otra 
redonda  que  en  las  manos  traen,  a  fuerza  de  brazos,  como 
suelen  los  pintores  moler  las  colores  i  echando  de  poco  en 
poco,  poca  agua,    la  cual   así   moliendo  se  mezcla  con  el 
maiz  i  sale  de  allí  una  manera  de  pasta  como  masa,  i  to- 
man un  poco  de  aquello  i  envuélvenlo  en  una  hoja  de  yer- 
ba que  ya  ellos  tienen  para  esto  o  en  una  hoja  de  la  caila 
del  propio  maiz  u  otra  semejante,  i  échanlo  en  las  brasas, 
i  ásase  i  endurécese  i  tórnase  como  pan  blanco,  i  hace  su 
corteza  por  desuso,  i  dentro  de  este  bollo  está  la  miga  algo 
mas  tierna  que  la  corteza;  i  hase  de   comer  caliente  por- 
que estando  frió  ni  tiene  tan  buen  sabor  ni  es  tan  bueno 
de  mascar,  porque  está  mas  seco  i  áspero.    También  estos 
bollos  se  cuecen,   pero  no  tienen  tan  buen   gusto;   i   este 
pan  después  de  cocido  o  asado   no  se   sostiene   sino    mui 
pocos  dias,  i  luego  desde  a  cuatro  o  cinco  dias,  se  mohecd 
\  no  está  de  comer.» 


UTO  469 


USTEDES. 

Curiosísimo  provincialismo  chileno  (o  americano)  es  el 
jjlural  del  pronombre  personal  tú.  Los  padres  llaman  a  sus 
liijos  i  los  amos  a  sus  criados  (tuteándolos)  ustedes.  Los 
hermanos  i  amigos  de  mayor  confianza,  que  en  singular  se 
dicen  tú,  en  plural  serán  siempre  ustedes.  En  España  ese 
ustedes  es  naturalmente  vosotros. 


UTOPIA. 

Del  griego  ii  (no)  i  topos,  (lugar),  en  ningima  parte,  ima^ 
jinario. 

¿Donde  lleva  el  acento  esta  palabra?  El  Diccionario  de 
la  Academia  autoriza  utopia  i  utopía.    También  el  uso  es 

vario. 

c< El  alma  crea 

De  la  belleza  la  divina  idea 

En  los  objetos  que  la  mente  acopia 

I  hace  del  mundo  una  encantada  utópia*y> 

(Bello.— J^;^  el  Álbum  de  Z>/  Josefa  Reyes.) 

<(E1  artesano  aquí  sin  esa  embrolla 
Que  exalta  i  fanatiza  al  de  Lutecia 
Su  pitanza  asegura,  i  no  en  su  cholla 
Hierve  tanta  utopía  horrible  i  necia.» 
»  {Bretoi:^.  ^Desvergüenza.) 


VACIAR. 


Por  ser  tantos  los  que  yerran  al  usar  este  verbo  en  la 
conversación  familiar,  advertimos  que  se  conjuga  yo  vácioy 
tú  váciaSy  él  vacia  etc.  i  no  yo  vaceoy  tíi.vaceas,  él  vacea. 


VAGOROSO. 

El  uso  de  este  adjetivó  es  achaque  de  los  poetas  recien 
sacados  por  Minerva  de  mantillas.  Acudir  a  él  lo  menos 
posible  seria  lo  mejor;  pero  si  no  se  puede  resistir  a  la 
tentación  dígase  al  menos  como  manda  el  Diccionario,  va- 
garoso. 

Véase,  para  muestra  este  pasaje  que  no  es  ni  de  un  co- 
plero ni  de  un  americano;  pero  en  el  cual  el  pecado  puede 
ser  muí  bien  del  cajista: 

«Al  pasar  por  los  límpidos  espejos 
Como  los  sueños  en  tropel  vistoso 
Las  imájenes  doblan  los  reflejos, 
Arrebolando  el  aire  vagoroso.y) 

(Campoamor. — El  Baile.) 

VALDIVIANO. 

Nombre  de  una  comida  chilena  que  se  hace  de  charqui 
machacado,  i  agua  caliente.  Suele  añadírsele  cuando  se  en- 


472  VAL 

cuentran  a  la  mano  un  poco  de  cebolla  picada  i  otro  poco 
de  ácido  de  naranja. 

Véase  como  explica  el  señor  Vicuña  Mackenna  en  su 
Historia  de  Santiago  el  oríjen  del  guisado  i  de  la  palabra. 
«El  uso  del  valdiviano  proviene  del  rancho  que  se  daba 
a  la  guarnición  de  Valdivia  i  que  hacia  parte  del  real 
situado.  Como  no  habia  carne  en  aquellas  localidades_,  el 
primero  de  cada  mes  se  distribuia  a  la  guarnición  i  hasta 
a  los  empleados  superiores  su  ración  de  charqui  traido  de 
Valparaiso,  i  como  el  modo  mas  sencillo  de  prepararlo  fue- 
ra el  cocerlo,  los  soldados  lo  condimentaban  de  esa  suerte. 
De  aquí  el  nombre  de  valdiviano  que  está  hoi  desterrado 
de  Valdivia,  donde  se  le  conoce  solo  de  nombre,  pues  ha 
sido  un  hijo  pródigo  de  la  provincia.» 


VALORIZAR. 

Ni  lo  traen  los  diccionarios  de  la  lengua  ni  recordamos 
haberlo  visto  usado  por  algún  escritor  de  nota.  Sinembar- 
go,  el  Diccionario  español-inglés  e  inglés-español  de  Seoan- 
ne,  correjido  i  aumentado  por  Velázquez  de  la  Cadena,  lo 
trae  como  provincialismo  mejicano  i  como  sinónimo  de 
valorar  i  valuar\  también  según  los  casos  podrá  reempla^ 
zarse  por  tasar  o  justipreciar, 

VALSE. 

Dice  el  señor  Gormaz  que  no  existe  i  que  debe  pronun* 
ciarse  i  escribirse  vals. 

No  hai  duda  que  vals  es  como  escribe  la  Academia  con  la 
mayoría  de  los  buenos  escritores  españoles.  Con  todo,  no 
nos  atreveríamos  nosotros  a  reprobar  la  práctica;  casi  je- 
neral  en  América,  de  acomodar  la  voz  a  la  índole  de  la 
lengua,  agregándole  una  e  tinal. 


«Lola  en  la  festiva  tropa 
Va,  viene,  revuelve,  jira; 
Valse!  cuadrilla!  galopa! 
No  descansa;, jio  respira.» 

(Bello. ~La5  Fantasmm.) 


VEL  473 

VAQUEÁNO.' 

Véase  baqueano, 

VAREJÓN,   VAREJONAZO. 

Llamamos  varejones  las  varillas  de  los  árboles,  (en  espa- 
ñol verguetas)  i  varejonazos  los  golpes  dados  con  ellas. 
Tal  modo  de  expresarse  es  impropio:  las  varitas  o  ramos 
delgados  se  llaman  en  castellano  vardascas  i  los  golpes 
dados  con  ellas  vardascazos. 

Varejón  es  la  vara  larga  i  gruesa,  i  varejonazo  el  golpe 
que  se  da  con  ella. 

((Emparejó  con  él  un  hombre  que  venia  de  hacia  Ochan- 
diano,  arreando  con  una  verdasca  un  cerdo  muí  gordo  i 
hermoso.» 

(Trueba.— Zííí  Changas,) 


VEGA. 

Llamamos  en  Chile  vegas  los  terrenos  pantanosos  que^ 
por  su  excesiva  humedad,  son  impropios  para  el  cultivo; 
terrenos  que  se  llaman,  si  no  estamos  engañados,  puquia- 
¿es  en  el  Perú,  i  marjales  en  España. 

Lo  que  llaman  vega  en  la  Península  no  hai  necesidad 
de  declararlo;  bástanos  con  recordar  la  tan  famosa  vega 
de  Granada. 


VELAI. 

Contracción  de  vedlo  ahí.  Es  usado  en  algunas  de  las 
provincias  del  Sur  de  Chile  i  mucho  mas  en  la  República 
Arj  entina. 

En  el  Perú  dicen  catai  en  el  mismo  sentido. 

En  Colombia,  según  el  vocabulario  agregado  por  el  se- 


474  VEL 

ñor  Isaacs  a  su  novela  Maria,  velai  es  interjecion  de  ex- 
trañeza. 

uVelai  mate,  apúrelo, 
Velai  otro  cimarrón » 

(ASCÁSÜBI.) 

(kjCatai  el  Misti!  exclamó  el  mozo,  señalando  con  el 
dedo  hacia  el  Norte  i  saludando   en  seguida  al  tambero.y> 

(Z.  Rodríguez. — Arequipa.) 

VELAS    ESTERINAS. 

¿Cómo  se  llaman  las  velas  que  conocemos  con  el  nombre 
de  esterinas  o  estearinas'^.  Ninguno  de  estos  dos  adjetivos 
viene  en  los  diccionarios.  Talvez  provenga  ello  de  la  cir- 
cunstancia de  haberse  introducido  mui  recientemente  el 
uso  de  las  dichas  velas  en  España. 

Mientras  no  tengamos  mas  luz  sobré  el  asunto  nos  aten- 
dremos a  la  autoridad  de  Monlau,  quien  escribió  en  sus  Ele- 
mentos de  hijiene  privada: 

«Sinembargo,  .el  sebo  en  cierto  estado  (velas  eteáricas) 
no  tiene  ninguno  de  los  inconvenientes  que  acabamos  de 
enumerar.» 

VELÓN. 

Decimos  por  la  vela  grande,  i  decimos  mal,  por  que  lo 
que  velón  significa  es  una  especie  de  candelero  para  las  lu- 
ces de  aceite. 

«Un  velón  puesto  en  una  palmatoria  cuya  base  se  baña 
en  el  agua  de  una  palangana  colocada  en  el  medio  del  co- 
medor.» 

(Blest  Gana.— ^/  ideal  de  un  calavera*) 

VELORIO. 

Como  sinónimo  de  velación,  es  un  provincialismo  ame- 
ricano. 


VER  475 

También  se  usa  entre  el  pueblo  ignorante  para  denotar 
la  acción  de  poner  luces,  flores  i  otros  adornos  a  los  cadá- 
veres de  los  párvulos,  costumbre  que  si  por  una  parte  da 
testimonio  de  la  fé  viva  que  lo  anima,  por  otra  es  pretex- 
to i  ocasión  de  holgorios  i  borracheras  que  son  un  signo 
de  barbarie. 

((Por  aquí  hai  la  costumbre  de  solemnizar  con  una  fies- 
ta el  velorio  de  un  niño  que  muere  antes  de  dos  años;  i 
muchas  veces  estos  velorios  suelen  servir  de  pretexto  a  los 
aficionados   para  remoler  i  jaranear  tres  o  cuatro  dias.» 

[Huérfano.) 


VENIR. 

Venir  de,  por  acabar  de  es  un  galicismo  tan  grosero  que 
el  señor  Baralt  no  creyó  de  utilidad  mencionarlo  en  su 
Diccionario.  Entre  nosotros  ha  empezado  ya  a  asomar  las 
orejas  i  no  estará  de  mas  en  consecuencia  dar  el  alerta  a 
los  incautos  i  noveleros. 

«Pero  un  dia  el  jeneral  Castilla  se  encuentra  con  el  je- 
neral  Vivanco  al  frente  del  pais  conmovido  i  mimado  i  sin 
ministros  porque  todos  venian  de  renunciar.» 
(Manuel  Bilbao. — El  J^errocarril  de  28  de  junio  de  1863.) 

Verdad  que  ningún  disparate  debiera  causarnos  extra- 
ñeza  en  el  escriborroteador  que  escribió  en  la  introduc- 
ción a  las  obras  de  su  hermano  Francisco:  «San  Francis- 
co de  Sales  era  su  modelo  a  imitar.^  «Bilbao  venia  de  ser 
condenado;^)  i  mas  adelante  este  otro  que  no  es  ya  galicis- 
mo sino  pehuenchismo\  «los  amigos  de  Bilbao  vasean  sus 
bolsillos,  i  aun  los  artesanos.» 

VEREDA. 

Vereda,  dice  la  Academia,  «es  camino  angosto,  distinto 
i  separado  del  real.»  No  queremos  entenderlo  así  en  Chi- 
le, donde  nombramos  con  la  dicha  palabra  la  orilla  enlo- 
sada de  la  calle,  por  donde  va  la  jente  de  a  pié^  que  es 
justamente  lo  que  en  espaijol  se  llama  acera. 


476  VIE 

«Las  casas   de    las  veredas  del  sol  i  las  opuestas  de  la 
sombra.» 

(Vicuña  lákCKm^k.— Historia  de  Santiago.) 


verija; 

Cualquiera  de  las  dos  cavidades  que  hai  entre  las  cos- 
tillas falsas  i  el  vientre  inferior  del  cuerpo  animal,  se  lla- 
ma en  castellano  ijada  o  ijar. 

En  Chile  (i  en  Colombia  también  según  lo  atestigua  el 
señor  Cuervo)  dice  la  jente  intonsa  verija;  voz  que  es,  a 
no  dudarlo,  una  corrupción  de  vedija. 

El  señor  Bello  escribió  hijadas,  al  trascribir  en  su  Arte 
métrica  aquel  romance  que  comienza: 

«Batiéndole  las  lujadas 
Con  los  duros  acicates.» 

El  ejemplo  no  debe  imitarse.  La  Academia  escribe  ija- 
da conformándose  con  la  ortografía  de  ilia,  que  es  la  voz 
latina  de  que  se  deriva. 

(J  al  guaso  me  le  robaron 
Hasta  el  lazo  de  verijas. yy 

(GuAJARDO. — El  Lazo  de  verijas.) 

VIEJA. 


Es  el  nombre  con  que  se  conocen  en  Chile  los  cohetes 
sin  varilla  que  corren  caracoleando  por  entre  los  pies  de 
los  espectadores  de  los  fuegos  artificiales.  En  español  se 
llaman  buscapiés.  En  el  Perú  huscapiques ,  i  en  Colombia 
buscaniguas. 

«¡Ai  la  ?;z(?/a.' esconde  a  Diamela,  gritó  doña  Engracia.» 

(Blest  Gana. — Martin  Rivas.) 

VIEJÍSIMO. 

Es  como  debe  decirse^  por  haberlo  establecido  así  el  uso 
de  la  jente  ilustrada  que  es  el  arbitro  del  lenguaje;  i  no 


VIN  477 

vejisimo  como  suelen  escribir  algunos  afectando  un  culte*^ 
ranismo  intolerable. 


VILOTE. 

Muí  usado  entre  la  jante  zafia  por  tímido  y  cobarde^  la  cual 
suele  dar  también  a  vil  ese  mismo  sentido. 

«No  seas  tan  vilote 
Hombre  que  bailas. 
No  temas  a  esa  niña, 
Ríndele  el  alma.» 

(Zamacueca,) 

VINAGRERA. 

Por  acide¿  del  estómago,  es   chilenismo.  En  español  se 
llama  acedia. 
Los  bogotanos  dicen  agriera, 

«Mas  por  ciertas  vinagreras 
Paralizó  sus  trabajos.» 
(GuAjardo.— /il  las  calduditas  mi  alma!) 

VINCHA. 

A  la  chilena  se  llama  así  la  cinta  con  que  las  mujeres 

suelen  recojer  i  sostener  el  cabello. 

El  nombre  castellano  es  apretador  i  también  cintillo, 
«Llamaban  éste  (el  lazo  que  recojia  las  trenzas  sobre  las 

sienes)  valaca  las  limeñas  \  jaque  o  vincha  las    hijas   del 

Mapocho.» 

(Vicuña  Mackenna. — Historia  de  Santiago.) 

No  hemos  oido  jaque, 

viñatero. 

El  señor  Gormaz    dice  bien  que  no  existe;  pero  no  an- 
duvo mui  feliz  al  señalarle  por  equivalentes  viñatero,  viña-' 


478  VOL 

dero  i  viñador.  Pudo  también  agregar  a  la  lista  viñero\ 
mas  no  sin  advertir  que  están  lejos  de  tener  una. signifi- 
cación idéntica. 

Viñero  es  el  dueño  de  viñas. 

Vinatero  el  que  vende  i  compra  vinos. 

Viñadero  el  que  guarda  alguna  viña. 

Viñador  el  que  la  cultiva. 

VIVO,  A. 

Por  travieso  es  un  chilenismo,  o  mas  exactamente,  un 
provincialismo  americano. 

VOLADOR. 

Llamamos  así  lo  que  en  España  llaman  cohete* 
En  Bolivia  dicen  volantines. 

aMira  los  voladores.  Hoi  liai  casamiento  en  la  casa.» 
(Z.  Rodríguez, — Loco  Eustaquio.) 

volantín. 

Véanse  comisión  i  alargada. 

En  Colombia  volantín  se  usa  por  volteta  o  voltereta. 
Entre  nosotros  por  cometa. 

ftPero  no  me  gustarla  que  los  gobiernos,  tomando  a  Ija 
letra  la  ficción  de  la  cometa,  trataran  a  los  ciudadanos, 
esto  es,  a  seres  racionales  i  dueños  de  sus  acciones  como 
a  pandorgas  i  quisieran  manejarlos  con  un  hilo,  cual  los 
muchachos  a  sus  volantines. y) 

(M.  L.  Amunátegui. — Juicio  de  las  Poesías  de  don  An^ 
dr es  Bello.) 

volatín. 

Es  según  el  Diccionario  la  persona  que  con  habilidad 
i  arte  anda  i  voltea  por  el  aire  en  una  maroma  haciendo 


VOL  479 

otras  habilidades  i  ejercicios  semejantes.  También  los  ta- 
les se  llaman  en  español  volatineros. 

En  Chile  llamamos  simplemente  volatín  al  espectáculo 
mismo,  i  al  que  hace  las  suertes  maromero.  Nuestro  uso 
es  castizo,  por  mas  que  la  Academia  no  dé  expresamente  a 
volatín  esa  acepción,  puesto  que  se  la  de  en  la  voz  paya- 
so,  que  define:  «El  que  en  los  volatices  i  fiestas  semejantes 
hace  el  papel  de  gracioso  con  ademanes,  trajes  i  jestos 
ridículos.» 

n^Volatínes,  nacimientos, 
Sombras  chinas  i  otras  farsas 

El  primerito » 

(T.  DE  Iriarte. — La  Señointa  mal  criada.) 

VOLIDO. 

Que  a  cada  paso  oimos  i  leemos,  como  el  volido  de  una 
mosca,  no  lo  trae  ningún  diccionario. 

«No  se  oye  sin  embargo  en  las  galerías  el  volido  de 
una  mosca.» 

(Vicuña  Mackenna.— Caríí?  del  Guadalarce.) 

<(Te  asustas  del  volido  de  una  mosca.» 

(M,  Blanco  Cx^KuTrn.-^ Soneto.) 

VOLVERSE  HACHES   I  CUES. 

Es  volverse  sal  i  agua. 

«....Un  trapalón  malvado 
Lo  engañó  con  artimañas 
I  le  empeñó  en  un  proyecto 
Que  se  le  volvió  sal  i  agua.y) 
(T.  DE  Iriarte. — La  Señorita  mal  criada.) 


Dice  el  señor  Bello  en  su  Ortolojía:  aEs  un  vicio  con- 
fundir estos  dos  sonidos  (el  de  la  Ll  i  el  de  la  Y)  como  lo 
suelen  hacer  los  americanos  i  andaluces,  pronunciando  v. 
gr.  Seviya\  de  que  resulta  que  se  empobrece  la  lengua  i 
desaparece  la  diferencia  de  ciertos  vocablos  como  vaya 
i  valla  y  halla  i  haya,  etc.» 

En  fuerza  de  la  observación  anterior  nos  liemos  deci- 
dido a  escribir  con  y  todas  las  palabras  de  orijen  quichua 
o  araucano  en  que  aparezca  la  //,  v.  gr.  yol,  de  llollej  yam-^ 
po,  de  llamppu  etc. 

YAMPO: 

Probablemente  esta  voz,  que  usan  nuestros  mineros  para 
denotar  el  mineral  molido  que  sale  de  las  labores,  viene 
del  quichua  llamppu,  lo  que  es  blando,  suave,  molido  co- 
mo harina. 

«De  la  desdeñosa  aseguran  (los  jóvenes  copiapinos)  que 
es  un  metal  frió  que  necesita  calcinación  o  majistral\  de 
la  que  no  lo  es  confiesan  ser  barra  pura,  plata  a  la  vista,  lei 
6,000  marcos,  mui  metalera,  un  llampo  riquísimo.» 
(JoTABECHE. — El  derrotevo  de  la  veta  da  los  tres  portezuelos.) 

YAPA 

Del  quichua  yapana,  añadidura» 

Lo  usamos  para  indicar  lo  que  el  vendedor  da  graciosa- 
mente ademas  de  la  cantidad  u  objetos  comprados. 

«t 


4S2  YO 

«Podia  comprarse  una  sandía  enorme  con  otra  mas 
chica  de  yajm  o  ñapa  (lo  último  decía  en  sus  bandos  don 
Mariano  Egaña.))) 

(Vicuña  Mackenna.  — Z7¿5/of2a  de  Santiago,) 

En  español  se  dice  añadidura  o  adehala, 

«También  iré  con  vosotros. 
Que  a  este  lobo  carnicero 
Vosotros  daréis  la  queja. 
De  la  pierna^  yo  del   hueso 
Que  dan  por  añadidura,)^ 

(MoRETO. — El  Valiente  justiciero.) 

«Adehala:  Lo  que  se  da  de  gracia  sobre  el  precio  prin- 
cipal en  lo  que  se  compra  o  vende.» 

[Diccionario  de  la  Academia.) 


yayí. 


Harina  de  yayi  es  la  que  se  hace  de  una  especie  parti- 
cular  de  maiz  pequeño    i    esponjoso,    llamado   curagua. 
Hacer  yayi  una  cosa,  es  hacerla  trizas,  despedazaría. 

YO  SOI   EL   QUE^    ETC. 

¿Debe  decirse:  yo  soi  el  que  digo  o  yo  soi  el  que  dice: 
nosotros  somos  los  que  aseguramos  o  nosotros  somos  lo  que 
aseguran'^  ¿Sería  censurable  yo  soi  quien  dice  o  digol  I 
qué  pensar  de  yo  soi  que  dice  o  yo  soi  que  digol 

Los  señores  don  Andrés  Bello,  don  Francisco  Merino 
Ballesteros,  en  las  notas  a  la  Gramática  de  aquél  i  don 
Rufino  J.  Cuervo  en  sus  Apuntaciones,  discuten  extensa- 
mente el  punto,  i  de  sus  razones  i  mas  aún,  de  los  ejem- 
plos que  aducen^  hem.os  sacado  en  limpio  que  en  oracio- 
nes como  yo  soi  el  que  digo,  puede  ponerse  el  verbo  en 
primera  o  en  tercera  persona,  según  mejor  cuadre  al 
gusto  o  intención  del  que  habla  o  escribe.  Otro  tanto  de- 
cimos de  la  frase  yo  soi  quien,  equivalente  a  la  anterior. 

Creemos  sin  embargo  que  lo  mas  ajustado  a  la  filosofía  del 


YOL  483 

lenguaje  es  hacer  concordar  el  verbo  que  sigue  al  reía" 
tivo  con  el  sujeto  de  ser,  diciendo:  yo  soi  el  que  digo,  tú 
eres  quien  dices,  etc. 

A  este  respecto  dice  el  señor  prebendado  Saavedra  en 
su  raui  filosófica  Gramática  elemental  de  la  lengua  española: 
^El  que  i  quien  son  voces  relativas,  es  decir  que  repro- 
ducen un  antecedente.  Nada  mas  natural  que  estas  pala- 
bras revistan  el  carácter  de  su  antecedente  en  la  concor- 
dancia con  el  verbo;  de  suerte  que  se  hagan  primera  o 
segunda  persona  según  el  antecedente  sea  primera  o 
segunda.  El  idioma  latino  observaba  esa  regla:  ego  sum  qui 
peccavi  (yo  soi  quien  pequé,  traduce  un  libro  impreso  en 
Madrid  a  principios  de  este  siglo,  i  yo  soi  el  que  he  pecado, 
traduce  el  padre  Scio)  leemos  en  el  libro  2.^  de  los  Reyes; 
i  tu  est  qui  extraxisti  me  de  ventre,  se  dice  en  el  salmo  21, 
i  no  sonarla  bien  tu  est  qui  extraxit  me  de  ventre.  Nuestro 
quien  i  el  que  son  el  qui  latino.» 

Cuando  el  sujeto  de  ser  es  plural  no  hai  duda,  pues  es 
preciso  concordar  con  aquél  el  verbo  que  sigue  al  rela- 
tivo: nosotros  somos  los  que  aseguramos. 

El  yo  soi  que,  ocurre  en  Cervantes,  pero  no  debe  imi- 
tarse. 


YOL. 


Del  araucano  Hollé,  especie  de  espuerta  o  sera  de  cuero, 
que  se  mantiene  abierta  por  medio  de  vardascas  colocadas 
en  lo  interior.  Los  yoles  sirven  para  el  acarreo  de  las 
frutas,  legumbres,  granos,  etc. 


z 


ZAGUAL. 


Zagual  {con  z  porque  parece  de    oríjen  árabe)  decimos 
a  las  atarjeas  o  alcantarillas. 


zahumador; 


No  es  en  rigor  chilenismo;  sin  embargo,  lo  corriente  en 
España  para  designar  la  vasija  de  plata  o  de  otro  material, 
cuja  tapa  está  llena  de  agujeros  para  que  por  ellos  salga  el 
humo  del  zahumerio,  es  'perfumador  o  pebetero. 


ZAMBARDO. 

Zambardo,  (lo  escribimos  con  z  por  que  parece  derivado 
de  zambo)  es  provincialismo  mui  expresivo  i  que  según 
los  casos  se  asemeja  en  su  significado  a  torpeza,  ave- 
ría,  estropicio,  disparate  ejecutado  o  hablado.  Derramar 
el  tintero  en  vez  de  la  salvadera  sobre  lo  que  se  acaba 
de  escribir  para  secarlo,  es  un  zambardo.  Otro  seria  que 
la  costurera,  trastrocando  los  piezas  de  un  vestido,  pega- 
se la  fimbria  en  la  pretina  i  dejase  para  afuera  el  revés  de 
la  tela. 

ZANGO. 

Véase  sanco. 


486  ZOR 


ZANDUNGA. 


Suelen  emplear  algunos  esta  voz,  que  en  castellano  sig- 
nifica garbo,  (¡rada,  donaire,  como  equivalente  de  zam- 
bra, bureo. 

«I  sin  andar  el  que  esto  escribe  metido  en  la  zan- 
dunga.ri 

(Moisés  Vargas. — Lances  de  Noche  Buena.) 

ZANGUANGO. 

El  hombre  corpulento  i  simple,  en  castellano  bausán, 
zamacuco. 

Ei  señor  Vicuña  Mackenna  dice  que  esta  voz  nos  ha 
venido  de  Manila. 

En  la  lengua  de  Tidoré,  según  el  vocabulario  que  trae 
la  Historia  de  las  Indias  de  Oviedo,  zanguago,  significa, 
magnate,  hombre  de  copete. 

Ambas  estimolojías  nos  parecen  dudosas. 

ZAÑARTU, 

Se  dice  de  alguno  que  es  un  Zañartu  cuando  se  quiere 
dar  a  entender  que  es  colérico,  de  carácter  duro,  de  con- 
dicción  terrible. 

Volverse  un  Zañartu,  es  volverse  un  tigre,  una  fiera, 
salir  de  las  casillas. 

Un  activo,  empecinado  i  duro  correjidor  i  justicia  ma- 
yor que  tuvo  Santiago  por  los  años  de  1762  a  1780  i  que 
dirijió  la  costruccion  del  puente  de  cal  i  canto  haciendo 
trabajar  a  los  presos  con  mas  látigo  que  salario,  de  apellido 
Zañartu,  fué  el  que  dio  oríjen  a  las  locuciones  anotadas. 

ZORZALEAR,  ERO,  A. 

Del  mismo  significado  que  bolsdar,  bolsero  i  que  codear, 
codeador,  ora.  ¿La  abundancia  del  nombre  no  podria  ser 
un  indicio  de  la  abundancia  que  hai  de  la  especie  en  nues- 
tra tierra? 


ZÜM  487 

«Al  fin  es  bueno  señores 
Que  haigan  hartos  zorzaleros 
Porque  no  habiendo  bolseros 
No  córreme  los  licores.» 

(GüAJARDC— Zo5  Bolseros,) 

ZUMBA. 

Chilenismo  equivalente  a  zurra,  azotaÍ7ia,  tanda. 

«Mi  madre  me  dio  una  zumba 
Porque  le  pedí  marido; 
Mamita  déme  otra  zumba 
I  después  lo  que  le  pido.» 

(Tonada  popular.) 


FIN. 


ERRATAS. 


Ademas  de  algunas  de  poca  consideración  que  notará  i  correjirá 
fácilmente  el  lector  ilustrado,  se  cometió  la  de  imprimir  en  la  pa- 
jina 176,  con  /¿,  la  palabra  chupalla,  que  según  su  pronunciación  de- 
bería de  haberse  escrito,  con  t/,  chupaya. 


ft*;i. 


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R55 


Rodrigue z,  Zorobabel 

Diccionario  de 
chilenismos